Capítulo 19

Veamos qué pensáis de éste… ¡pero diferente al anterior…! No estoy segura de qué decir de él realmente… aparte de que mi mente se pone traviesa a veces – ésta una de ellas… tened cuidado…

. . . . . . . . .

Hermione pasó el resto del domingo haciendo lo que inicialmente sólo le había servido para mentir a Severus – trabajando. No necesitaba hacerlo, pero encontró que su interior dolía con todo lo que había ocurrido entre ellos. Estaba desesperada por tratar de borrar el dolor; los libros y las palabras eran normalmente la única manera en que podía.

Su mente reproducía su conversación sin cesar. ¿Había sido injusta, negándole su presencia después de que él hubiera sido tan abierto con ella? Le había revelado tanto en tan poco tiempo; ella simplemente había necesitado algo de espacio. ¿Seguramente eso no era demasiado para que él lo comprendiera? Su tierna preocupación por Laszlo era profundamente conmovedora, pero golpeada con fuerza por la paradoja de que él pudo arrebatar del muchacho muerto tan repentina y clínicamente por razones meramente personales. Esto era una conmoción para Hermione, y no estaba juzgándolo por sus acciones, sino que se presentó a sí mismo como un hombre tan complejo que de repente fue consciente de cuál era su malestar.

Se sintió joven. Se sintió inadecuada.

Pero él claramente no estaba incómodo por ello. Era ella la que había salido corriendo, lo había abandonado, debido sólo a sus propias deficiencias.

La vergüenza la arrasó, y lo imaginó quedándose solo y desolado en su aula cuando ella había salido.

Hermione se puso en pie de repente, cogió sus libros, y prácticamente corrió a las mazmorras, sin importarle a quién veía en el camino. Llegó a su salón de clases y se precipitó a través de la puerta. La sala estaba vacía. Se apresuró a entrar en su vivienda, sólo recordando llamar primero. Él no estaba allí.

Su corazón se hundió. ¿Dónde podría estar? Las respuestas eran incontables. Sería inútil tratar de encontrarlo ahora. Podría haber abandonado el castillo durante todo el día. Se sintió ligeramente animada por el hecho de que no estuviera abatido en sus habitaciones, pero desolada por no poder disculparse.

Él no estaba en el almuerzo. Se encontró deambulando por el castillo con la esperanza de toparse con él. Pero no lo hizo.

La tarde se arrastró. De nuevo, él no estaba en la cena. Pero justo cuando estaba a punto de marcharse, incapaz de soportar sentarse allí sin su presencia, él entró, sin levantar la mirada, y se sentó abatido en la mesa alta. Su corazón dio un vuelco, pero estudió su rostro intensamente para leer sus sentimientos. No hizo nada para darle mucha esperanza. Parecía completamente taciturno y desdichado, sin mirar una sola vez en su dirección.

Ella no era la única inmadura por aquí, se permitió pensar. Ambos deberían haber manejado mejor la situación.

Se quedó un poco más, esperando hasta que él se marchara, luego, cuando se levantó, ella también lo hizo, y salió corriendo del comedor, dando la vuelta al corredor por donde esperaba que él apareciera. Dobló una esquina y lo vio. Estaba hablando con el Profesor Armitage. Snape echó un vistazo por encima del hombro de su colega y la vio. Sus rasgos se congelaron, pero pudo detectar en sus ojos el más mínimo centelleo de alegría. Estaba envalentonada y no pudo evitar acercarse a él de inmediato.

"Disculpen, Profesor Armitage… Profesor Snape."

"Ahh, Señorita Granger. ¿Qué podemos hacer por usted?" preguntó Armitage cortésmente.

"Yo sólo… umm… es sólo que, uhh, el Profesor Snape… me pidió que hiciera… un… uhh… ensayo para él, y no pude terminarlo cuando él… uhh… había querido que lo hiciera, y sé que estaba muy disgustado por esto, como le había prometido que lo haría y uhh… sólo quería decir, Profesor Snape…" lo miró fijamente, "Lo siento."

Él sostuvo su mirada, y ella vio el brillo en sus ojos intensificándose. Un brillo igual se encendió en su vientre. Entonces su voz habló, más profunda y sedosa que nunca.

"El asunto ya está arreglado, Señorita Granger. Actué… precipitadamente… y no debería haber permitido que mi temperamento se apoderara de mí. Ahora se acabó. No hablemos más de ello."

Se miraron fijamente el uno al otro. El latido dentro de Hermione amenazó con abrumarla. Él no se había disculpado exactamente, pero ella apreciaba sus palabras, y supo que todo lo que necesitaba ahora era él.

El Profesor Armitage estaba mirando con desconcierto de uno a otro. Habló de forma repentina y chirriante. "¡Alegría! ¡Alegría! Bien, eso parece estar resuelto. ¿Había algo más, Señorita Granger?"

¿Aparte de encerrarte en el armario más cercano y follarme a tu colega sin sentido contra el muro detrás de ti?

Se volvió hacia él y sonrió dulcemente. "No, Profesor Armitage. Eso era todo."

"Bien, ahí lo tenemos entonces. Ahora ambos debemos marcharnos ya que tenemos una sesión de entrenamiento nocturno del profesorado esta noche. Ocurre en ocasiones, Señorita Granger. El entrenamiento del profesorado a veces sólo puede hacerse de noche; circunstancias mágicas particulares y todo eso, ya sabe. Así que el Profesor Snape y yo debemos darnos prisa ahora, la Directora está esperando cerca del Bosque Prohibido. Creo que la sesión de esta noche es sobre cómo actuar si un licántropo o vampiro se infiltra en el colegio. ¿Estoy en lo cierto, Severus?"

"Lamentablemente," arrastró las palabras. Parecía completamente disgustado por todo el asunto.

La burbuja que se había estado hinchando dentro de Hermione desde que lo vio explotó de súbito con un agudo pinchazo. Su rostro se vació de color. "Oh… ya veo… bien, entonces… ahí estamos…" Había estado segura de que podría ir con él y pasar la noche compensando la tensión del día.

Snape la miró. Pensó que pudo detectar pesar en su rostro, pero claramente estaba obligado por sus deberes como maestro.

Armitage se rio un poco. "Dios mío, Señorita Granger, soy el último en meterle ideas en la cabeza, pero sólo piense… sin profesorado en el colegio… ¡no se escabulla a los dormitorios de los chicos ahora!" La miró fijamente con ojos pequeños y brillantes y le guiñó.

Snape parecía horrorizado. Armitage se aclaró la garganta y se inclinó hacia Hermione ligeramente. "Oh querida, creo que he ofendido al Profesor Snape aquí presente. Estoy seguro de que él nunca podría tolerar tal cosa entre los estudiantes. Vamos, vamos, Severus, ya sabes cómo es la gente joven estos días. No es que pueda imaginar a la Señorita Granger aquí presente ignorando tan descaradamente las normas."

Hermione se había puesto roja como un tomate. La aparente indignación de Severus fue una distracción útil en lo que respecta al Profesor Armitage. Poco sabía él sobre las verdaderas emociones que atravesaban al Maestro de Pociones en ese momento.

Hubo un silencio incómodo por un momento, antes de que Armitage le dirigiera a Hermione una mirada curiosa, claramente inseguro de por qué estaba todavía allí. Eso la sacudió a la vida. "Bueno… será mejor que los deje ir entonces. Buenas noches, Profesor Armitage… Profesor Snape – le veré en clase mañana, supongo." Sonrió al uno y miró profundamente a los ojos al otro. De inmediato fue recibida por los profundos orbes negros grabándose a fuego en su alma. El dolor que había estado agonizando su vientre mientras estaba parada allí, se agitó, y supo que estaba goteando en sus bragas.

Por favor, oh por favor, ¿por qué tenía que ser esta noche?

Armitage se giró y esperó a que Snape lo siguiera. Con una última mirada a Hermione, él se volvió y caminó velozmente delante de su colega hasta que desaparecieron de la vista. Hermione se tambaleó contra el muro y dejó caer la cabeza hacia atrás contra él. Sería una larga noche solitaria.

Lo fue. Hermione dio vueltas y vueltas. Se había acostumbrado a su presencia junto a ella, alrededor de ella, dentro de ella. No podía recordar la última vez que se había sentido tan sola, aunque normalmente disfrutaba bastante de la soledad.

Finalmente llegó la mañana, y después de las primeras clases, al fin fue la hora de Pociones. Trató de no apresurarse demasiado hacia allí.

Él estaba allí, escribiendo con fluidez en la pizarra. El fuego dentro de Hermione de inmediato ardió con más fuerza de lo que podía recordar por un tiempo. Su cuerpo anhelaba su contacto, y se preguntó cómo sería capaz de sobrevivir a la clase sólo mirándolo. Él se dio la vuelta suavemente cuando todos los estudiantes estuvieron reunidos y se lanzó sedosamente a su lección. Hermione apretó las piernas. Joder, era demasiado. Su voz viajaba directamente a su clítoris. Pensó que podría correrse simplemente escuchándolo. Apenas captó una palabra.

"No puedo enfatizar lo suficiente la importancia de agregar la cantidad precisa del ingrediente correcto en el momento adecuado. Un fallo al hacerlo podría tener terribles consecuencias. Reúnan sus ingredientes, pueden comenzar."

Hermione fue sacudida de vuelta a la realidad por el arrastrar de sillas a su alrededor cuando sus compañeros se levantaron. Se puso en pie en medio de una nube e intentó recordar lo que él había dicho. Se dio cuenta con un poco de vergüenza de que había asimilado poco. Copió a Ginny y esperó lo mejor.

Instintivamente, Hermione mezcló su poción. Siguió sus reacciones viscerales para producir algo que pensó que parecía y se sentía vagamente correcto. Apenas sabía lo que estaba haciendo. Sus ojos lo seguían dondequiera que fuera, y cuando se acercaba o se deslizaba junto a ella, su vientre se retorcía de anhelo y apenas podía evitar extender la mano y agarrar su túnica. Él no la miró en absoluto, y eso la molestó. Creía que habían hecho las paces el día anterior, y había confiado en que los acontecimientos de esa mañana eran agua pasada. Ya no estaba segura.

Las pociones fueron terminadas. Snape se movió suavemente al frente de la clase y se giró.

"Es el momento de poner a prueba sus miserables esfuerzos. Como dije, la atención al detalle era de suma importancia en este caso en particular. Confío, con toda probabilidad, sin ningún medio de justificación, que hayan actuado siguiendo mi consejo. Si esta poción funciona, la persona que la ingiera debería adquirir la capacidad de ver a través de objetos sólidos como madera o metal. Como estoy seguro de que se dan cuenta… las ventajas de esto son múltiples. Si la poción sale mal…. los efectos pueden ser… desventajosos. Y, a pesar de la decisión del Ministerio – en mi opinión tonta – de permitir que se enseñe a los estudiantes de último año, enfatizo que más allá de estos muros, esta poción sólo puede ser elaborada con una licencia y bajo estricta supervisión." Sus ojos y voz eran duros y fríos. Esto no hizo nada para sacar a Hermione de su lujurioso ensueño. Pero lo que dijo a continuación lo hizo.

"Señorita Weasley. Probará la poción de la Señorita Granger. Por favor, tome una cucharada y tráguela."

Hermione de repente levantó los ojos. Apenas había estado prestando atención. Estaba segura de que no había producido la poción correctamente. "Uhh… Profesor Snape… quizá sería aconsejable probar la poción de otra persona."

Él se dio la vuelta para mirarla con intensidad. Estaba claramente confundido. "¿Y por qué, Señorita Granger?"

"Yo… no estoy segura de haber hecho mi mejor trabajo hoy, señor."

La miró fijamente por un momento, y vio su rostro curvarse en una leve burla. Sus entrañas se retorcieron, y esta vez no estuvo segura de si fue con deseo o enojo. De repente volvió a sentirse como una alumna de segundo año.

Snape se dio la vuelta para escribir algo en la pizarra, y arrastró hacia ellas de espaldas.

"Señorita Granger, sea tan amable de dar su poción a la señorita Weasley para que la pruebe."

Hermione tragó saliva y se volvió hacia Ginny. Su amiga no parecía remotamente preocupada. Si tenía que probar una poción, estaba encantada de que fuera la de Hermione. Hermione frunció el ceño ligeramente, pero antes de que pudiera detenerla, Ginny alcanzó su cuchara y la sumergió en el caldero.

Hermione observó con espantoso temor cómo se llevaba la cuchara a la boca y bebía la poción sin un momento de preocupación

Toda la clase se había girado para observar a Ginny. Snape estaba parado al frente, los brazos cruzados. Miró brevemente a Hermione, quien sabía que tenía una expresión de clara ansiedad en su rostro. Él no se inmutó, sino que simplemente movió los ojos hacia Ginny.

Su amiga sonrió alegremente, y se volvió para mirar al escritorio, preguntándose si podría ver a través de él.

"Oh sí… mira... la madera parece estar… adelgazando… es como si…" El alivio arrasó a Hermione. Pero luego notó que su amiga había dejado de hablar.

Ginny de repente se había quedado mortalmente callada y mortalmente pálida. Entonces su rostro pasó del blanco al azul en el siguiente instante. Sus manos se levantaron y aferraron su garganta, claramente incapaz de respirar. Ginny estaba jadeando, con una mano todavía apretada sobre la garganta, la otra atrapando el aire, desesperada por socorro. Hermione gritó. "Profesor Snape. ¡Rápido! Haga algo."

Snape ya estaba allí. Sus fuertes manos tumbaron enseguida a Ginny en el suelo, y le aflojó la corbata y el botón superior. Sin una palabra, agitó su varita y un vial de líquido se materializó en su mano. Con un movimiento fluido, lo había descorchado y, levantando la cabeza de Ginny con notable suavidad, vertió un poco del brebaje en su boca. La levantó más arriba para permitir que goteara por su garganta y la sostuvo contra sí.

Hermione retrocedió, las lágrimas corriendo desesperadamente por sus mejillas. Pero casi al instante, Ginny tomó una respiración honda y jadeante y su color rápidamente volvió a la normalidad. Respiró profundamente, el aire bienvenido fluyendo a sus pulmones.

Toda la clase también respiró en un suspiro colectivo de alivio.

Esperando hasta que estuvo seguro de que se había recuperado, Snape se quedó sosteniendo a Ginny por un rato, luego le hizo señas a una chica para que se acercara. "Usted – lleve a la señorita Weasley a la enfermería ahora. Explíquele a Madam Pomfrey lo que ha sucedido. Está recuperada por completo, pero se beneficiaría de algunos cuidados reconstituyentes. El resto de ustedes – despedidos. Señorita Granger, usted se quedará."

Él ayudó a Ginny a ponerse en pie. Ella se levantó con notable facilidad, y logró sonreír a Hermione, que estaba mirándola con una disculpa abyecta. "Está bien. No debías saberlo. Estoy bien ahora. Sinceramente. Está bien. Gracias, Profesor Snape."

Con esto se dio la vuelta y fue llevada afuera. El aula se vació. Hermione se quedó esperando que Snape la regañara.

Él no la miró, simplemente se volvió y se sentó a su escritorio. Luego, despacio, sus ojos se levantaron hacia los de ella. No habló. A pesar de lo que acababa de suceder, en algún lugar en el fondo de su mente, Hermione recordó que Ginny estaba bien, y también fue vagamente consciente del hormigueo en lo más profundo presente una vez más.

Aun así, él no hizo ningún sonido, simplemente estaba sentado evaluándola. Su respiración se hizo más profunda. Su vientre se retorció, pero no pudo detectar nada en su rostro que sugiriera que estaba juzgándola de otra forma más que como una alumna decepcionante. Por fin sus palabras bajas rompieron el silencio entre ellos.

"Esperaba algo mejor de usted, Señorita Granger. ¿Cómo podemos asegurarnos de que tales errores no vuelvan a ocurrir?"

"Dejaré eso en sus manos, Profesor Snape." Habló respetuosamente, pero fue consciente del significado detrás de sus palabras. Sintiendo una disminución de la tensión entre ellos, no pudo evitar dar un paso adelante, pero antes de que pudiera bajar el pie, su voz la detuvo.

"No se mueva. No he terminado de dirigirme a usted."

Lo miró sorprendida, confundida. Su mano se agitó y la puerta se cerró tras ella. Su piel comenzó a erizarse con familiar anticipación, y el latido sordo en su vientre se intensificó de repente. Esperó, en pie, mirando al frente. Él permaneció sentado a su escritorio.

"Por primera vez que puedo recordar, cometió un grave error en su preparación que, si yo no hubiera estado disponible para remediar la situación, habría tenido consecuencias muy graves. ¿Qué explicación tiene para esto?"

Habló clínica y fríamente. Ella no pudo detectar nada más allá del significado literal de las palabras en su voz. Hermione se sorprendió.

"Lo siento, señor," dijo las palabras instintivamente y las dijo en serio, casi olvidando lo que ambos habían compartido durante las últimas semanas. "He estado distraída recientemente. Debo haber embrollado las cosas. Quizá confundí un ingrediente por otro. Puede que haya leído mal las etiquetas."

"¿Está insinuando que los ingredientes en mi almacén no están claramente etiquetados?"

"No… no, lejos de eso, señor." De nuevo, lo había llamado señor sin siquiera darse cuenta de ello.

"Debe escribir un ensayo sobre las diferencias entre los ingredientes que deberá entregar el próximo miércoles. Eso debería disipar cualquier confusión persistente sobre el tema."

Hermione no podía creer lo que estaba oyendo. Debería sentir indignación, pero a pesar de la ausencia de insinuaciones sexuales obvias, el ardor en su interior era más fuerte que nunca. Su respiración se hizo más rápida. Resultaba abundantemente claro lo que él estaba haciendo, a pesar de su disculpa de antes. Estaba castigándola por su comportamiento de ayer. Y a pesar de saber que debería girarse y marcharse, igualmente, sabía que no lo haría, no podría.

Hubo silencio entre ellos. Snape continuó sentado mortalmente inmóvil en su silla, mirando con frialdad a la mujer parada frente a su escritorio. Hermione esperó. Luego, después de lo que parecieron varios minutos, su voz serpenteó baja hacia ella.

"Levántese la falda."

Su respiración se aceleró. Luego se concentró en lo que él le había dicho. No había estado esperándolo, pero lo había anhelado, y ahora no vaciló en obedecer. Miro hacia abajo y buscó a tientas para levantarse la falda por encima de las rodillas. Hizo una pausa antes de revelarse a él.

"Más alto," dictó él.

Lo hizo, metiendo la falda sobre sí misma un poco, mientras recogía el resto del tejido en la mano.

Sus ojos se posaron en la unión de sus piernas.

"Quítese la ropa interior."

La respiración de Hermione se volvió cada vez más laboriosa, pero bajó la mano libre para bajarse las bragas, retorciéndolas hasta los tobillos, antes de salir de ellas. Él observó su progreso a medida que descendían hasta el suelo.

"Abra más las piernas." Su voz profunda arrastró sus demandas generosamente.

Ella hizo lo que le pidió, viendo sus ojos volver a su sexo una vez más, antes de lanzarlos de vuelta a los de ella.

Silencio.

Hermione estaba tensamente preparada, expuesta a él. No sentía vergüenza, simplemente una necesidad desesperada por el incesante apretar de su vientre para encontrar un respiro. Trató de no hacer un sonido, sabiendo que sólo retrasaría su satisfacción más todavía. Por fin él volvió a hablar, tan profundo y lento, que apenas era una voz humana.

"Tóquese. Un dedo."

Ella logró concentrarse lo suficiente como para mirarlo. La miraba a los ojos, pero no pudo leer nada en ellos. Inicialmente ella no se movió, pero luego los ojos se él se dirigieron al ápice de sus muslos, recordándole su demanda.

Acercó la mano derecha usando su dedo corazón, y buscó tentativamente entre sus pliegues goteantes. Ella misma estaba sorprendida de cuán húmeda se sintió. Su deseo por él se reforzó en ella. Su dedo se movió despacio a lo largo de su sexo, arrastrándose hasta el brote inflamado en la parte superior. Cuando entró en contacto se sacudió hacia él, todavía mirando al hombre ante ella. Continuó moviéndolo ociosamente arriba y abajo, despacio, tratando de detener la incesante acumulación de placentera tensión dentro. Su lujuria estaba tan apretada, que sabía que no podría aguantar mucho.

"¿Se siente? ¿Se siente empapada por mí?"

Ella no podía formar palabras; la atormentaba tanto.

"¡Hable!" Fue un disparo a través del aire hacia ella.

Inhaló para sacar fuerzas. "Sí." La palabra apenas fue audible.

"Métalo dentro. Saque su deseo, su placer. Hágalo."

Ella lo hizo, empujando dos dedos profundamente en su coño empapado, acariciando a lo largo de sus paredes ardientes a medida que avanzaba.

Su cabeza cayó hacia atrás en un gemido de delirio.

"Mí – re – me." De nuevo, sólo hubo una demanda helada en su voz.

Ella incorporó la cabeza para encontrarse con sus ojos una vez más. Ahora creyó que pudo al fin ver la llama en lo más profundo de ellos. Mantuvo las caricias a lo largo de sus pliegues, cubiertos cada vez más de sus jugos. Su respiración se hacía cada vez más irregular y sus rodillas se aflojaron mientras sentía que sus músculos se preparaban.

"No va a correrse todavía."

Gimió de decepción, deteniendo el movimiento de la mano. Estaba tan cerca. El repentino cese de las caricias hizo que su clítoris palpitara agonizante en protesta, una corriente instantánea de sangre fluyendo dentro de él de nuevo.

"Espere." Su voz fue fríamente insistente.

Su boca se abrió en su esfuerzo por concentrarse. Su mano ya no se movía sobre ella. No se atrevió a permitir que lo hiciera.

"No deje de tocarse." Otro siseo bajo.

"Yo… no puedo…" pasó el dedo tan ligeramente como se atrevió sobre su sexo hinchado. Estaba tan maduro, tan expectante, que el más leve toque la enviaba sobre el borde. "Por favor."

"¿Qué?" le escupió él.

"Por favor… por favor déjame correrme." Fue un sollozo desesperado.

"Señorita Granger. Se dirigirá a mí correctamente cuando esté ante mí en mi aula." Una caricia verbal baja y suave.

Ella lo maldijo en silencio pero su clítoris palpitó dolorosamente al escuchar sus palabras. Estaba tan bien preparada, y supo que su respuesta simplemente aumentaría el placer a punto de engullirla. Exhaló las palabras tan enérgicamente como pudo.

"Por favor… déjeme correrme… señor."

Obligó a sus ojos a abrirse una vez más para mirar los de él. Estaban bailando, y ahora una sonrisa burlona cruzó su boca. Esperó de nuevo, tratando desesperadamente de contener la inundación.

Sus palabras viajaron como una flecha disparada entre ellos. "Córrase – ahora."

Sus ojos se abrieron de alivio y de inmediato pasó los dedos firme y suavemente para frotar su clítoris desesperadamente expectante. Su mirada se desenfocó y abrió la boca, sus rasgos se convirtieron en una expresión de sorpresa desconcertada. Su cuerpo se tensó y luego se disolvió. Irradiando desde su núcleo, el placer se abrió paso a través de su cuerpo. Inhaló un aliento jadeante. Se retorció y sacudió alrededor de sus dedos, sus ojos fundidos con los de él, a pesar de que su cabeza cayó hacia atrás en rapto.

Le tomó un tiempo a su cuerpo recuperarse. Sólo logró mantenerse erguida, y encontró sus dedos todavía incrustados en su centro goteante.

Snape se puso en pie, y lentamente caminó hacia ella. Llegó, se paró frente a ella y la miró de arriba abajo. Su mente estaba demasiado nublada para preguntarse por sus acciones. Luego, sin romper el contacto visual, alcanzó la muñeca de la mano enterrada entre sus muslos y la levantó. Llevó su mano, los dedos brillando con su placer, hacia su boca. El ceño de Hermione se frunció con expectante perplejidad. Separando los labios, llevó los dos dedos que habían sido empujados dentro de su coño hacia él, y lentamente cerró la boca alrededor de ellos. Fue lo más inesperado y erótico que Hermione había visto nunca.

No apartó los ojos de los de ella. Sintió que su lengua giraba alrededor de los dedos, limpiándolos, probándolos, poseyéndolos. Luego, succionando con fuerza, los sacó despacio de la boca.

Se quedaron mirándose el uno al otro durante un rato más. Ya no se tocaron ni se movieron. Luego oyó su voz, y supo que lo obedecería.

"Váyase ahora."

. . . . . . . . .

Así que ahora ella sabe dónde está…

¿Eso es todo? ¿Quién puede decirlo? Pero, ¿quién puede resistirse a eso?

XXX

N/T: No sé si sabéis que en inglés no existe el tratamiento de "usted". Que haya decidido mantenerlo en este capítulo entre ellos se debe a que ella lo llama "señor" repetidas veces y a la demanda que él le hace de que "se dirigirá a mí correctamente en mi aula." Pienso que no tendría sentido que le demandara algo así si él no estuviera haciéndolo también. ¿Qué opináis? Contadme si os parece adecuado, para que pueda mejorar en trabajos posteriores si no es así. Gracias.