Escaló deprisa, sí... XD. Y cuando menos te lo esperas... BUM, todo explota.


Regina Mills

Cuando abrí la puerta de casa me encontré a Emma sola, viendo la televisión con un bol de palomitas en la mano. Me quedé un segundo simplemente observándola. Me gustaba mucho esa imagen. Tanto que me quedé abstraída más de lo que quisiera. Emma se percató de mi presencia y se me quedó mirando, sonriendo como si la hubiera pillado haciendo una travesura.

Así que me recompuse, colocando instintivamente el pelo detrás de la oreja, y me senté a su lado. Alcé la vista a la pantalla un momento y finalmente, Emma rompió el hielo.

_ Llegas pronto, ¿Ha ido todo bien?

_ Jones no ha aceptado mi propuesta… así que vamos a tener que destruirle. _ Dije, encogiéndome de hombros.

_ ¿Destruirle? Eso suena… bastante fuerte. _ Dijo, alzando una ceja. _ Debes estar muy cabreada.

_ Casi tanto como con Blanchard. A ella sí que voy a disfrutar de destruirla. _ Dije, sombría.

_ Me sienta mal que tengas que hacer todo esto. _ Juntó los dedos. _ Sé que dices que no me culpe… pero…

_ Emma, me has hecho ver que esas dos víboras me querían robar la empresa. Iba a hacer su movimiento tarde o temprano. _ La tomé del mentón y ella me miró, con cierta vergüenza. _ Además, Blanchard se ha esforzado muchísimo en arruinarte la vida, y eso sí que no se lo perdono.

Pude notar que se sonrojaba.

_ Emma… de verdad que siento que te conozco… y confío en ti. Quiero verte bien, verte feliz. Y esa mujer se ha esforzado en que sufras. Ni tan siquiera lo que me ha hecho a mí duele tanto como saber eso.

Y lo había dicho en serio. Quizá no me había dado cuenta del todo, pero lo había dicho muy en serio.

Emma Swan

Bueno, supongo que es oficial. Estoy cachonda… como una puñetera moto. Si estando yo dentro de Regina ya tenía problemas para controlar mi temperatura… siendo ella la que estaba dentro, ya podía decir que estaba fuera de mí.

Había dicho "destruir", y puedo jurar que en ese momento empecé a sudar como un pollo. Pero cada cosa que decía sólo lo ponía peor. Confiaba en mí… quería que estuviera contenta. Nadie quería eso. No había conocido a una persona en toda mi vida a la que eso le importara, salvo a Henry.

Y desde luego a nadie con esa sonrisa… con esos hipnóticos ojos color chocolate. Nunca me había sentido así. Instintivamente la rodeé con los brazos. Ella me devolvió el gesto, entrecerré los ojos.

_ ¿Estás bien, Emma? _ Me preguntó, en voz baja.

_ Sí… es sólo que… _ La miré a los ojos.

_ No digas nada… no es necesario. _ Amplió esa sonrisa, y yo se la devolví.

Regina Mills

El deseo de proteger a Emma había crecido poderosamente en mí. Desde que había recogido su habitación por primera vez, sentía que había llovido mucho. Al final habíamos tomado una cena ligera y visto una película juntas. Emma se quedó dormida y la dejé delicadamente sobre el sofá.

Me tumbé en la cama y me acurruqué bajos las sábanas. Aquella noche dormí muy bien, a pierna suelta. De hecho, me despertó el despertador, lo que no solía ocurrir. Me tomé mi café matutino y vi que Emma aún dormitaba. Tenía un mensaje en el móvil. Mi madre llegaría al aeropuerto en unas horas. Yo estaría en el trabajo. Hasta que se resolviera la situación, y teniendo en cuenta lo que lo sucedido con Emma había retrasado algunos proyectos, me parecía que lo más apropiado era mantenerme en primera línea.

Pero también entendía que era de mal gusto no encargarme de que mi madre estuviera atendida. Pensé en llamar a Ivy, pero la requería en el despacho… Y después recordé… que acababa de contratar a una nueva asistente, que estaba durmiendo en mi salón.

Me aproximé con cautela y la toqué en el hombro. Emma despertó revolviéndose como un gato al caer al agua, emitiendo sonidos peligrosos. Tuve que apartarme.

_ Emma… tranquila… _ Le dije, abriendo mucho los ojos. _ Necesito que me hagas un favor.

Emma Swan

¿Un favor? Y dos y tres si eran necesarios. Me fascinaba cómo Regina podía tener ese porte recién levantada, yo aún tardaría una media hora en considerarme persona.

_ ¿Quieres que vaya a buscar a tu madre? Pero… Regina, sigo sin tener coche, ¿Recuerdas? _ Le dije, bajando la mirada.

Un sonido metálico me llamó la atención, Regina acababa de dejar caer algo sobre la mesa… un juego de llaves. No eran de su coche.

_ Dime que no me has comprado un coche. _ Dije, mirándola fijamente.

_ Es un coche de empresa. _ Dijo, desviando la mirada. _ No es el culmen de la elegancia, pero… creo que te pega. Mi madre llegará al aeropuerto a las diez y media. Sé puntual. No soporta a la gente que llega tarde.

_ De acuerdo, lo tendré en cuenta. _ Le dije, mientras veía que se acercaba a la salida. _ Ten un buen día.

Ella se giró y me dedicó una sonrisa que me dejó sin respiración. No pude evitar devolvérsela mientras me acomodaba en aquel sofá. Me mordí el labio cuando la vi salir y me empecé a preparar de inmediato. Quizá no pudiera corregir el ser un desastre, pero si trabajaba con suficiente tiempo, podría suplirlo.

Me sentía extraña vistiendo un traje mientras bajaba por las escaleras. Al menos no llevaba falda. No soportaba las faldas, desde lo más profundo de mi ser, las odiaba y las quemaría todas. Regina me había dicho que el coche estaba aparcado en su plaza de aparcamiento del garaje, así que me dirigí a donde solía estar el Mercedes.

Desde luego… el coche llamaba la atención, incluso más que el Mercedes, pero no por los motivos apropiados. Mis ojos se posaron un instante sobre aquel escarabajo amarillo. Rocé con los dedos la pintura amarilla y recordé lo que Regina había dicho. No era el culmen de la elegancia… pero me pegaba.

Me eché a reír. Sí, sí que me pegaba. Pero no creía que Regina me lo hubiera dicho con mala intención. Era clásico, pero bonito. Me senté en el asiento del piloto y arranqué. El motor reaccionó con un sonido Sorprendemente suave.

_ Oh… ya veo… eres más de lo que aparentas… ¿También eres un rebelde? _ Pregunté, mientras pisaba el acelerador. _ Veámoslo.

Abrí la ventana y me dejé llevar por la carretera. Debía admitirlo, hacía tiempo que no me sentía tan liberada, tan feliz. Tenía un trabajo, la custodia de Henry volvía a estar sobre la mesa y por fin tenía a alguien en mi vida a quién parecía importarle.

Por eso cuando llegué al aeropuerto, tenía una sonrisa. Llegaba con tiempo de sobra. Llevaba bajo el brazo un cartel en el que había escrito "Mills", y esperaba convencida de que iba a ser un buen día. Cuando el avión aterrizó y comenzaron a desembarcar los pasajeros, puse el cartel encima de la cabeza.

Dos mujeres se dirigieron en mi dirección. Una de ellas, bastante mayor, pero bien vestida, la otra parecía bastante más desarreglada, pelirroja.

_ Supongo que debes ser Ivy. _ Cora resultaba intimidante. Yo negué con la cabeza.

_ No. Mi nombre es Emma, soy la nueva ayudante de Regina. Es un placer conocerlas. _ Dije, extendiendo la mano. _ Usted debe ser Cora.

_ Así es. Y esta es mi hija, Zelena.

_ Mamá, sé presentarme sola. _ Me expresó, extendiendo la mano. _ Soy Zelena Mills, es un placer conocerte.

Me dedicó una mirada cómplice que no terminé de entender. No sabía que estaba pasando por su cabeza.

_ Muy bien, seguidme, os llevo. ¿Vais a quedaros en un hotel o ...?

_ Nos quedaremos en el apartamento junto al de mi hija, como suelo hacer en cada visita, gracias. _ Atajó Cora, cortante. Sentía que no le había caído bien.

Me tomé mi trabajo como chófer muy en serio, y me mantuve en silencio mientras conducía, pero eso no ahogó las críticas de Cora sobre el vehículo. Las entendía, me imaginaba que estaba esperando otra cosa. ¿Por qué Regina me había dado ese coche? Sólo ella lo sabía.

Cuando llegamos, me sentí relajada. Me imaginaba que Regina me llamaría más adelante para encargarme más cosas. Quizá debería llamarla para saber si me necesitaba en el trabajo. Por otro lado, no dejaba de preguntarme si al llamarla interrumpiría algo importante.

Tardé más de lo que consideraría razonable en darme cuenta de que la solución más lógica era mandarle un mensaje.

Ya he recogido a tu madre. Zelena ha venido con ella. Están dejando sus cosas en el piso.

Buen trabajo, Emma. No esperaba a Zelena, habrá que pedir algo más para cenar.

¿Quieres que me ocupe? Es más, necesitas que vaya para allá.

No, mejor quédate allí y ocúpate de ellas. Asegúrate de que estén cómodas y no les falte de nada.

Recibido, me hago cargo.

Gracias. Nos vemos más tarde.

Sonreí involuntariamente y me volví a guardar el móvil en el bolsillo. Escuché que llamaban a la puerta y me giré. Zelena estaba junto a la puerta abierta. Volvía a tener una sonrisa, y yo me sentí encogida.

_ Sí, sin duda tienes que ser tú. _ Ratificó para sí misma.

_ ¿Yo? ¿Ser quién? ¿Acaso te conozco de algo?

_ No, para nada. Pero hace unos días, Regina me llamó y me dijo que tenía una amiga nueva… Que era un poco desastre, pero que se fiaba de ella. _ Dijo, mirándome. _ Y tienes que ser tú.

_ Bueno… sí que soy un poco desastre a veces, sí… _ Me encogí de hombros.

Zelena amplió la sonrisa.

_ A ti te gusta mi hermana, ¿Verdad?

_ ¿Qué? Yo… ¿De dónde sacas eso?

_ De la cara que has puesto cuando te mensajeabas con ella hace un momento… pero sobre todo del color que tienen tus mejillas ahora. _ Dijo, con una sonrisa victoriosa. _ Me cuesta creer que ella no se haya dado cuenta… es obvio.

_ Yo… no…

Me sentí desarmada, aterrada. ¿Qué sentido tenía negarlo? Las palabras no acudirían a mí, me quedaría helada, como ya lo estaba.

_ Oh, vamos, alegra esa cara. _ Se acercó y la miré. _ Sabes… Por cómo habló el otro día, creo que tú también le gustas.

Mi corazón se saltó un latido cuando dijo eso. La mera idea de que lo que sentía por Regina pudiera ser correspondido hacía que mi imaginación volase.

_ Vaya, y yo que pensaba que no podías ponerte más roja.

_ Eh… yo sólo…

_ Emma… me gustaría mucho que mi hermana dejase de estar tan sola. _ Me miró a los ojos. _ Nuestra madre la presionó demasiado… y se ha pasado muchos años alejando a todos los que se le han acercado.

_ ¿No te preocupa que entre y oiga cómo la pones verde?

_ En absoluto, ya está repasando los informes del caso… cuando se centra sólo para tomar café. Es imperturbable. _ Dijo, sin apartar la mirada. _ Créeme… no me gustaría estar en el lugar de la persona a la que está investigando.

_ Entiendo…

_ Escucha… Si realmente quieres a mi hermana… si la quieres de verdad… Harías bien en contar conmigo.

Me sentí arropada por esas palabras.

_ Me gusta mucho. _ Confesé, juntando los dedos. _ Más de lo que nadie me ha gustado nunca. Sí… Regina me gusta de verdad.

_ Veamos entonces… si puedo convertirte en mi cuñada.

Me mordí el labio inconscientemente. Sonaba muy bonito. Me imaginaba a mí misma en aquella casa, junto a Regina… Henry correteando por el salón mientras preparábamos unas palomitas para ver una película. Y sonaba como la mejor idea del mundo notar cómo Regina me rodeaba con la mano y me atraía hacia sí. Aquello era un sueño.

_ Haré todo lo que esté en mi mano, Zelena.