Capítulo 11 – Tres contra uno y medio
PDV de Nicholas:
No podía entender por qué me sentía tan ansioso, mi mente se iba constantemente hacia Rei, algo me decía que debía llegar a ella inmediatamente.
Había dejado a Ysuke a cargo de ella, él era el mejor de la manada cuando se trataba de protección junto con su hermano Alexander. Varias veces había puesto su vida para protegerme a mí y a otros miembros de la manada y por supuesto esperaba la misma lealtad hacia Rei, sabía que era de confianza y aun así, no podía evitar la constante frustración de mi lobo, era como si el presintiera que ella estaba en peligro. Algo me jalaba hacia ella, me quería a su lado desesperadamente.
Todavía no tenían sentido para mi tantos pensamientos y esos molestos sentimientos hacia Rei, tenía a mi pareja en mis brazos y todo lo que hacía era pensar en esa princesa, lentamente consumía mi cuerpo y alma. La impaciencia y molestia empezaron a bombear en mis venas mientras me daba cuenta amargamente que no quería estar aquí con Ann, no era solo mi lobo pero yo mismo hubiera preferido estar con Rei.
Demonios. ¿Pero qué era lo que estaba mal conmigo?
Mis manos se atenazaban en puños a mis lados con esta nueva información zumbando en mi cabeza, dentro de mí, me costaba controlar mi boca mientras cientos de groserías querían salir en tropel mientras mi desesperación interna aumentaba con cada maldito segundo del reloj. Rei se estaba convirtiendo en una droga para mí, una peligrosa e insalubre droga que amenazaba mi paz mental, amenazaba mi misma existencia.
"Alfa" pausa "Rei está en… ¡está en peligro!"
El miedo me trago entero, atontándome. Mi corazón martilleaba fuertemente contra mi pecho mientras mi cerebro trataba de conciliarse con mis emociones que me atacaban todas a una vez al entender el link mental que acababa de recibir de Ysuke.
Me levante tan rápido de la cama que Ann salió volando entre sabanas al suelo con un fuerte golpe. Se levantó con una mirada furiosa y me dijo: "¿Qué demonios te pasa?"
Me dolía la cabeza y mi mirada barría a Ann sin siquiera verla realmente, todo lo que podía oír eran las palabras de Ysuke repitiéndose en mi cabeza, una y otra y otra vez. Luche para enfocar mi atención mientras intentaba ubicarlos usando el link mental, aferrándome a la conexión, desesperado por encontrarla.
"No tengo tiempo de darte explicaciones, debo irme inmediatamente" Respondí histérico.
"Me prometiste que pasarías el día conmigo." Me recordó, cruzando sus brazos en su pecho.
"Lo siento." Me disculpe torpemente, atravesando la puerta sin darle siquiera un segundo pensamiento.
"¡Nicholas!" escuche su grito tras de mi pero la ignore por completo. Rei estaba en peligro, eso era lo único que llenaba mi mente, tenía que llegar a ella, debía traerla a casa, ponerla a salvo antes de volverme loco.
PDV de Rei:
Mi cuerpo temblaba incontrolablemente, encontraba muy difícil que mi mente se ajustara a lo que estaba sucediendo frente a mis ojos.
Un hombre se había transformado en lobo.
¿Sería posible que esto fuera una pesadilla?
Como si estuvieran sincronizados, los otros dos hombres cambiaron también en lobos, cada uno de ellos de un diferente tono de café, cada uno de ellos más grande que el anterior.
¡Rayos!
Sollozaba, el miedo me estaba consumiendo entera, los tres lobos me gruñían agresivamente mientras se acercaban lentamente hacia mí.
Ysuke dio un paso atrás, bloqueándome de su vista. "Lamento que tuvieras que enterarte de esta forma princesa."
Apenas hubo dicho esas palabras, Ysuke cambio en un gran lobo gris. Era más grande que cualquiera de los otros tres, desafortunadamente seguían siendo tres contra uno.
Ellos se gruñeron entre sí, el gris manteniendo su posición frente a mí, protegiéndome de los otros.
Vi horrorizada como los tres lo atacaban al mismo tiempo, chillo de dolor cuando uno de los lobos cafés mordió con fuerza su pierna, la sangre empezó a caer al suelo.
Me sentía simplemente indefensa, no sabía cómo ayudar al lobo gris o Ysuke o al ser que eran los dos al mismo tiempo, no tenía idea de que hacer. Busque a mí alrededor con desesperación, buscando cualquier objeto que me permitiera ayudarle.
Por fin di con la navaja de bolsillo que sobresalía del traje del chofer, lo alcance con cuidado, sin alejar mis ojos de la escena que se me presentaba y lo apreté fuerte en mi mano. Tomando fuertes bocanadas de aire en intervalos me forcé a permanecer calmada, tranquila, reposando mi corazón. Si quería salvar al lobo gris que sin duda luchaba para protegerme, necesitaba pensar claro.
Me trague mi propio pánico y trate de enfocarme en la lucha frente a mí, los lobos cafés estaban ganando esta lucha sin duda, lo que era de esperarse porque eran tres contra uno. Necesitaba escoger uno y atacarlo con toda mi fuerza, al menos ayudaría al lobo gris a tener un atacante menos, asumiendo que mi ataque fuera certero.
Apunte hacia el de la izquierda, era el que tenía más cerca, con su espala hacia mi así que no me vería venir desde atrás. No me di tiempo de acobardarme, me levante y brinque sobre el lobo, agarrándome fuerte a su pelo y encajando la navaja en su costado. El lobo aulló de dolor, tratando de sacudirme de encima de él. Me agarre fuerte y apreté la navaja más adentro, me prometí no dejarlo ir hasta que soltara al lobo gris. Otro de los lobos cafés me jalo del cabello con sus dientes y me lanzo a un costado, mi cabeza se dio de lleno contra un árbol, pestañee y solté un grito de dolor, sentía la sangre cayendo por mi cara.
Un fuerte aullido se abrió paso por el aire, sacudiendo los arboles a nuestro alrededor con su poder. Yo conocía ese aullido y ese poder.
Mis ojos se abrieron justo a tiempo para ver un lobo negro como la noche prácticamente cayendo desde el cielo mientras entraba como una furia en batalla con toda su elaborada belleza. Sin duda alguna era el mismo lobo que ya me había salvado una vez, se veía enojado, rabioso como el mismo infierno. No malgasto su tiempo, de inmediato tomo con sus dientes el cuello del lobo que me había lanzado unos segundos antes, con un solo tirón arranco de tajo la cabeza del cuerpo.
Grite de horror mientras la sangre se esparcía por todos lados a nuestro alrededor, manchando, la tierra, el pasto y los árboles.
Dejo escapar un brutal aullido mientras salto hacia el otro, el que yo había apuñalado hacia un momento, el lobo negro lo atrapo desde la herida que yo había abierto con sus dientes, el café solo sollozaba sumergido en dolor. Mire mientras agresivamente lo rompía en pedazos, no lo soltó hasta a que estaba convertido en piezas de rompecabezas. El lobo que quedaba empezó a temblar y retrocedió con miedo, tuve que cubrir mis oídos para no oír sus llantos sin redención, era demasiado brutal para procesarlo.
Cuando todos los sonidos se calmaron, volví a forzar mis ojos para ver alrededor. El lobo negro estaba a un metro lejos de mí, respirando fuerte junto al lobo gris, herido, con sangre chorreando por su boca. Me miraba con esos vivos ojos, tan alerta, otra vez. Dio un paso hacia mí e instintivamente me apreté al árbol con miedo, con pequeños sollozos escapando de mi boca.
Se detuvo de inmediato, sentía mi miedo y por la mirada que me dio, no le agradaba ni un poco. Se quedó ahí un momento, solo mirándome como si estuviera ahora luchando una batalla interna con sí mismo, después justo frente a mis ojos se transformó en un hombre.
No cualquier hombre.
Nicholas.
Con moretones, cubierto en sangre y bastante desnudo estaba ahí frente a mí en toda su gloria. Era un hombre magnifico, una inigualable obra de arte ante mis ojos.
Mis rodillas temblaron y fue lo último que recuerdo antes de desmayarme.
