Los personajes de Candy Candy pertenecen a sus autoras Mizuki e Igarashi. Esta historia es de mi autoría como todas las que he escrito y lo hago sin fines de lucro, solo por entretención.


CAPITULO 11

Otra oportunidad

Meses después…

Dos meses después desde que Albert se enteró que tenía una hija con Candy, las cosas marchaban tranquilamente para todos. Él se dedicaba a visitar a Katherine y cuidar de ella como todo un padre. Por otro lado, su relación con Candy estaba mejorando, aunque solo hablaban temas referido a la pequeña.

Candy seguía su relación con Terry, algo que a este lo tenía muy confiado pensando que entre su novia y Albert no volvería a existir una relación amorosa. Eso se lo hiso saber a Karen que había quedado muy sorprendida cuando se enteró que Albert era el padre de la hija de Candy, eso la preocupó, pero cuando Terry le dijo que él seguía siendo el novio de la rubia, se quedó más tranquila teniendo la esperanza de poder conquistar al millonario y casarse con él.

—¿Mamá dónde voy con mi papá? –le preguntó Katherine.

—Te va llevar al zoológico –le respondió Candy que le estaba colocando un bonito vestido a la niña.

—¿Y tú también mamá?

—Yo no puedo.

Pony entro a la habitación.

—Candy, ya llego el señor Andrew, con su sobrino Anthony.

Albert al único que le había contado sobre su hija fue a su sobrino Anthony, con el que Candy siempre ha tenido una buena relación.

—Vamos, Katherine –le dijo la rubia tomándole la mano para llevarla a la sala.

—¡Papá! –gritó la niña corriendo a los brazos de su padre.

—Hija –le dijo él tomándola en sus brazos.

—¿Cómo está mi bella prima? –le preguntó Anthony tomándole una manito.

—Bien… ¿tú también iras al zoológico?

—Si…la pasaremos muy bien.

—¿Cómo has estado, Anthony? –lo saludó Candy.

—Bien…¿y tú?

—Bien también.

—¿Tío, nos vamos? –le preguntó el joven.

—Si…pero espérame en el automóvil con la niña, tengo que hablar un momento con Candy.

—Ok, vamos Katherine.

—Si…

Anthony se fue con la pequeña y Albert se acercó a la rubia.

—¿Qué es lo que tienes que decirme? –le preguntó ella.

—Mañana viajo a Florida a la inauguración de un hotel, así que me ausentaré varios días.

—Que te vaya muy bien…

—También quería contarte que el abogado tiene listo los papeles del divorcio para que los firmes.

—Claro…lo haré cuando pueda -dijo Candy no muy animada.

—Bueno… ya me voy. Más tarde traigo a la niña de regreso.

—Cuídala mucho.

—Si…no te preocupes.

Al día siguiente Albert viajo a Florida, donde se reunió con George, que tenía todo listo para la inauguración del nuevo hotel que sería en dos días más.

Ese mismo día Albert se dedicó a conocer el hotel, en compañía del arquitecto que lo había diseñado, donde le iba comentando cada detalle de la construcción. Por la tarde se fue a comer con su amigo George a uno de los mejore restaurantes de Florida, para hablar de la inauguración, pero también de asuntos personales.

—¿Y qué te pareció el hotel? –le preguntó George echándole vino a su copa.

—Me encantó, es moderno e innovador, nos ira muy bien con ese hotel en esta ciudad –respondió Albert con satisfacción –. Ahora solo falta la inauguración.

—No te preocupes por eso, porque será todo un éxito. Hay muchos invitados, entre ellos unas bellas modelos.

—George…tú sabes que yo amo a Candy.

—Pero esa relación no tiene ningún futuro…ella nunca te va perdonar lo que le hiciste y cuando ustedes se divorcien se casara con su novio.

Albert tomó una copa de vino, con una mirada triste.

—Estoy consciente de eso, pero amo a Candy y hay algo muy fuerte que nos une.

—¿A qué te refieres? –le preguntó George.

—George, no había querido decírtelo antes, pero ha llegado el momento de que sepas que Candy y yo tenemos una hija.

—¡Una hija! –repitió sorprendido.

—Si…fue el fruto de esa noche que pasamos juntos, años atrás en Lakewood. Ella me lo había estado ocultando, pero hace tres meses atrás supe la verdad.

—Vaya me sorprende…me imagino que debes estar feliz con tu hija.

—Si…es una niña maravillosa, la quiero con todas mis fuerzas.

—¿Y tu familia ya lo saben?

—Solamente Anthony…Candy no quiere que le diga nada a mi familia todavía.

—Y la entiendo, no creo que tu tía Elroy se lo tome muy bien…

—Lo se…pero eso no es lo que me preocupa. Lo que me preocupa es que cuando Candy se case con Terry me impida ver a mi hija.

—No, no creo que ella te niegue a ver a la niña. Eso sí va ser una situación difícil para ti, tener que ver a la mujer que amas casada con otro hombre.

—Si…va ser muy difícil, pero bueno ella eligió a su novio y yo tengo que respetar su decisión–dijo Albert bebiendo el último sorbo de vino –. Ya es tarde nos vamos al hotel.

—Si…vamos todavía hay muchas cosas por hacer.

...

En Chicago Candy se encontraba junto a su hija ordenando la habitación de la pequeña.

—¿Mamá cuándo va venir mi papá? –le preguntó Katherine a Candy guardando una ropa en el armario.

—Pronto, hija…

—¿Y a dónde fue?

—A Florida.

—Mamá, yo también quiero ir.

Candy se acercó a su hija que estaba sentada en la cama jugando con sus muñecas.

—No puedes, queda muy lejos, además tu papá fue a trabajar.

—Mamá, ¿tú quieres a mi papá? –le preguntó la niña.

La rubia la miro sorprendida…sin saber que responderle.

—¿Candy respóndele a tu hija? –la presionó Pony que llego en ese momento.

—Tía por favor, no empieces -contestó Candy volviendo al armario para seguir ordenando la ropa.

—Sobrina hasta cuando vas a huir de lo que sientes por el padre de tu hija, se te ve en los ojos que lo sigues amando.

La rubia dio un fuerte suspiro, sintiendo que ya no podía ocultar lo que sentía por Albert, que el amor que sentía por él había superado el odio que le tenía.

—Si tía…amo a Albert y no sé qué voy hacer con este amor.

—Disfrutarlo Candy…él también te ama. Dale una oportunidad a ese hombre que te ha demostrado en este tiempo que ha cambiado.

—Tía no lo sé, me siento tan confundida…¿qué pasa si Albert me vuelve a lastimar?

—A veces hay que arriesgarse para poder alcanzar la felicidad, pero es mejor eso que no haberlo intentado nunca.

—¿Y Terry? No quiero hacerle daño.

—Le haces más daño estar con él sin amarlo.

—Si…eso es verdad –admitió Candy pensando que había llegado el momento de tomar una decisión.

En la tarde, Terry se encontraba en su departamento, cuando sorpresivamente llego Candy a visitarlo.

—Mi amor, que sorpresa –le dijo Terry cuando le abrió la puerta.

—Tenemos que hablar –le contestó ella.

El la miró dándose cuenta que algo andaba mal.

—¿Pasa, pecosa…?

La rubia entro a la sala del departamento y se sentó en un cómodo sillón color blanco.

—¿Quieres algo de beber? –le ofreció Terry.

—No…estoy bien así.

—Candy, ¿qué es lo que sucede?

Ella lo miró a los ojos sintiendo un dolor en su corazón.

—Terry…tú has sido tan bueno conmigo, me duele mucho causarte esta tristeza, pero es mejor que terminemos nuestra relación.

Terry sintió como si le hubieran dado una puñalada por la espalda.

—¿Por qué me haces esto Candy? ¡Yo te amo! –le reclamó dolido.

—Lo se Terry, pero tu mereces una mujer que te amé de verdad y te haga muy feliz.

—Amas a William Andrew, ¿verdad?

Ella bajo su mirada.

—¡Dímelo Candy! -le exigió Terry.

—Si…lo amo, ya no puedo ocultarlo más. Por más que quise odiarlo no pude. Lo que siento por Albert es un amor muy grande.

—¡Eres una tonta! ¡Ese imbécil te va ser sufrir!

Candy se levantó del sillón y se acercó a Terry.

—No soy ninguna tonta, solo quiero darme una oportunidad con él.

—Se va burlar de ti nuevamente.

—Puede ser…pero quiero arriesgarme a intentarlo por mi hija y por mí.

—¿Aunque salgas lastimada?

—Si Terry –admitió Candy sabiendo el riesgo que estaba corriendo.

—Bueno…entonces que seas muy feliz al lado del padre de tu hija –le dijo Terry en forma irónica –. ¡Ahora vete quiero estar solo!

Él le dio la espalda.

—Terry…espero que algún día me puedas perdonar. Yo siempre te voy a llevar en mi corazón –le dijo Candy con sus ojos llorosos y marchándose del departamento.

Cuando Terry sintió que su ex novia cerró la puerta, volteo su cuerpo con una mirada oscura y llena de despecho.

—No voy a dejar que seas feliz con ese imbécil –dijo con una voz llena de rabia y dolor.

Al otro día

El día de la inauguración del nuevo hotel de la empresa hotelera de los Andrew, había llegado. Realizándose una inauguración por todo lo alto, donde estaba participando empresarios, artistas, personas del mundo social y varios periodistas que estaban cubriendo el evento.

Todos los socios de la empresa estaban presentes los Legan, los Cornwell, menos Elroy que había preferido no viajar por problemas de salud.

Albert vestido con un frac negro, viéndose guapísimo, tomaba una copa de champaña, se sentía muy contento de que todo estuviera saliendo como él quería, escuchando los comentarios que hablaba muy bien del nuevo hotel.

Karen que como siempre anda metida en todo, se le acercó en ese momento luciendo un elegante vestido color azul.

—William, felicidades por tu nuevo hotel.

El la miró con desagrado.

—¿Qué haces tú aquí?

—Vine a la inauguración.

—No quiero verte, Karen.

—Que grosero, vine a celebrar contigo -le dijo tocándole un hombro con coquetería.

—Karen hasta cuándo con lo mismo, entiende que no me interesa tener nada contigo.

—Por tu esposa, ¿verdad?

—Si…

—William a quien quieres engañar, esa mujer no te quiere. Ni siquiera vino a la inauguración del hotel.

—Te equivocas Karen Klees –la corrigió Candy que apareció en ese momento vestida con un elegante vestido color dorado que la hacia verse como una reina.

Albert volteo su cuerpo mirando a Candy de pies a cabeza como si fuera una aparición.

—¿Qué haces aquí? –le preguntó Karen con molestia.

La rubia se acercó a Albert y lo tomó del brazo con una amplia sonrisa.

—Vine a acompañar a mi esposo a la inauguración del hotel. ¿Hay algún problema con eso?

—No…claro que no.

—Ahora querida Karen, puedes dejarnos solos –le pidió Candy en forma irónica.

—Por supuesto –contestó la actriz marchándose echando chispas por los ojos.

En ese momento Sara y Elisa se dieron cuenta de la presencia de Candy.

—Mamá, ¿qué hace aquí Candy? -preguntó Elisa.

—Me imagino que vino a la inauguración, no olvides que ella también es socia de la cadena de hoteles.

—Mira cómo anda vestida.

—Hay que reconocer que se ve bellísima.

—Si se ve como una reina -agregó Anthony que se acercó a ellas.

—¡Anthony! -exclamó Elisa celosa.

—Es verdad, Candy es muy hermosa -comentó con una sonrisa-. Ve como los fotógrafos le están sacando fotos, la esposa de mi tío esta causando sensación.

—¿Candy por qué has venido a Florida? –le preguntó Albert directamente.

Ella le sonrió.

—Vine porque este hotel también es mío…o se te olvida que mi abuelo me dejó e 40% de las acciones de la empresa hotelera.

—No se me olvida, tienes todo el derecho de haber venido. ¿Y cómo quedo nuestra hija?

—Bien…con mi tía Pony.

—Entonces, disfruta de la inauguración del hotel –le dijo Albert con intención de irse, pero Candy lo detuvo tomándolo por el brazo.

—¿A dónde crees que vas William Andrew?

Él volteo su cuerpo hacia ella.

—Voy a pedirte una recámara para que te quedes esta noche.

—No es necesario, pienso quedarme en la tuya –le dijo Candy con una voz coqueta.

—Candy no tengo ninguna intención de quedarme a dormir en un incómodo sofá, como lo hice en Nueva York.

Ella se le acercó y lo abrasó por el cuello.

—No tienes por qué hacerlo…la cama es bastante grande para los dos.

Albert sintiendo un profundo deseo la tomó por la cintura.

—¿Estas segura que quieres dormir conmigo en la misma cama? Por qué no voy a responder por mis actos –le advirtió con una voz ronca.

–No te preocupes, yo estoy consciente de eso, mi amor –le respondió ella muy cerca de los labios de él

Mas tarde la inauguración del hotel había sido todo un éxito, donde todos quedaron muy satisfechos con el buen resultado del evento. En especial Albert que se sentía muy feliz, sobre todo porque Candy estuvo a su lado acompañándolo como una verdadera esposa.

Cerca de las tres de la mañana Candy y Albert subieron a una de las suite del nuevo hotel para pasar la noche.

—¿Espero que te guste? –le preguntó Albert al entrar de la mano con ella.

—Esta perfecta –contestó con una gran sonrisa, mirando lo amplia y lujosa que era la recámara.

—¿Estas segura que quieres quedarte aquí conmigo?

—Por supuesto…

Albert le soltó la mano y la tomó con firmeza por la cintura.

—¡Candy te amo! Mi siento muy feliz que estés aquí conmigo. Dame la oportunidad de poder demostrártelo.

—A eso vine, mi amor…

—¿Y que va pasar con tu novio Terry?

—Terminé con él, no tenía sentido seguir a su lado si al único hombre que amo es a ti.

—¿En serio?

—Si…¿Acaso lo dudas?

—No…solo que quería que me lo confirmaras.

—¡Te amo Albert! ¡Te amo! –le susurró Candy encima de los labios de él.

Albert no desaprovechó de la cercanía de los deliciosos labios de su esposa y se apoderó de su boca como tantas veces quiso hacerlo. Deslizo una de sus manos por la espalda de ella, donde le bajo el cierre del vestido, dejándolo caer al suelo.

—Te ves hermosa, mi amor…-le dijo Albert tomándola en sus brazos para llevarla a la cama.

—¡Te amo tanto!

—Y yo a ti…esta noche será inolvidable para ti.

Candy se puso poco tensa, ya que recordó que Albert le dijo lo mismo cuando se entregó a él en la cabaña. El miedo la invadió nuevamente apartándose de él.

—¿Qué pasa, Candy? –le preguntó confundido por su actitud.

—Tengo miedo que…

Él le tomó el rostro con sus manos.

—Candy…por favor cree en mí –la interrumpió -. Nunca más te volveré a lastimar, ahora todo será diferente, voy hacerte la mujer más feliz de este mundo junto a nuestra hija.

Ella le sonrió sintiendo un alivio en su corazón.

—Si te creo Albert…te creo…

Se besaron intensamente, que los besos se volvían más largos, profundos e íntimos. Después de un buen rato, él apartó los labios de la boca de Candy para besar su cuerpo. Ella se sentía perdida en un mundo de sensaciones puras, las mismas sensaciones de cuando estuvo con él la primera vez. Él se quitó la ropa completamente y los ojos de Candy se abrieron más, disfrutando de la desnudes de su esposo, que era un hombre realmente atractivo.

—No te imaginas cuanto soñé con hacerte mía nuevamente –le susurraba Albert besándole el cuello –. Te deseo tanto Candy…tanto.

—Yo también te deseo, mi amor…ámame como la primera vez.

—Claro que lo are…quiero ser el único hombre en tu vida –le dijo Albert tocándola con suavidad por toda la piel de ella.

—Siempre lo has sido –le confesó ella mirándolo a los ojos.

Albert se apoderó nuevamente de los labios de su esposa, sin dejar de acariciarla. Ella abrazo con más fuerza la espalda de él apretándolo con sus suaves manos. Parecía que su mente se desvanecía cediendo a las intolerables y maravillosas sensaciones que palpitaban en todo su cuerpo, estremeciéndose en cada caricia, mientras Albert la convertía nuevamente en su mujer.

Ambos con sus cuerpos desnudos se abrazaron quedándose profundamente dormidos, sintiendo los latidos de sus corazones que los llenaba de felicidad, de por fin estar juntos como marido y mujer.

A la mañana siguiente Candy se despertó con los rayos del sol, que traspasaban las cortinas de la habitación. Sintiéndose un poco soñolienta y mostrando una sonrisa recordando la apasionada noche que había pasado con el padre de su hija, levantó su cabeza para verlo a su lado, pero su sonrisa bruscamente desapareció al darse cuenta que su esposo no estaba en la cama.

"Acaso Albert la había abandonado nuevamente", pensó Candy en ese momento con sus ojos llenos de lágrimas y recordando esa mañana en la cabaña cuando él la dejó. Bruscamente envuelta en las sabanas se levantó de la cama y comenzó a llamarlo, buscándolo con sus ojos por toda la habitación.

—¡Albert! ¡Albert! –lo llamaba desesperada.

Cuando el salió del baño envuelto en una toalla.

—Mi amor, ¿qué pasa? -le preguntó acercándose a ella.

Candy como una niña pequeña lo abrazo por el cuello llena de emoción.

—Albert, pensé que me habías dejado sola –le respondió.

—¿Crees que tendría el valor de dejarte nuevamente?

—No, pero…

—¿Pero tuviste miedo que me hubiera marchado como esa ves en la cabaña?

—Si –admitió ella bajando su mirada.

Él le tomó la barbilla, para que lo mirara de frente.

—Nunca más amor mío te volveré a dejar, te amo Candy y desde hoy estaremos juntos el resto de nuestras vidas.

—¡Yo también te amo!

—Ya quiero ver a nuestra hija y decirle que su mamá y papá están juntos -comentó Albert emocionado.

—Katherine, como la extraño.

—Yo también la extraño mucho, pero aún no quiero regresar a Chicago.

—¿Por qué Albert? ¿Aun tienes cosas que hacer en Florida?

—No precisamente.

—¿Entonces?

—Pensé que nos podríamos quedar un par de días más aquí, disfrutando de esta ciudad en este hotel, como si fuera una luna de miel, recuerda que la que tuvimos en Nueva York fue un desastre. ¿Qué le parece señora Andrew mi propuesta?

Ella sonrió.

—Podría ser, señor Andrew….

—¿Eso significa que nos quedamos? –le preguntó Albert acercándose a los labios de su esposa.

—Por supuesto, mi amor…

—Entonces, volvamos a la cama, tenemos que recuperar todo el tiempo perdido que nos pasamos peleando.

—Tienes toda la razón…-le dijo Candy dándole un coqueto beso en los labios.

Continuará...


Hola mis lindas chicas.

Espero que se encuentren muy bien. Aquí les dejo otro capitúlo de este fic, espero que les guste.

Muchas gracias por seguir apoyandome con la historia. Les cuento que si Dios quiere pronto estaré publicando otro fic de nuestros rubios. Es una historia que había publicado antes, se llama el "Heredero", tal vez algunas chicas se acuerdan de ella y las que no la leyeron, espero que le den una oportunidad.

Les mando un cariñoso abrazo a la distancia.