Nota de autora:
¡Hola!
Bueno, por fin me he dignado a actualizar esta historia después de un mes y algo en hiatus, cosa ante la que quiero pedir perdón. Con esta historia he tenido un importante y molesto bloqueo creativo que he intentado sacarme por todos los medios, dando como resultado final este capítulo, que es el más largo que he creado hasta ahora.
Por otra parte, agradezco muchísimo todos vuestros favs y follows, también aclarando que algún día trataré de corregir los anteriores capítulos al ver que no marqué los cambios de tiempo (mil disculpas). A pesar de que ahora frecuento mucho más esta página, Wattpad sigue siendo mi red social principal y en su momento descuidé aquí un poco la historia.
Ah, y sentíos libres de opinar acerca del capítulo mientras sea de manera respetuosa, siempre estoy abierta a críticas y estas me ayudan a mejorar 3
Y ahora, antes de dejaros leer, os diré que mi próxima actualización será "Segunda Oportunidad", una narración extendida del juego de Age of Calamity con el Zelink como su principal pareja.
Bueno, tan solo me queda desearos una Feliz Navidad, y por si acaso no nos volvemos a ver hasta enero, un próspero año 2021, donde espero que todo esto mejore y podamos acortar el tiempo para volver a la antigua normalidad.
¡Nos vemos!
El agradable y mañanero aire fresco invadió los pulmones de la muchacha en cuanto abrió las lujosas ventanas que desde su cuarto dejaban ver el los animados tonos que decoraban los jardines reales. Una extraña sensación de calma se apoderó de la adormilada princesa, quien sintió un poco de paz interior y algo de lucidez al observarlos, sobre todo después de los ajetreados días posteriores a la petición de Link, unos días en los que el panorama cambió drásticamente y los constantes gritos de los constructores y de su padre poblaron sus oídos, además de pasarse alternando únicamente sus labores de princesa y sus horas de rezo seguido, sin ninguna pausa que le permitiera descansar un poco y aclarar su sobrecargada mente.
Resignada, observó el desastre que conformaban sus papeles encima de su escritorio, terminando por acercarse a él y comenzar a organizarlos. Ríos de tinta negruzca con formas elegantes era lo único que se podía apreciar en ellos, delatando una numerosa cantidad de información que había estado redactando estos días, destacando la ligeramente deformada tipografía que empleó en el final, el mismo que había redactado justo ayer por la noche, momento en el que el cansancio y el deber se debatían en su cuerpo por el control.
Su espíritu perfeccionista rogaba incansablemente para que lo cambiara por una versión mejor, que se decidiera a retrasarse unos minutos a la hora que Rhoam le pedía tenerlo allí, mas al final desistió al saber las posiblemente fatales consecuencias que acarrearían llegar más tarde de la hora acordada.
De camino a la cámara del rey, ella no pudo evitar sentir un escalofrío recorrerle la espalda, y, como consecuencia, que apretara las hojas contra su pecho. Trató de calmar a su acelerado corazón, mas le era imposible al verse en un lugar tan concurrido que podría hacer que se topara con él, y que, como consecuencia de ello, se volviera a sonrojar como una idiota y evitara mirarlo para así no volver a quedarse prendada por su gran atractivo físico, tal y como sabía que medio Hyrule hacía.
Una leve presión se instaló en su pecho al acordarse de aquello que tanto había escuchado de las bocas de las sirvientas y otras mujeres que se había topado por el castillo o por la ciudadela bajo su capa, aquello que en su momento ignoraba y escuchaba con indiferencia pero que ahora se clavaba con fuerza en ella, recordándole rápidamente que ella era la princesa y que jamás debería enamorarse de un caballero, ya que eso es conducirse a vivir bajo la tortura de un amor imposible.
En cuanto sus ojos se toparon con la puerta de la cámara de su padre, respiró profundamente, notando cómo los nervios se apoderaban de ella y el miedo a una nueva regañina aparecía. En todo este tiempo los gritos del rey no habían sido únicamente dirigidos a los constructores y sirvientas, sino que también habían recaído en su hija, normalmente enfocados en el poco interés que parecía mostrar en cumplir con su deber, como si algo distinto lo hubiera opacado y relegado a un segundo plano. Y aunque ella sabía de sobra cuál era el asunto que le había estado robando el sueño durante largas noches y que pudo haberse inventado algo para excusarse, prefirió quedarse callada y aguantar los sermones.
Al final, optó por llamar a la puerta y terminar con las cosas de una vez, recibiendo para su extrañeza un perturbador silencio al otro lado de la misma. Suponiendo en un principio que a lo mejor no la habían escuchado, volvió a llamar, sólo que esta vez con más fuerza y alzando su voz en un "Padre, soy yo, Zelda" que era perfectamente audible para todo aquel que se hallara ahí dentro, aún si en esos momentos estuviera completamente enfrascado en algo importante.
De nuevo se produjo un silencio absoluto, lo que motivó a la joven heredera a finalmente saltarse el protocolo y entrar sin avisar a la sala, encontrándose con que ésta se hallaba vacía y sin nada que indicara que hubiera sido ocupada en todo el día. Resignada, volvió a cerrar la puerta y redirigir sus pasos hacia su cuarto para dedicarse a investigar un poco o a leer algunas anotaciones llegadas de otros sitios, y así al menos mantenerse entretenida por varias horas antes de volver al gran comedor junto a su padre a "hablar", o al menos como él le había dicho.
Se pasó una mano por sus cabellos y bufó, algo frustrada y soportando el pesado dolor que se apoderaba de ella al pensar en el soberano, quien al parecer tenía asuntos más importantes que atender en lugar de dirigirle a su hija algunas palabras que no fueran negativas.
"Deberías dejar de pedir imposibles, ya que sabes que Padre está muy estresado y ocupado".
Sus ojos seguían mostrando una mirada inquieta al tantear los pasillos con algo de temor, lo que tan solo era un reflejo del estado de negación en el que se había sumido durante todos estos días. Era doloroso no poder verlo, su alma se dolía de no poder refugiarse entre sus brazos y sentirse protegida, pero también se dolía de tener que ver a su escolta de esa forma, de que el egoísta deseo de tenerlo únicamente para ella la invadiera cada vez más y la hiciera suspirar con el deseo de sentir un beso de su parte, y que aunque la atracción que sentía no era algo demasiado grande, lo era lo suficiente como para preguntarse si saldría de allí.
Aún sumida en sus pensamientos, ya se hallaba encarando la puerta de su habitación para acceder a ella y matar el tiempo con algo que no fuera sumirse en fantasías amorosas basadas en cuentos de hadas que leía desde pequeña. En cuanto se vio dentro, dirigió sus pasos hacia el puente que le servía de nexo entre sus aposentos y su pequeño laboratorio, fijándose de camino en cómo los guardianes se desplazaban por todo el área de prácticas, incluso notando cómo uno de ellos posaba un ojo en ella y después devolvía la atención a estudiar sus alrededores, lo que al final hizo que una pequeña sonrisa apareciera en su rostro antes de retomar sus pasos y abrir la puerta de la torre, terminando por apartar los papeles que cargaba a un lado del escritorio y sacando de uno de los cajones uno de los cuadernos en los que se hallaba información en proceso de actualización acerca de una de las instalaciones que más la tuvo intrigada desde que la visitó: el Santuario de la Vida.
—Bien, veamos qué ha descubierto Prunia.
oOoOoOo
"Al final, los resultados concluyentes de esta exhaustiva investigación por la que hemos agotado valioso tiempo son que no hay ninguna manera posible de mejorar el proceso de curación de la cámara regeneradora, ya que, a pesar de que hemos buscado cualquier idea creativa para solventar el problema, ninguna era lo suficientemente rentable o efectiva como para lograr nuestro objetivo, y los meses en los que nos dedicamos a profundizar en el estudio de la misma no han sido tan productivos como esperábamos.
Pero al menos pudimos sacarle algo bueno a nuestra estadía, para así al menos no marcharnos con las manos vacías. Con algo de sacrificio, y tras varios días tratando de entender su mecanismo, logramos saber cómo podíamos poner en funcionamiento la máquina y comprender cómo era el proceso curativo con el que ésta funcionaba, observando detenidamente y por turnos cómo el santuario curaba una pequeña herida autoinfligida, y aunque estábamos frustrados por no haber esclarecido todos los misterios que escondía la cámara, podemos sentirnos algo afortunados de no venir a hacerle sentir a Su Majestad que hemos desperdiciado demasiado tiempo y bienes.
Para terminar, Shaik, Rotver y yo, tras un tiempo discutiendo el futuro uso de esta instalación, concluimos en que la cámara regeneradora no podrá ser usada por nadie cuando llegue el momento, o en el más difícil de los casos, en una situación de riesgo máximo en el que se necesite urgentemente de su ayuda. Y aunque en un principio pensamos en traer equipos sheikah para volver a tapar la entrada, las conclusiones fueron más orientadas a dejarlo abierto por si cualquier problema surge."
Zelda cerró su cuaderno de apuntes en cuanto terminó de revisar el contenido de las hojas y lo miró con los labios apretados, suspirando con cierta decepción. Toda la ilusión que tenía de saber lo que escondía ese gran misterio se había esfumado rápidamente nada más posar su vista sobre las primeras líneas de la conclusión, dejándola con la sombra de la duda en su mirada y una pequeña sensación de desesperanza.
—Todo lo que podría ser de nuestra ayuda frente al Cataclismo parece fallar o no sernos del todo rentable. Esto es desesperante…
Derrotada, acabó desistiendo y desplomándose sobre el escritorio, posando su cabeza sobre la mesa y alzando una de sus manos a la altura de sus ojos, en concreto la mano derecha, en la cual se supone que debería estar la Trifuerza brillando y mostrando el sacro poder que sellaría a la bestia hasta la próxima era en la que renacería para tratar de vencer.
—Si no contamos con el apoyo de la tecnología ancestral… todo queda en manos de Link y yo —tras eso, cerró el puño y respiró profundamente —. Pero si no cumplo con mi destino, Ganon renacerá y por fin verá su sueño hecho realidad, con lo que Hyrule sería consumido por el mal… y yo sería recordada por la posteridad como la escoria, la que permitió que su reino cayera… la peor princesa que le pudo tocar a Hyrule.
Sin darse cuenta, sus ojos ya se habían aguado ligeramente, evidenciando lo que pronto sería su nuevo derrumbe entre los múltiples que llevaba teniendo toda su vida, los que tan cansada estaba de experimentar pero que eran inevitables. Era sencillamente horrible para ella estar constantemente tratando de hacerse de hierro y así evitar la debilidad, pero que en realidad nada a su alrededor contribuyera a que eso pudiera ocurrir, que siempre que lo intentaba tenía que acabar comprendiendo que jamás lo conseguiría, que ser fuerte era algo lejano a ella. Odiaba no poder hacer más, no poder sentirse útil y que de verdad estuviera haciendo algo bueno por culpa de su carga, porque prácticamente todo el mundo insistía en que su lugar estaba en las fuentes y no haciendo algo que podría ayudar al futuro de Hyrule.
Odiaba su vida.
Y aún más ahora, cuando cierta persona se ha quedado pegada en su mente y le causaba un estado de ensimismamiento que la evadía de manera casi inmediata de lo que fuera que estuviera haciendo en esos momentos, lo que enturbiaba cada vez más su normalidad, tensaba la relación con su padre y aumentaba los rumores por los pasillos del castillo, al final acabando por tener que darse cuenta de lo problemático que era sentirse atraída por alguien en semejantes épocas.
Sus ojos se cerraron con fatiga, aún con ganas de expulsar lágrimas de gran impotencia por no saber lidiar con sus emociones, por ser una imbécil que no es capaz de pegar ojo por las noches por culpa de pensar que en cualquier momento la imagen de ella y Link demostrándose un amor inventado por su mente aparecería para hacerla sentir más culpable de lo que actualmente se sentía. La falta de sueño continua que había experimentado durante todos los anteriores días comenzó a aplastarla en forma de una envolvente sensación de inconsciencia que se acentuaba con el pasar de los segundos, comenzando a adormecerla lentamente a pesar de los inútiles esfuerzos que la joven hacía para no caer rendida.
"Si tan solo mis estúpidos sentimientos no hubieran manchado nuestra perfecta relación de amigos…"
oOoOoOo
A partir de ahí, el tiempo comenzó a pasar a gran velocidad para ella al estar sumida en un profundo y reparador sueño, ajena al personal que se encargaba de sus quehaceres y a la presencia de un preocupado muchacho en sus aposentos, quien tras unos cuantos llamados a la puerta en los que no recibió ninguna respuesta que evidenciara que ella estuviera allí. Al final, y después de dar unas cuantas vueltas por el cuarto para tratar de localizarla, se decidió a subir por las escaleras de caracol que conducían a la torre anexa donde se suponía que debía estar ella, cruzando el puente con el máximo sigilo posible para no ser descubierto caminando sin la compañía de su superior.
Los labios de Zelda se curvaron de manera instintiva hacia arriba cuando los fuertes brazos de Link tomaron su espalda y sus piernas, terminando por cargarla y volver a conducir sus pasos hacia el cuarto de la joven para que así pudiera encontrarse más cómoda a la hora de reposar. De camino, observó cómo uno de los sheikah soltaba un pequeño grito de júbilo al conseguir activar uno de los guardianes que estaban pendientes de hacer pruebas, lo que hizo que una sonrisa triste emergiera en el rostro del espadachín al rememorar los resultados de la investigación secreta que Zelda le había detallado hace un tiempo, algo que podría desvanecer en gran medida la esperanza de las gentes y causar un gran revuelo en el momento en que saliera a la luz, obviamente en el caso de que todo lo que se descubrieron fuera verdad.
Cuando le tocó bajar las escaleras de espiral con ella en brazos, la apegó más contra sí en un intento de poder ver si ponía bien los pies en los escalones, lo que acabó por hacer que su corazón se acelerara más, que sus mejillas adoptaran un color carmesí y que su mirada se perdiera en el hermoso y apacible rostro de la princesa del reino, detallando con fascinación cada detalle del mismo y aspirando con satisfacción el dulce aroma que lo hechizaba cada vez que la tenía cerca a pesar de que sabía a la perfección que posteriormente comenzaría a sentirse culpable por comportarse así.
Zelda se removió un poco unos minutos después de haber sido dejada con sumo cuidado sobre la blanda superficie de su cama, con su respiración tomando un ritmo más irregular y sus párpados separándose levemente, aunque cada vez en mayor medida, lo que provocó que sus ojos conectaran con los de Link y una nueva sonrisa emergiera de su boca.
—¿Link? —lo llamó de manera medio adormilada, con su voz aún saliendo de manera algo ronca debido a su reciente despertar. Al recibir un simple asentimiento por parte del aludido, ella se limitó a acomodarse en la cama y bostezar ligeramente, para así luego evitar la intensa mirada de su contrario y dedicarse a centrar su cabeza en recordar lo que había estado haciendo antes de caer rendida ante el sueño, rememorando de golpe los papeles que aún permanecían encima de su escritorio y los apuntes sobre los fallidos experimentos con la cámara regeneradora. Aunque su primer impulso era correr a por ellos y dirigirse a toda velocidad junto a su padre, terminó por quedarse en el cuarto disfrutando del escaso tiempo del que disponía para estar con su escolta antes de que la noche llegara y los dos se tuvieran que separar de nuevo.
—Han pasado unos cuantos días desde nuestra última conversación —señaló Link al cabo de unos segundos de silencio absoluto —. A mi gusto, estos han sido unos días bastante lentos y monótonos. La verdad es que la falta de conversaciones largas de horas se nota con bastante facilidad.
Una pequeña risita salió de la boca de Zelda ante el indirecto comentario que el joven había hecho.
—Yo también te he echado de menos, Link. No ha sido fácil sobrevivir todos estos días con esta rutina tan estricta y sin apenas poder descansar y salir para hablar un poco contigo. Ha sido torturante, a decir verdad —comentó, acercándose al borde de la cama y quedándose al lado de su escolta mientras deshacía algunas arrugas que estaban presentes en su vestido después de haberse pasado horas en una misma posición.
—Al menos no es una tortura que haya durado demasiado tiempo. Pudo haber sido peor y no podernos ver por semanas.
Ante el dato, Zelda asintió con suavidad, dándole la razón en el tema y notando el alivio nacer desde su corazón. Lo que él decía era cierto, su padre pudo haberse mostrado mucho más estricto y exigirle hacer más cosas que la hubieran ocupado mucho más y que le impidiera gozar de la dulce compañía del espadachín, con lo que el agobio y la sensación de vacío que la invadió se hubieran acrecentado y la necesidad de refugiarse entre los brazos ajenos se hubiera vuelto bastante importante.
—En eso debo darte la razón. Padre ha sido considerado conmigo y eso me alegra, aunque a veces parezca que tiene asuntos más importantes que atender antes que brindarle apoyo a su desesperada hija —explicó —. Hoy, por poner un ejemplo, tenía que haberle dado unos papeles con información que él me había solicitado, y yo hice mi mejor esfuerzo para que quedaran lo mejor posible y pudiera dedicarme alguna buena palabra, pero justo cuando llego allí, descubro que él no estaba en su cámara, lugar donde me citó para que se los entregara. Eso me hizo sentirme realmente mal.
La dolida mirada de ella se posó sobre los azulados ojos de su acompañante, quien mirándola con cierta pena se aproximó aún más a ella, pasando un brazo por su cintura y permitiendo que la cabeza femenina se colocara sobre su hombro, escuchando su ruidosa exhalación y tomando la palabra para romper el pequeño silencio verbal que había durado unos segundos.
—Su Majestad me ha convocado en el bastión central para una reunión privada en la que me ha preguntado por la situación del reino, sobre todo lo que ha estado ocurriendo en las distintas regiones, aunque más especialmente se ha dedicado a preguntarme sobre ti —confesó, lo que consiguió captar la atención ajena —. Me ha preguntado varias cosas, sobre todo referentes a nuestra relación y el cómo pienso que llevas toda esta carga como pieza clave de la venidera lucha contra Ganon. En lo primero, me he limitado a responder que estamos en buenos términos y que hablamos un poco, ya que tampoco quería extenderme más por si no era correcto desvelar hasta qué punto éramos tan cercanos. Y por el otro lado, he intentado por todos los medios hacerle ver lo mucho que te esfuerzas por cumplir con tu deber, siempre diciéndole que te exiges demasiado sólo por contentar a la gente, a veces olvidándote de ti misma.
—Y él aún sigue convencido de que todo lo que hago es insuficiente, ¿cierto?
Los labios del muchacho se volvieron una fina línea, evidenciando lo que Zelda ya suponía.
—Sí. He intentado por todos los medios que te comprendiera lo más mínimo, que empatizara y se diera cuenta de sus errores, mas él no quiso escucharlos —relató —. Tiene demasiado miedo. Lo vi claramente en sus ojos al acercarme un poco más a él, como si pensara que todo lo que estamos intentando avanzar fuera en vano y que caeríamos inminentemente. Tanto miedo tiene que no se da cuenta del daño que está causando a su alrededor, tanto a sus súbditos como a su propia hija y el resto de elegidos. Está permitiendo que tu relación con él se desmorone al no saber qué más hacer para que la Trifuerza despierte, que poco a poco te vayas sumiendo en la desesperación porque te hace creer que rezar es la única manera de que éste aparezca.
—Pero esto sigue siendo mi culpa, Link —intervino ella con pesar —. Te agradezco enormemente que confíes en mí y que trates de dialogar con él ante la situación, pero eso no me deja exenta de culpabilidad. Realmente no estoy haciendo ningún esfuerzo para buscar la senda que me lleve a ellos, tan sólo me dedico a acatar sus órdenes. Pero tampoco sé qué puedo hacer para conseguirlo, pueden ser muchas cosas o puede no ser nada, y estoy tan perdida que no tengo ni idea de qué puede ser la solución.
Su voz había salido un poco más desfigurada por la tristeza y las inmensas ganas que tenía de volver a sumirse en un llanto, lo que hizo que inmediatamente Link la apretara contra él con mayor fuerza y la tratara de alentar acariciando su brazo con delicadeza, iniciando de manera interior un debate acerca de si debería continuar hablando de todo lo que Rhoam le comunicó acerca de lo que deberán hacer al finalizar la reunión, pero sin sentirse con ganas de hacerla sentir aún peor de lo que la conversación la había dejado.
—Hay algo más, ¿cierto? —cuestionó la hyliana cuando se sintió algo más calmada, como si acabara de adivinar los pensamientos que le invadieron durante los instantes en los que ella hizo esfuerzos para serenarse. Sus ojos se volvieron a encontrar, con los de la joven contemplándolos de manera seria e inquisitiva, instando a su acompañante a confesar lo que se estaba a punto de guardarse para no atormentarla más.
—El rey despidió a Lussie hoy mismo. Las cosas no están yendo nada bien, y, al ver que ella no aportaba nada para solventar tu problema al ser tu mentora, decidió que su estancia en el castillo ya había terminado, lo que quiere decir que ahora las cosas retornarán a como estaban antes a su llegada, con los anteriores horarios de rezo y una mayor frecuentación en las fuentes.
El cuerpo de la princesa inmediatamente se tensó al escuchar la información, haciendo que una sensación de molesto agobio se apodere de ella al rememorar la frustración de pasar demasiadas horas en las congeladas aguas de las fuentes, bajo la fría noche y un sepulcral silencio únicamente roto por sus constantes plegarias. Tendría que volver a acostumbrarse a una menor libertad por la que no podría dedicarse a lo que verdaderamente le interesaba, y a que los llantos que había conseguido reducir con el paso del tiempo volvieran a ser más frecuentes, todo gracias a las desesperadas medidas que su progenitor tomaba con el objetivo de salvar su reino.
—En parte, creo que ya me esperaba que tanta libertad fuera pasajera. Llevo años sin demostrar ninguna señal de cambio en mí que pueda evidenciar que haya progresado en la búsqueda de mis poderes, y de alguna forma me parece normal que se haya visto en la obligación de presionarme más.
Las suaves y reconfortantes caricias de Link cambiaron de sitio, esta vez siendo dirigidas hacia una de las mejillas de la princesa, trazando ligeros círculos sobre ella y secando las lágrimas que habían comenzado a brotar de manera atropellada e inevitable de sus ojos al no poder resistirlas más, al ser arrasada por la impotencia y la ansiedad que pesaban dolorosamente en su mente al escuchar cómo los gritos de su padre volvían a ella, tronaban en sus oídos y la hacían sentirse demasiado mal y un monstruo por no poder conseguir cumplir con su destino.
—Zelda —la llamó Link de manera dulce para captar su atención cuando la sintió un poco más calmada, aún si en su interior se hallaba iracundo y con ganas de rebelarse contra el soberano y hacerle ver de una maldita vez todo lo que está causando por tratarla así —. Sé que es duro para ti tener que cambiar tu rutina de nuevo y volver a los anteriores agobios, pero seguirás adelante y lo conseguirás. Sea como sea, despertarás tu poder y todas tus inseguridades desaparecerán. Tan solo es cuestión de tiempo, créeme cuando te lo digo.
Ella asintió con una pequeña sonrisa formándose de manera casi automática en su rostro, mirando con gratitud los azulados ojos de su escolta, aunque las lágrimas que se hallaban agolpadas en los suyos propios le impidieran contemplarlos en su totalidad. Se acurrucó más contra su pecho, dejando escapar una profunda exhalación de mayor alivio al sentirse un poco más libre después de soltar todo lo que llevaba dentro desde hace días y notando de nuevo una pequeña sensación de paz interior recorrerla al escuchar las rítmicas pulsaciones del corazón de Link.
—Gracias por estar conmigo aquí, Link. No sé qué hubiera hecho sin ti.
El aludido esbozó una dulce y afectuosa sonrisa a modo de respuesta.
—Yo siempre estaré para ti. No lo olvides.
