Disclaimer: todo lo que reconozcáis pertenece a J.K. Rowling. Lo demás (trama, personajes originales...) pertenecen a Ada P Rix.
CAPITULO OCHO
― Joder, necesito ayuda...
Lo había dicho en voz alta sin querer. Trataba de convencerse a si mismo de alejarse de ella para poder aclararse la cabeza.
Pero entonces ella arqueó su cadera contra su erección.
Y él perdió el control de todos sus sentidos.
Draco golpeó la cabeza contra la puerta del baño, rogándole a su orgullo que volviera. Pero no había ni una puta posibilidad. Su orgullo ya se había levantado y desvanecido igual que un pedo en el viento.
Ella había provocado que se corriera.
Que se corriera jodidamente mucho.
En sus pantalones.
Granger le había hecho eso.
En el momento en que cerró la distancia entre ellos, cuando ella le ofreció echar un vistazo más de cerca a sus bragas. Sinceramente, pensaba que ella se estremecería, se alejaría y lo empujaría. Que saldría corriendo y le dejaría ganar ese pequeño juego, y así, el terminaría con ventaja spbre ella en todo este lío.
Pero no. En vez de eso, Granger se mantuvo firme y cuando eventualmente tocó la cremosa piel de su muslo... fue una causa perdida.
Ni siquiera se trataba de la forma en que su cuerpo había reaccionado al suyo, o la forma en la que sus caderas se presionaban voluntariamente contra las suyas. Era el aspecto que ella tenía cuando la miró lo que le había echo caer en el maldito acantilado.
Lo había visto en su mente muchas veces durante los últimos días. La espalda arqueada, el cuello expuesto, los ojos cerrados y la cabeza echada hacia atrás mientras el placer se arrastraba a través de ella. Pero la fantasía no era nada comparada con la realidad. La realidad era un auténtico espectáculo para los ojos. Y él era la causa. Él había hecho que pusiera los ojos en blanco y se mordiera el labio para evitar que esos gemidos se escaparan de entre sus carnosos y rosados labios.
Él, y sus manos, y su cuerpo.
Y entonces perdió el control.
Su orgasmo llegó tan rápidamente que no pudo detenerse, y comenzó a embestir contra ella agresivamente mientras surfeaba esas intensas olas de placer, apuntando hacia ese calor entre sus muslos que golpeaba continuamente, haciéndola maullar en el fondo de su garganta.
Recordaba haber enterrado la cabeza entre su cuello y la clavícula mientras su cuerpo bajaba de las alturas del orgasmo. El olor de Granger era jodidamente embriagador, y de repente darse cuenta, mortificado, del aprieto en el que los había puesto a ambos. Recordaba abrir los ojos y ver cómo su pulso se aceleraba. Probablemente se flipando por el hecho de que él acababa de restregarse contra ella hasta correrse...
Fue entonces cuando decidió salir corriendo.
Si se hubiera quedado, estaba seguro de que Granger vería la vergüenza enrojeciendo su cara.
Prácticamente corrió hasta el baño más cercano, cerrando de golpe la puerta del cubículo, esperando que nadie se parase a mirar la mancha en sus pantalones al pasar corriendo.
No había ninguna duda en que Granger llevaba ventaja ahora. Le podía contar a todos sus amigos de Gryffindor que prácticamente la había bañado con su semen.
Pero ella lo empezó, amigo...
Draco vaciló por un momento.
Sí... sí, lo había empezado, ¿verdad...?
― No podía quitarte los ojos de encima, Hermione, deberías haber visto su cara cuando te fuiste ― dijo Ginny alegremente cuando se sentaron a cenar más tarde ese día.
El temor a tener esta conversación con su amiga a lo largo del día resurgió de repente, y se puso a la defensiva y algo arrogante ante toda la situación.
― Bueno, ese es su problema, ¿no? ― dijo con firmeza, removiendo las patatas asadas alrededor de su plato ―. No me enteré de nada.
Menuda mentira...
―¿Hizo algo durante Pociones? ― Alice le preguntó con curiosidad desde al lado de Ginny.
Sí... me dio los minutos más eróticos de mi vida hasta ahora...
― No seas tonta, por supuesto que no. ¿Por qué iba a hacer nada? ― Hermione respondió con desdén.
¿Por qué estaba mintiendo de esa manera? ¿Por qué ocultar lo que Malfoy había hecho...? ¿... lo que habían hecho? Ella sabía muy bien que si fuera al revés, él haría exactamente eso, y se lo contaría a todo el mundo para avergonzarla.
Y aún así... sabía que no iba a decir ni una palabra, porque ella no era así. Su abrupta huída aún le dolía un poco, y no quería que la recordara que ella le repugnaba, cuando resultaba bastante obvio que ella le encontraba atractivo.
Pero... él era el que se habia puesto como una piedra, ¿no? Él era el que se había acercado primero, ¿no? Él era el que había arrastrado sus labios a lo largo de su clavícula y...
Hermione cruzó las piernas con fuerza.
Pero esa confianza inesperada de antes se acababa de despertar de nuevo al darse cuenta de que ella le afecaba a él tanto como él la había afectado en ese momento.
Una pequeña victoria en una situación de mierda.
― Tío, te juro que si para mañana no se ha ido, correré desnudo alrededor del Gran Comedor ― Blaise se rio ―. Nunca antes había lanzado un hechizo que durara tanto tiempo, no tengo ni idea de por qué sigues viendo bragas.
Draco lo miró malhumorado desde su silla en la sala común, mirando por encima de su antifaz. Había decidido usar un antifaz durante las últimas horas para evitar que le ocurrieran más sorpresas.
Como salir de los baños -después de limpiarse, claro... no era un maldito animal- y encontrarse cara a tetas con Annie Yates de Hufflepuff.
Pero lo había necesitado.
Cualquier cosa para sacarse las tetas, los muslos, y el culo de Granger de su cerebro.
Vuelta a empezar, cabeza hueca.
Perdiendo la batalla.
Así que ahí estaba, sentado en la sala común casi a medianoche y obteniendo una erección que no desaparecía cada vez que pensaba en ella.
―Si para mañana esto no ha terminado, correrás desnudo a través del Gran Comedor, alrededor de la Torre de Astronomia y dando saltos y volteretas en el puto campo de Quidditch ― le advirtió Draco sarcásticamente.
Draco se puso de pie, se quitó el antifaz de la cara y lo tiró al suelo. Luego se dirigió a su habitación con tanto dramatismo que debóa parecer un niño petulante de cuatro años haciendo una rabieta impía.
Y se sentía como un niño petulante de cuatro años porque no se había salido con la suya. Estaba enfadado consigo mismo por haber huido como lo había hecho con Granger.
En retrospectiva -oh, ¿no es maravillosa la puta retrospectiva?- ...debería haberse tranquilizado para después darle a Granger el viaje de su vida. Tal vez incluso hacerla llegar a las mismas alturas que él ...en vez de restregarse contra ella como un perro en celo para después dejarla creer que eso era todo lo que tenía para dar.
Ya NO tenía catorce años, joder.
Y tampoco era egoísta. Podrías preguntarle a cualquiera que se hubiera acostado con él. Le gustaba dar tanto como recibir.
Era así de simpático.
Ahora no podía quitarse de la cabeza que nunca iba a sacudir el mundo de Granger. Ella lo miraría y siempre pensaría que no podía dar lo mejor de sí mismo. Porque, seamos sinceros, nunca iba a dejar que se acercara tanto a ella de nuevo, ¿verdad?
Especialmente con la forma en que había huido, dejándola colgada.
Recordó haberla mirado. Cómo su aliento se había quedado atrapado en su garganta, mirándola durante esa fracción de segundo al atravesar la puerta del aula con prisa. Tenía un aspecto glorioso, ahí, estirada contra el pupitre y con la cabeza aún ligeramente inclinada hacia atrás, su cintura y su estómago aún tensos con... ¿necesidad?
Draco se dió una palmada contra la cabeza.
Estúpido bastardo, al menos podrías haberla ayudado a correrse.
Su erección palpitó de nuevo contra su muslo y se tiró sobre su cama.
Tendría que correrse el primero antes de siquiera pensar en Granger.
Rezó al santo infierno para que este asunto se arreglara mañana y pudiera recuperar la cordura y la claridad.
Hermione ignoró las risitas a su alrededor a la mañana siguiente mientras desayunaba.
También ignoró las risas estridentes y las bromas mientras subía los escalones de la Torre de Astronomía.
Sin embargo, lo que sí que le llamó la atención fue cuando, a través de una de las ventanas, sin embargo, vio que tenía que ser un alumno de séptimo año dando saltos y volteretas desnudo en el campo de Quidditch.
