CAPÍTULO 18.
xxx.
—¿Qué le dijiste? —preguntó Candice molesta, en cuanto Terrence salió de su casa.
—Que puede irse por dónde vino, ustedes no están solas me tienen a mí —dijo Archie y se acercó a dejar la caja de pizza sobre la mesa. Ella lo miró, furiosa.
—No tienes ningún derecho a meterte en esto.
—¡Claro que tengo derecho! Que quieres que piense cuando encuentro a mi mujer con el padre de su hija semidesnudo, ¿tengo que fingir que no vi nada?
—No estábamos haciendo nada, simplemente la camiseta se le manchó con salsa de tomate y solo quise tener un gesto de amabilidad.
—Tanta amabilidad es abrumadora. Ella negó con la cabeza por su sarcasmo. —Aléjate de él, Candice, ese tipo te quiere recuperar. Candice, no quiso ver la mirada de Archie, y mejor se puso a recoger los juguetes con los que habían estado entretenidos Elynor y Terrence en la tarde.
—No lo creo, él tiene su vida en Nueva York —mintió.
—La forma en la que te mirá…
—¡Basta! Lo interrumpió incómoda
—Ponle límites, por el bien de nuestra relación debes poner límites, Candice
—Elynor y Terrence apenas se están conociendo, no puedo quitarle eso a Elynor. Además ella todavía no tiene confianza para ir sola con él..
—Ponte los límites con tigo, con su hija puede reaccionar como quiera, pero contigo no, Candice. —La miró, desconfiado—. A no ser que tú quieras esas atenciones.
—¡No! Y no tienes por qué insultarme.
—Pues parece que él tipo no se va a rendir fácilmente .
Terrence salió furioso, los celos lo ahogaban, tuvo que controlarse y mucho para no romperle la cara al tal Archie. Estaba en lo cierto, el tipo era un total imbécil. Golpeó furioso el timón mientras recorría el trayecto hasta el hotel. El temor profundo de que Candice se enamorara de otro lo atormentaba, lo destruía como jamás imagino sentirse, el dolor que tenía en el pecho le llegaba hasta el alma. Que idiota fue cuando pensó que alejándola de él seis años atrás había sido lo mejor para ella, soltó una risotada carente de humor. Debió haberla amarrado a él, no importarle que ella lo fuera a visitar a ese sitio de mala muerte, Debió año tras año, aferrarla a esas rejas de alguna forma, ver a su mujer embarazada, haber visto crecer a Elynor. En ese momento estarían juntos. Llegó al hotel, abrió el minibar y sacó una botella de whisky. Estaba muriendo lentamente por Candice. De pronto sintió miedo. Las cosas podían salir mal. Las dudas lo atormentaban, tal vez Elynor estaba acostumbrada a compartir con el tal Archie y a él no le quedaría más que resignarse a ver a su hija crecer lejos de él y a la mujer que amaba en brazos de otro tipo.
La niña se despertó y para sorpresa de Candice y el disgusto de Archie, se puso a llorar porque no encontró a Terrence y la pizza se había quemado.
Candice miró su ropa, mientras calmaba el llanto a su hija, estaba hecha un desastre, necesitaba que Archie se fuera, darse una ducha, cobijarse y llorar en su cama.
Archie, al ver la sensibilidad de Candice, se despidió y se marchó molestó con la situación. Candice acostó a Elynor, mientras la niña se dormía meditaba que tenía que hablar con Terrence antes de que se marchará a Nueva York. Llamó a la niñera para pedirle el favor de que cuidara a la niña un rato, no pensaba tardar mucho. Se dio un baño apresurado y se puso un vestido sencillo de flores y unas zapatillas planas. En cuanto llegó la niñera, salió de su casa con el cabello en una trenza de lado, sin maquillaje. Condujo su automóvil con los nervios alterados, todo el camino hasta el hotel en que Terrence le había dicho que se estaba quedando . La presencia de Terrence la hacía sentirse intimidada y eso no había cambiado con los años. Tenia que parar la situación, y debía dejarle en claro que solo podrían ser amigos. No iba a arriesgar su vida tranquila con Archie por el amor desenfrenado de una vida pasada. Aparcó el auto y bajó, estaba más nerviosa, como siempre que estaba Terrence en el camino, y eso tampoco había cambiado con los años. Se anunció en recepción mientras esperaba a que la recepcionista le diera el mensaje para que Terrence bajará. Para su sorpresa la chica del mostrador le pasó el teléfono.
La respuesta. "No voy a bajar, sube a mi habitación", la puso a temblar más si eso era posible.
"Hablaremos mejor en el bar". Le insisto
"Mucho ruido. Sube".
Candice sabía que no debía subir, era mejor hablar en un lugar con público, pero conocía lo terco que podía ser Terrence para salirse con la suya y sabía que no iba a bajar. No debía haber ido. Quedaría como una cobarde si no subía. Ya estaba allí, y eraejor dejar las cosas claras. La recepcionista le indicó el número de la habitación. Tomó el ascensor y subió.
Terrence sabía que no iba a subir, recordó como lo esquivaba cuando la conoció. El corazón le empezó a martillar en el pecho cuando escucho el toque en la puerta, casi se cae cuando la abrió y la vió. A Candice se le encogió el estómago. Terrence estaba medio vestido con un pantalón de chándal que le quedaba en la cadera, el torzo desnudo y estaba descalzo. Noto que la miraba diferente, con galante risueño . Entendió lo que le pasaba cuando le hizo una reverencia algo teatral para que entrara. Él cerro la puerta mirándola todavía con la sonrisa en sus labios, pero sin decir nada más.
—Hola. Dijo Candice rompiendo el incómodo silencio que de había instalado en la habitación, y se sintió como una tonta.
—¿Y Archie? Terrence, burlón soltó con una sonrisa carente de felicidad y ante el nerviosismo de ella.
—Terrence, vine por qué necesito dejar las cosas claras, puedes dejar el sarcasmo, porfavor.
—Está bien. Candice pudo ver que la botella de licor estaba vacía y había otra iniciada, lo miró, curiosa, y se negó a decirle algo. No sabía si quedarse de pie o sentarse. Volvió a reprenderse por haber ido.
— Quería que hablaramos pero veo que no estás en buenas condiciones. Terrence soltó la risa. Negó con la cabeza mientras se acercaba a ella.
—¡Por Dios! Fueron tres tragos de whiskies, eso no es nada. Ella miró de nuevo las botellas y se dijo que parecían más de tres.
—No quiero discutir más contigo sobre mi relación con Archibal . Quiero que nuestra hija vea que somos buenos amigos. Una amago de sonrisa curvó la boca de Terrence.
—¿Qué tan amigos?
—Solo amigos.
Él negó con la cabeza y ya sin poder controlar lo que llevaba años añorando, la apretó contra él, acercó sus labios hasta rosar los de ella, una llama cubrió su mirada, antes de decirle:
—El día que las llamas del infierno se hagan hielo seré tu amigo. La alzó y la pego en la pared. La aferró de la nuca y trató de llegar a su boca, pero Candice volteó el rostro.
—¡No!
—¿Por qué? —La miró a los ojos con los suyos llenos de celos, de rabia, de deseo. Ella se soltó de su agarre.
—Ya no somos los mismos. Ya no soy la misma tonta que se rindió por ti. Se alejó un poco más, Terrence fue tras ella. Ella lo esquivó de nuevo. Se sentía rechazado y quiso tener un poco de orgullo, pero él maldito deseo que sentía por ella venció a lo poco que quedaba funcionando en su cerebro.
— Fue un error venir. Hablaremos después. Camino y logró abrir la puerta, pero no pudo llegar a salir.
Terrence cerró de nuevo la puerta y atrapó a Candice acorralandola con los brazos a ambos lados. Candice sintió la respiración de Terrence en sus labios. Una serie de escalofríos le recorrieron el cuerpo.
—Voy a demostrarte cuan equivocada estás, mi amor. Le devoró la boca, en un beso agresivo, hambriento, profundo, destinado a marcar hasta que ella se sintió perdida, invadida por su fuerza dominante y posesiva. No sabía si era beso o una Guerra de bocas, intercambio de jadeos y respiraciones agitadas, roces cada vez más profundos. Al cabo de unos segundos, la alzó hacia su cuerpo y le introdujo la lengua en la boca mientras ella gemía en una mezcla de temor y placer, hasta que sus pulmones pidieron aire. Terrence la soltó.
—Quieres esto tanto como yo —afirmó él—. Mintiéndote, escondiéndote, o alejándote , no vas a hacer que desparezca.
—No puedo —dijo ella pero no sonó convincente. Terrence recorrió su cuerpo con caricias suaves de sus manos . Ella se estremeció, su piel despertó de un sueño dormido.
—¿Te enciendes con mi tacto? —susurró, desesperado sobre su boca y tocándola por todas partes—. ¡Dios, te he extrañado tanto! Le dio la vuelta y le acarició la espalda y el trasero, beso su nuca y sin dejar de besar le bajó los tirantes del vestido que cayeron a los lados de los brazos, mientras le recorria con sus labios el hombro. Sonrió sobre su piel al ver la reacción de Candice a sus caricias.
—Cada momento recuerdo cómo te encendías en mis manos. — Volvió y girarla de nuevo.
Candice había perdido el sentido común. Todo lo que deseaba era volver a sentirse amada, deseada por el hombre que ella aún amaba, enredó las piernas en la cintura de Terrence, cerró los ojos y por primera vez en años se permitió sentir de verdad. Algo dormido se despertó y con manos inquietas le quitó la camisa a Terrence, él le quitó la ropa interior. Era él, dispuesto a devorarla, dispuesto a amarla otra vez. Se apoderó de sus pechos, sacándolos del sujetador, los acarició y besó con mimo, con hambre, con amor.
Terrence no se sentía capaz de llegar a la cama, necesitaba estar dentro de ella, Llevo su mano al sexo de ella y sus jadeos y su humedad cuando lo hizo le hicieron ver que estaba lista para recibirlo. Su cuerpo no mentía, lo deseaba tanto como él como si nada hubiera cambiado. Se quito el pantalón y de paso los calzoncillos. El deseo era tan grande que sus movimientos se hicieron desesperados, estaba demasiado hambriento, demasiado exitado. Se obligó a ir más lento, menos animal, no quería asustarla y que se alejara de alguna forma. De repente el miedo por qué ella lo apartará se apoderó de su cuerpo. Candice, lo leyó en sus ojos, la dolorosa soledad que había dejado su ausencia, y en medio de su propio dolor, ella llevo su mano a su rostro y le acarició lás asperas mejillas y la quijada, luego le acarició el cabello y se bebió su aliento a licor. Ella supo que el no podía esperar más, pero le estaba dando tiempo a ella que tan exitada, tan confundida, tan vunerable se abrió para él, ansiosa por recibirle. La tomó como nunca lo había hecho. Terrence se fundió en su interior queria hacerla gritar su nombre, y quería gritar el suyo. Y así fue.
—Así, así, muévete más asi...— Terrence le decía y ella lo complacía—. Eres deliciosa. Tan caliente y tan apretada, eres mia. Le aferró el rostro con algo de fuerza y ella se vió obligada a mirarlo. —Mírame, bien Candice, esto somos tú y yo, no lo olvides. Amigos, una mierda.
Se perdieron en el placer, los sonidos de sus movimientos, de sus gemidos, de los gritos y el roce de sus cuerpos, se hicieron desesperados cuando la liberación los hizo explotar con un estallido de inigualable placer. En cuanto volvieron a la realidad, Candice se separó. ¿Que había hecho?
—Hablemos —dijo Terrence, dándole espacio. Ella se negó a mirarlo. Se negó a hablar, susurró, más para ella misma.
—Fue un error.
Terrence no se desesperó, esos minutos compartidos le dijeron muchas cosas. Que ella todavía sentía algo por él y también que se resistiría a romper su relación con ese tal Archie. Ella era una mujer leal, lo logrado con Elynor, y con su vida en general lo confirmaba, pero con él no quería arriesgarse. El corazón se le encogió de tristeza al ver todo el daño que le había causado. No confiaba en él en lo más mínimo. Necesitaba tiempo, que era precisamente lo que él no tenía. Tendría que remover cielo y tierra para convencerla de que su futuro era a su lado y eso lo haría aunque fuera una mujer prohibida.
Había actuado como una desvergonzada, engañando a Archie, con quien tenía una relación y al que le había dicho que arreglaría las cosas y se alejaría de Terrence y… ¿qué había hecho? Se iba y se acostaba con Terrence ¡Dios mío!. Todo lo que sintió en el pasado, las mismas sensaciones intensas, contundentes, pasionales seguían ahí. Cuando llegó a su casa, y tras despedir a la niñera. No fue sino hasta que entró a la ducha, que cayó en cuenta de que no había usado protección. Terrence había derribado la barrera que había puesto para no caer nuevamente. Ahora la culpa y la vergüenza no le permitirían ver a los ojos de Archibal, pasó por encima de él, sin importarle nada. Ahora la culpa y la vergüenza la azotaban.
La niña había insistido en querer ir a dejar a su padre al aeropuerto. Terrence se sintió agradecido y feliz por eso. Noto que Elynor iba muy callada, pero él se percató de que estaba comportándose así porqué no quería que él se fuera. Terrence trató de explicar que tenía que regresar por que le había prometido a su tía, Melinda a resolver los problemas que tenía con sus negocios y que no podía fallarle. Justo cuando llegaron al aeropuerto Elyonor no quería desprenderse de él, le pidió que la alzara en brazos, Terrence poco había hablado con Candice, que lo ayudó con la maleta para que pudiera estar con su hija. Su vuelo saldría en dos horas. Elynor tenía un comportamiento inusualmente caprichoso que Candice nunca le había visto.
De pronto la niña quiso irse con Terrence, él no dudo en cambiar el horario de su vuelo de ser necesario.
Candice se encontraba en una situación que jamás pensó que se le iba a presentar, ella creía, y de hecho le había dicho a Archie que Elynor aún no tenía la suficiente confianza para irse sola con Terrence. Sin embargo la situación que veía en ese momento contradecía esa afirmación, de echó ella misma estaba sorprendida. Padre e hija la miraban expectante, esperando su decisión. Candice no quería dejar ir a su hija sola, por qué sabía que en algún momento Elynor la iba a necesitar, y no quería irse con Terrence. No estaba preparada para eso, no después de lo que había pasado el día anterior entre ellos. Egoístamente tampoco quería dejar ir a su niña, nunca se había separado de ella, pero si decía que no Elynor no se lo perdonaría nunca. Quizás estaba tomando una decisión mala y apresurada, pero no veía otra , después pagaría las consecuencias y que fuera lo que Dios quisiera.
No se pudo aguantar y la abrazó, su suave aliento le bañaba el cuello, sintió su pecho expandirse, pensó que le iba a explotar. Cerró los ojos al percibirlos aguados. No quería soltarse a llorar como un niño delante de ellas.
—Gracias.
—Eres su padre. Necesitan pasar más tiempo juntos.
—¿Y... tú ?¿No quieres pasar más tiempo con nosotros? Ella llevaba unas gafas oscuras.
—No me ocultes tus ojos.
—Tengo dolor de cabeza —dijo, quitándose los lentes y mirándolo a las pupilas. Él la tomó del brazo y acercó su boca al oído, la sintió estremecerse.
—Eres mi luna, mi Sol, llevó años vagando sin mi sombra, que es mi alma. Tengo años en sequía. Tú me arrebataste mi vida, y necesito recuperarla. Ella se apartó y abrazo a su hija
—Te quiero, mi preciosa , no sabes cuánto te quiero.
—Yo también te quiero, mami, y no quiero que llores, voy a estar bien.
—En un mes largo volveremos a vernos.
—Te espero en Nueva York. Terrence le dio un beso suave en los labios, tomo la mano de su hija y se perdieron en la multitud de pasajeros de todo el mundo.
Continuará...
Saludos, Lectores.
