XIX
Envidia


—¡Venga, ya vámonos.

—¡Ya voy! —ella voltea y me lanza una mirada dulce mirada—. Perdona, Natsu. Me tengo que ir ya.

—Tranquila, Lucy. Yo lo entiendo —extiendo los brazos y la rodeo con delicadeza para darle un pequeño apretón, un abrazo para darle a entender que todo está bien—. Les deseo mucha suerte a los dos.

—Eres un buen amigo, Natsu. Llegará la chica que desee estar contigo para siempre.

—Ojalá —digo al mismo tiempo que trato de fingir mi mejor sonrisa; y parece que funcionó. Ella me sonríe y me da la espalda, se aleja de mí y alcanza a Gray. Él, al notar que los estoy mirando, se despide de mi sacudiendo la mano en lo alto; yo respondo de las misma manera, y luego se van.

No sé qué sentir al respecto. ¿Estoy feliz porque ayudé a un amigo? ¿O estoy triste porque la chica que me gustaba está con un hombre que no soy yo?

Hace varios mese Gray me confesó que le gustaba Lucy, la recién llegada; lo que él no sabe es que yo la conozco desde hace años. Fuimos a la misma secundaria juntos, vivimos muchas cosas que no podría describir por falta de tiempo. En su momento pensaba que era muy afortunado de tenerla como a miga, y creí que eso sería todo; sin embargo llegó aquella noche donde casi fuimos atacados por una jauría de perros. Corrimos como si de una maratón se tratara, y finalmente nos ocultamos en un edificio abandonado que yo uso como refugio en caso de que tenga una de mis clásicas discusiones con mi madre y no me deje entrar a la casa; el caso es que ahí pasamos los dos la noche, yo le dejé mi cama provisional y dormí en el sillón. Entonces tuve una clase de revelación mientras la miraba dormir; se veía tan linda, tierna, y frágil. Me cautivó verla de esa forma, y sus facciones del rostro...detuvieron mi corazón. Desde entonces estoy secretamente enamorado de ella. Y luego vino la confesión de Gray.
El es mi amigo desde que tengo memoria; nuestras madres trabajan juntas, así que siempre nos dejaban en la guardería de la empresa, ahí nos hicimos amigos. Andábamos juntos todo el tiempo desde entonces, fuimos a la escuela, a excursiones, a fiestas, a todos lados de esa forma. Luego, yo tuve un accidente con la bicicleta y caí en el lago del pueblo; Gray me salvó, y desde entonce le debo la vida. Lo que complicó más la situación para mí.
Si le negaba a Gray la oportunidad de salir con Lucy, le estaría faltando al respeto como mi amigo, y perdería su amistad, pero tendría a Lucy; luego, si aceptaba ayudarlo para conquistarla, Gray sería feliz y saldaría mi deuda con él, en cambio...me quedaría solo, y con el corazón roto.

Después de meditar la situación por un largo periodo de tiempo, llegué a una conclusión: Invitaría a salir a Lucy, sin importarme lo que Gray pensara. Estaba a punto de decirle que saliera conmigo cuando la realidad se presentó ante mí. Lucy, a pesar de ser nueva, estaba ganando popularidad; se estaba juntando con los jugadores de baloncesto, quienes serían como unas celebridades, y Gray es parte de ellos; las chicas más populares de la escuela la invitaban a salir, y eso ya era decir mucho; luego fue nominada para ser la presidenta del consejo estudiantil...¡Y ganó!
¿Cómo podría yo, alguien como cualquier otro del montón, competir contra eso? Todos a mi alrededor me juzgarían, o peor aún: Juzgarían a Lucy. Ella perdería su popularidad, la estadía en la escuela se convertiría en un infierno, sería recriminada por todos en la escuela. No podría tolerar eso, en absoluto. Consiente de eso, tiré el ramo de lilas que tenía en la mano y salí corriendo para decirle a Gray que le ayudaría...aunque luego regresé por el ramo para sugerirle a mi amigo que se las diera.
Los días siguientes estuve ayudándolo con los regalos, las citas, el qué decir, todo eso para conquistar a Lucy; no eran en balde tantos años de conocerla. Al final, Gray le hizo la pregunta...y ella aceptó. Me alegré mucho por él, pero, en el fondo, estaba destrozado.

Gray es una buena persona, sabrá cuidar de Lucy; ella es una linda chica y siempre fue amable conmigo sin importarle mi estatus. Sé que serán felices. Pero...¿Entonces porqué me siento tan triste? ¿Porqué me duele tanto el corazón? ¿Porqué tengo ganas de gritarle al mundo la verdad? ¿Porqué...?

Le tengo mucha envidia a Gray; siempre tan galán, confiado, y talentoso para el baloncesto. Lo tiene todo. Nunca ha tenido problemas de ningún tipo.

Lo hecho, hecho está; y eso no se podrá cambiar. Qué envidia.

FINALE.