Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es tufano79, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.
Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is tufano79, I'm just translating her amazing words.
Thank you tufano79 for giving me the chance to share your story in another language!
Figura Ocho
Capítulo Nueve: Diversión y Construyendo Relaciones
BPOV
No podía creer que hubiera subido al nuevo apartamento de Edward. Pero no podía dormir en absoluto. Genuinamente extrañaba tener sus fuertes brazos alrededor de mí y su cálido cuerpo protegiéndome. Lo que me sorprendió fue que Edward me dejara entrar y parecía feliz con tenerme ahí. Nos metimos en su cama nueva; me abrazó cerca de su pecho y en pocos momentos me quedé completamente dormida.
Y digamos que los sueños que tuve fueron muy calientes.
Eso es porque tienes a un precioso Brit picándote en el culo con su enorme polla. Vamos, chica… monta su miembro. Salta, salta, salta en su polla.
¿Qué demonios era eso?
Somos tus ovarios. Estamos emocionados ante la idea de que tengas novio. Bella, no nos volvemos más jóvenes por aquí.
¿Es en serio?
Me senté de golpe en la cama y miré al hombre dormido a mi lado. Tenía su brazo sobre mi vientre con una sonrisa decorando su cara. Miré el reloj y vi que pasaban de las seis de la mañana. Me acosté y miré a mi novio. Tenía un novio. Santa mierda. Este hermoso hombre acostado a mi lado era mi novio.
Dios, incluso con barba en su cara y arrugas a causa de las almohadas en la piel, se veía precioso.
Edward suspiró y me jaló hacia él.
—Bella —murmuró—. Tan hermosa. Mi amor.
¿Qué?
Me tensé en sus brazos y reflexioné lo que había dicho. Me había llamado amor desde nuestra primera llamada mientras él estaba en Inglaterra. Pero había hablado con Alice al respecto y ella dijo que era un coloquialismo británico de cariño. No me amaba. Todavía. ¿Cierto? En realidad, me gustaba cuando me decía "amor". Me sentía especial. Pero ¿no es demasiado pronto para ser su amor? Quiero decir, tenemos unas cuantas semanas conociéndonos. Es pronto. Demasiado pronto.
Me levanté rápido de la cama y busqué ansiosa mi chamarra. Encontré una servilleta y le escribí una rápida nota a Edward.
Edward -
Fui a correr. Cuando te despiertes, ven a mi apartamento para almorzar. Si quieres.
Bell
Le aparté el cabello de la cara antes de poner la nota en la almohada que usé. Suspiré y salí de su apartamento, cerrando su puerta con la llave que él me había dado el día anterior. Bajé a mi apartamento y me puse ropa para correr. Me estiré y salí. Durante mi ejercicio me presioné para ir lo más rápido posible sin lastimarme.
Después de haber corrido cerca de cinco millas, me detuve e intenté recuperar el aliento. Escuché una risita a unos pies de distancia.
—Vaya, vaya —dijo una voz masculina—. ¿Te falta el aliento, Swan?
Me di la vuelta y vi a James recargado en un árbol en el parque donde estaba corriendo. Su camiseta de manga corta estaba muy ajustada y su tatuaje de serpiente me miraba con enojo.
—¿Qué quieres, James?
—¿Quieres correr?
—No. No quiero correr contigo. ¿Por qué lo haría? Me llamaste de una forma muy odiosa —escupí.
—Mira, lamento eso —dijo acercándose a mí. Bloqueó mi salida del parque y casi me acorraló contra otro árbol—. Estaba enojado porque… sí. Lo siento. Entonces, ¿quieres correr juntos?
—¡Bell! —escuché. Miré sobre el hombro de James y vi a Edward con ropa deportiva corriendo hacia nosotros. Empujé a James y corrí hacia Edward. James me estaba fulminando con la mirada—. Hola —dijo Edward—. Quería correr contigo.
—Lo siento —dije—. Edward Masen, este es James Hunter. James, este es Edward. Mi pareja.
—¿Estás corriendo con tu pareja? Nunca hiciste eso con Black —se burló James—. Y no puedes competir con él, genio. Es británico.
—Eso era porque las piernas de Jacob median lo mismo que yo —bromeé patéticamente—. Y sí podemos competir ya que Edward es ciudadano americano. Si nos disculpas… —tiré de la chaqueta de Edward y casi salgo huyendo de ahí. Edward mantuvo el mismo ritmo que yo y cuando estuvimos fuera del parque, nos detuvo.
—¿Qué pasó? Parecía que te quería lastimar —dijo Edward, sus ojos verdes estaban brillando con enojo.
—No sé. Me bloqueó la salida y me miró feo. Trama algo —dije.
—Te extrañé esta mañana —murmuró Edward, acariciándome la mejilla—. ¿Por qué no te quedaste?
—Quería correr y supuse que tú no querrías hacerlo ya que te mudaste ayer —me encogí de hombros. Comencé a alejarme, pero Edward agarró mi mano con gentileza.
—¿Qué sucede? Estás distante —dijo—. ¿Hice algo para ponerte incómoda? Dímelo por favor para poder arreglarlo.
—Te lo diré cuando regresemos al apartamento. No quiero ojos espías que nos puedan ver, si entiendes a lo que me refiero —dije, sonriéndole con timidez. Asintió y corrimos de regreso al apartamento. Subimos las escaleras y nos dejamos caer en el sofá de mi apartamento.
—Habla conmigo, Bell —dijo, apartándome un mechón de la mejilla.
—Es que estoy entrando en pánico —murmuré—. Tengo… miedo.
—¿De mí?
—¿Algo así? —respondí—. Tengo miedo de nuestra relación y de que tú puedas lastimarme a la larga. No físicamente, sino emocionalmente. Ya sabes, ¿todo ese tema de la confianza?
—Bella, te prometo que nunca te lastimaré intencionalmente —dijo, doblando una pierna bajo su cuerpo. Acunó mi cara, acariciando con gentileza mis mejillas.
—Tengo una pregunta, Edward —murmuré, apartando mi mirada de la suya—. ¿Siempre es así? Quiero decir, no me malinterpretes, pero me siento muy atraída a ti. Parece ser demasiado rápido.
—Antes de ti nunca me había sentido así —dijo Edward reverente—. También me siento atraído a ti, Bella, eres tan… hermosa, inteligente y ni siquiera puedo pensar en más palabras para describirte. Y eso que soy muy locuaz. Cuando estoy lejos de ti, me duele el corazón. Cuando estoy cerca de ti, anhelo tocarte. ¿Es demasiado rápido? En relaciones convencionales, probablemente. Pero no cambiaría lo que tenemos por nada del mundo, Bell.
—Oh —susurré. Enterré la cara en mis manos—. Soy tan ignorante en lo emocional.
Edward me agarró y me puso en su regazo.
—No eres ignorante en lo emocional. Tal vez necesitas un empujoncito en la dirección correcta, pero estás bien. Estás a cargo. Y si hice algo mal anoche o esta mañana, lo siento.
—No hiciste nada. Has sido increíble y yo soy emocionalmente estúpida —dije, dejándome caer contra su sudoroso pecho.
—Detente —dijo Edward con fuerza. Lo miré, mordiéndome el labio. Rozó su pulgar sobre mi labio, sacándolo de entre mis dientes—. Vayamos a la pista. Necesitamos divertirnos en el hielo. Tengo Fever en la versión de Buble en mi iPod. Vamos a trabajar juntos y crear una obra de arte. Tú y yo.
—Ve a bañarte, apestoso, y reúnete conmigo aquí abajo en una hora —dije. Gruñó y me mordió el cuello. Me reí y salté de su regazo. Edward me besó con dulzura antes de salir de mi apartamento. Me bañé y me hice ondas en el cabello. Me lo até con una coleta baja y me puse un vestido de patinaje color negro y rojo. Me maquillé un poco, no tan pesado como para una actuación, pero más cargado de lo normal. Terminé de vestirme y agarré mi maleta de patinaje, poniéndola junto a la entrada. Preparé avena como desayuno rápido para Edward y para mí. Él sólo tenía pizza y cerveza en su refrigerador.
El sonido de alguien tocando en mi puerta llenó el apartamento y salté hacia allá para abrirla. Hice una nota mental de sacar una copia extra de la llave para Edward. Él estaba recargado en el marco de la puerta y tenía la maleta sobre el cuerpo.
—¿Lista?
—Primero el desayuno —dije, tirando de su mano. Nos comimos la avena y un café en un cómodo silencio. Edward lavó los trastes y me besó como agradecimiento por prepararle el desayuno. Nos subimos a su carro y manejamos hacia la pista de patinaje. Nos pusimos los patines en el vestidor. Subí hacia la pista y vi a Edward en el hielo. La música ya estaba sonando. Edward estaba patinando al ritmo de la música, moviéndose como un bailarín. Sus pantalones negros y ajustada camiseta negra contrastaban de forma linda sobre el hielo. Me lamí los labios al verlo deslizarse sobre el hielo. Era sexo en persona. Era increíblemente erótico verlo en el hielo.
Hizo un Tano lutz triple y me guiñó un ojo.
—Sé que me estás viendo, Swan. Quiero ver qué es lo que puedes hacer.
—¿Quieres ver mi antigua rutina? —pregunté.
Se detuvo y se acercó a su iPod.
—Prepárate —sonrió. Me quité los protectores de las cuchillas y puse mi chaqueta sobre la suya. Casi se le salen los ojos de la cabeza cuando vio mi vestido. Era algo muy sexy para mí. Puse mi propia sonrisa y me preparé. Le asentí ligeramente a Edward y las notas iniciales del bajo llenaron la pista. Me tocaba asumir el rol de seductora en esta rutina. La había patinado cuando tenía dieciséis años. Era inocente en aquel entonces. Ahora aumentaría el nivel y actuaría para mi novio increíblemente caliente.
Patiné alrededor de la pista, manteniendo contacto visual con Edward lo más que podía. Me torcí, dando la vuelta y saltando con la música. Mis caderas se mecieron y me martilleaba el corazón en el pecho. Aumenté la velocidad para hacer mi axel doble en medio de la rutina. Originalmente era un axel simple, pero ya había madurado desde entonces. También añadí más combinaciones y una secuencia extendida de espiral. Cerca del final de la canción me acerqué a Edward. Estaba recargado en los tableros, aferrándose a la orilla. Me mojé los labios y le hice una seña con el dedo para que se acercara a mí. Como si estuviéramos atados con un hilo, se movió hacia mi posición en el hielo.
Nuestras manos se acercaron. Me giró y me levantó sobre el hielo. Envolví mis piernas alrededor de su delgada cintura sin apartar la mirada de sus orbes color esmeralda. Me bajó con gentileza, me acomodó entre sus piernas y bajó mi espalda hacia el piso. Mi mano estaba alrededor de su cuello mientras él sostenía mi espalda. Cuando sonó la última nota, sus labios chocaron con los míos. No me di cuenta, pero me había levantado de nuevo y me estaba sosteniendo contra su pecho. Mis pies colgaban sobre el hielo mientras nuestros labios se movían juntos. Una de las manos de Edward se movió hacia mi pierna y la subió sobre su cadera. Junté mis patines detrás de su espalda y seguimos moviendo nuestros labios.
Sintiéndome valiente, tracé con mi lengua los labios de Edward. Él gimió y me sostuvo con más fuerza contra su pecho. Me aparté y fruncí el ceño.
—Perdón —murmuré. Solté mi agarre en su cintura y me deslicé hacia abajo por su cuerpo.
—Nada de disculparse —dijo Edward—. Me gustó. Mucho.
—Tú hiciste eso conmigo ayer y sí… nunca antes había sido besada de esa forma. Bueno, ya lo sabías —me reí de forma forzada.
—¿Qué habrías hecho si no hubiera gemido? —preguntó Edward. No estaba segura. No quería sólo meterle la lengua hasta la garganta. Eso habría sido asqueroso. Me mordí el labio y miré una pelusa en la camiseta de Edward. Tomó mi mentón y me miró—. Bella, no te voy a lastimar. Quiero estar contigo. No dudes de ti. ¿Por favor?
Alcé la vista hacia él, mirando directamente a sus hermosos ojos verdes. Toqué su cara. Acaricié sus mejillas, jalándolo gentilmente hacia mí. Me alcé sobre la punta de mis cuchillas y rocé mis labios con los suyos. El choque eléctrico que sentí me detuvo el corazón. Los brazos de Edward rodearon mi cintura. Me pegó a su cuerpo. Una vez más moví mi lengua sobre sus perfectos labios. Suspiró y abrió la boca. Su lengua se movió sobre mi boca, tentándome. Gemí en voz baja y llevé mis manos a sus rebeldes mechones. La suave lengua de Edward se metió entre mis labios y masajeó la mía.
Imagina esa lengua un poco más al sur, querida…
Oh. Dios. Mío.
La mano de Edward se enredó en mi coleta y ladeó mi cabeza. Sus perfectos labios bajaron de mi boca hacia mi cuello y se posaron en un lugar sensible detrás de mi oreja. Gemí y apreté el agarre que tenía en el cabello de Edward.
—Eres tan hermosa —murmuró sobre mi piel—. Hueles tan bien, amor. Me encanta la forma en que hueles. La forma en que te sientes. La forma en que sabes… Bella…
—Oh Dios —exhalé. Agarré su cara y junté mis labios con los suyos. Un gruñido salió desde su vientre, casi como un rugido. La música en la pista se detuvo de repente y nos separamos. Carlisle estaba sosteniendo el iPod de Edward con una sonrisita en la cara.
—Ya era hora —se burló.
—¿Qué? —pregunté, alzando una ceja—. ¿No estás enojado?
—¡Demonios, no! —dijo Carlisle al patinar hacia nosotros—. Ese tango en Tango fue muy sensual, ustedes dos derritieron la pista de baile. Como dije, ya era hora. Pero no quiero tener que controlarlos cada vez que tengamos práctica. Nada de montarse el uno sobre el otro en el hielo.
Grité y enterré la cara en el pecho de Edward. Sin duda alguna, tenía la cara del color del vestido. Edward también se aclaró la garganta. Envolvió sus brazos a mi alrededor, frotándome gentilmente la espalda.
—Está bien, amor. Es demasiado helado para hacer eso en el hielo. Se encoge.
Me aparté y fulminé con la mirada a Edward. Se rio en silencio, sus ojos bailaban con diversión. Le pegué en el pecho y me alejé patinando con el ceño fruncido. Carlisle estaba muerto de risa, se estaba apoyando en las rodillas mientras se reía de forma histérica.
—Ambos son unos viejos sucios y enfermos —gruñí.
—Él es viejo. Yo no —Edward sonrió.
—Cállate, anciano —dijo Carlisle, empujándole el hombro.
—Chicos —los regañé. Ambos me miraron. Alcé una ceja y les sonreí—. Me alegra que se lleven bien. Jacob y Carlisle…
—Nos detestábamos —gruñó Carlisle—. Jacob siempre intentaba presionar demasiado a Bella con los saltos y elevaciones. Sus comentarios indecentes eran inapropiados y groseros.
—¿Qué comentarios? —pregunté.
—Siempre decía cosas antes de que llegaras aquí. Hacía comentarios sobre tu cuerpo —dijo Carlisle—. No te lo dije porque te habrías sentido incómoda. Pero él sí era un viejo asqueroso. Quiero decir, muy asqueroso.
—Le patearé el culo. Maldito patán —espetó Edward—. ¿Qué decía?
—Um…
—Está bien, Carlisle. Quiero saber —dije, patinando hacia Edward. Pase mis brazos alrededor de su cintura. Me abrazó con fuerza, pero estaba tenso a causa del enojo.
—Mierda —dijo Carlisle, frotándose la cara—. Él solía describir, con muchos detalles, cómo le habría gustado estar contigo. Cómo te sentirías. Lo que dirías. Las cosas que te harías.
—Detalles, Carlisle —dije.
—Quería follarte. Con fuerza. Quería sentir, y cito: "tu dulce coño abrazando mi polla. Haré mía a Isabella" —murmuró Carlisle—. Me preocupas, Bella. Jacob ha estado llamándome y preguntando cuándo vamos a ensayar. Quiere venir a ver. Hay algo en él que cambió desde que se cayó. Es un hombre obsesionado.
—Le arrancaré la garganta —espetó Edward—. Más le vale no tocarla o tendrá que lidiar conmigo.
—Edward, no puedes resultar herido. Jacob es mucho más grande que tú —dije, aferrándome a su cintura.
—Él es más grande, pero yo tengo más determinación —dijo Edward con un guiño—. Nunca he perdido en una pelea y me he metido en unas cuantas. Liam tiende a abrir la boca en los momentos más inoportunos. Eso nos lleva a muchas peleas en bares.
—No podemos hacer nada respecto a Jacob porque sólo ha dicho esas cosas. Si lo ves y te sientes incómoda, llama a la policía, Bells —dijo Carlisle.
—Tal vez Charlie pueda pedir algunos favores y obtener una orden de restricción para mí —dije—. Creo que conoce al comisario de policía aquí en Seattle. Fueron juntos a la escuela.
—Dios —suspiró Edward—. Todos los patanes están tras de ti, amor. Quiero decir, Jacob tiene una rara obsesión y James…
—¿Qué pasa con James? —preguntó Carlisle.
—Me encontró cuando estaba haciendo ejercicio hoy. Fui a correr y se me puso enfrente. Algo así. Se apartó cuando Edward llegó conmigo —dije, mordiéndome el labio.
—Hmmmm —dijo Carlisle—. No quiero que salgas sin un acompañante. Alice, Edward, Emmett… alguien necesita estar contigo. Puede que esté tomando precauciones de más, pero Renee y Charlie me patearían el culo si te sucediera algo, Bells.
—No puedo imaginar… —dijo Edward con voz ahogada—. Bella estará protegida.
—También me preocupas tú, Edward. Asegúrate de tener cuidado —dijo Carlisle—. ¿Lo prometen?
Ambos asentimos. Edward me abrazó con fuerza, casi de forma dolorosa. También estaba temblando al abrazarme. Carlisle asintió hacia la salida e indicó que se iría. Envolví el cuello de Edward con mis brazos. Él enterró la nariz en mi cuello. Sentí un poco de humedad en mis hombros; estaba llorando.
—Edward, estoy bien. Tú estás bien. Todo va a estar bien —lo calmé mientras le acariciaba el cuero cabelludo.
—Juro que normalmente no soy tan llorón —dijo al apartarse, limpiándose las mejillas—. Es que… mierda. Estoy pensando que todos los que me importan y a los que amo me van a dejar. Primero mi papá y ahora tú. Además, dejar a mi mamá en Inglaterra fue increíblemente difícil.
Espera un minuto. Aguarda ahí. ¿Dijo que me amaba?
No, dijo que todos los que le "importaban y a los que amaba…" Eso no me incluye. Soy parte de los que "le importan".
¿Cierto?
—Edward, lamento mucho haberte alejado de tu familia. Tu mamá debe estar… mierda. Debe odiarme —dije, separándome de él.
—No, Bella —dijo Edward, tomando mis manos—. Mi mamá no te odia. Lo contrario. Está muy encariñada contigo. Y fue mi decisión venir a Seattle. Quería un comienzo nuevo después de la muerte de mi padre y todo el asunto de Tanya. Como sea, hablaré con el Dr. Tanga para pedirle que me recomiende un terapeuta.
—¿Le acabas de decir "Dr. Tanga" a Jasper? —me burlé.
—Sí, lo dije. No debería sentirme tan molesto por esto. Necesito hablar de esto con alguien. Alguien que pueda ayudarme a superar mi dolor. Tú has sido jodidamente fantástica —dijo Edward, acariciándome la mejilla.
—Pero no tengo un título en psicología —dije—. Siempre estaré aquí para ti cuando quieras hablar, ¿de acuerdo?
—Lo mismo va para ti, amor —dijo Edward, besando castamente mis labios—. ¿Quieres comenzar a trabajar con la rutina Fever?
—Definitivamente —dije.
Pasamos casi tres horas trabajando en la rutina Fever. Ya habíamos dominado casi la mitad cuando Edward comenzó a quejarse por su espalda. Le pregunté si le dolía debido al ataque de Alice con la puerta. Asintió y alzó la parte trasera de su camiseta. Su espalda baja estaba cubierta con un desagradable moretón morado. Lo arrastré fuera del hielo. Cuando regresamos al apartamento, lo empujé hacia mi cama. Quedó acostado sobre su estómago. Agarré mi bolsa de hielo del congelador y tape con eso su moretón. Siseó en voz baja cuando el frío golpeó su piel.
Mantuvo el paquete de hielo en su espalda por veinte minutos antes de quitárselo. Yo ya me había puesto ropa más cómoda y estaba hecha bolita a su lado. Sólo estábamos ahí viéndonos a los ojos. Los suyos eran tan hermosos. La tonalidad perfecta de esmeralda con toques dorados y cafés alrededor de la pupila. Su piel era pálida, pero suave. Edward tenía unas cuantas pecas sobre el puente de la nariz, que estaba ligeramente torcida. Dijo que Tanya le había golpeado en la nariz mientras practicaban el lanzamiento triple split. Se le quebró cinco veces. La última vez que se le quebró, el doctor le dijo que le sería de mucho beneficio operarse el puente. Edward bufó y preguntó si sería mediante rinoplastia. El doctor asintió y Edward se negó por completo. Dijo que era vanidoso, pero ¿una rinoplastia? ¿En serio? No, gracias.
Salimos a buscar algo de cenar. Edward insistió en llevarme a una cita. Se veía lindo usando mi laptop para encontrar un restaurante. Luego de encontrar uno a su gusto, me dio una hora para alistarme. Le pregunté qué debía usar. Dijo que jeans y una blusa casual. Edward me besó al dirigirse a la puerta. Le lancé mis llaves para que pudiera entrar cuando estuviera listo para irnos.
Me bañé rápidamente y solté mi cabello de la coleta. Me lo cepille, haciéndolo verse un poco desordenado y rizado. Me vestí en poco tiempo con unos jeans, una camisa de cuadros negra con rosa y un top negro por debajo. Debajo de mi ropa llevaba unas diminutas bragas y un sostén a juego. Alice se sentiría orgullosa de mí. Me levanté los pechos y me deleité con mi nuevo escote.
Me puse un par de aretes. Terminé de maquillarme y esperé a Edward. Él llegó unos minutos más tarde usando un par de jeans, una camiseta negra de cuello V y una camisa de cuadros blanca. Llevaba una chaqueta sobre el brazo.
—¿Me vas a dar una pista? —pregunté.
—Um, iremos manejando —respondió con una enorme sonrisa.
—Edward…
—Es una sorpresa, Bell —dijo al ofrecerme su mano. Me levanté y alcé una ceja—. Nos divertiremos.
—¿Necesito traer un bolso?
—Si quieres darme tu identificación y tus cosas, puedo meterlo en mi cartera —dijo, llevándose la mano al bolsillo trasero. Fui por mi bolso y saqué mi identificación y mi tarjeta de crédito. También agarré algo de dinero y le entregué todo a Edward. Tomó lo que le entregué, pero me regresó el dinero—. Yo invito, amor. No necesitas dinero. Llevo efectivo en caso de que me ponga ebrio esta noche y necesitemos tomar un taxi.
—¿No confías en mí para manejar tu nuevo bebé? —bromeé.
—Por supuesto que confío en ti. Pero ¿y si tú quieres un trago? —replicó—. Bella, hay que relajarnos esta noche. La primera parte será una cena para nosotros y luego nos reuniremos con Jasper, Alice, Rose y Emmett. Y esa es toda la información que te daré. Vámonos, preciosa.
—¿Preciosa? —bufé—. De acuerdo. —Puse los ojos en blanco.
Edward gruñó y me cargó, poniéndome sobre la barra para quedar al nivel de sus ojos.
—Bella, eres la mujer más hermosa del mundo. Al menos, para mí. Y mi opinión es la más importante. Eres preciosa, hermosa y absolutamente perfecta —me besó a lo largo del cuello y al terminar su declaración, me besó los labios con dulzura—. Te lo seguiré diciendo hasta el día que muera, hermosa.
Me sonrojé y asentí. Besé sus suaves labios. Me jaló hacia la orilla de la barra para quedar entre mis piernas. Mis dedos se enredaron en su suave cabello y nuestras lenguas se unieron en su boca.
Me siento sola aquí abajo… envía su sensualidad y su lengua mágica para abajo. Estás recién depilada.
Cállate.
Edward se apartó y apoyó su frente en la mía.
—Vaya. Bell, sé que no tienes mucha experiencia con besar, pero eres por mucho la que mejor me ha besado.
—¿En serio? —exclamé.
—De verdad —dijo, besando mi nariz—. Vamos. La cena nos espera. —Me ayudó a pararme y bajamos en elevador hasta su carro. Tecleó la dirección en su GPS y nos fuimos. Manejamos por una media hora hasta que nos detuvimos en un restaurante-bar cerca de Woodlawn.
—¿La Gallinita Roja? —pregunté.
—Cuentan con una deliciosa comida casera. O al menos eso decía la página de internet —se rio entre dientes—. Me muero por probar el "Filete de pollo frito más rico del área" —su voz se transformó con un pesado acento sureño y me guiñó.
—Es muy, um, pintoresco —me reí—. ¿Habrá pollos corriendo alrededor del bar?
—No tengo idea, Bell. Vamos —dijo mientras estacionaba el carro. Entramos al bar y nos sentaron de inmediato. Era temprano y no nos pidieron identificaciones. Nos sentamos y ordenamos la comida. Edward sí pidió el filete de pollo frito, puré de papa y aderezo. Yo iba a pedir una ensalada, pero Edward me dijo que probara algo más. Terminé pidiendo un sándwich de pavo. Edward también insistió en que pidiera una cerveza. Hice una mueca, pero seguí su recomendación.
Diviértete. No te matará, Swan.
Mientras comíamos Edward me preguntó sobre mi familia. Habíamos mencionado el tema brevemente. Sabía que mi padre era el jefe de policía en Forks y que mi mamá era una maestra de preescolar que renunció cuando yo comencé a patinar en las grandes ligas. Luego él me contó sobre su infancia en Inglaterra. Asistió a una escuela privada que básicamente era una escuela que te preparaba para la universidad. Cuando entró a la universidad estaba muy adelantado comparado con sus compañeros por las discrepancias en el sistema de educación. Esencialmente Edward había completado la educación de preparatoria y luego dos años de universidad mientras estaba en la escuela privada. Le pregunté si había usado uniforme y gruñó. Un saco de cuadros con pantalones negros y camisa blanca. Su mamá tenía fotos.
Necesitas ver esas fotos. Apuesto a que se veía adorable en su uniforme escolar.
Edward me preguntó si quería postre. Negué con la cabeza y palmeé mi estómago lleno. Todavía tenía la mitad de mi sándwich en el plato. Hizo un puchero, pero pidió la cuenta. Puse mi plato frente a él. Sonrió y procedió a inhalar el resto de mi comida. ¿Dónde la ponía? Estaba hecho de puro músculo, pero comía como caballo.
—Dios, Edward. Eres como un basurero humano —resoplé.
—Corrimos siete millas y media, y patinamos por casi cuatro horas. Ya gasté todo lo que acabo de comer —dijo—. Además, iremos a bailar esta noche.
—¿Qué?
—Bailaremos country —Edward me guiñó—. Jasper me envió un mensaje mientras me cambiaba cuando le dije a dónde pensaba llevarte. Sugirió este lugar. Al parecer, es un cliente frecuente.
—Sí. Es texano. Es un pueblerino loco —me burlé. El mesero regresó con la cuenta. Edward le entregó su tarjeta de crédito y me sonrió—. ¿A qué se debe esa sonrisa?
—Sólo estoy feliz por tener a mi hermosa novia en una cita conmigo —dijo.
—Es raro pensar que estamos saliendo —me sonrojé—. Quiero decir, soy tu novia.
—Y yo soy tu novio —se rio—. Sólo espero que no te des cuenta que soy un lunático adicto al sexo y me eches de una patada.
—No, esos son Alice y el Dr. Tanga —exclamé.
—Dios, esa imagen me resulta perturbadora y ni siquiera lo vi —Edward hizo una mueca—. ¿Cómo es que siquiera cupo ahí?
—Sí, no cabía. Todo estaba colgando —me estremecí.
El mesero regresó con el recibo. Edward lo firmó y le entregó la carpeta de regreso al mesero. Se levantó y me ofreció su mano. Caminamos hacia la sección de música en vivo del bar. Edward me pidió que le enviara un mensaje a Alice y Rose para saber si ya venían en camino. Saqué mi celular y preparé el mensaje. Todavía ni siquiera presionaba Enviar cuando escuché la retumbante voz de Emmett:
—¿Estamos en un BAR COUNTRY? ¿Qué carajos?
—¿Siempre es así de ruidoso? —resopló Edward.
—Usualmente sí —dije sin emoción. Edward se paró entre mis piernas cuando me senté en un banco alto. Me besó con dulzura. Me sonrojé y le sonreí tímidamente.
—¡Bellarina! —gritó Emmett al acercarse saltando a nosotros. Edward retrocedió y ordenó una ronda de cervezas para todos. Emmett me envolvió en un abrazo—. ¿Cómo estás, niña?
—¿Qué edad tengo? ¿Cinco años? —pregunté alzando una ceja.
—Más bien 105 —bromeó Emmett—. Pero estás fuera. En un bar country. Con nosotros. ¿Quién eres tú y qué has hecho con Bellarina?
—Emmett —le advirtió Edward al entregarle una cerveza—. No la molestes. Bella se está divirtiendo, ¿cierto?
—Hasta el fondo —dije al tomarme mi cerveza. Edward trazó mi muslo con su dedo sonriendo de forma torcida. Dios, esa sonrisa hace que se me mojen las bragas… Emmett miró nuestra interacción y empujó a Edward contra la barra—. ¡Emmett!
—¿Qué carajo, Masen? —dijo Emmett, empujando la espalda lastimada de Edward contra la barra. Tenía una mueca de enojo en la cara—. ¿Estás follándote a nuestra chica?
Agarré a Emmett de la oreja y lo aparté de mi novio. Emmett gimió en voz alta.
—Nadie se está follando a nadie —espeté al darle un golpe en la cabeza a Emmett—. Deja de ser un imbécil sobreprotector. Fuiste tú quien me dijo, y cito: "ponte ebria, enróllate con alguien, ten sexo". Pues estoy medio ebria. Edward y yo nos hemos besado, nada de enrollarnos ni tener sexo esta noche. Estoy siguiendo tu recomendación, Em. Así que deja de quejarte.
—Espera, tú y… ¿Edward? —preguntó Emmett con una ceja alzada.
—No puedes ser tan ciego —ladró Rose—. Dios, en la fiesta de pizza supe que iban a terminar juntos. Se follaban con la mirada.
—¿Qué? —grité—. No nos follamos con la mirada. ¿O sí?
—Tú no. Yo sí te follé con la mirada —Edward me guiñó.
—Me quitaron la virginidad de follar con la mirada —me reí.
—En serio, ¿quién eres tú y qué has hecho con Bella? Actúas muy normal y mordaz —dijo Emmett, mirando bajo mi cabello—. Edward, lamento haberte empujado, pero convertiste a Bella en una chica normal de 23 años.
—¡Hola! Estoy justo aquí, cabrón —gruñí, pellizcando el pezón de Emmett. Gritó y se apartó de un salto—. Y soy normal. Estás insinuando que tengo una enfermedad incurable o algo así. Sólo soy una persona reservada.
—Bella, un cadáver se divierte más que tú —dijo Jasper desde su lugar detrás de Alice. Iba engalanado con sus mejores ropas de vaquero. Jeans, cinturón de hebilla, una ofensiva camisa de cuadros y botas de vaquero. Alice combinaba con él usando un sombrero de vaquera color rosa, corsé de cuadros rosa y jeans.
—No me hagas contar todo —amenacé—. Y ahora éste también lo sabe. —Despeiné el cabello de Edward. Él sonrió con maldad y musitó "Dr. Tanga".
Jasper palideció y enterró la cara tras el sombrero de Alice. Su sombrero feo y rosa.
—¿Ping pong? —preguntó Alice, mirando a Edward.
—Nunca he sabido cómo jugar —dijo Edward, pasando su brazo alrededor de mi cintura—. Es por la pelotita y las raquetas. Me asustan. Tuve pesadillas cuando era niño. —Me reí y enterré la cara en su pecho. Edward estaba conteniendo la risa mientras me acercaba más a sí.
—Vengan, vamos a bailar —dijo Rose tomando mi mano. Las chicas nos fuimos a la pista de baile y nos pusimos en línea con el resto de los bailarines. Chocamos entre nosotras mientras aprendíamos los pasos. Unos cuantos bailarines empedernidos nos miraron feo mientras nos movíamos. Una chica con una minúscula minifalda de mezclilla, un ajustado top sin tirantes color rosa lleno de lentejuelas, botas vaqueras a juego con un sombrero, que estaban igual de adornados, nos dedicó una mirada letal.
Cuando la canción terminó, se escuchó una canción de Lady Antebellum por las bocinas. Sentí los brazos de Edward alrededor de mi cintura. Me dio la vuelta y se meció conmigo al ritmo de la música. Sonreí al movernos. Se agachó y me besó suavemente mientras la música inundaba el bar lleno de humo. La canción terminó y Edward se quedó en la pista de baile para intentar el siguiente baile de cuadrilla. Nos tropezamos entre nosotros, riéndonos histéricamente de la gente que nos rodeaba. Todos estaban cantando los pasos mientras los hacían. "Paso, paso, cambio, paso derecho, paso izquierdo…"
Cuatro bailes después, Edward y yo regresamos a la barra. Pedimos una cerveza y nos reímos un poco más de la gente que seguía bailando. La chica de las lentejuelas estaba intentando coquetear con Emmett, pero Rose no lo permitiría. Prácticamente montó a Em en la pista de baile. Lentejuelas frunció el ceño y regresó a su mesa con sus amigas igualmente llenas de lentejuelas, buscando hombres solteros en la pista de baile. Mientras veíamos a la gente loca de la pista de baile, las manos de Edward rascaban ligeramente mi espalda. Me recargue en su hombro, increíblemente relajada y feliz.
No, estás borracha.
No, no lo estoy. Estoy alegre.
El resto de nuestro variado grupo regresó a la barra y se acabaron sus cervezas. Rose eructó ruidosamente. Edward arrugó la nariz. Fulminé a mi amiga con la mirada. Ella sólo se encogió de hombros y dijo que era mejor afuera que adentro. Nos quedamos en el bar casi hasta que cerraron. Todos estaban bastante ebrios, excepto por Emmett. Incluso yo estaba borracha. Me estaba riendo como loca. Estaba tan borracha que me caí del banco de la barra. Edward me cargó con gentileza y me subió a su espalda. Rodeé su cuello con mis brazos, besando y mordisqueando su oreja mientras caminábamos hacia el Jeep de Emmett. Le entregué mi celular a Edward para que pudiera llamar al departamento de policía de Seattle para que no fueran a remolcar su lindo carro nuevo. Apenas estaba coherente mientras les explicaba la situación. Sin embargo, el oficial de policía que contestó su llamada le dijo que había tomado la decisión correcta.
Todos nos subimos al carro de Emmett y nos llevó de regreso al apartamento. Estábamos un poco apretados en el carro de Emmett. Alice y yo estábamos cada una en el regazo de nuestros respectivos chicos. Rose estaba en el asiento del copiloto. Estaba cantando una versión horriblemente desafinada de "Welcome to the Jungle". Alice y Jasper se estaban enrollando. Edward estaba acariciando con sus labios mi cuello, dejando suaves besos sobre mi piel. Me estaba poniendo muy inquieta y quería enrollarme con él yo también.
¡Ahora ya estamos hablando!
Muy pronto nos encontramos de regreso en el departamento. Alice y Jasper se fueron al mío. Yo agarré un conjunto de pijama y subí hacia el apartamento de Edward. Nos estuvimos besando por más de una hora en su cama antes de caer en un profundo y borracho sueño.
xx FO xx
La mañana siguiente fue una de flojera. Edward y yo estábamos muy crudos. Creí que mi cabeza explotaría. La única vez que nos aventuramos a salir fue para recoger su carro del bar. Incluso aunque estaba nublado y sombrío, ambos llevábamos lentes de sol y gorras. Y Edward insistió en que mis orejas eran perfectas, recordándome lo que dijo el día después de la fiesta de pizzas.
Cuando regresamos al apartamento, regresé a mi casa con reticencia. Tenía un montón de ropa por lavar y no se lavaría sola. Edward finalmente había ido a comprar despensa, pero se había perdido de camino a la tienda. Su elegante GPS le dijo que volteara a la derecha cuando debió haber volteado a la izquierda y había llegado a una parte peligrosa de la ciudad. Se estaba alterando.
Un poco…
Bueno, muchísimo. Estaba convencido de que vio a un chico dispararle a otro.
Probablemente no, Edward.
Regresó a casa después de su traumática experiencia en el supermercado. Justo antes de acostarme, escuché un suave golpe en mi puerta. La abrí y vi a Edward sosteniendo un enorme ramo de flores. Un ramo de flores rosas y moradas. Me las entregó y luego me dio un apasionado beso antes de subir las escaleras. Me fui flotando a mi habitación y puse el jarrón de flores en mi cómoda antes de acostarme a dormir.
El siguiente día lo pasamos en el hielo. Carlisle quería trabajar en adaptar algunas de las elevaciones y la secuencia de pasos según nuestras fortalezas. Teníamos algunos giros únicos en las elevaciones estándar y Carlisle se sintió increíblemente complacido. También le mostramos lo que hicimos con nuestra rutina Fever. Sólo había visto a Carlisle sin palabras en dos ocasiones. Esta era la segunda.
Durante nuestra práctica, Edward estuvo preguntándome sobre cuándo tendríamos nuestra cita por diversión. Había tomado la decisión de que iríamos el sábado. Teníamos dos días hasta nuestra cita. Puse a trabajar a Alice en conseguir reservaciones para Sky City, el restaurante en el Space Needle. Pensé en hacer algo extra turístico para Edward. En el parque donde se localizaba el Space Needle, había un museo de música y una exhibición de ciencia ficción. Había descubierto que Edward tenía un pequeño enamoramiento con Seven of Nine de Star Trek: Voyager. Alcé la ceja ante eso.
Ella era alta, tenía mucho pecho y rubia.
Yo era pequeña, plana como un panqué y castaña.
Edward insistió en que sólo fue una fase. Tenía ocho años. Sus gustos maduraron desde entonces y ahora prefiere a las castañas.
De todas formas, creo que Seven of Nine se tiñe el cabello.
¿Y ustedes son expertos en esto?
Sí.
Dios, mis ovarios estaban jodidamente locos.
Alice insistió mucho en crear un nuevo look para mí para mi día de diversión con Edward. Sólo quería una razón para ir de compras. Puede diseñar ropa a su antojo, pero en serio era una adicta a las compras. Lo bueno sobre Alice comprando para mí es que no tenía que probarme nada. Sólo recibía una bolsa de ropa sobre mi cama con una nota donde me decía qué accesorios usar con el conjunto nuevo y cómo arreglar mi cabello.
El sábado amaneció brillante y soleado. Hice un poco de yoga en el piso de mi apartamento. Edward y Carlisle insistían mucho en que ya no saliera a correr sola. Edward no podía ir todos los días por su antigua herida en la rodilla. Usualmente corría cada par de días.
Cerca de las nueve de la mañana, Alice me arrastró fuera de mi tapete de yoga y me empujó al baño. Estaba vibrando con emoción. Me bañé y fui atacada por un hada desquiciada en mi baño. Me secó y me alació el cabello a la perfección. Luego me maquilló. Fue algo sutil, pero muy cargado alrededor de los ojos.
Ahora, no me malinterpreten. Amo a Alice. Es maravillosa. Pero es toda una fuerza de la naturaleza.
Como un tifón.
Deja un camino de destrucción, o en mi caso: de moda, tras ella.
Luego de terminar con mi maquillaje y cabello, Alice me empujó hacia mi cuarto. En mi cama estaba la bolsa de ropa como había esperado. Me entregó un montón de encaje, empujándome hacia el baño. Me puse la lencería y tragué por lo sensual que era. El sostén tenía escote y mis limoncitos estaban derramándose por la orilla. Las bragas eran bóxer de encaje negro a juego con el sostén. Me puse la bata y regresé a mi habitación. El conjunto que Alice había elegido para mí fue un poco sorprendente. Era una ajustada blusa negra con una falda roja que llegaba hasta mis rodillas. Afortunadamente, me había entregado zapatos de piso para usarlos. Si íbamos a estar caminando por ahí, me moriría con tacones de cuatro pulgadas.
Finalmente había terminado de prepararme. Alice le tomó una foto a mi conjunto. Dijo que ella había diseñado la falda y quería ver cómo lucía en una persona de verdad. No en una modelo. Le alcé la ceja por ese comentario. Alice sólo me sonrió con dulzura y siguió tomando fotos. Su sesión de fotos fue interrumpida por un suave golpe en nuestra puerta. Ella gritó y corrió a abrir. Sacudí la cabeza por el alto volumen de su grito. Abrió la puerta de golpe y jaló a Edward para meterlo. Él estaba usando pantalones de vestir negros, un suéter de rombos color negro y llevaba la chaqueta de cuero sobre el brazo.
Le lancé una mirada a mi mejor amiga y dijo que había ayudado a Edward a prepararse para nuestro día de diversión. Carajo, íbamos coordinados. ¿Podríamos vernos más patéticos?
Al menos no están usando conjuntos deportivos a juego…
Alice nos juntó y nos tomó más fotos. Estaba lista para lanzar la cámara de Alice por la ventana. Pero se apartó. Edward también me atrapó con sus fuertes brazos diciendo que le gustaba que Alice estuviera conmemorando nuestra primera cita A SOLAS desde que nos convertimos en pareja. Quería copias de las fotos para ponerlas en su apartamento y así presumir a su hermosa novia. Alice gorjeo desde su habitación diciendo que recibiría las fotos cuando regresáramos.
Enmarcadas, ni más ni menos.
Yo manejé en nuestra cita ya que Edward todavía estaba conociendo el área. Además, quería que fuera una sorpresa. Pero el enorme Space Needle en el cielo era un poco llamativo. Un poco difícil de ignorar. Llegamos al Space Needle y estacioné el carro. Edward sonreía alegremente mientras caminábamos hacia el edificio. Íbamos tomados de las manos y paseamos por la tienda de regalos en la base del Space Needle. Edward vio una caja con joyería Helenite. Rodé los ojos y tiré de su mano. Subimos con la recepcionista del lugar. Confirmó nuestra reservación y procedió a comerse con la mirada a mi novio.
Si tan sólo tuviera puestos mis patines… estaría muerta.
Subimos en elevador y nos sentamos en nuestra mesa. El mesero tomó nuestra orden y Edward se disculpó para ir al baño. Me quedé sentada en silencio mientras lo esperaba. Miré el restaurante girar lentamente sobre Seattle. El horizonte cambiaba conforme nos movíamos. Luego regresó, y me besó la sien antes de sentarse.
—¿Estás bien? Te fuiste por mucho tiempo.
—Estoy bien. Me perdí un poco —dijo—. No me di cuenta que el restaurante se movía.
—Oh —me reí.
—Así que, en realidad nunca terminamos nuestro juego de veinte preguntas de nuestra primera pseudo cita —dijo Edward al inclinarse sobre la mesa—. Fueron más bien cinco preguntas.
—Y no olvides el desastroso juego en la fiesta de pizza —hice una mueca.
—Quiero continuar dicho juego —Edward me guiñó.
—Bien. ¿Con quién fue tu primer beso y qué edad tenías? —pregunté.
—Se llamaba Mackenzie y yo tenía trece años —sonrió—. Ella tenía dieciséis.
—Besaste a una mujer mayor —me burlé—. Ya conoces la respuesta a esa pregunta. Fue contigo y tenía veintitrés. Pero si alguna vez besó a otro hombre, tendrán que aspirar a mucho. Eres así de bueno.
—Es porque tú eres maravillosa —dijo Edward—. Si no fueras patinadora, ¿qué estarías haciendo?
—Probablemente sería escritora —dije—. Siempre me ha encantado leer y suelo escribir todas las noches. Es muy tranquilizante. Me da la oportunidad de reflexionar sobre mi día. ¿Qué hay de ti?
—Originalmente habría dicho que sería doctor —dijo con el ceño fruncido—. Estaba estudiando pre medicina en Northwestern, pero ya lo sabías. Ya que mi papá murió y los doctores no pudieron hacer nada para ayudarlo, he cambiado de parecer. Siempre he disfrutado de la música. He estudiado piano y sé tocar la guitarra. Probablemente indagaría más en la música o tal vez sacaría mi título para ser maestro. Maestro de música.
—Me encantaría escucharte tocar —sonreí—. Sabes, hay espacio en tu apartamento para un piano.
—Para un piano vertical —dijo, arrugando la nariz—. Me enseñaron en un piano de cola Steinway. Soy un poco especial con los pianos. Tiene que ser un Steinway o nada.
—¿No cuestan una fortuna de dinero? —exclamé.
—Cien mil dólares más o menos —se encogió de hombros—. Probablemente compraré uno si me mudo a un lugar más grande.
—¿Cómo? —pregunté—. Espera, olvídalo. No es de mi incumbencia.
—Bell, relájate. No me molesta compartir esto contigo. Mi padre fue un cirujano muy rentable. Como su padre. Mi familia está muy bien acomodada. Después de su muerte, recibí una considerable herencia. Tengo la vida resuelta —explicó Edward—. Técnicamente ya no tendría que trabajar. Pero lo haría, porque si no me volvería loco.
—No te comportas como si tuvieras mucho dinero. Lauren era una ricachona presumida. Presumía su dinero con todos los que conocía —dije con un estremecimiento—. Tú eres muy humilde.
—Eso es porque mis padres nunca presumieron su dinero. Sí, fui a una escuela prestigiosa, pero me ganaba mi mesada. Tuve un trabajo de verano. Trabajé para comprar mi primer carro y lo financié. Mi papá fue mi aval. También pagó por la mitad. Por cada libra que yo contribuía, él contribuía la misma cantidad.
—Oh —dije. Nos quedamos en silencio cuando nos trajeron la comida. Yo mordisqueé mi salmón.
—¿Cuál fue tu primer trabajo? —preguntó Edward.
—Fui niñera del niño malcriado de mi vecina —gruñí—. Me cortó un mechón de cabello porque le estaba diciendo que debía irse a dormir. Es suficiente decir que mi tiempo como niñera fue corto. Después de eso, trabajé como asistente en el Departamento de Policía de Forks, archivando y gestionando los registros en la oficina. Jodidamente aburrido, pero pagaban bien. Además, el jefe era increíble.
—Yo trabajé en un lavado de autos. Lo detestaba, pero pagó por mi patinaje —dijo—. Y por mi carro.
—¿Cuál fue tu primer carro?
—Un Renault usado. Era un pedazo de basura, pero era mío.
—Yo tenía una enorme camioneta roja que era tan ruidosa que rompía ventanas. Se murió cuando estaba en mi segundo año de universidad. Acabábamos de ganar nuestra primera competencia nacional y me ofrecieron trabajo como vocera de Wheaties. Usé el cheque que me dieron para comprar a mi bebé.
—Es un lindo auto. Un poco femenino para mí —bromeó—. ¿Mejor amiga?
—Hmmm, eso está en el aire.
—Explica por qué —dijo Edward, apartando su plato de comida.
—Todos en mi vida tienen su "trabajo" asignado. Sin embargo, Alice es mi mejor amiga y mi confidente más cercana. Pero estoy… olvídalo.
—No, Bell. Dime. ¿Por favor?
—Tú eres mi mejor amigo —susurré, mirando sus ojos increíblemente verdes.
—Tú también eres mi mejor amiga —dijo con una sonrisa torcida. Estiró el brazo sobre la mesa y tomó mi mano en la suya—. Te has convertido en una de las personas más importantes de mi vida, Bell.
Sonreí y agarré su mano.
—También tú, Edward. Una parte muy importante de mi vida. —Terminamos de comer y pagamos la cuenta. Agarré la cuenta antes de que Edward pudiera hacerlo porque esta era mi cita. Frunció el ceño cuando firmé el recibo. Cuando terminamos, Edward y yo subimos al mirador. Nos paramos en la plataforma con sus brazos rodeando mi cintura mientras mirábamos hacia Mount Rainier a la distancia. Pasó su nariz a lo largo de mi mandíbula y dejó besos suaves en mi cuello.
—Tengo algo para ti, amor —dijo—. Algo así como una muestra de mi aprecio por todo lo que has hecho por mí este último mes. Es el primero de los muchos regalos que espero darte.
—Edward, no tenías que hacerlo —me sonrojé. Me dio la vuelta y me miró a los ojos—. Hice todo porque me importas y quería que tu transición a los Estados Unidos fuera lo más fácil posible.
—Y lo has hecho. Me he sentido increíblemente acogido y quería expresar lo mucho que lo aprecio. Por favor, acéptalo —dijo Edward al entregarme una pequeña caja negra. La abrí y dentro estaban el collar y los aretes Helenite. El verde de la gema hacía juego con los ojos de Edward. Jadeé.
—Son hermosos, Edward —murmuré.
—Tú eres mucho más hermosa, Bell —dijo, besando mi frente—. Te los pondría, pero no quiero que tires tu collar por el Space Needle.
—En cuanto regresemos al apartamento, me los pondré y los usaré con orgullo —dije—. Gracias, Edward. De verdad no tenías que hacer esto.
—Sí tenía. Y prepárate para ser muy consentida, amor. Soy conocido por acurrucarme, acariciar y darle regalos al azar a la gente que am… que me importa.
¿Dijo que nos amaba? O sea, ¿casi lo dijo? O sea, amor, ¿AMOR?
Creo que necesitaba sentarme… ¿alguien tiene una bolsa de papel café? ¡Estaba hiperventilando!
Que lindos en su primera cita. Y qué lindo Edward por el regalo de Bella. Las fotos de la ropa que usaron y los aretes y collar de Bella las pueden encontrar en el blog de Tufano79, también las voy a estar subiendo al grupo.
Mil gracias por leer, espero sus comentarios ;)
