Capítulo 8: Incomodidad

Hinata solo había visto unos pocos minutos de la película, pero no podía olvidar lo poco que había visto. La sexualidad no era un concepto desconocido para ella, pero su experiencia era nula, ni siquiera había tenido su primer beso o imaginó que pudiera usarse la boca de la forma en que la usó la protagonista de la película que había alquilado.

Lo que más le avergonzaba era que Toneri la hubiera visto. Notó el sonrojo en su cara y el hecho de que estaba tan sorprendido como ella. Una parte de ella deseaba saber en qué estaba pensando, pero otra prefería vivir en la ignorancia. Había sido su idea que vieran una película juntos y, aunque sabía que estaba allí para cumplir con el vasallaje, sabía que era importante que tuviera una buena relación con Toneri si quería convencerlo de abandonar su plan de destruir la Tierra.

Fue en ese momento que fue consciente de que había cometido un error en el tejido. No era especialmente grande y fácilmente podía pasar desapercibido, pero entre más se extendiera la bufanda, más problemas causaría. Mentalmente se felicitó por ello y se dijo que podría usarlo para conseguir más tiempo o para justificar lo que hacía por las noches.

Observó los ovillos de lana que le quedaban, eran los suficientes para terminar la bufanda y eso le preocupaba. Pensó en la manera de cómo deshacerse de alguno mientras que seguía tejiendo. Las marionetas solían encargarse de todo y parecía que nada faltaba en la Luna, pero ella necesitaba una excusa para volver a la Tierra y mostrarle a Toneri que esta podía ser un lugar encantador.

Una idea llegó a su mente. Recordó que Hanabi solía quejarse por la pérdida de sus kunais con frecuencia y es que su hermana menor solía colocarles accesorios, algo que no siempre hacía en el mismo lugar. Decidió hacer lo mismo y "olvidar" algunas cosas en el proceso. Pensó en lo que haría Naruto y se dijo que él ni siquiera se habría ruborizado. Hinata sabía que Jiraiya solía escribir ese tipo de novelas así que no le sorprendería si Uzumaki las hubiera leído en algún momento o hubiera visto cosas durante sus viajes.

Mentalmente se reclamó por el rumbo de sus pensamientos. Había aceptado que no podría tener el amor de Naruto, incluso si tenía éxito en su misión y lograba evadir la boda con Toneri, se había propuesto deshacerse de esos sentimientos y obligado a no saber nada de Naruto pese a que sabía qué era lo que Toneri utilizaba para vigilar la Tierra, lo único que no había logrado era desenamorarse o hacer que su corazón dejara de doler.

En el camino se encontró con Toneri. Al principio creyó que era una coincidencia, pero no tardó en darse cuenta que él la estaba buscando.

—¿Qué haces? —le preguntó.

—Me dirijo a los campos de cultivo —Hinata tuvo que hacer grandes esfuerzos para no tartamudear. Con el tiempo había dejado de hacerlo, pero el recuerdo de esa película seguía mortificandola —, pienso que me ayudarían a concentrarme en el tejido.

—Eso puede esperar, me gustaría que vinieras conmigo.

Hinata obedeció. No actuaba por miedo o porque quisiera retrasar su tejido, al menos está no era su principal intención. Sentía curiosidad por lo que Toneri tuviera que decirle.

—Lo siento —comentó Hinata después de lo que le pareció una eternidad —, me dijeron que era una película apropiada para parejas y...

—Descuida —la interrumpió Toneri —, no me molestó realmente, es solo que...

Hinata se sintió un tanto confundida al ver que Toneri callaba. Ver la incomodidad en su rostro hizo que se sintiera más tranquila. No era que disfrutara del sufrimiento ajeno, sino la sensación de que compartían un mismo sentimiento.

—No es tu culpa que la Tierra sea un planeta destinado a la perdición.

—No es así —Hinata no solía ser impulsiva, pero escuchar esas palabras habían hecho que temiera por su misión —, traje otra película, si la vieras... podría ser divertido.

Toneri estaba molesto, o al menos eso era lo que Hinata pensaba. Su rostro mostraba enojo, pero no había dicho nada y eso era un tanto inusual tratándose de él. El príncipe de la Luna solía defender el legado de Hamura, al menos su interpretación, con fiereza.

—Supongo que podría darle una oportunidad.

Hinata cruzó los dedos y esperó que el otro VHS ayudara a suavizar a Toneri. De no haber estado tan preocupada habría notado que Toneri había prestado especial atención a todo lo que hacía.

La película comenzó, era animada por lo que Hinata se dijo que no debería preocuparse por elementos subidos de tono. Había una joven trabajando en una tienda de sombreros que era invitada por un grupo de amigas a una fiesta. Conforme avanzaba la película, aumentaba el interés de Hinata por la misma. No era solo curiosidad por saber cómo terminaba la historia, sino que deseos de que todo terminara bien. Se encariñó con Calcifer, con Howl y con Marco. Llegó a sentir la angustia de Sophie.

En varias escenas buscó la mirada de Toneri. Esa película reflejaba todo lo que ella quería transmitirle. Había una guerra, Howl de mostró cobarde al principio y la bruja Calamidad maldijo a Sophie al sentirse ofendida por su comportamiento, pero también tenía amor, valentía, redención y otros valores que quería que Toneri pudiera ver, quería que el príncipe entendiera que había belleza y luz incluso en los momentos más oscuros. Verlo concentrado hizo que se sintiera más tranquila y descubrirlo observándola a ella hizo que se sintiera ruborizada.

Hanabi comenzó a recoger los kunais esparcidos en el suelo. Ella no solía fallar ni uno solo de sus lanzamientos y sin embargo en esa ocasión ninguno había dado siquiera en el árbol que usaba como diana. Eso la hizo sentir frustrada.

Hanabi era consciente del motivo de su distracción y lo odiaba. Muchas veces se había dicho que pensar tanto en Naruto no le traería nada bueno y que era lo último que necesitaba en su vida. Desde pequeña había entrenado arduamente, esforzado por cumplir todas las espectativas sobre ella y estar a la altura de su clan. Fallar nunca había sido una opción y mucho menos lo era en ese momento, o al menos eso era lo que Hanabi quería pensar.

La joven Hyuuga sabía que Naruto no era el problema, que un compromiso con el joven Uzumaki beneficiaría altamente al clan. Él era un héroe, reconocido en toda la Alianza Shinobi y próximo candidato a Hokage. Si había un inconveniente era que no pertenecía al clan Hyuuga, pero Hanabi sabía que este no era realmente grande, las cosas habían comenzado a cambiar desde las pruebas chuunin, cuando Neji y Naruto se enfrentaron.

El problema era Hinata. Ella le había dicho que renunciaba al amor de Naruto, pero Hanabi no podía terminar de creerle. Lo había admirado durante tanto tiempo que le parecía absurdo el que se olvidara de sus sentimientos de un momento a otro. Hanabi quería a su hermana y no quería ser el motivo de su sufrimiento. Si bien era cierto que se sentía un tanto molesta por la falta de noticias también lo era que continuaba esperando su regreso e investigando sobre su posible paradero.

Kõ le había dicho que estaba segura y que volvería en cuanto terminara su misión diplomática. Se negó a darle más información alegando que no tenía autorización para hablar. Hanabi ingenuamente había creído que su padre le revelaría lo que estaba pasando, pero no quiso decirle nada y le prohibió consultar al Consejo.

Saber que uno de los miembros de la rama Principal había perdido sus ojos no la hicieron sentir mejor, al contrario, formuló muchas teorías al respecto y ninguna era alentadora. Hanabi sabía que su tío, el hermano gemelo había sido entregado cómo ofrenda de paz a Kumogakure y que eso había causado el odio de Neji durante muchos años, también sabía que eran tiempos diferentes, para el clan y para la aldea, pero con tanto secretismo le era inevitable pensar lo peor.

Luego recibió una carta de Hinata. Reconoció su letra y sus trazos eran firmes por lo que no parecía haber escrito bajo presión. Leyó sus palabras, no había ni un solo indicio del lugar en el que se encontraba, pero eso no la hizo sentir frustrada. Su hermana le decía que estaba bien y feliz por la oportunidad que se le dio de conocer los secretos del clan. Hanabi confiaba ciegamente en su hermana y estaba segura de que eso justificaba la falta de información que había entorno a ella.

—¿Señorita Hanabi, se encuentra bien? —le preguntó Natsu, su rostro mostraba preocupación.

—Sí, solo necesito practicar un poco.

Natsu no parecía convencida, pero no hizo ninguna pregunta y Hanabi prefirió dejarlo de ese modo. Sabía que si insistía haría evidente que le pasaba algo y eso era lo último que necesitaba. Natsu la había cuidado desde pequeña y temía que pudiera leer en ella lo que tanto se esforzaba en ocultar.

—Su padre la llama, dice que la espera de inmediato.

Hanabi agradeció por el mensaje y se dirigió a la oficina de su padre de inmediato. No era solo el hecho de que su padre odiaba esperar sino sus deseos por tener información de su hermana mayor.