Disclaimer: No tengo ni un activo en Disney, así que ninguno de sus personajes me pertenece.
Viñeta 8
La primera semana de febrero trajo la respuesta de Louise a la carta que Hans le enviara en noviembre. Contenía ánimos festivos de San Valentín junto al mensaje principal, el cual se trataba de la réplica a los argumentos de El tesoro en la isla; su costumbre de releer Una historia de fantasmas en Navidad, en la época de fiestas decembrinas, resaltando los puntos más interesantes de esa obra; y comentarios sobre su complacencia con la celebración navideña.
Con una posdata aclarando su agradecimiento por el regalo y lo innecesario de él de preocuparse por sus ingresos. (Entendió su reprimenda.)
La llegada, casi tardía, de la misiva, originó dudas en el cobrizo sobre los contratiempos que ella tendría para escribir o su verdadera ubicación, porque Corona colindaba por tierra con Las Islas del Sur y no eran necesarios paquebotes para trasladar la correspondencia (estos navíos afrontaban dificultades al cruzar las aguas en la temporada más fría del año).
Toda presunción que fuese Arendelle estaba eliminada, puesto que había confirmado el estado marital de la princesa Anna y, para reafirmarlo, Louise acababa de comunicarle que nunca se había casado.
No obstante, hasta obtener la información que quería de "su antigua prometida", en Año Nuevo, estuvo convencido de haber dado con la identidad de su alma gemela. En los meses transcurridos desde la última carta de ella había pasado horas reflexionando sobre el pasado y había recordado inquietudes enormes de joven, que entonces había relacionado consigo mismo o alguien a su alrededor, y estas coincidían con el periodo de encierro de la reina Elsa, fuente de aflicción para Anna.
(Naturalmente, no creyó que la rubia se tratara de su alma gemela, porque estaba seguro que ella le habría atacado al reconocerlo como el "Caballero Negro", poseyendo poderes con los que defenderse y enfrentarlo.)
—Tealand —dijo contemplando el mapa expandido en su escritorio. Ese reino volvía a ser una opción plausible. Estaba el mar de por medio, el idioma de sus cartas y los dos autores de las obras mencionadas por ella eran de Albilond —el orgullo de sus habitantes les llevaba a ensalzar a sus conciudadanos.
Ahora bien, quizá se atribuía demasiada importancia al creer que ella tenía escribir como prioritario y el mensaje recorrería largos tramos en alcanzarle. Louise tenía una vida ajena a él. Familia, amistades, trabajo.
Y con esto regresaba al gran universo de posibilidades sobre quién era "Dama Azul".
El misterio continuaba.
Impetuosamente enrolló el mapa al oír unos golpes en la puerta, mismos que resultaron una extrañeza y le alarmaron.
—¡Sé que estás ahí! No me iré.
—Karen —musitó poniéndose de pie. El imán invisible lo movía, reconocida la persona; siempre que se trataba de alguien que conocía de largo tiempo y con fuerte "conexión" a él, la influencia del espejo podía traspasar la barrera de la puerta.
Asimismo, ella era muy persistente y no se iría hasta conseguir su cometido… ¿y por qué negarse una falsa felicidad efímera?
Se ajustó su ropa para verse presentable, pero no se puso un saco o chaleco. A Karen no le importaría si andaba en mangas de camisa.
Abrió con una sonrisa.
—Adoro que seas el único tío en no reprocharme la visita a un caballero soltero.
Porque estaba impedido a hacerlo.
Los ojos marrones de su sobrina brillaron con diversión antes de ingresar con pueriles pasos saltarines, pese a que ya era una joven de dieciséis presentada en sociedad. Él cerró la puerta y se giró para verla quitarse el sombrero azul que cubría su cabello rubio rojizo.
—Espero no interrumpirte, tío Hans, es que debo resolver el asunto en este mismo instante.
Era una lástima que Karen no heredara la prudencia y paciencia de Lars.
Ella se ubicó en una plaza del sofá, despojándose de sus guantes de lino blancos con elegancia. —Busco una escolta para ir conmigo a Holania del Norte. Necesito acompañante para unas reuniones y para la gran apertura de la sala de conciertos en abril.
Hans amplió su sonrisa, sabiendo el objetivo de todo eso y sintiendo el empuje de su propio cuerpo, tanto como el del poder de ella.
Lamentablemente, él pretendía ir al primer baile de Emereld del año y con ese compromiso tardaría más tiempo en regresar a casa para la próxima carta de Louise… Aunque necesitaba una distracción que apresurara los días y le apartara de tantos pensamientos en torno a sus poderes y su alma gemela; con un respiro relajaría su mente —el manejo de sus bienes no era suficiente para dárselo— y no pasaría nada yendo en compañía de quien el espejo consideraba superior.
—Madre irá a Wienna y padre no apartará los ojos de sus libros si es por eventos sociales. Además, la dama de compañía que vendrá conmigo apenas se mueve; necesito a alguien joven, confiable, que merezca pasarla bien. ¡Y ahí entras tú, tío!
—Sí, claro —respondió sumamente alegre por el espejo y el toque de felicidad de ella.
—¡Sabía que podía contar contigo, mi tío favorito! —Karen aplaudió extasiada, habiendo conseguido su propósito.
Asintió.
Prestó poca atención a su título de preferencia. Era consciente que todos sus tíos eran sus favoritos, pues la emoción que proveía la hicieron objeto de buenos tratos desde su nacimiento. Y él no convivía demasiado con ella, dos veces al año, como mucho.
No era una mala chica, ni siquiera egoísta en todo el sentido de la palabra; en realidad, era bastante ingenua por su juventud y las consecuencias de su magia (ser causa de felicidad podía cegarte a vicisitudes de la vida), y con el espejo quedaba evidente que no buscaba dañar a otros.
—Bien, ¿por qué no hablamos mientras jugamos ajedrez? Tengo semanas sin una partida, papá está concentrado en unas traducciones al griego desde hace meses.
Hans rió y fue por el tablero.
Era agradable jugar con ella, ya que ella quería probar sus habilidades y él no se veía obligado a darle una victoria.
(Se le escapó que, por primera vez, conociera el deseo de alguien conscientemente, antes de que tuviera que analizarlo a posteriori.)
…&…
Elsa esbozó una sonrisa cuando su pequeña sobrina asió su dedo en su puño, tan encantada de ella como el día en que nació, aun si a su corta edad los gestos eran mínimos. Elisabeth era una bebé preciosa y un ser al que amaba con un cariño que superaba al de su hermana, tanto que llegó a sorprenderla su afecto al cargarla a los pocos minutos de nacida, mientras cambiaban las sábanas de Anna y llamaban a Kristoff.
No se creía capaz de querer así y preveía que si tenía un hijo propio el sentimiento la rebasaría.
Le provocaba tristeza tener la obligación de viajar y perderse momentos de ella. Pero debía de. Esta vez no podría posponer su partida, porque las reuniones en Amerstdam eran ineludibles, a diferencia de su deseo de hablar con Lady Grainne. Tenía que ir por acuerdos económicos y a aprender de las expansiones sobre el mar que ellos hacían, tentando la posibilidad de contar con canales propios en Arendelle.
Su asunto personal en Emereld podía aplazarse.
Elisabeth gorjeó como pajarillo, llamando su atención. Elsa la miró amorosa; frotó su mano en su espalda, pensando en el modo que resultaron las cosas. Si hubiese ido al baile de Cupido, para aprovechar la certeza que la joven estaría ahí, se habría perdido el nacimiento de su sobrina, quien había nacido antes de lo esperado (por fortuna sin percances en el parto).
Y ese suceso era más importante que saciar su curiosidad.
—¿Qué tan grande estarás cuando vuelva? —inquirió con ternura, acomodando el cuerpo de Elisabeth en su brazo ligeramente dormido. La bebé no era muy pesada —aunque sí grande como su padre—, pero llevaba un rato cargándola.
Kristoff entró a la habitación, anunciándose con sus ruidosas pisadas.
—El trineo está listo. Olaf y Sven están esperándonos.
—Cariño, es fantástico —celebró Anna apareciendo por la puerta.
Elsa reprimió una risita. El trineo había sido preparado más de cinco veces por su cuñado, que quería la mayor seguridad para su hija y su esposa al ir a presentarle la bebé a su familia.
Anna se acercó hacia ella para coger a Elisabeth en brazos.
—Gracias por cuidarla mientras me bañaba; este querubín quiere que huela a su vómito en la visita a los abuelos.
Rió negando. —Fue un placer. Quiero despejarme de los últimos asuntos antes de mi viaje, y nada mejor que hacerlo con mi angelito. Estoy tratando de adelantar y resolver lo más posible para que no tengas demasiado trabajo en mi ausencia.
—Descuida, Kristoff y Olaf se encargarán de Lisie y nos irá estupendo a todos.
El aludido presente colocó sus brazos en jarras con jactancia, respaldando las palabras de su esposa.
—Bien. No se retrasen más o volverán al anochecer. —Agitó su mano y cubrió a Elisabeth con una manta mágica para guardarla de la temperatura en la montaña, todavía baja en marzo. Sus diminutas hebras rubias desaparecieron debajo del verde pálido de la cobija y solo su rostro dormido quedó visible.
—Gracias. Vamos, cariño.
Los tres salieron del salón inmersos en su propia burbuja y Elsa exhaló hondo, de repente sintiéndose excluida del retrato familiar. Ellos la incluían en todo y la invitaron a esa visita, pero notó ahora que quería más que ser solo una tía, hermana y cuñada.
Deseaba convertirse en una esposa y en una madre.
Sí quería.
Se mesó su cabello, deshaciendo el simple amarre que lo sujetaba como una cola de caballo.
El problema para alcanzar esos dos títulos era que seguía dudando sobre su futuro. El año pasado había encontrado a su alma gemela, pero acarreó más cuestionamientos y barreras que respuestas a sus inquietudes. Tampoco le dio intimidad con alguien fuera de su familia, si bien había formado una especie de amistad y confianza con sus cartas, sujetas a su recelo de la verdad sobre él.
¿Se libraría de su incertidumbre? ¿Podría intimar con alguien? ¿O se contentaría con procurar por sus hermanos, sobrinos y criaturas mágicas, que no era realmente terrible, sin conocer el matrimonio y la maternidad?
Una ráfaga de viento se coló por la ventana entreabierta, inmediatamente seguido por un hormigueo en sus dos manos, como si las hubieran cogido con fuerza.
Sus ojos se abrieron y el salón azul tembló de la especie de mareo que la atravesó. Posó sus manos en los brazos del sillón ante la sensación de caída, aunque no ocurrió tal cosa y todo se equilibró en menos de un parpadeo.
—Hans —emitió con el corazón acelerado, dividida entre el asombro y el agradecimiento.
Creía en la magia y que estaban entrelazados, mas nunca experimentó esa vivencia tan real. Hasta entonces, solo habían sido presentimientos al ver a la distancia o examinar su interior (mirando el presente y el pasado), no ese toque de apoyo y consuelo.
Él estaba acudiendo en su auxilio, no como lo haría el villano que había sido en su mente por más de un lustro. Era otro rasgo de su atento Caballero Negro.
Soltó una carcajada feliz.
Ese "contacto" era el que necesitaba para atemperarse de lo fatídico cuando su tiempo no había acabado. Incluso si era considerada una solterona, restaban unos años en los que sus anhelos podían cumplirse.
Abandonó el asiento y fue a la salida para seguir con sus tareas previas a su viaje. Debía concentrarse en lo que actualmente era certero.
Como sus reuniones en Holania.
NA: ¡Hola!
Una historia de fantasmas es una parodia al Cuento de Navidad de Dickens.
El lugar es Países Bajos, pero sonaba fea cualquier modificación. Cuando Elsa se refiere a la expansión y los canales, es porque Holanda es una maestra en incrementar su territorio superponiéndose al agua. Aquí es 1888, la sala de conciertos de la que habla Karen es El Real Concertgebouw, en Ámsterdam, abierto al público el 11 de abril de ese año. Es una de las mejores del mundo.
Esta fue la viñeta de tíos ja,ja. Gracias, Karen, por hacer que coincidan ja,ja. Pensé en ese nombre porque la protagonista de "Memorias de África" es danesa nacida en el siglo XIX, así que al menos el nombre es viejecito. Como relacionaron, ella es la sobrina que hace felices a los demás, es un poco cruel de Lars no dejarle que convivieran mucho. En fin, ¿adivinaban que se verían en persona tan pronto? ¿Y que a Elsa ya se le muevan las tripas por Hansy?
Besos y abrazos, Karo.
Guest: Ha,ha, he came to the wrong conclusion, so close to the truth that he couldn't realize it. Sadly, he put an end to that path, now again in the (funny) beggining. xoxo
Raz: Ja,ja, ay, no, ni me recuerdes lo que tardé, solo pude avanzar con seis viñetas en el año, muy muy cortas para confortarme. Pero bueno, me divirtió mientras duró el poner que creyera que Anna era su alma gemela, casi enfermaría hasta aclarar que ella estaba casada. Eso sí, sufrirá un infarto al saber que su Dama Azul es Elsa, pobrecito. Me agrada que te guste la evolución de Elsa con Hans y cómo avanza del pasado. Los acontecimientos del futuro vendrán para mejorar eso ji,ji. Besos.
