18. Esencia • Xion Pov's •
Querido diario, amo estar sola. No porque la gente no me agrade, es decir, no me agrada, pero no es por eso. La mayoría de tiempo estoy sin compañía, papá sale a trabajar desde temprano y regresa muy entrada la madrugada con varias copas encima, ganas de dormir, sin dirigir si quiera un pensamiento hacia mí. Al principio me entristecía quedar sola en la enorme casa, me hacía sentir vacía. Pero gracias a ello desarrollé varias manías que amo, que disfruto mucho. ¿Recuerdas que una vez dije que hay dos tipos de adolescentes? ¿los que tienen una meta fija y los que piensan que el verdadero destino es el viaje?
Bien, de eso va.
Soy del segundo tipo; Me gusta comer casi todo el tiempo, así que aprendí a cocinar bien para prepararme comidas deliciosas y me perfeccioné en repostería exactamente por lo mismo. Amo escuchar música, de los géneros más variados: rock n' roll, pop, baladas, electrónica, clásica, boleros, jazz, indie, instrumental, soundtracks, operas, metal. De cualquier cantante, en cualquier idioma, de cualquier época: 60's, 70's, 80's, 90's, más atrás, más adelante, no importa, siempre amaré la melodía y las letras de las canciones. Escucho música todo el tiempo; en el transporte, de camino al colegio, de regreso, cuando cocino, cuando me baño, cuando estudio, cuando leo mis libros preferidos. A veces tengo la casa sola y la puedo poner a todo volumen, sino siempre puedo confiar en mis auriculares o diferentes reproductores.
Apago la luz cuando me voy a bañar. Hay una ventana en la parte superior del baño que deja a la luz del sol colarse suavemente entre las cortinas, llenando la ducha de un color oro si es temprano, ambarino si es de tarde, o de un pálido blanco en las noches de luna llena. Amo demasiado bañarme, poner música y jamás encender las lámparas, siempre medio a oscuras, dejar que el agua caliente se lleve mis problemas, pues la prefiero al agua fría a menos que tenga calor.
Me gusta mi tiempo de estudio, me relaja muchísimo tanto estudiar, como hacer caligrafía por diversión. ¡O ponerme a dibujar en mi block! Dar color a las imágenes es definitivamente mi parte preferida. Por otro lado, si lo que quiero es emocionarme iré a leer un libro, he leído bastantes más de los que soy capaz de contar, leer es mi cosa favorita en este mundo. Fui una niña atrapada en entre escombros con Flores en el Ático, fui una maga de Ravenclaw elegida por el destino con Harry Potter, fui una reina llamada a la batalla con Narnia, fui una prisionera en el campanario con Notre Dame, fui una fugitiva depravada con Lolita, fui un individuo trastornado con las novelas de Edgar Allan Poe, fui un monstruo triste en París con El Perfume y una caprichosa chiquilla con Coraline. Así, infinidades de veces, he dejado mis problemas de lado, saltando de realidad en realidad a través de la magia de los libros, mis mejores amigos desde que tengo uso de razón.
También me gusta jugar videojuegos, despejan mi mente y así como la lectura, me permiten viajar muy lejos. Ser una chica atrapada en bucles de tiempo con Life is Strange. Una agente de la CIA con Beyond two Souls. Una heroína de la academia Beacon con RWBY. Una especialista en artes marciales, boxeo y combate cuerpo a cuerpo con Mortal Kombat. Una pirata muy ruda y decidida, una bruja alegre, o una camaleón hiperactiva con League of Legends. Reencarné una y otra vez para luchar contra el mal en Leyend of Zelda. O simplemente fui un plomero agitado en busca de la princesa con Mario Bross.
Tengo una cuenta de Netflix; veo series y películas, novelas, doramas, y cuando me gustan mucho termino por buscar sus temas, OST o soundtracks. De ser posible, le investigo la vida a los actores, productores o creadores. Lo mismo me pasa con los animes y lo mismo me pasa con todo el contenido de Disney, de este último soy capaz hasta de recitar diálogo por diálogo mis escenas preferidas, ¡me sé muchísimas! No hace falta que lo digas querido diario, soy obsesiva, nunca hablo de esto con nadie.
¿Sabes qué más? Me hipnotizan los documentales de historia, estoy consciente de que puede resultar aburrida, pero yo la amo. La historia del universo a través de los siglos, desde las primeras civilizaciones, la egipcia y babilonia, hasta la industrialización o las guerras mundiales, todo es genuinamente interesante, ya sea que lea las costumbres, la evolución de los artefactos, los cambios políticos y económicos, o los conflictos bélicos.
Así como ves, me fascina investigar; ya sea de historia, de eventos paranormales, de botánica, de medicina, la cacería de brujas (me encantan las brujas), del cerebro humano, de las diferentes mitologías, de los movimientos de la luna y algunas constelaciones. Invierto buena parte de mi tiempo en ello. Es apasionante.
Pero, así como siempre tengo la nariz metida en un libro o una pantalla digital, o en el horno de la cocina, en ocasiones no me provoca hacer nada, de nada. Solo tumbarme en la cama a ver el techo y afilar mi mente con preguntas existenciales, sonará aburrido para ti, pero puedo pasar horas en eso y es muy agradable. Me ayuda a organizar mis ideas, sentimientos y a entenderme mil y una veces mejor.
Me acoplo bien a la rutina, pero en mis días libres prefiero dormir mientras haya sol y quedarme despierta hasta el despunte del sol a las 6 de la mañana, solo entonces me vuelvo a dormir, así son muchos de mis fines de semana. Aunque si el día amanece nublado, casi que amenazando con una posible lluvia, se sentiré tentada a ir a leer al parque y comer un helado mientras me dejo caer en las palabras.
Tener la casa sola siempre ha significado mantener apagadas las luces (sin excepción) y hacer té varias veces. El clima es naturalmente frío y lo vuelve todo más acogedor. Mi armario está lleno de abrigos gruesos, bufandas, guantes, cuero, botas, mayas y cosas semejantes, tiendo a ser friolenta, pero igual amo el frío y la oscuridad, no hay una razón ni buena ni mala para ello, la luz excesiva, así como el calor me atormenta. No lo digo, claro, porque pasaré por demente, pero el sol durante la mañana me estresa, me atrevo a decir que lo tolero de las 12:30p.m para abajo, cuando deja de ser amarillo y comienza a transformarse en un brillante naranja.
Mi teléfono es como un trocito de mi alma, igual que mi tablet, igual que mi laptop, igual que la mayoría de mis aparatos electrónicos, y aun así, tienes que saber que mi bandeja de mensajes en Messenger, en Whatsapp, en cualquier jodida red social, está vacía. Solo tengo dos números (de gente de mi edad) anotados en la agenda; Riku, el chico que me gusta, y Roxas que, bueno, es el único ser humano que he conocido que parece entenderme, respetarme y tenerme autentico aprecio, todo a la vez. Es mi mejor amigo.
Dice que le gusta mi extraña forma de hablar, entre bromas y acertijos. A mí me encanta que siempre sepa cómo responder ante mis absurdos comentarios. Dice que le gusta mi forma de vestir, como si el estilo gótico y victoriano hubieran vomitado en mi guardarropa, casi todo es de colores neutros, blanco, beige, gris, negro, marrón y un ocasional azul, turquesa, morado o lila. Pese a mi forma de vestir, el lila es mi color preferido. Pero como te decía, si hay algo que le es desagradable visualmente a las chicas de mi salón, es mi ropa, que él no diga nada malo de ella, me hace sentir cómoda a su lado. Roxas es muy lindo, y muy dulce. Es rubio, quizás más alto que yo. Tiene los ojos azules, es una mirada cristalina, como si su alma no tuviese secretos de los que avergonzarse.
Cuando mi móvil suena siempre es él quien me está llamando. Soy celosa con mi tiempo, porque disfruto infinitamente estar sola (te habrás dado cuenta de que ninguna de mis actividades preferidas incluye gente). Pero me llena de alegría el corazón hablar con Roxas. Sabe escuchar y sabe qué decir, tiende a ser depresivo, pero eso no eclipsa sus otras cualidades para nada. Tiene un humor semejante al mío, es complaciente, protector y puede a veces se le escapen gestos violentos u hostiles con las personas a quienes no conoce, pero solo es su inseguridad hablando por él, en realidad es tan cálido como el fuego de las chimeneas durante invierno. Lo amo, como se ama a un cielo plagado de estrellas; con silenciosa desesperación. Nunca hablo de eso, pero el sentimiento permanece allí, escondido pero intenso.
Gracias por todo, Roxas.
(...)
—Estoy consciente de que aquella vez no pudimos quedar para ver las series ni hacer la "pijamada" en tu casa, pero últimamente no me parece muy buena idea —comentó lanzándome una mirada de genuina preocupación—. ¿Qué pasa si tu padre me encuentra a las 3 de la mañana pintándome las uñas de negro contigo? ¿se supone que me va a echar de allí inmediatamente?
—Le decimos que eres gay.
—¿Hablas en...?
—¡Pero por su puesto que no lo digo en serio! —exclamó enfadada—. Escucha, te lo juro, mi padre no distinguiría un rallador de queso de mí, ni aunque este fuera mágico y le dijese «no, señor Russell, soy un rallador de quesos, no su primogénita».
—¿Segura?
—Más de lo que me gustaría estarlo —aseveré—. Solo, una vez que llegues, evita salir de mi recamara.
—Siento que estoy haciendo algo tan, tan ilegal —agregó nervioso—. ¿Y si quiero ir al baño qué hago? No puedo aguan Te suplico que no hagas un chiste al respecto, la pregunta es sería.
Sonreí lentamente. Me siento tentada a decir que tengo una caja de arena para gatos en caso de emergencias, pero me contengo.
—Tengo un fetiche con respecto a eso —termino por decir en un súbito intento por incomodarlo.
—Xion, no.
Lo consigo fácilmente, bien, bien.
—Respira rubio, hay un baño en mi dormitorio, comida es lo que vamos a necesitar —puntualicé—. Quiero hacer galletas, le pedí a Ventus que me diera una de sus recetas, igual y compro alguna otra porquería que nos dañe el estómago.
—Déjame eso a mí —me pasó su brazo por encima del hombro y se acercó con cuidado antes de usar un tono amenazante—. Escucha algo, seré distraído, pero no soy estúpido, sé lo que pretendes y no me gusta.
Por primera vez, creo, me ruboricé mucho por tenerlo tan próximo.
—¿L-Lo sabes? —murmuré, sintiéndome reducida, mis mejillas ardiendo—. ¿Y no te gusta?
—No, así que lo diré desde ahora: no pienso teñirme de castaño ni aunque me pagaran por hacerlo.
—¿Qué?
—Que te quede claro —y se alejó de mí, suspiré aliviada—. La única razón por la que estoy aceptando es porque la última vez dijiste que necesitabas a una amiga para hablar acerca de...
Le cubrí la boca repentinamente. Ventus, que estaba en una esquina ordenando álbumes volteó a vernos con cara de cachorro regañado, pensando que él no tenía por qué escuchar la conversación o bien que le ocultamos algo. Pero para ser sincera, no hubiese permitido que Roxas culminara esa oración ni aunque me hallara veinte metros bajo tierra en una bóveda de acero; la que aún no lo puede oír soy yo. Me he sentido conflictuada últimamente.
—Que lindo saber que ya te consideras mi mejor amiga —dije con una sonrisa encantadora—. Si te interesa saberlo, sí tengo un favor que pedirte esa noche, pero el resto de la programación va de películas, juegos de mesa e intoxicación por la comida.
—Pero dijiste que sentías mal porque...
—Porque todavía no se ha estrenado la tercera temporada de Stranger Things por Netflix —Ventus aún estaba parado en la esquina sin saber cómo debía reaccionar exactamente.
—V-Voy al baño —dijo finalmente creyendo que necesitábamos privacidad y desapareció tras la puerta de pintura roja.
—Ha estado actuando muy extraño estos días —comentó Roxas de pronto preocupado—. Está más callado de lo normal.
—Tengo una cita con él la próxima semana —expliqué—. Tal vez para entones pueda hacerlo sentir mejor al respecto.
—¿Ya te dijo que le gustas?
—No... no con esas palabras, pero lo dejó claro —un suspiro resbaló de mi boca—. ¿Desde cuándo lo sabes?
—Él no es bueno disimulando —soltó.
Endurecí mi mirada y entramos en contacto visual.
—Tú tampoco.
Aurora
