Rose había aprendido a lidiar con muchas cosas durante los últimos meses: sabía cómo vivir con las mentiras, esconder secretos y levantarse cada día sintiendo que se caía en un pozo profundo. Sabía cómo soportar la necesidad de estar junto a alguien que amaba y que estaba prohibido para ella. Lograba componer una sonrisa, aunque sintiera que la estaban apuñalando por dentro y se mantenía en pie incluso aunque la estuvieran insultando.
Pero Rose no estaba preparada para lo que sucedió el día en que su secreto por fin salió a la luz.
Era lunes, y Rose ni siquiera había pisado el Gran Comedor cuando ya había tenido que soportar tres burlas en su camino de la Torre de Gryffindor hasta ahí. Aunque teóricamente sólo había abierto la boca frente a la mitad del sexto año, todo Hogwarts la creía estúpida o algo por el estilo. La mitad de las chicas decían que estaba engatusando al guapísimo Scorpius Malfoy y la otra mitad creían que él nunca se habría fijado en ella. La mitad de los chicos se reían a costa de Scorpius y la otra mitad lo envidiaban.
Rose estaba pasando por el momento más extraño de su vida, en el que todo la hacía enojar y tenía unas ganas tremendas de provocar alguna pelea sólo porque sí, porque se sentía bien sentir algo que no fuera tristeza, o dolor.
El resto de su día fue más o menos parecido, a lo que tristemente se estaba acostumbrando. Nunca pensó que le dolería estar tanto en ese lugar al que había anhelado ir desde que tenía memoria, nunca pensó que los profesores que solían felicitarla la miraran con mal disimulada decepción, nunca pensó en acostumbrarse a que le vieran como si fuera nada.
Hacía un frío terrible. No había visto a Albus en todo el día, y a Scorpius sólo había podido verlo en el desayuno, mirando con abatimiento su cuenco de avena. Los dos estaban cansados, entumecidos y desesperados, cuando se abrazaban más bien era como si se estuvieran sosteniendo del otro que era, en realidad, lo que hacían. Rose comenzaba a creer que se caería a pedazos en cualquier momento. Desde Navidad su madre sólo le escribía a Hugo, así que Rose sabía que sospechaba algo y que estaba muy molesta. Su padre escribía pocas veces, aunque con tono normal, por lo que Rose sabía que siendo Ronald Weasley no se estaba enterando de nada.
La tarde de ese lunes Rose se dirigía a la biblioteca cuando una niña de segundo se le acercó corriendo, se detuvo jadeante y le dijo que su hermano le enviaba un recado: los primos Weasley querían hablar con ella y más le valía ir, porque no la dejarían en paz. La verían en la Sala de Menesteres en diez minutos.
Rose suspiró con agotamiento. Quería intentar estudiar, por lo menos sentir que estaba esforzándose por aprender. La biblioteca sonaba acogedora y solitaria y era lo que ella quería, pero sabía que no podía ignorar aquello. La buscarían más tarde para llamarla puta o lo que fuera que le quisieran decir.
Fue una larga caminata hasta el séptimo piso. Cuando llegó al tapiz vio que Roxanne la estaba esperando. Todavía podía irse, pensó. Pero luego la mirada de su prima la alcanzó y la posibilidad se fue.
—Anda Rose, te has tardado demasiado. Ven aquí —la sujetó mientras le pedía a la sala que mostrara el lugar donde estaban los otros, como si Rose fuera una fugitiva que podría escaparse en cualquier momento. Rose frunció el ceño con frustración.
Una puerta apareció y entraron. Estaba oscuro, Rose se dio cuenta de que se encontraban en un pasillo largo y estrecho.
—¿Pero qué rayos…?
Roxanne la ignoró. En ese instante el pasillo dio a una estancia acogedora, una pequeña sala donde estaban reunidos todos. Rose se sorprendió a ver a todos los primos ahí. No sólo Albus, Louis, Roxanne o Dominique. Estaban también Lily, James, Victoire y Teddy, Lucy y Molly, Fred, Hugo… Y sentado en un sillón, estaba un desconcertado Scorpius Malfoy. Rose sintió que se le salía el corazón por la garganta.
—Te tomaste tu tiempo, Rosie —dijo James, y todo el mundo se giró a verla. Rose hizo contacto visual con Scorpius, quien parecía inmensamente aliviado de verla. Lidiar con la familia Weasley no era algo fácil, Rose lo sabía, y entendía lo incómodas que podían llegar a ponerse las cosas sin alguien que mediara la situación.
—¿Qué estoy haciendo aquí? —preguntó molesta. No había pretendido que su voz sonara tan llena de ira, pero lo había hecho. La ira no era algo que pudiera controlar últimamente.
—Siéntate Rose. Ya es momento de que hablemos —le dijo Albus, sonando serio. Rose se sentó junto a Scorpius. Agradecía que el lugar fuera pequeño porque su cuerpo hacía contacto con el de Scorpius y ese simple hecho le daba fuerza. Scorpius quería acariciar la mano de Rose, o atraerla hacia él, pero no creía que fuera buena idea hacerlo en ese lugar. Merlín, se veía hermosa. Tenía ojeras por el cansancio y el pelo rojo lo traía sujeto en una trenza, pero sus labios rojos y sus hermosos ojos azules tenían un aire de bella tristeza. Scorpius la amaba más que nada. Sabía que este día llegaría algún día, cuando las cosas dejaran de ser fáciles y él tuviera que luchar por ella, y lo haría.
—Scorpius no ha querido decirnos nada —empezó Fred—. Aunque Hugo y yo intentamos que lo hiciera usando levicorpus.
Rose se levantó de su asiento hecha una fiera.
—¡¿Qué ustedes hicieron qué?! —gritó— ¿¡Están locos!?
Scorpius se levantó también y la sujetó, viendo que ella quería encontrar su varita. Tenía la mirada llena de angustia, por lo que la intentó calmar.
—Estoy bien, Rose. En serio, tranquila. Ven aquí.
Rose se giró hacia Albus.
—¿Y tú dejaste que lo hicieran?, ¡es tu mejor amigo, por el amor a Merlín!
—Yo no había llegado aún, Rose —se defendió Albus.
—Y no tendríamos que hacerlo si confiaras en nosotros —añadió Louis.
Rose los miró a todos. A cada uno. Era su familia, las personas con las que había crecido. Pero hacía tiempo que la relación con sus primos no era precisamente buena, hacía tiempo que cada quién hacía su vida, sin preocuparse realmente por los demás, asumiendo que siempre estarían ahí. ¿Y ahora resultaba que querían darle una lección de moral, hacer que ella y Scorpius la pasaran mal, sólo para demostrar algún tipo de unidad falsa?
—¿De qué confianza hablas, Louis? ¡No se preocupan por mí, se preocupan por ustedes mismos y eso está muy bien, pero déjenme vivir mi vida!
—¡Basta ya, Rose! —dijo Teddy, para sorpresa de todos—. Todos estamos preocupados por ti. Los chicos incluso nos pidieron que viniéramos a Hogwarts porque realmente quieren ayudarte, así que deja de hacerte la difícil.
Albus la miró con súplica en los ojos.
—Tienes que decírselos, Rose. Por ti, por Scorpius. Ya no pueden solos con esto.
Y era verdad. Rose sentía que cada día la desgastaba, sentía que el mundo se le venía encima y que ella y Scorpius estaban cargando solos el peso del mundo.
—Algo está sucediendo y no sabemos qué. Todo lo que sabemos es que tiene que ver con él, que te desmoronaste en Navidad y que ahora todo el colegio habla cosas terribles sobre ti. Te ves destrozada, Rose. Estás a punto de caerte a pedazos, igual que Malfoy. Y necesitamos saber qué te sucede para poder ayudarte y debes decírnoslo, porque si no acudiremos a tus padres —sentenció Molly.
Scorpius le sostuvo la mano y le dio un suave apretón, instándola a aceptar el apoyo de su familia.
—Por favor, Rosie, por favor. Cuéntanos qué te sucede —pidió Victoire con su voz suave, mirándola con esos ojos azules de veela que tenía. Quizá estaba usando su encanto para convencerla, quizá sólo era que Rose ya no podía. Se encontró sabiendo que había tomado una decisión. Miró a Scorpius para pedirle su consentimiento porque aquél era, después de todo, el secreto de ambos, el dolor de ambos, el hijo de ambos. Él le dio confianza y leyó en su mirada que no importaba lo que pasara de ahora en adelante, él era su familia. No importaba si aquellas personas le daban la espalda, si la odiaban, si la creían estúpida. Él era su familia, para siempre.
—Scorpius y yo perdimos un bebé —soltó finalmente. Decirlo y escucharse le dolió tanto que cayó sentada en el sillón, demasiado agotada para sostenerse.
Escuchó las exclamaciones de sorpresa e incredulidad de todos y creyó que debía explicarse mejor.
—Scorpius y yo… nos amamos, mucho. Somos novios desde hace bastante tiempo —musitó. Por un momento su mirada dejó ver tal dolor y tal tristeza que muchos se sorprendieron y fue ahí cuando se dieron cuenta de lo serio que era el asunto.
Lily la miraba sorprendida, quizá incluso un poco avergonzada. James tenía el ceño fruncido, Dominique tenía una expresión de desconcierto, Hugo atravesaba a Scorpius con la mirada y todas las reacciones eran parecidas.
—Pero ¿cómo pasó, Rose? ¿Entonces es cierto lo que dicen, estabas planeando quedar embarazada? Yo creí que tú eras… —la perorata venía de Roxanne. Rose sintió que cada palabra le atravesaba el corazón como una daga.
—Basta, Roxanne —para su sorpresa, fue Victoire la que habló. Rose se atrevió a levantar la mirada. —No te atrevas a terminar esa frase.
Scorpius, a su lado, inhaló profundamente y exhaló. Miró a los primos de Rose, manteniendo en su cara una expresión serena y confiada que no sabía de dónde había sacado la fuerza para tener. Rose necesitaba que él fuera su apoyo y lo sería.
—Por supuesto que no había sido planeado, pero sucedió. Rose y yo nos enteramos en septiembre, poco después de volver a Hogwarts y estábamos felices y asustados. Sabíamos que estábamos solos, no podíamos decírselo a nadie —respiró profundo para calmar el temblor de su voz. Todas las miradas estaban puestas en él. Scorpius sabía que algunos de ellos lo veían con recelo, sin poder creer que un Malfoy podía ser bueno. —Después del partido de quidditch en el que Rose cayó de su escoba ella sufrió un aborto. Nuestro bebé…falleció. Rose no es estúpida, ni tonta, sólo por sentir dolor por eso. Ella es en realidad muy fuerte. Y yo voy a estar con ella, pase lo que pase.
Nadie dijo nada. El silencio se extendió como una manta pesada sobre todos. Finalmente, Victoire se acercó a Rose. Ella trató de ver la cara de su prima y no su evidente y feliz embarazo, pero era difícil. ¿Quizá le iba a reclamar por haber arruinado su momento con cosas tan tristes? Entonces hizo algo que Rose no se esperaba. La abrazó con fuerza y le besó la mejilla.
—Lo lamento mucho, Rosie, cariño, de verdad lo lamento muchísimo. No puedo decirte cuánto. No imagino el dolor por el que están pasando, Scorpius y tú. Eres muy fuerte y te admiro muchísimo. Estoy orgullosa de ti, Rose —le dijo, sollozando. Rose seguía estática, dejándose abrazar, pero demasiado agotada para devolver el abrazo. Se sorprendió cuando se encontró queriendo abrazar a Vic, queriendo aliviarse ese dolor en el calor de su familia. Victoire sujetó la mano de Scorpius y volvió a decir que lo sentía mucho. Y entonces toda la familia sacó de su estupefacción.
—Ahora entiendo, Rose. De verdad lamento no haberte escuchado —le dijo Louis—, ojalá lo hubiera hecho.
Uno a uno, sus primos le mostraron su apoyo a ella y a Scorpius. No lo repudiaron, no le dieron la espalda a Rose. Hugo la abrazó y lloró escondido en su cuello, y Rose se quebró por fin y también lloró. No supo cuánto tiempo estuvo abrazada a su hermano, sintiendo la familiaridad de él. Sintiendo que por fin alguien les ayudaba a cargar su peso y su dolor.
—Debes decirle a mamá y a papá, Rose —le dijo Hugo—. Por favor, no sé cómo cargaron con esto ustedes dos solos. Ellos los van a apoyar.
—Papá no quiere a Scorpius —susurró Rose.
—Pero te ama a ti —contestó su hermano—. Y verá que Scorpius también te ama y que tú lo amas a él.
Ella no contestó. Se contentó con abrazar a su hermano y saber que ya no debía elegir porque tenía lo que más quería, a su familia, a Scorpius que la amaba, y Antares vivo en su sangre, en su piel y en todo lo que ella era.
