19. Desvelo
Heero no podía dormir.
El momento en que vio despegar esa nave de OZ y la partió en dos con su espada, haciéndola explotar en mil pedazos, se repetía en su mente una y otra vez.
Su único deseo había sido acabar con quienes impedían la paz, no con los que la promovían.
Pero había sido descuidado. Se había confiado demasiado de la información robada de sus redes, olvidando por completo que ellos podían manipularla.
—¿Estás dormido?
La voz de Duo cortó en dos el silencio de la noche.
—Sé que no —se respondió solo.
Después de desactivar los mísiles, por inercia regresó a la escuela en que estaba inscrito. No tenía idea de por qué le había permitido seguirle hasta su escondite.
Arribaron durante la tarde y, dudaba que por coincidencia, Duo le había sido asignado como compañero de cuarto.
Abrió los ojos de golpe tras sentir la presencia de Duo en su cama.
—¿Qué haces? —preguntó, sin moverse.
Duo no emitió ni una sola palabra. Se acostó de lado, pegado a él y le puso un brazo sobre la cintura, abrazándolo por la espalda.
Heero cerró los ojos, no tenía energías para lidiar con Duo, no ese día.
De pronto su otro brazo se elevó y una mano se enredó en sus cabellos, primero como si los peinara, luego arrastrando las yemas por el casco. Inesperadamente, el sonido del roce, el ir y venir, lo arrullaron y le permitieron dejar de pensar en el imperdonable error que había cometido.
A la mañana siguiente despertó solo, pero todavía podía sentir la sensación fantasma de su cuerpo pegado al suyo.
