Señorita Constructora

Esta historia es una adaptación.

La historia original es Miss Fix-It de Emma Hart

Los personajes pertenecen a Stephanie Meyer

Capítulo 19

Pasé el lápiz por la pared, usando mi teléfono como referencia de cómo era el logotipo de Superman. Había pasado la última hora perforando y colocando estantes en la habitación de Eli. El suelo se hallaba cubierto de polvo por la perforación, pero no me molestaría en limpiarlo por el momento.

Utilicé mi nivel de burbuja para asegurarme de que las líneas eran rectas para el exterior del logotipo. La escritura de oro en el lápiz decía "No seas idiota", y no dejaba de llamar mi atención mientras brillaba en la luz.

Nadie necesitaba realmente veinte lápices que dijesen "No seas idiota", pero los tenía, gracias a mi madre.

Era un buen lema para vivir, para ser honesta.

El silencio de la casa era bienvenido mientras dibujaba en la pared. El logo era simple, pero las líneas rectas eran asesinas. Aun así, lo hice después de aproximadamente media hora de dibujo y empecé a pintar.

No podía hacer esto a menudo, y era agradable. Es bueno romper con el ruido y la tediosidad ocasional de mi trabajo.

Me encantaba lo que hacía, pero solo había una cantidad de veces que podías hacer algo antes de que te cansaras de ello. Me sentía de esa manera sobre la pintura en general, por lo que hacer el logo de Superman era divertido.

Acababa de terminar el rojo cuando la puerta de entrada se abrió y luego se cerró de nuevo. Los gemelos se encontraban en la guardería, y como me escapé la noche anterior para ir a la casa de Rosalie, esta sería la primera vez que estábamos solos desde... bueno, sí.

Esperaba que no viniera y hablara conmigo, pero lo conocía mejor que eso.

Apenas lo pensé, lo escuché en las escaleras.

Me incliné y mojé mi pincel en la pintura amarilla.

—Oye —dijo desde el pasillo—. No tienes un cuchillo hoy, ¿o sí?

—Ah. Eres gracioso —respondí, sacando el exceso de pintura del pincel—. Solo un pincel hoy.

—¿Interrumpo un concierto privado?

—Nunca vas a superar eso, ¿o sí?

Edward finalmente entró a la habitación con una sonrisa lobuna en su rostro. —No —dijo—. Ni siquiera cerca.

Suspiré y comencé a pintar de nuevo. —Tan injusto.

—¿Cómo está tu dedo hoy?

—Doloroso, pero dejó de sangrar. Solo una curita normal hoy. —Moví mis dedos en su dirección.

Asintió lentamente. —Bien.

Obtuve más pintura en mi pincel y continué. Ninguno de nosotros dijo nada por un momento, y el silencio fue cómodo e incómodo. Cómo era posible eso, no lo sabía, pero sí sabía que no me importaba estar cerca de él en silencio.

»¿Quieres almorzar hoy?

Me quedé helada. —¿Solo almuerzo, o... como una cita de almuerzo?

Arqueó una ceja. —¿Importa? Almuerzo es almuerzo.

—¿En un restaurante?

—¿Coastal? Por supuesto.

—Tendríamos más posibilidades de mantener la ropa puesta. —Ayuda. No quise decir eso en voz alta.

Edward consideró esto. —Puedo ordenar.

Agité mi mano hacia él. —Para. Estoy trabajando, y estoy decidida a terminar a tiempo para que puedan tener sus habitaciones en unos días.

Echó un vistazo alrededor. —¿Realmente está casi terminado?

Asentí. —Solo tengo que construir el resto de los muebles, en su mayoría. Oh, y levantar los postes de las cortinas.

—Guau. —Dirigió su mirada a la habitación—. Esto será raro cuando termines. Estoy acostumbrado a tenerte aquí.

Sonreí. —Te gustará aún más cuando no esté.

No respondió, solo inclinó su cabeza ligeramente en mi dirección. —Entonces, ¿almuerzo? ¿Aquí o afuera?

Giré mi boca hacia un lado. —Luego. Planeaba parar en una hora.

—¿Tienes límite de tiempo para el almuerzo?

—Realmente no. Me quedaré un poco más tarde.

Sacudió su cabeza. —Salgamos. Llamaré a Coastal y veré si Alice puede reservarnos una mesa.

—Suena bien. —Sonreí, y él la devolvió justo antes de que girara y se fuera.

Mi pincel se cernía sobre la pared.

¿Era una cita?

Maldición.

. . . . . .

El rugido del restaurante era ruidoso. Aparentemente, había cierta competencia en Forks y Coastal recogió a todas las personas que habían acudido. Todas las mesas se encontraban llenas, y definitivamente me alegré de que Edward hubiera llamado antes. Habíamos podido entrar y dirigirnos a nuestra mesa, pasando junto a la gente del vestíbulo que esperaban una.

Alice me miró con las cejas levantadas, una mirada que me dijo que quería saber todo tan pronto como pudiera. Dejó nuestros cafés y, con una última mirada, se excusó a otra mesa.

Los labios de Edward se torcieron en diversión. —Ella no es muy sutil, ¿verdad?

Hice una mueca. —Casi tan sutil como una bomba nuclear.

Rio en voz baja, abriendo los paquetes de azúcar que ella trajo y sirviendo un par en su café. —¿Cuánto quieres apostar a que va a llamar a tu madre y decirle que los dos estamos aquí juntos?

—Cincuenta a que ya está hablando por teléfono. —Resoplé—. Lo que sea. La gente ya está hablando. No importa.

—Realmente te molesta, ¿no? Los chismes.

—¿No te molesta? —pregunté, luego me encogí de hombros—. No diría que me molesta. Estoy acostumbrada a eso. Sin embargo, me gustaría que las personas pudieran mantener su nariz fuera de mis asuntos.

—Creo que todavía estoy en la etapa en la que estoy encantado con esta pequeña ciudad y todas sus pequeñas idioteces.

—Pequeñas idioteces. —Me reí, finalmente tirando de mi taza hacia mí—. Esa es una forma de describirlo.

—Bueno, lo son. Son un poco encantadores, de una manera realmente extraña. El chisme es... inusual, para mí. No estoy acostumbrado a que todos lo sepan todo.

—Sí, bueno, comenzaste eso con nosotros cuando le dijiste a todos que me quedé hasta tarde o lo que sea que dijiste.

Frunció el ceño por un momento. Observé cómo se dio cuenta y se rio con fuerza. —Oh, Dios. Nunca te dije.

—¿Nunca me dijiste qué? —Entrecerré los ojos.

Edward se rascó la parte posterior de su cuello. —Nunca dije eso. Era una broma. Estaba jodiendo contigo.

Me incliné sobre la mesa y le di un golpe en el brazo. —Oh, Dios mío. Todo ese estrés, ¿y para qué? ¡Maldito!

—Lo siento. —No se veía triste en absoluto—. Olvidé que nunca te dije.

—Sí, seguro. Lo que sea.

Esta vez, su risa fue silenciosa. —Bueno, allá vas. Ahora, ya sabes. —Se bebió un sorbo de café, los ojos brillando con alegría—. Realmente quería hablar contigo sobre algo.

—Debería haber sabido que me atrapaste en este almuerzo por algo —dije—. ¿Eso significa que no es una cita?

—Es una media cita —respondió.

—Creo que puedo lidiar con eso. ¿De qué querías hablar?

Pausó.

Y lo sabía. Sabía exactamente lo que iba a decir.

»Escuchaste mi conversación con Ellie, ¿verdad? —Le gané.

Asintió. —Iba para comprobar que no estaba siendo un dolor en tu culo. No creo haberlo escuchado todo, pero escuché lo suficiente.

Tragué. Dios, ¿y si pensara que me sobrepasé? ¿Me excedí? ¿No debería haber tenido esa conversación con ella?

—Lo siento —comencé—. Sí, no debería haber hablado de eso con ella, pero no sabía qué decir.

Sus cejas se fruncieron. —¿Qué? No, no es todo eso. Quería, primero, agradecerte por cómo lo manejaste. Podría decir que vino hacia ti desde el jardín izquierdo con sus preguntas.

Respiré profundamente y me desplomé un poco en mi asiento. —Honestamente, sí. Y sabía por lo que estaba pescando, pero... —Me detuve, mirando hacia otro lado.

—Pero eso no es lo que quieres —terminó por mí.

No fríamente, no tristemente, nada. Solo una declaración.

Una que era verdad.

O una que lo fue.

Estaba…

Tal vez.

Tomé mi servilleta. —No sé cómo responder a eso —admití en voz baja—. No lo sé. Eso hubiera sido cierto incluso hace una semana, pero no sé cómo me siento en este momento.

Levantó las cejas, la sorpresa brillando en su mirada turquesa. —Eso no era lo que esperaba que dijeras.

—Bueno, yo... —Suspiré. ¿Qué diablos podría decir? ¿Cómo podría explicar los sentimientos que no entendía?—. No sé qué decirte.

Apoyó los antebrazos sobre la mesa y se inclinó hacia delante. —No tienes que decirme nada. No me debes ningún tipo de explicación, no importa cuánto quiera una para esa respuesta vaga.

Sonreí a medias. —Hay muchas cosas en mi cabeza en este momento. Básicamente, estoy discutiendo mucho conmigo misma.

—Sé cuidadosa. No quiero que pienses demasiado y te lastimes.

Lo miré fijamente.

Me sonrió. Una verdadera sonrisa juvenil que envió mariposas a través de mi estómago. —Solo quiero agradecerte la forma en que la manejaste. Ella nota mucho, y... no siempre es algo bueno. Para que quede constancia, ya sabes que lo que dijo es verdad.

Un nudo se formó en mi garganta. —Lo sé.

Tomó un respiro profundo. —Y me gustas, Bella. Me gustas mucho.

Mi corazón saltó.

»Sé que es difícil y complicado, pero quería dejarlo en claro. —Hizo una pausa y luego se rascó la mandíbula—. Lo último que esperaba cuando me mudé aquí era encontrar a alguien como tú.

Sus palabras se curvaron y curvaron a través de mi cuerpo, agarrándome.

Lo último que esperaba cuando llamé a tu puerta fue encontrar a alguien como tú.

Eso era lo que quería decir. Pero, las palabras no saldrían.

Fui salvada de una respuesta inmediata por la llegada de nuestra comida. Después de comprobar rápidamente si teníamos todo, nos quedamos solos y finalmente hice crecer un par e hice la pregunta sobre algo de lo que no me di cuenta hasta que empezó a molestarme.

—¿Puedo preguntarte algo? —Encontré sus ojos.

—Cualquier cosa.

Me lamí los labios. —¿Estoy...? —Respiración profunda—. ¿Soy la primera? ¿Desde que ella murió?

Me miró por un momento, luego asintió con la cabeza. Sólo una vez. —Soy un padre antes que cualquier otra cosa. No buscaba conocer a nadie cuando te conocí.

Tragué. —Lo entiendo. Me lo estaba preguntando.

Sonrió con ironía. —Bueno, estoy tan contento de que hayamos tenido una conversación agradable y ligera durante el almuerzo.

Lo miré por un momento, mis labios se crisparon, y luego comencé a reír. —Tú eres el que quería esta conversación.

—Cierto. Sin embargo, se intensificó.

—¿Eso es algo malo?

Levantó su tenedor y dejó que sus labios se curvaran en una pequeña sonrisa. —Espero que no.

. . . . . .

Ellie me miró. —¿Ya tedminaste?

Miré hacia la puerta. —No. No exactamente.

Suspiró y se apoyó contra el marco. —Oh, Dios mío. Se está tomando tanto tiempo.

Luché contra la risa. —Lo siento. Tal vez tres días más. Cuatro como máximo. ¿Está bien para ti?

—¿No puedes hacerlo dapido?

—No. Desearía poder hacerlo. —No tenía idea.

—Eso está bien. —Puso sus manos en los bolsillos de su falda—. Papá trabaja y Ewi está en el sofá. Estoy abudida.

Ladeé la cabeza hacia un lado. —Bueno. ¿Quieres ayudarme?

—¿Qué haces?

—Estoy construyendo tu caja de juguetes. ¿Ves la tapa rosada?

Entornó los ojos. —¿Puedo haced algo? —Esperanza brilló en su rostro.

—Por supuesto. Ven y siéntate. —Hice señas con la mano—. Aquí hay un destornillador para ti.

—Oh. Es dosado. —Respiró.

—Todos son rosados. —Sonreí y moví la caja de herramientas entre nosotras—. ¿Ves?

—Guau. —Sorpresa cruzó su pequeño rostro—. Eso es genial.

Sonreí.

»¿Cómo sabes cuál necesitas?

—¿Qué destornillador? —aclaré.

Asintió con la cabeza, agarrando el asa con tanta fuerza que sus nudillos se pusieron blancos.

»Los tornillos son diferentes. Mira. —Cogí uno de los tornillos de cruceta y se lo enseñé—. Si miras la punta del destornillador, coincide con la forma. ¿Ves?

Hizo un gran espectáculo de mirar tanto el tornillo y el destornillador.

»Si lo pones, debería caber. —Tomé el extremo afilado del tornillo y se lo tendí—. Inténtalo.

Ella solo hizo eso, metiéndolo. Excepto que le di uno que era demasiado grande.

»Oh, espera. Ese es muy grande. Vienen en diferentes tamaños, ¿ves? —Señalé el destornillador—. Necesitas uno más pequeño.

—¿Puedo tenedlo? —preguntó ella.

—Por supuesto. Ve si puedes encontrar el siguiente tamaño hacia abajo.

—Está bien. —Revolvió a través de ellos, revisando cada uno hasta que llegó a un destornillador de punta plana—. Es difedente. —Lo sostuvo en alto.

—Sí, hay dos tipos. No creo que tenga ningún tornillo que encaje, pero no todos los tornillos tienen la cruz. Algunos tienen una línea, y eso es en lo que usarías un destornillador plano, así es como se llama. Pero, si tienes un tornillo de cruz y no tienes el destornillador de estrella adecuado, puedes usar uno plano.

—¿Puedo?

—Sí. Aprieta el tornillo con uno más pequeño y plano.

Ella consiguió uno de los pequeños y lo hizo. Más placer cruzó su rostro. —Bueno. Necesito uno de cluz, pequeño, ¿ciedto?

Sonreí. —Sí, necesitas uno de cruz. ¿Ya lo has encontrado?

Asintió. —Te sientas en él.

Cogí el destornillador de al lado de mi muslo con una sonrisa. —Aquí tienes. —Puse el tornillo en el orificio pre-taladrado y lo giré varias veces—. Está bien, ven aquí. —Palmeé mis muslos, y vino a sentarse sobre mí—. Ahora, con mucho cuidado, coloca el destornillador en el tornillo y gíralo en el sentido de las agujas del reloj, ¿está bien?

—¿Por qué agujas del deloj?

Reprimí una carcajada. —El sentido de las agujas del reloj es a la derecha. Así es como aprietas los tornillos. Incluso hay una rima que mi papá me enseñó cuando era pequeña.

—¿Qué es?

—Derecho apretadito, izquierdo sueltito.

—Dedecho apetadito, izquiedo sueltito.

Tenía un cierto encanto viniendo de ella.

—Eso es. Gira a la derecha para apretar, y a la izquierda para aflojar.

—Bueno. ¿Puedo hacedlo ahoda?

—Por supuesto. Hazlo tan fuerte como puedas.

Se inclinó hacia delante y, con tanto cuidado, insertó la cabeza del destornillador en el tornillo. Giró el destornillador, sacando su lengua del lado de su boca. Me incliné para ver su rostro, llevaba la máscara de completa concentración.

Lengua afuera, ojos entrecerrados, cejas juntas.

Era lo más adorable.

—Ahí —dijo ella, recostándose—. Lo hice.

—¡Un trabajo increíble! —La apreté ligeramente—. ¿Puedo por favor tener el destornillador para comprobar qué tan apretado está?

Asintió y me lo entregó.

Lo comprobé. Apenas lo había girado, pero se estaba divirtiendo, así que era lo que era. Apreté el tornillo el resto del camino y agarré el siguiente. Al menos ya casi terminaba.

—¿Lo hago de nuevo? —preguntó Ellie con esperanza.

—Por supuesto.

Llevaba la misma expresión mientras lo giraba. La lengua que sobresalía era mi parte favorita de todo eso.

—Ellie, estás callada. ¿Qué ha...? —Edward se detuvo en la puerta, con el teléfono en la oreja—. Oh. Estás aquí.

Ellie se volvió para mirarlo. —Ewi se dudmió. Bewa dijo que podía ayudad.

Él me miró para la confirmación.

Le indiqué el hecho de que se hallaba sentada en mi regazo.

Sus labios se tensaron. —Ella no te molesta, ¿verdad?

—No, me ayuda. Mira. Está poniendo los tornillos. —Señalé hacia dónde hacía un buen intento de apretarlo—. Está casi terminado. Parece que se divierte.

—Bueno. ¿Si estás segura?

—Está bien. Si deja de ser buena, la recogeré y la entregaré en tu oficina, ¿de acuerdo?

Se rio, levantando una mano. —Está bien, bien, de acuerdo. Solo pensé... Mierda. ¿Hola? —Se marchó—. Si, aún estoy aquí.

Su voz se apagó mientras bajaba las escaleras.

Ellie hizo un clic con su lengua. —Papá dijo una mala palabra.

Ah. Mierda.

—Lo hizo. Papá malo. ¿Puedo probar ese tornillo ahora?

Asintió y me dejó apretarlo. Repetimos esto una y otra vez hasta que todos los tornillos estuvieron en su sitio y apretados. Incluso sostuvo la tapa en su lugar mientras yo sujetaba las bisagras.

Cuando todo estuvo dicho y hecho, Ellie cerró suavemente la tapa y caminó alrededor de la caja. Luego, se detuvo frente a ella, y con una gran sonrisa orgullosa en su rostro, se encontró con mis ojos.

—Es pedfecto, ¿eh?

—Claro que sí —concordé—. Hiciste un gran trabajo ayudándome. Gracias.

Incluso si tomó una media hora extra.

Sonrió. Nunca antes la había visto tan feliz por nada. —¿Puedo ayudadte también mañana?

—Puedes ayudarme a hacer tu estantería cuando vuelvas de lo de Ángela, ¿suena bien?

Asintió. —Tengo hambre. ¿Supones que papá no ha cocinado todavía?

—No lo sé, pero podemos averiguarlo. —Eché un vistazo a la hora. Eran casi las seis de la tarde. No me extraña que tuviera hambre.

Ellie bajó corriendo las escaleras y entró a la cocina. Me tomé el tiempo para empacar mis herramientas antes de seguirla, pero dejé la caja en su habitación.

Bajé y encontré a Eli despierto, sentado en el sofá, y Ellie haciendo pucheros frente a él.

Eli me miró. —Papá está hablando por teléfono. Él sigue glitando.

Fruncí el ceño y caminé hacia la oficina de Edward. Sonaba muy frustrado, a pesar de que no gritaba, pero había algo sobre el "maldito interno" mencionado algunas veces.

Regresé con los gemelos en la sala de estar. —Papá está trabajando, ¿no?

Ambos asintieron.

»Probablemente no sepa qué hora es. —Hice una pausa—. ¿Por qué no vamos a la cocina y les hago de cenar?

Asintieron más. Corrieron a la cocina, y cuando entré en la habitación, Eli ya trataba de darle a Ellie un empujón sobre el mostrador.

—¡De acuerdooo! —dije, agitando las manos—. No hagamos eso. Buscaré un lugar en donde ustedes dos no intenten romperse un hueso.

—Oh —dijo Ellie con tristeza. Pero ambos se movieron, trepando a la mesa a través de las sillas en su lugar.

Los miré.

Eh. Gané una batalla. ¿Por qué empezar otra?

Los dejé allí y abrí el armario. No tenía idea de lo que buscaba. ¿Pasta? ¿Espaguetis? ¿Qué alimentaba a los pequeños humanos?

¿Las almas de los ancianos o algo así?

Mis ojos se posaron en dos latas de sopa de tomate.

Ajá.

—¿Qué tal una sopa de tomate y queso a la parrilla? —pregunté.

—¡Sí! —gritaron, aplaudiendo.

—Está bien. —Bien. Podría hacer eso—. Siéntense en las sillas, tomen un jugo y déjenme trabajar.

Milagrosamente, hicieron lo que les dije.

Bien. Voy a ser condenada.


Hola chicas!

Espero disfruten el capítulo y gracias por sus reviews!


Tengo blog! Se llama: Maly's infinity place, y pueden encontrar el link directo en mi perfil de Twitter (thoughtswen) si desean verlo. Voy a subir reseñas, recomendaciones y mucho más.

Y...¡Subí reseña al blog! ¿Conocen la Saga Indebted? Pues si no vayan a darle una miradita a la reseña y a lo mejor les da por leerla ;)

Nos vemos.

Bye Sweeting!