— ¿Cómo te sientes, hija? — preguntó Lynn padre a su hija Luan en una habitación del hospital de Royal Woods.

—Ya puedo hablar bien, así que... un poco mejor. — respondió ella luego de que le retiraran los puntos de la lengua.

Pasaron tres semanas en la casa Loud donde Luan no dijo una sola palabra, no por que no quería si no porque no podía, todo por el daño que ella misma se hizo en la lengua.

—Muy bien entonces, es hora de volver. — Lynn padre salió con su hija del hospital para ir a la casa Loud.

Cuando llegaron, Lynn padre dejó a su hija descansar en el sofá. Luego de unos minutos su hermana y compañera de cuarto Luna bajó las escaleras sentándose a un lado de Luan.

Sin siquiera saludarla Luna preguntó.

— ¿Quieres, ya, ser sincera con nosotras? — preguntó Luna sin mirar a su hermana. — Te conocemos Luan, lo que te paso no fue un accidente por un trabalenguas. Incluso papá finge que en realidad fue un accidente.

—Perdón. — fue lo único que dijo Luan luego de una extensa pausa.

Luna río. —Tu voz, extrañaba tu voz. — las hermanas Loud llevaban días sin escuchar la voz de Luan, aunque en esos días donde no para de hacer chistes sus hermanas querían callarla, ahora extrañaban su voz.

El rostro de las dos hermanas se entumecieron al ver a su hermano Lincoln pasar por la puerta principal acompañado de su madre Rita. Al parecer venían de hacer algunas compras.

Las dos hermanas ahí sentadas pegaron su vista en Lincoln, no lo dejaron de mirar has que subió por las escaleras con ayuda de su madre, Luan bajó su cabeza arrepentida.

— ¿Acaso me equivoque, Luna? — Luna se giró hacia su hermana. —Pensé que tal vez Lincoln me perdonaría si me pasaba algo peor de lo que le hice a él. — Luan sollozo entre sus rodillas.

—Eso es estúpido. — respondió Luna. —Luan, nosotras también tenemos la culpa... y... en verdad estamos arrepentida por nuestras acciones, pero... palabras de arrepentimiento no nos librarán de esta carga.

Luan se alteró gritando a un lado de su hermana. — ¡Está ciego, Luna! ¡Arruiné la vida de nuestro hermano! ¿¡Qué puedo hacer para que me perdone!? — Luna pellizcó el hombro de Luan.

—Cállate, ¿quieres que Lincoln te escuche decir eso? — Luan miró por encima de su hombro. No había rastro de sus hermanas o de Lincoln.

—Pero, Pero...

—Luan, mírame. No eres la única que sufre por lo que hizo, ¿pero sabes algo? Ni siquiera todo el dolor de nosotras juntas se puede comparar con el dolor que debe estar sintiendo Lincoln. — Luna posó sus manos en los hombros de Luan. —Deberíamos pensar en cómo ayudarlo, hacernos daño no nos llevará a ningún lugar que no sea el hospital o bajo tierra, Luan.

Luan desvío la mirada. —De-Después de todo, estaba equivocada, ¿no? — Luan frotó sus párpados. — ¿Crees que logremos hacer algo? —

Luna cerró sus ojos pensando. —Hay que intentarlo.

—Y Lincoln, ¿acaso no nos odia?

—No lo culparía... si alguien me hace perder mi sentido auditivo estaría muy furiosa y deprimida. — Luna reposó su cabeza en el hombro de Luan. —Lo peor de todo esto, es que te quitan algo que ya tienes y que conoces muy bien... y que un día a otro te das cuenta que ya nunca más podrás volver a escuchar.

— ¿Lincoln se sentiría de la misma manera por perder su capacidad de ver? — preguntó Luan muy triste.

—Tal vez peor.

Luan se sorprendió. — ¿¡Peor...!? — repitió Luan.

—Ver no es lo mismo que escuchar, es obvio. — Luna se acomodó. —Puedo recordar el sonido que hace cada nota de mi guitarra, o también puedo leer las partituras y saber cómo es la melodía y el ritmo de la canción. En cambio, ver a tu familia, amigos y conocidos, es algo que haces todos los días y te llena de alegría, ahora, perder eso debe ser un golpe muy fuerte. Con el tiempo tus recuerdos se volverán borrosos y te olvidaras de como lucen.

—Yo tuviera miedo si al abrir mis ojos solo puedo ver todo en negro. — Luan explicó.

—Lo mismo si yo ya no pudiera escuchar más, o tú dejarás de hablar para siempre.

—No es fácil pensar en eso. Es horrible... aunque quiera hablar con Lincoln mi cuerpo me lo impide.

— ¿Tu cuerpo?

— La noche cuando me llevaron al hospital, había intentado ir a hablar con Lincoln. Toqué su puerta y al momento de tenerlo delante de mí... me congelé. Las palabras no me querían salir y el aire se me estaba escapando de los pulmones. — explicó Luan. — Todavía siento la mirada vacía de Lincoln sobre mí.

—Es nuestra culpa, es normal que sientas a la persona que lastimaste juzgarte todo el tiempo... yo también lo siento.

— ¿Las demás piensan igual?

—Sería raro que no.

Un silencio las acompañó por unos segundos.

—Hermano... — pensaba Luan.

Al día siguiente, Luan volvió a clases con normalidad, evitando las preguntas que le hacían sus amigos sobre su ausencia.

Lincoln junto a la maestra sustituta, DiMartino, iban avanzando muy rápido en las enseñanzas. Lincoln es un chico que tiene una muy buena capacidad de comprensión. Las primeras clases fueron un dolor de cabeza, literal, debía llevar las notas en su cabeza y tratar de no olvidarlas, luego de que se haya acostumbrado a guardar las clases de la maestra en su cabeza, comenzaba a escribir en relieve, es decir, atravesando con una puntilla de hierro el papel grueso creando así orificios en el que Lincoln pudiera pasar la tema de los dedos y entender lo que significaba. Aunque apenas está aprendiendo lo complejo que es el braille.

—Es todo por hoy. — mencionó la maestra a un lado de Lincoln.

Lincoln le dio las gracias, la profesora había dejado su mano extendida pero se llevó una sorpresa cuando vio a Lincoln intentar salir del aula sin su ayuda. La profesora ya se había acostumbrado en estas dos semanas de enseñanzas a llevar a Lincoln a donde él quisiera ir, ¿tal vez era mejor que el chico superara esos obstáculos por sí solo?

—Nos vemos mañana, Lincoln. — sonrió la profesora sustituta.

Lincoln se giró en dirección a la voz de su profesora sonriendo de la mismas manera aunque él no sabía que la profesora le había regalado una dulce sonrisa.

Por el pasillo y con una mano en la pared, Lincoln buscaba la salida.

Un chico más alto que él lo vio y se acercó disimuladamente colocando su pie en el camino de Lincoln haciendo que este cayera al suelo.

Con un quejido de dolor Lincoln se intentó levantar solo para recibir una burla del chico.

— ¿Qué pasó? ¿Te caíste? ¿Necesitas una mano o tal vez dos ojos? — la carcajada del chico fue lo suficientemente molesta como para que Lincoln se tapara los oídos.

Lo sentía dentro de su cabeza, sentía su risa recorrer cada cavidad de su cráneo, sus huesos se agrietaban cada vez más.

— ¿Qué crees que haces, estúpido? —

—Oh, ¿acaso es él tu novio? — se burló el chico de Tabby.

—Más les vale dejar a Lincoln en paz. — Tabby alzó su voz molesta.

— ¿O si no qué? — el chico se alzó las mangas. Un tirón en su hombro hizo que mirara atrás de él para encontrarse con el rostro de molestia de la profesora Agnes.

— ¿Qué crees que haces jovencito? Me acompañaras a la sala del director justo ahora. — sentenció la profesora Agnes.

— ¡No, espera! ¡Se equivoca! — el chico fue arrastrado hasta la sala del director.

Tabby le sacó la lengua al chico en señal de burla. La chicha se bajó al nivel del suelo para poder sujetar a Lincoln que cubría sus oídos con fuerza.

— ¿Lincoln, estás bien? — preguntó Tabby pero Lincoln se sentía desconectado de la realidad. —Maldición... —

Tabby se había llevado a Lincoln hasta enfermería donde llamaron a sus padres. Señor Lynn ya iba en camino a recoger a su hijo pero luego de recibir una llamada sobre Lincoln en la escuela, aceleró.

—Gracias Tabby. — agradeció Lincoln después de que su dolor de cabeza parase.

—No hay de que... — Tabby abrió los ojos con sorpresa. — ¡Espera! ¿Cómo sabías que era yo?

Lincoln sonrió girando su cabeza. —Por tu voz.

— ¿Eh?

—Supe que eras tú, por tu voz. — Lincoln suspiró al escuchar la bocina de Vanzillla. —Ya llegaron por mí.

El rojo de las mejillas de Tabby desapareció para preguntar. — ¿Cómo lo sabes?

— ¿No escuchaste la bocina? — Tabby levantó una ceja.

—Yo no escuché nada, Lincoln. — porqué Tabby decía eso si él sí pudo oír la bocina de Vanzillla.

Lynn padre entró con afán hasta la enfermería de la escuela.

— ¡Lincoln! — exclamó su padre.

—Hola papá, estoy bien. Tabby me trajo hasta acá. — Lincoln lo saludo.

—Un chico lo estaba molestando así que llame a la profesora. — explicó Tabby.

— ¿En serio? — Lynn padre miró a su único hijo varón con preocupación.

Su único hijo ahora podía ser tomado de burla en la escuela y eso no le agradaba para nada al patriarca. Debe tomar medidas para evitar que su hijo siga sufriendo por todo esto.

Lynn padre le agradeció a Tabby por la ayuda al igual que Lincoln una vez más. El padre de Lincoln ya sabía que lo primero que debía hacer era contarle esto a su esposa antes de pensar en hacer algo por su cuenta.

Mientras tanto en la casa Loud, Lisa salió de su habitación con un aspecto terrible.

— ¿Pero qué te pasó? — le preguntó Lola por el pasillo.

—Toma. — Lisa le dio una libreta a Lola ignorando la pregunta que esta le hizo a ella.

— ¿Y esto? — Lola miró la libreta encontrando que cada hoja era un color diferente.

—Quiero que, junto con la unidad mayor llamada Leni, llenes esta libreta escribiendo el nombre de cada una de los distintos colores que imprimí ahí. — Lisa pasó a un lado de su hermana Lola.

—Espera, ¿esto es un experimento tuyo? Sabes que papá nos prohibió hacer nuestras cosas de siempre.

—Lo sé, por eso, eso no es un experimento, tómalo como un juego que hice para entretenerte a ti y a Leni.

Lisa siguió escaleras abajo. Ahí se encontró con Lori y Luna.

—Unidades mayores, ¿podrían hacerme un gran favor y dibujar los planos de sus instrumentos musicales y herramientas tecnológicas? — Lori y Luna se miraron desconcertadas.

—Claro... — Luna tomó la libreta de dibujo que le hacía entrega Lisa.

Lisa se retiró.

— ¿Y a ella que le pasó? Luce como si no hubiera dormido en días. — Lori miró a Lisa llegar hasta Luan que se encontraba en la cocina.

—No lo sé, ¿pero qué fue lo que dijo que quería que hiciéramos? —

—Hola, Luan. — llamó Lisa sin ningún concepto de más.

—Oh, Lisa, ¿sucede algo? — la vista de Luan se encontró con la de Lisa.

— ¿Puedes ponerte esto detrás de tu oreja? — Lisa le da una pequeño chip.

— ¿Qué es?

—Un dispositivo de lectura neuronal. — explicó Lisa.

— ¿¡Estás haciendo experimentos!? Sabes que papá nos castigó, Lisa. — Luan tomó el chip con temor.

— Por supuesto que lo sé. También sé que estoy haciendo mal por desobedecer las órdenes de nuestras unidades paternales. — Lisa suspiró notablemente cansada. —Sólo quiero que me ayudes a ayudarlo. — susurró Lisa.

— ¿Qué planeas, Lisa?

—Ayudarlo. Tú no eres la única que participó en ese accidente, todas lo saben pero no les puedo decir que estoy haciendo, necesito que actúen como normalmente lo hacen para que esto funcione. Solo puedo decirte que no estás sola en esto, y que si quieres ayudarme recuerda que te lo debes colocar atrás de tu oreja. — Lisa se fue dejando a Luan con la palabra en lengua.

Luan dio un último vistazo a su hermana para fijar su mirada en el chip que le había dado Lisa.

—Sea lo que sea que estés haciendo, Lisa... espero que funcione. — Luan se colocó en chip donde Lisa le había indicado, sintió un piquete pero el dolor se fue a los tres segundos.

El reloj de Lisa marcó las tres de la tarde y logró escuchar el motor de Vanzilla llegar antes de caer dormida en su cama.