¡Por fin actualicé! ¿Cuánto tiempo hace? ¿Un año? XD

Lo cierto es que tengo motivos de sobra por la tardanza… En mi país solo nos dan 30 horas de internet al mes (a ustedes les ha de sonar exageración, pero es cierto, así que como mucho me conecto una hora al día, y los últimos días puedo darme un pequeño lujo de dos horas tal vez). Podemos pagar por más horas pero el salario que recibimos es tan poco que es preferible gastarlo más en comida que en conectarnos a la red. Sumándole a eso que, como no tenemos internet a todas sus anchas, no podemos tener clases online, por lo que he tenido que seguir asistiendo a la escuela de mi localidad donde se toman "medidas" para evitar el covid pero vamos, medidas de mierda, sinceramente…

Tan malas fueron las medidas que los exámenes de ingreso para la educación superior, es decir, los exámenes que tengo que realizar para poder entrar en la universidad, se han ido posponiendo una y otra vez porque se han dado demasiados casos de infectados, por lo que no he tenido ni vacaciones para hacer más cosas aparte de estudiar.

Mi país se divide en provincias, y en la que vivo precisamente es en la que más casos de covid hay, por lo que es la última en hacer los exámenes de ingreso, casualmente.

Y no les voy a mentir, el tiempo que he tenido fuera del estudio lo he preferido gastar en dibujar y jugar, cosas más relajantes para mí que escribir y comerme el cerebro siguiendo una trama complicada como esta, pero no la he dado por muerta ni la he apartado, muy al contrario, quiero terminarla cueste lo que cueste.

También les digo que aún no he podido hacer los exámenes de ingreso, se supone que son para enero, tendré dos semanas de vacaciones y en febrero empiezo la universidad. Una locura. Así que no puedo asegurarles que el próximo capítulo estará listo pronto, pero sí que no estará olvidado.

Tengan paciencia, por favor T_T

***Por cierto, a partir de este capítulo voy a usar cambios de perspectiva, es decir, no siempre será Zelda la que esté narrando, sino que optaré a veces por usar tercera persona. Serán avisados de esto para que no se confundan al leer.

La tragedia de Zelda

Capítulo VII

Creí escuchar mal, así que me forcé a pedirle que repitiera. Efectivamente, me había pedido una cita. No entendía a Dragmire ni de cerca. ¿En qué podría beneficiarlo a él?

—¿Una cita? — pregunté nuevamente.

—Usted tiene una pregunta, yo tengo una cita— explicó.

Uno por uno. Si tengo veinte preguntas, serían veinte citas. Diosas, ¿de qué forma puedo reducir las preguntas que tengo para que pueda responderme todas sin la necesidad de tener tantas citas? ¿Por qué Ganondorf quiere esto? ¿No se supone que no hay maldición? ¿En ese caso, por qué querría citas conmigo?

—¿Para qué necesitas estas citas?

—Para conquistarte.

No evité soltar una risa pujona. Este hombre estaba bromeando conmigo, probablemente. Digo, no creo que él realmente piense que conquistarme está entre sus posibilidades. Métete con alguien de tu tamaño, pensé, debido a mi insuficiencia de talla respecto a él.

—Entonces necesitas muchas citas— reí.

—Solo tres.

Me detuve un segundo en mi puesto, ya me estaba cabreando un poco. Tenía que estar bromeando.

—¿Sueles conquistar a mujeres en tres citas? —pregunté.

—Suelo conquistar a mujeres en una cita— respondió, para luego esbozar una sonrisa atrevida, que tan solo conseguía darme diversión—. A las princesas las suelo conquistar en tres.

Como si hubiese estado con muchas princesas, pensé. En todo caso, las habría raptado tres veces y luego obligarlas a casarse con él, aunque me atrevía a decir que, dado su más que obvio atractivo y hombría, sí que podía lograr que muchas princesas cayesen ante sus pies, siempre y cuando no fuesen princesas hylianas, ellas eran más complicadas, debido a los conflictos entre nuestras razas. Me pregunté si había conquistado a la princesa Zelda VII en esa cantidad de encuentros.

Aunque tres me parecía un buen número, a pesar de que ya de por sí era demasiado tener que quedar tres veces con él, tenía mucho más que tres preguntas. No era suficiente.

De todas formas, ¿qué mejor manera de conocer de cerca al supuesto "usurpador", ladrón del desierto y Líder de las Gerudo que teniendo citas con él? Era la oportunidad perfecta para aclarar todas las dudas que tenía sobre la historia de mi pueblo.

—Muy bien, Ganondorf Dragmire— me situé delante de él, deteniendo la caminata. De alguna forma necesitaba terminar la conversación, que me dejase sola en algunos aposentos para descansar el viaje, y apartarme de él mientras seguía sin la compañía de Link. Además, en aquella postura le demostraba quién era quien llevaba el hilo de la conversación, para que no pensase por algún motivo que tenía control sobre mí solo porque estaba dentro de su territorio—. Tendrás tus citas. Pero a cambio tendrás que ser totalmente honesto con tus respuestas.

—Pensé que era yo el que ponía las condiciones— noté algo de desconcierto en su frase.

—Pues pensó mal.

No sabía si había sido un buen movimiento, teniendo en cuenta su tamaño, su notable salvajismo y que nuestras razas se guardaban un profundo odio. A veces decía las cosas sin pensarlas ni medirme las palabras, pero eso formaba parte de mi esencia, desde pequeña me buscaba problemas por estar dando mi opinión con total sinceridad, sin importarme con quién estuviese tratando, a pesar de que muchas veces me arrepentía al sufrir las consecuencias. Pensé que tal vez a él podría agradarle, precisamente por su forma de ser, pero en vez de eso se quedó estático en su puesto, mirándome con tal sombría que me hizo retroceder unos pasos.

—Cuidado, niña— amenazó—. Recuerda con quién estás hablando.

Su voz estaba rota y mis manos habían temblado al oírlo. Nuevamente estaba arrepintiéndome de haber venido al desierto, no era una buena idea tratar de hacer las paces con una bestia con la que apenas podía tener un paseo en el jardín con tranquilidad. Sus ojos amarillos me miraban con un destello aterrador que me helaba los huesos, mientras que yo tan solo podía resignarme a tratar de recomponer mi postura para no parecer débil ante él, esfuerzo que era totalmente inútil ya que mis músculos no reaccionaban a mi llamado, estaba tiesa en el puesto. Era demasiado obvio quién tenía el control aquí. Esa mirada llena de furia reflejaba el deseo de querer terminar con todo aquel que osase meterse en su camino, un brillo que mostraba sus ansias de ver correr sangre hyliana. Ese era Ganondorf.

Pero yo soy Zelda.

Recordé los motivos por los que estaba ahí. Sí, tenía miedo, en aquel momento podía acabar con mi vida, pero, ¿qué sentido tendría hacer las paces si él se seguía comportando como si fuéramos enemigos? De alguna forma ese pensamiento me dio fuerzas para recobrar mi postura y que mi voz no temblase al decir lo que tenía que decir.

—Debería recordarlo usted también— Estaba muy equivocado si pensaba callarme a base de amenazas. Podía tratar de ser sumisa con él, pero no mientras tomaba una actitud agresiva hacia mi persona. Antes de que tomara cualquier acción, decidí anticiparme a él—. Rey Dragmire, disculpe mi rudeza. Pero estoy muy cansada por el viaje, así que, si me disculpa, iré a mis aposentos.

Lo dejé con la palabra en la boca y me fui exactamente por el mismo camino por el que habíamos llegado, sin dar ni una sola mirada hacia atrás para no encontrarme la reacción que había tenido el gerudo a mi despedida momentánea. Sabía que si me quedaba mucho rato hablando con él seguiríamos defiriendo en aspectos de poder, y para entablar una buena relación era necesario evitarlo al máximo. No tenía idea de dónde estarían mis aposentos, pero suponía que si le preguntaba a cualquiera de las doncellas o guardias de los alrededores, sabría decirme una ubicación.

o-o-o-Dahlia-o-o-o

Atardecía en el hermoso reino de Hyrule, el clima no podía haber estado más perfecto, lo cual hacía más complicado de explicar una buena razón por la que la princesa Zelda se había resfriado y debía permanecer encerrada en su habitación hasta que se pusiera en mejores condiciones. Dahlia había sido la encargada de hacer esto posible. De alguna forma ya estaba cansada de las locuras de la princesa, pero a pesar de todo era su amiga.

Le había dicho que se iría por unos días indefinidos al territorio goron para investigar algunos escritos prehistóricos que se hallaban en unas ruinas cercanas a la ciudad, escritos que tomarían mucho tiempo de traducir ya que el lenguaje era demasiado antiguo, pero que, sin embargo, era de gran utilidad para su reforzamiento del control sobre la Trifuerza de la Sabiduría. La convenció de que su padre no debía saber al respecto ya que no quería que la zona se plagara de arqueólogos y guardias que podían poner en peligro la autenticidad de los escritos, por lo que prefería ir acompañada solamente de Link, quien se encargaría de protegerla ante cualquier adversidad que se presentase. Aunque había sido algo precipitado, el Héroe se encargó de convencerla de que la traería de regreso sana y salva.

—¡Agh! Esa niña siempre me pone en aprietos— se quejaba una vez dentro de los aposentos de la princesa, tras haber sido interrogada por el rey sobre la salud de su hija y haber tenido que forzar alguna mentira.

Le decía niña aún cuando tenían la misma edad.

Tenía algunos pendientes que hacer, pero decidió antes que nada escribirle a la princesa para que supiera que las cosas por el momento iban marchando bien. Una vez sentada en el escritorio de la habitación de la princesa, Dahlia agarró papel y pluma para darle forma a sus palabras.

Aunque no sabía exactamente el paradero de Zelda, en el reino de Hyrule las cartas reales funcionaban con papel mágico. Antes de partir, la princesa le había dejado unas hojas mágicas que irían especialmente dirigidas hacia ella. Este método no era la primera vez que lo utilizaban, pues ante las tantas travesuras y antojos de la princesa, habían tenido que optar por utilizar estos papeles para poder comunicarse más de una vez.

Le informaría que por ahora las cosas estaban calmadas, que el rey ni siquiera se había percatado de la ausencia de Link pues el soldado que lo estaba reemplazando lo imitaba bastante bien, y que, además, no estaba sospechando de la veracidad de la supuesta enfermedad repentina de su hija y, como siempre, había dejado su cuidado en sus manos.

Pero Dahlia no era tonta como el rey. Desde hacía muchos días había notado que la princesa y el héroe pasaban mucho tiempo en la biblioteca, cuchicheando en secreto algo que no quería compartir con ella. No es que le molestase precisamente, a fin de cuentas, comprendía que cada uno podía tener su privacidad, pero la curiosidad de saber qué tanto andaban susurrando y encima el descubrir qué era ese extraño libro que no parecía soltar ni por descuido la estaba atormentando.

Zelda no había ido al pueblo goron a investigar una escritura ancestral.

Necesitaba saber la verdad, y de alguna forma u otra iba a dar con ella.

o-o-o-Zelda-o-o-o

Hacía un rato una de las guardias me había escoltado hacia mis aposentos, y al parecer se encontraba bastante cerca de la habitación del líder gerudo. Por un momento me quedé algo desconcertada por su arquitectura y el estilo de decoración que tenía, pues prácticamente la habitación era un balcón, con muchas cortinas rojas que bailaban cuando el viento las impulsaba. Jamás había estado en unos aposentos tan descubiertos, pensaba que iba a resultarme incómodo la convivencia en el lugar ya que prácticamente estaba al aire libre, aunque se encontraba en una zona bastante inasequible ya que era un piso bastante alto. No pensé en quejarme y pedirle al gerudo que tuviera la cortesía de cambiarme los aposentos, pues tras los encuentros que tuvimos durante nuestra caminata por el jardín no creía conveniente comentarle algo sobre incomodidad. Y, de todas formas, éste era el estilo de vida que llevaban en el desierto. Yo era la invitada, así que debía adaptarme al lugar.

No podía causar más molestias sabiendo todo lo que el gerudo estaba haciendo por mí hasta el momento, pues no solo permitirme la entrada a su palacio, recibirme con su extraña forma de ser supuestamente delicada, aceptar las condiciones de la tregua y darme unos aposentos para descansar durante mi estancia fue suficiente, sino que además, había permitido que la reencarnación de aquellos antiguos Héroes que se habían encargado de terminar con su cometido en vidas pasadas entrase al pueblo que tenía como única regla no permitir la entrada de hombres y permitirle dormir bajo su mismo techo, solo por capricho mío.

Aunque había sido un poco ruda con él, al igual que él conmigo, estábamos bastante iguales en términos. Podíamos tener diferencias, pero nuestras ganas de terminar con la maldición de una vez por todas para poder finalmente vivir en paz como países vecinos y aliados era más importante que el odio existente entre nosotros, o al menos entre nuestros antepasados. De alguna forma teníamos que conseguir que funcionase, por el bien de nuestros pueblos y de nosotros mismos.

No se me había permitido salir una vez adentrarme, y una gerudo vestida de armamento se encargó de dejarme mis cosas a mano, por lo que supe que Link, quien era el que cargaba con ese peso, ya había llegado al palacio.

—¿Link? —pregunté a la gerudo a través de la puerta.

—Está encerrado en las mazmorras.

Sabía que no todo podía ser de rosa. Ganondorf había permitido su entrada, pero claramente no iba a permitir que andase en todas sus anchas por su palacio, más aún sabiendo que era el único en el mundo capaz de vencerle y que había traído consigo la grandiosa Espada Maestra, el arma capaz de absorber y sellar la maldición del Rey Demonio con la que el Rey de las Gerudo cargaba consigo.

El gerudo había sido inteligente al desconfiar, suponía que era algo que había ganado con el paso de los tiempos. Aunque mis intenciones realmente estaban muy lejos de traicionarlo, todo lo contrario, lo único que quería era la paz entre nuestros reinos, algo me decía que no sería la primera vez que al ladrón del desierto le habían pintado una supuesta tregua que había terminado en un fracaso, por lo que, en parte, entendía que tomara esas medidas. No me parecían justas para Link, pero éramos sus huéspedes y primero tendría que asegurarse de que realmente estábamos aquí para conseguir el bien común.

Y planeaba dejárselo bastante claro.

Nuevamente pido perdón por estar ausente durante tantos meses. ¡De verdad que no tengo intenciones de dejar esta historia a medias!

¿Qué sucederá en la primera cita?

¿Link saldrá de las mazmorras?

¿Dahlia descubrirá lo que Zelda y Link se traen entre manos?

¿Y si lo hace, se lo dirá al rey?

Dejen sus comentarios y teorías aquí abajo, las estaré leyendo… ¡Besos!