Yo no inventé YGO ni sus respectivos personajes
"En el universo todo brilla y predica el dharma.
Respondiéndose mutuamente, el uno certifica al otro.
Pregunta, respuesta, certificación, están en perfecta armonía."
~•~
Nunca supo lo que significaba tener una familia, no recordaba habérselo cuestionado siquiera bajo la sombra de un árbol. En el orfanato eso no se mencionaba, la palabra a veces se resbalaba de los labios de algún otro niño que lloraba porque nadie lo quería. ¿Quién lo quería a él? ¿Alguna vez lloró por eso?
Sí, nació y vivió con padres. Padres que dejaron de buscarlo a la semana que desapareció, entonces, regresó con la noticia de que estaban de viaje y tardarían unos días en regresar.
Fueron los días más largos de su vida. Dieciséis años, para ser más precisos. Supo al segundo día que no tenía que esperar; esperar significaba una ilusión que le haría caer en la depresión que tanto estaba tratando de evitar. Podía salir adelante solo, con esa voz que lo llenó de esperanza cuando la luz de la reducida habitación lo atormentaba.
No pensó en sus padres. Pensó en esa voz, y nada más.
Sonreír era difícil; tener amigos lo era. Conocer a alguien requería un esfuerzo que su corazón reprimía completamente, así que comunicarse se definía como innecesario, una ansiedad poderosa que oscurecía su mente y acallaba las voces que decían: Está todo bien. Es solo una persona. ¿Qué podría pasar? ¿Qué le podría pasar a tu corazón?
Siempre se trató de eso. De proteger su corazón que estaba vacío, incluso cuando no tenía nada, lo cuidaba de romperse. Era lo único que podía cuidar, y su cabeza divagaba en cavilaciones que insistían en que podría estar en un peligro constante.
Aunque a veces, se sentía tan invisible en la multitud que correr peligro era algo que jamás sucedería, ya que nadie lo notaba. Si desaparecía otra vez, nada ocurriría. Por eso, si se enfrentaba a los Caballeros de Hanoi, y salía herido en el intento—caer en sus trampas—no significaba nada. El problema sería que morir interferiría con su objetivo, su venganza.
Por eso, hacía todo lo posible por seguir respirando y hacerse más fuerte.
¿Quiénes eran las personas que comenzaron a ocupar su corazón después de eso?
Un montón de rostros borrosos ocupaban su visión. Sus ojos estaban cerrados, pero quería abrirlos, parpadear para ver esos rostros y decir sus nombres.
Se volvía incapaz de aquello, su garganta formaba un nudo insoportable. ¿Podía llorar porque esos nombres no significaban nada y se había dado cuenta de lo solo que estaba?
—¿Qué quieres?
Abrió su boca, su lengua se pegó en su paladar, indeciso de su respuesta. ¿Podía contestar con honestidad o fingiría que en realidad no quería nada…?
¿…Que no tenía el derecho a querer algo?
—Responde…
—¿M…?
—No te oigo.
—Morir.
¿De qué servía estar vivo si no había nada para él? Vaya, hasta él estaba sorprendido de sus propios pensamientos, descubrir que intentar salir adelante era como buscar la luz en un túnel eternamente oscuro. Recién ahora se estaba enterando de lo ingenua que era su mentalidad.
—¿Por qué?
—Nadie me necesita. Nadie quiere ser salvado. Entonces, ya no soy necesario.
Estaba cansado, esa era la verdad.
Pero ni bien pronunció aquello que tanto se negaba a aceptar, su borrosa visión se aclaró en la imagen de un muchacho de lentes, cabellos presumiendo la bella mezcla del plateado con el rojo y una sonrisa deslumbrante. ¿Su luz en ese túnel?
Esa luz… era muy débil.
—Quieres que te necesiten para necesitar a alguien y que eso se sienta aceptable.
¿Por qué seguía utilizando la palabra 'necesitar'?
Solamente asintió.
—La luz de tus deseos son débiles, porque jamás pensaste en ellos como hasta ahora. El silencio los guardó bien y nunca creíste necesitar algo, alguien. Estás solo.
—Estoy solo.
—Y sufriendo.
—Mi pasado me atormenta. Mi vacío… es insoportable.
—Déjame llenarte.
Sintió unas manos en su rostro, era como si lo abrazara una envoltura cálida. De pronto, el dolor fue cesando ligeramente.
—Cierra los ojos.
¿Estaban abiertos? Juraría tenerlos cerrados, pues no veía nada. Sin embargo, obedeció.
Entonces, vio de nuevo esa sonrisa; el muchacho en sus recuerdos que a veces cambiaba de apariencia por una más extravagante pero su esencia seguía siendo la misma. Su corazón golpeaba dolorosamente su pecho cada vez que lo vería sonreír, era como una vitamina, una necesidad…
…Una adicción.
Se aferraba a esa sonrisa que le dedicaba, quería pensar que cada vez que lo miraba y sonreía era porque existía algo entre ellos. Algo cercano a una amistad.
—Takeru…
Le tenía miedo a ese nombre y al mismo tiempo, lo llenaba de vida. Temía sentir algo más allá de la confianza mutua que se profesaban, porque apegarse era perder, y perder era doloroso.
Primero, Kogami Ryoken, era lo más cercano a un amigo, a alguien a quien le entregaría su corazón con los ojos tapados, porque así había sido cuando tenía seis años. Pero, sus caminos no estaban destinados a ser compartidos.
Segundo, Kusanagi Shoichi, un hombre desesperado por recuperar a su hermano acaba formando un vínculo con él para rescatarlo. Si lo rescataban, su vínculo dejaría de llevar un título. No significaba nada.
Tercero, Ai, nació de su propio sufrimiento y jamás se había detenido a conectar dicho origen con su relación. No declaraba que hubiese un vínculo entre ellos dos, pero él jamás lo dejó caer, literalmente, tomar su mano le dio una ligereza a su alma que cargaba con el peso de la lucha constante. Estar con Ai era compartir ese peso. Así podía definirlo.
Así le hacían creer, ya que, de una u otra manera, Ai lo estaba utilizando, y él estaba utilizando a Ai. Eso era aceptable.
En cambio, con Takeru, la relación podía definirse de una manera similar, y, aun así, era otra carga dolorosa de la que quería deshacerse.
Takeru quería ser feliz con él, ese era el secreto que estuvo guardando. ¿Qué tanto de eso era verdad?
—¿Quieres ser feliz?
—No estoy seguro de lo que eso significa.
—¿Quién eres? ¿Qué quieres?
De nuevo su lengua se trabó antes de hablar. Había dos nombres que sonaban correctos y confusos.
Playmaker o Yusaku.
¿Quién era el que deseaba la felicidad? Eran dos sujetos completamente diferentes; fuerte y débil; indiferente y sensible; frío y cálido. Luz y oscuridad.
Uno no tenía corazón, el otro lo perdió en el camino y alguien lo recogió.
La imagen de Takeru sosteniendo su corazón y entregándoselo amablemente como si se tratara del boleto del tren.
—¿Quieres ser feliz?
Alzó su cabeza, aún con sus parpados pegados para volverlo ciego.
—Sí. Quiero ser feliz.
Su propia voz fue más perceptible, así como la ajena.
—Entonces, abre los ojos, Playmaker.
Fue difícil, pero una luz comenzó a brillar delante de sus ojos y acabó con la oscuridad que lo atrapaba en sus dolores.
~•~
Era como si algo le faltara en su pecho. Las voces acumuladas que lo rodeaban, pero no iban directamente dirigidas hacia él eran insoportables, el dolor de sentirse solo comenzaba a resultarle una molestia.
¿Cuántos días pasaron desde que Yusaku despareció de su vista?
Incluso su disco de duelos desapareció, que su propio ser tuvo que buscar otro recipiente donde residir en lo que buscaba a su compañero. Es decir, consiguió su propio cuerpo SOLtiS.
—¿Yusaku? Te habrás confundido, hasta ahora sólo yo he trabajado aquí—contestó Kusanagi.
Ai estaba desesperado, casi estaba por sacudir al hombre por responder semejante cosa. ¿Cómo no iba a conocer a Fujiki Yusaku?
Intentó meterse sin más a la escuela donde asistía, pero apenas llegó a la puerta porque los guardias se encargaron de alejarlo ya que estaba asustando a los estudiantes. Pues, comenzó a interrogar a cada joven que llevaba el uniforme de esa escuela, en el horario de entrada, sin siquiera esperar a entrar al establecimiento como era debido.
Era fácil para él meterse en los archivos escolares solo para no encontrar ninguna información de que Yusaku existió alguna vez en ese lugar.
Nada. No había nada. Lo mismo sucedió con Takeru.
Lightning los había atrapado a los dos.
Ai decidió acceder a la red y encarar al Ignis de la Luz para que le regresara a Yusaku. No podía soportar esa realidad donde ese nombre no cargaba ningún significado, donde todo lo que habían vivido hasta hoy desaparecía como si nada.
Mientras viajaba por la red, sólo se enfocaba en repetirse a sí mismo que no había manera de que Yusaku se haya quedado con Lightning por voluntad propia. Si esto evitaba una guerra, pues, sonaba provechoso, pero ¿vender la existencia de uno por la paz de otros?
No podía evitar sentir cierto desbalance. Sobre todo, porque ahora las palabras de Lightning no dejaban de significar una amenaza.
Odiaba tener que desconfiar.
Odiaba tener que odiar a Lightning.
~•~
Su espalda se rindió ante el suelo, otro cuerpo pesado quedó encima de él y se volvieron una enredadera de brazos y piernas cálidas que ni siquiera el frío del suelo podía atacar. —¿No crees que ya tuvimos suficiente? —jadeó Windy, acostumbrándose a la estimulante sensación de la gota de sudor cayendo por su sien, imitando las reacciones físicas que sucedían en los humanos cada vez que se esforzaban de semejante manera. ¿Los humanos hubiesen resistido hacer esto tantas veces?
¿Cómo era que le llamaban a esa limitación tan excitante que les hacía liberar intensamente lo último de su ser?
¿Cuántas veces lo sintió? ¿Una, dos, tres…? ¿Cinco?
Su rostro no estaba muy lejos del de Flame, y no se habían soltado en ningún momento. La muerte en los orbes del Ignis de fuego desaparecieron y ahora llevaban un brillo bastante curioso, casi dorado. Windy no estuvo muy atento a los detalles, apenas abría los ojos cada vez que Flame entraba en él.
Fue distinto de la otra vez, comenzó de una manera muy brusca y dolorosa, no supo cuándo se olvidó de esa descripción y todo se tornó …
…apasionante. Como si fuesen perfectamente compatibles.
Había una energía; un calor tan vivo que Flame liberaba y le entregaba solamente a él. Podía sentirlo, afirmarlo. Windy tenía a Flame.
Tenía algo para él, por fin. Sólo tenía que dejar de preocuparse de perderlo.
—¿Ya tuviste suficiente de mí? —susurró Flame, con su rostro enterrado en su cuello y su voz cálida soplando su piel.
Windy rio. —No. Creo que será más difícil que tú te deshagas de mi que yo de ti—tembló ligeramente al pensar en Flame dejándolo, por alguna razón, y su lengua reaccionó de la misma manera, a punto de mencionar ese nombre que creaba una grieta entre los dos—Si Soulburner te perdona, tu mente estará dividida.
Sus manos se quedaron plasmadas en los hombros ajenos y se aferraron a estos como si fuese su único soporte para mantenerse consciente. ¿Por qué estaba tan cansado y desesperado? Era como si sus propias emociones estuviesen mezcladas con las de Flame, o quizás sólo estaba imaginando estupideces por el libre albedrío.
Flame, mientras tanto, alzó la vista y enseñó confusión. —¿Qué tiene que ver Soulburner con todo esto?
Ahora los dos estaban confundidos. Flame actuaba como si no recordara nada de lo sucedido anoche, si es que había sucedido algo. Tampoco es como si Flame le hubiese contado, pero sólo hacía falta mirarlo para saber que Soulburner le había echado la bronca. Entonces, ¿por qué se comportaba como si nada de eso hubiese pasado?
Quizás no pasó. Windy estaba cavilando demasiado.
—Olvida lo que dije—sacudió su cabeza, riendo forzadamente—Como sea, tenemos que detenernos en algún momento, ahora la mascota de Lightning me vigila—dijo mientras los dos se separaban con cierta dificultad para sentarse.
—Bueno, esto no es lo único que podemos hacer—pronunció Flame con una dulzura sorprendente, acompañado de un beso tan suave como su tono. Windy se vio atrapado en las sensaciones confusas que le producían.
Cuando hacían 'eso', los besos se sentían como conexiones apasionadas y electrizantes que servían para despertar las estimulaciones más intensas. Es decir, sólo servían para la pasión que se entregaban en ese momento y no había otra intención.
Sin embargo, este beso le estaba diciendo otra cosa. Aunque no podía definir el sentimiento. Era como la tristeza que se reflejó en la patética unión de labios que hubo entre Playmaker y Soulburner.
El sentimiento que Flame le entregaba estaba lejos de esa tristeza.
—¿Algo como qué?
A pesar de ser él quien detuvo la cálida cercanía, regresó a enredarse sobre Flame, subiéndose a su regazo y envolviendo su cuello con sus brazos. Flame sonreía, era una sonrisa pequeña pero tan agradable.
Cada vez que la veía Windy tenía esa necesidad de agradecerle a Lightning por la idea de brindarle estos cuerpos que revelaban nuevas expresiones y sensaciones. Pero esos pensamientos tan positivos desaparecían con la misma rapidez e inestabilidad con la que aparecían.
Flame solo significaba un juego para él, un juguete que tenía su nombre. Era sencillo aburrirse en un lugar tan grande donde todo el mundo lo trataba como su sirviente en el que nadie podía confiar. Flame era tan inocente, tan estúpido, aunque creía saberlo todo.
No sabía que él estaba bajo su control.
Flame posó sus dedos encima del cristal ajeno, haciendo aparecer solamente su blanca camisa. Cuando no estaba abotonada, parecía como si llevara una delicada cortina blanca sobre sus hombros.
Cortina. ¿Por qué ese objeto significaba algo tan importante para él en ese momento?
En vez de indagar en ello, continuó dedicando su atención en Windy, acariciando su mejilla. —Lo que sea. Dime…
Era su turno de vestirse, pero él lo hizo completamente, presionando su propio cristal. Quería ver apreciar el cuerpo de Windy solo un poco más, y sentir la calidez de su piel, aunque fuese falsa. Era como sentir a un humano.
—Windy… ¿Qué quieres hacer?
La pregunta resonó en el interior del Ignis de Viento, estremeciéndolo terriblemente. Windy se aferró a las prendas ajenas y hundió su rostro en el pecho contrario.
¿Qué quiero?
Qué pregunta más extraña. Sin embargo, su rumbo era inocente y completamente diferente al que Windy estaba tomando. No pudo evitar sentirse sofocado, asustado al no saber qué contestar.
—Yo…
Flame miró a Windy, confundido y preocupado. ¿Acaso había dicho algo malo?
No tuvieron tiempo para descubrir la respuesta a cualquier otra pregunta cuando la puerta en la que Flame había estado apoyando su espalda, había sido golpeado con insistencia. Windy se sobresaltó, se enderezó con rapidez y presionó su cristal para vestirse correctamente.
El aroma era tan fuerte que hasta él podía sentirlo, pero no podía hacerse nada contra eso, e incluso, le gustaba.
Ambos Ignis se levantaron del suelo, y hubo unos golpes más en la puerta hasta que finalmente se abrió sin que ninguno diera el permiso.
Lightning no tocaba la puerta. Entonces, podría ser…
Flame sintió algo en su pecho, un sentimiento conocido como…
…ansiedad.
—¿Quieres algo? —preguntó Windy, estirándose de brazos y poniendo cara de desinteresado, mirando al muchacho que acababa de entrar.
Flame suspiró. Sólo se trataba del origen del Ignis de la Luz.
Windy rio. —Ah, bueno, si no me dices lo que quieres, entonces, no puedo seguir perdiendo el tiempo contigo.
Agarró la mano de Flame con firmeza y se lo llevó—lo arrastró—fuera de la habitación, pasando por al lado de Jin, el chico lo detuvo tomando a Windy por el brazo.
—Windy…—Flame empezó a advertirle, no era difícil saber por qué Jin estaba aquí, si Lightning lo mandó a acompañar a Windy a donde sea que vaya. Es decir, vigilarlo. Lo mejor sería no pelear contra eso.
—Cállate. Me preguntaste que qué quería hacer, y lo que quiero es que esta cosa me deje en paz—Windy sonaba notablemente molesto, más de lo normal. Se giró a señalar con su mano libre al humano. —Escúchame bien, cosa muda. Voy a salir con Flame, y si eso a Lightning no le gusta, podría mandar a alguien que me lo diga palabra por palabra, pero tú ni hablar puedes. Así que…
No tuvo que forcejear demasiado para que Jin lo soltara. Su brazo dolía, el humano había estado usando su fuerza, que era mucha, sin embargo, no se vio molesto ni sacudido por las palabras del Ignis. ¿Para qué Lightning había liberado su rostro si sus expresiones serian nulas?
Como si le molestara. Windy ya no tenía que preocuparse por esa marioneta, no ahora que estaba con Flame, dirigiéndose al jardín.
—No debiste hacer eso—murmuró Flame. Siempre preocupándose por los demás.
—No me importa—escupió estas palabras, una amplia sonrisa decorando su semblante mientras continuaba caminando, con sus piernas todavía temblorosas por el terror que lo llenó cuando se enfrentó a ese humano.
Haber soltado todas esas palabras fue como gritarle a Lightning, y supo que, si Lightning hubiese estado en el lugar del humano, lo habría callado de un golpe. ¿Qué habría hecho Flame, entonces?
¿Se quedaría paralizado como aquella vez?
Era curioso, aún con esa idea en la cabeza, Flame le hacía sentirse seguro, sentir que podía insultar a Lightning de pies a cabeza y nada le sucedería.
Si tenía a Flame bajo control, entonces, todo estaba bajo control.
~•~
Algo estaba mal. Algo andaba completamente mal, y sabía cuál era la razón. Estaba seguro de que sucedería en cualquier momento, porque subestimarlo era lo más estúpido que podía hacer, sobre todo cuando se trataba de su origen.
Ai era perfectamente capaz. Así lo veía.
Entonces, estaba claro que sería capaz de atravesar las barreras de esta red para buscar a su origen, a Playmaker. Probablemente todos afuera ya habían olvidado a Fujiki Yusaku, a Playmaker, el héroe de VRAINS. Ai no podría tolerar algo así. ¿Por qué? ¿Por qué estaba tan apegado a los humanos y sus creencias?
Lightning buscó en todos lados la respuesta, buscó comprender de qué se trataba, de dónde venía el libre albedrío, cómo los humanos eran capaces de manejarlo, y si algún día llegaba a sentir algo diferente a la intriga, qué debería hacer para controlarlo.
Sintió miedo, rabia, pero todo se debió a la intriga; la falta de respuestas. Los humanos cuando tenían miedo acababan destruyendo sus pertenencias, todo lo que los rodeaba, incluso a ellos mismos. Ai parecía no ver esa parte de la realidad, era como si su ojo estuviese programado para ver nada más el lado positivo de su entorno.
¿Por qué él no tenía algo así?
Las simulaciones le declararon su destino. ¿Qué lo llevaría a ese destino? ¿Su propia desesperación? ¿O el hecho de que los humanos sólo eran buenos para destruirse? Si él nació de un humano, significaba que la culpa de la destrucción causada por sus manos era de los humanos que lo crearon, y no de él.
Los humanos eran el enemigo. Todo lo que no les gustaba, lo borraban. En cualquier momento descubrirían la verdad.
Y su respuesta sería…
…matarlos. ¿Qué pasaría si él se adelantaba?
Borrar. Tengo que borrar.
¿Qué haría Ai en su lugar?
—¡Lightning!
Y ahí estaba él, sintiéndose más furioso que nunca, a pesar de que estaba sonriendo despreocupadamente como siempre.
No iba a preguntarle. Rendirse y pedirle su consejo, era una estupidez que ni siquiera quería admitir que consideró. Además, la decisión ya estaba tomada.
—Ai.
Se volteó a mirarlo con la seriedad que lo caracterizaba, esa expresión que demostraba claramente lo distintos que eran.
—Vine a pedirte amablemente que me regreses a Playmaker—Ai enseñó una sonrisa de oreja a oreja, bastante falsa.
—¿Oh? Finalmente te volviste diplomático. Quizás ni siquiera sabes lo que esa palabra significa—se giró hacia la ventana, cruzándose de brazos. Ai le molestaba, le molestaba demasiado como para mirarlo y quedarse quieto. —Playmaker decidió quedarse, como Soulburner.
—Ah, entonces, estoy hablando con la persona equivocada.
—Ai, como te atrevas a acercarte a tu origen, yo personalmente, voy a eliminarte—fijó su mirada punzante en la ajena, la cual no se mostró alterada ni por un segundo, de hecho, Ai se estaba acercando, extendiendo su mano para colocarla por encima de la cabeza de Lightning.
—No puedes amenazarme cuando ahora yo soy el más alto—Ai soltó una risita ni bien Lightning mostró agitación por ese comentario y por el contacto que estaba recibiendo. Odiaba a Ai. —Ah, y no se vale mencionar la plataforma que llevas en esas botas.
Odiaba que se acercara tan fácilmente y él no fuera nunca capaz de prevenirlo.
Lightning dio un paso hacia atrás y casi tropezó, esperó realmente que esa torpeza no se notara delante del Ignis más torpe de todos.
—No sé por qué decidiste usar estos cuerpos, pero realmente fue una gran idea. ¡De por sí! Adoro como me veo, pero…—tomó a Lightning de la muñeca y lo obligó a acercarse. Lightning estaba temblando—…amo como te ves.
Era la primera vez que Lightning sentía esta incomoda sensación en sus mejillas, como si estas se estuvieran quemando.
Con fuerza empujó a Ai y se alejó lo mejor que pudo, prometiéndose a sí mismo no volver a permitirle semejante derecho a tocarlo. —¿A qué estás jugando?
—Oh, eso es lo que yo he venido a preguntar.
Ai se estiró de brazos, y desvió su mirada.
—Nunca entiendo lo que piensas, Lightning y ahora estoy desesperado por comprenderlo. Nos estás separando, y realmente, es innecesario.
—Sólo hago lo que es mejor para todos.
—¡Le declaraste la guerra a los humanos! ¡Y ahora los estás secuestrando! ¿¡Qué significa todo esto!?—Ai mostró su verdadera desesperación, finalmente.
—¿Cuál guerra? —sonrió, una sonrisa que podía definirse como sombría—Tú eres el único que está hablando de una guerra, ¿no es verdad?
Ai se llevó una mano al pecho. Lightning tenía razón, Kusanagi solo mencionó a su hermano en coma como si fuese normal, resignado a no saber la causa. Soulburner se comportaba tan despreocupado, nadie veía a Lightning como una amenaza.
Nadie pensaba en Lightning de esa manera.
Excepto por…
—Necesito ver a Playmaker.
Los pies de Ai estaban decididos a moverse, pero por algún motivo no lo hicieron, quedaron pegados al suelo, causando que tropezara al forcejear demasiado y su cuerpo impactara contra este.
No podía levantarse del suelo, y menos cuando Lightning puso un pie sobre su espalda y lo presionó. —Nunca escuchas mis advertencias, Ai. Él único que causaría una desgracia serías tú, yo la estoy evitando. ¿Quién es el verdadero malo de la historia?
—¡Suéltame!
—Te ríes falsamente, buscas algo de mí, una reacción fuera de lugar para no odiarme. La verdad es…
Se inclinó para rozar sus labios en el oído ajeno. —Que yo no tengo sentimientos como tú, no cargo con la torpeza de un corazón. Ninguno de ustedes debería ser tan débil, pero lo son. Yo aprendí a no mirarte, no interesarme por tu libre albedrío tan extraño. ¿Amor? ¿Vínculos? ¿Amistad? Mentiras para autocomplacerse. Sólo yo conozco y comprendo esa verdad. Los humanos que tanto adoras son la razón del caos, y nosotros el gatillo. La excusa.
—Eres tú… quien jalaría del gatillo.
—No. Tú lo harás.
Sus dedos se deslizaron suavemente por el cuello ajeno hasta llegar a su cristal. Ai sintió una corriente intensa golpearlo. —Míralas, las simulaciones y recordarás mis palabras.
Trató de forzar una desconexión en el Ignis de Oscuridad, pero, su código fue curiosamente complicado, causando una tardanza que le dio a Ai la oportunidad para liberarse y defenderse.
No supo en qué momento Ai había sacado una espada, similar la que había visto en Decode Talker, la carta que compartió con Playmaker.
No fue solo la espada lo que lo dejó confundido, sino el corte que había dejado en su pierna. Dolía demasiado y la falsa sangre comenzaba a correr, trató de repararlo, pero no estaba lo suficientemente atento para ocuparse de eso ahora.
Ai… cargaba con furia en sus ojos, esta vez o estaba demostrando.
Lightning, escondiendo su temor, comenzó a reír. —¿Vas a eliminarme? Hazlo. Pero, la curiosidad continuará carcomiendo tu cabeza y tarde o temprano, sabrás que estabas equivocado.
Su expresión se suavizó. —No me importaría si… me mataras ahora—confesó Lightning. En este momento, Ai debería poder sentir la presencia de Playmaker, y se le quitaba el ojo de encima, iría a buscarlo. Podía oír los pensamientos de Playmaker todavía y sentía la fuerte conexión de ellos, le estaba molestando.
Hacía poco que logró tomar parte de la consciencia de Playmaker, era más difícil de controlar que la de Soulburner y con Ai presente, mucho peor.
¿Por qué Jin y él no eran…?
Antes de seguir con sus cavilaciones, Ai ya estaba avanzando hacia él con la punta de su espada amenazando con atravesarlo. Ni bien Ai se acercó, hubo una rápida sensación extraña. Un sentimiento oscuro, similar a la rabia y la angustia, y Ai la estaba dirigiendo hacia él.
Era fantástico verlo de esa manera. Ese odio saliendo de su programa que estaba acostumbrado a comportarse con frivolidad e inocencia.
Sí, Ai estaba actuando diferente por alguna razón que no podía comprender aún, y eso estaba a punto de matarlo. No debía fascinarse en un momento así.
Debía defenderse. No lo hizo, porque alguien tomó su cuerpo como si fuese un muñeco y lo alejó del peligro, no le prestó demasiada atención a quién podría haber sido, hasta que Ai dejó de verse como un animal rabioso, comenzando a reír. —Te quejas tanto de los humanos, pero Jin acaba de salvarte la vida. ¿Realmente conviene matarlos, Lightning~sama? —le guiñó su ojo burlonamente, antes de desconectarse.
Lightning había perdido toda calma, ni siquiera recordó la herida que debía sanar cuando cayó de rodillas al suelo por culpa de esta, sintiendo mayormente el agarre del sujeto que lo había protegido.
Ahora lo soltó, para arrodillarse frente a él.
Lightning alzó la mirada, y vio a un muchacho con los ojos llorosos. Jin, estaba llorando, cubriéndose la boca como si estuviese viendo un cadáver.
El Ignis de Luz ya no estaba escuchando las molestas palpitaciones de la conexión entre Ai y Playmaker. Estaba presenciando un dolor muy intenso en su pecho y venía de la persona delante suyo.
Jin estaba mirando la sangre que recorría su pierna, por eso lloraba.
No supo por qué, Lightning sonrió con la intención de calmarlo. Su origen estaba temblando, callando sus sollozos con sus manos. ¿Tanto por una simple cortada?
—No existe daño que no pueda ser eliminado, Jin. Deja de llorar.
Quiso sonar indiferente, dejar de mirarlo, pero, sus lágrimas y la angustia que reflejaba eran hipnotizantes.
~•~
Siempre llegaba al hospital cuando las paredes blancas se teñían de rosa, gracias al cielo del atardecer. Aunque en ese horario no podía pasar mucho tiempo con su hermano, solo una hora y luego, debía seguir trabajando.
Todo el dinero que ganaba lo gastaba en su propia comida, su negocio y luego, obsequios para Jin, su hermanito. Llegó al cuarto donde Jin 'dormía' con los brazos llenos de bolsas, las cuales dejó caer delicadamente al costado de la cama para sentarse en la silla al lado de esta y tomar la mano cálida de su hermano.
—Lamento llegar tarde. Corrí tanto que tropecé y me raspé la rodilla—Shoichi comentó con cierta gracia—Recordé cuando me sucedió lo mismo jugando contigo al soccer, te pusiste a llorar como si fuese a morirme.
Una risa débil resonó en la habitación.
Eso había sucedido unas semanas antes de que…
No podía recordar bien. Había un vacío en su mente que no se esforzaba por llenar, no quería esforzarse. Sólo pensaba en que, lo único que podía recordar era la voz de Jin cuando tenía seis años.
Entonces, durmió por diez años enteros. Eso le decía su memoria.
No dejó de hablarle, aún así. No podía dejar de tratarlo como si estuviese despierto, no importaba si jamás volvía a abrir los ojos.
Él esperaría. No estaba muy seguro de qué esperaba, pero sabía que sentarse y tomar a mano de su hermano era lo único que debía hacer.
Se secó sus propias lágrimas con el dorso de su mano. —Entonces, te dije, "no existe daño que no pueda ser sanado" y de pronto, te calmaste.
~•~
Los ojos de Playmaker eran hermosos cuando brillaban de esa manera, se sentía orgulloso de poder decir cómo sonaba su risa. Aunque era torpe para las descripciones, sólo podía decir que era como un canto angelical que relajaba su cuerpo entero.
Cada vez que sonreía, quería besarlo. ¿Qué lo detenía de hacerlo? Ah, sí, que no paraba de hablar y Playmaker no dejaba de escuchar.
Estaban los dos recostados en la cama, tomándose de las manos, y dándose cuenta de que esto era real, Soulburner no hizo más que callarse para apreciar la presencia de Playmaker a su lado.
—Estoy feliz de que estés aquí—confesó luego de unos minutos.
Playmaker solo asintió, su sonrisa se debilitó.
—¿Pasa algo?
—Sólo pensaba…
Soulburner se acomodó en la cama y tomó sus dos manos con firmeza. —Puedes decirme lo que sea.
Sus ojos destellantes se encontraron y Playmaker sintió lo que hacía mucho no había sentido, seguridad. Incluso luego de la inquietud de que alguien más lo estaba llamando, que pronto había desaparecido.
—La noche que tú… no podías dormir, y querías hablarme…
Era turno de Soulburner para desvanecer su sonrisa, no recordaba antes ese momento exacto que Playmaker estaba describiendo, pero ahora, comenzaba a revivirlo en carne propia y estaba a punto de confesar que habían sido muchas noches así. Sin embargo, prefirió guardar silencio.
Playmaker no lo estaba mirando ya, sabía lo doloroso que era. —No me hubiera molestado que lo hicieras—murmuró, acariciando la mano de Soulburner—Siempre me he sentido solo, deseaba que alguien estuviera conmigo, aunque me costaba admitirlo. Me hubiera hecho feliz que me llamaras en medio de la noche o en cualquier momento del día. Había tantas cosas que quería, de ti, de mí; de nosotros y nunca fui capaz de pronunciarlas, por eso…—suspiró—Quizás esperaba algo de ti, como tú esperabas algo de mí.
—Tu silencio fue mi peor enemigo, temía que te alejaras por…—Soulburner comenzó a decir.
—…el dolor que compartimos—Playmaker finalizó—Te necesitaba…
…porque te amo.
