Disclaimer: los personajes de Twilight son de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es Robsmyyummy Cabanaboy. Yo solo traduzco con su permiso.


Capítulo ocho

BPOV

Cabello, listo. Atuendo, listo. Maquillaje, listo. Nada de analizar de más, ningún arrepentimiento. Recuerdo beber mucha sangría y recuerdo un beso sensual. Un beso que dejó mis labios ardiendo de emoción y mi vientre lleno de águilas calvas que aleteaban con locura. Es hora de afrontar las consecuencias y dar el siguiente paso.

Respira profundo y vamos.

Salgo de mi cuarto y encuentro a Edward sirviendo dos tazas de café. Levanta su cabeza para recibirme, esa sonrisa torcida hace que mi corazón se derrita solo un poco. Esta es la segunda vez consecutiva que no se ha rasurado. La barba incipiente en su mandíbula y bajando por su cuello luce pecaminosa. Me acerca una taza por la encimera y asiente.

—Buen día —dice con una sonrisa, llevando su taza hacia esos labios sensacionales.

—Buenos días —respondo, con una sonrisa igual de alegre en mi rostro—. Gracias por servirme.

—De nada. ¿Dormiste bien? —pregunta, arqueando una ceja de forma pícara.

—Eh, bastante bien. —Era quedarse corta. Soñé con Edward y yo y nuestros labios y piernas y brazos enredados en el otro, debajo, encima y alrededor de las sábanas en mi cama. Me desperté con un sudor frío no una, sino dos veces. Así que sí… bastante bien lo resume correctamente—. ¿Qué tal tú?

Él se ríe, cerrando el cartón de la crema.

—Eh, sí. Si somos honestos aquí, ese beso fue la base para unos sueños bien intensos. —Se gira para regresar la crema al refrigerador y juro que lo escucho murmurar—: …eso es quedarse corto.

Mi corazón salta en mi pecho al escuchar su honesta evaluación de lo que mi beso le hizo a su cabeza. Bajo la mirada, tratando de recuperar mi compostura, antes de comenzar a reírme como una colegiala.

—Bueno, bien… misión cumplida, entonces —respondo audazmente y añado un guiño como un bonus.

—¿Podemos hablar de ello? —pregunta sinceramente, su rostro repentinamente lleno de preocupación.

Levanto mis cejas y mi mano, palma arriba, lo invita a comenzar.

Él se inclina hacia mí, sobre la encimera, apoyado sobre sus codos. Hago lo mismo para copiar su postura… también porque acerca más nuestros rostros a unos milímetros del otro. Cualquier excusa para estar cerca de este hombre. Creo que me estoy convirtiendo en algún tipo de adicta cuando se trata de él.

—¿De qué quieres hablar, Capitán? —Sonrío, sabiendo que hablar sobre sentimientos no es necesariamente donde se siente cómodo.

—Bueno… —Baja la mirada hacia sus manos por un momento, entonces levanta sus ojos hacia los míos—. Quiero que sepas que, influenciado por la sangría o no, me gustó besarte anoche.

Sentí mis mejillas arder con la sonrisa que se ha apoderado de mi expresión.

—Bien, eso es bueno —respondo suavemente y luego enrollo mi dedo, pidiéndole que se acerque más. Su mejilla barbuda roza la mía y susurro—, porque también me gustó besarte. —Pauso para inhalar su increíble aroma. Él huele fresco y limpio, con una pizca de perfume que te induce al orgasmo—. Y lo haré de nuevo.

Nos apartamos al mismo tiempo y lo observo tragar fuertemente con una sonrisa engreída.

—Usted, Sra. Newton, es problemática. Siento que no sé en lo que me meto contigo.

—Pero, ¿acaso eso no es lo divertido? —cuestiono, tratando de sonar sexy—. Ambos somos adultos; la estamos pasando genial en un paraíso tropical. ¿No es suficiente simplemente divertirnos y disfrutar de la compañía del otro?

Él se ríe sin humor.

—Créeme, Bella; me encanta divertirme. Pero contigo… —Sacude la cabeza, apartando la mirada—. Estas dos últimas semanas me has probado que eres alguien diferente. Te mereces más que eso. Te merecer ser tratada diferente. No estoy acostumbrado a este… este…

—Oye —digo, sacudiendo la cabeza. Lo detengo posando mi mano sobre las suyas, las que está retorciendo como si intentara romper la piel—. Lo que sea que te vuelva loco, para. Tenemos permitido hacer lo que sea que queramos, Edward. Nuestras reglas… no las reglas de los demás.

—Me importa una mierda las reglas de los demás ahora mismo, Bella. Mi mayor preocupación eres tú, y cómo mis reglas encajan en el plan del universo. ¡Prácticamente me dejaste inconsciente hace dos semanas, y no he sido la misma persona desde ese entonces! —Se ha apartado de la encimera ahora y está caminando de un lado al otro en nuestra pequeña cocina—. ¡Y todos los que me conocen están notando el cambio! —Su voz se ha elevado en volumen y registro; claramente estamos entrando en aguas desconocidas aquí.

Me enderezo y camino hacia el sofá, señalándole para que haga lo mismo. Me siento y me giro hacia un lado, doblando mi pierna derecha debajo de mi izquierda mientras me pongo cómoda y él colapsa a mi lado, se cubre el rostro con sus manos y comienza a frotárselo bruscamente.

Pensé que podía abordar esta charla de una forma suave, pero estoy observando lo que asumo que es la versión super tranquila de Edward al tener una crisis emocional… así que sí, pienso que este no es ni el lugar ni el momento para estar despreocupados o ser indiferentes.

—Háblame, ganso. —Al menos, yo intento romper el hielo con un poco de chiste militar, el cual puedo ver que es apreciado cuando me da una media sonrisa y unos ojos en blanco juguetones.

Sacude su cabeza antes de soltar todo.

—Deberías saber que me siento como un completo idiota al hablarte sobre esto… pero no puedo apagar mi cerebro. Me pagan para pensar, ¿sabes? Mi trabajo es ser el sumo planificador. Observo los hechos y el cuerpo de Marina espera que sepa cómo proceder a partir de allí. Qué suministros necesitamos para completar una misión, cuántos y cómo dispersarlos efectivamente.

—¿Cuál es tu trabajo? Quiero decir, aparte de ser la Parca de vez en cuando. —Yo y mis intentos de humor otra vez. Al menos, él lleva su cabeza hacia atrás y suelta un bufido—. ¿Dijiste en la tienda de comestibles el otro día que eras un logístico?

—No. Mi COM es tres-oh-dos.

Abro mis ojos de par en par y giro mi muñeca para mostrar mi necesidad de que continúe llenando los espacios en blanco porque podría estar hablando en griego en este momento.

—COM… Código de Ocupación Militar. Fui contratado una vez que me gradué de la Escuela de Candidatos a Oficiales en Quántico, Virginia. Luego, fui a la escuela en Jacksonville, Carolina del Norte y fui entrenado para ser oficial de suministros terrestre. Soy un logístico, pero la logística de los perros malvados tiene su propio COM —explica, rascándose la mandíbula—. Por lo que sí, soy un oficial de suministros. Desde tanques a papel sanitario… frijoles, balas y banditas. Todo en el medio; lo necesitas, soy tu hombre. —Sonríe, orgulloso de sí mismo.

—Genial. Así que eres un tipo bastante importante de tener cerca cuando alguien necesita algo, ¿eh?

Guiña un ojo.

—Todos quieren ser mis amigos.

—Eso no lo dudo ni por un momento. —Suspiro—. Pero, en serio, de vuelta a esto. —Muevo mi mano entre nosotros—. ¿Qué piensas?

Él se frota el ceño y exhala grandiosamente.

—Cuando estábamos en el sendero, te conté cómo me sentía sobre las relaciones. Simplemente… es más seguro para mí el no sentar cabeza. Hay menos posibilidades de que haya corazones rotos, ¿sabes?

Frunzo los labios y sacudo mi cabeza.

—Creo que te estás subestimando, pero ya te dije eso la semana pasada. Y, escucha, todo lo que hicimos fue besarnos, ¿de acuerdo? —Está mirando hacia nuestras piernas, pero agacho mi rostro en busca del suyo y lo obligo a mirarme a los ojos—. No te pedí matrimonio ni nada. ¿Podemos simplemente disfrutar del otro?

Él suelta una carcajada.

—Creo que podemos disfrutar del otro todo lo que queramos, pero, Bella —Mira hacia el balcón—. Siento que mereces más de lo que puedo hacer… de lo que puedo ofrecer.

Sacudo mi cabeza para detener el hilo de pensamientos.

—No nos preocupemos por eso, ¿de acuerdo? Realmente aprecio que me cuides, pero seamos libres por ahora. —Levanto los brazos descuidadamente—. Divirtámonos, seamos tontos, creemos recuerdos… disfrutemos de lo que tenemos. Esto es solo el comienzo de un mes increíble, ¿sabes? ¿Y quién sabe lo que pasará cuando volvamos a Oahu? Puedes que no soportes vermes, ¿acaso pensaste en eso?

Él vuelve a reír.

—Estoy muy seguro que no hay ni una posibilidad de que eso pase, pero gracias por tratar de ser la abogada del diablo.

Me encojo de hombros con una sonrisa.

—Bueno, soy bastante espectacular… —añado con un guiño juguetón—, pero oye, no hay presión aquí. No estoy preocupada y no creo que deberías estarlo tampoco, ¿okey? —Suavemente le golpeo el brazo, tratando de que se relaje—. Creo que deberíamos tomar cada día como venga… cada hora… lo que sea. Viniste a mi hotel pidiéndome unirte a este viaje porque no estabas listo para despedirte. Me puso feliz por dentro porque tampoco quería que nuestro tiempo juntos acabe. Así que estamos aquí juntos y sabemos que algo está pasando aquí. —Me muerdo el labio inferior y sonrío—. ¡Ahora, tu trabajo es dejar de sobreanalizar, quitarte tu capa de "Capitán-planeo-todo" y simplemente déjate llevar!

Me mira escépticamente y suspira.

—Bella, por favor…

—¡No! —grito y me pongo de pie—. No me digas "Bella, por favor"… —Arquea una ceja para desafiarme y chasqueo mi lengua mientras pongo los ojos en blanco, sabiendo que fuimos mal pensados con eso—. Sabes lo que quiero decir. Estamos aquí de vacaciones… comenzando de cero, ¿entendido? Si ayuda, puedes fingir que lo de anoche no ocurrió.

—Eso es físicamente imposible, pero buen intento.

—Está bien, de acuerdo… simplemente comencemos diciendo que no hay presión para actuar de alguna forma o decir ciertas cosas… lo que sea que pasa, pasa. La orden del día, y TODOS los días a partir de ahora es divertirse, ser tontos, espontáneos y crear recuerdos, ¿entendido?

Edward asiente desde su lugar en el sofá.

—Sí, señora. Empezar de cero, sin presiones, ser espontáneos… entendido.

Sonrío, orgullosa de mí misma por ser tan firme y hacer que me escuche y acepte mi consejo.

—Si sentimos la necesidad de volver a reunirnos para tener otra discusión, lo haremos. Pero por ahora, comenzamos de cero. —Él y yo asentimos al mismo tiempo—. ¿Estamos bien, entonces? —pregunto nuevamente para aclarar.

Se pone de pie frente a mí, esa sonrisa hermosa en sus labios.

—Estamos genial. —Entonces, sin advertencia, Edward toma de mis mejillas y ladea mi rostro hacia arriba mientras sus labios descienden a los míos. Me tienta repetidamente con besos eskimo y suaves roces de su piel contra la mía hasta que nuestras bocas están abiertas y nuestras lenguas lánguidamente se unen al momento.

Una y otra vez, es lento y deliberado. Nadie choca sus dientes o sofoca al otro. Aunque mis ojos están cerrados, puedo sentir su mano derecha apartarse de mi rostro y bajar por mi brazo hasta plantarla en mi cadera, donde le da un apretón. Permito que escape un suave gemido y parece romper la escena porque se aparta de nuestro beso.

Mi cabeza sigue ladeada cuando gradualmente abro los ojos. Encuentro a Edward observándome con una mirada intensa; sus ojos verdes comunican todo lo que tiene nervios de decir. Pero no estoy preocupada, llegaremos allí en su momento.

—¿Qué tan espontáneo es eso, Clementine? —susurra, con voz ronca.

Asiento repetidamente.

—Bien. —Asiento aún más, ya que me encuentro muda; la sensación de su boca sobre la mía es muy fresca como para pensar coherentemente—. En serio, bastante bien.

Da un paso hacia atrás, dejando caer sus manos de mi cuerpo y dice:

—Bueno, perfecto entonces. ¿Lista para comenzar nuestro día?

Oh, sí, señor. Lista y dispuesta.

~TotS~

Después que Edward de dejara mareada por ese beso impresionante, pasamos el resto del día despreocupados y libres, por mucho que eso suene cursi. Tomamos un viaje en helicóptero que nos daba un tour aéreo por el Waime Canyon y una vista general de la isla. Aprendimos que aproximadamente el ochenta por ciento de Kauai está deshabitada, remota y salvaje, así que la mejor forma de apreciar realmente la isla es en el aire. Recorrimos los veinticuatro kilómetros de la increíble costa de Na Pali, con sus grandes acantilados que caen trescientos metros hacia el océano. Tomamos miles de fotos, la mayoría tomas divertidas usando los enormes auriculares y aterradores primeros planos de nuestros rostros. Revisamos las fotos una vez que aterrizamos y nos reímos hasta que nuestros costados dolieron debido a las expresiones faciales que capturamos. Aunque saqué un manojo de fotos decentes, definitivamente voy a comprar varias postales para cuando quiera recordar las vistas desde el cielo. Los profesionales toman mejores fotos que dos personas riéndose, coqueteando y tratando desesperadamente de no vomitar las galletas al estar en las alturas. Antes de terminar por la noche, decidimos que mañana necesitamos un día de playa.

No podíamos haber elegido un mejor día para ello. La temperatura no era agobiante; a pesar que casi llega a los treinta y dos grados, hay una brisa marina que funciona genial para mantenernos cómodos bajo el sol ardiente.

Edward felizmente ayuda cuando le pido que coloque bronceador en mi espalda e incluso hago lo mismo con él y logro no babear mientras froto mis manos por su espalda y hombros tallados en piedra. No hemos tenido contacto físico con el otro desde el beso que me plantó ayer por la mañana, pero no estoy preocupada. No estamos apresurados a probar algo, lo que es exactamente cómo quería que fueran las cosas.

Echo un vistazo a Edward, que está reclinado en su silla de playa; tiene gafas de sol espejadas, un reloj plateado jodidamente sexy en su muñeca derecha, sus chapas identificatorias descansan sobe su pecho y viste unos shorts color rojo ladrillo que se posan sobre sus caderas bajas. Si esa vista no es suficiente para enviarme al abismo, parece que me excito con solo ver el vello de su cuerpo. ¿Qué diablos me pasa? Quiero decir, sí, me atrae su rostro y su físico: alto, delgado pero tonificado en todas partes. Sin embargo, desde que he estado viviendo con él, a todos los efectos, he comenzado a estudiar los finos detalles del Capitán Edward Masen. No estoy segura si es normal o no, pero por el amor de Dios, sus antebrazos tienen esta colección de vello rubio amarronado que me hace querer pasar mis dedos por él. Lo mismo con su pecho… ni mucho ni muy poco y, santo cielo, ese camino que comienza a mitad de su torso y parece volverse más denso mientras más desciende. Sus piernas están increíblemente definidas y sus pies, ¡sus pies! ¡Este hombre tiene pies hermosos! Y no comencemos con sus manos. Dedos largos y fuertes con tendones y venas visibles debajo de la superficie de su piel bronceada. De hecho, me recuerda a las manos de los músicos. Debería preguntarle si toca la guitarra o algo. Sacudo mi cabeza para tratar de despejarla del archivo "el cuerpo de Edward no puede hacer mal" que mi mente parece estar escribiendo.

—Cleeeeementiiiiine…. ¿estás conmigo? —Edward está agitando su brazo, tratando de llamarme la atención. Estoy completamente en las nubes, incluso mientras lo miro de frente.

—¿Eh? ¿Qué…? —Juro que tengo una maestría, aunque mi respuesta elocuente no refleje ese hecho en estos momentos.

—Te decía que quería salir a caminar y te preguntaba si querías venir conmigo.

Me siento con una sonrisa.

—¡Oh, sí, definitivamente! ¡Hagámoslo!

Nuestra caminata comienza en silencio, solo observamos a las personas en el camino, hasta que Edward rompe el hielo.

—Quería ser honesto contigo y decirte que escuché el mensaje que dejó tu amiga, eh, Alice, creo.

Me mira para estudiar mi reacción. No estoy molesta con él, así que asiento para que siga.

—Sí. No quise asomar la oreja cuando chequeabas tus mensajes, pero tenías puesto el altavoz y…

Levanto una mano para detenerlo.

—No te preocupes —digo, llevando mi cabello por detrás de mis orejas después que una ráfaga de viento pasara por nuestro camino—. Alice simplemente es… no lo sé… sobreprotectora, supongo. —Sacudo mi cabeza ante mi elección conservativa de palabras—. Ella, junto con otras personas, no se sienten cómodas con que esté en Hawái por mi cuenta.

—Pero no estás por tu cuenta. —Gentilmente me empuja con su hombro, una sonrisa en su rostro todo el tiempo.

—Sí… esa parte también. Ella, eh… —tartamudeo y me encojo de hombros—. Ella piensa que es inapropiado. —Hago citas de aire—. Que tú y yo estemos pasando tiempo juntos. Y eso fue antes de todo lo que, ya sabes, pasó entre nosotros.

Caminamos en silencio por unos treinta metros antes de volver a hablar.

—Pero no eres tú. Ella se sentiría así sin importar con quien esté pasando el rato.

—Oh, genial, gracias. Mi ego no sufrió para nada con eso, por si te lo preguntabas.

Me río y coloco una mano sobe su brazo.

—Aw, lo siento. Mira, he estado sola por más de tres años. Aparte de visitas a Nueva York, no he salido de Carolina del Norte. No he tenido la oportunidad de ver lo que hay allí afuera, ¿sabes? Todos me han estado mirando de cerca.

Edward frunce el ceño, confundido.

—Bueno, sé que solo hemos estado juntos por dos semanas ahora, pero pareces estar bastante saludable… emocionalmente, quiero decir… como si estás lista para salir afuera. —Asiento, de acuerdo—. Y no digo eso porque compartimos esos besos —añade con un guiño y esa sonrisa torcida suya.

No puedo evitar reírme.

—Bueno, aprecio tu opinión intelectual e imparcial. Pero tienes razón, lo estoy. Creo que me he sentido así por un tiempo, pero como dije, no he tenido la oportunidad por mis amigos. Ellos me han resguardado, supongo… resguardado a sí mismos —murmuro y aparto la mirada.

—Fue muy difícil para Alice, cuando Mike fue asesinado —explico y miro a Edward, que asiente para que prosiga—. Ellos crecieron juntos, de hecho. Fueron vecinos desde que estaban en pañales. —Me encojo de hombros—. Ellos eran el tipo de amigos que terminaban las frases del otro. Le pregunté a Mike si alguna vez tuvieron algo, pero dijo que no. Jasper se había mudado al vecindario cuando comenzaba su adolescencia, y Alice se enamoró. Así que, si hubo una atracción entre ella y Mike, fue cuando eran muy jóvenes y ciertamente antes de que pudieran hacer algo.

—Perdí a mi esposo y mi hijo. Ella perdió a un gran amigo. —Pauso para pensar—. Creo que ninguna cantidad de luto que haga por Mike será suficiente para ella. Supongo que piensa que tuvo que compartir a su mejor amigo cuando él y yo comenzamos a salir. Y hasta que ella esté lista para soltarlo, no hay forma de que yo siquiera piense en hacerlo, ¿sabes? —Miro a Edward, no necesariamente en busca de una respuesta, sino tratando de comunicar mi frustración.

—Mis padres comenzaron a preguntar hace un año y había conocido a alguien. Creo que ellos están listos para que siga adelante, pero como dije, Jasper y Alice son las personas a las que acudo; si ellos no están listos, definitivamente no van a ayudarme a conocer a alguien tampoco —bufo, levantando las manos en rendición.

—¿Son tus únicos amigos en Cherry Point?

Suspiro, resignada.

—Estás en los Marine Corps, Edward. Sabes lo pasajero que es esta vida. Las personas amigables van y vienen. Tengo muchos amigos barra conocidos, profesoras con las que trabajo, Angela Weber por decir una, pero ella es demasiado callada sobre mi vida amorosa. Además, ella batea para el otro equipo y está en una relación seria, así que ella nunca ha estado en busca de hombres para mí —me río.

—Sí, lo entiendo.

Niego con la cabeza.

—Creo que cuando me entere si me van a transferir, eso hará que Alice se despierte. Una vez que sepa que no estaré debajo de ella, no sé si supervisión es la palabra correcta, pero entiendes lo que digo. Como sea, quizás se dé cuenta que es hora de seguir adelante… o quizás no lo haga. —Me encojo de hombros—. ¿Quién sabe?

—Bueno, espero que puedan solucionarlo. Lamento que no haya sido comprensible contigo. Y suenas muy segura de que quieres comenzar de cero en otro lugar. ¿Qué los ha mantenido en el mismo lugar todo este tiempo?

—Todos crecieron en Jacksonville, de hecho. Los padres de Jasper eran Marines; eso es lo que lo llevó allí durante la secundaria. Los padres de Alice trabajaban para el gobierno, así que estaban estacionados en las bases alrededor de esa área también. Pero ya están retirados. La familia de Mike casualmente eran locales. Así es como todos terminaron juntos. —Me distraigo con el bote que pasa rápidamente en el agua—. ¡Eso parece INCREÍBLE! —He terminado de hablar sobre mi historia triste y estoy preparada para divertirme.

—¿Qué? ¿Pasear en un bote?

—No, los flotadores que está arrastrando… ¿no parece relajante?

Edward sostiene una mano sobre sus ojos para observar la escena.

—Sí, parece genial. Están pegando saltos sobre la corriente que crea el bote. Pero parece más estimulante que relajante. ¿Estás segura que quieres hacerlo? —pregunta, volviéndome a mirar.

—¡Ahh, obvio que sí! ¡Totalmente necesitamos hacer eso, vamos! —Tiro de su mano hasta que comienza a moverse conmigo. Nos dirigimos hacia la parte de la playa, donde había una pequeña cabaña en la que puedes elegir las actividades acuáticas que quieras experimentar.

Después de pagar, el tipo llama por radio al conductor del bote para que vuelva a la costa. El conductor nos tiende unos chalecos salvavidas, y luego los flotadores para Edward y yo. Nos sentamos dentro de ellos con nuestras piernas colgando sobre el borde frontal y nuestros cuerpos recostados hacia el otro.

—Asegúrense de agarrarse fuerte. Cuando los flotadores toquen las olas, se vuelve un poco turbulento —dice, asegurando que los flotadores estén bien amarrados a la soga que se extiende en la parte trasera del bote—. Será mejor que me entregues tus gafas, amigo —el conductor le sugiere a Edward.

—Oh, está bien. —Edward se las quita y las tiende al conductor, que se las guarda en el bolsillo de su camisa—. ¿Lista?

Miro a Edward, él me sonríe, y juntos le asentimos al conductor.

—Si quieren que acelere, solo levanten la mano bien en alto. Les echaré un vistazo de vez en cuando. Y si caen de los flotadores, quédense en el lugar, daré la vuelta para buscarlos.

Me encojo de hombros, miro a Edward y sonrío.

—No creo que vayamos a caernos, ¿cierto? Esto va a ser muy relajante. —Edward bufa y sacude su cabeza mientras que yo me ubico en mi flotador.

—¡Aquí vamos! —anuncia el conductor y levanta un pulgar mientras comenzamos a movernos.

Navegamos lentamente y me aferro fuertemente a los mangos solo para estar segura. Ahh, esto es muy genial. Le hecho un vistazo a Edward y le doy una sonrisa enorme. En ese momento, el bote toma un poco velocidad.

—¡Siiiiií! —Me encuentro gritando de alegría mientras el viento golpea mi rostro y el mar nos rocía. Justo entonces, siento mi cuerpo moverse hacia atrás y tengo que reforzar mi agarre de nuevo. Me siento como si de repente estamos yendo el doble de rápido. Miro a Edward, que me está llamando, creo, pero es imposible escuchar lo que dice.

Más, más y más rápido. Lo que parecía ser una experiencia relajante desde la playa, es una prueba real de la presión sanguínea de una persona. Siento como si estuviera aferrándome a muerte mientras la fuerza G me empuja hacia atrás, haciendo todo lo posible para que pierda el control por completo y salga volando al océano.

La lancha comienza a virar de un lado al otro en el agua y, al hacerlo, crea olas innumerables tras él. Edward se encuentra a cerca de doce metros de mí y lo miro volar sobre las olas. El bote se mueve y ahora es mi turno de rebotar sobre el agua.

—¡AHH!

—¡AHH!

—¡AHH!

Estoy gritando con cada golpe que mi pobre trasero sufre sobre las olas, y es horrible el calzón chino que tengo. Santo cielo, este es un dolor que no esperaba.

EPOV

Bella suena como un muppet con cada ola que tocaba. Es como si estuviera chillando. Por cómo se aferra a las mangas, estoy seguro que sus brazos deben estar ardiendo; Dios sabe que me estoy aferrando con todas mis fuerzas.

Mierda, aquí viene mi turno. Gruño y me aferro con toda la fuerza que puedo reunir. Relajante, mi trasero.Mientras el bote vuelve a girar, encuentro el alivio, aunque sé que eso significa que es el turno de Bella nuevamente.

—¡AHH!

—¡AHH!

—¡AHHHH!

Lo próximo que sé, el flotador de Bella rebota vacío sobre el agua y no puedo encontrarla por ninguna parte. El bote baja la velocidad considerablemente y nos gira. Estoy frenéticamente escaneando el océano y es entonces que la encuentro agitando su brazo, haciéndonos señas.

—Por Dios, ¿estás bien? —pregunto cuando mi flotador se acerca a Bella, que se ríe histéricamente ahora.

—Estoy bien —balbucea, manteniéndose a flote frente a mí—. Este han sido los veinte minutos más relajantes de toda la experiencia —dice, riéndose mientras toma la mano que le estoy ofreciendo.

—Tengo que coincidir —comienzo—. Una vez que el conductor bajó la velocidad y se dio cuenta que te habías caído, volvió a ser el paseo en tubing tranquilo al que pensabas que nos anotábamos y al que me arrastraste.

—¡Malcriado! —llama y me salpica agua, lo que genera que me baje del flotador y comencemos una guerra de salpicones.

—Su tiempo está por acabar, amigos. ¿Quieren que los acerque en un momento? —pregunta el conductor mientras acerca el bote a donde estamos flotando.

Una vez que estamos en aguas poco profundas, el conductor me tiende mi reloj y mis gafas, nos saluda y nos soltamos, encontrando la arena bajo nuestros pies.

—Mis brazos se sienten de gelatina —se queja Bella y tengo que concordar. Pero aprovecho la oportunidad para tocarla de nuevo.

—Los míos se sienten algo cansados también… pero no querría que te ahogaras y arruines nuestro día de playa perfecto. Aférrate a mí. —Bella se muerde el labio y entonces estira su mano hacia la mía. La acerco aferrando mis manos a su cadera. Cuando ella envuelve sus brazos alrededor de mi cuello, sus piernas colgando frente a mi cuerpo, pero entonces se vuelve audaz y atrevida, gracias a la mierda, y las envuelve alrededor de mi cintura.

—Bueno, esto es acogedor —susurro cuando ella y yo estamos frente a frente.

—Eso creo —ríe—. Lamento que esa experiencia no haya sido tan relajante como había esperado.

Suelto una carcajada.

—Eh, sí. Me debes una por eso, Clementine. Puede que necesite un masaje para aliviar la tensión en mis brazos y los músculos de mi espalda después de ese ejercicio inesperado.

Casi estoy dando saltitos, lentamente girándonos en el agua. Sentir a Bella, prácticamente liviana en mis brazos, es jodidamente increíble.

—Bueno, por suerte, Haku me mostró unas técnicas efectivas cuando me dio mi masaje el otro día. Si me das la oportunidad, creo que apreciarás lo que me enseñó —coquetea en mi oído.

En respuesta, suelto un bufido y pongo los ojos en blanco.

—No me lo recuerdes.

—¿Qué? ¿Qué quieres decir? —pregunta, su ceño fruncido en sorpresa.

—Fue una tortura escuchar que ese gigante te diera ese masaje. Con todos tus gemidos y gruñidos. —Sacudo mi cabeza, aun fastidiado—. Mi imaginación estaba volviéndose loca, quiero que sepas.

Ella se ríe y entierra su rostro en mi cuello. Disfruto de la sensación de tenerla tan cerca. Es casi más íntimo que el par de besos que hemos compartido.

—Bueno, debo confesar que deseaba que fueras tú el que me diera ese masaje, capitán —dice mientras aparta su rostro para mirarme a los ojos.

—¿Sí? —Bella sonríe, asintiendo mientras aferraba más sus piernas alrededor de mi cintura—. Bueno, ven aquí entonces.

Aprovecho la oportunidad para acercarme y ella recibe mi beso. Sus labios son jodidamente suaves, no puedo tener lo suficiente. Mi lengua encuentra la suya y las deslizamos dentro y fuera de la boca del otro. Tirando y empujando con suaves mordiscos en el camino. Nuestras cabezas cambian de posición, girándose a la derecha y luego a la izquierda. Cuando ambos necesitamos buscar aire, ella lentamente se aparta pero apoya su frente contra la mía.

—Mmm. Eso fue hermoso —murmura con los ojos todavía cerrados—. Salados, pero hermoso.

Nos reímos juntos y vuelvo por un beso final.

—Sí, lo fue.

—¿Quieres volver al condo? Estoy lista para quitar la sal y la arena en un baño, y deberíamos prepararnos para cenar.

—Sí, definitivamente. Solo… —Aflojo mi agarre en su espalda y ella desenvuelve sus piernas de mis caderas, parándose frente a mí—. Necesito un minuto.

Bella me mira confundida y levanto mis cejas, tratando de comunicar sin palabras por qué no puedo salir del océano y entrar a una playa llena de personas. Su rostro se llena comprensión y tuerce sus labios a un lado para contener la sonrisa engreída.

—Lamento eso —suelta, moviendo sus ojos hacia el agua.

Pequeña atrevida.

—No, no lo lamentas —respondo y comienzo a hacerle cosquillas.

Reírnos y salpicarnos agua por los segundos siguientes ayuda recomponernos. Finalmente, mi polla se reduce lo suficiente para poder caminar por la playa sin ser arrestado por comportamiento lascivo o exposición indecente.

—Muy bien. Volvamos.

~TotS~

Bella y yo hicimos el recorrido por rio de Fern Grotto al día siguiente. Nos detuvimos en el camino para caminar por los puentes y los senderos que rondaban la selva. El escenario fue alucinante con su vegetación sobresaliente, cascadas múltiples y flores hermosas. Deseaba haber podido apartarme del grupo con el que hicimos el recorrido para llevar a Bella bajo una cascada y simplemente besarla, pero eso no pasó. La única parte incomoda del día fue cuando los guías del tour se detuvieron y pidieron que nos paremos al lado de alguien a quien amemos. No fue como si hubiéramos tenido opción con Bella y obviamente no íbamos a apartarnos del otro, pero entonces procedieron a darnos una serenata con la canción de bodas hawaiana. Simplemente nos quedamos de pie allí escuchando e intercambiando sonrisas. Intenté no sobrepensar el momento, pero no puedo decir que no estaba preguntándome lo que significaba la letra y cómo podría aplicarla a Bella y a mí. Tendré que investigar lo que se cantó, para futura referencia o… qué mierda sé. ¿Acaso sé algo después de estar con esta mujer por dos semanas?

~TotS~

—¡Vamos, capitán! ¡Estoy esperando!

—Cálmate, Clementine, tuve que buscar en mis jeans una moneda. —Golpeo la moneda sobre la mesa de centro junto a las piernas de Bella, las cuales estaban apoyadas allí mientras tiene preparado a Google. Literalmente estamos lanzando una moneda para determinar a qué isla visitaremos.

—De acuerdo, señor. ¿Cuál será?

—Digo cara para la Gran Isla… cruz para Maui. ¿Bien?

Se encoje de hombros, indiferente.

—Bien por mí, a ello.

Lanzo la moneda al aire y la atrapo, golpeándola rápidamente sobre mi mano derecha. Aparto mi mano izquierda y ambos nos inclinamos para ver los resultados, lo que termina en un choque. Bella instantáneamente cae hacia atrás en el sofá, aferrándose la frente y quejándose. Yo al menos logro recordar de mirar hacia la moneda para saber a dónde iríamos.

—Ay —exclama Bella, haciendo un puchero, su labio inferior enrollado sobre sí mismo—. Tú y tu tonta cabeza.

—¡Oye! Podría decir lo mismo sobre ti, ¿recuerdas? Han pasado dos semanas desde que me atacaste, supongo que era esperado. Voy a tener que replantear esta relación abusiva en la que me he metido.

Bella suelta unas carcajadas y me mira.

—¿Necesitas que le de un beso para que se mejore?

—De hecho, sí. —Sonrío y me acerco. Ella suavemente deja unos besos en mi frente y se aparta—. ¿Por lo menos llegaste a mirar la moneda antes de atacarme con tu cabezota?

—Sí, lo hice. Y vamos a la Gran Isla… así que, comienza a investigar.

Bella comienza a tipear y rápidamente encuentra un condominio de tres cuartos con una cocina completa, comedor, sala, patio… todo completo. Es algo seguro, así que lo reserva.

—Qué lástima que este no tendrá un jacuzzi privado en nuestro balcón. —Arruga el rostro en molestia—. Pero tiene un jacuzzi con hidromasajes en el jardín; eso suena prometedor.

Ella me está mirando con una sonrisa diabólica en sus ojos.

—Es una lástima que no tendremos una tina caliente… supongo que deberíamos disfrutar de nuestra última noche aquí, ¿cierto? —pregunto con una ceja arqueada para copiar la suya.

—Vamos, capitán. Disfrutemos de nuestra cena y celebremos nuestra última noche en Kauai.

~TotS~

Elegimos darnos el gusto y cenar en el St. Regis en Princeville. El escenario solo es el ejemplo perfecto de por qué mi hermana debió pensar que había tenido un aumento para poder quedarnos en tal lugar. Solo el hotel se ubica a un lado de un acantilado que mira hacia la bahía Hanalei. El mobiliario es de primera línea. La fuente, cuando entras el acceso circular para el servicio de valet, es del tamaño de la planta baja de la casa de mi madre en California. Los arreglos florales que nos recibe mientras entramos al recibidor, con colores vibrantes, es una monstruosidad a tal punto que Bella y yo podíamos escondernos en él y no seríamos descubiertos. El recibidor solo luce como un palacio fantástico para llevar a cabo la próxima gala Oficial. Es una lástima que nadie jamás pagaría para volar a otra isla para tener tal evento.

Bella no deja de repetir «Oh, por Dios» con cada espectáculo que veíamos. Entonces, una vez que estamos sentados, ella me canta unos versos de Puff, the Magic Dragon. Cuando la miro como si estuviera loca, me recuerda que Peter, Paul y Mary cantaban sobre la tierra llamada Honah Lee, la versión colocada de Hanalei. Entonces, ella procede a señalar la estructura de la montaña del otro lado de la bahía y diablos si no se parece a un dragón durmiendo.

El Makana Terrace nos sirve una suculenta cena y postre. Concordamos que, ya que fuimos muy cuidadosos durante la semana con los gastos de nuestras comidas, no vamos a escatimar gastos en nuestra última noche en el Garden Island.

Estamos disfrutando unas bebidas en nuestra mesa mientras la mesera busca la cuenta cuando por el rabillo de mi ojo veo a uno de mis comandantes entrar al restaurante. Se está dirigiendo hacia mí y no hay forma de evitarlo. Su esposa es complicada; un tipo de esposas de oficiales que intenta usar el rango de su marido para conseguir cosas. Lo saludo a él, señora, no a usted. Pero desafortunadamente, esas no son palabras que le puedes decir a estas mujeres a menos que quieras un buen castigo en tu próximo FitRep, o que quieras ser reprendido por su esposo al día siguiente. Con suerte, con solo un hola rápido y quizás seguirán adelante.

Me pongo de pie cuando él y su esposa se acercan.

—Buenas noches, Coronel Cullen —digo formalmente y miro a su esposa—. Señora.

—¡Capitán Masen! ¿Qué está haciendo aquí? ¿Te perdiste, hijo? —se ríe él.

—No, señor, simplemente disfruto de mis vacaciones —respondo, sonriendo y luego me giro hacia Edward, que instantáneamente se para a mi lado—. Señor, me gustaría presentarle a mi amiga, Isabella Newton.

—Un placer conocerla —dice, ofreciendo su mano—. Esta es mi esposa, Esme. —Ella da un paso hacia adelante y levanta su mano para estrechar la de Bella.

—Sra. Cullen. —La mujer corrige a su esposo.

Me contengo de poner los ojos en blanco por su grosería.

—¿Está de vacaciones también, señor?

—Es nuestro aniversario esta noche, así que decidimos viajar por el fin de semana. Volveremos mañana.

Bella y yo les deseamos un feliz aniversario, pero noto que el ceño de la Sra. Cullen está arqueado en mi dirección.

El coronel Cullen interrumpe.

—Discúlpenme por un momento. ¿Cariño? ¿Vino? —La Sra. Cullen asiente mientras el coronel camina hacia la barra para pedir sus tragos.

—¿No asistió a un evento el pasado otoño con una oficial, capitán Masen? —inquiere la Sra. Cullen, aunque no sé a dónde va con esto.

Pienso rápidamente y recuerdo a lo que se refiere.

—Eh, sí, señora. La teniente Clearwater fue mi invitada esa noche. —Trago fuertemente y echo un vistazo a Bella, que tiene una expresión neutra en su rostro.

—Entonces… ¿ya no sale con Clearwater?

—Oh. —Bajo la mirada, llevando mi mano hacia la parte trasera de mi cuello mientras masajeo nerviosamente—. Ella y yo éramos solo amigos… bueno, digo, somos amigos. Pero no la he visto desde que volví de mi misión.

Justo entonces, el coronel Cullen regresa con dos bebidas en mano y le ofrece el vino a su esposa metiche.

—¿Qué me perdí?

Ella se vuelve hacia él, la manteca podría derretirse con el tono que está usando.

—Solo recordaba que el capitán Masen asistió al baile de otoño con una joven y encantadora oficial el año pasado.

Perdido, el coronel presiona el tema y de repente quiero tirarme por un acantilado y pasar el rato con Puff del otro lado de la bahía.

—Oh. Bueno, creo que no debería importarnos con quién pasa tiempo Masen. ¿Cierto, cariño? —le pregunta a su esposa.

—No realmente. Solo me recordaba a esta mujer despampanante, alta y con hermosa piel morena, muy atractiva. —Sacude su cabeza y le sonríe tersamente a Bella—. No quise implicar nada. Solo recordaba su rostro y no concordaba con la de esta joven aquí.

Un silencio incomodo desciende; me acerco más a Bella y coloco mi mano en su espalda baja. Decido terminar nuestra visita antes de ser arrestado por golpear a esta mujer.

—Bueno, disfruten su cena. —Asiento al coronel y saco a Bella después de que les sonría y asienta educadamente.

—Usted también, Masen. Disfrute de sus vacaciones.

~TotS~

El viaje de diez minutos a nuestro condo es doloroso. Bella se mantiene en silencio y mira por la ventana. Yo no he dicho una palabra tampoco, porque he quedado perplejo por las preguntas entrometidas e inexcusables de la Sra. Masen, así como su indiferencia y el aire de superioridad que emanaba.

Sostengo la puerta para Bella y ella sonríe y entra, dirigiéndose hacia su cuarto. Estoy preocupado que se vaya a dormir antes que yo encuentre la forma de arreglar esto.

—Siento que nuestra noche se fue por el retrete en esa conversación de cinco minutos que tuvimos con mi coronel y su esposa.

Bella se detiene y se da la vuelta.

—Fue horrible. Pero sé que no fue tu intención que pasara. —Envuelve sus brazos alrededor de su pecho—. Pero esa mujer me hizo sentir insignificable. Es como sin intentaba enfadarme. ¿Por qué habría hecho eso?

Sacudo mi cabeza, vencido, porque no tengo ni la más pequeña idea. Camino hacia Bella así puedo verla a los ojos de cerca cuando diga lo que estoy por decir.

—No sé cuál era su intención, y realmente lamento que haya sido una perra esnob…

Bella me interrumpe, apartándose unos pasos.

—¡Quiero decir, sé muy bien que has salido con otras mujeres! —Levanta sus brazos al aire—. Por Dios santo, estuve casada… no que ella supiera eso. ¡Simplemente no entiendo por qué intentaba intencionadamente hacernos sentir mal! —Marcha hacia el refrigerador y toma una de las botellas de vino que quedaba sin terminar, le saca el corcho y comienza a tragar—. ¿Quién hace eso?

Levanto mis cejas ante su repentina bebida y no puedo contener la sonrisa que aparece en mi rostro. Camino alrededor hacia el otro lado de la encimera, donde ella se sentó y me subí para acompañarla. Ella toma otro gran trago de la botella y luego me la ofrece. La acepto y bebo por unos segundos.

—Tan encantadora y alta… piel morena… ¡Bah! —Bella imita la descripción de la Sra. Cullen sobre Leah y me río. Tomando de vuelta la botella, ella toma otro trago y gira hacia mí—. ¿Puede hacer una excepción conmigo ya que no soy alta, capitán?

Aparto un poco de su cabello del rostro mientras ella baja la mirada hacia el corcho que sigue en su mano. Con dos dejos debajo, suavemente levanto su mentón hacia mí y sacudo mi cabeza.

—Bella, estoy ignorando todos mis instintos naturales cuando se trata de ti. Cada necesidad de correr, de que no me importe, de no mirar, de no rondar en tu presencia. Nadie jamás me ha afectado así. —Me inclino y toco mi frente con la suya—. Estoy jodidamente asustado porque esto es muy nuevo para mí. Cielos, las cosas que estoy comenzando a sentir por ti… por nosotros. Tengo casi treinta y cuatro años y tengo mariposas en mi estómago cuando entras a una habitación —admito.

Ella me sonríe tímidamente mientras levanta un hombro.

—Tú me das águilas calvas.

Me río de su franqueza.

—Águilas calvas, ¿eh? Ese es un estómago muy pequeño para que águilas calvas vuelen allí. Quizás son de una raza rada… como enanas o algo.

—¿Edward?

Levanto mis cejas.

—¿Mmm?

Ella sacude la cabeza con una sonrisa pensativa.

—Cállate y bésame ya. Y luego llévame a la tina y bésame un poco más.

Otra sonrisa enorme aparece en mi rostro.

—Como desees, Clementine.


COM: código de ocupación militar, como definido en el capítulo. Treinta-oh-dos; 30-02, el código de ocupación de un oficial de suministros terrestres.

Perros malvados: apodo para los Marines.

FitRep: Reporte de aptitud física. Reportes de aptitud a los que son sometidos los Marines para evaluar cada aspecto de su desempeño, tanto físico y el trabajo dentro del COM (MOS). Todos los Marines, sin importar el rango, recibe el reporte de aptitud física por su comandante. También son muy tomados en cuenta a la hora del ascenso en rango.


Bueno, a nuestro capitán le dio un ataque de nervios jajaja pobrecito, sigue resistiéndose a la conexión que tiene con nuestra Bellis.

Mil gracias a freedom2604 por ayudarme a adaptar palabras cuando estaba bloqueada jajaja siempre te mantengo hasta la madrugada (en mi caso mi madrugada lol)

¡Hasta el próximo!