Epílogo

—¡Felicidades por tu graduación! —exclaman todos al mismo tiempo, alzando sus vasos de refresco. Hoy es el día de mi graduación y toda mi familia está presente, incluida, por supuesto, la familia de mi novia.

Ha pasado un año y un poco más desde que logramos derrotar a Sasori en aquella playa. Al día siguiente de eso, los noticieros relataron que varios vecinos de la zona fueron testigos de cosas extrañas ese día, aunque, para nuestra suerte, nadie nos vio, pues es una zona muy alejada. Papá y mamá despertaron creyendo que la irrupción de Sasori en la casa sólo había sido un asalto común, eso le dijeron mis hermanos, aunque ninguno me dejó de interrogar cuando me vieron volver a casa esa noche.

Kankuro y Sari se quedaron medio conformes con una explicación vaga, Matsuri y yo les dijimos más o menos qué había pasado y ellos optaron por quedarse con eso y no preguntar más: "prefiero ser feliz en mi ignorancia" había dicho mi hermano. Pero, por otro lado, Temari estaba furiosa, ella no se quiso quedar con una respuesta vaga y se enojó muchísimo con Shikamaru por haberle ocultado la verdad. Mi hermana es demasiado terca y, literalmente todos tuvimos que ir a hablar con ella para convencerla de perdonar al Nara, incluida Hinata, Tenten y hasta la propia Sakura, que apenas era cercana al grupo.

Finalmente, luego de semanas de no hablarle, Temari decidió perdonar al pobre, ella no puede recordar nada, pero de algún modo conoce la historia de todos nosotros y la suya propia, dice que quiere saberla por si un día los recuerdos vienen a ella.

Matsuri y yo ya cumplimos un año oficialmente como pareja, hemos sido muy felices desde que estamos juntos y ambos podemos recordar nuestras vidas pasadas. A veces nos escapamos a esa playa a pasar la tarde, usando mi teletransportación de arena, nadie siquiera puede notar que nos hemos ido.

—¿Ya has pensado qué vas a estudiar, Gaara-kun? —me pregunta la madre de Matsuri, resulta que ella es sumamente agradable y amable conmigo, se ha vuelto una gran amiga de mamá y me considera como parte de su familia.

—Gaara seguirá mis pasos —dice mi padre, cruzado de brazos, como siempre. A veces me pregunto si no le duele estar así todo el tiempo.

—¿Estudiarás arquitectura? —quien pregunta ahora es mi suegro, el padre de Matsuri.

Yo asiento, la verdad es que es una carrera que me atrae, considerando que soy bastante bueno para "construir" cosas vistosas.

—¡Eso es muy lindo! —exclama mi suegra, Matsuri se ríe bajito, está sentada a mi lado y bebe un poco de su refresco.

Yo me acerco a ella y le susurro.

—¿Qué te hace tanta gracia?

—Nada —responde en voz baja, sólo para que yo la oiga—. Es que me gusta esto, ver a nuestras familias juntas.

Yo sonrío al escucharla, ella tiene razón, es una experiencia muy grata, estoy seguro de que viviremos así durante mucho tiempo más.

—Oye... —murmuro a su oído, tomándole la mano debajo de la mesa, mientras los demás hablan de otros temas a los que ninguno le presta atención—. ¿Qué dices si luego de la cena nos escapamos afuera un rato?

—Yo digo que es una gran idea —contesta ella.

Escucho a mi padre carraspear y me doy cuenta de que nos está mirando, frunce ligeramente el ceño al vernos distraídos a ambos y Matsuri se sonroja un poco.

—Entonces —mi madre toma la palabra—. Ya sólo le queda un año a Matsuri-chan para acabar el instituto, ¿ya has pensado qué harás?

Mi novia niega con la cabeza.

—Tengo algunas ideas, pero no he decidido aún —contesta.

—Matsuri es buena en todo, lo que decida estudiar lo hará a la perfección —digo yo, sonriéndole ligeramente.

—Qué par de tórtolos —bromea Kankuro, largando una carcajada.

Mi ceño se frunce.

—Estos dos no paran de derramar miel, ya me empalagan —ahora dice Temari, haciendo que tanto Matsuri como yo nos avergoncemos.

—T-Temari —se queja Matsuri.

Los adultos sólo se ríen, incluso mi padre se está riendo, supongo que les hace gracia avergonzarnos. Después de la cena, todos se sientan en la sala a conversar, hablan de cosas aburridas, noticias que han acontecido últimamente, nada en lo que Matsuri y yo podamos contribuir, así que los dos salimos al patio.

Miro hacia todos lados, procurando que no haya nadie cerca y, cuando compruebo que es así, tomo a Matsuri por la cintura y pego un salto hasta que ambos quedamos de pie sobre el techo de mi casa.

—Gaara —se queja ella—. ¿Y si alguien nos ve?

—No hay nadie —respondo, atrayéndola un poco más hacia mí. Es de noche y hay luna llena, hace un poco de frío, así que no suelto a Matsuri—. Prefiero estar a solas contigo que con toda la familia hablando, son muy pesados —mis labios se fruncen un poco, así que Matsuri me mira como si viera a un niño berrinchudo.

—A mí me encanta verlos juntos —dice rodeando mi cuello—. Por cierto, felicidades por tu graduación, sé que lo harás fantástico en la universidad, mi Kazekage, te amo —murmura cerca de mis labios.

Yo sonrío, siento que mi corazón se aprieta cada vez que me llama así, no lo puedo evitar.

—Gracias, esposa del Kazekage —le digo a modo de broma—, también te amo —añado antes de besarla.

Ahora por fin estamos juntos y felices, no hay nada que nos estorbe, tenemos todo el mundo para nosotros y toda una vida para vivir.

...

—Entonces... —dice la mujer frente a nosotros, ajustándose los anteojos de marco cuadrado, que reflejan ligeramente la luz del sol que se cuela a través de la ventana de su oficina—. ¿Por qué una pareja tan joven como ustedes desea adoptar?

Miro de reojo a mi esposa, quien sostiene entre sus brazos a nuestra hija Aika, que sólo tiene un año de edad.

—Creemos que tenemos mucho amor para dar —responde Matsuri, sonriendo—. Nos encantaría poder dárselo a un niño que lo necesite, deseamos ser una familia grande y llena de felicidad —explica, emocionada.

Yo me pongo de pie mientras ella habla con la encargada del centro de adopción, me acerco a la ventana y miro a los niños que juegan afuera. Mis ojos lo siguen a él como si fuera una visión fantasmal. Desde que nos casamos, Matsuri y yo hemos visitado muchos lugares, viajamos por todas partes en su búsqueda y, hace dos semanas, lo encontramos, a Shinki.

Sonrío cuando veo que se tropieza y cae al suelo, pero rápidamente se levanta como si nada, sonriendo.

—Aún no he escuchado lo que opina su marido —dice entonces esa mujer, llamando mi atención—. Es inusual que las parejas quieran adoptar niños ya mayores, por lo general, eligen bebés recién nacidos, ustedes ya tienen una pequeña —dice mirando a Aika, quien juega con sus pequeñas manitos, está despierta, pero es muy tranquila.

—Desde el momento en que lo vimos, Matsuri y yo supimos que él sería nuestro hijo —le respondo, volviendo a mirar a Shinki.

La mujer sonríe con mi respuesta, parece convencida de que somos una buena opción para él.

—Supongo que, siendo así, no tengo nada que objetar.

Hemos estado durante dos semanas moviendo cielo, mar y tierra para hacer posible que nos concedan la adopción de Shinki, todavía nos quedan algunas etapas por superar, pero ya nos han dicho que es seguro que nos podremos llevar a nuestro hijo muy pronto.

—Gaara —me dice Matsuri, una vez que salimos hacia el patio, a ver a los niños más de cerca, parece muy emocionada de tenerlo frente a sus ojos—. Ya no puedo esperar —murmura, apoyando su cabeza sobre mi hombro.

—Falta poco —le digo, cargando entre mis brazos a nuestra hija. En eso, una pelota de fútbol rueda hasta mis pies, entonces veo que Shinki se acerca corriendo hacia nosotros, él sólo tiene siete años, pero su rostro es inconfundible.

—Hola, señor —me dice él, luego mira a Matsuri y le sonríe. No nos conoce, no todavía, no sabe que somos sus padres—. ¿Puedo llevar mi pelota?

—Claro —respondo, sonriéndole. Me acuclillo frente a él y Aika toma la pelota entre sus pequeñas manitos, lo cual me sorprende un poco.

—Ah, ¡qué bonita! —dice Shinki al verla, recibiendo su pelota de las manos de la pequeña—. Muchas gracias —le dice. Hace una reverencia pequeña y regresa corriendo junto a sus amigos, Matsuri está muy callada, parece que tiene ganas de llorar.

—Gaara... —murmura, llevándose una mano a la boca—. Es realmente él, es nuestro hijo.

—Lo sé —le respondo, volviendo a ponerme de pie, pero noto que Aika continúa estirando sus manitos hacia Shinki, quien juega fútbol con los demás niños.

Manito —murmura nuestra hija, dejándonos a ambos perplejos, solamente es una bebé, pero, de algún modo, sabe que ese que está allá es su hermano.

Matsuri y yo nos miramos el uno al otro, nos dedicamos una sonrisa y luego seguimos viendo el juego de Shinki. Muy pronto, por fin estaremos los cuatro juntos.

Fin

...

Yyyyy fin TT

Como se pudieron dar cuenta, hubo dos saltos de tiempo en este epílogo, el primero fue de un año, donde pudimos ver que ya todo está bien entre nuestra parejita, después de derrotar a su enemigo. El segundo salto de tiempo ya fue de varios años, ya son adultos y tienen a su hija, también encontraron por fin a Shinki, me encantó escribir esa parte, jajaja.

Ahora, les había dicho que esto no acaba aquí, ¿cierto? Pues no, esta historia tendrá una continuación, pero cambiaremos de protagonistas, ¿no les gustaría conocer más detalles de este mundo? ¿Por qué algunos pueden recordar sus vidas pasadas y otros no? ¿De dónde salió el libro que una versión pasada de Neji escribió? Pues, vamos a saber muchas de esas cositas en la próxima historia que GSMatsuri y yo estamos preparando, enfocada en Neji y Tenten, jajaja, se van a sorprender.

Así que ¡nos vemos en la siguiente historia!