POV SAM

Tras los temblores, Cas les pidió que se quedaran con Jack y salió corriendo. Él y su doble se extrañaron cuando todo pareció volver a la silenciosa calma del búnker, sin más. Le dijo a Jack que se quedara en su habitación hasta descubrir qué había pasado, y recorrió los familiares pasillos con Sam-2 a su espalda.

Jamás habría dicho que, al llegar a la sala del mapa, se encontraría a los dos Dean, con Cas y una copia de éste, sentados a la mesa, cada uno con una cerveza en la mano. Los Sam se unieron a la extraña reunión y se pusieron todos al día.

Era raro mirar a Cas y verlo vestido como un rockero, pero era aun más raro verle interactuar con los dos hermanos. Estaba claro que el hombre de ojos azules era el líder del grupo. Y, aunque le soltó un buen sermón a Sam-2, parecía tener muchas más quejas sobre Dean-2.

—¿En qué la habéis cagado, Sam? Se supone que debes ayudarme a vigilar al inconsciente de tu hermano. —Le decía el Cas punk a su doble.

Dean-2 frunció el ceño.

—Oye, ¿quién te ha dicho que haya sido culpa mía? ¿O que necesite que me vigiles?

—¡¿Estás de coña?! ¡Pero si siempre te metes en líos! Si no fuera por mí, ya estarías muerto cien veces.

—¡¿Qué?! ¡Yo te he salvado el culo muchísimas más veces que tu a mí!

Y así siguieron durante un rato. Como un matrimonio de viejos. Todo aquello le era tan familiar a Sam que no pudo evitar sonreír.

Los dos cazadores de la otra dimensión se acercaron el uno al otro inconscientemente mientras discutían. Y Sam lo entendió. Por eso le resultaba tan familiar. Estaban en la misma situación que su propio hermano y el ángel. Los cuales, por cierto, tenían los ojos pegados a la pareja como si fueran lo más increíble que habían visto en su vida.

No.

Dean los miraba como si fueran un milagro, con los ojos siguiendo la bronca como si viera un partido de tenis, la cerveza cerca de los labios tapando a medias una sonrisa de fascinación que hacía años que no le veía.

Cas, por el contrario, llevaba todo el rato con el ceño fruncido. Y sus ojos iban de su doble a Dean, con menos disimulo del que él creía. Estaba soltando chispas, claramente celoso de el Cas punk y de los repasos que le estaba dando Dean.

Sam se aguantó un bufido divertido a duras penas. Toda aquella situación tenía un alto número de posibilidades de explotar de la peor manera posible. Claro que quizá así conseguían desenterrar la cabeza de donde fuera que la tuvieran; todos ellos, los cuatro.

Miró un momento a su doble, que le devolvió una expresión de entendimiento. Sí, había llegado a sus mismas conclusiones. Claro que no hacía falta ser psíquico para ver lo que estaba pasando alrededor de la mesa.

Decidió darles un pequeño empujón. Porqué, ¿por qué no? Y si le servían para distraerse de los acontecimientos de las últimas horas, pues por una vez no le importaba manipularles un poco.

—Dean, ¿por qué no vas a buscar más cerveza? Que Cas te acompañe, —dijo señalando al otro Cas— así ya sabrá donde está la cocina.

Dean lo miró un segundo, como si intentara ver de entre su velada demanda, pero se encogió de hombros y se levantó.

—Venga, Cas, deja que te enseñe donde está el alcohol.

—¡Genial! ¿Tienes algo más fuerte? —Preguntó mientras se alejaba de la mesa tras Dean.

Cuando Sam volvió la vista al frente se encontró con un par de ojos azules taladrándole la frente. Hizo ver que no se daba cuenta y sonrió para sí. Dean-2, en cambio, miraba hacia la entrada del pasillo por la que habían desaparecido la pareja con facciones tristes. ¿Cómo se podía ser tan transparente y no haber conseguido nada?

Ups. ¿Y si ése otro Cas no estaba enamorado de Dean-2? ¿La estaba cagando? Joder, esperaba que no. Y fue ahí cuando recordó porqué nunca se metía entre lo que tenían, o no tenían, su hermano y el ángel. Pero bueno, concluyó, ya estaba hecho.

POV CAS PUNK

Vale. Tenía que reconocer que el doble de su amigo le caía bien. Había quedado claro de buen principio que compartían un montón de gustos; ya fuera por el alcohol o la música. Lo siguió a la cocina observándole desde detrás. Tenía el mismo culo que Dean.

Bueno, claro que tiene el mismo culo, imbécil. Pensó, dándose una colleja mental. Debía reconocerse que también le gustaba el estilo del cazador, aunque seguía viéndolo raro acostumbrado como estaba a la ropa cara adornando aquellos anchos hombros.

La conversación era increíblemente fluida con éste Dean. Consiguió que se riera de algunas anécdotas tontas en el poco tiempo que tardaron en llegar a la cocina, y se le veía igual de cómodo preguntándole cosas.

Sin embargo, Cas empezó a darse cuenta de algo extraño. Con ése hombre, un Dean al que le habría sido mucho más fácil acercarse, no sentía el tirón en el estómago que solía sentir cuando su Dean reía, o cuando se ponía serio, o cuando hacía casi cualquier cosa. Su Dean conseguía ponerle de los nervios solo con alejarse un poco… pero eran mejores amigos. También se preocupaba por Sam, aunque sabía que no era exactamente de la misma manera.

Joder, ¿qué le estaba pasando?

Miró al otro Dean mientras el hombre le explicaba donde tenía el alijo secreto de whisky. Se acercó un poco. Quizá un poco demasiado. Lo pilló por sorpresa.

—Uo. Espacio personal, ¿Cas?

Mm. Su timbre era el mismo, pero no sonaban igual.

—Es muy raro… —Dijo más para sí mismo que para nadie más.

El otro Dean pareció entender enseguida a lo que se refería. Dio un paso atrás y se pasó una mano por el pelo.

—Lo sé —soltó un suspiro antes de mirarle a los ojos—. Siento que podríamos ser mejores amigos, tu y yo. Pero…

—Pero nada más. —Acabó por él.

Se sonrieron con compañerismo. Sí. Era definitivamente raro. Y no, no se parecía a Dean en nada.

—Dean… —No tuvieron tiempo de dar otro paso atrás antes de que su doble de gabardina y corbata apareciera por el marco de la puerta y se quedara allí paralizado.

Vaia. Menuda expresión había puesto.

—Cas, esto no… —Empezó a decir el otro Dean.

—Voy a ver a Jack. Lleva mucho rato solo.

Dio media vuelta y desapareció.

—¡Cas! ¡Espera!

Pero ya era tarde. Y el otro Dean no fue tras él.

—Lo siento. No sabía que estabais juntos.

—No lo estamos. —Se volvió a pasar una mano por el pelo.

Cas le dio un par de palmadas en el hombro y se fue hacia la sala del mapa, hacia su Dean. ¿Quién habría dicho que uno podría ponerse celoso de sí mismo? Bebió un trago de whisky y se imaginó al hombre de la gabardina al lado de su Dean. Reprimió un gruñido. Hacían mejor pareja… Mierda. Pues sí que te podías poner celoso de ti mismo.