~ Aquel que mora apartado de los vivos, acostumbra siempre la compañía de aquello que no está vivo...~

Tras terminar su discurso el doctor se levantó de su asiento y sin decir más se marchó, dejando sola a la familia en su consultorio. A diferencia de otras ocasiones en que los había acompañado a la salida, esta vez, el doctor parecía ser una persona diferente; como si ahora no le importara en lo absoluto dejar a la familia en su despacho. Era algo que no dejó de parecerles extraño a los padres quienes solo intentaban superar su malestar, pero tenían muchas cosas que pensar. Sus memorias estaban envueltas en demasiado dolor y remordimiento, así que ignoraron completamente todo aquello y por su propia cuenta se levantaron y tomaron caminos separados.

Por su parte, el doctor se dirigió a su laboratorio; el mismo al que llevó a la pequeña Lucy en completo silencio, con una mirada fría y una mueca sin expresión alguna. Al llegar tomó su teléfono, marcó un número en él y tras unos segundos una voz suave y gentil pero muy bien conocida respondió.

—Doctor Senti, es raro que me llame directamente desde su extención privada. ¿En qué le puedo servir?

—Merie, voy a estar trabajando en mi laboratorio. Tomaré una ducha y dormiré un poco. Por favor toma mis llamadas, no quiero ser molestado por nadie.

—Claro doctor ¿Hay algo más en que lo pueda ayudar?

—Ah, sí... No creo que pase nada, pero si el chico Lincoln, el del incidente en el quirófano, se llegase a despertar avísame, es la única excepción.

—Claro doctor, seguiré su estado personalmente.

—Gracias Merie...—respondió el doctor mientras cortaba la llamada y miraba al techo colocando sus manos en su rostro.

—Maldición, creo que ya me está pasando factura el cansancio... Pero es que todo esto es tan jodidamente interesante que... No puedo dejar de pensar en ello... —exclamó en soledad el médico, mientras dejaba salir su ya clásica sonrisa tenebrosa al terminar su prosa.

—Veamos que dicen los resultados de esa chica emo —decía mientras revisaba la información que se cargaba en un ordenador, el cual a simple vista se podía notar que poseía un equipo especial de enfriamiento. Era un aparato tan grande, con tantos ventiladores y circuitos de enfriamiento tan delicado que solo podía ser de un ordenador con una potencia sorprendente.

—No me lo creo. Esta niña a recuperado un 20% de lípidos, hemoglobina y plaquetas. Su conteo de glóbulos rojos se ha elevado considerablemente, aun cuando tomamos todas las unidades de sangre adicionales directamente de ella. Este nivel de recuperación es sencillamente extraordinario.

El doctor guardó unos segundos de silencio, mientras terminaba de leer los resultados. Y entre el silencio espectral que se figuraba en el frío gélido de su laboratorio, se dejó escuchar una risa tan siniestra como perturbadora.

—¡JA, JA, JA, JA, JA, JA, JA, JA, JA, JA, JA, JA, JA, JA, JA, JA, JA, JA, JA, JA, JA, JA, JA, JA, JA! AAAAAAAAAAAAAAAAH ¡NO LO PUEDO CREER! ¡QUÉ MARAVILLOSO ES ESTAR VIVO! ¡LO SABÍA, FAMILIA LOUD, USTEDES SON SENCILLAMENTE MUY INTERESANTES COMO PARA DEJARLOS IR!... Bien, creo que por fin encontré lo que necesitaba para seguir con mi investigación. Si todo sale bien, incluso esos dos me darán las respuestas que tanto busco —exclamó el médico, quien recobraba la compostura de su ataque de risa y se sumía en su ordenador escribiendo como si se tratara de un concurso de velocidad en mecanografía. Los minutos se fueron volando, el tiempo no existía para su emoción. Su cansancio desapareció con cada palabra y valor que registraba. El brillo de su monitor, reflejado en sus anteojos, se convertía en un espejo blanco cargado de información.

El doctor Senti había sido hipnotizado por la información que estaba analizando y aun si le hubiesen llamado no se habría percatado de ruido alguno. No existía nada más que él mismo y su trabajo. Quizás, por ese motivo, tampoco pudo escuchar el sonido de su teléfono sonando sin cansancio durante todo un largo rato ni tampoco la puerta de su laboratorio abrirse.

Pero antes de eso, en pediatría, un poco después de colgar su primera llamada con su asistente, los dos únicos cuerpos solitarios que allí se encontraban seguían en reposo. La doncella oscura se mantenía dormida y la madre, sentada a su lado, acariciaba su negro cabello en silencio sin emitir palabra alguna, mirándole con unos ojos tristes. Fue entonces cuando una figura en uniforme blanco de enfermera, que habían visto antes pasar de reojo sin prestarle importancia alguna, entró al recinto.

—Hola, ¿Familia Loud?

—Sí... —respondió la madre, quien atentamente intentó levantarse de su asiento para saludarle.

—No hace falta que se levante, Señora Loud. Permítame presentarme, mi nombre es Merie Hellyes Endicot, soy la jefa de enfermería de este hospital y asistente del doctor Senti. Él me pidió personalmente que cuidara de ustedes. Le informo que el doctor ya nos hizo entrega de la documentación firmada para participar como candidatos oficiales del proyecto Father, así que a partir de ahora oficialmente son pacientes especiales en nuestra instalación y recibirán trato preferencial con todos los gastos médicos incluidos. Me tomé la molestia de desviar a todos los ingresos de pediatría a otra área, así tendrán más espacio y comodidad para sus dos hijos; aunque, de cualquier modo, no es que nos lleguen demasiados niños en este centro de especialidades, pero igualmente nos encargaremos de darles el mejor trato posible a todos ustedes. Adicionalmente, le pido le informe a su esposo que, si así lo desean, pueden ingresar a cualquier hora que quieran; siempre y cuando no sean más de dos visitas al mismo tiempo, para garantizar la mayor recuperación de sus hijos sin darle excesivos problemas al hospital —habló la mujer, mientras mostraba una expresión amable.

—Sí... Se lo agradezco enfermera... Yo le informaré a mi esposo —respondió la madre con un rostro que denotaba un poco de preocupación.

—Llámeme Merie. A diferencia del doctor Senti, no tengo problema con que me llamen por mi nombre o socializar con mis pacientes —respondió a su mueca con una sonrisa tan hermosa y gentil que la madre solo pudo sentirse avergonzada, mientras se sonrojaba un poco por tan linda expresión que le regalaba una chica que no conocía en absoluto, pero que no dejaba de transmitir una familiaridad muy tranquilizadora.

—Je, je, je, esta bien, Merie... Es un gusto igualmente. Yo me llamo Rita Loud, soy la madre de los dos, y gracias, de igual forma puedes llamarme solo por mi nombre.

—No hay de qué Rita, gracias a tí. Siempre es placentero conocer personas, pero bueno, me pondré a trabajar. Tengo instruido solamente hidratar y vitaminar a su hija y pasar un poco de antibióticos y medicación en caso de dolor... Mmmm no es gran cosa. Deje primero reviso el estado de su hijo, ya que él está recibiendo un tratamiento especial, ahora regreso con su hija.

—Sí Merie, gracias... —respondió la madre, mientras la enfermera entraba al cuarto aislado donde se encontraba el inerte cuerpo de Lincoln.

Tras unos minutos en silencio, la enfermera salió del cuarto aislado y se acercó a la niña, a la cual simplemente con una aguja médica inyectó unos pocos medicamentos a través de su catéter sin mediar palabras.

—Bueno Rita, estaré por aquí afuera. Si necesitan algo solo llámeme. Estaré pasando cada 30' minutos para revisar cómo evoluciona su hijo.

—Sí, gracias —dijo la madre, mientras veía como se marchaba la blanca y finamente planchada silueta con prendas de olor clínico.

—*Suspiro* Mamá... ¿Qué es eso del proyecto Father y por qué nos vuelve especiales?

—¡Aah! Qué susto me diste hija. Pensé que estabas dormida —exclamó la madre quien se tocó el pecho del susto.

—No, de hecho lo estaba. Desperté cuando tú y esa mujer comenzaron a charlar. ¿Qué era eso de lo que hablan? —dijo la chica oscura con su tono sombrío.

—Verás, sobre eso... No hay mucho que explicar, no tienes de qué preocuparte. Es algo que arreglamos tu padre y yo para que les dieran los mejores cuidados posibles, y eso también es algo de lo que no te tienes que preocupar. Somos sus padres y haremos lo mejor para ustedes hija. Lo único que importa ahora es que tú y tu hermano recibirán la mejor atención para que se puedan recuperar pronto- atendiendo a su pregunta, la madre dejó escapar una leve sonrisa fingida y una mirada nostálgica al piso. Era una emoción difícil de leer para la doncella, quien, pese a toda su anterior experiencia, esta mirada le era confusa. No entendía del todo por qué algo que parece ser tan bueno le producía ese semblante, pero en su mente se gestaba la sospecha de que sin duda era cosa de ese extraño doctor.

—Bueno... Está bien mamá, si no quieres decírmelo no tienes que hacerlo. Solo que... Han pasado tantas cosas y... ¿Tú entiendes, no?

—Sí, lo entiendo mejor que nadie, pero te lo repito, no tienes que preocuparte de cosas de adultos. Ya llegarás a ser madre y lo entenderás. Solo importa que ustedes dos se mejoren y créeme yo podría incluso dar mi vida por cualquiera de ustedes; así que no dejes que esto te moleste —exclamó Rita, mientras cambiaba su semblante por uno más gentil y amoroso acariciando su cabeza como una niña pequeña.

—Mamáá, ¡Sabes que no me gusta que me traten como una bebé! —respondió Lucy, mientras se sonrojaba por su gesto maternal. Ella misma se esforzaba en fingir tranquilidad en sus palabras, pero no dejaba de sentir una extraña sensación en su pecho que no terminaba de molestarle. Esa sensación tan incómoda que en ocasiones le atormentaba tanto.

—Ja, ja, ja. Ay, hija... Estás creciendo tan rápido... Tan pero tan rápido... Que antes de darme cuenta ya te estás convirtiendo en una mujer... —dijo la madre a su hija.

Ambas se miraron fijamente en silencio, pero la madre mostraba en su sonrisa algo que tenía guardado que aún no decía y eso fue lo que dejó a Lucy con mayores dudas.

El día continuó como si nada y la enfermera cumplió su palabra regresando puntual cada media hora durante todo el día sin que el doctor mismo apareciera.

Fue entonces cuando un monitor en el cuarto de aislados comenzó a sonar. Era un sonido diferente al que se había escuchado normalmente. No se escuchaba como el monitor que controlaba su pulso; era más como el ruido de una hoja de papel siendo rallada por un lápiz. La madre de familia se preocupó y salió de la habitación para llamar de inmediato a la enfermera.

—Merie... ¿Merie, estás ahí? —replicó la madre, quien la encontró sentada en un módulo al pie de la puerta.

—Sí Sra. Rita, ¿Qué sucede? ¿En qué la puedo ayudar? —respondió su llamado con dudas.

—Es mi hijo, Lincoln. Escucho mucho ruido en su habilitación a través de los vidrios.

—¿Lincoln? Eso es extraño. Acabo de revisar sus lecturas y todo está bien. Ahora voy —exclamó la enfermera, quien de inmediato se levantó y la acompañó hasta su habitación.

—¿Qué sucede mamá? —preguntó la pequeña niña gótica.

—No lo sé cariño, hay mucho ruido en el cuarto de tu hermano. Dejemos que la enfermera revise lo que sucede —respondió la madre con preocupación, mientras la enfermera entraba a revisar el equipo médico.

—Oh, esto no es posible... —exclamó la mujer, quien leía unos pedazos de papel que no se dejaban de imprimir de un aparato extraño conectado al chico.

—¿Qué pasa Merie? ¿Es algo malo? —preguntó angustiada la madre; quien, con las dos manos en pecho, frunció el ceño en señal de tristeza.

—Pues, no sé si decirlo... Bueno, mejor dicho no sé si deba decírselo... Pero creo que es algo bueno. Aunque primero me gustaría consultarlo con el doctor Senti.

—¿Qué quiere decir? ¿Qué pasa con Lincoln? ¿¡Mi hermano está bien!? —replicó desde el fondo la doncella oscura, quién parecía que su rostro se iluminaba con esas palabras.

—Bueno, podríamos decir que esto es bueno... Su hijo no presentaba actividad cerebral, estaba totalmente en coma todo este tiempo. Legalmente estaba en muerte cerebral y no teníamos previsto que recuperara su actividad cerebral, mucho menos tan pronto después del daño que debió haber recibido. En teoría, son buenas noticias porque nos dice que su cerebro ha recuperado su actividad, aunque... Bueno, ya les debieron haber explicado: no podemos garantizar que no haya un daño irreversible, pero estas son buenas noticias sin duda- dijo la enfermera mientras miraba su reloj y tomaba notas de los aparatos. Si me disculpan, tengo que hacer una llamada al doctor, ahora regreso.

—Sí, gracias Merie, no te preocupes, nosotras te esperaremos aquí.

La dulce sonrisa de la enfermera y sus comentarios tranquilizaron el corazón de las dos mujeres, pese a que no todo fueran buenas noticias, mientras esta se retiraba para informar a cierto doctor loco quien trabaja sin escuchar llamados.

El tiempo puede ser algo irónico a la realidad... Porque, al final, después de tan poco, todo pasa como tiene que pasar haciendo ver estúpida a la ficción cuando las cosas llegan sin avisar.

~ ¿No es así... Mi pequeño conejo blanco...? ~

~Cling~

—¿Ah? ¿Escuchaste eso mamá?

—¿Escuchar qué, cariño?

—Ese sonido... Ese sonido lo he escuchado antes ya.

—¿De qué hablas amor? No estoy entendiendo nada.

—*Suspiro* Ese sonido lo escuche cuando todo esto empezó... Cuando este infierno comenzó.

—No te estoy entendiendo nada cariño, comienzas a asustarme ¿De qué sonido hablas? Yo no escucho nada.

La doncella se levantó de su cama con cuidado y malestar para acercarse por primera vez al cubículo donde se encontraba postrado su hermano. Allí donde solo su mechón era visible, una sensación dentro de su corazón le gritaba que no lo hiciera, pero otra en su cabeza le susurraba que tenía que comprobarlo por ella misma. Aquel sonido, aquellas emociones mezcladas; tenía que ver el cuerpo y rostro de su hermano, después de todo, sin importar el dolor que esto le provoque; sólo así podría estar realmente tranquila.

Lentamente... Paso a paso... Se acercó hasta el lugar, mientras la madre intentaba detenerla inútilmente.

—Hija, no te fuerces demasiado, esto solo te hará daño.

—No mamá. Tengo que verlo. Tengo que estar segura. Tengo que ver el rostro de mi hermano... —El rostro de la madre se deformó en una mueca de malestar por las palabras de su hija. No pudo más que asistir, aceptar su súplica y ayudarle a llegar.

—Está bien hija. Vamos despacio.

Lentamente cada centímetro que avanzaban la acercaba más a la cama del albino, mientras iba creciendo esa sensación como un inmenso hueco en el pecho.

Fue entonces cuando lo vio; ahí postrado en cama, con todos esos aparatos en su cuerpo, vendajes y sangre en todos lados como una especie de momia.

—Lincoln... Hermano... —susurraban suavemente los labios que expresaban palabras sin pensar. Solo se podía ver su mirada a través del vidrio, mientras su pálida mano acariciaba el temple traslúcido que los mantenía separados.

—¿Ya estás bien hija? —preguntó la madre a oídos sordos, pues sus ojos solo se postraron en el rostro del albino calmo en sueño como si todo esto solo fuera una simple ilusión.

—Lincoln...

Lincoln...

Lincoln... Hermano...

Hermano mayor...

Lincoln... ¡Lincoln!...Despierta.

Lincoln... *Snif* Lincoln ¡LINCOLN! ¡LINCOLN! ¡DESPIERTA, NO ME ABANDONES! —los llamados tenues de la chica lentamente se habían convertido en gritos desgarradores en llanto. Su hermana se transformó, en poco tiempo, en una especie de alma en pena que golpeaba el vidrio que los separaba llena de dolor y angustia. Nuevamente la doncella había perdido el control. Ver a su único hermano así, a su querido hermano mayor, la razón de sus fantasías más oscuras y de sus motivos más perversos tirado ahí, como un muerto inerte, reabrieron la herida en su alma que apenas había comenzado a tratar de sana...

—¡NO ME DEJES SOLA, TE NECESITO!

Gritó fuerte y a todo pulmón la pequeña chica, llorando frente al cuerpo de su hermano.

~Cling~

...

...

...

—Nunca estarás sola Harriet, yo siempre te encontraré y estaré contigo sin importar donde estés...

—¡¿Ah?!

El silencio consumió todo ruido de la habitación. Aquel llanto y berrinche infantil, como el de un espectro errante, se había detenido en seco. Tan rápido como la figura alba pronunció palabra, la madre solo puso sus manos en su boca y la doncella sólo detuvo su voz y llanto por completo mientras permanecía paralizada. Aquel sonido audible provenía de aquella habilitación de cristal, no había ningún error. Era él, aquel caballero blanco, su conejo albo.

Había hablado y todo su pequeño público calló su voz, ignorando la incongruencia total de sus palabras y el evidente hecho de que eso no debería de haber pasado.

Y helo ahí, postrado en la cama, con todos esos aparatos pegados a su cuerpo, como sanguijuelas chupando su vida.

Lincoln había abierto sus ojos y dicho una oración completa. La madre y la hija no lo podían creer. Su hijo y hermano estaba ahora despierto y mirándoles postrado en su habilitación.

Aunque con unos ojos siniestros. Las escleróticas rojas de Lincoln no habían sanado en absoluto y su semblante pálido como la muerte hacían juego con su rostro sin emociones. Todo eso causaba una inquietante sensación que, para la madre, era indescriptible.

—Hola, mi pequeña princesa de la oscuridad... ¿Cuánto tiempo ha pasado? —exclamó el albino con sus ojos inquietantes clavados en la chica, quien apenas y podía pronunciar palabra alguna.

—¿Qui-qui-quién, eres tú? —exclamó Lucy con algo de miedo .

—Lincoln, hijo ¿Estás bien? ¿Cómo te sientes? El doctor dijo que tal vez no te levantarías.

—¿Ya no me recuerdas mi princesa? Eso realmente me lastima demasiado. Sabes, estuve luchando con la misma oscuridad que me engendró durante más tiempo del que me gustaría recordar. Solo para poder volver a estar aquí, junto a tí... —exclamó el chico, ignorando por completo las palabras de la madre rubia, con un tono de voz rasposo que sonaban palabras frías muy diferentes a las habituales.

—Lincoln, ¿De qué estás hablando hijo? No me ignores. Nos estás asustando, deja de bromear, eso no es gracioso —exclamó la madre, a quien le comenzaban a brillar sus ojos por ver esa terrible imagen frente suyo.

El rostro de Rita, al borde del mismo llanto por la felicidad y confusión de ver a su hijo hablando, era desmotivado por el rostro de la doncella oscura, quien mantenía un semblante pálido e inexpresivo.

El rostro de Lucy era indescriptible. Su cuerpo tembloroso por el esfuerzo había dejado de ser un problema; ella estaba completamente congelada viendo a su hermano mayor... Sí... Ella lo sabía... Su madre no lo podía entender, ¿Cómo podría? Su madre no había tenido aquellos sueños que ella tuvo... En su corazón, Lucy, temía que jamás hubiera despertado su querido hermano mayor y era esa sola idea la que le mantenía llorando en silencio. El solo pensar que su adorado guardián de brillante cabellera no fuera a regresar jamás con ella... Jamás volvería a cargarla... Jamás volvería a verle sonreír... Jamás volvería a sentir sus ojos sobre su cuerpo... El solo pensarlo fue el suficiente impulso que le hizo gritar su nombre tantas veces. Fue esa simple idea la fuerza que le impulsó a vender su misma sangre sin dudarlo a un loco enfermo que solo quería experimentar con ellos. Fue por esa idea que estaba dispuesta a todo...

~Todo fue por él...~

Lucy no lo sabía, ¿Cómo podría saberlo? ¿Cómo podría haber sabido que existen destinos peores que la misma muerte...? Un destino peor que no ver a su adorado hermano, no volver a decir su nombre. Un destino mucho peor que no poder volver a abrazarle o sentir el calor de todo ese inmenso amor que él siempre tenía por todas ellas... Lucy había aprendió por fin a aceptar su corazón. Al menos eso creyó. Siempre tuvo aquel sentimiento oculto en su corazón; si su hermano volvía con ella, podría arreglarlo. Que podría tan siquiera reparar un poco de todo este desastre que ella había comenzado aquel día que manchó su rostro con su semilla...

Pero su pobre y frágil alma, tan dulce y lastimada por el dolor, jamás pudo imaginar el destino que le deparaba en tan corto tiempo, orquestado por ese tintineante sonido de fondo que parecía augurar siempre solo desgracias y sufrimiento sin igual para con todo aquél que lo escuchara...

~Si... Es verdad Lucy Loud. Existen peores cosas que la muerte, mi pequeña doncella de la oscuridad... Y eso puede server a ese que tanto anhelas desaparecer, mientras otro usurpa el cuerpo de quien tanto deseas recuperar...~

Un escalofrío invadió el cuerpo de la doncella de la oscuridad... Ella lo podía sentir...

~ Así que dime doncella oscura, ¿Que harás?~

~ Cling~

Lucy había tratado de ser fuerte. Se había dicho a sí misma que llorar no solucionaría nada, pero nuevamente el destino la torturaba de la peor forma posible. No solamente con la posibilidad de quitarle a su querido hermano mayor,sino que trayendo a alguien diferente que usurpa su cuerpo justo frente a ella.

¿Es que acaso toda esperanza y fe habían sido en vano?

¿Qué diría su madre?

¿De qué manera podría la familia digerirlo si ya no le quedaban más fuerzas? Su mente no lo comprendía. Por más que ella trataba de entender, nada le daba respuestas.

Entonces, todos los libros de magia negra, vudú y hechicería; todo ese conocimiento de artes ocultas, que trataba como un juego en su vida, pasó frente a ella en ese instante como un flashback, y fue ahí que se dio cuenta de algo muy importante: ella era una chica que se había sumido a sí misma en la oscuridad por placer. Ella había jugado con fuerzas que no podía entender en aquel momento, y que ahora tenía que aprender de ello.

Sí. En ese momento inenarrable en su corazón; tras ver esa sonrisa y esos ojos rojos dibujados en el rostro de su hermano mayor; tras escuchar las súplicas de su madre y oír esa voz ronca hablar y pronunciar ese nombre familiar, su mente lo empezaba a deslumbrar y con ello sus claros y hermosos ojos azul celeste solo pudieron llorar lágrimas de sangre sin parar, como si fuera una perversa broma de un payaso cruel llamado destino... Ese destino estaba a punto de ponerse mucho peor, justo cuando, poco a poco, recordó de quién era ese nombre tan familiar.

—Harriet...

—Oh, mi princesa ¿Por fin me recuerdas? Me alegra que no haya pasado tanto tiempo. Temía que todos esos años en la oscuridad te habrían hecho olvidarme. Mi mayor temor fue nunca poder volverte a ver...

—...

—¿Qué pasa princesa? No seas tan cruel conmigo, te lo prometí. Se que estas molesta por dejarte sola todo este tiempo que pasó, pero no podía hacer nada. Realmente morí en ese momento por el arma sagrada de ese loco. Te juro que hice todo por regresar rápido de las garras de la muerte, pero son realmente fuertes y aterradoras, incluso para demonios como yo, el simple hecho de resucitar es ya un hecho bíblico...

Lucy guardó silencio mientras su madre se desmayaba a la mitad de las palabras de su hijo, cayendo de golpe en el piso. Todo eso fué demasiado para su corazón herido. Todo lo que estaba pasando era realmente incomprensible para la madre. Su hijo estaba sumamente lastimado y diciendo cosas muy extrañas, mientras sus huesos tronaban como si fueran trozos de madera. Pero Lucy se mantuvo firme. Su mente, que solo podía extrañar a su hermano, se empezó a llenar de rabia. Una rabia brutal de ver como "algo" más estaba lastimando el cuerpo de su querido hermano.

—¿Quién eres tú? Te haces llamar un demonio ¿Cierto? ¿Por qué estás en el cuerpo de mi hermano?

—¿Eh? ¿Pero qué te sucede Harriet? Oh, ya veo, este no es mi cuerpo... —dijomientras veía su reflejo pálido y sangrando en el cristal entendiendo que no era ese su cuerpo...

—Que extraño. No estoy seguro cómo terminé dentro de este frágil cuerpo. Estaba en la total oscuridad de la muerte y fue el sonido de un cascabel y tu voz, mi princesa, lo que me hizo seguirte y despertar aquí... Realmente luché durante más tiempo del que puedo recordar por no caer en el olvido, ya que es la única forma en la que nosotros morimos por completo. Siempre supe que mientras existieras tú habría esperanza de que nos reuniremos, pero por más que luchaba por encontrarte en el infinito espacio de la oscuridad eterna, jamás lograba nada. Solo tenía el dulce recuerdo de nuestros días juntos para mantenerme consciente, pero nunca antes había escuchado ese sonido o tu dulce voz de nuevo... Por eso me alegré mucho de que lo primero que viera al revivir fueras tú, mi amada... Estas tan bella como el primer día que te vi...

Las palabras de aquel ser que usaba la voz le Lincoln la perturbaban, pero con eso dicho parecía que todo comenzaba poco a poco tener sentido. Ella mejor que nadie lo sabía; su conexión especial con su bisabuela Harriet y lo mucho que ellas dos se parecían de jóvenes. Al menos, con esto en mente, se podía hacer una idea de por qué la confundía.

—Lamento decepcionarte demonio, pero yo no soy Harriet. Mi nombre es Lucy. Yo soy Lucy Loud y ese frágil cuerpo que usurpas es el de mi querido hermano mayor, Lincoln.

—Hahaha, que graciosa eres mi pequeña doncella. Yo se que no hablamos mucho antes de mi muerte, pero no era necesario ser tan cómica. —exclamó el demonio, mientras se reía un poco nervioso.

—No estoy jugando en absoluto. No sé quién seas ni me importa. Solo quiero que me regreses el cuerpo de mi hermano. ¡Mostruo! —La última palabra de Lucy hirió como una daga el alma de aquel demonio, quien esperaba el amor de su querida princesa y lo único que recibió fueron palabras de desprecio.

—¿Qué? ¿Estás hablando en serio Harriet? Yo realmente te extrañé. Fue el solo deseo de poder volverte a ver por lo que yo siempre luché... —exclamó aquel ser, mientras se veía nuevamente en el reflejo del cristal y vio cómo le miraba Lucy con gran odio y furia mientras veía sus propias manos ensangrentadas.

—Oh... Ya veo... No es una broma... ¿Cuánto tiempo ha pasado? Acaso tú eres... ¿Su hija?

—No lo sé demonio, pero Harriet era mi abuela y tiene mucho tiempo que murió. Diría que, como mínimo, desde que la dejaste sola, tiene más de cien años.

—No puede ser... Si Harriet murió... Entonces yo... Yo no pude volver con ella a tiempo... Yo no pude salvarla... Yo.. yo no pude estar con ella..

El rostro del demonio en el cuerpo Lincoln se deformó con intenso dolor, y de sus ojos brotaron lágrimas carmesí una tras otra... Lucy solo observó y escuchó con mucho cuidado y cautela todo lo que estaba pasando.

—Mi dulce princesa... Mi dulce niña especial de ojos celestes...

—Lo siento. De alguna manera te entiendo, pero era mejor que lo supieras rápido antes de que dieras más problemas... Así que, ahora, por favor cuéntame más antes de que ese doctor loco venga... ¡Necesito salvar a mi hermano! ¿Qué haces aquí? ¿Qué relación tenías tú y mi abuela? ¿Quién o qué eres? Y por favor dime... ¿Puedes hacer algo por mi hermano?

Lucy vio una oportunidad; algo a que aferrarse; una pequeña esperanza. Si él era un demonio invocado por su abuela quizás podrían hacer un trato. En su mente pasó la idea de vender su propia alma si era necesario. Todo lo que había aprendido y hecho antes podía servir de algo.

—Yo... Harriet y yo... Éramos cercanos... Oh eso creo... —contestó la figura mientras su mirada se perdía en el reflejo.

—¿A qué te refieres? Ustedes dos eran... ¿Amantes?

—No... Bueno... Yo la amaba mucho... Su bella sonrisa, sus hermosos ojos, desde el primer día que la vi...

—Vamos, cuéntame más.

—Sabes, tú y ella son realmente parecidas... Es como si pudiera verla de nuevo... No puedo evitar querer decírtelo todo... Hace mucho, mucho tiempo, tu abuela y yo nos conocimos en el frío bosque del norte. Donde los árboles de madera real crecían... Yo soy un demonio conejo. Tengo el poder especial de crear portales entre esta dimensión y la del mismo infierno. Los de mi clase sirven como constructores de túneles entre este mundo y el otro, pero rara vez podemos sobrevivir mucho tiempo. Somos cazados por otros demonios, e incluso ángeles. Nuestra presencia es un peligro para el balance entre los mundos, por eso somos cazados o esclavizados... Pero yo logré escapar de la oscuridad eterna del mismo infierno y me mantuve consciente, después de incluso mi propia muerte, solo para volver a verla... Ver esa hermosa chica humana que cambió mi mundo...

—¿A qué te refieres...? —interrumpió Lucy.

—Cuando aquel sonido en ese momento se escuchó, yo lo seguí con esperanzas de escapar y fue ahí cuando lo vi. Una luz muy a lo lejos... Una luz que me llevó exactamente donde estaba ella... Harriet... La niña de ojos tristes. Sabes, era igual a tí... En aquel momento pensé que fue su poder el que me había salvado del abismo, por eso no hice más que observar. Durante días y noches me limité sólo a verla andar, cuidándome de que no me pudiera ver... Harriet tenía un aura muy hermosa. Era una humana con un don especial; sus bellos ojos podían ver la verdad. A ella no le gustaba hablar con nadie por eso... Se recluía constantemente así misma por que nadie le podía mentir. Ella siempre podía saber solo con mirarlos cuales eran sus deseos. Espectros, apariciones, nada se podía salvar de esos bellos ojos azules ni siquiera yo... Durante mucho tiempo la seguí a todos lados donde fuera y lentamente me cautivó su sonrisa y su dulce fragilidad. Ella estaba tan sola, siempre rechazada por los suyos... Era tan parecida a mí... Ser odiada por los tuyos solo por ser capaz de hacer algo que los demás no podían, eran tan cruel. Harriet era tan hermosa y frágil... Un día, cuando por descuido me vio y me habló por primera vez, mi voz se congeló... No importó si solo me despreciaba. El que ella me hablara era más que suficiente para sentir una alegría que enmudecía mi voz. Jamás me había sentido así. A partir de ese momento la seguí siempre sin cuidar mucho de que me viera o no. Ella pensaba que no podía hablar. Era mejor de esa manera. El solo estar cerca suyo hacía temblar mis piernas. No podía evitar querer siempre protegerla. Tenía una fuerte necesidad de cumplir todos sus deseos. Por primera vez sentí el deseo de ser un esclavo, más fuerte que nunca. Yo, una raza de demonios cazada y esclavizada por otros demonios, una especie que odia la prisión y servir a otros, tenía por primera vez un deseo inimaginable de ser suyo... En aquel momento yo quería ser su fiel esclavo hasta el último de mis días, nunca el dulce olvido fue tan hermoso para mí como el vivir por y para ella...

Las palabras de aquel demonio enmudecían a Lucy. Ella podía sentir un recuerdo de nostalgia y empatía... Ese demonio y su abuela era muy similar a ella y Lincoln.

Esas últimas palabras le movían un fuerte sentimiento...

"Nunca el dulce olvido fue tan hermoso para mí como el vivir por y para ella"

Sí... El vivía para ellas. Todo el tiempo vivió por y para todas ellas como un fiel esclavo... Siempre ignorado, siempre menospreciado, siempre juzgado y nunca nadie a su lado.

Lucy lo entendía. El conejo era igual a Lincoln... Era un tonto mártir sin remedio... Y eso le dolía...

—Yo... Lo lamento... Por... Lo que dije antes... —dijo Lucy mientras veía su imagen triste a través del vidrio.

—No tienes nada que lamentar... ¿Lucy? Yo soy el intruso aquí. Lamento haber tomado el cuerpo de tu hermano. Si Harriet ya no existe más en este mundo, realmente no tiene caso para mí existir... Dejaré este cuerpo y me iré a morir en algún santuario para que no quede rastro de que alguna vez existí...

—¡NO! —respondió Lucy apurada—. No tienes que hacer eso. De hecho, creo que nos podemos ayudar mutuamente.

—¿A qué te refieres joven doncella?

—Mira, mi hermano está muy herido, de hecho apenas y sobrevivió. Su cuerpo está destrozado. Como podrás notar y según los médicos su cerebro murió, pero yo no he perdido la fe. Si tú puedes tomar ese cuerpo significa que debe de haber algún modo de rescatarlo, de traer su alma perdida como trajeron la tuya y devolverla a su cuerpo. Si tú me ayudas a traer a mi hermano de vuelta, yo te llevaré con mi abuela Harriet... —dijo Lucy mientras temblaba de pie pegada al vidrio.

Las palabras de la chica desconcertaron mucho aquel demonio, pero esos bellos ojos azules derramando sangre que le miraban no hacían más que traerle recuerdos dolorosos...

—Tus ojos... ¿Dices que me puedes llevar a ella? ¿A qué te refieres?

—Mi abuela y yo compartimos un lazo especial. Yo misma he hablado con su espíritu. Si tú puedes traer el alma de mi hermano y regresarla a su cuerpo yo misma te traeré el alma de mi abuela para que se reúnan nuevamente.

Las palabras de Lucy sorprendieron mucho al demonio y le dieron un poco de esperanza. Tal vez su amada había encontrado la forma de mantenerse en este plano para volverse a encontrar.

La sola ilusión de eso lo llenó de alegría, pero lo que la chica pedía era algo muy difícil y él lo sabía mejor que nadie.

—Sí... Acepto tu trato pequeña doncella de cabellos negros, pero tengo que decirte algo. Y quiero que lo sepas bien. Econtrar a tu hermano no será tarea fácil. Su alma no está aquí conmigo, en este cuerpo, y necesito salir de él para buscarlo, pero en el estado que está, sin un alma, es muy probable que este cuerpo se deteriore y perezca mucho antes de que siquiera me de tiempo de regresar.

Necesito un ancla a este mundo que me permita volver si es que la encuentro para traerlo aquí y también alguien que mantenga vivo este cuerpo mientras no estoy. Puedo ver a simple vista que tienes algo del don de tu abuela y tu cuerpo está en mejores condiciones que las de este chico, lo suficiente como para que se mantenga vivo por sí solo. Necesito que firmes un pacto demoníaco conmigo para poder volver a donde tú estés, mientras tanto él necesita que tomes mi lugar en este cuerpo para que tu alma y conciencia mantenga vivo este cascarón hueco. En este momento, mientras hablamos, mi espíritu demoníaco a logrado sanar el daño que hice mientras me movía, pero aún está muy herido; sufrirás un dolor inenarrable cuando tomes el control de este cascarón roto... ¿Estás dispuesta a soportarlo? Créeme que será algo que ningún humano normal podría resistir, será como el mismo infierno para tí —exclamó el demonio en tono serio y claro.

—¡Sí! Haré y soportaré lo que sea por Lincoln —respondió casi al instante la doncella oscura con una sonrisa dibujada en su rostro. Una sonrisa que, al verla el demonio, solo pudo sentir una ligera alegría y escalofrío en el lomo que le hizo meditar: Me preguntó si Harriet habría hecho lo mismo.

—Bien. Entonces ven aquí. Entra, hay que firmar un pacto... Tienes que beber un poco de la sangre que escurre por mi mejilla. Yo haré el resto y hay que darnos prisa, el tiempo transcurre diferente del otro lado y cada minuto que perdemos el alma de tu hermano se debe perder más en la inmensidad del purgatorio y si bebe o come cualquier cosa de ese mundo su alma quedará sellada en esa dimensión y no podré arrastrarla aquí de nuevo.

Lucy no necesitó más explicaciones y sin decir nada se dirigió tan rápido como pudo a su habitación recostándose a un lado de él en su camilla y se acercó a su rostro para darle un tierno beso en su mejilla por el cual lamió y bebió la sangre que escurría de sus ojos.

Tras eso, el demonio comenzó a hablar en lenguas inentendibles y dibujo con su mano el símbolo parecido a un reloj en su frente...

Al terminar solo exclamó:

Sedibus ut saltem placidis in morte quiescam...

Y al hacerlo Lucy se desmayó... Todo se volvió oscuro y cuando recobró la conciencia no pudo más que sentir un dolor tan indescriptible que el solo hecho de respirar era abrumadoramente desgarrador.

Lentamente abrió los ojos y pudo sentir el más horrible, cruel e inmenso dolor que ni en sus pesadillas más ruines se pudiera describir. Sus ojos apenas y podían divisar imagen alguna y su pecho se sentía como si tuviera un millar de navajas que se afilaban en sus pulmones con cada intento moribundo de respirar. Cada centímetro de su cuerpo se sentía roto y desgarrado. Un inmenso ardor en toda su piel y un dolor devastador de cabeza, que le hacía casi perder el conocimiento, la invadía. Quería gritar, quería llorar, quería poder de algún modo expresar el indescriptible dolor que sentía, pero su boca estaba muda, su aliento sordo, su cuerpo paralizado, solo podía permanecer ahí recostada en el cuerpo de su hermano... Sintiendo un dolor imposible de describir.

Así que este es el dolor de mi hermano.

Pensó entre delirio y alucinaciones. Un fugaz deseo por morir pasó por su cabeza, pero antes de siquiera concretar ese deseo se mordió la lengua para sentir aún más dolor...

Estúpida, no llegamos tan lejos para rendirnos ahora.

Pensó la doncella entre alucinaciones y dolor. El cuerpo de Lincoln no había sido sedado. La anestesia de la cirugía había pasado hacía tiempo. No se le había administrado más porque estaba en coma y no tenía ningún caso. Ella podía sentir todo en carne viva. Pudo experimentar el verdadero infierno mientras el conejo demoníaco hacía su parte del trato.

Habían pasado ya diez minutos desde que se había tomado su cuerpo y el demonio no volvía, pero no perdía la esperanza. La simple idea de poder volver y ser abrazada por ese cuerpo que le hacía sentir tanto dolor le daba fuerzas y paz suficiente para poder seguir.

El demonio por su parte se sumergió al Inframundo para buscar el alma del chico. Miles de millones de espíritus de personas y seres que han muerto y él tenía que encontrar la de un chico en especial.

El conejo corrió y corrió por todos lados buscando y buscando por más tiempo del que se puede calcular, atrapado en aquel plano donde él podría estar.

Buscó y buscó por todos lados pero no lo podía encontrar. El conejo demonio sabía que la niña no podría soportar demasiado tiempo en el mundo de los vivos. Sabía que el dolor que sentía le haría desear la misma muerte; se tenía que dar prisa antes de que aquel infierno corrompiera por completo su alma.

Fue entonces, cuando se estaba a punto de rendir, que lo escuchó nuevamente.

~Cling~

—Ese ruido...

Fue rápido y casi inaudible, pero fue él mismo, aquel que lo condujo a su amada desde el inframundo y el mismo que lo sacó de la muerte... Sea lo que sea eso que lo producía, era su única esperanza.

Siguió el origen del ruido tan rápido como pudo hasta dónde pensó que provenía. En aquel lugar había un escenario abstracto de muchos árboles lúgubres, era un limbo oscuro de tonalidades negras y blancas... Un lugar increíblemente solitario y muerto, nulo de todo sonido y color...

Sí, como su nombre lo decía era un limbo... Y uno especialmente cruel y tenebroso.

Allí se encontraba un alma blanca, atrapada, corriendo sin parar, perseguida por criaturas negras sin fondo que parecían querer devorarla. El conejo blanco miró con detenimiento aquel espíritu que parecía haber perdido su forma original y solo era una especie de espectro blanco corriendo de un lugar a otro... Entró al limbo, la miró de cerca... El espectro estaba reviviendo un ciclo sin fin de una búsqueda. Corría y corría de un lado a otro siguiendo a la única otra silueta blanca que existía ahí. Una que sí le era familiar al demonio conejo. Era la silueta de una niña de una muy cercana edad.

Sí. Esa silueta sin duda era la de su doncella...

—Harriet... O debería decir... Lucy ¿No es así, Lincoln?

La voz del conejo se pudo escuchar por todo el limbo caótico de luz y oscuridad; la única voz y sonido que aquella alma pudo escuchar durante más tiempo del que siquiera podía recordar... La silueta blanca se acercó al conejo mientras este le extendió su extremidad...

—Es hora de irnos Lincoln, tu hermana nos espera.

Esas palabras hicieron derramar lágrimas negras a la figura blanca unidimensional. Aquel rostro blanco sonrió, tomó la extensión de aquel conejo y al hacerlo desapareció como si lo hubiera absorbido mientras el limbo se derrumbaba por pedazos, dejando únicamente, al final, a la silueta blanca que recordaba a Lucy, la cual todo el tiempo estuvo persiguiendo el alma de Lincoln mirándole de lejos, extendiendo su mano.

—Lo siento, me encantaría poder quedarme a seguirte, pero este chico y yo tenemos que reunirnos contigo en la realidad.

Al decirle eso el conejo alzó su pata izquierda y se despidió de ella dejando a la silueta sola mientras está, al verle saltar sobre esa dimensión límbica muy a lo alto, solo dibujó una sonrisa y le devolvió el saludo al tiempo en que lo veía marchar...

~Está bien, está bien, después podemos tomar el té.~

El conejo corrió a prisa para volver; ya había pasado muchísimo tiempo, aún habiendo encontrado el alma del chico todavía tenía que regresar al mundo de los vivos y, pese a que los segundos de los vivos representan años en el gélido mundo de los muertos, realmente esa travesía había sido más larga de la que imaginó. Tenía que comunicarse con el alma de Lucy para así poder llegar con ella; solo deseaba que la chica hubiera sido lo suficientemente fuerte como para resistir ese infierno el tiempo necesario sin perder la conciencia.

—Lucy... Lucy... Lucy... Maldición, no responde. Necesito que ella me responda. Si no me puede escuchar tendremos que regresar a un lugar al azar del mundo y será demasiado tarde si no podemos llegar con ella —exclamó el conejo mientras se mordía una garra. De repente el alma de Lincoln se empezó a perturbar. El conejo notó que quería hacer algo y este lo dejó tomar el control de su espíritu adoptando su forma espiritual por un momento...

—¡LUCY, LO LAMENTO! ¡TE EXTRAÑÉ MÁS QUE A NADA EN ESTE INFIERNO! ¡NO QUIERO ALEJARME DE TÍ NUNCA... TE NECESITO!

El alma del chico gritó con todas sus fuerzas; tan fuerte que parecía desgarrar su garganta. El eco de su voz vibró por todos lados... Y del otro lado, la conciencia moribunda de la doncella la pudo escuchar...

Sí. En efecto, había pasado una eternidad, los segundos se sentían como horas por la agonía infinita de sentir tanto dolor... Pero escuchar nuevamente esa voz la hizo reaccionar.

—Lincoln, hermano ¿Eres tú? Lincoln, ven, regresa a mí; hermano, te extraño... —exclamó Lucy gastando todas sus fuerzas con la voz de su hermano haciendo que cada palabra le destruyera más y más el alma de tanto sufrimiento.

El conejo escuchó la voz de su contratista por medio del cuerpo moribundo de Lincoln y posicionándose sobre el sector de donde provenía preparó el salto.

—Bien Lincoln, es hora de volver con tu dulce hermana...

*Jump*

Y de un salto se escabulló por la dimensión de los muertos hacia el mundo de los vivos, sacando de una patada y de golpe el alma de Lucy del cuerpo de Lincoln; ambos, nuevamente, en el despojo moribundo que la gótica llamaba hermano.

—¡Aaaaaaaah! —gritó fuertemente Lucy cuando regresó a su propio cuerpo.

Todo ese dolor que sentía se detuvo de golpe y de un solo empujón, como si hubiera caído a un precipicio y hubiera despertado de un mal sueño junto al rostro de Lincoln mirándole con esos mismos ojos de antes, pero con una sonrisa calma y tranquila

—Bien, he cumplido con mi parte de el trato Lucy... Tu hermano está aquí conmigo, pero en estos momentos está demasiado débil en cuerpo y espíritu; así que está dormido dentro mio. Sin embargo, pudiste escuchar su voz gritando tu nombre ¿No es cierto? Este niño tiene más fuerza que ningún alma humana que haya conocido antes, excluyendo a Harriet. Se autocastigó él mismo durante tal vez millones de años y lo único en lo que pensó en todo ese tiempo fue en poder regresar contigo. Si hubiera flaqueado al menos un poco en todo ese tiempo y se hubiera rendido en su limbo, habría sido tragado por una fuerza peor que el mismo infierno, y creo que hubiera sido imposible regresar o siquiera encontrarlo.

Lucy escuchó muy cansada y feliz las cosas que le decía el conejo.

Su hermano había vuelto, y no solo eso, sino que fue el recuerdo de ella lo que lo hizo volver; fue únicamente ella y su nombre lo que su hermano buscó durante mucho tiempo, incluso después de la muerte. Fue ella a quien él quería. En el corazón de su hermano existía un lugar único y especial que sólo le pertenecía a ella y a nadie más, capaz de trascender la misma muerte.

Una alegría desbordante y una tranquilidad inmensa que jamás había sentido iluminó su bello rostro, el cual le sonrió gentil y dulcemente al conejo mientras le decía:

—Muchas gracias... De verdad muchas gracias, conejo... Estoy segura que mi abuela debió haberse enamorado perdidamente de tí en vida. Estoy segura, que le dará... Mucho... Gus...to... Ver...t...

Lucy cayó totalmente dormida sin poder terminar sus palabras. Su cuerpo, mente y espíritu estaban muy agotados. Había pasado por un calvario sin igual habiendo desgastado mucho su espíritu.

El conejo solo pudo sonreír levemente mientras cerraba sus ojos y se sonrojara un poco por las palabras que le dijo:

—He,he,he, no cabe duda, ustedes dos son demasiado parecidas... Bien, creo que tengo que darle un poco de tiempo, mientras tanto aprenderé un poco de este tiempo con los recuerdos de este chico. Aprovecharé para curarlo un poco más; este cuerpo está hecho trizas...

Tras eso, el conejo, cerró los ojos y durmió profundamente a lado de la doncella formando una especie de imagen enternecedora de una pareja.

Mientras tanto, la enfermera Merie no podía contactar al doctor, no respondía a sus llamadas ni los mensajes de texto. Ella sabía bien que esto era algo importante que él necesitaba saber y que solamente ellos debían de atender. Ya había escuchado a lo lejos algunos gritos provenientes de donde estaban la familia Loud; se tenía que dar prisa, ya que con ellos todo era impredecible...

—Tengo que hacer algo para hacerlo salir de ahí. Sé que no debería, pero tendré que usar la llave que él me dio en casos de emergencias —dijo la enfermera mientras se preguntaba si era lo correcto. Pese a que el doctor le pidió que no lo molestara, esto era un dato importante que, estaba segura, le interesaría saber.

Así que, llenándose de valor y tomando un impulso de aire, se dispuso a abrir la puerta del laboratorio y, una vez dentro, pudo divisar al doctor sentado escribiendo en su computadora sin reacción alguna a su entrada.

—Doctor Senti... —exclamó la enfermera con algo de miedo. No era habitual que el médico se molestara, pero si algo le ocasionaba mucha cólera era ser interrumpido mientras trabajaba en sus proyectos importantes y, aunque ellos eran bastante cercanos, nada le garantizaba que no reaccionara de mala manera.

—Disculpe, doctor, tengo noticias importantes del chico Loud... —exclamó mientras veía atentamente su reacción. Pero el doctor no respondió de ninguna manera. La enfermera, entonces, se acercó despacio hacia donde estaba sentado lentamente sin ser demasiado ruidosa hasta que por fin quedó justo a un lado de él...

Pero al mirarle notó algo extraño.

El doctor estaba completamente dormido.

El brillo del monitor reflejado en sus lentes no le habían permitido verlo antes. El doctor Sentí estaba completamente dormido mientras, sorprendentemente, seguía escribiendo un reporte en su ordenador. Era como si su mente siguiese trabajando incluso después de ceder al sueño...

Cuán sorprendente puede llegar a ser este hombre —pensó la enfermera mientras le veía con mucha dulzura.

—Pss... Doctor Senti... —susurró la empleada dulcemente cerca del oído mientras rozaba su hombro. Pero no recibió respuesta—. Debe estar realmente muy cansado —pensó...

Así que, se dispuso a sentarse en el piso mientras reposaba su rostro y manos en su regazo mientras le acariciaba.

—Doctor Senti... Doctor... Frank... Primo... Es hora de ir a la escuela...

En la memoria inconsciente del doctor dormido resonó la voz de aquella chica postrada en su regazo...

—Doctor Sentí...

...

...

—Frank...

...

—Primo...

Aquella voz tenue y gentil lo transportaba a sus sueños, aliviando su mente llena de locura; recordando, un momento atrás en el tiempo, como si fuera algo muy parecido a un sueño lúcido Uno muy lejano donde esa misma voz familiar le llamaba nuevamente...

—Frank... Fraaank... ¡Primo!, de nuevo te fuiste sin mí, humm... Siempre me haces lo mismo. Ya hace más de seis meses que vivimos juntos y ni siquiera una sola vez me has dejado acompañarte a la escuela... Eso es muy cruel de tu parte, actúas como si no nos conociéramos siempre que sales de casa...

—Umm, Merie, ya te lo he dicho antes, no me interesa socializar contigo. El hecho de que vivamos en la misma casa con la hermana de mi madre no me vuelve tu hermano ni tampoco me obliga a estar pegado a tí todo el tiempo. Ya es mucho lo que soporto ahí contigo y la tía Mery.

—¡Buuu.. buuuuuu... Qué aburrido eres Fraaank! —respondió la rubia mientras hacía un puchero inflando sus mejillas—. Mamá solo... Está preocupada por tí, sabes... Y yo también... Desde lo del accidente... Nosotras... —exclamó mirándole a continuación con un rostro triste, el cual continuó su prosa—. Frank... Sabes... Realmente me preocupas mucho... De verdad te quiero... Primo...

Esas palabras siguieron sonando en la memoria de aquel antiguo recuerdo somnoliento. La memoria de aquel hombre era perfecta, pero era esa tortuosa perfección la que más le lastimaba, porque, en su negro corazón, eran precisamente esas palabras las que, simplemente, más deseaba olvidar. Todo ese rencor era tan fuerte que le permitía despertar...

—¿Hum? ¿Merie? ¿Qué haces ahí? —preguntó el doctor confundido mientras despertaba de su pesadilla—. Sabes que si alguien nos ve así podría pensar alguna tontería —exclamó el doctor, quien comenzaba a despertar, mientras tenía a la chica en su regazo; a lo cual, la chica solo le miró con unos ojos simples y algo dulces.

—Nadie... Nadie, en todo este hospital, tiene el valor de entrar a este lugar, para empezar... Además, hacía mucho tiempo que no te veía dormir, Frank...

—Merie... Ya te dije que aquí, en el trabajo, soy el doctor Senti, para tí y para todos. No me hables como si fuéramos tan cercanos, la gente podría comenzar a sospechar algo... —exclamó el doctor, quien desvió su mirada de la chica que le miraba desde el suelo fijamente, manteniendo su rostro dulce con una aparente inocencia desconcertante.

—Aquí y en todos lados siempre eres el doctor Senti. Frank... Como si a alguien le importara lo que hacemos —respondió la enfermera, quien torció sus labios un poco para seguir hablando—.Tú mismo te has encargado de que a nadie le importes ni tú ni nadie a tu alrededor...

—Esas son solo tonterías, Merie. Si solo venías a pretender regañarme mejor lárgate de aquí y déjame seguir trabajando; además, creí haberte pedido cuidar a esos dos críos de la familia concursante de mi investigación... —exclamó el doctor con voz fría y cortante.

—Solo tonterías, ¿Eh?... —respondió la enfermera en su mismo lugar, quien agachó la mirada por unos segundos y tomando un fuerte aire volvió a mirarle y respondió como si aquella conversación jamás hubiera pasado, regresando a su expresionismo habitual, sencilla y amable.

—Sí, la familia Loud. De hecho, por eso vine doctor Senti, ya que no respondía el teléfono. El electroencefalograma comenzó a mandar lecturas; de algún modo su cerebro está retomando su actividad después de mandar lecturas muertas. ¿Hizo usted algo para esperar ese resultado?

La noticia de Merie era estupenda. Todo iba conforme a sus sospechas. Su perversa sonrisa no se hizo esperar mientras miraba al vacío, sin percatarse de la terrible tristeza que sus gestos producían en la chica postrada ante él.

—"¿Cuándo volverás a sonreír como antes..." —susurró la enfermera con su voz más baja posible...

—¿Dijiste algo Merie?

—Nada doctor. Me daré prisa en volver, me pareció escuchar un escándalo antes de llegar aquí, a su laboratorio. Ya cumplí su orden de informarle todo lo relacionado con es dos, así que me retiro... —dijo con total profesionalismo mientras se levantaba del suelo, pero el doctor, por un segundo, lo pudo ver de reojo; logró notar cómo su rostro se había descompuesto por una fracción de segundo mientras esta daba la vuelta y apartaba su mirada. Era un leve brillo húmedo que intentaba salir de la pequeña línea de su pestaña.

—¡Merie! —gritó mientras la tomaba del hombro antes de retirarse y girar su cuerpo para poder ver su rostro, el cual estaba limpio y pulcro sin señal alguna de sus sospechas.

—¿Pasa algo doctor Senti?

—No... No es nada... Vamos a ver que sucede con esos dos, te acompaño.

—Como usted desee doctor Senti —respondió mientras exponía una sonrisa muy particular en aquel momento .

Ambos se dispusieron a ir hacia donde se encontraban los niños mientras caminaban en unísono, uno al lado del otro.

La escena que se encontraron dentro del área de pediatría era:a la madre de familia desplomada en el piso y una escena casi romántica de dos chicos abrazados como pareja inconscientes.

—Esto... Es... —dijo tomando largas pausas la enfermera, quien parecía poner una cara deprimente al notar esas dos figuras y la expresión de sus rostros en aquella posición.

El doctor solo miró la reacción de la enfermera y en un silencio inexpresivo se acercó a la madre para revisarla, unos segundos después y haciendo gala de una fuerza desconocida hasta el momento, la levantó con sencillez y la puso en una silla que encontró cerca.

—Ella está bien, solo tiene un chichón en la cabeza. Programa una radiografía para descartar fisura y suministra dosis para 36hs de sulindac o diclofenac o lo que tengan en la farmacia, cárgalo dentro del programa y firma la receta por mí; después de todo, también eres médico.

Merie solo asintió con su mirada baja y se marchó sin mediar palabras.

El médico se acercó a la pareja durmiente y, limpiando sus manos con un gel antes de entrar al aislado, ingresó y se dispuso a observar la extraña escena e historial de los monitores.

—Ya veo —exclamó suavemente-. Así que, después de todo, lo lograste niño. Sabes, tú definitivamente eres el protagonista de este mundo ¿Verdad...? —exclamó pausadamente mientras meditaba todo lo que pasaba.

—Decidido...

Tras eso, el doctor regresó rápidamente a su laboratorio, donde, por primera vez en mucho tiempo, se dirigió al fondo de esté. Una vez ahí se podía ver una puerta de acero a la cual jamás nadie había entrado; tecleó unos números a un costado de la puerta y tras ello entró al cuarto, cuya temperatura era muy baja.

Una luz blanca y tenue iluminaba el lugar, y un molesto ruido de fondo, como el motor de un refrigerador industrial, cantaba su escena caricaturesca. En ese instante introdujo su mano en un hueco en la pared plana y lisa como un azulejo de baño, sacando de ese sitio una pequeña cámara humeante y cilíndrica, la cual miró por unos segundos:

—Bien... Es ahora o tal vez nunca... —exclamó a toda prisa, mientras se marchaba con aquel cilindro de regreso a la habitación de la familia.

Una vez de regreso con los niños, el médico, desarmó aquel extraño frasco que portaba dentro una ampolla, tomó una jeringa y cargó su contenido en ella poniendo el filo de la aguja en el yugular del albino.

—Hace más tiempo del que me gusta recordar no he pedido perdón por algo niño... Pero quiero que sepas que de verdad lo siento —dijo mientras clavaba la aguja en su cuello, haciendo presión y contaminándolo con el contenido de aquella sustancia dentro de su cuerpo.

Al terminar, guardó la jeringa en su bolsillo y escondió en la basura el pequeño cilindro, tomo a la gótica en brazos y la recostó en su propia cama dejando a Lincoln sólo en su recamara, tomando así asiento en una silla cercana con la mirada pensativa, mientras esperaba a que regresarán por la madre inconsciente.

Tras pocos minutos regresó Merie, quien venía acompañada por personal de camillería quienes le ayudaron con la madre dormida a recostarse en una cama para llevarla rápidamente a hacer los exámenes ordenados por el doctor Sentí.

En ese momento la enfermera no pudo evitar notar que algo había pasado mientras no estaba; no existía nadie quien entendiera mejor al doctor que ella, sin mencionar que su expresión está vez era una que no había visto en mucho tiempo.

—¿Está usted bien, doctor? —preguntó la enfermera, quien desde hacía un buen rato mantenía una mirada algo caída.

—Estoy bien Merie... Todo está bien... Creo que en mucho tiempo jamás he estado mejor —respondió a su pregunta con una sonrisa gentil. Una increíble y cautivadora sonrisa dulce y cálida, llena de paz, como jamás pensó Merie ver en él...

La enfermera sintió como si una ola de calor la inundara y envolviera de brillo...

—D-d-doctor... Sentí... Pero... ¿Qué le pasó?

—¿Pasarme? A mí realmente no me ha pasado nada... Creo que simplemente me estoy volviendo un poco más estúpido... —respondió el doctor mientras levantaba unaceja y le miraba directamente con su tranquila sonrisa tan diferente al tiempo en que cruzaba sus piernas, continuando con su charla—. Sabes Merie, estos dos... De cierta manera me recuerdan a nosotros de niños...

Las palabras del doctor hicieron que la enfermera dejará caer los documentos y medicinas que tenía en sus manos al suelo para ponerlas en su boca.

—Digo, sabes... El chico tal vez ni siquiera sobreviva, literalmente murió y regresó de la muerte, pero esta niña de aquí... —dijo mientras miraba la camilla de Lucy—. Realmente dejó que experimentara tanto como quisiera sólo por la esperanza vacía de salvar a su hermano. Es bastante ingenua como tú Merie... Y aquel chico de allá, totalmente incapaz de responder al llamado de su hermana y sus súplicas, ignorando todo su dolor, no es muy diferente a lo que yo fui. ¿No lo crees? La escena de hace rato te lo recordó ¿verdad...? Fue por unos instantes pero lo pude ver... Te dolió ¿no es cierto?

—Frank... Yo... —respondió la enfermera quien empezó a llorar ahí mismo...

—Merie... Lo lamento... Realmente no quería arrastrarte aquí conmigo, de verdad; realmente tú, entre todas las personas, eras la única que no quería que me vieras así y pudieras ser felíz... PERO AL FINAL DE TODAS LAS HISTORIA... Siempre hay un nuevo comienzo; incluso después de "eso" jamás me abandonaste. Usaste cualquier pretexto pasa seguirme, insistente, constante, obsesiva, insana... Y henos aquí... Casi veinte años después, perdiendo nuestras vidas en cosas que tal vez nunca logren pasar, con el único consuelo de que "salvamos vidas." —exclamó mientras se quitaba sus lentes, dejando ver sus ojos grises como las nubes de tormenta, viéndole directamente a los ojos de Merie, prosiguiendo con sus palabras-. Cuando ella murió, sentí como mis emociones y corazón morían con ella...

—*Snif* ¡Frank, Fraank, Yo aún... Yo de verdad lo siento por..! —exclamó agitada y sollozando en completo llanto mientras el doctor la interrumpía rápidamente sin dejarla terminar.

—No, Merie. No hay absolutamente nada que lamentar. Las cosas tenían que ser así... Tú no tienes culpa de que eso pasara; eso tenía que pasar así. Ese era nuestro castigo. Esa era nuestra penitencia por romper el tabú más odiado. El más asqueroso de los crímenes humanos odiado por su Dios. Puedo apostar que incluso aún guardas ese estúpido rosario que te regalé en tu pecho. Siempre haz sido esa clase de bella persona. Jejeje... Por más que pasa el tiempo, a veces, siento que todo en cualquier momento acabará. Como si sólo fuera un mal sueño del que necesito despertar, pero sé bien que no pasará... Esta es la maldita realidad; la misma puñetera realidad de mierda que me prohíbe ser feliz y la misma que tanto detesto, como detesto a su Dios —Los ojos del doctor se tornan rojizos, su ceño se fruncía y expresaba, por primera vez ante los ojos de Merie, un dolor que ella pensaba que ya no existía en su pecho, haciendo que su corazón se estremeciera y le faltase el aire...

—Me gusta imaginar un mundo donde podemos tomarnos de la mano, libremente. Uno donde no necesitaba estudiar medicina... Uno donde tú pudieras ser la maestra de preescolar que querías ser... Uno donde nuestro estúpido padre no hubiera sido un infeliz bastardo... Uno donde yo te pudiera haber dicho libremente...

~Clink~

~-Te amo-~

—Frank... *Snif* Franky... —La enfermera se abalanzó en lágrimas sobre él abrazándole fuertemente de su cuello, hincándose en el piso nuevamente desde donde él estaba en su silla.

—Hace mucho tiempo que no me llamabas así, Meri- Mey... —dijo mientras ponía su mano en su cabello.

—Pero, nuestro tiempo ya pasó... Ahora es tiempo de esos dos... Lo sabes, ¿Verdad...? Es tiempo de dejar de pagar penitencia y vengarnos con el estúpido, estúpido mundo que nos prohibió estar juntos. Perdón por todo lo que te hice pasar... Dime... ¿Estás dispuesta a quedarte un poco más a mi lado para darle fin a esta historia? —El doctor levantó gentilmente con los dedos su mentón y mejilla mientras esté le miraba. Y su rostro, que en un principio solo mostraba expresiones frías y aterradoras, ahora tenía una expresión dulce y gentil, la cual dejó salir una débil lágrima que apenas pudo llegar a su pómulo.

—Por tí daría mi vida y viviría por siempre... —respondió rápidamente mientras esta se arrojaba sobre él y besaba apasionadamente sus labios en un beso que se consumía en llanto—... Yo... Esperé toda mi vida ,Franky, desde aquel día, por poder escucharte decir eso... Yo siempre, ¡Siempre te he amado!

—Y yo a tí, mi hermoso pecado... Todo estos años no han sido más que un estúpido intento de superarte... Pero... Estos críos... Estos estúpidos niños y esa extraña sensación de soledad y ruido que escuche en el quirófano me han hecho decidirme de una vez por todas... Es hora de poner en marcha el proyecto Fathers...

—Franky...

—Es verdad... Jamás les dije el verdadero objetivo de mis experimentos ni a ti y ni a los demás inversionistas. A todos les dije que se trata de descubrir una cura contra el cáncer con aplicaciones que incluyen mejorar el desempeño biológico del cuerpo. Esos idiotas escucharon cosas como semi-inmortalidad y me dieron fondos casi ilimitados para hacer lo que quiera. Todos estos años estudiando y aprendiendo; ganando esos estúpidos premios nobels para ganar la máxima credibilidad posible fueron solo para este momento;, el momento en que reescribiría las reglas morales de este mundo.

—¿Qué quieres decir. Franky?

—Quiero decir que, empezando con estos niños, cobraré venganza con este estúpido mundo que nos robo lo que más queríamos. Pero de momento todo lo que se podía hacer ya está hecho...

—Frank... Acaso tú no habrás...

—Sí, efectivamente Mey... En mi bolsillo está la respuesta a esta adivinanza, una que solo tú puedes responder, fruto de todos estos años de trabajo.

Ambos se miraron fijamente y, en último momento, se volvieron a besar y con ello sellaron su pacto... Uno que solo tenía como testigos los cuerpos bicolor de dos críos dormidos que, por una fracción de segundos, sin darse cuenta, fueron testigos de un crimen igual al que sus corazones ya anhelaban cumplir, mientras en el silencio aquel cascabel intruso sonaba nuevamente su tenue sonido incapaz de ser oído...

~Clink~

Es irónica la forma en que los destinos son escritos... El comienzo de algunos es el final de otros y, en algunos extraños casos, el camino de otros se convierte en el rumbo de uno, donde incluso la muerte y la vida dan paso a mundos distintos...

~ Donde incluso la muerte puede morir~

—Merie, tenemos que detenernos... Al menos por ahora... Hay que avisar a la familia lo ocurrido con la madre y las buenas noticias. Daremos de alta hoy mismo a esta chica con instrucciones de su cuidado. Hay mucho que hacer.

Merie miró con un poco de vergüenza al Doctor quien, sonrojada, aceptó el pedido del hombre que la besó tan cálidamente...

—Sí, Frank.. Digo... Quiero decir... Doctor Senti. Prepararé todo...

La enfermera se levantó de las piernas del doctor y, con una sonrisa coqueta, se despidió tomando camino a las oficinas y archivos del hospital para llamar a los familiares con los número de emergencias que se dejan en la documentación de registro...

*Ring* Ring* Ring*

—Hola, ¿Sr Lynn Loud?

—Sí, para servirle... —contestó el padre de familia, quien estaba en medio de la cocina preparando lasaña con el resto de sus hijas.

—Hola, soy la enfermera Merie. Llamo del hospital para avisar de un incidente ocurrido con su esposa, quien al parecer se desmayó. Si bien no tiene que preocuparse ya que ella se encuentra bien, nos gustaría que pudiera venir para actualizar la situación de sus hijos.

—¡¿Está todo bien!? ¿Pasó algo con mis hijos?

—No, está todo bien. Pero es mejor que venga para explicarle los detalles.

—Ya mismo voy para allá.

—Claro, lo estará esperando el doctor Senti en persona. Lo recibirá en su consultorio privado.

—El doctor Senti... Muy bien, gracias. Ahí estaré...

Tras colgar, el padre puso una mueca incómoda y se preparó a toda marcha para salir de casa.

Las hijas no pudieron evitar notar la preocupación del padre en sus ojos y la pesadez en sus palabras al nombrar a aquel profesional de la salud.

—¿Pasa algo papá? —preguntó Lori consternada.

—Su madre se desmayó. Parece que ella está bien, pero el doctor Senti quiere hablar conmigo sobre sus hermanos. Supongo que es algo importante...

—¿Qué es lo que pasa unidad fraternal? Cada vez que regresas de ese hospital vienes más desanimado. Ese talf doctor Senti no parece alguien de fiar... —pronunció Lisa con su clásico tono que salpicaba al hablar.

—Sí, él puede ser alguien aterrador hija, pero al final resultó ser la única persona que nos está ayudando en todo lo que puede...

—Unidad fraternal, si me permitieran disponer de nuestro hermano podría solucionar todo rápidamente, te lo aseguro. He estado trabajando sin descanso desde el incidente en un suero que puede salvarlo y además...

—Para con eso hija... —exclamó el padre interrumpiendo los argumentos de su hija mientras continuaba hablando.

—¿Tienes una idea de quién es ese doctor?

—Bueno, no estoy segura pero, no creo que haya alguien capaz de superarfme cuando se trata def...

—Frank Senti, Endicott... —le respondió el padre interrumpiéndola nuevamente...

—Senti... Senti, Endicottf... Ummm, ¿Dónde he escuchado ese nombre antes? Me suena de algo...

—Al parecer él también se ha ganado un par de premios como tú hija, y se supone que no hay mejor doctor en el país. Puede que ni siquiera en el mundo...

Al decir eso Lisa pudo recordarlo. Cuando ella ganó su primer premio Nobel de ciencias y tecnología, el nombre de Senti Endicott fue nombrado muchas veces pero dicha persona jamás fue y un reemplazo tomó su premio en su lugar. Aquel evento sin importancia que había pasado como un día más, y sin prestar atención, no era más que un pensamiento fugaz de lo increíblemente excéntrico de algunas personas al rechazar semejante honor. Pero en este momento era algo que ni siquiera ella podía creer. Que aquel nombre de esa premiación fuera el mismo nombre del médico que trataba a sus hermanos.

—No me lo puedo creer, es ese Senti, Endicott de la premiación de hace dos años.

—Al parecer sí... Y no es la única vez que ha ganado ese título hija. La verdad, aunque puede ser alguien aterrador, es nuestra mejor opción.

Rápidamente la genio revisó su dispositivo móvil y consultó su nombre en la web. Lo que encontró la sorprendió mucho más de lo que ya estaba, mientras hablaba en voz alta para todos los presentes.

—Frank Senti, Edicott: Médico especialista con el récord mundial de más especialidades dominadas en las áreas médicas. Graduado con honores de Oxford terminó su carrera profesional en tiempo récord con un total registrado de dieciséis especialidades y maestrías en áreas médicas. Es alabado por profesores y colegas del medio por su excelente desempeño, talento natural con el bisturí, memoria fotográfica y su increíble capacidad deductiva y de análisis en pacientes con enfermedades extrañas. Apodado como el doctor genio o el loco de la medicina moderna ganó dos premios Nobel seguidos por sus aportaciones al desarrollo de algoritmos para rastrear enfermedades hereditarias, la decodificación y reconstrucción de genomas heredados y desarrollar sueros que suprimen deficiencias o fallas de genes defectuosos en pacientes con enfermedades hereditarias de nacimiento.

Sus patentes médicas cotizan en bolsas y actualmente es patrocinado por diferentes organizaciones que financian sus estudios. Su última conferencia pública en los medios fue hace poco más de dos años, antes de ganar su segundo premio; desde entonces su paradero está en el anonimato pero sigue activo ejerciendo en distintos hospitales como consultor médico y apoyando en trabajos de investigación... ¿C-c-cómo es que este hombre es nuestro doctor padre...?

—Ni yo mismo lo sé hija... Supongo que es suerte, azar o el destino...

Viéndose derrotada, Lisa, solo agachó su mirada mientras veía como su padre se preparaba para irse rápidamente en la Vanzilla. Por primera vez en su vida se sentía derrotada e impotente mientras veía el auto alejarse de casa. Su lógico corazón acababa de experimentar una sensación nunca antes conocida... Algo que todos conocemos como impotencia...

—Ahí afuera... Hay gente mucho más increíble que yo ¿Verdad...?

—susurró suavemente.

—¿Dijiste algo Lisa? —preguntó Leni, quien justo pasaba a un lado en ese momento con su típica pose de T-rex.

—No, no es nada Leni...

—Lisa, no escupiste ni tartamudeaste absolutamente nada hermana.

—Creo que por algo hay que comenzar querida hermana...

—¿Eh..? No entiendo...

—No te preocupes, ni siquiera yo entiendo que es lo que le está pasando a nuestra familia en estos momentos.

—¿Aaah?

Por otro lado, el padre, ya había llegado al hospital rápidamente solicitando verse con el doctor, quien ya estaba esperándolo dentro del mismo consultorio donde antes habían pasado tan mal rato. El padre estaba sudando frió por la clase de noticias que este le pudiera dar mientras tocaba la puerta con completo temor.

*Toc*toc*

—Pase Señor Loud, lo estaba esperando.

—Con su permiso... —Entró el padre tembloroso abriendo lentamente la puerta, como si fuera alguna clase de trampa mirando detenidamente el lugar y tomando asiento al terminar...

—¿Cómo está señor Loud? ¿Tuvo buen día? —saludó con una sonrisa gentil, cuya actitud solo atemorizaba al padre más de lo que sus antiguas expresiones habían hecho con él.

—Bi-bi-bien... ¿Y-y-y U-u-usted? —afirmó tartamudeando el padre con mucho pánico de cualquier noticia que este le pudiera dar. En su mente se dibujaron los escenarios de pesadillas que más temía.

Si una persona como él le hablaba con tanta gentileza, solo podía significar malas noticias. Desde su pensamiento primario eso era lo más lógico. El miedo lo controlaba por la sola idea de perder a uno solo de sus

dos bebés o que algo malo le pasara a su esposa.

—No tiene porque estar nervioso señor Loud. Si lo he citado aquí es para, simplemente, darle las buenas noticias en persona. Vera, su hija evoluciona de una manera increíble. Se la podrán llevar ahora mismo si así lo desean. Necesita tener una dieta abundante en líquidos y vitaminas, pero su condición no es tan grave pese a que el golpe lo fuera en principio Evoluciona maravillosamente y solo es cuestión de medicación y buena dieta. El otro motivo de mi llamada es decirle que su hijo muestra signos vitales y lectura cerebral estables, lo cual es una excelente noticia, ya que nos dice que hay actividad en su masa encefálica, lo que descarta la muerte cerebral. Si bien desconocemos si sufrirá alguna discapacidad médica, al despertar de su sueño nos dice que por lo menos conservará su vida y esas son maravillosas noticias. Actualmente estoy usando medicación y tratamientos de última generación para poder ayudarlo lo más posible. Si todo sale bien dentro de poco debería despertar y mejorar para poderse ir con ustedes —aseguró el doctor con su sonrisa calmado.

Las palabras del doctor se sentían como un gran alivio. Una onda de calor y frío reconfortante invadieron su cuerpo y el padre sintió como si se quitara el mismo peso del mundo, lo cual lo hizo romper en llanto...

—Gracias doctor... Muchas gracias... Le estaremos eternamente agradecidos mi familia y yo...

—No tiene nada que agradecerme Señor Loud, después de todo es mi trabajo, y usted y yo tenemos un convenio. Ya ha pagado con creces todos mis servicios médicos... —respondió el médico quien le seguía mirando con su sonrisa gentil.

—B-bien... Entonces ¿Dice que me puedo llevar a mi princesa el día de hoy?

—Así es señor Loud. Su esposa también está lista, solo la tenemos en observación y mande a hacerle unos estudios, ya que se desmayó. Desconozco los motivos de lo ocurrido más allá de un posible susto, pero ya que no a querido hablar mucho sobre el tema la daré de alta. También le he informado poco antes de que llegue la situación de su hija. Actualmente ella está profundamente dormida, lamentaría despertarla, pero si así lo quiere puedo pedirle al personal que le ayuden a llevarla a su vehículo si tienen alguno o puedo solicitar directamente al servicio de ambulancia su traslado; cualquiera de esas opciones están sobre la mesa. Ella solo necesita la mayor tranquilidad posible para recuperarse más rápido. Considero buena elección llevársela, ya que su hija parece que se altera mucho al ver el estado de su hermano y lo que más necesita es despejar su mente. Creo que convivir con su familia le hará mejor que estar encerrada aquí.

Las palabras del doctor tenían mucho sentido para el padre; Lucy debía estar sufriendo mucho por ver a su hermano en ese estado. Además podría sentirse culpable, de alguna manera, por ese extraño suceso de antes, así que accedió sin chistar.

—Preferiría abusar de su oferta y aceptar el servicio de ambulancia Doctor, así podrían ayudarnos a dejar a Lucy dormida y cómoda en su habilitación. Yo mismo me encargaré de que esté relajada en casa.

—Por su puesto señor Loud, en cuanto terminemos daré la instrucción de enviar a su hija a la dirección que nos dejó. De momento se pueden marchar usted y su esposa para recibirla en casa en una o dos horas más.

—Claro doctor, muchas gracias...

—Que así sea entonces.

El doctor se levantó y estrechó la mano del padre, quien felizmente la recibió y lo acompañó a la salida en la sala de espera de urgencias. Poco después salió su esposa Rita, quien tenía un semblante pálido como si hubiera visto a un muerto.

—Amor, ¿Qué te pasó? El doctor mencionó que estabas bien ¿Por qué te ves tan mal?

Rita solo lo miró, sacudió su cabeza un poco y se golpeó suavemente las mejillas con sus palmas.

—Nada cariño, es solo que creo que todo esto que estamos pasando me ha estado afectando.

—¿Por qué lo dices amor? ¿Pasó algo? —preguntó extrañado el cónyuge de la dama rubia.

—No es eso... Solo que... Bueno, no lo sé cariño. Sabes, el médico dice que me desmaye por un problema de presión o algo así... Pero juraría, que vi algo horrible.

—¿Qué quieres decir amor?

—Dirás que estoy loca, pero... Juraría que vi a Lincoln moverse y hablar, pero esa escena fue... Aterradora. Su voz... Esa voz... Esa voz y expresión no era la de nuestro bebé...

—Debió ser una pesadilla cariño. Ya hablé con el médico, dijo que Lincoln estaba mejorando perfectamente y que su vida ya no corre peligro.

—Sí, lo sé... También me explicó la situación de una manera muy calmada y tranquila... Parecía, incluso, ser otra persona... Casi como cuando llegamos aquí por primera vez y nos atendió con aquel grupo de doctores.

—Sí, yo también lo noté. Supongo que es alguien muy apasionado.

—Es verdad, tal vez tengas razón amor...

—Ven, vayámonos cariño, las chicas nos esperan y tenemos que llegar antes que la ambulancia.

—Oh, pensé que la llevaríamos nosotros.

—No, el doctor fue muy gentil y nos ofreció una ambulancia. Decidí aceptar para que Lucy fuera más cómoda y no tener que hacerla caminar.

—Oh, sí, está bien cariño. Entonces vayámonos.

La pareja se retiró tomada de la mano y sonriendo. Su escena era hermosa. Nuevamente sentían que podían empezar a respirar al menos un poco. En sus corazones aún habitaba la duda y temor de que Lincoln pudiera tener problemas a futuro, pero el simple hecho de garantizar su salud ya para ellos era un gran alivio. Lentamente y poco a poco comenzaban a superar todos sus problemas...

Una vez en casa los padres explicaron la situación de los dos hermanos, llenando de gran alegría a todas las hermanas. Después de eso le pidieron a Lynn que si podía quedarse a dormir en la habitación de su hermano para dejar la recamara sola para su hermana; la noticia fue muy bien recibida por todas ella.

—Claro papá, no hay problema. Aunque el cuarto de Lincky está un poco hecho desastre por la remodelación, pero puedo dormir donde sea.

—Gracias hija, te lo agradezco. Te diría que subas al ático, pero todavía no está listo.

—No te preocupes papá, lo importante es que Lucy ya viene y que está mejor.

—Sí hija, gracias. Después te lo compensare.

Todos en la casa estaban muy feliz de que su querida hermana volvería. Aunque no fue mucho tiempo, se sintió para ellas eterno por la incertidumbre que les provocaba su situación. No tardó mucho Lynn Jr. en mudarse al pequeño desván de Lincoln llevándose solo lo necesario, como ropa y un par de pelotas. Al poco rato llegó la ambulancia, quien bajó a la bella durmiente y con la ayuda del personal y la camilla desmontable la subieron a su habitación, donde la dejaron cómodamente durmiendo.

Las horas transcurrieron y Lucy por fin despertó ya algo noche, completamente sola en su habitación, lo cual la hizo levantarse de golpe y sentir un fuerte mareo.

—¿Qué?... ¿Dónde?... Esto es mi recamara...

Los padres escucharon el ruido y rápidamente fueron a revisar, encontrando a su hija algo agitada y muy confundida acariciando su cabeza.

—Hija, que bueno que despertaste...

—Papá... ¿Qué hago yo aquí?

—El doctor Senti dijo que ya estabas mucho mejor, que sería bueno para tu recuperación estar en casa con tu familia...

—No... Papá, es que yo... No... Puedo... Mi hermano aun... —decía Lucy entre pausas largas y temblor en sus labios.

—No te preocupes cariño, el doctor dice que ya está mucho mejor, que solo es cuestión de tiempo y espera. Me dejó claro que su vida no corre peligro así que lo más difícil ya pasó. Ahora, tú, de momento, tienes que concentrarte en descansar. Le pedí a Lynn y las chicas que te dejen descansar por ahora, mañana será otro día.

Lucy solo respondió a las palabras de su padre con un prolongado silencio y una mirada algo perdida...

—Lo siento linda, entiendo que estas preocupada por Lincoln, pero lo que tú necesitas es descansar para recuperarte pronto.

Mira, ya sé que te alegrará: mientras hacíamos las remodelaciones del ático, guardamos varias de las cosas de tu bisabuela y varios libros que estaban en el ático junto con un cofre tenebroso; si quieres leer algo para distraer tu mente lo dejamos en tu armario, solo no duermas muy tarde quieres.

Las palabras de su padre le hacían recordar algo importante; sobre todo aquellas donde mencionaba las cosas de su bisabuela...

—Tienes razón, papá. Gracias por todo... —respondió con su tono habitual de voz.

El padre se sintió tranquilo de ver cómo su hija reponía un poco su estado de ánimo y tomaba con calma las cosas. Esperaba muchas más objeciones de su parte, pero por suerte no había sido así. El señor Lynn se retiró de su cuarto dándole un gentil beso en la frente a su pequeña mientras le deseaba dulces sueños.

La doncella oscura esperó paciente en su cama, mientras dejaba que el sonido de la noche sepultara todo rastro audible en la casa. Ella lo sabía. Sabía muy bien lo que tenía que hacer. Ella debía algo y necesitaba cumplirlo... El que todo esto estuviera pasando, de algún modo, era demasiado perfecto si lo pensaba con detenimiento. Pero el pensamiento fugaz de la extraña sensación que sentía en su nuca y pecho junto la coincidencia misma de esos eventos no tuvo la más mínima importancia, lo único importante para la gótica era poder hacer cumplir su parte del trato para así salvar a su querido caballero albo.

Haciendo uso de su paso espectral y de su movimiento en sombras mas experto se desplazó hasta su armario, del cual extrajo el cofre con un cuidado magistral de no hacer el más mínimo ruido, tomando así aquel importante libro de su interior: el libro de hechizos de su bisabuela Harriet.

La doncella abrió un poco la ventana para dejar entrar la mayor cantidad de luz de luna posible, la cual, afortunadamente, era luna llena. Buscando en sus páginas, Lucy, halló el conjuro que le permitía convocar a su abuela en el mundo de los vivos. Comenzando así el ritual de invocación.

Flexionó las piernas sentada en el mismo suelo, cortando con sus propios dientes las yemas de los dedos pintando un dibujo extraño en aquel libro con formas que recordaban un pentagrama sangriento, capaz de brillar con la misma intensidad que la luna.

—"Que en la oscura noche del origen primigenio, esculpida por las formas que poseen el mundo perdido en un tiempo donde no existía creación o Dios para atenderlo, me sea permitido traer a aquella que no puede descansar.

Oh gran olvido, dame tu poder prohibido.

Oh gran antítesis del poder yo te conjuro.

Haz mi voluntad y cumple mi deseo: trae ante mí del reino de los perdidos a Harriet"

Lentamente las palabras de la doncella lograban hacer salir una extraña sustancia negra, similar a una cascada invertida que en lugar de emanar y escurrir por los suelos está flotaba y subía por el cuarto, contaminando poco a poco el ambiente de aquel líquido volátil con una forma un tanto espectral que emanaba sin parar de las marcas carmesí del mismo libro que fueron manchadas con su propia sangre. Y así, lentamente, una silueta se comenzaba a dibujar en lo más alto del cuarto, iluminada con el único reflejo de la luz de luna. Las formas negras en el aire empezaron a tomar color y rostro.

Sí, ese era el espíritu de su bisabuela Harriet, quien estaba muy sorprendida de haber sido llamada por un avanzado conjuro en ese momento.

—¿Qué pasa pequeña? ¿Por qué me has llamado? Nunca antes había sido convocada por tí a la fuerza de esta manera. ¿Qué es tan importante? —comenzó a preguntar curiosa la figura esbelta y hermosa que flotaba en la habitación, como si fuera un reflejo de sí misma en diferentes etapas de su vida.

Se miraron fijamente a los ojos y nuestra doncella respondió con un brillo en los ojos que anunciaba romper en llanto tan pronto como está respondiera.

—Abuelita... Te necesito... Pasó algo horrible... —Lucy no pudo terminar de explicar cuando comenzó a derramar sus lágrimas.

—Oh pequeña... No me digas que... Es sobre tu hermano... El pequeño Lincoln —respondió la reina de picas negras mientras se acercaba flotando a ella abrazándola y acariciando su cabeza.

—Sí, abuela... No sé por que me esta pasando todo esto a mí... Estoy muy confundida. Mi corazón guarda sentimientos profanos, mi mente solo piensa desesperadamente en él, todo lo que hago desde ese día solo empeora las cosas y no importa que haga, apenas y logro salir adelante... —dijo Lucy, mientras susurraba con su voz más baja y abrazaba el cuerpo materializado de su abuela en aquel cuarto.

—Oh, mi niña. Sabes que siempre podrás contar conmigo, no tienes que temer. Ven, en los brazos de tu abuela siempre podrás llorar, reír y contarme lo que quieras. Sabes bien que jamás te juzgaré, lo único que quiero para mi pequeña niña es su felicidad... Ven, vamos, dime... ¿Qué tiene Lincoln? ¿Qué fue lo que pasó? —exclamó la abuela, quien trataba de poner el rostro con mayor sorpresa que podía ya que en su mente tenía una vaga idea.

¿Cómo lo podría olvidar? Aunque su percepción del tiempo sea abstracta, para ella era muy claro... Ese maldito bastardo tenía que tener algo que ver...

Lucy procedió a contarle entre sollozos todo a detalle, desde el día del incidente en su habitación hasta que llegó a la tarde en el campo.

—Y entonces... Escuché un ruido... Que jamás había escuchado... Justo antes de que toda esta calamidad me tenga aquí, abuela... Escuche el sonido de un cascabel...

Al decir lo del cascabel Lucy lo notó. Estaba muy lastimada desahogándose con su querida abuela, pero pudo ver como el rostro de ella cambió por uno que transmitía solo temor, aunado con el débil temblor que dejó escapar su cuerpo de manera involuntaria. Fueron claves para que la chica lo notara; su abuela sabía algo al respecto...

—Abuela Harriet, tú sabes que significa ese cascabel ¿Verdad?...

La bisabuela solo respondió a la pregunta inocente, que le miraba con esperanza y ternura, con un gran suspiro al confirmar sus sospechas...

—*Sigh* Bueno... Es... Algo que temía hija...

—¿Qué es lo que temías abuela? Ayúdame a entender por favor, te lo suplico, aun hay muchas cosas que no puedo comprender y solo en tí puedo confiar ahora.

Las palabras de su bisnieta le dolían; ella estaba sufriendo. Verla llorar tan silenciosamente era una escena familiar que conmovía su espectral corazón.

—Bien, te contaré lo que sé... Aunque es una historia muy larga, la cual nunca te he contado... —dijo mientras se sentaba a un lado de ella por donde estaba su cama—. Todo empezó cuando tenía más o menos tu edad. Yo tenía... ¿Cómo decirlo?... Los mismos ojos azules que tienes tú, solo que con una cualidad muy especial, la cual me dejaba ver más que simplemente las cosas que me rodeaban... Supongo que a estas alturas puede ser llamado como clarividencia. Pero por aquel tiempo apareció un monstruo, uno que pensé que me acechaba solo para atormentarme. Pero tu abuela jamás ha estado más equivocada en su larga, muy larga vida y muerte... Aquel monstruo resultó ser la criatura más encantadora que jamás haya conocido...

El semblante de la abuela se torno depresivo, sus palabras parecían dolerle demasiado y, aunque Lucy había recordado algo importante que quería decirle, no quería interrumpir las palabras de su abuela, debido a que no se detenía...

—Tu abuela fue una chica extraña para la sociedad, como lo eres tú hoy día. Heredaste eso de mí, pequeña, eso me hace sentir muy orgullosa... Pero por la época en la que yo crecí, el ser de esta manera nos podía provocar más que simple discriminación, y aquel encantador monstruo me salvo de mi propio fin sin motivo alguno aparente, cosa que al poco tiempo entendí... Aquel monstruo encantador estaba perdidamente enamorado de mí. Todos esos años, todo ese tiempo que lo traté como una basura él solo estaba protegiéndome y cuidándome... Yo había hecho lo mismo que todas las personas horribles que tanto odiaba y me maltrataban solo por mi forma de ser y vestir... Los pecados que uno comete siempre son los más difíciles de ver, incluso si son hechos por uno mismo, y son los que más odiamos reconocer.

Mucho tiempo me sentí estúpida, me sentía una basura, la persona más miserable del universo y por primera vez sentí el verdadero significado de la oscuridad... Todo mientras abrazaba el tibio cuerpo afelpado y empapado de sangre de aquel monstruo en el piso, adornando mi piel con el rojo de su propia vida...

Jamás mi don había sido tanto una maldición como ese día. El suave toque tierno del monstruo en mi mejilla, esa estúpida mirada tan dulce que tenía y esos bellos recuerdos y emociones que él sentía por mí que mi estúpida mirada me dejaba ver... Eran la sensación más hermosa y pura que jamás había sentido... Sentí un amor que no sabía que se podía experimentar. Una sensación de calor que no sabía que podía existir en ese frío mundo cruel en el que yo vivía, derritiendo así mi corazón... Un amor que ningún humano jamás me había expresado de ese modo, ni siquiera de los que se supone eran mis padres... Nunca más volví a sentir una sensación tan cálida y desinteresada como la de ese monstruo que murió por mí... Sencillamente me cautivó. Fue como si yo hubiera nacido para poder estar a su lado y ser por siempre feliz... Pero... El destino no es tan hermoso como los sueños... Él murió por protegerme, él murió por mí y yo solo le di dolor y desprecio. No pude evitar llorar como nunca he vuelto a llorar por nada más. Su recuerdo y su dulce calor amoroso que me dejó sentir mientras me veía en sus últimos segundos aun me persiguen. Pero tu abuela no se rindió... Pasó el resto de su vida deseando con fervor traerlo de vuelta... Mi poder me dejaría buscar la manera, los secretos, las intenciones no pueden ser ocultas ante mí; las personas no pueden ocultarme nada, pensaba ingenuamente... Así que empecé mi viaje... Un largo y complicado viaje por el mundo. Caminé por el sendero de los vivos acumulando todo el conocimiento prohibido de ese libro en el suelo que tienes Lucy, pero nada servía. No existe modo de recuperar las almas que mueren... Aquellas criaturas de otros planos que son asesinadas fuera de su plano su alma no solamente desaparece, sino que es destruida... El monstruo murió defendiéndome y más que su muerte, significó su destrucción... Del otro lado, Lucy, solo existe sufrimiento y penitencia. Si corres con suerte vivirás eternamente engañada en una fantasía eterna, en mundos simulados por tí donde tú y tu conciencia son tu propio enemigo o aliado. Pero incluso en esa vastedad casi más infinita que las estrellas, los demonios, ángeles y seres extraplanares de tu dimensión, donde somos afortunadas de haber nacido, no tienen esa posibilidad... Si ellos mueren significa el fin total. Dejan de existir; desaparecen sin más y de ellos solo quedan recuerdos marchitos de lo que alguna vez fueron. Morir para ellos significa, no solo perder su cuerpo, sino perder su esencia y su propia existencia. Dentro de todos los planos no existe peor muerte que el mismo olvido... Pero tu abuela es tonta, Lucy... Tu abuela no estaba dispuesta a dejar que ese hermoso recuerdo y amor se quedara eternamente en solo una memoria... La vida de tu abuela fue dedicada a encontrar cualquier posibilidad, cualquier cosa, cualquier método, aun si era en vano o profano. Pasé mi vida buscando. Crecí y me convertí en una mujer, pero jamas deje de anhelarlo. Incluso después de que encontré un buen hombre que me amara, realmente me engañaba a mí misma. Dentro mío siempre lo supe. Eternamente y en total secreto de todos busqué la forma de regresar con mi precioso monstruo encantador. Tal vez era demasiado egoísta y cruel de mi parte, pero por más que la experiencia y la vida me trataran de sonreír, jamás me volví a sentir tan amada como cuando ese monstruo murió por mí. Cuando su cálida sangre tocaba mi piel y con su último aliento me regaló esta vida, una larga vida plena y feliz.

Si lo pienso bien tal vez obsesionarme tanto con ese efímero momento fue mi mayor error, pecado y maldición. No supe agradecer el regalo que ese precioso monstruo me dio con su sacrificio y esa es la razón por la que hoy estoy aquí. Bueno, No... Quizás es por eso que las dos estemos aquí y lo lamento mucho Lucy, todo esto que te está pasando de alguna manera es mi culpa...

Lucy estaba sorprendida de esa historia. Su corazón latía con fuerza, sus sentimientos eran muy similares, y la sonrisa dolorosa que ponía su abuela le enternecía su negro corazón haciendo que sus propias lagrimas brotaran con una sensación de paz y familiaridad. Lucy podía entender perfectamente. Cómo no hacerlo si ella misma tenía esa obsesión enfermiza por alguien cercano igual que ella con su monstruo encantador. Ella sabía mejor que nadie lo hermoso y extraño que era esa sensación; ese momento tan especial que sin importar lo ridículo, prohibido o tonto que pudiera llegar a sonar era mágico... Y sin duda ese monstruo que cuenta, debía de ser el demonio conejo que le ayudó... Lapin, el demonio que salvó a su querido hermano..

La sola idea de gritarlo le ganaba. Ver el rostro de su abuela cuando lo supiera le llenaba de emoción... Aunque... Algo la detenía... Sus palabras, no tenían del todo sentido... Un pensamiento invasivo molestaba su cabeza ¿Por qué su abuela se está disculpando por no poder reencontrarse con Lapin, si aún existía, y como prueba estaba él mismo en el cuerpo de Lincoln? Había muchas cosas que quería decir y qué responder, pero pensó que era prudente dejarla hablar...

—Al final, mi vida llegó a su fin y antes de morir, cuando ya era una anciana decrépita que apenas y me podía mover... Podía sentirlo bien... Mi hora estaba muy cerca, ya no me quedaba vida... Mi cuerpo me traicionaba mientras mi vida se apagaba... Mi mente me fallaba por momentos y mi corazón cada vez más perecía en sus propios latidos... Un dolor inimaginable comenzaba a invadirme, uno que no era físico. Ese dolor era el de perecer sin ser realmente feliz... Lloré y lloré sin final, como solo había llorando después de su muerte aquel día con tanto dolor... Le grité a todos los que me rodeaban que me dejaran sola; me sentía dolida. Quería morir sin que nadie me tuviera lástima. Quería que mi fin llegara sin nadie que me diera amor o sostuviera mi mano, sin nadie que me tuviera compasión. Quería sentir el dolor de fallecer sin nada ni nadie... Como mi hermoso monstruo murió... Quería que esa fuera mi penitencia por fallarme. Por no estar con él, por traicionarle y hacer una vida —El rostro de reina cambió a uno más que solo simple dolor y melancolía. Comenzó a derramar lágrimas de sangre y desesperación que se borraban en el mismo aire.

—¡Abuela! —Lucy se arrojó sobre ella y la abrazó, mientras respondía suavemente su abrazo con gentiles caricias en su cabello... La doncella podía entenderla mejor que nadie, pues en un hospital yacía el cuerpo de la persona más importante...

—Fue ahí que lo escuche... —susurró en su oído la reina de picas negras a su bisnieta.

Ambas guardaron un silencio familiar, mientras los latidos del corazón de la doncella oscura sonaban con suficiente fuerza como para ser lo único que ella podía escuchar.

Ni una sola alma o animal emitía ruido. Después de eso el eco silencioso de la noche era la respuesta más común a sus pensamientos, hasta que su abuela rompió el encanto.

—Dicen que cuando uno es más vulnerable es cuando el diablo busca aprovecharse... En aquel momento, cuando mi vida ya no valía nada, ni Dios ni el diablo vinieron por tu bisabuela... Rogué por ayuda y grité a los cuatro vientos tan fuerte como mi débil cuerpo lo permitía... Lo puedo recordar claramente como si jamás hubiera pasado un solo día:

"Quien sea, lo que sea, por favor, se lo ruego, tomen lo que sea de mí, tomen cualquier cosa, cualquier precio, solo déjenme ver una vez más a mi amado conejo. Tomen lo que quieran. Arránquenme el corazón, mis ojos, mi sangre todo lo que deseen, pero déjenme verlo una vez más. Cualquier fuerza que exista, por favor escúchenme, lo que sea que esté ahí. Mi carne, mi cuerpo, vida o alma, tomen lo que sea, llévenselo todo, pero déjenme por una última vez estar con él"...

Pero los gritos de tu abuela no eran escuchados por ningún Dios o deidad maligna. En cambio, lo que acechaba en las sombras era algo muchísimo más aterrador que un Dios o entidad maligna... Mi vida estaba pereciendo, se me escurría entre mis manos como las mismas lágrimas que estoy llorando, sin dejar rastro. Para mí todo había sido en vano. No lograría nada. Maldije al mundo y sus reglas, maldije al estúpido destino y maldije a todas las fuerzas y dioses perdiendo toda esperanza... Mi corazón sufriría y mi dolor me carcomería por siempre... Ese era mi fin... Fue ahí que lo escuche... Ese cascabel... —La reina miró a su nieta con un rostro teñido de emociones difíciles de leer. Sus lágrimas rojas dejaron de brotar y todo ese dolor, todo ese sufrimiento que sentía de repente se transformó en algo muy diferente... Incertidumbre—. De las sombras más oscuras, contorneado por el reflejo más tenue de las velas más brillantes que podían alumbrar con su débil luz, y en compañía de un bombillo en mi vieja habitación, en mi lecho de muerte pude ver esa horrible escena. En esas frías y tenebrosas esquinas de mi recamara, donde la luz no llegaba, unas formas serpenteantes que consumían todo a su paso y rastro de iluminación que tenía comenzaron a desplegarse, como una plaga a mi alrededor; consumiendo todo en mi campo de visión, como si devoraran la mismísima realidad frente a mis ojos dejando solo ese trozo de mundo que estaba alrededor mío. Antes de que pudiera siquiera temer o gritar todo era total oscuridad, y solo estaba yo postrada sobre mi cama viendo una inmensidad de abismo negro con la única iluminación de una débil vela en mi buró. Nunca pensé que pudiera existir algo como eso ahí afuera, tan libre, tan destructor, tan inmenso y a la vez efímero... Era más como ver la descripción de un sueño enfermizo de un loco maldito, encarnándose en el tejido de la realidad... Como si todo resto del mundo se separara de mí y dejara de existir en ese espacio, en ese mismo momento... Nunca, jamás he sentido algo tan abismalmente aterrador y vació como eso. Jamás, en ningún ritual ni hechizo, en las magias más profanas ni en la misma vida después de la muerte. Si con mi hermoso monstruo conocí la mayor dicha, con lo que se presentó ese día conocí el mayor terror justo en el momento en que esa cosa habló. "—Esta bien, esta bien—" fue lo que escuché decir a "eso" mientras que su figura se empezaba a contornear en todo ese inmenso espacio negro tomando lentamente color y formas visibles. Tenía una voz muy tranquila y simple, como la de cualquier persona, tan simple como sencilla que te puedas imaginar aunque su figura no se manifiestó hasta el final. Esa imagen que apareció frente a mí, si tuviera que describir de manera sencilla lo que vieron mis ojos... Diría que eso era un Bufón de prendas carmesí...