DISCLAIMER: Harry Potter pertenece a J. K. Rowling
Escrito para el "Amigo Invisible navideño 2020/2021" del foro "La Noble y Ancestral Casa de los Black".
Espero que a mi Amigo Invisible, Milenrrama, le guste la historia :)
Y quiero dar las gracias también a Kristy SR por toda la paciencia al betear la historia.
όνειρο
capítulo 9: Morfeo no puede llevárselo
Se pasó la noche al lado de Albus mientras sus ojos grises revisaban las páginas de aquel libro. Notaba en él la esencia de Leto, y por ende de su madre. No había dejado de pensar en ella ningún día. Así como desde el accidente Scorpius se había centrado en Albus, él las había recordado.
El cambio de color en las plumas de Scuttle le perforaba el corazón. Veía un desenlace demasiado parecido al de su madre. Sabía que el rubio sentía culpa por ambos. Culpa por no haber luchado para solucionar las cosas con Albus.
Era consciente que solo podía acompañarlo. Estar allí como apoyo. Pero algo le decía que, aunque pudiera acabar igual, reaccionaría diferente.
―El sueño de Morfeo por causas al corazón puede evitarse si tu alma gemela se deshace contigo y te levanta de él ―sonrió el chico. Antares levantó los ojos. Aquella frase no le gustaba, por mucho que significase que podían despertar a Albus de ese estado.
ooo
―Tenemos que encontrar a Regina.
Se había acercado donde se encontraban los primos Weasley, que lo miraron sorprendidos. Scorpius procedió a explicarles lo que había encontrado en aquel libro de portada dorada. Antares, a su lado, negaba quedamente con la cabeza.
Regina no les iba a solucionar nada, y el serval era muy consciente de ello, pero el rubio no se había parado a pensar qué significaba realmente aquella frase.
Era sacrificio. Uno que aquella muchacha no iba a pasar así como así, cosa que notaron también aquellas caras con pecas. Roxanne alzó una ceja cuando el chico terminó de explicar. Rose cerró el libro que estaba leyendo, y Lily acarició a Roma.
―Creo que te equivocas, Scorpius Malfoy ―murmuró Hermes.
El rubio frunció las cejas. ¿Equivocarse? ¡Era la única información fiable que habían encontrado hasta ese momento! Además, había encontrado una nota más de su madre entre aquellas páginas. Estaba seguro que estaba en el hechizo correcto. Una conexión más allá del sueño con Albus, y este despertaría.
Antares llamó su atención con un maullido y le indicó la puerta. Estaba tranquilo, más de lo que él mismo se notaba. Los nervios habían vuelto a aparecer en su pecho así que decidió seguirlo.
Los pasillos estaban arrebatados de estudiantes que iban de un lado a otro ignorando lo que pasaba en la enfermería. Algún profesor le miraba con lástima cuando pasaba por su lado. ¿Por qué había tanta gente ya había dado a Albus por muerto?
Sin rumbo fijo, acabó llegando delante de la estatua del grifo dorado que daba entrada al despacho de McGonagall. Antares pronunció la contraseña y esperó a que apareciesen las escaleras.
Scorpius le miró a los ojos, y le acarició detrás de las orejas. No estaba seguro de estar haciendo lo correcto. Los peligros de aquel hechizo se especificaba de manera clara en la nota de su madre, por eso no le había permitido a su padre hacerlo.
―Vamos…
Las escaleras de caracol eran doradas. Scorpius nunca había tenido el privilegio de subir por ellas, pero nunca le habían gustado aquel tipo de escaleras, como las que había en la Torre de Astronomía y que tanto le gustaban a Albus.
El recibidor del despacho era pequeño, y la puerta de roble negro se encontraba abierta.
Minerva McGonagall estaba reunida en aquel momento con Harry Potter y Ginevra Potter-Weasley. Se giraron los tres adultos, y pudo notar como Antares ponía las orejas en señal de peligro. La comadreja, el oneiro de la señora Potter, se desplazó delante de su compañera. Scorpius notó cómo ambos alzaban el pecho, un gesto de orgullo que había visto en su propio abuelo miles de veces cuando iban por el Callejón Diagon y no quería que nadie los importunase.
―Directora… Yo… Cre-creo… ―balbuceó Scorpius. Dejó ir aire―. Creo que encontré un hechizo, directora.
No se había separado de ese libro desde que lo había terminado. Las notas de su madre seguían dentro, pero se acercó poco a poco a la mesa que había en el centro de la estancia, con el objeto en sus manos, y lo dejó encima de la mesa.
―Dejé la página del hechizo marcada. Ya se lo expliqué a los primos de Albus…
Notaba cómo la mirada del oneiro del señor Potter estaba clavada en él. Aquel perro de ojos azules hacía que el corazón se le acelerase.
Antes de que ninguno de los tres adultos dijeran nada, se despidió cordialmente y salió de nuevo por la escalera de caracol. Notaba que le entraban ganas de vomitar. ¿Qué iba a hacer si aquello no funcionaba? ¿Cómo salvaría a Albus?
Antares iba delante de él, simplemente siguiéndole. Su cabeza seguía en esos ojos esmeralda que quizás no volvería a ver.
Gracias por leer :)
