"El primer beso del chico explosivo"

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El día de la cita había llegado y Kirishima lo esperaba con ansias de que sucediera el esperado beso entre esos dos. Ha pasado tiempo desde el juego y quiere ver la evolución de la relación entre Bakugou y Midoriya, luego de haber intervenido durante las últimas semanas en las que decidió ayudarlos —a su manera— a estar juntos.

Pero una cosa llevó a otra y terminó enamorándose de Midoriya, lo cual supuso una herida en su corazón, de la que trataba de sanar a cuestas de su dolor y de sus buenas intenciones para con sus amigos y en especial, el pecoso. A quien le tenía un gran estima, por su compañía y todo lo que desencadenaba ésta misma.

Le quedaba muy claro que su amistad con Midoriya no se rompería por quererlo sin ser correspondido. Pues la amabilidad del pecoso superaba cualquier altercado que osara separarlo de su amistad.

Comoquiera, para eso del mediodía del domingo se topó con Midoriya en los pasillos, quien portaba una cara de nerviosismo.

—Midoriya— Dijo él, en forma de saludo. —¿Qué tal? ¿Cómo estás?

—Ah, hola Kirishima— Detuvo su marcha, saludándolo en el proceso. —Bien y ¿tú?

—¿Por qué tan apurado?

—¡Hoy es la cita con Kacchan!—Chilló el pecoso echo un manojo de nervios. —Tengo que estar a tiempo. No puedo llegar tarde.

—Pero es mediodía— Repuso extrañado. —¿Tan temprano es la cita?

—Ah, no, no— Aclaró, soltando una risita. —Tengo que ir a recoger los dulces picantes que mandé pedir en línea. Luego regresaré aquí y recogeré a Kacchan, porque la hora de la cita es a la una y media.

—¿Le compraste dulces picantes?— Preguntó Kirishima curioso en el asunto.

Asintió.

—A Kacchan le gusta el picante— Obvió Midoriya. —Quiero hacerle pasar un buen día conmigo.

—Es una buena idea— Opinó Kirishima. Midoriya lo miró confundido. —Comprarle dulces de su gusto, digo.

—Ah, sí— Se rió contento. —Es lo menos que puedo hacer, después de todo lo que ha pasado Kacchan. Se merece el mejor trato posible.

—Sí— Concordó, sabiendo que él tuvo gran parte de la culpa. —Estás siguiendo mi sugerencia— Midoriya arrugó las cejas sin entender. —De que sólo tu lo puedes hacer feliz.

—Oh— Soltó otra risita. —Sí estoy en eso.

—¿No que irías a recoger los dulces?— Le dijo mañoso.

—Cierto— Murmuró en realización. —Nos vemos, Kirishima. ¡Gracias!

Y se marchó de su vista, corriendo a toda prisa.

Kirishima suspiró alentado de que todo estaba encajando con tal prontitud que incitaba un buen ambiente en el aire.

De la nada, su amigo explosivo apareció en el pasillo, portando un atmósfera un tanto nerviosa, ya que en sus manos eran notorias sus arrebatos mentales, las cuales saboteaban su forma de andar.

Sacaba a colación que dentro de lo que cabía, su amigo le sacaba una buena carcajada con pillarlo de esa manera. Y no trataría de ocultarlo.

—Blasty— Le dijo con fingido gusto de verlo.

Su amigo se tensó en sus cuentas, empuñando las manos en un acto espontáneo de nervios.

—¿Qué quieres tú?— Rechinó los dientes, mirándolo por encima del hombro.

—Te vi y decidí saludarte— Explicó entre risas. —¿Acaso no puedo saludar a mi mejor amigo?

—No soy tu mejor amigo— Objetó áspero. —Además, ¿Qué haces despierto a estas horas si es domingo? ¿No deberías estar durmiendo como idiota en tu cuarto?

—Bueno, quise ejercitar— Replicó en tono versátil. —¿Tiene algo de malo eso?

Bakugou chasqueó la lengua.

—¿Listo para tu cita?— Se animó a preguntarle.

Su amigo lo ojeó ofendido por la pregunta.

—¿Qué?— Encaró Kirishima.

—¿Cómo sabes eso?— Dijo entre dientes.

—Me lo acaba de decir Midoriya— Presumió, subiendo los hombros.

—Ese estúpido— Se quejó, tensando su cuerpo. —Lo mataré.

—¿Seguro que lo quieres matar?— Dijo Kirishima, sarcástico. Bakugou lo miró con los dientes crujiendo dentro de su boca. —Vamos, hombre. No te pongas así por una tonta pregunta de mi parte— Agitó las manos, en señal de que no hablaba en serio. —Además, tienes que prepararte para tu cita. No andar aquí paseándote.

—No estoy paseándome— Aseveró el rubio, molesto. —Estaba pensando.

—Ah, pensando afuera— Coreó él, sonriendo bonachón. Causándole a su amigo un rubor en la cara.

—Solo cállate— Espetó. —Y vete a dormir.

Como si pudiera hacer eso, luego de ver que estás muriéndote de los nervios, rodó los ojos.

—Bueno, si insistes— Dijo Kirishima, mañoso. —Te dejaré con tus pensamientos.

—Más te vale— Masculló el rubio.

—Mucha suerte— Canturreó divertido. —Y no explotes a Midoriya. Aún le queda un largo camino para ser un héroe.

—¿Qué dijiste?!— Rugió Bakugou, poniéndose en posición ofensiva.

—¡Nada!

—Eso no fue nada, pelo pincho.

Las pisadas de Bakugou resonaban por todo el pasillo, seguido de unas chispas que salían de sus manos, en señal de que lo habían provocado.

Kirishima se apresuró a paso rápido hacia su dormitorio y cerró la puerta con llave, sin borrar esa sonrisa divertida que habitaba en sus labios.

Era bueno poder superar su primer amor, molestando a su amigo explosivo. Hacía que la recuperación fuera más rápida de lo esperado.

Sin embargo, esa felicidad no era permanente. Si no, más bien corta. Efímera.


La felicidad no siempre dura y Kirishima es la prueba de ello.

No se desbarata por deducirlo, aunque no niega que es un sentimiento cruel que experimenta conforme intenta ser condescendiente con su primer amor, de quien siente un profundo afecto. Y a pesar de ello, lo quiere.

Teniendo en cuenta eso, no es obstáculo en la relación de Bakugou y Midoriya, porque los apoya, sin ponerse a sí mismo como una margarita triste y lamentable.

Él no cedería a la fuerza de la soledad que lo llamaba a lo lejos. En cambio, él cedería a dar el paso correcto, en lugar de cometer una imprudencia.

Después de meditar unos minutos, cernido en sus pensamientos, decidió que su próximo movimiento sería llamarle a sus amigos para informarles de la cita. Sabia que no era bueno espiar a las personas, pero su insaciable necesidad de comprobar si esos dos se besaran, lo consumía en carne propia.

Les mandó el texto al grupo que tenían, siendo éste contestado por la comarca del Bakusquad, mostrándose listos para espiar a los tórtolos en acción.

Kirishima soltó una risilla.

Sus amigos, sin duda, lo apoyaban.

Bien, se dijo antes de salir por la puerta.

Es hora de ver ese beso.


Era la una y media.

Los cuatro se situaban escondidos cada uno en un tronco de los árboles del jardín frontal del edificio de dormitorios.

Kirishima veía la cabellera rubia de su amigo, parado en las escaleras con una mueca de circunstancia, fisgoneando sus manos a los lados. Su pie pisoteaba el suelo.

La indecisión de su aspecto físico, traslucía sus sentimientos conflictivos, los cuales escalan velozmente en sus movimientos corporales que se hunden en la fuerza de sus manos.

A los cuantos minutos apareció Midoriya, mejor vestido a como lo vio aquella mañana, portando un aura mucho más liviano y casual. Sus pecas sonrosadas lucían tan amortiguadas en su rostro, que parecían tallados por terciopelo.

Sin poderlo frenar, se sonrojó de verlo.

Oh no.

Estaba perdido otra vez.

Por otro lado, el par de tórtolos partió rumbo a su cita; bajando las escaleras al mismo tiempo. Cada uno ensimismado en sus pensamientos, puesto que no decían nada.

Kirishima asomó la vista hacia el otro tronco del árbol que se situaba en frente, donde estaba escondido Kaminari.

Éste lo observó con travesura. Él por su parte, también sonrió animado por lo sucedido.

No podía estar decaído por algo que él quiere presenciar.

Las cabezas de los tórtolos se fueron alejando de las instalaciones de la UA, seguido de las cuatro cabezas que los seguían con ojo de águila.

Entre los cuatro no existía la vergüenza, por lo que les daba igual si los espiaban y eran descubiertos en el acto.

Cosas como espiar a los demás no eran exactamente lo suyo—como grupo—pero sin duda, lo hacían cuando querían lograr algo en el proceso.

No había rencor en ello, tampoco una inferencia en sus sentimientos, los cuales no tallaban la culpa que se supone, debía sentir.

Culpa… ese es el sentimiento que sintió cuando hirió a su mejor amigo.

Ese cruel sentimiento no lo carcome en esos momentos; al contrario, su cuerpo derrocha adrenalina por todo el torrente sanguíneo, haciendo que sus piernas se movieran ágiles y veloces detrás del par de tórtolos que avanzaba a un ritmo mucho más lento que el de ellos.

Por supuesto que fueron como su sombra en el resto de la cita; misma que fue corta en cuanto a paradas y prolongada en relación al tiempo.

Sin embargo, al término de dicha cita, los tórtolos dieron a parar a un pequeño y romántico parque público. Que disponía de bancas de metal estilizadas, árboles de estatura no muy alta, pero tampoco tan pequeña. Unos frondosos arbustos, un pasto natural finamente cortado, relleno por un campo de flores de diversos colores, pintando el parque con sus bellos y delicados matices.

Mina iba a la cabeza del grupo, mientras que Kaminari iba justo detrás de él y de Sero, quienes se escondieron en un arbusto.

El corazón le latía a Kirishima, a mil por hora. Sus manos temblaban atiborradas de los nervios que poco a poco lo transmutaban. Lo arrimaban a querer asomarse y ver lo que pasaba entre esos dos. Quien en ese preciso instante, Midoriya tomó a Bakugou de la mano y lo atrajo hacia él en un movimiento torpe.

Lo abrazó con fuerza, siendo cuidadoso en su cometido.

Sero lo codeó en cuanto sucedió tal escena, mientras que Mina soltaba risitas y Kaminari se ponía las manos en la boca para no gritar.

El momento que esos dos duraron abrazados fue prolongado, puesto que desconocía el tiempo que transcurrió desde que Midoriya tuvo la osadía de tomarlo de la mano y abrazarlo.

Lo que alcanzaba a ver, era que Bakugou estaba tan tieso como una estatua. A lo mucho se percibía el sonrojo que invadía sus orejas.

Sintió que los latidos de su corazón podían hacerlo explotar en pedazos.

Vio los labios de Midoriya moverse rápidamente, a la par que sus manos sobaban los hombros de su amigo, quien no parecía moverse pronto.

—¿Qué crees que estarán diciendo?— Susurró Sero.

—No tengo idea— Replicó él.

—Parece que Midoriya está intercambiando confesiones intensas con Bakugou— Mencionó emocionado.

—Pero Blasty no dice nada— Comunicó Kaminari. —Está estático como una roca.

Los tres se rieron, puesto que Mina se encontraba en otro arbusto a unos cuatro metros de ellos.

—Veamos cómo se desarrolla este asunto—Cotorreó Kaminari. —Ya quiero ver que Blasty pierda el miedo.

—Lo mismo digo— Replicó Kirishima.

En cuanto salieron esas palabras de su boca, Midoriya se separó del abrazo, luciendo una cara muy roja. Colocó sus manos sobre los hombros del rubio, quien se tensó.

Bakugou dijo unas palabras, y lo supo porque vio sus labios moverse de sopetón, mas no se inmutó con el repentino cambio que dieron las manos de Midoriya, de colocarse sobre su cintura y atraerlo a él lo más posible.

En menos de un segundo, Midoriya inclinó su cabeza y pegó sus labios con los de Bakugou, capturándolos en un beso suave.

Sero y Kaminari soltaron chillidos de alegría. Mina se tapaba la boca con una mano y con la otra hizo un puño de festejo.

Él, por su cuenta, se limitó a sonreír orgulloso de que por fin sucedía lo que llevó intentando por varias semanas.

El chico explosivo había tenido su primer beso.

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NOTA: Llegó el momento esperado.