CAPITULO NUEVE

ISABELA

Busco en todas partes a Ángela. Compruebo con sus amigos. Compruebo con las casas de los niños, donde los huérfanos con criados, porque a Ángela le gusta ser voluntaria. Compruebo en Mamadas Becky también, solo por si acaso, pero Ángela no está entre las chicas trabajando allí. Gracias a Dios. Incluso compruebo en la casa de Alec, pero nadie parece haberla visto allí tampoco. No por días y días. No sé qué hacer hasta que Alec me mira con una expresión ladina.

-La milicia te está buscando. El alcalde desea verte y todo eso- estaba escarbándose las uñas con una navaja- me sorprendió que esperaran que regresaras, pero me dijeron, "Uno nunca sabe". Aunque estaban llenos de mierda, pero aquí estás, oliendo a contenedor de basura. ¿Has estado hurgando?-

-¿Te gustaría saber?- fanfarroneo valientemente -solo estoy buscando a Ángela. Eso es todo lo que necesitas saber.-

-Podría haber algunas personas interesadas en escuchar que estás de regreso- comenta.

-Ahórrate el viaje- le digo -voy a dirigirme a las barracas de la milicia en este momento- me giro y salgo de su pequeña tienda de mierda. Si Ángela escuchó que la milicia me estaba buscando, como Alec dice, iría directamente a ellos a hacer preguntas. Eso es peligroso. No solo la milicia está llena de idiotas demasiado embriagados por su propio poder, sino que son los que me ofrecieron al dragón en primer lugar. ¿Y si ofrecen a Ángela a un dragón?

Frotándome el cuello, corro a través de los callejones oscuros, dirigiéndome a los alrededores del Fuerte Dallas y las filas de barracas que albergan a la milicia. Si mi hermana se encuentra en alguna parte, estará aquí, supongo. Solo tengo que encontrarla. Las barracas de la milicia están metidas en un viejo centro comercial. Las puertas de vidrio han sido reforzadas con acero y una frágil cerca alambrada con alambre de púas ha sido levantada alrededor del lugar, solo en caso de que alguien decida asaltar el castillo, por así decirlo. Sin embargo, hay un conjunto de puerta y me dirijo a ellas. Tienen guardias apostados en frente, por supuesto. Uno sostiene un rifle y alza una mano cuando me acerco.

-Los ciudadanos no estás permitidos aquí.-

-Soy Isabela Swan- le digo. Cuando su rostro permanece sin expresión, agrego -¿La chica que le dieron al dragón?- Sus ojos se agrandan y me mira de arriba abajo con sorpresa, como sorprendido de que esté completa y entera.

-¿Eres la chica dragón?-

-Esa soy yo. Estoy buscando a mi hermana.-

-Espera aquí- saca un walkie-talkie y se aparta, murmurando algo en el mismo. Escucho el zumbido fuerte y algo mascullado en respuesta. El soldado asiente y se mueve a la puerta, abriendo la cerradura. La abre y me mira -alguien va a venir a encontrarse contigo.-

-Genial- entro, los brazos cruzados sobre mi pecho. La cautela reemplaza el cansancio, mis sentidos poniéndose en alerta. Cada vez que estoy cerca de la milicia, algo malo sucede. No espero que sea mejor ahora. Pero Ángela querría que viniera por ella, así que voy. Mi hermana es la persona más importante en el mundo para mí. No la abandonaré. Finalmente, un par de soldados aparecen, también armados.

-Síganos- me dice el primero, y hace un gesto con su arma, señalándome que los siga dentro. Voy a ellos. Nadie jamás le dice que no a un guardia armado, por supuesto. Y si Ángela está aquí, ahí es donde tengo que estar. Me lleva a un edificio grande que alberga las barracas.

Está limpio y ordenado, y sorprendentemente vacío, probablemente porque es de noche. Las áreas han sido separadas para hacer distintos "edificios" dentro de este grande, pero en general, todavía se siente como si hubiera demasiados ojos observándome. ¿Ángela está aquí en alguna parte? ¿En la cama de alguien? ¿Siendo mantenida cautiva? Dios, espero que no esté de aquí. Mi hermana es frágil tanto en espíritu y cuerpo. Su cojera y pierna debilitada han hecho que necesite lugares suaves donde sentarse y apoyar su pierna bastante a menudo. Sasha y yo hacemos todo lo posible para cuidar de ella, pero sigue siendo más frágil que la mayoría.

No es lo suficientemente fuerte y resistente para sobrevivir en el Después, me preocupo, así que hago todo lo posible para darle una mano. Es el miedo por Ángela lo que me hace seguir adelante, incluso cuando un par de guardias salen de sus cuartos y se reúnen cerca, sonriéndome. Me miran de arriba abajo, como viéndome desnuda a pesar de mi ropa. Sé lo que están pensando. Están pensando que el dragón me dejó ir porque le hice favores sexuales o algo igualmente repugnante. Odio que tengan razón. Bueno, a medias, no creo que Edward tuviera alguna intención de dejarme ir. Aparto mi cabello de mi rostro y mantengo la barbilla en alto, ignorando sus miradas. Todo lo que importa es Ángela. Los guardias me llevan a una habitación pequeña al fondo del gran edificio y me siento en lo que parece como un viejo escritorio de escuela. Me dejan sola, y un momento después, dos hombres distintos entran. Uno es el capitán de la milicia y otro es el alcalde. Ambos parecen sorprendidos de verme, como si no hubieran creído los reportes de que estaba aquí en su umbral.

-Mucho tiempo sin verlos- les digo secamente -estoy aquí por mi hermana. ¿Dónde está?-

-En un lugar seguro- dice el capitán. ¿Un lugar seguro? Tonterías.

-¿A salvo igual que me mantuvieron a mí? ¿O la están guardando como la chica carnada número siete?- la idea me pone furiosa y aprieto los puños -¡No ha hecho nada malo!- El capitán levanta una mano, como intentando calmarme.

-Siéntate. Nos gustaría hacerte algunas preguntas.-

-No quiero sentarme quiero a mi hermana de vuelta. ¡Es una ciudadana y no tienen derecho de apresarla!-

-Si quiere permanecer como una residente del Fuerte Dallas- intercede el alcalde, una nota amarga en su voz -ella obedecerá nuestras reglas. Igual que usted. Estaría más que feliz de enviarlas a ambas a las Tierras para Hurgar y prohibirles volver a entrar al Fuerte Dallas para siempre. ¿Es eso lo que deseas?- Es horrible, pero una parte muy chiquita de mí quiere eso.

Me gustó estar con Edward. Me gustó pasar tiempo con él, hasta la parte del sexo. Todavía sigo frustrada y me duele como resultó eso, y se siente extrañamente como si hubiera perdido a un amigo. Incluso entonces, probablemente podría sobrevivir por un tiempo en las Tierras para Hurgar. Sé cómo esconderme y cómo buscar comida y bebida. ¿Pero Ángela? No es lo bastante fuerte. Y sin mi ayuda para traer bienes para intercambiar, Sasha tendrá que venderse para comer. No puedo hacerles eso a ellas. Así que aprieto mis dientes y no digo nada.

-Bien. Ahora siéntate. Como dije, queremos hacerte algunas preguntas- Me siento, sintiéndome indefensa y enojada.

-Cuéntenos sobre la situación con el dragón- dice el capitán, sus ojos brillantes -la dejamos encadenada. Sin embargo, ha regresado ilesa. Quiero saber lo que sucedió- ¿Ilesa? ¿Están hablando en serio?

Quiero reírme. Desde que me dieron por muerta, casi me caí de un edificio cuando un dragón me arrancó de una escalera. Fui secuestrada por otro dragón, rescatada, mordida y ahora estoy de regreso en el Fuerte Dallas. Me siento como una pelotita de ping-pong que está siendo rebotada. Una maltratada, magullada, febril, lastimada y descorazonada pelotita de ping-pong. Ilesa, mi culo. Por supuesto, decir eso no me llevará a ninguna parte. Así que digo una pequeña mentira.

-El dragón me dejó ir.-

-¿Por qué la dejó ir?- Me encojo de hombros, incómoda ante la idea de contarles sobre Edward. A pesar de toda su intensidad, había intentado ser amable conmigo a su propia manera, no es su culpa que no pueda manejar el sexo de dragón.

-Me vio lastimándome, así que rompió las cadenas.-

-¿Domesticaste al dragón?- Mi boca se tuerce.

-No existe lo de domesticar a un dragón.-

-Sin embargo, aquí estás, entera e ilesa. ¿Cómo sucedió? ¿Cómo te escapaste?- Es vulnerable cuando te está follando no es una respuesta que sienta que pueda compartir.

-¿Dónde está mi hermana?-

-La estamos reteniendo- dice el alcalde directamente -pensamos que, si regresabas a la ciudad, desearías encontrarla y queríamos verte. Evidentemente tenemos preguntas. Tampoco vas a recuperarla hasta que las respondas.- Mi estómago se desploma hasta el suelo.

-Mi hermana no ha hecho nada malo- El alcalde es implacable.

-No, no lo ha hecho. Pero esto no se trata solo de tu hermana. Estamos intentando salvar a toda una ciudad aquí y cualquier información que puedas darnos es clave. Dinos qué sucedió- Fulmino con la mirada a los hombres, odiando que vayan a obligarme a darles información y odiando tener que hacerlo, porque tengo que liberar a Ángela. Estoy débil, lo sé, pero no puedo dejar que mi hermana sufra.

-¿Dónde quieren que comience?-

-En el principio, por supuesto.- Irritada, comienzo. Les cuento sobre Edward aterrizando y su transformación a forma humana. Eso llama su atención y me interrogan repetidamente. No estoy completamente segura de que me creen, excepto cuando menciono su apariencia como humano: ojos ondulantes a negro, piel moteada y dedos en forma de garra, intercambian miradas.

Bastardos. Así que, ¿habían sabido todo el tiempo que podían convertirse en humanos? ¿Y nadie se molestó en decirme nada a mí, al sacrificio humano? Estoy llena de más rabia indefensa. Me hacen más preguntas intencionadas. ¿Habló en su forma humana? ¿Podía conversar en español? ¿Intenté inglés o francés? ¿Qué palabras reconoció? Menciono que entiende la palabra "no" pero dejo fuera su nombre; no es mío para darlo, después de todo. También dejo fuera todo el asunto de la tensión sexual que chisporroteó entre nosotros y tuvo más bien un final malo. Todo eso parece demasiado... personal.

En cambio, les cuento que estuvo fascinado conmigo y había intentado alimentarme y protegerme. Las preguntas comienzan de nuevo. ¿Cuán a menudo el dragón cambió a su forma humana? ¿Tenía algunas vulnerabilidades particulares en forma humana? ¿Si creía que las balas penetrarían su piel mientras estaba en forma humana? Las preguntas me ponen sumamente incómoda, así que les miento. Sin vulnerabilidades. No, las balas no lo lastimarán en forma humana.

-Sigue cubierto de escamas- miento -la piel tan dura como roca- El capitán frunce el ceño y escribe eso.

-¿Pensé que dijiste que su piel era parecida a la humana excepto por un patrón?-

-Lo es- les digo y pongo mi sonrisa más inexpresiva -un patrón y sin escamas, por supuesto- Intercambian una mirada que claramente cuestiona mi inteligencia. Sí, pon eso en tu reporte, imbécil. Sin embargo, menciono al otro dragón que Edward había atacado, y me hacen repasar con detalle cómo Edward lo atacó. Cómo se había movido, cuánto le había tomado a sus dientes rasgar la garganta del otro.

¿Cuánto tiempo había tomado que el otro dragón muriera desangrado? ¿El otro dragón intentó comunicarse con él? Las preguntas me ponen incómoda y les doy tan poca información como sea posible. Esto no se trata de cómo vivir junto a los dragones o detener los ataques, esto es un interrogatorio del tipo "cómo derrotar al enemigo" y no me agrada. Quizás hace unas semanas habría estado de acuerdo con ello, pero eso fue antes de conocer a Edward. No me gusta la idea de que estos imbéciles lo ataquen, no me gusta la idea de que esperen a que esté en su forma humana y lo lastimen. Porque cuando pienso en él en su forma humana, no pienso en el hombre-dragón que me mordió. Pienso en el Edward juguetón y ligón que dice mi nombre de esa manera adorablemente dificultosa.

-No es un monstruo- les indico -creo que solo está confundido la mayor parte del tiempo. Todo lo que quería era protegerme y cuidarme. No me lastimó- El capitán escribe unas cuantas notas más, revisando sus papeles.

-Repasemos de nuevo. Mencionaste que rasgó la garganta del otro dragón. ¿Luchó para hacer eso? ¿Piensas que su garganta es una vulnerabilidad en su forma de dragón? ¿Fuiste capaz de notar la cantidad de escamas allí en comparación al resto de su piel?- Odio esto.

-¿Por qué le importa? Está claro que pueden aprender español. Podemos enseñarles a hablar con nosotros y hacer que deje la ciudad en paz. Estoy segura de que lo haría si le hablamos y a los otros dragones. Solo tenemos que comunicarnos con ellos de alguna manera- El capitán se me queda mirando por un momento. Entonces baja la mirada a sus notas otra vez.

-Cuéntame otra vez sobre las escamas en la garganta-

Nadie me está escuchando. Para nada.

EDWARD

Me duele la cabeza.

Mi cuerpo está extrañamente cansado, pero el latido en mi cabeza es lo peor. Me pongo tenso, esperando a ver si esta es otra forma de la locura sutil que siempre espera en los bordes... pero no hay nada. Me siento... Normal Abro los ojos, mirando hacia arriba. A través del techo roto, puedo ver los cielos de arriba. Están oscuros, centelleando con la luz de las estrellas. A la distancia, puedo ver la silueta verdosa y nublada de la rasgadura en los cielos de la que mi pueblo vino originalmente. La vista de ella no me desequilibra. En cambio, me hace sentir un poco triste. Es un lugar al que nunca puedo regresar y supongo que una pequeña parte de mí siempre la extrañará. Me toma un momento darme cuenta de que los cielos están oscuros. No estaban oscuros antes, no cuando la reclamé.

Mi Is-be-la.

No, me doy cuenta. Isabela. Eso se siente bien. Refinada y elegante, pero fuerte, como mi pareja. Alargo mi mano hacia ella, buscando su cuerpo suave y pequeño. Recuerdos de nuestro reciente apareamiento inundan mi mente y gruño bajo en mi garganta por el placer. Reclamarla fue la más grande alegría que he experimentado y me deleito con los pensamientos de su suave forma debajo de la mía, su aroma llenando mis pulmones, su sabor en mi lengua. Ya estoy hambriento por ella de nuevo. Me extiendo con el vínculo mental a la vez que alargo mi mano hacia su cuerpo. Debí quedarme dormido luego de darle mi veneno.

He escuchado historias de que eso drena la fuerza de un Drakoni porque nuestra esencia es compartida. Isabela no tiene esencia que compartir conmigo, así que quizás es por eso que he estado inconsciente por tanto tiempo. Pero mi mente está despejada y brillante, una señal de que el vínculo es verdadero. Sin embargo, mis manos no encuentran a Isabela cerca. Me incorporo, ensanchando mis fosas nasales con la esperanza de captar su delicado aroma. ¿Se marchó?

El único aroma de ella es de hace horas y es leve. No está aquí. Me siento, todo el cansancio olvidado. ¿Isabela? Pregunto, probando el vínculo mental entre nosotros que se ha establecido con el apareamiento. No hay respuesta. Puedo sentir la atadura entre nosotros, pero está demasiado lejos para recibir mis pensamientos. ¿Demasiado lejos?

La ira me recorre, caliente y veloz. ¿Otro macho se ha llevado a mi hembra mientras dormía? Increíble. Una pareja reclamada está fuera de los límites, incluso en las mentes dementes de los Drakoni. Nadie se atrevería. Isabela es mía. La he reclamado. Es mía para proteger. Mía para querer.

Mía.

Rujo mi indignación, bramando mi furia a los cielos. Cambio a forma de batalla y me lanzo en el aire, ignorando el desmoronamiento del techo cuando me abro paso a través de este y la manera en que las rocas caen al suelo. No importa si destruyo todo el edificio. Todo lo que importa es llegar con mi pareja. Subo alto en los cielos, mis alas batiéndose furiosamente. No hay otro dragón cerca, no capto su aroma, pero los instintos guían mi mente. Con el vínculo de pareja entre nosotros, puedo concentrarme en la atadura mental y encontrarla. Cierro los ojos y dejo que me guíe.

Isabela regresará a mí, sin importar a cuántos deba atacar para liberarla.

Es mía para protegerla.

ISABELA

Me duele la cabeza. Me froto las sienes, entrecerrando los ojos hacia las brillantes luces de encima. El duro asiento de plástico donde estoy sentada se siente demasiado áspero contra mi piel sensible, pero quejarme no me llevará a ninguna parte. Mis captores, porque no puedo llamar de otra manera al alcalde o al capitán a estas alturas, no están interesados en mí o en mi comodidad. No pensaba que me dejarían ir campante de aquí con Ángela, pero tampoco creí que sería interrogada interminablemente.

Quieren saber más sobre los dragones. Cómo comen. Cómo duermen. Cómo hablan. Sin importar lo que les diga, tienen más preguntas. He estado aquí por horas y horas. Quizás incluso toda la noche. Y, sin embargo, nadie ha traído a mi hermana. Estoy exhausta. No he dormido en una eternidad, estoy cansada, huelo mal y estoy febril. Mi cabeza está latiendo con cierta ferocidad y estas luces brillando en mi rostro solo están empeorando el asunto.

-Quiero a mi hermana- les digo por lo que se siente como la millonésima vez-. Necesito verla.

-Me temo que no será posible hasta que...-

—¡Isabela!— La llamada es tan fuerte que me pongo de pie de un salto, asustada.

-¿Edward?- su voz es tan clara que suena como si estuviera en la habitación conmigo.

-¿Señorita Swan?- dice el capitán, mirándome desconcertado. Me toma un momento darme cuenta de que sigo de pie en la pequeña habitación de las barracas con el alcalde y el capitán. Sin embargo, la voz de Edward fue tan clara... y me vuelvo a frotar las sienes.

-Lo siento. Creo que solo estoy cansada.-

-Nos gustaría saber más...-

—¡Isabela!— Posesivo triunfo cubre su voz, rica y dulce como sirope y me quedo mirando las paredes. No lo veo... pero puedo escucharlo. ¿Cómo es eso posible?

-¿Qu... qué?-

—Estoy yendo por ti.—

-Eh. ¿Escuchan eso?- mi voz está temblando. Creo que estoy perdiendo la cabeza. De hecho, estoy manteniendo una conversación con Edward e imaginando que viene por mí. Oficialmente me he vuelto loca. Intercambian una mirada.

-¿Escuchar qué?-

-Nada. Creo.-

—Tus pensamientos son deliciosos— Ronronea Edward en mi mente. —Brillante y pura. Me alegra que seas mi pareja, Isabela. Llenas mi alma de alegría.—

Es raro, pero realmente suena como si se estuviera acercando. Presiono una mano contra un oído, luego el otro, comprobando que no hay dispositivos de audio o algo. No obstante, no hay nada. Su voz proviene del interior de mi cabeza. Miro hacia el techo de cualquier modo, como si pensara que de alguna manera podría revelar a un gran dragón dorado cerniéndose sobre mi hombro.

-¿Cómo es que puedo escucharte?-

-¿Al dragón?- pregunta el capitán, su voz alzándose con alarma -¿Dónde está?-

—Eres mía— Dice Edward dentro de mi cabeza. —Estamos vinculados ahora que nos hemos apareado y te he reclamado.—

¿Qué demonios? ¿Vinculado? No quiero estar vinculada. Nadie me preguntó si tenía una opinión sobre estar vinculada.

—Estás descontenta. No me agrada eso. ¿Por qué estás descontenta?—

—Eh, ¿porque no me lo pediste?— Mierda, ahora estoy respondiendo en mi cabeza.

—Te lo pregunté. Dije tu nombre y respondiste poniendo tu boca sobre mí y...—

—¡No es lo mismo! ¡Eso no fue pedir permiso para abrir un canal en mi cabeza!— No sé a estas alturas si estoy diciendo las palabras en mi mente o diciéndolas en voz alta. Las cosas se están tornando borrosas.

—¿Cómo iba a pedir permiso si no podíamos hablar? Pero ahora podemos.— Satisfacción rueda por su mente. —Ahora puedes compartir tus pensamientos conmigo todo el día y toda la noche.—

—Sí. Estupendo. No obstante, no quiero compartir nada en este momento. Sigo enojada.—

El alcalde me grita algo y soldados adicionales entran a la habitación, armas en mano. Me aferro la cabeza, distraída entre el sonido de la insistente voz de Edward y lo que sea que el alcalde me está gritando.

-¿Puedes callarte por un segundo? ¡No puedo pensar!-

—Estoy yendo a la colmena humana a buscarte.— Oh, mierda. Mis ojos se agrandan.

-¿Vienes hacia acá?-

-¿Está viniendo hacia acá?- ruge el capitán, asustado -haz sonar la alarma. ¡Preparen los bunkers! ¡Vayan, vayan, vayan!- Una bocina suena; la sirena de los dragones.

-¿Cómo es que ella está hablando con él?- pregunta el alcalde -¿Tiene un micrófono de alguna manera?-

-Está en mi cabeza- les digo, empujando mis manos contra mi cuero cabelludo como si eso fuera a detener a mi cerebro de volverse loco. El estruendo de la sirena se está mezclando con los pensamientos densos de Edward y todo se está presionando sobre mí -no puedo pensar con todo ese ruido...-

-¿Qué está diciendo?- exige el capitán. Se mueve hasta pararse a centímetros de mi rostro, sus ojos decididos -necesitamos que nos digas exactamente lo que está diciendo- la sirena resuena, largo y fuerte, y puedo escuchar los pisotones de los pies encima de mi cabeza mientras la milicia se prepara. Edward se va a encontrar directamente con un ejército y lo estoy atrayendo a esto. No sé qué hacer. Tengo que detenerlo antes de que se acerque demasiado, porque no quiero que muera. Nunca he querido eso.

—Estás molesta.— Los pensamientos de Edward atraviesan el caos de mi mente como un cuchillo, cortando a través del mundo exterior. —Escucho la sirena. ¿Debería hacer que se detenga?—

-¿Estás lo bastante cerca como para escuchar la sirena?- digo con la voz ahogada.

-Está encima de nosotros- ruge el capitán -¡Tomen acción!-

—Isabela. Mi Isabela. No te preocupes. Estoy cerca.—

-¿Qué tan cerca?-

—Muy cerca. Voy por ti.—

-¿Por qué? Tienes que dejarme aquí.-

—No puedo. Eres mi pareja.—

-¿Pareja?- jadeo, asustada de la idea. No solo estoy vinculada mentalmente a un dragón loco ¿sino que piensa que soy su pareja? -no quiero ser tu pareja.- Algo frío y duro se presiona contra mi sien. Me congelo cuando el arma suena, el sonido alto en el silencio atronador de la habitación.

-Si piensa que eres su pareja- me dice el capitán -voy a tener que usarte como ventaja. Lo lamento-

—Tiene un arma sobre mí.— le digo a Edward. —Retrocede. ¡Por favor! No quiero morir.—

—¿Qué es un arma?—

—No hay tiempo para explicar. ¿Puedes irte, por favor?—

—Te tomaron.— No menciono el hecho de que huí.

—Edward, solo vete, por favor. Necesito encontrar a mi hermana y no voy a llegar a ninguna parte contigo volando encima.—

El arma muerde mi sien y me estremezco. En mi discusión con Edward, olvido que alguien tiene un arma contra mi cabeza. Sin embargo, Edward capta mi miedo. Sus pensamientos se tornan salvajes, oscuros. Puedo sentirlo haciéndose más oscuros y es aterrador.

—¿Por qué tienes miedo? ¿Por qué mi pareja tiene miedo?—

—¡Me matará! ¡No vengas!— Encima, un dragón ruge tan fuerte que todo el edificio se estremece. Las luces titilan y una nube de polvo cae del techo.

-No le agrada que me esté amenazando- susurro, intento alejarme del arma. La boca del capitán se presiona en una línea delgada mientras me mira a los ojos.

-Dile que, si quiere a su pareja con vida e ilesa, tiene que irse de la ciudad. Está poniendo a todos en riesgo- me estoy quedando sin tiempo y todavía tengo que salvar a mi hermana.

-Solo denme a Ángela y haré que se vaya- engaño, incluso cuandu otro rugido sacude el edificio.

-No suena como que eso vaya a funcionar- dice el capitán y niega con la cabeza lentamente, presionando el arma con más fuerza contra mi sien -lo siento, pero la seguridad de todo el fuerte depende de esto. Tienes que hacer que se vaya. Ahora mismo- me doy cuenta que no voy a tener a un salvador en este momento. O, más bien, lo tengo, pero es un agresivo dragón y no estoy del todo segura que sea un buen sujeto. O resulto baleada por los guardias y nunca más veo a Ángela, o soy secuestrada por un dragón y nunca más veo a Ángela. De cualquier manera, estoy jodida.

—Él... dice que me matará si no retrocedes, Edward.— Mis pensamientos parecen temblar casi tanto como mi cuerpo. —Por favor, no lastimes a nadie.—

Los pensamientos de Edward en respuesta son tan oscuros y furiosos que hago una mueca cuando chocan en mi mente.

—¡Eres mi pareja! Te está reteniendo lejos de mí. ¡Si te hace daño, le arrancaré miembro a miembro y dejaré que los cuervos devoren sus huesos!—Bueno, eso es... creativo. Trago saliva y miro al capitán a los ojos.

-No le agrada que me esté asustando.-

-No me agrada que esté volando sobre la ciudad- dice el capitán con voz tensa. Si, pero si él se marcha, no estoy segura de lo que sucederá conmigo. Intento mentalmente interpretar lo que sucederá si Edward me deja atrás y me doy cuenta con una sensación enfermiza que estoy atrapada. Con cada ataque de dragón, el alcalde y el capitán van a sacarme e intentar usarme como rehén. No voy a liberarme de esto, nunca más. Mi único camino reside en Edward, el de los besos ardientes y mordidas aterradoras. Intento componerme. Ten calma, Isabela. Si este es mi camino, encontraré una manera de salir adelante. Así que decido hacer que las cosas suenen bastante sombrías. Si quieren amenazarme, los amenazaré de regreso.

-No se irá sin mí. Dice que, si me lastiman, esto se pondrá feo.-

-No planeo lastimarte- dice el capitán -Tú y yo, vamos a hacer un trato. Si deja la ciudad en paz, te entregaré a él. dile eso.-

-Dice que tienes que darme a mi hermana.-

-¿Crees que ella estará a salvo con él?- como si interrumpiera esto, Edward vuelve a rugir y el capitán inclina la cabeza como diciendo, ¿ves? Odio que tenga razón. Odio no saber la respuesta.

-No creo que esté a salvo con ustedes tampoco.-

-No está atacando, señor- dice uno de los hombres en la radio- está posado en el techo del edificio y está esperando algo. ¿Sus órdenes?- El capitán mira al radio en su cintura, luego a mí.

-Mi hermana- advierto -Ahora- El capitán intercambia una mirada con el alcalde. Entonces aprieta un botón en la radio.

-Vamos a darle la prisionera al dragón. Esperen.-

-No sin mi hermana...-

-No va a esperar a que su hermana sea traída a las barracas. Haga que ese dragón salga de aquí ahora. La vida de una no sobrepasa las necesidades de muchos.-

-Si me manda con él, no hay nada que me detenga de decirle que regrese y queme este lugar hasta los cimientos. Me escucha. Si le digo que lo quiero muerto, lo matará.-

-Razón por la que tengo que conservar a su hermana como ventaja. Vas con él y él consigue lo que desea. Tu hermana se queda con nosotros como incentivo para que nos deje en paz- la mirada en su rostro casi es una de arrepentimiento. Casi. Ese bastardo. ¿Todos consiguen lo que quieren menos Ángela y yo?

-¿Piensas que no regresaré por ella? ¿Con un ejército de dragones?- la mirada de arrepentimiento del capitán se vuelve una de enojo.

-¿Asesinarías hasta la última persona de aquí?- no digo nada. No destruiría el Fuerte Dallas, no, pero no retiraré la amenaza tampoco.

-Más razón para conservar a tu hermana- vacilo, luego abro mi mente a Edward de nuevo.

—Van a entregarme si prometes dejar la ciudad en paz.—

—No los lastimaré si no te han hecho daño. Solo quiero a mi pareja. ¿Estás bien?—

—Estoy bien— le digo. —Por el momento.— Pero siento como si mi corazón se estuviera haciendo pedazos. Oh, Ángela.

-Solo me quiere a mí. Siempre y cuando esté a salvo, se irá- El capitán asiente.

-Lo lamento mucho, señorita Swan. Sé que no le gusta esto, pero tenemos pocas opciones aquí. Mi consejo para usted es que vea qué puede hacer para domar a ese dragón y hacer que abandone esta área completamente- ni sueñes que eso va a suceder. No me voy a ir, no con Ángela y Sasha aquí. Y Edward no va a ir a ninguna parte sin mí, sospecho.

-Déjeme decirle que estamos yendo.