Draco tardó unos segundos en responder.

-La verdad es que no lo sé, lo he hecho sin pensarlo-.

Esa respuesta confundió mucho a Hermione.

-¿Sin pensarlo?-.

Él se encogió de hombros, las mujeres le daban demasiada importancia a los jodidos besos.

-Sí, surgió así y no te puedo decir el motivo-.

Hermione hizo una mueca, todo lo que le decía Draco le resultaba muy extraño.

No tenía sentido que se negara a besar a cualquier chica, pero que lo hubiera hecho precisamente con ella.

Iba a contestar cuando se empezaron a oír muchos pasos y voces, los estudiantes ya estaban saliendo del gran comedor para ir a sus cuartos a descansar.

Suspiró y dio media vuelta para marcharse, pero una mano de Draco agarró su muñeca izquierda.

-Entonces... ¿te lo vas a pensar?- preguntó él.

Hermione resopló.

Sexo sin amor, tal vez... pero, ¿sexo sin besos y sin cariño? No, no se imaginaba haciendo algo así.

-Creo que no soy capaz de acostarme con alguien de esa forma tan fría, sin besos y como si fuéramos animales- respondió ella, sacudiéndose para que Draco la soltara.

Se perdió entre los alumnos, buscando a Ginny para volver con ella a su sala común.

Draco se quedó detrás de la estatua con mala cara, esperando a que la mayoría de las personas hubieran desaparecido para salir y bajar las escaleras hacia las mazmorras.

Otra vez estaba de mal humor, pensó en irse directamente a la cama para librar a sus amigos de tener que aguantarle aquella noche.

Maldita Millicent, seguro que si hubiera seguido provocando un poco más a Hermione al final le habría dado igual descubrir que él no besaba a nadie.

Pero no, esa estúpida tenía que haberse ido de la lengua con toda la que se cruzaba, vacilando de que se acostaban juntos.

Pues le esperaba una sorpresa, porque eso no iba a volver a pasar.


A la mañana siguiente, Hermione desayunó con sus dos amigas y salieron para disfrutar del sol cerca del lago hasta la hora de comer, tumbadas sobre la hierba y hablando de sus cosas mientras observaban las nubes y les daban forma con sus varitas.

-Harry dice que va a presentarse a las pruebas para ser auror, yo todavía no sé lo que hacer- murmuró Ginny, suspirando.

-No tengas prisa, todavía te queda otro año más en Hogwarts- respondió Hermione.

Ginny gruñó.

-No me lo recuerdes, el curso que viene cuando vosotras no estéis aquí no sé lo que voy a hacer-.

Las tres se rieron.

-Yo tampoco sé lo que haré cuando ya no os vea- dijo Luna con voz triste.

Hermione le dio un codazo cariñoso.

-Nos seguiremos viendo, tonta. No todos los días pero nos veremos mucho-.

-Sí, no te preocupes por eso- añadió Ginny, sonriendo.

Hermione se incorporó, por la posición del sol ya tenía que faltar muy poco para la hora del almuerzo.

Contempló la zona donde estaban, la luz se colaba entre las hojas del árbol que tenían detrás y las aguas tranquilas del lago reflejaban los rayos del sol, obligándola a entrecerrar los ojos.

-Esta tarde me quedaré en la sala común estudiando, necesito ponerme al día con un par de asignaturas-.

Sus dos amigas la miraron de reojo, aún tumbadas y arrugando la nariz.

-¿Y por qué no estudias fuera? ¡Para un día que hace sol! Aquí se está en la gloria- dijo Ginny, sonriendo y cerrando los ojos para disfrutar de la calidez de los rayos de sol sobre su piel.

Hermione señaló a su alrededor, todo estaba lleno de pequeños grupos de estudiantes que habían tenido la misma idea que ellas.

-Hay demasiada gente por aquí y no podré concentrarme. En la sala común estaré sola, o por lo menos en nuestro cuarto sé que no habrá nadie-.

-Yo no pienso volver dentro hasta que sea de noche, ya estudiaré mañana- murmuró Ginny, confirmando que ella no pensaba pasar la tarde en el cuarto que ambas compartían.

-Y nuestras otras dos compañeras de cuarto parece que tampoco lo harán- añadió Hermione mientras señalaba con sus ojos a dos chicas con uniforme de Gryffindor, que estaban sentadas en una piedra con los pies metidos en el frío lago.

Las tres rieron y se pusieron de pie para ir a comer, los días de sol todo el mundo parecía ser más feliz y estar de mejor humor.


Al salir del gran comedor junto a sus amigos, Draco estaba molesto.

Y su enfado solo aumentó cuando Millicent se acercó a él, agarrándose a uno de sus brazos.

-Hace mucho que no pasamos un rato juntos, Draquito- dijo ella en voz baja.

Pansy hizo una mueca de desagrado y Draco miró a la chica frunciendo el ceño.

-¿Draquito?- repitió él con voz furiosa.

Millicent se acobardó y soltó su brazo.

-Es solo un mote cariñoso- respondió algo cabizbaja.

-Jamás vuelvas a llamarme así- le advirtió Draco, levantando un dedo de forma amenazadora.

-De acuerdo, lo siento- murmuró Millicent, bajando la mirada.

Las risas de Pansy y Nott perforaban los oídos de Draco.

¿Quién coño se creía para ponerle en ridículo de esa forma delante de sus amigos?

-Que te quede claro que no pasaremos más ratos juntos. Vete a buscar otro que te siga el juego, Millicent. Conmigo no conseguirás nada más- gruñó el chico rubio, alejándose de ella a grandes pasos.

Pansy y Nott corrieron detrás de su amigo.

-¡Draco, espera! ¿No vas a salir fuera? Hace un día genial- dijo ella, sonriendo.

Él se giró para mirarla con mala cara, lo último que quería era pasar más tiempo con ellos y tener que aguantar sus burlas.

-Ya me habéis molestado bastante por hoy, prefiero estar solo-.

-Cada día te estás volviendo más huraño, al final nos cansaremos de ser tus amigos- murmuró Pansy, poniendo los ojos en blanco.

Nott empezó a reírse y la siguió a través de la enorme puerta para salir al exterior como el resto de los alumnos.

Draco observó con el entrecejo arrugado como todos salían del castillo, incluso alcanzó a ver a la hermana de Weasley y a la chica rubia que sabía que eran las mejores amigas de Hermione.

Pero no había ni rastro de ella por ninguna parte.

Su intuición le dijo que se asomara a la torre de la escalera de mármol, donde estaba la enorme escalera que se movía y cada vez te llevaba a un pasillo diferente.

Sabía que por allí se subía a la sala común de Gryffindor, la entrada era un cuadro donde se podía ver a una señora bastante rellenita que llevaba un largo vestido y era famosa por ser el cuadro que más desafinaba de todo el castillo.

Incluso se sabía la contraseña, una tarde había seguido a Hermione sin que ella se diera cuenta y escuchó su voz mientras la decía para entrar.

Al asomarse y mirar hacia arriba reconoció la melena de Hermione subiendo las escaleras totalmente sola.

Sonrió levemente y se le ocurrió una idea que seguramente le alegraría el pésimo día que llevaba.

Con eso en mente corrió hacia el armario donde los de Slytherin guardaban sus escobas.


En la sala común de Gryffindor solo había algunos alumnos de primero, pero Hermione sabía que no iba a poder concentrarse con sus risas así que subió la escalera hasta su dormitorio.

Al entrar y cerrar la puerta, sonrió disfrutando del silencio y se dejó caer sobre su colchón.

Unos segundos después resopló y sacó uno de sus libros del enorme baúl que tenía a sus pies, sentándose en la cama para leer.

Apoyó la espalda en el cabecero y abrió el libro de historia de la magia.

No había leído ni dos párrafos cuando escuchó unos pequeños golpecitos en la ventana que había cerca de su cama.

Levantó la vista del libro y casi se atraganta de la impresión al ver que Draco estaba al otro lado de la ventana, sonriendo y subido en su escoba.

Se dio prisa en acercarse y abrirla.

-¡Estás loco! ¿Qué estás haciendo?- preguntó ella, intentando no hablar muy alto.

Lo último que necesitaba era que alguien de Gryffindor se enterara de que había entrado un chico en su dormitorio... y encima "ese" chico.

-Visitarte- respondió él mientras entraba en la habitación.

Se bajó de la escoba y la dejó apoyada en la pared, observando la habitación y sus cuatro camas.

Draco se cruzó de brazos y resopló.

-Nunca me va a gustar Gryffindor- murmuró mientras miraba los colores rojos y dorados que estaban por todo el cuarto.

-Es normal, somos casas rivales. A mí tampoco me gusta Slytherin- respondió ella, cerrando la ventana para que no pudieran verlos desde fuera.

Se apoyó en la pared y observó al chico mientras él seguía mirando todo con mucha curiosidad.

-¿Por qué has venido?- preguntó Hermione.

Él la miró y se acercó a ella lentamente.

-Porque mi día ha sido una mierda y quería verte- dijo, sujetando un mechón de su pelo y oliéndolo.

Ella no pudo evitar sonreír.

-¿Tanto te gusta mi olor?-.

-Ni te lo imaginas- susurró él, levantando las cejas.

Hermione sintió un escalofrío bajando por su columna vertebral y extendiéndose por todo su cuerpo mientras Draco la seguía mirando fijamente.

-Y... ¿por qué tu día ha sido una mierda?- preguntó, intentando disimular lo nerviosa que estaba por tenerlo tan cerca de ella.

-Mis amigos no han dejado de molestarme y encima Millicent ha intentado usarme como su juguete sexual- respondió él, soltando un bufido al terminar de hablar.

Todo el cuerpo de Hermione se tensó al escuchar sus palabras.

-No quiero saber lo que haces con las chicas, Malfoy- murmuró, molesta.

Draco sonrió al verla así.

Esa reacción le confirmaba que ella no era tan indiferente como pretendía aparentar.

-No hago nada, últimamente solo me ha interesado una- dijo él, acercándose un poco más.

Hermione tragó saliva, muy nerviosa.

-Yo... sigo pensando igual que ayer- susurró, mirando sus ojos grises.

-Y yo quiero probar algo contigo-.

Ella frunció el ceño.

-¿El qué?-.

-Hay una razón por la que no me gustan los besos, Hermione. Para mí son algo muy íntimo y que implica tener sentimientos por la otra persona. Pero tú me gustas más de lo normal, y si tengo que intentarlo para que pase algo entre nosotros... estoy dispuesto a besarte y ver lo que pasa-.

La chica puso los ojos en blanco.

-Eres muy raro, no entiendo cómo no pueden gustarte los besos-.

Draco rodeó su cintura con los brazos.

-¿Weasley te besaba mucho?- preguntó con curiosidad.

Hermione apretó los labios y le dio un golpe en el pecho, empujándolo.

-Eso a ti no te importa-.

-Si yo respondo a tus preguntas tú deberías responder a las mías. Es lo justo- dijo él.

Ella resopló con fastidio.

-Solo estuvimos dos meses juntos pero sí, nos besábamos bastante-.

-No entiendo qué viste en ese chico- gruñó Draco, apartando la mirada.

-Cuidado con tus palabras, Draco. Sigue siendo mi amigo y siempre le querré- le advirtió ella.

-¿Por qué rompisteis?- preguntó él, contemplándola con ojos curiosos.

Hermione suspiró.

-Prefiero no responderte a eso-.