Aquel pájaro, miró con temor esa puerta que se abría. Y con tímida valentía, dio sus primeros pasos hacia la libertad.
Salieron antes del amanecer desde las puertas de Suna y se adentraron en aquel vasto desierto. La delegación fue pequeña, Gaara, Kankuro, y el equipo de Hinata, más otros dos ninjas que Matsuri había asignado, y que serían los escoltas del Kazekage.
Avanzaron a paso rápido, para lograr llegar a la frontera antes de que el sol estuviera en su punto más alto y lo consiguieron.
El resto de camino a la aldea oculta de la hoja transcurrió con conversaciones y risas de parte del equipo de Hinata. Y Gaara se preguntó si era ella quien atraía ese tipo de personalidades a su alrededor, considerando que la dinámica con Shino y Kiba era similar.
Aunque después del día anterior, de esa nueva faceta traviesa que descubrió, no le cupo dudas de que ella era un imán.
Cinco nuevas presencias se sintieron cerca y Hinata, con el Byakugan activado, avanzó hacia Gaara.
- Kazekage- llamó y él supo que era importante- yo me ocupo de esto, los alcanzo más tarde.
- Lleva a Ichigo y Natsuo- indicó él y ella negó.
- Vienen por mi.
Asintió con pesar, pero continuó avanzando mientras Hinata se detenía y se perdía de vista en dirección contraria.
El silencio volvió al grupo mientras continuaban avanzando y media hora después, la chica apareció.
Y la ligera conversación apareció, mientras Hinata les comentaba a sus compañeros que eran mercenarios que venían por sus ojos.
Gaara miró de reojo a la chica y esta correspondió con determinación, y aquel fue el único intercambio que realizaron con respecto a la situación. En ese momento, él era el Kazekage y Hinata la escolta.
Avanzaron.
Hinata, poco a poco, dejó de participar en la conversación y la ansiedad ocupó su corazón; creciendo a cada paso que daban. Su mente se dividió: sus amigos y los Hyuga.
La necesidad de verlos formaba nudos en su estómago, e inconscientemente su mano viajó al silbato de Kiba que colgaba de su cuello junto a la pequeña calabaza, y una sonrisa amenazaba con aparecer y ella la trataba de ocultar.
Lo segundo, los Hyuga, era un tema que quería resolver, y esperaba que su estadía en Konoha le permitiera arreglar aquellos problemas y vivir en paz.
Las puertas se divisaron a lo lejos.
Y la voz del Kazekage se escuchó cerca.
- Vamos donde el Hokage y luego serás libre- le dijo en voz baja, solo para que ella escuchara.
Ella asintió.
Ingresaron en aquella aldea llena de vida y colores, árboles, aves, y un clima más húmedo y fresco; muy diferente a Suna.
Konoha tenía su encanto, pero Suna era magia.
Y Hinata se sintió una extranjera en aquellas calles que la vieron crecer; ella, su corazón, ya había sido entregado al desierto.
Caminaron por las calles ruidosas y alegres, recibiendo algunas miradas curiosas y se adentraron en la torre del Hokage.
Kakashi los esperaba, junto a una pequeña delegación de anbus que siempre debía acompañarlo.
Su mirada viajó desde el Kazekage, a quien saludó como correspondía y descansó en Hinata con una sonrisa, que ella respondió.
- Bienvenidos a Konoha.
La conversación política fluyó entre ambos Kages mientras arreglaban los últimos términos de la estadía y la mente de Hinata voló inquieta hacia el ansiado encuentro con Kiba y Shino; y todo aquello que quería contarles y lo que esperaba oír.
Repentinamente, aquellas puertas del despacho de abrieron con una visita inesperada.
Las noticias volaban rápido en Konoha.
Y nada escapaba al ojo blanco que todo lo veía.
Hiashi, Hanabi y una pequeña comitiva de Hyugas irrumpieron en la oficina.
La tensión se sintió en el aire.
Gaara pasó su mirada de los recién llegados a Kakashi, pidiendo una explicación; entendiendo lo que ambos ya sabían, pero el Hokage estaba tan perdido como el resto de los presentes.
Los Hyugas hicieron una respetuosa reverencia a los kages y luego, sus miradas se clavaron en Hinata.
Frías, duras y acusadoras; pero ella se mantuvo erguida, respondiendo aquella mirada y clavándola en Hiashi.
- Kazekage, Hokage – comenzó el mayor- vinimos por Hinata. Por favor, entréguenla.
- Bajo que motivo- cuestionó Kakashi, avanzando entre las personas y quedando frente a Hiashi.
- Es miembro del clan, una bouke que desobedeció las reglas.
Gaara dio un paso adelante, se cruzó de brazos, y miró directo a sus ojos con aquella calma terrible y amenazante que lo caracterizaba.
- Es habitante de Suna.
Hiashi dio un paso adelante, y su mirada viajó a Hinata, estacionándose ahí, con una tranquila rabia contenida.
- Es una Hyuga, y el clan está primero- respondió- debe ser castigada.
Hinata sintió un dolor recorrerla de pies a cabeza, una corriente que ya conocía, y que la intentaba someter por la fuerza y con sufrimiento.
El sello estaba activado, y Hanabi había aprovechado la conversación para llevar acabo su propio castigo por la humillación.
Y la hermana mayor comprendió, que su pequeña estaba cegada por el odio y tal vez por el miedo.
Hanabi era en realidad el verdadero pájaro enjaulado.
Se mantuvo erguida, recta y no bajó su mirada ante aquel ataque cobarde; aguantó disimulando el dolor y cansancio que le provocaba, sin perder el equilibrio y utilizando todas sus fuerzas.
No le daría lo que buscaba.
Dio un paso adelante.
- No tengo clan.
Su voz la traicionó, pero su cuerpo se mantuvo firme soportando aquella tortura abrazadora.
Gaara y todos los presentes se giraron rápidamente al escuchar su voz de esa forma y supieron al instante que estaba ocurriendo.
Incluso los Hyugas estaban sorprendidos del comportamiento arrebatado de su sucesora.
Pero ninguna de las dos dio su brazo a torcer.
- Detén inmediatamente esto- dijo Gaara y su calabaza se destapó.
La vista se le comenzó a nublar, y el sudor frío por la descompensación de su cuerpo se empezó a notar; pero no se detuvo, avanzó, paso a paso. Debía llegar a Hanabi.
Este era un enfrentamiento personal, un duelo entre hermanas.
El miedo irracional de Hanabi contra la furia, la voluntad y fuerza inquebrantable de Hinata.
Esto era por ella y Neji; por todos aquellos boukes antes que ella.
Ichigo y Natsuo se ubicaron delante de en posición de ataque, con kunai en mano. Gaara guió su arena a la heredera y Kankuro liberó a Karasu.
- No intervengan- pidió Hinata- yo…
- Es una violación a los acuerdos- la interrumpió el Kazekage- y Suna responderá.
La arena se deslizó por las piernas de Hanabi con rapidez, llegando a su cuello, girando en amenazantes espirales; como serpientes.
- Arréstenla- se escuchó la voz de Kakashi.
Los anbus tomaron a Hanabi, que se intentó defender, pero fue el mismo padre quien le envió una mirada reprobatoria que detuvo los intentos de la menor.
Hinata se mantuvo quieta, mientras su cuerpo dejaba de sentir el dolor de la sumisión y sus extremidades comenzaban a ceder.
La respiración se hizo difícil de sincronizar, y su cabeza golpeaba con fuerza, insoportable.
Los Hyuga se retiraron, los ninjas de la arena relajaron su posición, y la habitación quedó en el más pesado silencio.
- Kazekage- habló Hinata con una tensa calma y sin moverse de su lugar- solicito permiso para retirarme
La mirada de la ex Hyuga permanecía en el mismo sitio donde Hanabi había desaparecido arrestada por los anbus, haciendo imposible ver su expresión.
- Concedido.
Avanzó sin perder la compostura y se perdió por los pasillos de aquella torre en la que ella alguna vez recibió misiones.
Necesitaba salir de ese lugar, y esconder su vulnerabilidad en un lugar seguro, y había solo dos personas en las que ella confiaría para aquello.
Salió de la torre y sin esperar un solo momento más, sopló aquel silbato tan familiar.
Esperó mientras recuperaba el aliento y sonreía.
Y Kiba apareció frente a ella seguido de Akamaru y Shino.
Sentada en el patio, jugando con los perros ninjas bebes de la familia de Kiba y conversando con sus dos amigos; como si nunca se hubiesen separados, calmó su corazón y recuperó sus fuerzas.
Seis meses habían pasado, rápido y lleno de distintas experiencias.
Les contó de sus compañeros de equipo, de lo estricta de Matsuri, de su casa y de los lugares que podrían visitar cuando fueran a verla.
Ellos le hablaron de los progresos en Konoha, del próximo viaje de Shino y de la futura prometida de Kiba.
Y los tres notaron, lo que no habían hecho antes, cuando estaban juntos: que estaban maduros; que habían crecido y que en estaban tomando sus propios caminos.
Pero aquel lazo que los única, jamás los iba a separar.
Junto con Shino, partieron de la casa de Kiba rumbo a la de su compañero, donde la madre del chico la esperaba. Ella, era la única mujer que la acogió incontables veces cuando llorar o reír no era una opción en la casa Hyuga; la única imagen materna que ella se pudo formar. El tipo de mujer, de madre, que ella quería ser: fuerte, valiente y sin temor de querer.
- Así que el Kazekage- dijo Shino mientras caminaban.
Ella lo miró avergonzada y fingió no entender de que le hablaba, a pesar de que sabía que su amigo sabía leerla a la perfección.
- Sabes que lo sé, y que también sé que Sasuke te dijo algo.
Su rostro tornó de aquellos rojos que solo se veían en su infancia, cuando aparecía Naruto, y Shino le dedicó una media sonrisa mientras le revolvió el cabello.
- ¿C-cómo?
- Soy observador- respondió- supongo que rechazaste a Sasuke.
- No- indicó ella, vencida ante las palabras de él- él no pidió nada, solo lo declaró.
- ¿y Gaara?
Ella guardó silencio un momento, y su mirada se desvió al piso, como queriendo ocultarse de aquella mirada observadora de Shino. A veces, le parecía que él era el que tenía el Byakugan.
- No pasa nada con él.
- Pero a ti te gusta – completó- casi tanto o más que Naruto.
- No lo sabe.
Y esperaba que no lo supiera nunca, porque no estaba en condiciones de soportar otra desilusión. Mejor así.
Mejor de amigos; aun cuando ella dudaba de que fueran realmente eso.
Aún después de aquellos roces, suaves y fascinantes; y de aquellos signos que mostraban que era correspondida.
Sí, era mejor negarlo. A ella y al mundo.
La velada en la casa de Shino fue agradable, como siempre lo habían sido, y por aquellas horas con sus amigos, olvidó al clan y la desagradable bienvenida.
Olvidó a Hiashi.
Olvidó a Hanabi.
Olvidó aquellas miradas de desprecio que todavía la hacían temblar.
Caminaron en silencio por el camino de regreso al lugar donde se hospedaría junto a la delegación de la arena, y en el momento en que se despedían, Shino dijo aquellas palabras que la quebrarían y liberarían el dolor.
- Hinata- le dijo- todo saldrá bien.
Y ella supo, que él también sabía lo que había ocurrido en la torre del Hokage, pero no dijo nada para permitirle recomponerse.
Ingresó en aquel hostal casi en modo automático, registró su habitación y caminó por ese largo pasillo, con aquella tenue luz amarillenta; repitiendo incesantemente aquellas palabras de Shino.
"Todo saldrá bien"
Y los ojos de Hanabi la asaltaron; la mirada de odio de aquella persona que quiso más que a su vida, volvió a romper su corazón.
Mucho más que el sello.
Seis meses de ausencia no habían calmado la rabia de su corazón y el odio la había corrompido.
Su pequeña hermana se había perdido.
Aquella pequeña criatura que había visto desde su primer día de vida, y que quiso proteger, la odiaba.
Todo por un miedo irracional, probablemente al futuro que ella ya había apartado de su lado, que ella había estado dispuesta a tomar solo para que no sufriera. Y al final, terminó siendo para peor.
Nada estaba bien.
¡Nada!
Y desde ese llanto amargo de hace seis meses atrás, nada había cambiado.
Las cosas simplemente habían quedado en pausa.
Su garganta se apretó, y sus ojos se nublaron.
No sabía que hacer.
- Hinata.
Aquella voz calmada, impasible, se dejó oír cerca, a su lado, mientras intentaba abrir aquella puerta que se negaba a obedecer.
Gaara tomó su mano, alejándola de la puerta, insertó la llave el mismo, e ingresaron.
Sin decir nada, porque no había nada que decir en aquel momento, cerró la puerta detrás de él. Caminó con rapidez hacia ella, que permanecía quieta y en silencio al medio de aquella oscura habitación, y la abrazó.
El río de lágrimas fluyó libre, violento pero silencioso. Cansado de ser contenido y olvidado.
Y la mirada de Hanabi no quiso abandonar su cabeza.
- No pude ayudarla – soltó- y ella está tan asustada… tan llena de odio…
- No es tu culpa- respondió él
Ella se escondió en su pecho.
- Se siente como si lo fuera.
Con cuidado, colocó su mano bajo la barbilla de su rostro y lo guió para quedar frente a frente; para que sus aguamarinas pudieran contemplar aquellas perlas atormentadas por algo de lo que no era culpable.
Con una carga que nunca le correspondió llevar.
- Ya hiciste suficiente.
Acortó distancias, y acarició con suavidad sus mejillas, limpiando las lágrimas con sus dedos. Con una dedicación desconocida.
Como si ella fuera todo el universo.
Llevó sus labios a su frente y los presionó en un beso lento y quedado; se trasladó a su mejilla derecha y realizó ese mismo proceso, presionando su mejilla con sus labios, manteniéndose por unos momentos.
Por que, de verdad, ella lo era todo; y verla así le rompía el corazón.
- Así que ahora- susurró- déjame ayudar.
Ella cerró sus ojos, mientras se dejaba guiar por aquellas dulces caricias, esos besos que calmaron su corazón.
Rendida ante sus palabras, ante aquella forma de calmar su llanto, ante esa voz que se mostraba segura.
- ¿Como...?
Le dio un pequeño beso esquimal, rozando su nariz; separándose un poco y buscando su mirada mientras acunaba su rostro con sus manos.
- Permíteme pelear a tu lado- le dijo- como Gaara del desierto, no el Kazekage.
Eso era todo lo que quería y todo lo que podía hacer.
La única forma que tenía de retribuir en algo, todo aquello que ella ya le había entregado, desde aquel primer día en que se vieron de verdad. Cuando el destino decidió, que era momento de que se encontraran, a pesar de que ya se conocían.
Desde ese día, cuando sus miradas se cruzaron y ella no lo miró con miedo, todo comenzó. Lento, pausado, a su propio ritmo.
Donde los detalles se convirtieron en lo más importante.
Ahí, cuando ella le sonreía, cuando lo acompañaba a la distancia, cuando lo saludaba; incluso, cuando lo miraba.
Él comenzó a sentirse menos solo, más normal, humano.
Y aquellos silencios pudieron ser compartidos sin tensiones. Pudo tocarla sin ser esquivado, ni temido, ni odiado. Porque en sus ojos él jamás se reflejó como un monstruo; ni como el Kazekage; ni el asesino del desierto; solo Gaara.
Gaara del desierto.
Y en ese proceso, en ese camino, ella le dio la confianza necesaria para soltar su defensa de arena, y permitirse ablandar su corazón; y sentir.
Anhelar, extrañar y soñar.
Reír, volverse infantil y jugar.
E incluso ahora, ella continuaba sanándolo tan solo permitiéndole estar ahí, dándole una oportunidad de ser de ayuda para alguien y no una herramienta para matar.
Demostrándole una y otra vez que él, podía ser lo que quisiera ser.
Y por eso, y por todo aquello que aún descubriría, él estaba dispuesto a todo; la amaba con locura; y podría esperar lo que fuera.
- Gaara- habló ella en un susurro tranquilo, más calmado- gracias por todo.
Después de aquella larga noche, la mañana llegó, fresca y ruidosa; como todas las mañanas en esa aldea.
La delegación salió en busca de un lugar para desayunar, mientras conversaban animadamente y Hinata le contaba a Ichigo y Natsuo las cosas que podrían hacer por ahí. Gaara relajó su postura al escucharla alegre y Kankuro sonrió con malicia al ver a su hermano mirar de reojo a la chica.
No hallaba la hora de contarle a Temari.
- ¡Gaara!
La voz de Naruto se escuchó entre las personas, y lo encontraron cruzando la calle en dirección a ellos acompañado de Sasuke.
- ¡Hinata-chan!
La aludida sonrió y saludó a antiguo compañero que la miraba alegremente. Sasuke saludó a los hermanos con un movimiento de cabeza y luego su mirada viajó a Hinata y se quedó ahí, con una leve sonrisa.
Que Gaara notó.
Hinata al ver a Sasuke, lo saludó con una inclinación tan característica de ella y se sonrojó levemente al igual que el chico.
Y Gaara también lo notó.
Sasuke avanzó mientras Naruto continuó delante de Gaara y Kankuro sonriendo, y llegó a la Hyuga, parándose frente a ella y esa pequeña sonrisa cómplice se apoderó de las facciones de ambos.
Gaara conoció lo que eran los celos en ese preciso instante.
- Hoy necesito que me acompañes – dijo alegre Naruto mirando a Gaara.
El Kazekage llevó su mirada llena de preocupación a Hinata con Sasuke, al comprender que su amigo pretendía ocupar todo su día.
- ¡Hinata-chan! - llamó el rubio al ver que Gaara dirigía su mirada hacia ella- ¡me llevaré a Gaara por hoy!
Ella asintió, girándose hacia sus compañeros para seguir su viaje cuando Sasuke tomo su hombro.
- Dobe, yo me quedaré aquí, con Hinata.
Las alarmas sonaron en la cabeza del pelirrojo, pero nada pudo hacer mientras era arrastrado por Naruto.
Sasuke se giró a Hinata y luego a sus compañeros de la arena.
- Lo siento, yo me llevaré a Hinata por el día.
Caminaron en silencio, y con más de alguna mirada curiosa sobre ellos, hacia una cafetería cercana para desayunar.
Ninguno de los dos se sentía nervioso con la presencia del otro después de la confesión de Sasuke. Una confesión que había sido libre de ataduras, como el amor que Hinata sintió alguna vez por Naruto. Como el de Naruto por Sakura.
La vida era extraña.
Estaba en un cuadrado amoroso con el equipo siete, pero a destiempo y la idea le hizo sonreír; dejar ir a Naruto fue la mejor decisión de todas.
El desayuno pasó sin contratiempos, de forma agradable y en una conversación amena, como cuando estaban en Suna.
Y las palabras de Sasuke rompieron aquella armonía.
- El Kazekage está muy apegado a ti- dijo luego de que ella le comentara su vida en Suna.
Hinata se sonrojó violentamente y Sasuke sonrió.
- ¡N-no! Nada de eso solo…
Él suspiró y la interrumpió.
- Parece que, en realidad, nunca tuve una oportunidad.
Calló de golpe y el Uchiha continuó.
- Despreocúpate, lo vi venir desde que me despedí de ti. Tampoco esperaba que me correspondieras.
Hinata volvió su mirada más seria y dejó su taza en la mesa.
- Sasuke, en algún lugar, hay alguien para ti.
- Tal vez- respondió él sin cuidado- tal vez no. Pero eso no importa ahora.
Ella lo miró sin entender y él dejó su servilleta en la mesa, terminando su comida.
- Tengamos una cita- dijo y la chica lo miró nerviosa- nunca he tenido una, jamás me di tiempo para esas cosas, y todo está claro entre nosotros.
Sonrió ante la propuesta y la explicación de Sasuke, relajándose. Ella tampoco había tenido alguna, porque siempre había estado pendiente de otros temas, y tal vez, no sería una mala idea.
- Yo tampoco he tenido alguna- respondió- sería un honor tener mi primera cita con Sasuke Uchiha.
- Bien- respondió- te daré algo para que alardees con tus amigas.
El día pasó tranquilo en aquella pequeña cita entre ambos compañeros, en algo que era nuevo para ellos, y que más parecía una salida de amigos.
Fueron a pasear mientras disfrutaban de una charla tranquila; luego a comer; al cine; y luego a ver el atardecer.
Cosas simples y que a ambos les parecieron cómodas.
Y el día terminó.
Se despidió de Sasuke con una sensación agradable, y con la tranquilidad de que él sabía lo que había en su corazón, porque ambos habían sido sinceros desde el primer momento.
Caminó por un solitario camino en dirección a la montaña de los kages y se sentó con las piernas colgando en una media pared de piedra que separaba el camino del bosque; levemente iluminado por farolas y lo suficientemente solitario para pensar.
Porque Sasuke le había dado una idea que debía evaluar y no parecía del todo descabellada.
"Desafía al clan, derrota a Hanabi en un combate limpio, y los Hyuga no podrán romper su palabra"
Aquella simple idea parecía terrible, pero también el único camino.
Con un precio muy alto en caso de perder y ella debería asumirlo.
- No volviste.
La voz de Gaara la devolvió a la realidad, encontrándolo frente a ella, de brazos cruzados; molesto.
- Lo siento, necesitaba pensar- respondió ella.
Dio un paso hacia ella y su expresión continuaba indescifrable y su voz neutra.
- ¿el Uchiha dijo algo?
La pregunta escapó antes de que si quiera la pensara, como si su cuerpo buscara expulsar aquello que lo dañaba.
Asustado de lo que había conversado con Naruto durante la tarde.
"El teme está interesado en Hinata, por eso te rapté; para darle un tiempo con ella"
Porque esas palabras habían calado más hondo de lo que esperaba y toda su confianza comenzó a desvanecerse.
No quería ser reemplazado. No quería cederla.
Hinata era todo.
Ella asintió.
Y Gaara quiso soltar toda su arena y barrer Konoha en ese instante.
- ¿Lo quieres?
La pregunta salió con toda la desesperación y angustia que sentía en aquel momento; y sus pies cerraron aquella distancia que lo separaba de ella.
Necesitaba estar cerca, mirarla a los ojos y que ella negara.
Hinata, que se mantenía sentada, se sorprendió de aquella pregunta tan personal, tan directa y antes de que pudiera negar, él ya estaba ahí.
Sus ojos conectaron, una vez más.
Y ella cayó, y se perdió en esos preciosos y profundos ojos, en la intensidad de su mirada.
- No.
Gaara respiró, y continuó avanzando, porque hoy ya no se detendría.
Su mirada se volvió más suave y su mano se elevó hacia el rostro de Hinata que permanecía sentada y un poco más alta que él.
Acarició su mejilla y guió su mano, sin temor hacia su nuca. Impidiéndole escapar y acercándola con cuidado.
- ¿Y a mi? ¿me quieres?
Las mejillas de ambos se sonrojaron por aquella simple pregunta, que decía tanto.
Se estiró un poco para quedar a su alcance y la distancia entre sus rostros se acortaba más y más. Y el camino era una tortura.
Dulce y angustiante tortura.
Su nariz rozó su piel y Hinata se estremeció. Ese momento lo era todo, y ella estaba segura.
- Porque yo te quiero.
Su voz sonó baja, cerca y su respiración chocó en su rostro enviando escalofríos por todo su cuerpo.
Y supo que no tenía nada que temer.
Elevó sus manos y atrapó el rostro de Gaara, sus dedos delinearon su mentón y guiaron su mejilla en un contacto sutil, exquisito.
Él cerró sus ojos, completamente rendido, vulnerable por su confesión y entregado totalmente.
La quería.
La amaba.
Y era completamente suyo.
Hinata cortó cualquier distancia y presionó sus labios sobre los de él, en aquel ansiado beso.
Su aroma se tomó todos sus sentidos, sus respiraciones se mezclaron, y sus labios seguían ahí, quietos. Acompañándose en aquel toque inexperto y nuevo.
Ella se comenzó a separar, para decir lo que sentía y para poder mirarlo a la cara y admirar a ese hombre que la había atrapado.
Pero Gaara no quiso.
Atrapó sus labios otra vez, en un beso más atrevido y demandante. Dejándose llevar por el instinto y Hinata respondió a su ritmo.
Como un pequeño combate de caricias y toques embriagantes.
Sus manos viajaron a su cintura, y la atrajeron más a él, todo lo que fuera posible, quedando entre sus piernas mientras se fundía en aquel beso interminable y anhelado.
Sin alejarse un centímetro de aquel cuerpo pegado al suyo, liberó sus labios para pronunciar aquello que debía ser escuchado.
Aquello que ella guardaba y que él debía saber.
- Te quiero.
Gaara suspiró, y un mar de emociones lo inundó, dejándolo inútil y sin saber que hacer. Ni como responder.
Pero indudablemente feliz.
Mantuvo sus ojos cerrados y su cabeza repitió aquella confesión tan esperada.
Elevó su rostro, con una leve sonrisa, y atrapó aquellos labios que se volvían adictivos.
Dio un paso atrás, sin liberarla, sin soltarla ni dejar de besarla y la bajó lentamente de aquella media pared. La acorraló contra ella, y se terminó de fundir en aquel encuentro.
Agitado, con la respiración entrecortada y de alguna forma en paz, miró a Hinata, su Hinata y habló.
- Se mi novia.
Y aquel pájaro enjaulado abrió sus alas.
