—¡¿La espiaste mientras se masturbaba?! —interrumpió la narración Ginny —¿Quién eres tú y qué has hecho con mi amiga?

Hermione puso los ojos en blanco por la exageración y luego dibujó una sonrisa pícara en su rostro.

—¡Gin! Sabés que me gustan las mujeres y Pansy no es precisamente una bruja fea. Cuando empecé a relajarme mis hormonas volvieron con la ferocidad de un león, intenté respetar su espacio personal varias veces pero al final, pensé que si ella no se enteraba que yo estaba ahí, no hacía daño… —su voz se iba haciendo más finita a medida que hablaba, no muy orgullosa de sus actos.

—Uff, a mi me pasó lo mismo, Mione. Pasamos tanto tiempo preparándonos para la batalla que olvidamos disfrutar —se encogió de hombros.

Su amiga le dedicó una mirada perspicaz.

—Bebé, perdí la cuenta de tus fiestas y amores de una noche. Dudo que seas el ejemplo de olvidarse de disfrutar.

—¡Pero sufría! No estaba del todo relajada —se quejó sacando su labio inferior en un puchero.

—Sin duda, te veía muy atormentada metiendole la lengua a cuanta bruja o mago te gustara, sí. ¡Pobre Ginny, qué sacrificada! —se burló.

—¡Mione! ¿No me digas que se te pegó lo Parkinson? Con una tengo suficiente.

—Pensé que ahora te gustaba el estilo Parkinson. Me contaron que estuviste involucrada en un casi trío con ella y Daphne —enarcó una de sus cejas.

Ginny se sonrojó bajo la divertida mirada de su amiga. ¿En qué momento Hermione se había vuelto más pícara que ella?.

—Lo que quiero decir es que entiendo que te hayas quedado viendo a Parkinson masturbarse —se escabulló de la pregunta.

—Daphne tampoco está nada mal…

—Me recuerda mucho a vos —la miró fijamente— Entonces, ¿Parkinson y vos?

—Entonces, como Pansy sabía que yo estaba en su casa y no me había matado, me pareció que podía intentar convencerla de que te liberara.

—¡¿QUÉ?! ¿Estuviste detrás de eso?

—¡Por supuesto que lo estuve, Ginevra! Ahí fue cuando conocí a Daphne, quiero decir, ya la conocía pero esta vez de manera más cercana.

—No entiendo, ¿a Pansy le pareció buena idea liberarme?

—Aunque no lo creas, no te odia con la intensidad que demostró en Hogwarts. De hecho, te respeta bastante. Siente que estás a su altura, no sé, debe ser alguna cosa de esas que se inventa Pansy en su cabeza sobre ser la Princesa de Slytherin.

—No es ningún invento, Mione, no me ofendas. Nos teníamos un odio racional por nuestra jerarquía en las casas que ocupabamos.

Su amiga la observó como si le hubiera salido una segunda cabeza.

—Okey, ya veo que se entienden. Tiene sentido, Daphne y yo congeniamos realmente bien —Hermione se perdió en sus pensamientos, probablemente analizando la situación.

—¿Tierra llamando a Mione? —pasó una de sus manos por delante de la cara de su amiga que se alejó como acto reflejo.

—¡Gin! —golpeó la mano con pecas— ¿Por dónde íbamos? Ah, sí…

¿Podemos discutir qué haremos ahora?

¿Haremos? —Pansy observó su impecable manicura—Yo estoy muy bien, ¿por qué haría algo?

Hermione volvió a cruzarse de brazos.

¿Y para qué me pediste que dejara de espiarte?

Ah, o sea, ¿te pensabas pasar la vida entera escondida en esta mansión? El mundo mágico te ha sobrevalorado todos estos años —negó con su cabeza.

¡Pansy Parkinson!

Bueno, al menos te aprendiste mi nombre luego de estar un año en mi casa y siendo mi compañera en Hogwarts durante siete más.

Hermione cerró sus ojos con fuerza y se recordó que no sería buena idea matarla en su propia habitación y con la familia bajo el mismo techo. Contó mentalmente hasta diez antes de hablar.

Pudiste haberme entregado o incluso matado. No te hagas la desentendida ahora.

Mirá, no tengo idea qué haremos. Por lo pronto podés disfrutar de hablar con alguien. ¿Qué pensabas hacer después de Hogwarts?

Seguir estudiando, evidentemente.

Ya… Bueno, me temo que no es una opción. ¿Irte del país?

La cara de Hermione expresó todo lo que Pansy necesitó saber para descartar esa idea.

¡Ya sé! Vayamos con Bellatrix y le decimos que eras una espía de Voldemort. Aunque posiblemente se pondrá tan celosa que seguro te matará —ladeó su cabeza, descartando también esa idea.

Hermione se llevó sus manos a su cara, frotandola con fuerza. Esto iba a ser más difícil de lo que se había imaginado.

La puerta de su cuarto se abrió de golpe, tomando a ambas brujas por sorpresa. Hermione no tuvo tiempo ni de pensar en lanzar el hechizo desilusionador antes de que la persona entrara al cuarto.

Daphne se detuvo en cuanto sus ojos chocaron con ella.

¿Granger? —habló extrañada.

¡Por Morgana, Daphne, qué susto! Pasá y cerrá la puerta —Pansy movía sus manos para darle más énfasis a las palabras.

¿No te enseñaron a poner un hechizo de protección en las habitaciones, Parkinson? —se quejó Hermione, que con un movimiento de su mano lo resolvió—. Listo, podemos hablar tranquilas. Hola Daphne.

La rubia seguía mirándola extrañada, con el ceño fruncido. Tomó asiento con precaución, al lado de Pansy.

¡Tenías razón, estaba escondida en tu casa! —habló.

Hermione puso los ojos en blanco. ¿Lo había compartido con todo el mundo?

Parece que la pasó bien espiándome mientras me masturbaba —se burló Pansy, sólo para ver la mortificación de Hermione.

Su amiga la golpeó en el brazo.

¡Pansy! Seguro vos lo disfrutaste más —rió seguida de Hermione.

¿Se van a aliar? No puedo creerlo —miró a su amiga, acusadoramente.

Bueno, ¿de qué charlaban? —la ignoró—¿Qué van a hacer ahora?

¡Y dale con el plural! ¿Por qué parece obvio que yo también debería hacer algo?

Mm, dejame pensar… ¿Quizás porque está en tu casa?

¡Yo no la invité!

Tampoco la echaste, amiga. Lo siento, es obvio que tendrán que lidiar juntas con esto. Aparte, ¿eso de que te gustaba que te viera?

Gracias por tu aporte, Daphne, ya entendimos —la miró con molestia Pansy.

Hermione carraspeó, sonrojada por las últimas palabras de la bruja rubia.

Tengo entendido que estás en la dirección del Departamento de Cooperación Mágica Internacional. ¿Es cierto? —la rubia asintió, sin entender a dónde apuntaba—. Y por lo que estuve escuchando, Bellatrix quiere que la comunidad mágica deje de ocultarse de los muggles ¿verdad? —volvió a asentir—. Perfecto, entonces… ¿Qué tan viable ves que como muestra de su buena fé con las autoridades no mágicas, trabaje con la hija de muggles más conocida del mundo mágico?

Pansy y Daphne boquearon, sorprendidas de la osadía de la chica. Luego compartieron una mirada, se conocían hacía tantos años que podían comunicarse sólo con los ojos. Volvieron a observar a la bruja que esperaba paciente como si sólo les hubiese invitado a ir a pasear por el jardín.

Creo que estás absoluta y completamente loca. Pero como nuestra ministra no es conocida por su cordura, también pienso que puede funcionar. Es decir, habría que estudiar y planear cada detalle si no queremos morir en sus manos de alguna manera creativa.

Contaba con eso. Pero mirá, es la misma lógica. ¿Dónde no me buscarían? Con una familia de sangre pura. ¿Dónde la gente no se imagina que esté? ¡En el Ministerio con Bellatrix!

De todas maneras necesitamos algo más… Un enganche más suave. No podemos ir con Bellatrix y decirle que se asocie con la chica del trío dorado. Es una locura —Daphne ya estaba completamente a bordo de aquel viaje. Pensó que necesitaba encontrar pasatiempos más sanos porque el aburrimiento la llevaría a la muerte.

Tantos años con Potter y Weasley te arruinaron el cerebro —acotó Pansy, que no estaba nada segura del plan.

¡Ginny! —exclamó Hermione, que su plan hacía brillar sus ojos—. Ella está en Azkaban y es una excelente jugadora de Quidditch. También es una bruja de sangre pura. Podríamos empezar por convencer a Bellatrix de liberarla y conseguir que entre en algún equipo de Quidditch profesional.

¿Te acabas de inventar todo esto o ya lo tenías pensado? —la acusó Pansy, con los ojos entrecerrados.

Si, no, ¿qué importa? ¿Crees que podría funcionar, Daphne?

La rubia estaba perdida en sus propios pensamientos, se notaba por su expresión que su cerebro iba a toda marcha.

¿A la Señorita Weasley le gustan Las Arpías? —la voz sonó más grave de lo normal cuando habló, aún con la mirada perdida.

Hermione se extrañó por la manera en que nombró a su amiga pero asintió. Puso los ojos en blanco al darse cuenta de que debería decirlo en voz alta. Lo hizo.

Creo que puede funcionar —volvió a la realidad, observando a las dos chicas alternativamente.

—¿Daphne estuvo desde el principio en esto? —la interrumpió nuevamente Ginny.

—Sí, por eso te decía que no tenía sentido que te enojaras, Gin. A partir de ahí todo pasó muy rápido. Nos juntamos muchas noches a estudiar y detallar el plan. Pansy la mayoría de las veces sólo molestaba pero Daphne se metió de lleno en esta idea.

—¡Mione, sos increíble! —se tiró encima de su amiga, logrando que su espalda cayera contra la lona.

—¡Gin! —rió al ser tomada desprevenida.

La pelirroja se subió a horcajadas de su amiga y la miró desde arriba, sonriente, mientras el pecho de Hermione subía y bajaba rápido por las risas. Cuando se calmó, sus ojos se encontraron.

—Te amo, Mione. ¡Siempre estás detrás de todo lo bueno! —bajó su torso, acercando su cara a la de su amiga.

Las pupilas de Hermione se dilataron al ver los labios pecosos acercarse. Se humedeció los suyos en un acto reflejo, notando cómo se desviaba la mirada de Ginny hacia ese punto.

Un beso suave se posó en la mejilla de Hermione, que no se había dado cuenta de que estaba conteniendo el aire hasta que lo soltó. Ginny se recostó encima de su cuerpo, acomodando la cabeza sobre su pecho y sus piernas entre las de Hermione. Era la posición más íntima que habían compartido, pero se sentía bien para ambas.

—Me pasé la adolescencia luchando por un mundo que me desprecia, llevamos a la muerte al que iba a ser el héroe de nuestro bando. ¿Crees que Dumbledore no lo sabía? ¡Él nos guió a la muerte! Año tras año, sin descanso. Maté y torturé y vi morir y ser torturados a mis mejores amigos. Tuve mucho tiempo para pensar, bebé. Y la pregunta que me atormentó todo este tiempo fue ¿qué vida merece ser vivida?. Ahora, mi mayor aspiración es compartir este momento con vos. Aprender a disfrutar de los vínculos que tengo. No quiero seguir luchando, no quiero más drama en mi vida. Podría simplemente haberme ido del país, pero no podía dejarte si estaba en mis manos recuperarte.

Ginny reflexionó acerca de sus palabras, recordando como Daphne le había dado unos argumentos muy similares. No es que confiara más en la palabra de Hermione, que también, pero que lo dijera ella que había luchado a su lado, era completamente distinto.

—Gracias Mione. Me siento feliz de estar acá, en algún momento creí que iba a morir en Azkaban y todavía estoy procesando esta nueva realidad. Estamos juntas en esto. Hagamos que la vida sea fácil. Nada de planes locos sobre Bellatrix. ¿Me escuchaste? —alzó su cabeza para enfocar los ojos de su amiga.

—Prometido.

—¿Entramos? Ya anocheció y empiezo a tener hambre.

—¡Ginevra! Te acabaste todos los bocadillos, ¿cómo puede ser que tengas hambre de nuevo?

—Las situaciones emocionales intensas me provocan más hambre que de costumbre —se encogió de hombros, dejando el cómodo lugar sobre el cuerpo de su amiga—. ¡Aparte tuve una prueba hoy!

—No acabamos de decir que dejaríamos de intentar morir que ya me estás recordando que tendré que presenciar tus jugadas suicidas más seguido de lo que me gustaría —se quejó Mione, mientras levantaba el picnic con un movimiento de su mano.

—¡No podés pedirme que deje de ser una Wealsey, Mione!

—¿Qué es eso?

—¡Ser el corazón del juego!

—No eso, Bebé —la cortó, riendo—. Eso —señaló a una lechuza que piqueteaba una y otra vez el ventanal enorme del living.

—¡Que raro! Debe ser mensajería para Daphne —se apuró, trotando el último tramo para ayudar al ave.

Hermione la alcanzó cuando la lechuza partía vuelo nuevamente, después de ser liberada de su encargo. Su amiga estaba en el sillón con cara de haber visto al mismísimo Voldemort.

—¿Qué pasó, Gin? —consultó, entrando y guiándo con magia la canasta hacia la cocina.

—Tiene la huella de Las Arpías —respondió, sin quitar la vista del pergamino frente a ella, aún cerrado.

—¡Oh por Dios! Abrilo ya ¿qué esperas? —se emocionó, tomando asiento junto a su amiga.

—No lo sé Mione, ¿y si no quedé? ¿debería llamar a Daphne? ¡No! —su amiga saltó de sorpresa por la vehemencia de Ginny—. No soportaría ver la cara de decepción de Daph si me rechazan. No querrá dirigirme nunca más la palabra. Seguro me pide que me vaya de la casa y me olvide de ella, y ..

—¡Bebé! ¿Te estás escuchando? ¿En qué momento te convertiste en una mini yo? —la miró divertida, trayendola en un abrazo —. Todo va a estar bien. Si no te eligieron, hay muchos otros posibles equipos en los que podrías jugar. Dudo que a esta altura a Daphne le importe tanto tu desempeño como jugadora de quidditch —se burló—. ¿Querés que la llamemos?

—¿No es muy tonto? —preguntó con gesto de perrito mojado.

—Claro que no, Gin, pasaron juntas por esto. Tiene sentido que quieras hacerlo con ella.

—Sin dudas quiero hacerlo con ella —bromeó, levantando y bajando ambas cejas repetidas veces.

Hermione rió y le golpeó el brazo con cariño.

—Veo que tus prioridades están claras, Ginevra.

—¿Cómo lo hacemos entonces? —preguntó nuevamente aterrada.

—¿Creí que querías hacerlo con ella? —levantó sugestivamente una de sus cejas.

—¡Mione! Definitivamente pasaste mucho tiempo con Parkinson —se quejó, aunque internamente agradeció el apoyo que le estaba dando.

—No te discutiré eso… En fin, le comunicaré a Pansy que queremos verlas.

Ginny frunció el ceño.

—Yo no dije nada remotamente parecido a querer ver a Parkinson.

—¿La invito sólo a Daphne? —puso los ojos en blanco, divertida.

—Nah, que venga Parkinson también.

Hermione la miró ligeramente molesta por la pérdida de tiempo. Convocó su patronus y le transfirió el mensaje. La nutria salió trotando rápidamente.

—¡Qué reluciente tu patronus, Mione!

—Es la primera vez que puedo hacerlo después de la guerra —su voz sonaba sorprendida.

—¿En qué pensaste?

—En nuestro atardecer en la playa —le sonrió, dejando un beso sobre su mejilla.

Ginny estaba segura de haberse sonrojado. Todavía cosquilleaba el lugar donde le había besado su amiga.

—Creo que sería bueno darme una ducha —estiró sus pecosos brazos hacia arriba, sintiendo como se estiraba toda su columna.

Hermione permitió que sus ojos acariciaran el torso de Ginny.

—¿Te ayudo? —ofreció.

Ginny enarcó una de sus cejas, enderezando su espalda.

—¿Con la ducha?

—Imaginaba algo más como preparar una cena para las cuatro, bebé —le sonrió esforzándose por poner un gesto inocente.

Volvió a enarcar una de sus cejas, suspicaz, pensando si presionar o no.

—Claro, claro, a eso mismo me refería yo —se levantó y fue a buscar el bolso que había dejado tirado apenas entró—. ¿Viste qué linda la camiseta que me regaló Daph? —se la saco, quedando sólo con el sujetador deportivo.

Hermione tragó en seco.

—Si, Gin, la veía también cuando la traías puesta, no necesitabas quitartela —se burló mientras tomaba la camiseta con sus manos—. Impresionante.

—La camiseta está un poco más abajo, Mione… —le sonrió pícara.

—¡Al baño, Ginevra!

—¿Es una orden? —se extrañó por la descarga eléctrica que recorrió todo su cuerpo, tensando los músculos de su abdomen.

—No me gusta repetir dos veces las cosas, bebé —su voz era ligeramente más profunda.

Ginevra desapareció escaleras arriba, con su bolso colgado al hombro y una sonrisa tonta que no se iba.