Star Desiree by Aly Andrew

Capítulo 9

Desiree

En algún momento durante la noche, o casi por la mañana, Al´bert la despertó suavemente.

― Candy, es hora de despertar – murmuro en voz baja, acariciando su mejilla.

― Que… - susurro ella, algo aturdida - ¿Qué es?

― Llegamos a Desiree – dijo señalando la ventana.

Él estaba vestido con unos pantalones de algo que parecía cuero y una camisa negra suave, algo que lo hacía absolutamente sexy, rápidamente se higienizo, se peinó un poco y se puso la camisa que Al´bert le había dejado en la cama.

Cuando termino, ella volvió la cabeza, un poco desorientada y vio el planeta de Al´bert, no se veía azul o verde, era más grande que la tierra, de color miel con vetas rojas y negras. No parecía tener vida.

― Middle – dijo – llegamos a casa.

Sostuvo su mano, la condujo a un área donde los demás estaban reunidos, la llevó a través de una puerta automática, a una pequeña embarcación con filas de asientos.

― Reingresar a la atmosfera será un poco duro, pero nada de que preocuparse – dijo.

Maniobraron la nave hacia el puerto de embarque. El viaje fue algo abrupto y la dejo un poco mareada, pero se recuperó rápido.

Cuando él había regresado a buscarla, la contemplo un momento antes de despertarla, algo había sucedido la noche anterior, la había enojado de alguna manera, pero por la diosa Uxa que no sabía que había hecho mal.

No quería comenzar su nueva vida en el planeta, con ella contrariada. Ella permanecía en silencio, no le gustaba cuando estaba callada.

Al abrirse las puertas para permitir el descenso del embarque, una comitiva los esperaba, había muchos desirianos trabajando en los demás puertos y un grupo variado de alienígenas de otros planetas, que esperaban para presentar sus respetos al gobernante guerrero que retornaba a casa.

― Alteza! – saludo Ste´ar cuando salieron a la superficie.

La mirada de Ste´ar se desvió hacia ella, y un leve gesto de sorpresa se perfilo ― ¿Una humana?

Al´bert acercó a Candy – Tu Desiri´an. Harías bien en recordarlo.

― Espero que sepas lo que haces, Alteza – dijo humildemente Ste´ar.

Al´bert dio un paso y le dijo – ella es mi Middle.

Ste´ar no lo podía creer, se volvió haca ella – una middle? No creí que fuera posible al ser de otra especie.

― Lo es – dijo Al´bert – los humanos pueden ser más que criadores.

― Entiende ella nuestro lenguaje? – cuestiono.

― Ter´ry actualizo a todos los hombres del barco con su idioma, llama a una reunión para poner a los demás al tanto de lo que ha pasado hasta ahora. Necesito reunirme con el consejo también para dar las novedades y saber cómo están las cosas en Desiree.

― Lo hare inmediatamente – respondió Ste´ar, guiándose, se inclinó hacia ella y la saludo – Desiri´an.

En su camino, Candy se sintió observada por todos los que se encontraban en la plataforma de embarque, tanto desirianos, como alienígenas extranjeros.

― Estos son algunos de los concejales de planetas que mantienen algún tipo de trato con el nuestro, por medio de La Alianza – le informo Al´bert.

Algunos sentían curiosidad por su presencia y otros simplemente parecía que los molestaba, eso la ponía nerviosa.

Después de salir de la plataforma, y concluir con los saludos formales, Candy se quedó sin aliento y parpadeando para procesar todo a la vez.

Desiree era hermoso, impresionante. No era lo que estaba acostumbrada a ver, pero definitivamente era asombroso.

La tierra era de color dorada, podía ver a lo lejos montañas de verdoso azulado, y más lejos la ciudad, que parecía estar parcialmente metida bajo tierra y cubierta por una espectacular cúpula que la protegía, supuso ella, que de los dos soles gemelos que había orbitando el planeta.

Subieron a una pequeña plataforma que los trasladaba del embarque a la ciudad, en el camino Candy podía apreciar todos los detalles que la fascinaban, no solo el color dorado de la tierra, sino también pequeñas líneas negras y rojas que atravesaban la superficie, al acercarse a la ciudad pudo apreciar que estaba construida en varios niveles.

En la parte más baja, cercana al borde la cúpula, había muchas estructuras hogareñas, parecidas a los suburbios de la Tierra, además de una enorme terraza que funcionaba como mercado, había puestos de telas, piezas de metal, artículos de madera e incluso puestos de frutas y carnes.

También diviso un camino empinado que debía conducir al siguiente nivel, el cual tenía edificios en diferentes tonos de rojo, arena y rojo pálido, con grandes balcones y ventanales abiertos, e incluso también pudo ver algunos acantilados y majestuosas cascadas con agua que parecía dorada por la tierra que circulaba.

Al´bert la guio a una pequeña plataforma circular, con una cúpula transparente, no tenía asientos, solo bordes para sostenerse, y unos controles, los cuales él tomo, la invito a subirse y la acomodo a su lado. Cuando la plataforma se elevó, ella dio un pequeño grito.

― Al´bert – dijo ella insegura, agarrándose a los bordes – voy a caerme de aquí.

― Confía en mí, pequeña - la tomo de la mano y la coloco delante suyo, donde ella podía sentir que su espalda se apoyaba en su amplio pecho – he manejado estos vehículos siempre.

La tensión entre ellos estaba haciéndola sentir incomoda, pero aún no estaba de humor para hablar de ello.

Sin esfuerzo manejo el aerodeslizador hacia la zona de la ciudad donde se encontraba su casa.

Aun así, ella se sujetó por todo lo que valía, hasta que sus nudillos estaban en blanco, no se atrevía a girar la cabeza por miedo a que perdieran el equilibrio.

― Desde aquí tendrás una mejor vista.

― Estoy bien – dijo con voz asustada.

― ¿No te gusta volar? – pregunto.

― Si, cuando no existe la posibilidad de que me caiga y termine como una gran mancha en el suelo.

― No te vas acaer, middle.

Al´bert parecía tranquilo y seguro mientras manejaba, él estaba en su elemento y al verlo así sintió un cosquilleo entre sus piernas. Cuando él la abrazo, ella se relajó. Por lo menos no estaría sola en esta ciudad alienígena, incluso si el no tenía otra opción, se recordó de todas maneras, ella no estaría allí para siempre, aun esperaba volver a su hogar, no tenía más opción que aprovechar el tiempo que estuviera en Desiree, y si quería seguir sintiéndose sola y miserable, podía continuar enojada con él.

Pero no quería eso, ya no importaba que dijera que no tuvo elección, de todos modos, ella se iría.

― Tu hogar es hermoso – admitió.

Nuestro hogar, middle – murmuro inclinándose para susurrar en su oído.

Ella cerro los ojos por un momento, se respiraba el mismo oxigeno que en la Tierra, por lo menos podría sobrevivir aquí un tiempo.

Desde su posición elevada en el aerodeslizador, pudo ver más de la ciudad, finalmente en la cima de la ciudad, apareció una enorme casa. Al´bert descendió en una amplia terraza.

― Aquí estamos, nuestro hogar – le dijo – y estoy contento de enseñártelo.

Nuestro hogar. Sería su hogar por poco tiempo.

Un desiriano apareció para entregarle una misiva, Al´bert no estaba muy contento con esta interrupción, ya que el pretendía enseñarle la casa a Candy, pero vio el sello del consejo en el papel y opto por leerlo.

Los concejales "solicitaban" que la humana fuera llevada al centro de sanación, para una revisión que garantizara la buena salud de ella y asegurarse que no existiera alguna enfermedad que afectara a su gente.

― ¿Sucede algo malo? - pregunto ella, al ver el cambio en su semblante.

― El consejo quiere que te lleve al edificio de los sanadores para comprobar tu salud y hacer algunas observaciones – comento mientras apretaba fuertemente el papel que tenía en la mano.

― Esta bien Al´bert, es normal, no me importa ir, siempre que no te mantengas cerca.

― No voy a dejarte sola, pequeña, pero no me gusta que los concejales se tomen atribuciones sobre mi pareja predestinada. Debieron hablar conmigo primero – dijo molesto.

― ¿No son los encargados de controlar los cambios que puedan afectar a La Alianza?

― No! Solo los acepte porque mantenemos negociaciones con sus planetas, son solo diplomáticos y están asumiendo roles que no les corresponde. Me temo que me he ausentado por demasiado tiempo, voy a tener que recordarles quien gobierna aquí – gruño.

― Creo que deberías calmarte primero, lo que piden no es demasiado y parece justo, después podrás tomar las riendas de tu planeta y poner todo en orden.

― Eres tan equilibrada, pequeña, eres mi calma en la tempestad- decía mientras acariciaba su cabello.

― Creo que debemos ir a que me revisen – se apresuró ella – estoy un poco cansada y me gustaría terminar con esto lo antes posible.

― Entonces descansaras primer, luego iremos con los sanadores, hare que te preparen algo de comer y te llevare a nuestra habitación – sentencio.

― Pero… ellos quieren…

― No me importa lo que ellos quieran – gruño – lo importante es tu bienestar, tu comodidad lo demás lo arreglo ahora – dijo molesto.

Eso calentó un poco su alma, después de todo, el seguía poniéndola antes que sus deberes y ocupaciones, pero su mente no dejaba de dar vueltas en el hecho de que no tuvo opción.

Quizás, solo quizás, él se expresó mal cuando lo dijo, o ella mal interpreto la frase, pensar así dolía menos y ella se aferraría a eso como a brasas calientes, por lo menos durante los próximos días, buscaría aprovechar cada segundo de la nueva aventura que suponía estar en este hermoso planeta y con su sexy alien, poco diplomático.

Mañana será otro día Candy, un día a la vez, tomaremos un día a la vez.

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