Cuando desperté ya no me sangraba la nariz. La cabeza, aunque me pesaba un poco, no lastimaba tanto como hace un rato. Desde mi posición recostada en la cama, noté que volvía a estar en la carpa en donde, anteriormente, me habían mantenido atado. Eso sí, esta vez no había cadenas que me retuvieran, solo había un anbu a mi lado y probablemente, abría otros fuera.

—¿Dónde están todos?—le pregunté al anbu con voz rasposa, éste solo me miró por unos segundos. Supongo que no va a responderme.

—Todos duermen, aún es de madrugada. Deberías dormir un poco más, tendrás un día pesado— si soy sincero, nunca pensé que me respondería. Pocos me dirigen la palabra y casi nadie muestra, aunque sea algo, de preocupación por mí.

Cerré los ojos tratando de dormirme, creo que ayer asusté a todo el mundo. Recuerdo vagamente a un tumulto de gente preguntándome si me sentía bien. Parece que ni les respondí. Sinceramente no me sentía para nada bien, la cabeza me mataba, el cuerpo me pesaba y donde veía la sangre caer como que me empecé a asustar, hace mucho que no veo tanta sangre proviniendo de mí. Por un segundo pensé que iba a estirar la pata, pero como estoy aquí supongo que no pasó. Aún estoy vivo, no sé si eso es bueno o malo.

Estoy seguro de que Kukiko me diría que es malo que siga con vida, porque le estoy robando oxígeno. Esa estúpida, como la extraño. La pasábamos tan bien juntos, me recordaba al lugar que dejé atrás. Amaba tanto Konoha, nunca creí que viví tanto tiempo una mentira. Siempre pensé que la aldea en que crecí era el mejor lugar del mundo. Un lugar donde podía vivir en paz, si bien me la pasé con mucho miedo mientras crecía sólo en el apartamento y nunca me sentí del todo seguro en aquel lugar, puedo decir perfectamente bien que esa aldea es el lugar en donde esperaba morir, en donde esperaba que mis hijos nacieran y crecieran, en donde estaría para siempre.

Ahora mirando hacia atrás, creo que no fui lo que se dice completamente feliz. Como se lo mencioné a Kuki hace un tiempo, me sentía muy asfixiado en aquel lugar, era como si todo el mundo esperara algo de mí. Tenían grandes expectativas puestas en mi persona, expectativas que yo no tenía deseos de cumplir.

Recuerdo muy bien que todos me admiraban, pero no era por ser un buen ninja, no era por ser Sasuke. Era admirado por todos en la aldea por ser un Uchiha. Solo me amaban por mi apellido, me trataban bien solo para conseguir en el futuro algo a cambio. Cuando mi apellido pasó a representar cosas y actos horribles todos me odiaron, no les importa lo que yo haya hecho por ellos mientras aún vivía en Konoha, todos me odian porque me tienen miedo. Es como me dijeron una vez, los seres humanos le temen a lo desconocido. Pero creo que más bien le temen a todo aquello que es más fuerte que ellos mismos.

Los Uchiha tenían un poder abrumador, un poder que causaba temor a todo aquel que oía la palabra Uchiha ¿por qué razón los ninjas destrozan clanes enteros? La respuesta es muy simple, en el mundo todo es más simple de lo que pensamos. Los clanes son destruidos sin miramientos solo porque le tienen miedo a todo lo que ellos representan. Aquellas personas de clanes famosos y poderosos son masacradas sin misericordia.

La gente tiende a ser injusta, yo no pedí nacer en el clan Uchiha, no pedí quedar huérfano, no pedí nada de lo que pasó. Supongo que somos esclavos de las circunstancias. Esclavos del destino mismo.

Claro que no debo culpar a los demás por todo lo que he pasado, yo también tengo parte de la culpa. Pero supongo que si somos en algún momento todos sinceros con nosotros mismos nos daremos cuenta que al fin y al cabo todos tienen parte de la culpa, en menor o mayor grado. Tal vez soy de esta manera porque nací así o por el contrario todo lo que he pasado me convirtió en la persona que soy ahora.

Soy una mala persona, un terrible ser humano. Creo que la tristeza y la soledad pudieron conmigo en su momento. Y pueden conmigo en estos instantes. Me dan ganas de llorar al rememorar todo mi pasado, esos tres años estuvieron cargados de miles de emociones y sentimientos que serán inolvidables. Lastimosamente esto no es porque sean precisamente buenos recuerdos. Algunos son en realidad muy malos y terribles. Tanto así que me hacen preguntarme como salí adelante. Supongo que soy más fuerte de lo pienso, si he sido capaz de sobreponerme lo mejor que he podido a todo por lo que he vivido.

Creo que fue una buena vida, mejor dicho, es una buena vida al fin y al cabo.

No quiero perderla.

...

...

Eran más de las ocho de la mañana cuando me despertaron, sentí que me movían el hombro sin brazo y al abrir los ojos me encontré con dos anbus (uno era el que vi en la madrugada), junto a ellos estaba Naruto acompañado de Sakura. Fue una sorpresa encontrármela aquí.

Me dijeron que ella había venido a revisarme, no querían que muriera por ahora. Sakura me revisó y dijo que estaba en buena condición, pero que había que tener cuidado, porque me podría dar anemia. Si supieran que ya la tuve una vez probablemente se preocuparían mucho, Naruto y Sakura son así. En todo caso ya están por enterarse.

En mis recuerdos verán como, por algunas semanas, entreno con Orochimaru y luego como enfermo, lo que me llevó a conocer a gente fantástica que me hicieron sentir mejor cuando estaba anémico y cuando estaba triste.

Luego de la revisión Sakura tuvo que irse, no tenía permitido estar cerca de mí por mucho tiempo. Supongo que aunque le dejasen pasar el tiempo que quiera conmigo se reusaría, lo cual es entendible. Traté de herirla al fin de cuentas.

Naruto se quedó a hacerme compañía junto a los dos anbu, mientras él y yo desayunábamos, el anbu que me cuidó en la noche, me dijo que a las nueve en punto los kages querían continuar con el procedimiento.

Tal como lo pidieron, a las nueve en punto me tenían sentado en la misma silla de ayer, todo era igual. Lo único que variaba era la posición en que estaban todos sentados.

Pensé que todo sería como la vez pasada, pero me equivoqué. Antes de que Shiro pusiera sus manos en posición, los kages miraron a Tsunade haciendo una afirmación con la cabeza, lo que desencadenó en que la quinta Hokage mirara a Yamato dándole un asentimiento con la cabeza.

Cuando Yamato vio la señal que le dio la mujer, éste hizo unos sellos y tocó el suelo, el piso se volvió madera y la carpa, junto a todos los presentes se comenzó a mover.

Shiro me comunicó al oído que continuarían viendo mis recuerdos mientras nos movemos hasta la Aldea de la Nube, en donde nos alojaríamos hasta que los recuerdos terminaran y pudieran dar su veredicto.

Yo no dije nada ¿Qué podría decir? Sé que cuando todo esto termine van a matarme, o quizás me encierren pero no tengo muchas esperanzas. Shiro me sacó de mis cavilaciones, me preguntó si me sentía bien, yo le di un asentimiento y él puso sus manos en mi cabeza, apareciendo frente a todos Orochimaru, Kabuto y yo.

Si no me equivoco este recuerdo es de cuando comienza mi entrenamiento. En ese tiempo Orochimaru me daba pergaminos para estudiar.

El primero que me dio, me lo entregó a unos kilómetros de la Aldea del Sonido. Yo lo leía cuando tomábamos descansos de la caminata, solo fue un día de viaje, por lo que descansamos tres veces. Al final del día cuando llegamos a la guarida ya lo tenía terminado y aprendido.

El orgullo que sentí al comprender en seguida lo que decía el pergamino fue inmediatamente opacado por la vista de mi nueva residencia. Estaba ubicada en mitad del bosque, en el País de los Campos de Arroz. Solo era un agujero en el piso a simple vista, oculto por grandes plantas, el interior era oscuro y muy frio, daba un poco de miedo. Kabuto notó que el lugar no era de mi agrado y me dijo que esto era mejor que el castillo de Orochimaru o como él lo llama Orochimaru-sama.

No sabía que tenía un castillo, espero nunca conocerlo. Debe ser como la casita del terror.

Me instalaron en una habitación simple e increíblemente limpia. Ordené las pocas cosas que tenía y salí en busca de Orochimaru para decirle que ya me había aprendido lo del pergamino.

Cuando lo encontré me dijo que ya era muy tarde como para que se lo demostrara, por eso fui a dormir. Eso sí, no sin antes enterarme de que había lugares a los que no podía ir. Eran solo cuatro sitios.

No podía entrar a la habitación de Kabuto.

No podía entrar a la habitación de Orochimaru.

No podía entrar al laboratorio que tenía Orochimaru.

No podía salir al exterior.

Ninguna de las tres primeras me molestó, pero no negaré que me dio curiosidad. Curiosidad que olvide al oír la última prohibición.

Me dijeron que por el momento no era seguro que saliera solo, nada más podía salir pidiendo permiso o acompañado. Deduje en seguida que si pedía permiso saldría igual acompañado. También me dijeron que aparte de nosotros tres había un sequito de personas que harán lo que yo les pida, me sentí entre intrigado y enfadado. Se oía genial tener todos mis caprichos cumplidos, pero el no poder salir me tenía molesto.

Por eso, aun enfadado, me dirigí a mi habitación. Pero antes de irme Orochimaru dijo algo que me subió un poco el ánimo. Me dijo que el entrenamiento comenzaría mañana y que descansara bien porque no sería amable conmigo.

...

...

Al día siguiente grande fue mi sorpresa cuando me enteré que en aquel lugar no existían los madrugadores. Solo unos pocos de ese sequito de personas a las que luego de un tiempo apodarían como "genios" por ser individuos que concedían todos mis deseos, estaban despiertos.

No hablé con ellos porque los vi un tanto ocupados, así que busqué a Orochimaru por mi cuenta. No estaba en el comedor ni en la sala, ni en la cocina ni en ningún sitio. Hasta que pensé en los sitios que no podía visitar.

Recorriendo los pasillos terminé en la primera de las prohibiciones, el cuarto de Kabuto. Tenía la puerta abierta, en aquel lugar solo para casos especiales cerraban la puerta, pronto descubrí esos "casos especiales".

La habitación de Kabuto estaba limpia y ordenada, pero la cama estaba echa un enredo de sábanas y mantas. Me acerqué a la cama y sacudí al cuatro ojos que se despertó confundido.

—¿Qué hora es?— preguntó adormilado mirándome.

—Son las ocho de la mañana— cuando dije eso frunció el ceño y se paró de la cama.

—Largo de mi cuarto, ¿¡cómo se te ocurre despertarme a esta hora!? Yo no funciono hasta las once— cada frase la fue diciendo mientras me empujaba hasta la puerta—¡No te quiero ver nunca más en mi habitación!—me cerró la puerta en la cara, pero no iba a rendirme tan fácilmente, quería saber cuál era el cuarto de Orochimaru.

No oí que le echara seguro a la puerta, por lo que giré la perilla y asomé la cabeza—¿Y Orochimaru...?—

—Él no funciona hasta las doce—me dijo justo antes de que cerrara la puerta para evitar la almohada que arrojó hacia mí.

Eso no me dio muchas respuestas, así que continué por el pasillo abriendo de vez en cuando las puertas. Me topé con cuartos vacíos, con personas durmiendo en ellos o con un montón de cachivaches. Todas las habitaciones eran casi iguales y no había nada interesante en ellas, hasta que me encontré una que estaba bajo llave. Al principio no la tomé en cuenta, pero cuando estaba por pasarla oí ruidos dentro. Me pregunté porque alguien se encerraría y comenzaría a hacer ruidos extraños, luego noté que eran dos voces y la curiosidad me pudo.

Con una ganzúa deshice el cerrojo y abrí la puerta. Quedé atónito.

En un escritorio había una mujer sentada con las piernas abiertas y con apenas ropa, tenía a un hombre entre sus piernas que movía la cadera muy rápido. En ese entonces no tenía idea de lo que hacían, pero deduje que era algo que no debía ver, porque la mujer cuando me vio gritó muy fuerte y el hombre se detuvo.

—¡Largo de aquí! ¡Cerramos la puerta para tener privacidad! ¿¡Qué no ves!?— entremedio de los gritos de la pareja cerré la puerta y ya afuera, aún en shock, dije un vacilante "lo siento".

Mientras veíamos la escena, vi a muchos tratando de aguantarse las carcajadas, mi cara daba mucha risa. Incluso los más serios tenían una media sonrisa en el rostro.

Pero no me detuve allí, seguí mi camino y me topé con otro de los lugares prohibidos. El laboratorio de Orochimaru.

Este es uno de los pocos que conocería que no tenían nada muy tenebroso. Solo eran animales disecados, ojos nadando en un líquido contenido en un frasco, un cerebro probablemente humano y un intento de bebé de perro. Claro que también había muchos tubos de ensayo con cosas dentro, tenían colores muy bonitos y algunos hacían espuma.

Hubo especialmente uno que llamó mucho mi atención. Era un tubo de ensayo con forma de cono, tenía un líquido color azul brillante y salía vapor de él. Era como si me llamara a tomarlo, cosa que hice.

Tome ese vaso y lo moví un poco, no era espeso y no olía mal. En la mesa que encontré el líquido azul, había otro recipiente igual al que yo tenía en mis manos, solo que aquel tenía un líquido de un tono rosa. Me recordó al cabello de Sakura. Mire ambos recipientes e hice algo realmente estúpido.

...

...

—Te dije que no te metieras al laboratorio de Orochimaru-sama—me dijo Kabuto desde el otro lado de la puerta del baño. Estábamos en mi habitación, me habían llevado luego de la explosión que causé.

—Hmp...—no le dije nada, solo me miré al espejo y un niño negro me devolvió la mirada. Abrí el grifo y comencé a sacarme todo el hollín.

—No me lo puedo creer... y solo es el primer día—la voz llena de pesar de Kabuto me causó risa y aguantándome las carcajadas seguí quitando el hollín.

No tenían ni idea de lo que se les avecinaba.