N/A: Pues aquí os traigo un nuevo capítulo, hoy no me puedo enrollar mucho, como siempre, dar las gracias a todas las que leéis la historia, dejáis comentarios, etc... ¿sois las mejores! Bienvenidas también las nuevas lectoras, y nada, que ¡a leer!


Un asunto provisional


Capítulo 10

–Ahora, Malfoy ¿vas a explicarme qué haces aquí y cómo has averiguado dónde vivo?

Draco tragó saliva, caminó por el apartamento con una apariencia de seguridad que, desde luego, no sentía. La entrada del apartamento de Granger comunicaba directamente con el salón; si él pensaba que su era pequeño era porque ni había visto el de la bruja. La estancia en la que se encontraba era diminuta y estaba repleta de libros por todas partes: no sólo los había en las estanterías, sino también sobre algunas sillas, en la mesita de café e incluso en el suelo. ¿Cómo Granger podía vivir en un lugar tan atestado?

Frente a él, con los brazos cruzados y sin variar un ápice su expresión de enfado, Granger aguardaba una explicación. Draco carraspeó antes de hablar:

–Esto… sí, Granger. Potter me dio tu dirección; le expliqué que teníamos una reunión importante mañana y que había cierta documentación que habías olvidado. ¡Bonito barrio por cierto!

Granger alzó una ceja, interrogante y Draco supo que no era momento de andarse con rodeos.

–En realidad me estaba preguntando si habías tenido tiempo de considerar mi propuesta de esta mañana. Sé que no eres demasiado partidaria de mezclar lo profesional con lo personal y tal vez discutir esto en el Ministerio no es lo más apropiado, así que bueno, ya que estamos en un ambiente más cordial y relajado…

Ya estaba, ya lo había dicho.

Mentalmente, Draco sintió una oleada de alivio que no dejó traslucir; su postura permanecía engañosamente indiferente, apoyado en el respaldo de una silla con las manos en los bolsillos. Granger se ruborizó un poco y se puso a alisar las arrugas de la manta de cuadros que reposaba sobre el sofá, con el patente propósito de evitar mirarlo a la cara.

–Sí, yo… yo lo he estado pensando y me surgen algunas dudas.

Aquello no constituía una negación absoluta, así que los ánimos de Draco se elevaron instantáneamente. Estaba a punto de cuestionar a Granger sobre sus reticencias cuando una bola de pelo naranja le cayó encima.

–Aaaarg –Draco forcejeó con la bola peluda– ¡Quitámelo! ¡Quitámelo de encima, Granger!

La chica acudió presurosa a su lado y tomó al gato entre sus brazos, haciéndole una carantoña.

–¡Pero Granger! ¿Qué clase de bestia tienes por mascota?

–¡Crookshanks no es ninguna bestia! ¡Simplemente no le gustan los desconocidos! Con Harry es perfectamente cariñosos y cordial.

El gato parecía muy cómodo acurrucándose contra el pecho de Granger, Draco tuvo el fugaz pensamiento de que se cambiaría con gusto por el maldito felino. Se cruzó de brazos y se apoyó en la pared, tratando de poner la máxima distancia posible entre él y ese bicho.

–¿Y bien? –Draco odiaba parecer ansioso, pero la situación comenzaba a exasperarle realmente.

Granger lo miró, escudada tras el gato; sus ojos parecían aún más grandes que de costumbre.

–Tus preguntas, Granger –aclaró él–. Adelante por ellas y por favor, deja al gato a un lado. Me siento amenazado.

–Pobrecito Malfoy, le da miedo el gatito –se burló Granger.

Draco la miró con molestia desde su rincón, pero ella acabó por dejar al gato en su cesta acolchada junto a la cocina.

–Mis preguntas. Esto… sí –Granger estaba frente a él, toda la atención de Draco estaba fija en ella–. En primer lugar, querría saber si… esto va a ser algo puntual. Lo que quiero decir es ¿tenemos sexo únicamente cuando estés en celo y el resto del tiempo, cuando no corras el riesgo de transformarte podemos acostarnos con otras personas?

Wow eso fue directo.

–¿En serio, Granger? Porque la última vez que hablamos del tema quedó establecido que eras prácticamente pura y virginal, ¿ahora vas a decirme que bajo ese look serio y profesional se esconde toda una devora-hombres?

–Joder, Malfoy, eres un imbécil. Ya sabía que plantearme esto siquiera era una tontería…

Ya estás cagándola otra vez. Arréglalo. ¡YA!

–Perdona, Granger lo que quiero decir es… ¿tú no estás saliendo con nadie? Es decir, desde que tu y yo estuvimos juntos la primera vez no has estado con nadie más ¿verdad?

–Eso no es asunto tuyo, Malfoy –Granger alzó la barbilla con un gesto desafiante–. Además, creo que quedamos en que era una mujer libre e independiente que podía hacer lo que me diera la real gana.

Joder, esto va de mal en peor. Piensa en algo rápido, Draco.

–No has estado con nadie, Granger. Podría olerlo en ti, el aroma de otro hombres, el gen veela, ya sabes –Draco arrastró las palabras–. Sólo has estado conmigo.

Granger palideció.

–Tú, tú… ¿de verdad puedes saber eso?

Bingo.

Draco tuvo que contenerse para no hacer el baile de la victoria ahí mismo, frente a ella.

–No, me lo he inventado –se le escapó una sonrisita de suficiencia–, pero he conseguido que te delates a ti misma.

Ella alzó los brazos, incapaz de canalizar su frustración.

–¿Lo ves? Eres un completo idiota.

–De acuerdo, Granger, soy un completo idiota, pero eso lo sabes desde hace ocho años y aún así, has aceptado considerar mi propuesta. Ahora, hablemos de esto en serio.

Caminó a grandes zancadas hasta el sofá tapizado en rojo y se acomodó entre los cojines, estirando frente a él las largas piernas. Granger lo miró irritada pero no dijo nada al respecto, tomó asiento en una butaca junto a él.

–¿Tendrías algún problema en que saliese con otras mujeres mientras dure nuestro acuerdo? –inquirió repentinamente serio.

–No en el sentido que crees, soy consciente de que nuestra relación se circunscribiría a algo puramente físico, sin ningún compromiso entre nosotros. Pero necesito saber… qué esperar. Porque me sentiría muy estúpida si tú te estás acostando con todo lo que se mueve mientras que yo rechazo tener citas, pero por otra parte tampoco me gustaría que tu asumieras… Quiero decir que ya hemos tenido una buena ración de malentendidos entre nosotros y me gustaría que si decidimos iniciar esto, que aún no quiere decir que haya aceptado –se apresuró a aclarar–. Bueno, me gustaría que las cosas quedarán claras desde el principio.

Ahora o nunca. Ahora o nunca, joder.

Y Draco decidió lanzarse a la piscina.

–¿Y si acordamos no salir con otras personas mientras dure nuestro… acuerdo provisional?

Granger alzó la cabeza de golpe, como activada por un resorte.

–Tú… ¿quieres decir que sólo tendrías sexo conmigo mientras dure el proyecto?

–Y tú sólo tendrías sexo conmigo, Granger, la base de este acuerdo es la reciprocidad, pero sí, eso es exactamente lo que he querido decir.

Ella se mordió el labio, Draco había llegado a conocerla lo suficiente para saber que hacía eso cuando se quedaba sin palabras y necesitaba ganar tiempo para pensar qué decir. Por fin se decidió a preguntar.

–¿Y qué pasaría con el resto del tiempo?

–¿Eh?

–El resto del tiempo, cuando no estés en celo… ¿tendríamos sexo también?

Draco no quería hacerse ilusiones, tenía miedo de volar muy alto y terminar estrellándose contra el suelo.

–Si ambos estamos de acuerdo y nos apetece, no veo problema en ello, Granger.

–Bueno… –Granger se puso roja, pero continuó hablando–, una de las razones del acuerdo era divertirse, pasarlo bien. Y tampoco voy a negar que me hace falta algo de práctica en el tema, así que puedo ver todo esto desde un punto de vista puramente … didáctico.

Tuvo aquella hacer un esfuerzo para contener la carcajada que amenazaba por escapársele. Solo a Hermione Granger se le ocurriría la idea de contemplar el sexo entre ellos –sexy, pasional, jodidamente caliente– como algo "puramente didáctico".

–¿Qué más preguntas?

–¿Cómo?

–Has dicho " preguntas", Granger, en plural. Ya hemos resuelto la primera, así que continúa…

–En el resto de ámbitos de nuestras vidas, ante nuestros amigos, en el trabajo, ¿nos seguiríamos comportando de manera normal? Tan normal como hasta ahora, quiero decir.

–No veo ningún problema en ello –se encogió de hombros brevemente–. Ante los demás podemos seguir comportándonos como hasta ahora y luego, los dos solos podemos divertirnos tanto con queramos. ¿Más preguntas?

Granger jugueteó con una goma de pelo entre sus dedos, se tomó su tiempo para pensar.

–Yo… no tengo más dudas realmente. Creo que… podríamos probarlo, ver qué tal funciona en estas primeras semanas del proyecto.

Draco no podía creer su suerte. Sentía que, de un momento a otro se pondría a levitar ahí mismo, sobre el sofá. Esbozó una sonrisa, extendió la mano hacia ella.

–¿Cerramos el acuerdo con un apretón de manos, Granger? Mientras dure el proyecto tendremos sexo siempre que nos apetezca y seremos exclusivos el uno con el otro, sin terceras personas.

Ella clavó su mirada en él, en unos segundos que parecieron infinitos; por fin, alargó la mano hacia la de Draco. Tan pronto como se rozaron, él cerró los dedos sobre los de ella, una sonrisa torcida se dibujó en su rostro, Granger dudó un poco, pero al cabo de unos momentos, le sonrió de vuelta.

–Oye, Granger, ya que estamos… podemos comenzar tu programa formativo ahora mismo.

La suerte de Draco parecía haberse agotado definitivamente porque ella apartó la mano, se levantó del sofá y se afanó en ordenar la pila de libros amontonada en un rincón.

–Será mejor que no, Malfoy. Mañana es un día importante, tenemos que estar descansados y yo… aún me siento un poco adolorida por lo de ayer.

Pues claro, idiota, ella es primeriza en esto y tú te estás comportando como un animal babeando por ella.

–Sí, llevas razón, lo mejor será que me marche a casa y aprovechemos unas cuantas horas de sueño.

Terminó por levantarse del sofá, enderezándose las mangas de la chaqueta y se encaminó hacia la puerta del apartamento.

–Pues hasta mañana entonces, Granger.

–Qué pases buena noche, Malfoy.

Draco salió y cerró la puerta tras él, tras la puerta de la señora Jenkins le pareció ver abrirse una mirilla. Podía aparecerse directamente en casa, pero le apetecía pasear un poco, tomar el aire y meditar sobre los últimos acontecimientos. Se sentía muy satisfecho con el resultado obtenido de su negociación con Granger, sin embargo, según pensaba en ello, un sentimiento amargo se apoderó de él. Si el objetivo de aquella charada con Granger era llegar a conocerla mejor, más allá del puro sexo ¿por qué no se le había ocurrido sugerirle cenar algo juntos en su casa?

Al final ella iba a llevar razón y era un completo idiota.


Llego a su calle silbando alegremente. Sin saber por qué, se sentía más feliz de lo que había estado en meses. No, no iba a engañarse. Su humor se desinfló un poco cuando alzó la vista y vio luz en las ventanas de su ático.

Mierda.

Se apareció directamente en el recibidor del apartamento.

–Ya que os presentáis sin ser invitados, al menos podrías el detalle de avisar.

–¡Lo hicimos! –Blaise mostró las manos en actitud defensiva– ¡Dejamos encendida la luz!

Theo y él estaban en su sofá, en una postura indolente, su sempiterna botella de alcohol en la mesa frente a ellos.

–¡Ey colega! ¡Te ves mucho mejor! A estas alturas ya nos habrías atacado a la yugular –Zabini convocó un tercer vaso para Draco y le sirvió un buen trago de whisky– ¿Has encontrado una solución?

Draco sólo dudó un momento, pero sus amigos eran demasiado astutos y lo conocían demasiado bien como para que se les pasase por alto. En el rostro moreno de Zabini se dibujó una sonrisa de deleite.

–¡No puede ser! ¡Te has tirado a Granger otra vez!

El rubio compuso un gesto molesto, pero no desmintió la acusación. Ellos se terminarían enterando de cualquier manera, así que negarlo todo no tenía ningún sentido.

–¿Todo bien? –como siempre, Theo fue la voz de la cordura– Es decir, estás bien con ello ¿verdad?

–Sí, sí –Draco se pasó la mano por el pelo–. Es… raro, al fin y al cabo, se trata de Granger, pero fue una decisión adulta, los dos estuvimos de acuerdo y… no me arrepiento.

–¿Y no va a complicar lo todo? Es decir, Drake, ahora trabajáis juntos, os veis todos los días…

–De hecho hemos llegado a un acuerdo para… pasar mi celo juntos mientras dure el proyecto.

Blaise se atragantó con la bebida, empezó a toser ruidosamente. Theo dirigió a Draco una severa mirada.

–Tío, no entiendo nada, se supone que ibas a concentrar tus esfuerzos en encontrar a tu auténtica compañera, que luego ibas a completar el ritual de apareamiento y te ibas a librar del dichoso celo para siempre.

Por alguna extraña razón, Draco veía el asunto de su vínculo con Granger como algo demasiado intimo y personal. Aún no se sentía lo suficientemente preparado como para confesárselo a sus amigos, ni para hablarles sobre su plan. Así que terminó ofreciendo una explicación simplificada.

–Hemos acordado esto de forma provisional mientras dure el proyecto, así ambos podemos concentrarnos en el trabajo, sin que haya interferencias por mi estado y yo… no tengo que invertir demasiado tiempo encontrar a alguien de confianza. Y mi metamorfosis puede resultar… difícil de asimilar. Granger parece llevarlo suficientemente bien.

Theo fijó en él su mirada escéptica. Era demasiado inteligente y no Draco sabía que no se había creído la historia en su totalidad.

–¿Y ella está de acuerdo con eso? –Nott dio un largo trago– Quiero decir, no parece el tipo de chica que se conforme con un polvo de vez en cuando y eso puede buscarte problemas…

–Nuestro acuerdo es más… amplio que eso. En realidad hemos pactado tener sexo siempre que nos apetezca, en exclusiva, sin que haya más personas de por medio.

Zabini giró la cabeza como un resorte con los ojos abiertos en una mueca estupefacta.

–¿Qué habéis acordado QUÉ? –chilló escandalizado– ¡Pero tú estás loco tío! ¡Te has echado la soga al cuello a ti mismo!

Draco esperaba una reacción similar, así que tenía la respuesta preparada.

–Granger es divertida y nunca he mantenido ese tipo de relación con nadie –se encogió de hombros, en actitud engañosamente indiferente–: me apetece probar cosas nuevas.

–¡Te cansarás! Te cansarás de ello y ella terminará dolida y enfadada…

El hecho que Zabini le creyera capaz de dañar a Granger, sin dejarle margen de duda, logró enfurecer a Draco, que adoptó un tono frío y cortante.

–Como sea, es asunto mío. Y ahora si me disculpáis –se dirigió a su dormitorio–. Es tarde y algunos tenemos que trabajar mañana para ganarnos la vida.

Draco se encerró en su cuarto y se desplomó sobre la cama. Escuchó el sonido distante de la puerta exterior al cerrarse, sus amigos se habían marchado sin despedirse, pero ni tan siquiera es amargo final del día podía empañar su emoción: Granger había aceptado.


A la mañana siguiente, Draco apenas tuvo ocasión de hablar con Granger. Ella estaba al borde de la histeria con los preparativos de la reunión, quería que todo saliera perfecto y necesitaba asegurarse de que contaba con la mayor cantidad de información disponible; no podía cometer ni un solo error. Desde su escritorio, Draco la observó, divertido: Granger caminaba por el despacho, repitiendo en voz alta cada dato que había memorizado considerando que podría resultarles útil.

Finalmente, Monsieur Dupont, embajador francés para asuntos mágicos en Gran Bretaña, se reunió con ellos en una de las salas de recepción del Ministerio. Dupont, un hombre regordete en la cincuentena, saludó a Hermione con un cálido y afectuoso apretón de manos, mientras que a Draco le dedicó una rígida estirada inclinación de cabeza. El slytherin conocía la razón: se había informado sobre las credenciales del hombre y sabía que era hijo de una muggle y un sangre pura. Dada la afiliación materna de Dupont y las acciones de Draco durante la guerra, no era de extrañar que acogiera su asistencia al encuentro con recelo cuanto menos.

Draco compuso sus mejores barreras mentales, negándose a mostrar que la actitud de Dupont hacia él le afectaba en lo más mínimo y permitió a Granger llevar el peso de la conversación. La chica comenzó a exponer entusiasmada los principales beneficios que reportaría un acuerdo comercial entre ambos países. Granger había trabajado duro y se notaba: conocía muy bien el tema, lo había estudiado a fondo y se expresaba con pasión, pero era una soñadora. Cuando Dupont comenzó a preguntar sobre rentabilidad, ratios y período de recuperación de la inversión, dudó un momento, la confusión pintada en sus ojos; no obstante, Draco se apresuró a acudir a su rescate, extrayendo de su maletín una serie de diagramas y gráficos con números. El embajador se mostró visiblemente impresionado, su disposición hacia Draco se suavizó paulatinamente y pronto comenzó a hacer preguntas y tomar notas sin parar. Hubo algunas cuestiones a las que Draco y Hermione no supieron responder, así que quedaron en celebrar un nuevo encuentro con la participación del resto de departamentos.

Después de casi cuatro horas de debate, al fin se despidieron y el gesto de Dupont con Draco fue mucho más cordial y caluroso que su recibimiento. Granger y él sentían realmente drenada su energía, así que acogió de muy buena gana su propuesta de tomar un tentempié en la cantina. Recorrían el pasillo, intercambiando impresiones sobre la reunión cuando Potter los interceptó, apareciendo de la nada:

–¡Malfoy! ¡Hermione! –los saludó efusivamente– ¡Vaya caras traéis! ¡Parece que os hubiera pasado el autobús noctámbulo por encima! En cualquier caso me alegro de encontraros juntos, así os lo cuento a los dos a la vez: mañana hay una fiesta en el Caldero Chorreante, van todos los del equipo ¡hay que celebrar que hemos alcanzado el primer puesto en la clasificación!

Como tanto Draco como Granger se quedaron mirando su compartir ni una pizca de su entusiasmo, Potter añadió:

–¡Oh, vamos! ¡Seguro que tenéis un momento para divertiros fuera de todo el papeleo del Ministerio! Además, ¡mañana es viernes!

–De acuerdo, Potter, iremos –Draco arrastró las palabras–pero por favor, contrólate: comprendo la admiración que desencadena mi sola presencia, no obstante, tu entusiasmo es… abrumador.

Potter lo palmeó en la espalda, un gesto que denotaba demasiada confianza para el gusto de Draco.

–¡Vamos, Malfoy! Hoy pasaré por alto tus comentarios porque tu actuación en el último partido fue una pasada, pero no te confíes –luego se volvió hacia Granger–, en serio Hermione, no sé cómo puedes aguantarlo durante todo el día ¡mereces la medalla al desempeño!

Potter abrazó brevemente a su amiga y se despidió de ellos con un "¡Adiós chicos! ¡nos vemos mañana!". En cuanto estuvieron a salvo de la vista de Potter, Granger se volvió hacia Draco, con un gesto de inmensa irritación pintado en la cara:

–¿Se puede saber por qué has dicho "iremos", Malfoy?

Draco alzó las cejas perplejo:

–¿Se puede saber qué te pasa a ti, Granger? Una noche rodeada de Gryffindors: ¡pensé que sería el colmo de tu deleite!

–Bueno, eso lo decidiré yo –se cruzó de brazos, en actitud desafiante– en cualquier caso para la próxima vez, soy perfectamente capaz de responder a las invitaciones por mí misma, muchas gracias.

–¿Se puede saber qué narices te pasa ahora Granger? –Draco estaba empezando a enfadarse realmente– Vale que tal vez me haya equivocado y no debería haber hablado por ti, pero ¿no crees que estás sacando las cosas un poco de quicio? Menudo numerito me estás montando…

Granger habló la boca para replicar, acto seguido, la cerró e inspiró hondo antes de hablar.

–De acuerdo, Malfoy, tienes razón tal ve me haya excedido un poco pero es que… yo no suelo ir a esas cosas –ante la expresión perpleja del chico, aclaró– Ron seguramente va a estar allí. Con Lavender. Y no, no me malinterpretes, no son celos ni nada parecido es sólo que no me siento preparada para verles juntos, para comprobar que él ha seguido adelante con su vida mientras yo sigo estancada en el mismo punto y sé que suena muy egoísta y me siento fatal por ello pero…

–Está bien Granger, lo entiendo –las facciones de Draco se relajaron– no todos hemos sido capaces de afrontar las cosas del mismo modo. Podemos inventaremos cualquier excusa: le decimos a Potter que nos ha surgido una reunión de última hora y que no vamos a acudir a esa fiesta.

–No, no. Estoy cansada de esconderme, ya es hora de que yo también siga adelante. Iremos a la fiesta. ¡Por Merlín que ridícula debo soñar, hablo de tomar unas copas como si me fueran a conducir al patíbulo!

–Bueno, si te sirve, yo estaré allí Granger. Piensa que compartir espacio conmigo es motivación suficiente para levantarle el ánimo a cualquiera…

Granger se cruzó por delante de él y entró primero al despacho. A juicio de Draco, el movimiento de sus caderas resultaba excesivamente sensual para que ser una acción no deliberada. De hecho esas malditas caderas lograron elevarme el ánimo a él mismo. Ella lo miró por encima del hombro y le dedicó una mueca burlona:

–En serio, Malfoy, te lo tienes demasiado creído.


N/A: Y hasta aquí por hoy. ¿Qué os ha parecido Draco? Hay veces que hasta a mí me saca de quicio XD

¡Nos vemos el domingo 31 con nueva actualización!

¡Buen Finde!