Lucha de dioses
Diana se colocó junto a la princesa y se acostó a su lado, observando luego a los soldados, un poco nerviosos aún. La doctora veneno había sido retenida entre dos guardias, y pese a que la alicornio recobro la cordura, seguía aterrada. Después de un rato en silencio, Celestia se decidió a hablar, abriendo los ojos, mostrando, para gran alivio de todos, su amabilidad y bondad infinitas, junto a una buena dosis de arrepentimiento.
- Disculpadme... mis queridos ponis... Me deje llevar por la ira.
- No pasa nada, su majestad, no dejaremos de amarla- dijo Trevor mientras se inclinaba, imitado por el resto de los presentes.
Celestia mostró una sonrisa tranquila y agradecida, observando luego a Poison Maru, que se encogió ante su vista. La alicornio se lavanto, seguida de Diana, y se acerco a la unicornio.
- En cuanto a usted, lamento mucho lo que tuvo que presenciar. Pero como bien sabrás, no puedo dejar sin castigo lo que has hecho. Serás llevada a Ecuestria y juzgada ante un tribunal de guerra.
Con un gesto de cabeza, los guardias se la llevaron al bosque, rumbo al carruaje en el que habían llegado. Al verla desaparecer, la princesa Celestia se giro para ver a la amazona, con una expresión de agradecimiento enorme.
- Tienes mi eterna gratitud, Diana.
- No he hecho mucho...
- Si que lo has hecho. Le diste a mis ponis la fuerza para hacerme ver mi error, sin ti, no habrían hecho nada, y Daybreaker habría comenzado una época de guerra sin fin. Por ello, tienes mi gratitud.
Celestia inclino su cabeza para tocar con su cuerno la frente de Diana, que inclino su cabeza en señal de respeto. Cuando se apartó, la alicornio se alejo al bosque, dejando solos a la amazona y sus amigos, y de entre ellos, Trevor fue el primero que se adelanto.
- Sabía que eras valiente, pero eso...
-No fue para tanto- dijo Diana, tratando de quitar importancia al asunto.
- ¿Qué no fue para tanto?- dijo Shoot con una ceja alzada.- No se tú, pero para mí, enfrentar a una diosa furiosa no es algo sin importancia.
- Si antes te tenía un poco de respeto, ahora lo tienes por completo- comento Kirak sonriente.
- Bella dama, sabía que tenías agallas, pero no que tendrías el valor de enfrentarla- dijo Show.
Diana no pudo hacer otra cosa más que sonreír a sus amigos, en especial a Trevor, dándole un fuerte abrazo antes de seguir a la princesa. El viaje en el carruaje fue bastante tranquilo, al menos para el grupo, pues Poison Maru estaba en un estado constante de nerviosismo. Pese a la oferta de Celestia de llevarlos a Canterlot, Diana prefirió quedarse en el pueblo para asegurarse de que estuviera a salvo sin ellos, cosa que la alicornio acepto. Los pocos habitantes que quedaban recibieron al grupo de la amazona con alegría, aún afectados por la pérdida de sus familiares, pero eso no les impediría tratar con hospitalidad a la yegua que les salvo y trato de protegerles en el último ataque. Tanto la yegua como el terrestre se dedicaron a ayudar en todo lo posible, reparando los edificios dañados, ayudando a establecer campos de cultivos y sustituir los destrozados por la guerra y por el ataque... Puede que no fuera el plan ideal para pasar el tiempo juntos de forma romántica, pero lo aceptaron con gusto.
Al caer la noche, los dos observaron la luna en el cielo mientras tomaban una cena agradable. Sus amigos habían preferido dejarles solos, aunque Shoot no pudo resistirse a tomarle el pelo a Trevor. Diana suspiro feliz, aún a sabiendas que tendría que volver a Temyscira, aunque... quizás pudiera convencer a su madre de que le permitiera quedarse en el mundo mortal. Sus pensamientos se interrumpieron cuando, en una de las entradas a la plaza, vio a un poni terrestre de pelaje rojizo, mirándola fijamente. A su mente le vino el recuerdo de aquel poni al que por poco mató, suplicando piedad. Curiosa, y tras escusarse con su amado, se dirigió hacia el, que se interno en las calles, alejándose. No importaba lo mucho que corriera Diana, siempre lo encontraba girando la esquina, saliendo del pueblo.
Después de un rato, salió de la población y lo vio internándose en el bosque, al que Diana corrió con todas sus fuerzas. Allí, pasaba lo mismo, cada vez que un árbol se interponía en su visión, el poni parecía más lejos, hasta que al final, lo vio en mitad de un claro, sentado tranquilamente mientras observaba la luna. Por primera vez, pudo verle bien, un pelaje rojo, crin del mismo color pero más oscuro y una cutie mark consistente en un hacha y una espada cruzadas tras un casco con cuernos. Confusa, la yegua se acerco lentamente y con muchísima precaución, deteniéndose en cuanto el terrestre empezó a hablar.
- Diana, Diana, Diana... Eres un profundo dolor de cabeza, hermanita- dijo sin girarse, dejando a la aludida con los ojos abiertos y muy confusa, ¿por qué la llamaba hermanita?.- Lo tenía todo perfecto, estaba a punto de lograr una guerra sin cuartel y con la suficiente crueldad y odio como para darme el poder suficiente para enfrentar a Padre y tomar su lugar, pero lo arruinaste, hermanita.
El poni observo a Diana con ojos rojo sangre, y una sonrisa llena de colmillos, poniendo los pelos de punta a la yegua.
- Cuando liberaste a este pueblo no le di importancia, ¿qué es una pequeña batalla perdida? Aunque he de admitir que me divertí mucho, ya me estaba aburriendo en ese rol de soldado en las trincheras, hasta que apareciste tú y le diste vidilla al asunto. Pero me decepcionaste al dejarme "vivir" y al derrumbarte. Un consejo, no te molestes por las vidas que tomas, los mortales no son nada comparados con nosotros, ni les prestes atención- dijo moviendo un casco de forma despectiva, volviéndose a la luna e ignorando el rostro confundido de la amazona.- Lo del laboratorio de gas... eso no fue tu culpa, fue de tu novio y ese actor, no lo había visto venir, la verdad. Les apaludo por ello. Pero lo del suero de súper soldados... joder, meses de persuasión silenciosa, conseguir abrirles la entrada a la Roca de la Eternidad y enseñarles el camino para crear el suero, arruinados. Liberaste al viejo y destruiste la base, eso me empezó a molestar, pero aún no considere necesario mostrarme y lidiar con esto yo mismo. Recurrí a mi último plan, enfurecer a la diosa del sol, ¿quién mejor para expandir el terror y fomentar una guerra sin fin que el lado malo del astro rey? Pero ahí estabas otra vez, arruinando mis planes, y sinceramente, ya cansas, hermana.
El terrestre se dio la vuelta y empezó a caminar hacia Diana, cambiando radicalmente en el camino. Su altura empezó a crecer hasta ser un poco más alto que Celestia, apenas unos centímetros, su crin se alargó y empezó a flotar en el aire, teniendo un parecido muy tétrico con la sangre, su piel se cubrió con una armadura negra como la noche y en su cabeza surgió un casco con sus cuernos que le hacían ver aún más amenazante. Se detuvo frente a una Diana bastante nerviosa, pero que se mantuvo en su sitio.
- ¿Quién diablos eres tú?- exigió saber.
- ¿No es obvio?- dijo el terrestre con una ceja alzada.- Vale que no he sido el hermano más... cariñoso del mundo, pero me debes reconocer de esas estatuas en Temyscira.
Fue solo entonces que el cerebro de Diana hizo clic, abriendo sus ojos como platos y retrocediendo un poco, la amazona vio al terrestre sonreir.
- Un placer conocerte cara a cara, Diana. Ares, dios de la guerra, a tu servicio- dijo con una reverencia burlona antes de levantarse y mostrar un rostro serio una vez más.- Ahora, vamos a hablar de tus continuos ataques a mis planes en contra de Padre.
- ¿Padre?- dijo Diana confusa.- P... pero si yo nací de una escultura de arci...
- Espera, espera...- dijo Ares confuso.- ¿Me estás diciendo que tu madre no te dijo la verdad nunca?
Al no recibir respuesta, confirmando sus sospechas, Ares empezo a reír, mientras que Diana solo lo miraba con curiosidad.
- Oh, cielos... esto es buenísimo. En fin... tú, querida Diana, no nacieste de una escultura de arcilla, ¿de verdad creíste que alguien con la fuerza, velocidad y regeneración de un dios podría tener un origen así? Eres, hasta lo que yo se, la última hija de Zeus, rey de los dioses.
- ¿Q... qué...?
En este punto, Diana estaba terriblemente confusa, todo su mundo se estaba viniendo abajo. Desde pequeña, había pensado que era producto de la misericordia de los dioses, a la que se le había otorgado el don de la vida para complacer a su madre. Y ahora, se le revelaba que no, que no había sido jamás una pieza de arcilla, que era la hija del mayor de los dioses, y su madre había decidido ocultarselo. Decidiendo dejar para después ese tema, encaró a Ares, mirándolo fijamente y tratando de hacer ver que esa revelación no le había afectado.
- Vale, soy tu hermana, ¿y? Dime que quieres de una vez.
- Tienes agallas- dijo Ares con una pequeña sonrisa.- Se nota que eres de la familia. En cuanto a lo que quiero, es simple, Padre lleva demasiado tiempo en el poder, y mira el resultado, los mortales nos han olvidado. Él dice que hay que dejar que los mortales sigan su vida, que no tenemos derecho a obligarles a rendirnos honor, y el resto de los dioses le hacen caso- dijo Ares con desprecio, y a Diana le estaba dando muy mala espina.
Si al ver a Daybreaker sabía que empezaría una guerra sin fin y mucho sufrimiento, con Ares estaba segura de que eso sería aún mayor. Con la versión oscura de Celestia, los mortales al menos tenían una pequeña posibilidad de vivir tranquilos siempre que le mostraran amor y lealtad, aún si fuera falsa. Pero con Ares, no, el se alimentaba del sufrimiento y la guerra, por lo que no podía permitirle ganar.
- No te permitiré cumplir tu objetivo, pienso detenerte, y contigo, a las guerras.
Ares rio con ganas antes de volver a centrarse en su hermana.
- Por favor, no me hagas reír. En primer lugar, yo no creo la guerra, lo hacen los mortales por si mismos, yo solo les doy ideas. Y en segundo lugar, tú no eres nada comparada conmigo, puede que tengas sangre divina y tu fuerza ya sea prodigiosa, pero te falta mucho para llegar a mi nivel, potranca.
Ares sonrió mientras rodeaba a la yegua, que trato de seguirle con la mirada.
- Me da igual, mi deber como Wonder Mare es proteger a los mortales.
- ¿Y crees qué podrás detenerme a mi? Es inútil, vas a perder. Lo mejor que podrías hacer es unirte a mi, y yo lo agradecería. He de admitir que eres interesante, y podría enseñarte muchísimo. Únete a mi, y gobernemos juntos el Olimpo y el mundo mortal- al terminar, se había colocado frente a la amazona, que le miró desafiante.
- Jamás.
- Que así sea, entonces.
Ares resoplo un poco antes de darle la espalda y caminar lejos de ella. Cuando estuvo a una distancia razonable, se enfrentó a Diana nuevamente y se preparo para la batalla. La amazona se preparo también para esta, puede que fuera un dios, pero no pensaría dejar que se saliera con la suya. El terrestre divino raspo el suelo con su casco derecho y agachó la cabeza mostrando una gran sonrisa, a lo que Wonder Mare le observo con el ceño fruncido. Se miraron durante un minuto antes de empezar a correr para encontrarse en el centro del claro, golpeándose con fuerza. Gracias a que tenía su misma fuerza y un gran entrenamiento en combate, consiguió mantenerse en su sitio, aunque no sin esfuerzo. El dios de la guerra echo hacia atrás su pata izquierda y golpeó en el rostro de la amazona, dejándola aturdida el tiempo suficiente para romper su defensa y golpear en su pecho, lanzándola varios metros hacia atrás. Cuando se recupero, vio a Ares avalanzarse sobre ella, consiguiendo levantarse y desplegar el escudo de Atenea justo a tiempo, chocando con el casco derecho del dios.
- Nada mal, hermanita- dijo Ares sonriendo con malicia.- Pero tienes mucho que aprender.
El suelo bajo la amazona se iluminó en rojo, para instantes después, estallar en llamas. Diana grito de dolor antes de apartarse lo más rápido posible, totalmente quemada, aunque gracias a los dioses, se estaba regenerando a bastante velocidad. Ares salió de entre el fuego de forma amenazadora, y cuando la amazona trato de levantarse para enfrentarle, el dios avanzó con gran velocidad para golpearla y tirarla al suelo a bastante distancia.
- He de admitir, que tienes potencial, Diana, pero aún te falta para llegar a mi nivel. Como dije antes, puedes unirte a mi.
- J... jamás...
- Como quieras... Una lástima, podríamos haber hecho un gran equipo.
Antes de poder acercarse, una bala le dio en una de sus patas, atravesando su piel y rozándole, haciendo que el dios diera una mueca de dolor, bastante leve. La herida pronto se curo, pero aún estaba el causante, y eso le molestaba. Al girarse, vio a Trevor apuntándole con su mosquete, observándolo con odio.
- ¡¡Aléjate de ella!!
- ¿O qué?
Por respuesta, el terrestre volvió a disparar, pero esta vez, Ares avanzó a gran velocidad, esquivando el disparo, golpeándolo con fuerza y estampándolo contra un árbol, quedando inerte en el suelo.
- Siempre olvido las sorpresas que dan los mortales. Ahora, te enseñaré lo que pasa si desafías a un dios- dijo antes de empezar a avanzar hacia el.
Diana se levantó a duras penas, observando el cuerpo del mortal al que quería tanto y a Ares avanzando amenazadoramente hacia su dirección. Una furia recorrió su cuerpo, dándole fuerzas suficientes para levantarse, desenrrollando el lazo de la verdad y agarrándolo con fuerza con su hocico. Lanzándolo con precisión, lo ato alrededor del cuello del dios de la guerra, impidiéndole avanzar más. Con un gruñido de molestia, el inmenso terrestre se giro para ver a Wonder Mare agarrando con fuerza el mango del lazo, sin retroceder ni un centímetro.
Colocándose sobre sus patas traseras, Ares agarró el lazo y tiro con gran fuerza, trayendo a la amazona hacia el, y golpeándola con su casco derecho, haciéndola caer varios metros hacia atrás. Wonder Mare se recupero justo a tiempo de rodar hacia un lado, esquivando las patas del dios de la guerra, que creo un pequeño cráter bajo el. La yegua se separó todo lo que pudo de su adversario, estudiándolo, mientras que este se quito el lazo y lo dejó caer al suelo, mirando luego a la amazona con, para asombro de Diana, orgullo.
- He de admitir, que tienes agallas, lo das todo en una pelea, aún si estás en desventaja. Y eso, es algo que aprecio en un guerrero. En otras circunstancias, me habría encantado tenerte bajo mi protección y enseñarte a ser una diosa.
- Antes moriría que trabajar a tu lado- dijo Wonder Mare con odio.
- Ya, lo he notado- dijo Ares mientras avanzaba.- Ahora, me estoy aburriendo, tengo que intentar mantener esta guerra viva, así que, si me disculpas, voy a matarte de una vez, y de paso, mostrarte el verdadero poder de un dios.
Ares dio un pequeño salto y, para asombro de Diana, empezo a flotar en el aire, exactamente igual a un pegaso. Se coloco en una posición erguida con sus patas delanteras extendidas a los lados, empezando a envolverse en un aura roja. El dios miró con una gigantesca sonrisa a Wonder Mare, quien retrocedía instintivamente.
- ¡Puede que entre los mortales seas una poderosa guerrera, pero para los dioses, no eres más que una niña!
Dicho esto, extendió sus patas hacia Wonder Mare, expulsando una gran cantidad de energía destructiva. Casi por instinto, Diana cruzó sus patas delanteras delante de ella, haciendo que el rayo impactara contra los brazaletes, que empezaron a brillar en rojo, pero no demostró signos de ir a romperse. La fuerza del impacto hizo que retrocediera unos pocos metros, aguantando todo lo posible mientras trataba de hayar una forma de devolver el golpe y salir viva. Fue cuando una pequeña idea surgió, y pese a que tenía muchísimas posibilidades de salir mal y acabar con ella viajando al mundo de los muertos, se le estaba acabando el tiempo. Se preparó para hacer su movimiento, centrándose en hacerlo perfecto, pues un solo fallo, y el foco destructivo le daría de lleno, y no habría regeneración, por muy divina que fuera, capaz de regenerarla.
Separó sus patas, apenas unos centímetros, y los golpeó con inmensa fuerza, haciendo un efecto de impulso que consiguió cambiar el flujo de energía de dirección, llendo directamente a Ares. Este no tuvo tiempo de esquivar, por lo que recibió su ataque en la cara, generando una explosión de proporciones titánicas que, por un momento, iluminó el bosque como si estuvieran en un día rojizo. Cuando todo quedó en silencio, Wonder Mare se permitió dejarse caer, agotada, y dejar que su cuerpo curara sus heridas poco a poco. No obstante, una risa hizo que girara la cabeza hacia la linde de los árboles, viendo al dios de la guerra saliendo del bosque con una sonrisa.
- Me sorprendes, Diana, estas llena de sorpresas. Pero por desgracia, no eres lo suficientemente fu...
Fue interrumpido por un inmenso rayo que cayó del cielo y golpeó en el centro del claro con potencia, justo en medio de los dos hermanos. Cuando este desapareció, en su lugar estaba un alicornio de pelaje azul eléctrico, una crin y barba hechas de pura electricidad, ojos tan azules como los de Diana, y una cutie mark consistente en una estrella de seis puntas conformado por rayos. Diana no necesitaba recordar las historias o las estatuas de los dioses, sólo verlo y sentir su poder ya le decían quien era, Zeus, rey de todos los dioses y dios del cielo y los rayos. Su sola presencia hizo que Ares reetrocediera asustado, pues pese a que había reunido poder de esa guerra, aún le faltaba para hacer frente a su padre, quien avanzó con el ceño fruncido.
- P... Padre... q... que agra... agradable sor...
- No te molestes, Ares, no estoy aquí como tú padre, estoy aquí como tu rey.
Esas palabras bastaron para que Ares se arrodillase de inmediato, aunque se notaba a leguas lo que odiaba hacer eso. Zeus rodeo al dios de la guerra, estudiándolo con un rostro sereno, pero Diana sabía que sólo escondía una profunda furia, los rayos en el cielo lo delataban.
- Ares, estoy decepcionado de ti. ¿De verdad creíste que no seguiría los pasos de Diana? ¿De verdad creíste buena idea tratar de sacarla del camino?
- Padre, yo...
- ¿Te he dicho que hablaras?- dijo Zeus mientras su crin y barba crepitaban.- ¿Te acuerdas de lo que te dije después de que crearas a los Windigos? Dije claramente que si volvías a intervenir en el mundo mortal, habría consecuencias.
- Solo trataba de probar a mi herma...
- ¿Crees que soy estúpido, Ares?- dijo el rey de los dioses con un gruñido, dejando estallar una tormenta eléctrica en el cielo.- Se bien lo que pretendías, y no estoy contento. Gobernar a los mortales en una etapa de crueldad y guerra sin fin sólo para hacerte más poderoso aún. Eres una deshonra para el Olimpo, pero te amo demasiado como para arrojarte a las fosas más profundas del Tártaro. Por ello, yo, Zeus, rey de los dioses, te sentencio a pasar la eternidad encerrado en Temyscira, vigilado por las Amazonas.
A la vez que hablaba, su cuerno se iluminaba en un aura azul eléctrico, y al acabar su sentencia, un gran rayo de energía fue expulsado hacia el dios de la guerra, que empezó a gritar de dolor. Ares comenzó a encogerse, adquiriendo el tamaño de un poni común, tremendamente delgado, y en un destello, dos brazaletes de plata se fusionaron en sus patas delanteras. Cuando el dios cayó inconsciente, Zeus se acerco, pasando un casco por su crin y suspirando, antes de girarse y acercarse a Diana, que se había levantado y miraba fijamente al rey de dioses y, por lo visto, su padre.
- Hola Diana, has crecido mucho.
- ¿Es verdad?- dijo la amazona, mirando a los ojos del dios.- ¿Soy tu hija?
Zeus la observo durante un rato, sin hablar en absoluto, antes de dar una pequeña sonrisa.
- No tiene sentido seguir ocultándotelo, honestamente, no se porque tu madre decidió hacerlo. Si Diana, eres mi hija, la última que he tenido hasta ahora.
- No lo parece...- dijo Diana con sus ojos entrecerrados.
Había pasado toda su infancia creyendo que era producto de una estatua en arcilla a la que le dieron vida. Ahora, sin embargo, resulta que había tenido un padre que no se había molestado en visitarla ni una sola vez. El dios del rayo empezó a reír con fuerza antes de negar con su cabeza y alejarse.
- Igualita a tu madre, con agallas- dijo Zeus sonriente, antes de señalar con la cabeza al inconsciente Ares.- Esos brazaletes le impedirán absorber la energía que absorbe de la guerra. Confío en que lo mantendréis apresado de forma segura. Dale recuerdos a tu madre.
Con una última sonrisa, Zeus alzó el vuelo y se interno en las nubes como un rayo. Diana observo el cielo nublado antes de centrarse en Trevor, que se había arrastrado hasta estar sentado en un tronco, con la espalda apollado contra este. La yegua se acerco y se dejó caer a su lado, mirándolo con seriedad, a lo que él solo le devolvió una sonrisa.
- Sinceramente, comparado con esto, la familia de Show es más amigable que la tuya. Yo pensando que te estabas enfrentando a un súper soldado mejorado, y era el maldito Ares. Joder, fue entrar en tu vida y ya he visto un buen par de cosas fuera de lo común.
- ¿Por qué me seguiste, Trevor? ¿Por qué diablos decidiste que era buena idea disparar al dios de la guerra?
- ¿De verdad pensaste que me quedaría tranquilo mientras te veía abandonar el pueblo y entrar en el bosque?- dijo el terrestre mirando a los ojos a su poni especial.- Puede que no sea un dios, o semidiós, o un guerrero con siglos de entretenimiento, pero soy un semental enamorado, y no puedo dejar a su suerte a la yegua que me robo el corazón.
Diana miró fijamente a Trevor, tratando de culparlo por perseguirla y meterse con un dios que claramente no iba a retroceder ante un arma de fuego, pero no pudo. Al final, suspiro rendida, dándole una sonrisa y un pequeño beso en la mejilla antes de acurrucarse junto a él.
- La próxima vez, deja que sea yo quien me enfrente a los dioses y a las cosas fuera de lo común.
- Vas lista, los Apple tenemos la fama de meternos donde no nos llaman.
Diana dio una pequeña risa, antes de que los dos se quedaran en un pacífico silencio. Claro que tendrían que abandonar esa tranquilidad pronto para llevar a Ares al pueblo y de allí a Ecuestria para luego llevarlo a su destino final, pero ya habría momento para eso. Por ahora, la amazona tenía planeado disfrutar de un poco más de su novio recién consolidado, antes de tener que volver a Temyscira y vigilar a Ares por mucho, mucho tiempo.
