Holaaaaa
Gracias por leer esta adaptación :D
Solo quería decir unas cositas.
Se que puede ser un poco confuso de que trata esta historia al principio, solo quiero aclarar que Ichigo y sus hermanos son algo llamado Savants, por lo que tienen poderes especiales como la telequinesis y la telepatía y oootras cosas mas. Mas adelante todo eso se explica. Y puede que el personaje de Rukia sea un poco leento jejeje, pero es por los huecos en su memoria. Mas adelante se pone mas exasperante XD jajajajaja en esta historia imaginenese a Rukia como la estudiante con acento raro y ridiculo
Y también me disculpo por los errores que he tenido, tanto en la ortografía como las veces que deje ir algún nombre, se que puede ser molesto.
Ahora si, los dejo leer.
Pasé la tarde y gran parte de la noche meditando sobre la advertencia de Miyako, traslocándola en mi cabeza para adaptarla a su nuevo rol en mi trama interna: la fuerza es poderosa en este pero el muchacho tiene mucha ira. Buen consejo, Obi Miyako. Ichigo era demasiado como para poder manejarlo. Deja al Hombre-lobo que se atragante en sus propios resentimientos. Estaba tomándolo a la ligera, pero parte de mí instintivamente se atemorizaba de emociones violentas como las suyas, a sabiendas de que podían herir. Tenía la inquietante sensación de que alguna vez viví demasiado cerca de alguien que saltaba en ira, alguien de la época de antes de ser encontrada. Conocía esas palabras hirientes que se convertían en puños y moretones. Agregado a esto, estaba furiosa conmigo misma. Tenía que ser la idiota número uno por obsesionarme acerca de escuchar la voz de Ichigo cuando estuve en peligro. Necesitaba controlarme y dejar el tema de Ichigo.
Mis buenas intensiones todavía estaban intactas la mañana siguiente, mientras atravesaba el estacionamiento de la escuela con Miyako, eso fue hasta que vi la mirada que obtuve de Ichigo. Él estaba parado con los otros chicos de las motocicletas, de brazos cruzados, escaneando a la multitud que ingresaba al edificio. Cuando me vio llegar, me examinó detenidamente y luego, como si decidiese que no estaba a la altura, me desestimó.
-Ignóralo- murmuró Miyako, observando el intercambio.
¿Cómo podía hacerlo? Quería ir allí y abofetearlo, pero, seamos honestos, no soy del tipo que tiene las agallas como para armar una de esas escenas. Estaba segura de que llegaría a mitad de camino y me acobardaría. Me prometí a mí misma dejarlo en paz.
Mi furia me decía: anda, hazlo. ¿Chica o ratón?
Ratón en todo momento.
En todo momento excepto en éste. Había algo acerca de Ichigo Kurosaki que era como el complemento a mi mezcla y yo estaba en plena efervescencia a punto de explotar.
-Discúlpame por un momento, Miyako.
Antes de que me diera cuenta, había cambiado de dirección y encaminado hacia él. Estaba teniendo un momento a lo Aretha Franklin, con 'Sisters are doin' it for themselves' a todo volumen en mi cabeza; dándome el valor temerario como para cerrar la distancia. La intención detrás de mi furiosa carga debe de haberse transmitido por sí misma a los otros estudiantes porque podía ver las cabezas girando hacia mí.
-¿Cuál es exactamente tu problema?- Woa, ¿realmente acababa de decir eso?
-¿Qué?- Ichigo escarbó en sus bolsillos y sacó sus lentes de sol, colocándoselos de modo que ahora me estaba observando a mí misma por dos en su reflejo. Los cuatro chicos se me estaban riendo, esperando que Ichigo me bajara de un sopapo.
-Gracias a ti casi me ahogo ayer y lo hiciste sonar como si fuera mi culpa.
Se me quedó mirando fijamente en silencio, una táctica intimidatoria que casi funcionó.
-Tú fuiste más culpable que yo por lo que pasó en la balsa.- Aretha me estaba dejando, su voz muriendo en su susurro.
-¿Yo tuve la culpa?- por su tono, estaba asombrado de que alguien se atreviera a dirigírsele en su cara de esa forma.
-No tenía la menor idea de rafting. Tú eras el experto, ve y descifra quién estuvo más equivocado.
-¿Quién es la chica enojada, Ichigo?- preguntó uno de sus amigos.
Él se encogió de hombros.
-Nadie.
Sentí el golpe y dolió.
-Yo no soy 'nadie'. Al menos no soy un arrogante dolor en el traste con una mueca permanente- Cállate, Rukia, cállate. Debo de haber desarrollado un deseo mortífero.
Sus amigos aullaron ante eso.
-Ichigo, te tiene clavado- dijo el de pelo colorado peinado hacia atrás, mirándome con un renovado interés.
-Seeh, ella es algo de otro mundo- Ichigo se encogió de hombros y señaló con la cabeza al edificio-Sigue tu camino, BoPeep.
Reuniendo toda la dignidad que pude, sujeté con fuerza mis libros contra mi pecho y me dirigí con determinación dentro de la escuela, con Miyako a mi lado.
-¿Qué fue eso?- se maravilló, tocando mi cabeza para ver si tenía fiebre.
Dejé salir todo el aire que no me había dado cuenta había estado conteniendo.
-Esa era yo enojada. ¿Fui convincente?
-Eh…algo.
-¿Tan mal?
-No, ¡estuviste genial!- no sonaba muy segura- Ichigo se lo venía buscando. Sólo que será mejor que seas buena en esconderte cuando lo veas venir; no va a estar contento de que lo hayas destrozado frente a sus compadres.
Me tapé la cara con las manos.
-Lo hice, ¿no?
-Si, lo hiciste. Él no está acostumbrado a que las chicas lo critiquen, ellas usualmente están más que embobadas. Sabes que él es la cita más ardiente en
Wrickenridge, ¿no?
-Seeh, bueno, no saldría con él ni que fuera la última bocanada de aire del planeta.
-Ouch, ¡eso es duro!
-No, es justo.
Miyako me dio una palmaditas de consuelo en el brazo.
-No me preocuparía. Él nunca te miraría ni en un millón de años.
Luego de esa conversación, miré los corredores como un comando en territorio enemigo, de forma que pudiera ponerme a cubierto si veía venir a Ichigo. Al menos ahora tenía un grupo de amigos entre los cuales ocultarme en caso que él decidiera tomar represalias con algunas burlas de elección por mi arrebato. Por supuesto, en primer lugar estaba Obi Miyako, pero Lin Lin, a quien le quedaría el papel de una ligeramente malévola Gatúbela, con su sentido del humor, quien junto al original Kaien el Hombre-elástico formaban ahora parte de mi pandilla. Ellos me defendieron contra las Novias Vampiras, Michiru & Compañia., quienes continuaron agarrándosela conmigo, en parte porque presintieron que yo era vulnerable. Las NV tenían esta predilección por derramar sangre. Se debe de haber corrido la voz acerca de la escena en el estacionamiento, con las personas llegando a la comprensible conclusión de que yo estaba algo loca. Miyako, Lin Lin y Kaien eran todo lo que quedaba entre una vida con la banda de inadaptados y yo. Los podía imaginar en mi cabeza, a mis tres defensores de brazos cruzados, permaneciendo en pie como un escudo entre todo lo dañino y yo, capas ondeando al viento, la pista sonando con música de héroes…y corten.
Tenía que salir más seguido. Estos sueños despierta invadían cada parte de mi vida.
En el último viernes de Septiembre, recibí algunas noticias desagradables de Miyako de camino a su auto.
-Todos tenemos que aparecer para jugar al fútbol, ¿chicos y chicas?- le pregunté, horrorizada por la idea.
-See, es una tradición de los del anteúltimo año antes de la primera nevada, asi que eso quiere decir el primer lunes de Octubre. Se supone que sea para fomentar el espíritu en equipo o algo así- Miyako hizo una burbuja con su goma de mascar y la dejó reventar- Tanto como mostrar algún talento oculto al entrenador. En lo personal, creo que el sr. Hachi está detrás de esto, debes haberte dado cuenta a estas alturas que él es el poder detrás del trono en la escuela. Le gusta la posibilidad de fingir que es un entrenador.
No parecía demasiado molesta por la perspectiva, no como lo estaba yo.
-Esto es peor que una cirugía odontológica- Me abracé a mí misma de forma defensiva.
-¿Por qué? Pensé que a ustedes los británicos les encantaba el fútbol. Todos esperamos mucho de ti.
-Apesto en los deportes.
Miyako se echó a reír.
-Es una lástima.
Después de rogarle a mi papá que me explicara la regla del offside, me di cuenta de que me estaba encaminando hacia otro desastre. Pero no había escapatoria. Todas las divisiones, al centenar de nosotros, se nos pidió nos reportáramos con los entrenadores en las gradas el lunes. La computadora había seleccionado al azar un conjunto de nombres para armar los equipos. El sr. Hachi, en un errado intento de hacer que la niña inglesa se sintiera como en casa con su deporte nacional, me coronó capitana del equipo B, lo que significaba que seríamos los primeros en jugar contra el equipo A. ¿y adivinen quién era su capitán?
-Bien Ichigo, tú ganaste el primer tiro- El sr. Hachi guardó la moneda y pitó el silbato. Él realmente había entrado en el espíritu del juego, incluso tenía una de esas pequeñas libretas portátiles en su bolsillo superior- Son quince minutos en cada sentido. ¡Buena suerte!- Me dio una palmadillas en el hombro al pasar- Ahora es tu oportunidad de brillar, Rukia. ¡Haz sentir orgullosa a Inglaterra!
Estaba segura de que este lugar iba a resurgir en mis pesadillas de aquí en adelante: filas y filas de personas mirando desde las gradas y yo sin la más pálida idea de qué hacer. Era como esos sueños donde sales desnudo.
Una gran humillación. Duffy comenzó a rogar por piedad en mi banda sonora interior.
-Bien, capitana- Me sonrió Kaien- ¿En dónde nos quieres?
La única posición que conocía bien era centro delantero y arquero. Coloqué a Kaien de centro delantero y me ubiqué en el arco.
-¿Estás segura?- preguntó Michiru- ¿No eres algo así como, un poco corta para ser defensora?
-No, está bien. Soy mejor aquí atrás- Fuera del peligro, quise decir- El resto...em...compartan las otras posiciones, hagan lo que mejor les salga.
Luego del inicio, me di cuenta de que había calculado realmente mal. Olvidé que cuando la oposición está capitaneada por un jugador que hace picadillos tu línea defensiva, la mitad de los cuales tenía una comprensión del juego tan débil como la mía, entonces el arquero repentinamente estaba muy ocupado.
Íbamos perdiendo 5-0 luego de diez minutos. Mi equipo comenzó a hacer ruidos de amotinamiento. Si los goleadores del equipo de Ichigo me dejaran sola por un momento, habría cavado un hoyo en el arco para esconderme en él.
Llegado el medio tiempo estábamos abajo del marcador por un mamut
de nueve goles. Dejé entrar diez, pero Kaien había conseguido un milagro y anotó uno. Mi equipo se reunió a mi alrededor, con el espíritu de una turba de linchamiento en el aire.
-¿Tácticas?- se burló Michiru.
¿Invitar a que un meteorito caiga en el terreno de juego, obliterando mi arco? ¿Caer muertos por una plaga? Detente Rukia, esto no está ayudando.
-Em…bueno. Bien hecho Kaien, gran gol. Tengamos más de esos, por favor.
-¿Eso es todo? ¿Esas son tus tácticas? ¿Más goles, por favor?- Michiru se inspeccionó las uñas- Cielos, miren, me rompí una uña. ¿Creen que me dejen retirar por lesión?
-No jugaba al fútbol en casa. No quería ser la capitana. Lo siento- Me encogí patéticamente de hombros.
-Esto es tan humillante- se quejó Sado, quien hasta ese entonces había sido bastante bueno conmigo- El sr. Hachi nos prometió que serías genial.
Me estaba comenzando a sentir con muchas ganas de llorar.
-Entonces él estaba equivocado, ¿verdad? Esperar que yo sea buena al futbol es como esperar que toda la gente de Welsh sea capaz de cantar.
Mi equipo parecía estar en blanco. Bien, así que ellos no habían oído hablar de Wales.
-Sólo paren de dejar que tantos de ellos los sobrepasen con el balón y entonces no tendré que atajar tantos.
-¡Atajar!- gritó Michiru a modo de burla- Tú no has atajado ni uno. Y si lo haces, me comeré mis calcetines.
El silbato sonó para dar inicio al segundo tiempo. Caminé por el campo hasta mi arco, sólo para ser detenida por Ichigo.
-¿Ahora qué?- le espeté- ¿Vas a restregarme un poco más que soy una basura? No hay necesidad, mi equipo ya lo hizo.
Miró por sobre mi cabeza.
-No, Rukia, iba a decirte que en este tiempo te toca aquella mitad.
Cielos, sí que iba a llorar. Me restregué los ojos con mi muñeca y me giré en el lugar para emprender hacia el otro lado del campo. Tuve que dejar correr el amontonamiento de caras burlonas.
Parpadeé. El equipo de Ichigo estaba todo rodeado por el resplandor rosa frambuesa del entretenimiento. El mío tenía el aura gris carbón con manchones colorados. En verdad estaba viendo esto, ¿o lo estaba imaginando? ¡Ya para!
En ocasiones soy una chiflada.
La masacre, perdón, el juego, continuó hasta que fue embarazoso para todos, incluidos los espectadores. No había logrado atajar ni uno. Entonces Michiru bajó a Ichigo dentro del área y me encontraba frente a un penal. Las burlas y risas de los espectadores se hicieron más fuertes a medida que todos se dieron cuenta el momento clásico de secundaria que estaba en proceso: Ichigo, el mejor jugador del año, estaba enfrentando a la extranjera carente de talentos.
-¡Vamos Rukia, puedes hacerlo!- gritó Miyako desde las gradas.
No, no podía, pero así hablaba una verdadera amiga.
Me quedé parada en medio de mi maltrecho arco y enfrenté a Ichigo. Para sorpresa mía, él no se estaba regodeando, en todo caso, parecía algo apenado por mí, eso demuestra cuán patética era. Ubicó la pelota cuidadosamente sobre el punto y alzó la vista para mirarme.
Lánzate a tu izquierda.
Su voz otra vez en mi cabeza. Estaba segurísima. Me froté los ojos, tratando de despejar mi cabeza.
Ichigo mantuvo mi mirada. Lánzate a tu izquierda.
Qué demonios, ya estaba tan ida que estaba alucinando. No tenía ninguna esperanza de detener el balón, así que al menos podía intentar lanzarme en una, aunque irremediable e innecesaria, elegante maniobra de atajada. Tal vez me pegue un golpazo contra el poste, pensemos en el lado positivo.
Ichigo corrió, pateó, y yo me despatarré de lado hacia la izquierda.
¡Uf!
La pelota me pegó de lleno en el estómago. Me encogí alrededor en agonía.
Se alzó un festejo enorme, incluso de los compañeros de equipo de Ichigo.
-No puedo creerlo ¡ella lo atajó!- gritó Miyako, haciendo un pequeño baile de celebración junto a Lin Lin.
Una mano apareció frente a mis ojos.
-¿Te encuentras bien?
Ichigo.
-Lo atajé.
-Seeh, lo vimos- Me esbozó una sonrisa y me levantó.
-¿Me ayudaste?
-Ahora, ¿por qué habría yo de hacerlo?- se dio la vuelta, retornando al grosero Ichigo de nuestro primer encuentro. Genial.
Muchas gracias, oh todo poderoso.
Alentada por el enfado, actué por instinto y envié el pensamiento en la misma forma en que había escuchado su voz. Fue como si hubiese tomado una plancha de madera y haberle pegado en la cabeza. Ichigo se giró en redondo, tambaleándose, para mirarme fijamente, no podía descifrar si estaba horrorizado o asombrado. Me congelé, momentáneamente aturdida, como si acabara de rozar contra una verja cargada con corriente eléctrica. Me aferré con fuerza al alarido de emociones corriendo sobre mí. Él no había escuchado mi sarcasmo, ¿o sí? Eso sería simplemente…simplemente imposible.
El sr. Hachi trotó entre ambos, haciendo pitar su pequeño silbato.
-Bien hecho, Rukia. Sabía que lo llevabas dentro. Sólo queda un minuto, pon el balón en juego.
Aún así perdimos. 25 a 1.
En los vestuarios de las chicas jugué con los cordones de mis zapatos, pensativa, sin tener realmente ganas de empezar a ducharme con tanta gente alrededor. Unas cuantas vinieron a decirme algo acerca de mi desempeño en el campo de juego, la mayoría encontrando mi golpe de suerte en la atajada a Ichigo como algo digno de gran alegría. Ese sólo acto parecía haber borrado mi trágico desempeño en el arco. Las amigas de Michiru le gastaban bromas de cómo tendría que comerse soquetes asados para la cena.
Miyako se me arrojó por detrás y me dio una palmada en la espalda.
-¡Le has enseñado a Ichigo, chica! Él nunca sobrevivirá a que le atajaras ese tiro.
-Tal vez.
¿Pero qué había sido todo eso, su voz en mi cabeza? Realmente sentí como si me hubiera estado hablando, telepatía se le llamaba ¿no? No creía en esas cosas raras. Como la de los colores. Yo estaba, cómo es la palabra que usaron los psicoanalistas, proyectando. Seeh, proyectando.
-Entonces, ¿crees que me elijan para el equipo?- Bromeé, intentando no dejar que Miyako notara mi distracción.
-Sí, es algo seguro, cuando el Infierno se congele. Pero tal vez el entrenador de atletismo venga a golpearte la puerta. Te moviste como un rayo cuando quisiste. Nunca antes había visto a alguien escapar tan rápido del campo de juego- Apiñó su ropa deportiva en su bolso de deporte- ¿Pasa algo entre tú y Zed que yo deba saber? ¿Algo más que esa cosa de odio-a-primera-vista?"
-No- Me descalcé.
-No parecía molesto porque le hayas atajado el penal. Se la pasó mirándote fijamente durante todo el resto de los otros partidos.
-¿Lo hacía? No me di cuenta- Soy una mentirosa.
-Tal vez ahora le gustas.
-Claro que no.
-Claro que sí. ¿Qué estamos, en primer grado?
-No lo sé, nunca estuve en primero.
-Eso lo explica. Tienes un montón de comportamiento infantil para ponerte al día- Me empujó hacia las duchas- Date prisa. Quiero llegar a casa antes de graduarme.
