Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer. La historia es completamente de la maravillosa Victoria Vílchez, yo solo hago la adaptación. Pueden encontrar disponible la saga "Antes de que… " de venta en línea (Amazon principalmente) o librerías. Todos mis medios de contacto (Facebook y antigua cuenta de Wattpad) se encuentran en mi perfil.
—Voy de camino —informé a Jasper, al otro lado de la línea.
Llegaba tarde, muy tarde. Después de pasar el día de un lado a otro, de asegurarme que María recogía a Alice y la llevaba al Level, todo lo que restaba era darme otra ducha, cambiarme y coger el anillo antes de salir de casa. Lo último se me había olvidado por completo, tan nervioso como estaba, y había tenido que regresar a casa cuando me encontraba ya a pocas calles del bar.
«Menudo fiasco si me declaro sin anillo», pensé para mí.
—Bella está que se sube por las paredes —comentó mi amigo—. Ha interrogado a todo el mundo porque a Alice se le ha ocurrido decir que esta noche iba a pasar algo.
Maldije para mis adentros. Yo que había desconfiado de la pobre Rosalie para mantener el secreto y resulta que era Alice la primera en meter la pata.
—Pero ¿sabe lo de la pedida? —inquirí, y apreté el paso, a punto ya de echarme a correr.
—Nada concreto, pero yo que tú me daría prisa.
Colgué y corrí, corrí como si me fuera la vida en ello. No quería que Bella llegase a imaginar siquiera que estaba a punto de pedirle que se casara conmigo. Conocía de primera mano el efecto que causaba una sorpresa como aquella, y aún sonreía al recordar a Bella bajando las escaleras del Level, cantando y con la mirada fija en mí.
Quería que todo fuese perfecto, tan perfecto como ella.
Cuando enfilé la calle en la que estaba el Level me detuve en seco. Me ardían los pulmones y me costaba respirar. Desde donde estaba, contemplé el cartel del bar, con sus letras destacadas en blanco sobre un fondo negro, y no pude evitar sonreír.
Casi podía percibir la presencia de Bella en su interior. Me pregunté si no habría personas destinadas a encontrarse fuera cuáles fueran las decisiones que tomasen, si esa leyenda que hablaba de un hilo rojo que conecta a dos almas gemelas no sería verdad. Resultará una realidad o no, estaba seguro de que Bella y yo teníamos un alentador futuro por delante, y la boda —siempre que Bella dijese que sí— sería un paso más en él, de los muchos que aún les quedaban por dar el uno junto al otro.
Eché a andar despacio, repleto de nervios pero saboreando la sensación de lo que estaba por suceder. Royce me saludó desde la puerta.
—Tu futura esposa ha preguntado por ti —señaló, reprimiendo la risa—. Pensé que te habías echado atrás.
—¿Y tú cómo demonios te has enterado? —repliqué, y me asomé a la entrada con cuidado de no ser visto desde dentro—. ¿Ha sido Jasper? ¿Y por qué todos creéis que no voy a tener valor?
El portero del Level negó con la cabeza.
—Da igual. No quiero saberlo.
A estas alturas ya no me importaba nada. Lo único en lo que podía pensar era en entrar en el bar, arrodillarme frente a Bella y proponerle que pasara el resto de sus días a mi lado.
—¿Vas a entrar o no? —preguntó Royce al ver que no me movía.
Estiró la mano que había mantenido a la espalda hasta entonces y me tendió el micrófono que le había pedido a Jasper para llevar a cabo aquella locura.
Asentí, tomándolo de entre sus manos, inspiré hondo y atravesé la puerta con decisión. Apenas unos segundos más tarde de tomar posición en lo alto de la escalera, las luces del local se fueron atenuando de forma paulatina. Busqué con ansia el rostro de Bella, temiendo no localizarla antes de que Jasper dejara a oscuras todo el bar. Por suerte, Alice a la había mantenido cerca de la barra, tal y como habíamos acordado. La vi parpadear confusa y decirle algo a su amiga, que se limitó a sonreír.
—Hace dos años que una chica se subió a la barra de este bar y se declaró a uno de los camareros —se oyó decir a Jasper por los altavoces—. Todos conocéis la historia... Bien, pues hoy es él el que tiene algo que decirle. Edward, todo tuyo.
Los primeros acordes de Dame comenzaron a sonar. Y solo entonces Bella debió aceptar que todo aquello tenía de verdad algo que ver con nosotros, porque se llevó la mano a la boca y su mirada voló de forma apresurada hasta la entrada. Era nuestra canción, nuestro particular himno, y ella lo sabía tan bien como yo.
Había llegado el momento...
Sonreí.
Sonreí como nunca y me dispuse a cantarle a la chica de mis sueños. Y en cuanto crucé mi mirada con la de Bella supe que el mundo podía irse al infierno y aun así yo jamás me separaría de ella.
Mientras cantaba bajé los escalones uno a uno, sin dejar de mirarla, sin querer perderme ni una sola de sus reacciones. Observé sus ojos abiertos por la sorpresa, la gran sonrisa que fue apareciendo su rostro, que se había vuelto de color carmesí.
Contemplé como se tapaba la cara, avergonzada, pero de inmediato retiraba las manos para seguir mis movimientos entre los clientes del bar. Sabía lo que estaba sintiendo, o creía saberlo, porque yo había ocupado una vez su lugar. Aunque estaba vez sería otra la pregunta que necesitaba respuesta.
Me encaramé a la barra y fui hasta donde estaba ella. Se rio a carcajadas, seguramente porque ella también estaba recordando su actuación. Le tendí la mano y esperé a que la tomara para izarla y colocarla frente a mí. Casi pierdo el hilo de la letra cuando me di cuenta de que llevaba puesto exactamente el mismo vestido que dos años atrás, uno de un azul eléctrico precioso, como ella. Pero me rehíce y no fue hasta llegar a la frase final de la canción que hinqué una rodilla sobre la madera y me dispuse a cumplir con nuestro particular ritual, pero en esa ocasión la frase variaría ligeramente.
AL FINNNNNNNN, lo va a hacer, lo va a hacer. Admito que cuando llegue a esta parte de la historia chille y me puse como una histérica. Y es que, dispárenme, pero amo este tipo de escenas. ¿Ustedes no?
—Ariam. R.
