CAPÍTULO VIII: Al fin familia.


Disclaimer: Todos los personajes reconocibles pertenecen a J. K. Rowling. "Esta historia forma parte del proyecto New Writters de Cristy 1994"

Agradecimientos especiales a Cygnus Dorado por la portada de la historia y a todas las chicas que me dejaron su review en el capítulo anterior y que han seguido la historia a pesar del tiempo que he tardado en actualizar. Este capítulo es para todas ustedes, disfrútenlo.


Harry estaba sumamente nervioso, la semana de vida familiar con Pansy había pasado demasiado rápido, y no podía quitarse la sensación de que le faltaba más por conocer sobre la pelinegra antes de cuidar a los hijos de Ron.

Gracias a Pansy, llegaron al Ministerio con cinco minutos de antelación. El nerviosismo de la heredera de la familia Parkinson, se había manifestado en órdenes a toda la familia para recibir a los nuevos integrantes.

Teddy y Andromeda se habían quedado en la mansión para esperarlos, y aunque Harry no había tenido la oportunidad de hablar con ellos esa mañana, sabía que estaban igual de nerviosos que él.

En la entrada ya los esperaban Draco y Hermione, y por la discusión que ambos mantenían, era fácil deducir su estado.

—Hermione —saludó el chico pelinegro en cuando se acercó.

Su amiga volteó un tanto sonrojada, y con los ojos brillosos por la reciente discusión.

—Vaya, hoy si llegaste a tiempo —fue su respuesta, e inmediatamente dio media vuelta y entró al Ministerio.

—La hiciste enojar —reclamó Harry a Draco.

El joven rubio se encogió de hombros y se acercó a saludar a Pansy.

—Te ves tan hermosa como siempre —alabó.

—Y tú no estás nada mal.

—¿Nada mal? Estoy seguro de que luzco fabuloso —replicó ofendido al tiempo que se pasaba una mano por el cabello.

—¿Por qué discutías con Granger? —cambió de tema.

—Tonterías —respondió con el ceño fruncido—, es demasiado terca para ser una Gryffindor.

Decidieron dejar el tema y entraron al elevador para ir al piso de Asuntos Familiares. Hermione ya los estaba esperando, caminaba nerviosa de un lado a otro, y cuando los vio llegar se sentó en una de las sillas de espera.

Poco después llegaron Theo y Luna, seguidos de Daphne y Blaise, quienes serían los testigos. Una vez que estuvieron todos, el señor Dinsly los hizo pasar a todos.

—Buenos días, pasen por aquí por favor.

Harry le cedió el paso a Pansy y a Hermione y cerró la puerta una vez que entró. Ya estaban reunidos todos los supervisores del caso, el Ministro y los niños.

La señorita Allison dio lectura al documento de custodia, que especificaba la situación de los niños, las responsabilidades que ellos adquirían y las consecuencias de no hacerlo. Todos firmaron aceptando lo que se había estipulado, y oficialmente les entregaron los papeles de los niños y a los niños en sí.

—…Recibirán una visita cada mes —recordó la señorita Allison—, las fechas en las que se efectuarán, serán avisadas con antelación vía lechuza. Durante las visitas se les evaluarán los siguientes aspectos: Convivencia adecuada, limpieza del hogar, entorno adecuado y seguro para los niños y problemas que se hayan presentado. Pedimos sinceridad, sabemos que no habrá una familia perfecta, porque esta no existe, y la manera en que solucionen los problemas que se les presenten será importante para su formación como padres.

Harry asintió ligeramente temeroso.

—Por último, quiero felicitarlos —añadió con una sonrisa—, ya son padres.

Los cuatro funcionarios salieron de ahí y recibieron abrazos y felicitaciones de sus amigos reunidos. Después de algunos abrazos y consejos que intercambiaron, se separaron y cada uno de ellos se fue a casa. A final de cuentas, ahora tenían familias separadas.


Harry y Pansy.

Cuando se aparecieron en las afueras de la mansión Parkinson, Teddy ya los estaba esperando y corrió para alcanzarlos. William iba de la mano de Harry y sonrió al ver al niño con el cabello azul avanzar hacia ellos.

—Volvieron pronto —comentó el pequeño, mirando con curiosidad a la pequeña Eleonor, que dormía plácidamente en los brazos de Pansy.

—Así es —respondió Harry—, te dije que no iba a ser tardado. ¿Ya está listo todo?

Los ojos de Teddy brillaron emocionados y asintió satisfecho.

Los cinco avanzaron hacia la casa y se toparon con Andromeda apoyada en el marco de la puerta.

La mujer lanzón un pequeño grito de emoción y se acercó.

—Tenía mucho tiempo que no veía a los hijos de Astoria. ¿Cómo estás? —preguntó a William.

El aludido la miraba asombrado.

—¿No recuerdas a Andy? —preguntó Harry.

—Creo que sí.

Andromeda río.

—Es natural, tiene un par de años que visito a los Weasley. Me presento —añadió con una sonrisa—, soy Andromeda, pero puedes llamarme Andy.

El pequeño asintió y entraron a la casa.

Harry llevó a William a su habitación mientras Pansy acostaba a la niña en la suya.

—Bueno, campeón, esta será tu habitación. La de Teddy está al lado, y la mía al final del pasillo, así que ya sabes en dónde encontrarnos si nos necesitas.

—Sí, gracias, padrino.

—No hay nada que agradecer, te quiero como si fueras mi hijo, y esto lo hacemos por amor.

Le dio un abrazo y salió para darle tiempo de acostumbrarse. Se reunió con Pansy y Andromeda en la cocina, cuando entró, ya estaban conversando.

—… No lo sé —respondió Pansy—, no hemos hablado de ello.

—¿De qué no hemos hablado? —preguntó al entrar.

—De la educación de los niños.

—Irán a Hogwarts ¿No?

—No nos referíamos a eso, Harry —intervino Andromeda—, sino a la educación previa a Hogwarts. Entre las familias de sangre pura se ha adquirido la costumbre de contratar a brujas especializadas para que les enseñen lo necesario a sus hijos. Sabes que yo estoy enseñando a Teddy, pero no sé qué sería lo idóneo ante el Ministerio.

—Lo consultaremos con Theo, mientras tanto creo que lo mejor será que vayamos creando una dinámica familiar que incluya a los niños.

Ambas asintieron manifestando su acuerdo.

—¿Ya está lista la sorpresa que preparó Teddy? —preguntó cambiando de tema, al tiempo que se apoyaba en la isla de la cocina.

Una sonrisa de ternura iluminó el rostro de Andromeda.

—Sí, se esforzó mucho toda la mañana.

—Me alegra mucho, espero que esto sea el inicio de una linda amistad, ambos necesitan convivir con alguien más o menos de su edad.

Siguieron conversando de otros temas relacionados con los horarios que llevarían y la escuela de Pansy hasta que William hizo acto de presencia.

—Me alegra que hayas bajado, William —saludó Pansy—, ven, Teddy te preparó una sorpresa de bienvenida.

Los cuatro salieron rumbo al jardín, en donde vieron varias mantas llenas de libros y juguetes. Teddy estaba terminando de acomodar algunos tomos y al verlos se acercó, William lo miraba todo, asombrado y no puso resistencia cuando el pequeño Lupin lo tomó de la mano.

Harry y Pansy los observaban enternecidos.

—¿Qué significa su regalo? —le preguntó Pansy a Andromeda.

—Le está dando la bienvenida, esos son sus libros favoritos y algunos juguetes. Me dijo que eran para compartirlos con él.

—Sin duda ambos serán grandes amigos —declaró Harry.

Dejaron a los niños conociéndose y entraron para terminar de organizarse.

—Creo que Eleonor está llorando —Pansy subió para calmarla.

Poco después bajó con la pequeña en brazos, la miraba enternecida mientras le decía algunas frases, y Harry pudo apreciar una hermosa sonrisa, de esas que solo los niños pueden conseguir.

—Miren quién se despertó de su siesta —dijo al llegar a la cocina.

Harry se acercó, seguido de Andromeda, que había dejado lo que estaba haciendo para ver a la niña.

—¿Qué edad tiene? —preguntó ella.

—Siete meses, quedó huérfana tan pequeña —respondió Pansy con un suspiro.

—¿Crees que quiera comida? —se interesó Harry acercándose un poco más.

—No, creo que más bien quería compañía.

Dicho esto, Andy la tomó en brazos y la observó con detenimiento. El poco cabello que tenía, era rubio dorado, sus ojos eran azules, y alguna pecas resaltaban en su blanca naricita.

—Es idéntica a Astoria —comentó tras unos minutos—, estoy segura de que con ella los genes Greengrass le ganaron a los Weasley.

El gryffindor asintió y se alejó de ellas. Harry conocía la debilidad de Andromeda por los bebés, y seguro de que a este paso la comida no estaría lista; suspiró y continuó picando las verduras que la mediana de las Black había dejado a medias.

En efecto, ese día la comida la hizo Harry, y gracias a eso pudieron comer a tiempo.

—Definitivamente no eres un mal cocinero —alabó Pansy—, yo he aprendido a vivir de comida rápida y ensaladas en estos últimos años.

—El crédito es de Andy —respondió dejando la cuchara en el plato—, ella fue quien tuvo la paciencia para enseñarme a cocinar. Si quieres, estoy seguro de que hará lo mismo por ti.

—Definitivamente no, la cocina no es lo mío. Pero gracias por la oferta.

Durante el resto de la comida, escucharon a Teddy hablar sobre sus últimos logros con la escoba. Conversación que fue alargada por las preguntas y exclamaciones de William. Cuando terminaron, Pansy se ofreció para recoger los platos; aún no le había comentado a Andromeda la posibilidad de contratar elfos domésticos, temía que se sintiera herida por la sugerencia. Pero mientras lavaba todo lo que se había ocupado, se planteó muy seriamente hacerlo lo más pronto posible.

Sus pensamientos se vieron interrumpidos cuando Harry entró a la cocina. Había salido a asegurarse de dejar claras las reglas para jugar dentro de la casa, no querían accidentes ni nada que el departamento de asuntos familiares pudiese reprocharles.

—Pansy.

—Dime.

—¿Cómo haremos para convivir con los niños? Ambos tenemos actividades que nos ocupan todo el día, y si bien podemos dejarlos con Andy, no creo que sea algo que el departamento nos permita.

—Lo sé, pero lo único que se me ocurre es convivir con ellos en las comidas y dedicarles los fines de semana. Me parece que es lo que hacen la mayoría de los padres que trabajan.

—Tus padres…

Las facciones de Pansy se endurecieron.

—No, mi padre salía temprano a trabajar y volvía antes de la cena. Mi padre era una dama de sociedad y se la pasaba organizando fiestas y eventos de caridad con sus amigas —un suspiro se escapó de sus labios—, en realidad no había tiempo para mí.

—Lo siento —Harry se acercó y apoyó una mano sobre su hombro.

—No es nada —le restó importancia—, como te decía, creo que es la mejor opción. Podemos levantarlos un poco más temprano para desayunar juntos, además de que sería saludable, estoy segura de que eso le dará más tiempo a Andromeda para hacer lo que necesita.

—De acuerdo, tus clases empiezan a las ocho, y yo entro media hora más tarde. Podemos desayunar a las siete para llegar a tiempo.

—Bien, pasas por mí a la hora del almuerzo y llegamos juntos para cenar.

—Me parece genial, cuando no puedas salir a tiempo para el almuerzo, no te preocupes. Todos lo entenderemos, y puedo darte un par de horas más antes de la cena para que avances en tus trabajos.

La chica pelinegra le dio una sonrisa agradecida.

—Muchas gracias.

Dejaron que los niños jugasen el resto de la tarde en la habitación de Teddy, y ellos se reunieron en la sala con Andromeda y Eleonor. Los tres la observaban arrastrarse por la alfombra mientras decía cosas en su lenguaje.

—¿Así era Teddy a esta edad? —preguntó Pansy a Andromeda.

—Sí, aunque Teddy nunca reptó, ese pequeño gateó directamente —se llevó la taza de té a los labios sin despegar la vista de la hija de Astoria.

Pasaron un rato en silencio, simplemente observando a Eleonor y cuidando que no se acercara a la chimenea encendida.

—Mañana iremos de compras —informó Pansy—, estoy segura de que los niños necesitan ropa y algunos juguetes.

Harry asintió y entabló una conversación con Andromeda sobre los avances de Teddy en las lecciones que le estaba dando. Y Pansy se acomodó en la alfombra observando a la niña desplazarse, empezó a hacerle algunas figuras con la varita, estas se desvanecían cuando Eleonor las tocaba y le dejaban caer polvo dorado que la hacían reír.

No pasó mucho antes de que la pequeña Weasley bostezase y empezara a hacer sonidos pidiendo su cama. Harry se acercó y la levantó.

—Ven acá, pequeña traviesa.

Eleonor soltó un pequeño grito de emoción y se acomodó en los brazos del pelinegro.

—¿Debería de comer algo antes de dormir? —le preguntó el chico a Andromeda.

—Sí, prepara un biberón y dáselo, es poco probable que se despierte durante la noche, pero en caso de que lo haga, deberías de tener otro preparado.

Pansy asintió y salió para preparar los biberones, y mientras esperaban, Harry empezó a mecer a la pequeña. Su compañera no tardó en regresar y entregarle el frasco con leche, el gryffindor le agradeció con un asentimiento y empezó a alimentar a la bebé.

—No quiero subestimarlos, pero no pensé que supieran preparar un biberón. Si bien no es la gran cosa, también tiene su ciencia.

Harry empezó a caminar con Eleonor y respondió.

—Aprendimos en uno de los cursos, ¿verdad? —le preguntó a Pansy.

—Sí, no enseñaron a preparar biberones y papillas, a cambiar pañales, hacer eructar y enseñar a caminar.

Andromeda asintió satisfecha.

Harry se llevó a acostar a la bebé y bajó acompañado de Teddy y William. Solo entonces se dieron cuenta de que ya había pasado la hora de la cena.

—¡Cielos! —exclamó Andromeda—. No puedo creer lo rápido que pasó el tiempo, calentaré un poco de lo que sobró los días pasados.

Cenaron poco y se fueron a dormir. Al día siguiente era domingo, y era su último día antes de empezar la que se convertiría en su nueva rutina.


Draco y Hermione.

Cuando salieron del Ministerio, aún estaban molestos. Y aunque mantuvieron una conversación agradable con Athenea, no se dirigieron la palabra entre ellos.

Al llegar a la mansión, Hermione fue la encargada de ayudar a la niña a instalarse en su nueva habitación mientras Draco acostaba a Christine. La chica castaña ignoró el portazo que dio al entrar en la biblioteca y se enfocó en Athenea.

La hija de Ron era una verdadera belleza, su piel blanca contrastaba con el cabello rojo fuego, y los ojos azules, antaño felices, le dan una apariencia etérea.

—… Cualquier cosa que necesites, mi habitación está frente a la tuya y la Draco al final del pasillo —terminó con una sonrisa.

Athenea, que no hablaba mucho, le respondió con un simple asentimiento.

Ya un poco más calmada, se dirigió a la biblioteca de la casa. Draco estaba recostado, hojeando el periódico de ese día cuando ella entró.

—¿Se puede saber qué te ocurre, Malfoy? —preguntó de manera filosa.

Draco levantó la vista del periódico.

—Lo mismo podría preguntarte a ti, Granger —respondió de la misma forma—, a final de cuentas fuiste tú quien me gritó a mitad del Ministerio.

—Tú lo propiciaste —se defendió—, eres un patán inmaduro que no sabe convivir con nadie además de su ego.

—¡¿Yo?! —habló más fuerte—. ¡Definitivamente no soy yo quien se la vive metido entre libros todo el tiempo y rehúye la compañía!

—Oh no, tú no haces eso. Tú solo mantienes un trabajo que no necesitas, y lo usas como pretexto para huir de tus responsabilidades.

—¿Huir de mis responsabilidades?

—Sí, me dejaste sola, Draco —su voz ya no sonaba molesta, sino dolida—, dijiste que sería un nuevo comienzo, que me ayudarías. Y solo me abandonaste, cada vez que había que hacer algo relacionado con las niñas, me decías que lo tratara con tu secretaria, me dabas números de especialistas en decoración. Y yo lo único que quería era que tú te involucraras.

—Te ayudo dentro de mis posibilidades, tengo un trabajo que me consume tiempo y no puedo salir cada vez que a ti se te antoje comprar ropa o decorar una habitación.

Hermione se sentía furiosa, no podía creer que se mostrase tan poco cooperativo.

—Entonces no creo que sirvas para ser padre —dijo con amargura—, hablaré con los encargados del caso y con Theo. Si Astoria no aceptó ningún matrimonio sangre pura, estoy segura de que fue para evitar que sus hijos fueran abandonados.

Apenas las palabras salieron de su boca, el dolor se reflejó en los ojos de Draco y frunció el ceño.

—Creí que habíamos acordado una nueva oportunidad, pero ya veo que no, Granger.

Salió de la biblioteca y se desapareció en cuanto pudo.

Supo que había hecho mal al hablarle así y se reprochó mentalmente su incapacidad para quedarse callada. El llanto de Christine en el segundo piso le impidió seguirse reprochando lo que había hecho.

El resto del día lo pasó sola con las niñas. Cocinó algo rápido, y finalmente tomó polvos flú y se apareció acompañada de Christine y Athenea en la casa de los Nott.

—Hermione —saludó Luna en cuanto salió de la chimenea—, ¿cómo van en su primer día?

Antes de responder, motivó a Athenea para que saliera a jugar al jardín y dejó a Eleonor en la alfombra.

—Discutí con Draco.

—Sí —respondió sirviendo té—, los vi en el Ministerio.

—Cuando llegamos a casa volvimos a discutir, no creo que podamos lidiar con esto. Ninguno de los dos tiene idea de qué hacer o cómo cuidar niños, y yo quiero un estilo de vida que él no conoce.

No se dio cuentes de que estaba llorando hasta que Luna la abrazó.

—Ustedes hablaron de una segunda oportunidad, ¿recuerdas? Es normal que haya discusiones en la familia, lo importante es hablar después de discutir y arreglar el problema.

—¿Y cómo solucionamos nuestras personalidades?

Luna sonrió comprensiva.

—Aceptándolas, eso es todo lo que necesitan. Cuando Draco regrese a casa, habla con él de manera tranquila, pídanse disculpas y lleguen a un acuerdo.

—Gracias, Luna. ¿Harry y Pansy tienen problemas así?

—No, pero ellos les llevan ventaja. Viven con Andromeda y ella es la mediadora en su relación, además de que Harry ya crio Teddy.

Hermione sonrió amargamente.

—Ojalá hubiera podido estar con Harry para cuidar a los niños, no creo que tuviéramos estos problemas.

—No, no los tendrían, pero creo que es necesario que convivas con Draco. El Ministerio permitió que cuidaran a los niños como lo pidió Astoria basados en un perfil psicológico, estoy segura de que si terminaron juntos fue por algo.

—Eso espero.

Después de charlar otro rato, Hermione decidió que era momento de volver a casa. Se despidió de Luna y, ya más tranquila se apareció en la mansión.

Draco estaba sentado en un sillón frente a la chimenea con una copa de vino en la mano. Ninguno dijo nada.

—Athenea, ¿por qué no vas subiendo a tu habitación? Yo te alcanzaré después —dijo Hermione.

En cuanto escuchó el sonido de la puerta cerrándose, se sentó a un lado de Draco.

—Creo que tenemos que hablar.

El chico rubio asintió.

—Lamento haber dicho esas cosas, te aseguro que no pienso eso de ti.

Draco la volteó a ver finalmente.

—Yo también lamento haberme mostrado tan poco cooperativo, entiendo que ambos estamos metidos en esto y que debemos apoyarnos mutuamente. Y reconozco que yo empecé la discusión esta mañana, después de todo, tú solo querías hacer esto más fácil.

—Disculpa aceptada.

Se quedaron en un silencio cómodo, que fue roto por el llanto de Christine. Hermione hizo ademán de levantarse, pero Draco ya se encontraba de pie.

—Yo lo hago.

—Gracias.

Tomó a la pequeña con cuidado y salió de la habitación. Conforme iba avanzando, Hermione podía escucharlo susurrar palabras tranquilizadoras y sonrió.

Dejó que sus pensamientos vagaran un momento y decidió llamar a Harry. Ya había pasado la hora de la cena, y quería hablar con él.

Respondió el teléfono al tercer timbrazo.

—Hola, Hermione —saludó efusivo—, ¿cómo van con las pequeñas?

Titubeó un poco antes de responder.

—No vamos mal, la verdad es que son un amor.

—Genial.

No quiso perder el tiempo con más charla innecesaria, así que fue al grano.

—Harry, ¿qué harán tú y Pansy mañana?

—Iremos de compras, insiste en que los niños deben de elegir la ropa a su gusto y en que necesitamos cosas para la casa.

—Oh, ya —respondió desanimada.

—Permíteme tantito.

Escuchó una pequeña y rápida conversación del otro lado de la línea, y poco después habló Pansy.

—Hola, Hermione.

—Hola, Pansy.

—¿Quieren venir tú y Draco mañana con nosotros? Sirve que los niños conviven y nos ayudamos entre nosotros.

Sonrió satisfecha.

—Le preguntaré a Draco y le enviaré un mensaje a Harry con la respuesta.

—Bien, adiós.

—Adiós.

El teléfono regresó a manos de Harry.

—Bueno, ya está la respuesta. Espero tu mensaje.

—Adiós, Harry, hablamos al rato.

Cortó la comunicación y fue hacia la cocina. Ni ella ni Athenea habían cenado y ya sentía hambre.

Encendió la radio y sacó los ingredientes necesarios para hacer una pasta rápida. Mientras picaba un poco de albahaca, escuchó que la puerta se abría.

—¿Ya cenaste? —preguntó en cuanto entró Draco.

—No.

El chico rubio se sentó frente a la isla de la cocina y la observó cocinar.

—¿No te gustaría que contratara algunos elfos domésticos? Para que cocinen y todo eso.

—No, siempre me gusto que mi mamá se encargara de hacer estas cosas, siento que le da un toque diferente a las cosas. Y ahora quiero hacerlo yo.

Draco solo asintió.

—Hermione.

—Dime.

—Honestamente, ¿sabes cómo cuidar a las niñas? ¿Qué hacer con ellas?

—No, pero para eso tomamos los cursos y…

El slytherin la interrumpió.

—Yo tampoco tengo idea, pero creo que sería bueno hablar lo poco que sabemos y ponernos de acuerdo.

Hermione le dio la espalda mientras revisaba la cocción de la sopa y ponía a hervir la salsa.

—Me parece genial. Pero antes de que hables, quiero decirte una cosa —se volteó para verlo a los ojos—, Pansy y Harry nos invitan a ir de compras con ellos mañana, irán con los niños y creo que sería una buena oportunidad para intercambiar consejos entre nosotros.

Draco lo pensó un poco antes de responder.

—Está bien, diles que iremos.

La chica castaña sonrió satisfecha y terminó de cocinar.

—Bueno, la cena está servida —le pasó un plato con pasta—, ve por Athenea y asegúrate de que se lave las manos.

Mientras Draco iba por la niña, tomo el celular y le mandó un mensaje a Harry.

«Nos vemos mañana en el centro comercial. ¿A cuál van a ir? »

La respuesta llegó de inmediato.

«Londres, a un costado del parque de arces, estaremos ahí a las once»

Envió un mensaje agradeciéndole y mezclo rápidamente los ingredientes para una ensalada que llevó a la mesa. Poco después llegaron Draco y Athenea y comenzaron a cenar.

—Athenea —llamó Hermione.

La niña había estado jugando la pasta y apenas si la había probado.

—¿Sí?

—¿No tienes apetito, cariño?

La niña pelirroja miró con un poco de desagrado la comida.

—Sí.

—Entonces… ¿No te gustó la pasta?

Draco había dejado de comer y observaba la expresión de su ahijada en silencio.

—Sí, está rica.

Hermione ya no supo que más decir y empezó a comer con desánimo.

Cuando terminaron de cenar, el plato de Athenea estaba casi lleno.

—La pasta te quedó deliciosa, Hermione —alabó el rubio mientras se ponía de pie—, y ahora toca el postre.

Observó con atención a la niña, y sonrió satisfecho al ver su carita emocionada. Hermione estaba atónita, ella no había hecho ningún postre, pero Draco salió de la cocina con un pastel de chocolate.

—Lo compré camino a casa —aclaró a la gryffindor.

Ella asintió y cortó tres porciones del pastel.

—¿Christine no necesitará comida? —preguntó Draco.

—Espero que no, Luna le dio un biberón con leche antes de venirnos.

Draco asintió y le sonrió a Hermione al encontrar el plato de Athenea vacío.

—¿Quieres otro poco? —ofreció la chica castaña más animada.

—No gracias, creo que iré a dormir.

Se levantó y fue en dirección a su habitación.

—¿Por qué no comió? —preguntó finalmente Hermione—. Astoria siempre presumió de lo bien que comía su pequeña.

—Tal vez no le guste la pasta —sugirió el slytherin.

Hermione frunció el ceño.

—Estoy segura de que no es eso.

—No te alteres, Hermione —trató de tranquilizarla—, lo más seguro es que forme parte del proceso de adaptación.

Asintió no muy conforme y centró su atención en el pastel frente a ella.

—Sobre los elfos… Estuve pensando, y quizás estaría bien que contratásemos algunos una o dos veces a la semana para que hagan la limpieza.

—De acuerdo, iré a hacer el contrato el lunes por la mañana.

Terminaron el postre en silencio y Draco se ofreció a lavar los platos, así que Hermione subió y echó un vistazo al cuarto de su ahijada. Athenea estaba acostada abrazando un pequeño oso de peluche.

Hermione suspiró y cerró la puerta. Esto sería más difícil de lo que creía.

Ya a solas en su cuarto, tomo el teléfono y marcó un número. Luna contestó casi en cuanto entró la llamada.

—Hermione —saludó tranquila—. ¿Está todo bien?

—No, Luna.

La chica castaña se sentó en la cama.

—Cuéntame, ¿qué fue lo que ocurrió? ¿Arreglaste las cosas con Draco?

—Creo que sí, el problema es Athenea. Hice pasta para cenar, y apenas si la probó, casi no habla y me estoy preocupando.

—Es normal —fue todo lo que dijo su amiga—, se está adaptando. Digamos que apenas está asimilando la muerte de sus padres, hasta ahora se está sintiendo sola porque siempre tuvo a Will con ella. ¿Dices que apenas comió?

—Sí, aunque el postre lo devoró.

—Tiene seis años, los niños a esa edad no comen mucho, y menos si perdieron a sus padres.

—De acuerdo, gracias, Luna.

—No es nada. ¿Tienen planes para mañana?

—Iremos de compras con Harry y Pansy.

—Perfecto, cuando terminen, deja a las niñas con Harry y venga tú y Draco a vernos.

—Gracias, Luna. Nos vemos mañana.

Dejó el teléfono en la mesita de noche y se acostó, era su primer día como madre y se sentía exhausta.


Después de una mañana muy agitada, finalmente salieron con el tiempo justo para el centro comercial. A falta de una silla de bebés para el auto, Hermione viajó con Christine en brazos.

Reconoció el auto de Harry en cuanto llegaron. Se había estaciona frente al centro y estaban esperándolos. Pansy se bajó en cuando ellos estacionaron.

—Hola —la saludó asomándose por la ventanilla—, baja a las niñas, Andy ya nos está esperando adentro. Draco, sigue a Harry para estacionar el auto.

Hermione se encogió de hombros y la obedeció. Pansy la ayudó quitándole el cinturón a Athenea y se encaminaron hacia el auto de Harry.

—Hola, Hermione —saludó en cuanto la vio.

—Voy a llevarme a Eleonor —indicó Pansy.

—No te preocupes, ya la bajo yo. Nos vemos allá.

Ya que tenía las manos libres, Pansy tomó de la mano a Athenea y entraron juntas.

En cuanto vio el auto de Potter moverse, Draco arrancó el suyo y lo siguió. Entraron a un estacionamiento subterráneo y aparcaron lo más cerca posible. El slytherin bajó de su auto y fue hacia el de Harry, que estaba tardando mucho.

—¿A qué se debe la tardanza, Potter?

Harry estaba con la cabeza metida en los asientos traseros, y salió con Eleonor en brazos.

—A esto —La pequeña estaba dormida, y Harry la estaba acomodando.

—Ah.

Empezaron a caminar en silencio hacia las escaleras que llevaban al centro comercial.

—Escucha, Malfoy, sé que nosotros no nos llevamos bien ni nada por el estilo. Y sé que tu relación con Hermione ha sido bastante tensa, pero quiero que sepas que, si hay algo en lo que crees que puedo ayudar, puedes acudir a mí con toda confianza. Criar a un niño que no es tuyo es bastante difícil, y cuando no cuentas con ayuda puede ser un dolor de cabeza.

Draco se quedó quieto sin saber qué decir.

—Parece que no eres tan desagradable después de todo, Potter.

Harry solo sonrió.

—Vamos, Pansy me dijo que estarían en el carrusel.

En el centro de la plaza, había un enorme carrusel en el que ya estaban montados los niños más grandes. Pansy, Hermione y Andromeda los esperaban tras la valla de contención y los saludaban cada vez que pasaban.

Ambos chicos se acercaron.

—Oh —exclamó Pansy al percatarse de su presencia—, aquí están. Las chicas y yo estábamos comentando sobre todo lo que necesitamos. En cuanto los niños bajen, empezaremos el recorrido. Espero —se dirigió a Draco—, que hayas traído mucho dinero muggle, te hará falta.

Draco sonrió.

—Sí, pasamos al banco antes de venir, traemos una bolsa llena.

Harry reprimió una risa burlona y Pansy rodó los ojos.

—Por favor —dijo a Hermione—, dime que tú sí tienes una cuenta muggle normal.

—Sí, traigo las tarjetas de crédito y débito.

La chica pelinegra asintió satisfecha.

El carrusel dio un par de vueltas más antes de detenerse. Draco observó asombrado el cambio que se había efectuado en Athenea, tenía las mejillas sonrojadas y los ojos brillantes.

—Padrino —exclamó Teddy—, ¿podemos subir otra vez?

Harry sonrió.

—Por ahora no, pero si cuando terminamos nos da tiempo, pueden subir otra vez. Ahora, dale la mano a tu abuela.

Pansy tomó la mano de William y Draco la de Athenea, ya que Hermione tenía los brazos ocupados. Pansy parecía conocer muy bien el lugar, así que los guío a todos.

Hermione había aprovechado que estaba sola para caminar al lado de Harry.

—Harry, ¿te puedo pedir un favor?

—Claro.

—¿Puedes llevarte a las niñas después de las compras? Draco y yo iremos a ver a Theo y a Luna.

—Sí, me las llevaré con gusto.

Pasaron una mañana muy agitada, Pansy no les concedió ni un minuto de descanso mientras compraba ropa y accesorios para bebé, viendo que Draco y Hermione no tenían muchas ideas sobre qué comprar, decidió elegir por ellos también.

La dependienta que los había atendido, quedó sumamente satisfecha con las compras que hicieron, ya que además de ropa, salieron de ahí con cangureras, pañaleras, carriolas y portabebés. Compró además, diversos juguetes y una andadera para cuando aprendiera a caminar.

—Pansy —intervino Harry al ver la cantidad de cajas que se acumulaban para llevar.

—¿Sí?

—¿Cómo pretendes que llevemos todo esto?

—Oh, no te preocupes. Pedí que los enviaran a mi departamento.

El gryffindor asintió resignado y la siguió. Eleonor ya se había despertado, así que la acomodó para que pudiera ver todo a su alrededor.

De ahí los arrastró a una juguetería, donde cumplió prácticamente todos los caprichos de Teddy y William. Draco, al observar la felicidad de Athenea, siguió el ejemplo de su amiga y le permitió elegir todos los juguetes que quiso.

Poco antes de las tres de la tarde, decidió que era hora de comer, así que terminó de probarles ropa a William y Teddy y los llevó a un restaurante de comida rápida. A pesar de haber pedido que enviasen las cosas a su departamento, en la tienda de ropa terminaron con las manos llenas de bolsas que tuvieron que acomodar para comer.

—¿Qué van a pedir, chicos? —preguntó emocionada—. Hay pizza, hamburguesas y…

—Yo quiero pizza —interrumpió Teddy.

—Yo también —coincidió William.

—¿Y tú, Athenea? ¿Te gusta la pizza?

—No —respondió con desagrado la niña.

—¿Qué te gustaría comer? —Pansy usaba un tono de voz muy suave y cariñoso que dejó a Draco sorprendido.

—No lo sé.

—A ella le gusta el pollo —intervino William.

—Bien, entonces pueden ir a jugar mientras llega la comida —se puso de pie y guío a los niños hasta el área de juegos.

Cuando regresó, ya les habían traído dos sillas para bebé y les estaban tomando la orden.

—Andy, ¿qué vas a pedir? —preguntó Harry.

—Compartiré la pizza de los niños, no creo que se la acaben.

Asintió.

—¿Hermione?

—Creo que yo también comeré pizza.

—¿Draco?

—Una hamburguesa de pollo.

—¿Tú Pansy?

—Pídeme lo mismo que a Athenea, por favor.

—Señorita —se dirigió a la mesera—, entones sería una pizza hawaina grande, dos pechugas de pollo empanizadas con papas fritas, una hamburguesa de pollo y un filete rojo con guarnición —revisó la carta de nuevo, un poco indeciso—, también dos ordenes de papas fritas y jugo para todos. Ah, y si pudiera traerme un par de purés de papa se lo agradecería mucho.

La chica tomó nota y asintió.

—En seguida sale su comida.

—¿Para quién son los purés, Harry? —preguntó Hermione.

—Para Eleonor y Christine, no pretenderás que se queden sin comer.

—¿Eleonor se despierta por las noches?

—Sí, Andy dice que dentro de dos meses ya será poco probable que se despierte.

—¿Aplica lo mismo para Christine?

—Sí —intervino Andromeda—, entre los ocho meses y el año dejan de despertarse por las noches.

—¿Athenea duerme bien? —cuestionó Harry con el ceño fruncido.

—Creo que sí, no creo que se haya despertado anoche. ¿Por qué lo preguntas?

—William se despertó anoche, no sé si fue de una pesadilla o algo por el estilo, pero como a las tres de la mañana estaba en mi cuarto.

Pansy lo miró sorprendida y un poco molesta, pero no dijo nada.

—Bueno, ¿cómo les fue en su primer día con las niñas? —cambió de tema.

Draco y Hermione se voltearon a ver.

—No muy bien, Athenea casi no habla y anoche no comió.

—¿Qué cocinaste? —preguntó Andromeda.

—Pasta y ensalada, la verdad es que no me dio tiempo de hacer algo más.

—Quizá sea que no le gusta la pasta —sugirió.

—Lo mismo dije yo —intervino Draco—, pero creo recordar que Astoria dijo que no era quisquillosa para comer.

—Astoria no tenía elfos ¿O sí? —cuestionó Pansy.

—No, Ron dijo que Astoria se hacía cargo de todo —respondió Harry.

—Bueno, será cuestión de ver cómo come hoy —sugirió Pansy—. Y hablando de elfos —dirigió la mirada a Draco y Hermione—, ¿van a contratar algunos?

En ese momento llegaron los jugos que había pedido Harry.

—Sí, solo para la limpieza —le respondió Draco—. ¿Y ustedes?

—Andy, ¿te gustaría que contratásemos elfos? —Pansy decidió aprovechar su oportunidad.

—Me parece excelente la idea de Draco, contratar elfos para la limpieza, de la cocina me encargo yo.

La comida empezó a llegar en ese momento y Draco se ofreció para ir por los niños. Lucían muy felices, y comieron escuchando sus aventuras en los juegos donde habían estado.

Después de comer un helado como postre, terminaron las compras en el centro comercial y se separaron. Draco y Hermione fueron a reunirse con Luna y Theo, y Harry y Pansy se llevaron a los niños a su casa. En el camino, pasaron a un supermercado para que Andromeda comprara las cosas que necesitaría para la semana.

—Oh, mira, Harry —Pansy se acercó a él.

Estaba formado para pagar y la chica había curioseado un poco. En ese momento, se acercaba con varias revistas en las manos.

—¿Qué es todo esto?

—Revistas, tienen consejos de especialistas para cuidar a los hijos. Creo que nos serían útiles, añadió algunas de moda y de cocina al carrito, y volvió a desaparecer.

Una vez terminadas sus compras, fueron directamente a la casa, donde Teddy y William arrastraron a Athenea escaleras arriba para jugar.

Harry los observó con una sonrisa.

—Creo que lo único que le hace falta a Athenea es compañía de otros niños de su edad —le comentó a Pansy.

—¿Por qué?

—¿La viste hoy? No coincidía con lo que nos dijeron Malfoy y Hermione, ha de sentirse sola en esa casa.

—Hay que comentarlo con ellos, igual y hasta podríamos sugerirles que compren las revistas. Parece que serán útiles.


Bueno, eso es todo por este año. Es la última actualización del año, y quiero aprovechar para desearles felices fiestas, espero que lo pasen muy bien en compañía de sus seres queridos, y que el 2021 les traiga muchas bendiciones.

Fuera de eso, espero que les haya gustado el capítulo, y si lo hizo o no, háganmelo saber con un review. ¡Besos!