—No pienso decirle nada —cambiando la página de aquel libro entre sus manos, Sai hablaba completamente seguro de sus palabras—. Ya deja ese tema por la paz.

Naruto formó un puchero con sus labios, cruzó sus brazos y se recargó en el cabecero de la cama.

Llevaba varias semanas insistiéndole a su amigo para que le confesara sus sentimientos a Gaara, que le abriera su corazón antes de que fuera tarde pues dentro de tres semanas aproximadamente, se terminaría el curso escolar y -aunque aún no conocía la fecha exacta- el pelirrojo acabaría por irse a estudiar una carrera universitaria fuera del país.

Ahora que él tiene un noviazgo maravilloso con Sasuke, quisiera que todos sus amigos también tuvieran una oportunidad así.

Bueno, la verdad es que cada vez eran menos los solteros:

El y Sasuke

Deidara e Itachi

Karin y Suigetsu

Sasori y Nagato

Konan y Yahiko

Hinata y Kiba

Incluso se rumora que Shikamaru se trae algo con la hermana de Gaara, aun cuando la chica es mayor que él y está en la universidad actualmente.

—Te vas a arrepentir por no haberle dicho en cuanto él se vaya —agregó esta vez mirándose las uñas como si fuera la cosa más interesante del mundo.

—Se va a ir, se lo diga o no —contestó Sai sin inmutarse un poco, este ya era un tema desgastado para el— ¿No deberías estar preparándote para mañana?

—Ya tengo todo listo, solo tengo que brillar como siempre-ttebayo.

Al día siguiente se llevarían a cabo los juegos intercolegiales, en los que Naruto y sus compañeros del club de deporte participan, solo que este año la sede será el colegio.

Es por eso que en los días previos estuvo ausente en la mayoría de las clases, para poder entrenar con sus compañeros, de entre los que se encuentran: Shikamaru, Kiba y Suigetsu.

De los últimos eventos antes de terminar el ciclo escolar.


Preparaba los exámenes finales correspondientes a su grupo.

Tecleaba ágilmente algunas palabras en su laptop, aprovechando que la jornada de clase ya se había terminado por ese día, así que decidió permanecer en el salón y avanzar.

Quería tener todo listo, en tiempo y forma como el excelente profesor que desde pequeño quiso ser, algo que le sirve para sentirse bien consigo mismo. Feliz, realizado…

—¿Ya me vas a decir qué es lo que viene en el examen?

Deidara le murmuró al oído de manera provocativa, permitiendo que su respiración le causara un hormigueo. No entendía cómo es que no le molestaba estar en esa posición: Sentado en el escritorio a un costado de su laptop, literal; meciendo las piernas en el aire, inclinándose hasta quedar lo más cerca posible de su cara.

De vez en cuando en muchachito pretendía querer mirar lo que escribía, pero obviamente él no se lo permitía. Desde el principio le aclaró que el hecho de que mantuvieran una relación no era para darle ventaja por encima de los demás estudiantes.

Deidara debe esforzarse igual que el resto de sus compañeros.

—¿No deberías estar estudiando? —replicó, sabiendo que con eso su rubiecito se apartaría un poco, permitiéndole controlarse.

—Pues me voy, hm.

Ofendido, el Namikaze bajó del escritorio, pero Itachi lo detuvo pasando sus manos alrededor de su cintura, pero no por eso le dirigió la mirada. Eso no sería suficiente para contentarlo.

Aunque siendo perfectamente honestos, el profesor tampoco ha estado muy contento que digamos, sobre todo después de que su rubio hermoso le contara lo ocurrido con Sasori el día de San Valentín.

El día que ese cabeza de frutilla se había atrevido a besar a su alumno favorito, a su Deidara; pero prefería no pensar en eso porque le daban ganas de arruinar la perfecta boleta de calificaciones de Sasori y…

No. Itachi Uchiha no sería capaz de algo así por muchos celos que sintiera.

—¿Vas a ir a ver Akasuna? —preguntó fingiendo indiferencia

—Si eso quieres…

El rubio trató de zafarse del agarre del profesor, obviamente fallando en el intento pues este solo lo atrajo a un más hacia él, prácticamente sentándolo sobre sus piernas cual niño pequeño.

Deidara comenzó a reír con perversidad, pues sabe perfectamente como hacer enojar a Itachi y conseguir que centre toda su atención en él.

—Tú me amas a mi —afirmó el mayor completamente seguro de sus palabras, mientras lo obligaba a mirarlo, sosteniéndolo por la barbilla.

—No lo sé, mi Danna besa rico.

Todo era broma, una muy pesada broma e Itachi lo sabía, pero aun así no podía evitar sentirse ligeramente cabreado de solo pensar que cierto pelirrojo pudiera arrebatarle a su preciado rubio de ojos azules.

—Voy a convencerte de lo contrario… —susurró seductor, con esa voz que a Deidara le hace temblar las piernas.

Reclamó los labios del menor con ansia desbordante, olvidándose completamente de que se encontraban dentro de un aula de clases, afortunadamente ya se le había hecho costumbre cerciorarse de ponerle seguro a la puerta cuando Deidara le acompaña.

Muy probablemente es algo que aprendió de su tío Obito y Kakashi, porque claro, él también estaba al tanto de sus juntitas laborales a puerta cerrada en la dirección.

El jovencito sobre sus piernas le mordió el labio inferior, interrumpiendo el beso por un momento. En los ojos resplandecientes del menor pudo ver el deseo, las ganas de que su relación llegase a otro nivel.

Una mirada que le aseguraba que todo entre ellos es mutuo, consensuado, que lo necesita tanto como Itachi a él.

Deslizó su lengua por el cuello ajeno, apartando con sus manos aquellos mechones dorados rebeldes que no le permitían disfrutar de la deliciosa piel de su amado rubio. Le hubiera gustado hacer una pequeña marca pero no, se contuvo y prefirió seguir otorgándole besos y lamidas a ese chico que se estremecía con el contacto.

Deidara lo tenía asido por el cabello, jalándolo un poco cuando su cuerpo le indicaba que no resistiría más…

—Ita…chi —jadeó ardiente de deseo en un tono apenas audible.

Lo escuchó, claro que Itachi lo escuchó y sintió que perdería la cabeza. Jamás imaginó que el oír su nombre ser pronunciado de aquella manera le prendería de tal manera.

Tanto que criticaba los impulsos de su hormonado hermano menor y ahora estaba haciendo lo mismo Tenía que detenerse y debía ser de inmediato.

Subió su rostro hasta poder mirarlo de frente, hacerle entender que este no era el momento ni el lugar, que todavía debían esperar porque así se lo prometieron a Minato; pero sobre todo porque Itachi le prometió respetarlo desde un principio.

El menor recibió un golpecito muy leve a la altura de su frente.

—Lo siento, Deidara. Otro día será.

Suspiró y sonrió asintiendo. Ese excesivo respeto y devoción con el que Itachi lo trata es, posiblemente, lo que más le enloquece de él.


Cuando por las tardes Sasuke se desaparecía y le dejaba solo por dos horas máximo, el optaba por quedarse en su cuarto o invadir el de su novio y jugar Fortnite con Juugo y Suigetsu.

Hoy no.

Hoy quiso salir a caminar por los pasillos del colegio, estirar un poco sus piernas para el día siguiente, aunque se le ocurrió que también podría ir hasta la biblioteca y hacerle compañía a su teme.

Si, esa es una buena idea.

Así que caminó en dirección hacia allá, pasando cerca de los salones de tercer grado y ahí fue cuando pudo distinguir dos figuras conocidas avanzar en su dirección.

Se trataba nada más y nada menos que de Gaara y… ¿Sakura?

Tuvo que cubrirse la boca con una de sus manos a causa del asombro, es que nunca imaginó que volvería a verlos platicar animadamente y sin terminar por insultarse o decirse palabras hirientes.

¿En qué momento pasó?

La verdad es que no tendría manera de saberlo porque en las últimas semanas se la ha pasado casi única y exclusivamente con su novio, pasándola de lo lindo con él, dejando un poco de lado el resto de sus vínculos.

—Naru —saludó el pelirrojo cuando lo tuvo de frente— ¿Vas a algún lado?

—Uh… este… No, solo estoy… paseando —sonrió algo apenado.

Sakura no le podía sostener la mirada y la desviaba por momentos, claro que él lo notó.

—¿Pasa algo? —indagó.

—Verás, Naru… —hablaba Gaara apoyándole una mano en el hombro— ¿Por qué no vas a la cafetería con Sakura? Creo que deberían hablar.

—Está… bien. Supongo.

El rubio cambió la dirección en la que caminaba y la chica pelirosa solo le siguió en silencio.

A la distancia, Gaara los observó perderse entre los pasillos, con la esperanza de que ese viejo problema termine por disolverse de una buena vez y de la mejor manera posible.


Una semana más.

Solo una más con esa rutina ya tan arraigada para ambos y por fin, Sasuke se libraría de tremendo compromiso.

Y es que serían más de dos meses de estar ayudando a Deidara a mejorar sus notas, a que comprendiera los temas. Por suerte ya solo falta que presente los exámenes finales de una manera exitosa o por lo menos decente.

—¿Y si repruebo? —preguntó Deidara cubriéndose medio rostro con el libro de química.

—Te sacaré los ojos por hacerme perder así mi tiempo, porque todo esto solo te beneficia a ti.

—Ya, ya. Entendí perfectamente cuñadito —dijo comenzando a cerrar todos los libros sobre la mesa—. No te preocupes que, si llega a presentarse la oportunidad, yo con gusto te devolveré el favor.

—No lo hago por ti, sino por Itachi —reafirmó el Uchiha, recargado sobre la mesa, esperando el momento para irse—. Ahora apúrate que quiero ver a mi dobe.

Su Naruto. La única persona que ha podido sacar su lado amable y dulce. La razón de sus sonrisas y suspiros. Su novio.

Ese capaz de alegrarle el día con solo una sonrisa…

—¡Ay si! ¡mi dobe! —se burlaba Deidara— Te las quieres dar del buen noviecito, sensato y decente. A mí no me engañas Sasuke… —se paró a su lado y lo rodeó con su brazo por encima del hombro—, quieres hacer que mi hermanito diga tu nombre entre gemidos y no te culpo. A mí me encantaría que Itachi me diera como a cajón que no cierra, que me dejara caminando como bambi recién nacido, bueno tú me entiendes ¿no?

El Uchiha lo miró haciendo cara de repulsión, prefirió apartarse lentamente de él.

Deidara es demasiado raro para su gusto. No, raro es poco.

Vulgar, extravagante, imprudente…

¿Qué es lo que ve Itachi en él?

—Lo que quiero decir es…

—Si, si, te entendí. Ahora cállate, eres demasiado explícito.

A la brevedad, Sasuke se retiró de ahí.

Ahora Deidara estaba seguro de una cosa: Itachi tiene toda la razón al llamarle tonto hermano menor…

Arrogante, serio, poco amigable…

¿Qué es lo que ve Naruto en él?


Inaguantable.

Así se sentía aquel silencio que se creó entre ellos una vez que llegaron a la cafetería, silencio que solo podía ser opacado por el sonido que producían los demás a su alrededor.

Hablar.

¿De qué?

En otros tiempos no hubiera sido problema, desde los inicios de su amistad las conversaciones fluían con naturalidad, hablaban de lo que sea, se contaban todo. Dos personas con la misma facilidad de palabra, la misma facilidad para hacer amigos rápidamente o esa era la impresión que daban.

Su hermana de otra madre, según Naruto.

El hermano que nunca tuvo, según Sakura.

¿Entonces por qué les es tan difícil decir algo ahora?

Sencillo: demasiado daño.

—Mi mamá me pregunta mucho por ti —reveló acariciando el borde de su limonada evitando el contacto visual—. Las vacaciones pasadas se la pasó mostrándome las fotos de cuando íbamos a la primaria ¿las recuerdas? —Naruto asintió—. La única que me falta es aquella que te regalé cuando creíamos que no estudiaríamos en la misma secundaria…

—Todavía la conservo —interrumpió—. Dile a tu madre que… que le envió saludos-ttebayo.

—Claro.

De nuevo reinó el silencio, como si nunca hubiesen sido los mejores amigos. Sin embargo, ahora que estaba comenzando una nueva etapa en su vida, Naruto no quería dejar ningún cabo suelto en su pasado.

—Veo que te llevas bien con Gaara… —comentó casual— ¿Están retomando su relación?

—No, nada de eso. Yo… me disculpé con él hace un tiempo y gracias a Konan fue que volvimos a interactuar un poco.

—Ya veo —agregó simplemente el Namikaze.

—También quería disculparme contigo desde ese día pero se me caía la cara de la vergüenza —fue hasta entonces que se atrevió a mirarle—. Me sigo sintiendo así, y a pesar de eso quiero que sepas que…

—No hay necesidad, Sakura-chan.

¿Cuánto tiempo ha pasado desde la última vez que le llamó de esa manera?

La chica sintió sus ojos llenarse de lágrimas, le resultaba agradable escuchar al rubio volver a hablarle cariñosamente, como si nunca se hubiera portado como una grandísima hija de p… con él.

—Claro que la hay.

—Yo no te guardo rencor, jamás lo haría —explicó sonriendo ampliamente como suele hacerlo desde niño—. Si me disculpas, me tengo que ir. Sasuke debes estar esperándome.

Se puso de pie y dejó algo de dinero sobre la mesa, esta vez invitaría él.

—¿Estás enamorado? —preguntó Sakura haciendo que se sintiera un poco cohibido con la pregunta—. Recuerdo perfectamente como lo besaste aquel día frente a todos, yo estaba ahí presente… ¿Es un buen chico?

— Lo es —declaró orgulloso—. Te veré luego ¿vale?

La Haruno asintió mientras Naruto se despedía de ella, pronto estuvo fuera de aquel establecimiento que conocían perfectamente.

Retomar una amistad como la que ellos tuvieron antes, sería algo improbable a estas alturas, pero por ahora les sería suficiente con haber limado asperezas.


Cuando Gaara llegó a su habitación, daba la impresión de que no había nadie ahí.

Se dejó caer de espaldas sobre la cama, se sentía cansado y a la vez culpable por haberle pedido a Naruto que conversara con Sakura después de todo lo que han pasado.

Al cabo de un rato, se percató de que podía escuchar el sonido proveniente de la regadera, pensó que posiblemente se trataba del desquiciado de Deidara, así que no le tomó importancia.

Solo se sentó sobre la cama y frotó sus ojos con ambas manos.

No notó que la puerta del baño se abría y dejaba a la vista a Sai recién bañado, solo con la toalla atada a la cintura.

—¡Gaara! —exclamó el pelinegro algo escandalizado, estaba seguro de que no habría mayor problema si salía así porque sus compañeros no estaban en el cuarto.

El aludido dejó de tallarse los ojos y enfocó la mirada, encontrándose con su pálido compañero semidesnudo frente a él. Nada de qué alarmarse, solo se trataba de Sai, en toalla, con su torso al descubierto, ligeramente sonrojado.

Todo bien.

Esperen… ¿sonrojado?

—¿Qué pasa? —cuestionó desde su lugar el pelirrojo en tanto Sai negaba y trataba de volver al baño— Sai, somos hombres. Tenemos lo mismo así que no te escandalices por tan poco, no pienso estar observándote.

El pelinegro optó por confiar en lo que su compañero le decía, solo se apresuró a vestirse dándole la espalda, seguro de que Gaara estaría metido en sus cosas, su celular o equis cosa…

—Tu piel es demasiado blanca, te hace falta broncearte más o algo así… —le decía Gaara con naturalidad, sin apartar la mirada de él.

Esa emoción que pocas veces experimentó a lo largo de su vida, ahora se apoderaba de su cuerpo. Sai se estaba enojando.

—¿Perdón?

—Que deberías asolearte más a menudo —agregó sin darse cuenta de lo que sus palabras estaban provocando.

—Claro. Se me olvidaba que a ti te gustan de piel bronceada… —murmuró inconscientemente haciendo alusión a Naruto y claro que el pelirrojo lo escuchó.

Y ya estamos.

Un par de segundos fue lo que le tomó levantarse de la cama y llegar hasta Sai, haciendo que el otro se volteara a mirarlo ya a medio vestir.

—No viene al caso tu comentario, Sai. El que te atraiga una persona no solo tiene ver con el color de su piel o características meramente físicas, no se trata de tener un tipo y ya, basarte en eso para seleccionar a la gente —la molestia en sus palabras era palpable.

—Si eso es cierto entonces dime ¿por qué me llamas paliducho?

—No dije eso.

—Lo insinuaste —aseveró cruzándose de brazos.

—Vale, me disculpo —expresó Gaara con voz conciliadora—. Tu piel es perfecta, el que sea tan clara acentúa el rubor en tus mejillas. Hace que te veas bien… atractivo y tierno a la vez.

Las manos del Sabaku recorrieron sus mejillas, se sentían tibias contrario a su piel que casi siempre estaba fría y cerró los ojos un momento disfrutando del contacto.

—Naruto está con Sasuke, él y yo solo podemos ser amigos, aunque no lo parezca ya lo entendí. En parte, todo eso fue gracias a ti…

—Aléjate —le suplicó Sai con voz calmada—. Si sigues acercándote así no me haré responsable de mis acciones.

—¿Por qué? ¿te pongo nervioso? —indagó el pelirrojo pasando su dedo pulgar por encima de los labios del contrario, al tiempo que con su otra mano acariciaba su hombro desnudo—. El imperturbable Sai ¿está nervioso?

Eso fue todo, Gaara fue empujado contra la cama más cercana y en un instante Sai estaba sobre el mirándole desafiante.

—¡OH MIERDA!

La voz de Deidara rompió el momento de tensión entre ellos, haciendo que se levantaran a la velocidad de un rayo.

—No retocen en mi cama, chicos. Al menos páguenme y hasta les regalo los condones —indicaba el rubio atravesando la habitación hasta dejar sus libros sobre una mesa.


Al día siguiente las cosas marcharon de lo mejor para la institución.

La ventaja sobre los otros dos colegios participantes hasta el momento era aplastante, esto tenía sumamente contentos a Kakashi y a Obito. Seguramente Minato estará más que satisfecho con estos logros cuando vuelva de Francia, porque sí, hace algunos días el Namikaze partió a visitar a su esposa, dejando a Jiraiya en casa.

De hecho, esperaban que la completa ausencia de la figura paterna de los jovencitos Namikaze, refiriéndose específicamente a Naruto y Deidara, los incitara a descontrolarse pero por fortuna esto no había ocurrido.

Tan es así, que la más reciente victoria para el colegio fue en gran parte gracias a Naruto, durante el partido de basquetbol.

Toda la escuela y sus visitantes estaban atentos al evento, en tanto el personal docente y administrativo se encargaba de mantener el orden entre los alumnos.

Sasuke, Deidara, Gaara, Sai y Juugo se mantuvieron juntos durante el partido, para poder apreciar al rubio lucirse en la cancha. Esto es algo en lo que Sasuke nunca ha sido muy bueno, la verdad los deportes no son su fuerte y pese a ello ahí estuvo, contemplando la grandeza y agilidad de su novio

Y no solo eso.

El uniforme del equipo de basquetbol hacía lucir al rubio bastante bien, varonil, apuesto, esplendido…

Esto lo podían confirmar los gritos ensordecedores de las muchachitas presentes, alborotadas y endiosadas con el chico de ojos azules que se robaba el protagonismo.

Y pensar que hasta hace unas semanas estas mismas estaban detrás del Uchiha.

—Hm

Sasuke cerró los ojos, cruzó sus brazos y se recargó contra su asiento sonriendo con socarronería. Ese rubio escultural es suyo, suyo y de nadie más, así griten hasta quedarse afónicas.


Finalizado ese partido, quedaban algunos más por llevarse a cabo, aunque de distintos deportes.

Los 5 jóvenes abandonaron las gradas para ir a alcanzar a sus compañeros, felicitarles por su victoria y escucharlos alardear de ello. Quizá ir a la cafetería a festejar después o simplemente dejarles descansar.

Pronto, las estrellas del momento llegaron hasta ellos. Kiba y Suigetsu venían abrazando a Naruto. Sasuke se tensó, claro que no le hacía gracia que le toquen al novio, pero no diría nada.

Este es un momento de alegría.

Por lo tanto, prefirió mantenerse un poco a la distancia en cuanto todos se mezclaron y comenzaron a felicitarlos.

Joder, el solo estaba ahí por su dobe.

Y lo veía, la sonrisa resplandeciente en su rostro, las pequeñas gotas de sudor rodar por su cuello y también por su frente, haciendo que sus dorados cabellos se adhirieran a esta.

Además de su respiración agitada, reforzada por el ligero parpadeo de esos ojos azules, las mejillas ruborizadas…

Una imagen demasiado erótica para él.

—Quita esa cara —le dijo Juugo llegando a su lado, sacándolo de su ensoñación—. Con todo respeto, me estás dando miedo Sasuke.

Desvió la mirada sintiéndose expuesto, como si el pelinaranja pudiera llegar a ser capaz de leer sus retorcidos pensamientos.

—No es nada, solo estoy fastidiado. Hay más gente de la que puedo soportar —argumentó completamente serio.

Su compañero ya no dijo nada, en todos estos meses ha aprendido bastante acerca de la personalidad asocial del Uchiha, así que no tiene caso mencionar algo al respecto.

Enseguida, la tentación en persona llegó hasta Sasuke plantándole un casto beso en los labios.

—Voy a darme un baño rápido y vuelvo ¿vale?

Lo único que pudo hacer fue asentir levemente y ver como su rubio noviecito se alejaba de ahí con dirección a los dormitorios.

—Oi, Sasuke… ¿Vienes? —escuchó a Shikamaru gritarle desde algunos metros a la distancia.

La verdad no tenía ni idea de a donde se dirigían ahora, estaba tan concentrado en admirar a Naruto caminar que no escuchó si acordaron algo o no y sinceramente le tenía sin cuidado.

Solo prefirió quedarse hasta atrás y seguirlos en silencio aun metido en sus pensamientos, esos que llevaban a cabo un debate en su interior:

La parte racional de su mente le exigía enfocarse, comportarse como el muchacho sensato y prudente que siempre ha sido y desprenderse de esos pensamientos malsanos. Completamente impropios de un Uchiha.

No obstante, otra parte le alentaba a cometer una locura, a dejarse llevar por sus impulsos adolescentes. Hasta podría jurar que esa parte tenía voz propia, una voz muy conocida ya por el…

«Te las quieres dar del buen noviecito, sensato y decente. A mí no me engañas Sasuke, quieres hacer que mi hermanito diga tu nombre entre gemidos y no te culpo…»

Odiaría admitir que alguien como Deidara tiene razón, gracias al cielo no estaba cerca de él.

Tsk… —apretó los puños tan fuerte que casi se hizo daño— A la mierda…

Se volteo cambiando el rumbo de sus pasos, dispuesto a ir tras Naruto.


Se hallaba solo, posiblemente no había nadie más en los dormitorios porque el ajetreo del evento de deportes captaba la atención de todos.

Así que ahí estaba.

Viéndose en el espejo, a medio vestir y con el cabello húmedo por su reciente baño, intentando calmar sus deseos carnales. Pretendiendo pasar por alto la mirada que Sasuke tenía hace un rato.

Tratando de convencerse que solo eran imaginaciones suyas y lo hubiese logrado, de no ser porque escuchó que alguien entró a la habitación.

—¿Naruto?

Sasuke llegó hasta ahí y tal como había visto a Naruto hacer en reiteradas ocasiones, entró al dormitorio ajeno sin tocar, sabiendo que la puerta no tendría seguro pues no acostumbran a ponérselo.

—¿Qué pasa? —preguntó el rubio al salir del baño, preocupado por la alterada voz de su novio.

—Yo… quise venir a alcanzarte. Es todo —mintió ladeando la cabeza para no verlo, para no lanzarse sobre el como una bestia salvaje.

Naruto aun no traía puesto el uniforme por completo, estaba despeinado, descalzo y aun así le parecía jodidamente encantador.

—¿Qué tienes? —se acercó hasta tocarle la frente con su mano, tratando de comprobar su temperatura corporal—. ¿Te sientes mal?, no pareces tener fiebre.

—Y aun así estoy ardiendo —musitó cediendo a sus impulsos y por supuesto que Naruto lo escuchó—. Necesito tocarte… ¿puedo tocarte? —suplicó cegado por la lujuria, empujando a Naruto contra la pared más cercana, inhalando su aroma, dejándose embriagar por este.

El rubio sintió como si se encogiera, como si los profundos ojos negros pudieran atravesar los suyos, como un animal indefenso siendo asechado por un león hambriento. Un león hambriento de él, de su piel, de su cuerpo y hasta de su alma.

Así se veía Sasuke Uchiha en ese instante.

—S-Sasuke… —enunció sintiendo un cosquilleo recorrer cada centímetro de el— No… No quiero que me toques a menos que estés dispuesto a llegar hasta el final.

Ante esto, el azabache sonrió malicioso. Su dobe deseaba lo mismo que él y no podía estar más de acuerdo con su petición.

Así que se tomó segundos para asegurar la puerta de la habitación retornando hasta el, solo para usar sus fuertes brazos y sostenerlo por los muslos incitándolo a envolverle con sus piernas alrededor de la cintura. Naruto se enganchó a él fuertemente, pasando los brazos por el cuello de Sasuke, algo que a estas alturas adoraba hacer.

Procedieron a besarse como si no hubiese un mañana, decididos a llegar hasta las últimas consecuencias esta vez, pues ahora nadie podría impedírselos.


La platica era amena.

Las horas de entrenamiento dieron buenos resultados, la colaboración y el trabajo en equipo fue lo que les permitió obtener la victoria y por eso, ahora se encontraban ahí, reunidos en la cafetería compartiendo bebidas sin alcohol -obviamente- y pasándola en grande.

No fue hasta que su nombre se coló en la plática, que se percataron de que esa persona no estaba presente…

—Oigan… ¿Y Sasuke? —preguntó Kiba con extrañeza — ¿Qué no venía con nosotros?

—Ni idea —contestaron los demás, restándole importancia puesto que ya conocen bien al Uchiha.

Seguramente se fue por ahí, ya que nunca le ha agradado estar en grupo cuando Naruto no se encuentra con ellos.

Solo una persona tenía una opinión diferente: Deidara, que sonreía burlón para sí mismo.


La chaqueta del uniforme yacía en el suelo, junto a su camisa de botones y sus zapatos.

No podía escucharse nada más que el sonido ligero de sus respiraciones entrecortadas o sus leves movimientos sobre el colchón.

Recostado en su cama, Naruto se permitía disfrutar de las sensaciones que le provocaba la lengua de Sasuke al recorrer, desde su cuello hasta su abdomen, sintiéndose deseado, amado y adorado. Como si fuera el platillo más exquisito sobre la tierra o por lo menos así es como el azabache se lo hacía creer, más aún cuando le dirigía una mirada, mientras succionaba algunas partes de su piel arrancándole pequeños suspiros.

—¿Estás seguro de esto? —inquirió aquel dejando de explorar el cuerpo ajeno.

—Lo estoy, quiero hacerlo aquí y ahora, Sasuke… —resolló con voz tenue, las pupilas dilatadas y sus pómulos enrojecidos.

Las palabras del rubio solo lo provocaron aún más.

Por lo tanto, se abstuvo de volver a preguntar porque, a decir verdad, él también se moría de ganas por poseerlo.

Con toda la calma de mundo, terminó de desnudar a su rubio y luego este le ayudó a él. Así, enseguida estaban libres de cualquier indumentaria que les impidiera rozar sus cuerpos ardientes.

Claro que al principio se cohibieron un poco, era la primera vez que se miraban completamente desnudos, pero luego de un rato esto paso a segundo término.

—Eres excesivamente hermoso, Naruto… no creo poder contenerme más —confesó friccionando sus labios con los del rubio y acariciándole el rostro con ternura.

—No lo hagas, solo trata de no lastimarme demasiado— esto fue una autorización de su rubio de ojos azules que acabaron sellando con un demandante y fogoso beso.

Así pues, el Uchiha frotaba su miembro contra el suyo, hasta sentirse cubiertos de su propia humedad. Luego procedió a solo dedicarse a él, envolviéndolo desde la base para iniciar ese tortuoso sube y baja que lo enloquecía, igual que aquella noche en su casa.

Inexpertos, es cierto, pese a ello querían descubrir y aprender juntos todo lo relacionado a este tipo de placeres.

Al romper un momento el contacto labial, Naruto vio como Sasuke lubricaba uno de sus dedos y con este palpaba su entrada. Comprensiblemente y por instinto se tensó, pero sabía que si no se relajaba podría ser peor, así que solo se dejó hacer, confiando plenamente en su novio.

Su cuerpo temblaba y él se aferró a las sabanas con fuerza, nunca imaginó que su primera relación sexual seria de esta manera, lo cierto es que estaba disfrutándolo completamente.

Un par de dedos entraban y salían ahora de su interior, con más facilidad que en un principio, su cuerpo ya se había acostumbrado y ahora necesitaba más, mucho más.

—Hazlo ya, Sasuke —suplicó entre suspiros.

—No quiero lastimarte.

—¡Solo hazlo! —exigió con algo de desesperación en su voz. Lo quería todo de una vez por todas.

El mayor sonrió con lujuria, se posicionó sobre el separándole las piernas con delicadeza. Enseguida, comenzó a abrirse paso en el interior de su rubio, viéndolo retorcerse un poco y entreabrir los labios para dejar salir un quejido exquisito.

—Esto es lo que querías ¿cierto? —le susurró al oído, penetrándolo con lentitud.

No hubo respuesta, solo gemidos y apretujones por parte de aquel. Sasuke sentía morir al ver ese rostro transformarse de esa manera, ver esos labios rosados y esos ojos nublados por la excitación al igual que los suyos.

No sabía que era más placentero, si sentir la estrechez de Naruto envolver su pene o escucharlo gemir sin ninguna vergüenza y sentir sus uñas arañar su espalda, marcándolo como muestra de su entrega.

Siguió moviéndose, consumando la primera vez de ambos, utilizando una de sus manos para seguir masturbándole. La primera de todas las veces que estaría dispuesto a vivir con él. Solo con él.

—Ahh Sasu…ke, no pares…

En un intento por acallar sus gemidos, se besaron permitiendo que sus lenguas se exploraran mutuamente. El rubio lo rodeó con sus piernas profundizando así las penetraciones, entonces el azabache incrementó la velocidad de sus movimientos los cuales hace rato que habían dejado de ser torpes.

Segundos bastaron para terminar sintiendo una corriente eléctrica recorrer cada centímetro de su piel.

Te amo… Naruto —murmuró para concluir corriéndose dentro de él.

Casi a la par, sintió como Naruto mordía su hombro y se estremecía entre sus brazos permitiendo que su esperma se derramara entre ambos.

Sudados, exhaustos y con dificultad para regular su respiración, Sasuke se dejó caer a su lado. No hubo necesidad de más palabras, porque simplemente no existía ninguna que pudiera explicar a plenitud todo lo que experimentaban.


Luego de asearse y vestirse, terminaron abrazados de nuevo sobre aquella cama, cómplice número uno de sus devaneos anteriores.

No tenían intenciones de salir de ahí e integrarse al resto de su grupo, pero debían hacerlo si no querían ser pillados o levantar sospechas. Especialmente si Deidara o Suigetsu se atrevían a venir a buscarlos, pues eso sería el colmo y el fin de todo el romántico momento.

—Sasuke…

—Dime —contestó depositando tiernos besos sobre su nuca y cabellos rubios.

—Lo… que dijiste hace un rato —titubeó— Fue por el… calor del momento ¿verdad?

—¿Qué? ¿Te refieres al te amo? —inquirió el azabache reafirmando su abrazo alrededor de su cintura— No, lo dije porque así lo siento. Te amo Naruto.

¿Quieres que te lo repita?

Te amo

Te amo

Te amo

Una pequeña lagrima de felicidad escapó de sus azules ojos, deslizándose con lentitud sobre su mejilla hasta casi desaparecer. Sonrió como nunca, disfrutando del calor que Sasuke emanaba, de sus brazos alrededor de él, y de la forma tan tierna en que lo acariciaba.

Solos, en la comodidad de su cama, no había otro lugar donde deseara estar ahora.

De algo estaba seguro:

Tomar riesgos y vivir una relación con Sasuke no podría ser un error.

Tal vez… solo tal vez, el amor existe y no es tan malo después de todo…