En tanto, en el comedor de 3ra clase:
-Esto es genial – decía un hombre – ¡prefiero tener Ale más que cualquier Champaña de calidad! Y tú piensas lo mismo ¿verdad jovenzuelo?
-Eso es lo que tú dices, pero debes tener alguna champaña de refinado nombre si vas a beber con tu chica ¿verdad?
La contestación de Ronald llegó mientras este sostenía una pinta de cerveza y cruzaba las piernas reclinándose en su silla. La chica sentada a su lado no dejaba de sonreírle aun cuando el interés del de pelo bicolor se dividía con el extraño reloj en su muñeca.
-Tch… Knox no sólo está portando su uniforme de la manera incorrecta sino que además se atreve a beber durante el trabajo – se quejó William con una vena palpitando en su sien.
-Oh Will relájate – le dijo Grell con voz melosa, al tiempo que el shinigami carmesí estudiaba las manecillas del reloj con detenimiento – aún falta un poco de tiempo para que deba empezar su recolección así que no tiene nada de malo que el niño se relaje un poco. Además el desagrado de Rony por las horas extras hará que se esfuerce en hacer su recolección bien y rápido ¿no? – añadió con una sonrisa coqueta.
-¡Honestamente! – resopló el shinigami de pelo corto acomodándose las gafas con la hoja de su guadaña.
-Eso es tan lindo – habló la chica – ¡estoy celosa de tu novia!
-Sería bueno si yo tuviera una – respondió el shinigami – oh sí…
-¡Imposible! ¿Tú no tienes una novia?
-De todas formas, aun cuando yo no tengo una novia ¡tengo mucho tiempo! ¡Salud por nuestro tiempo libre! – invitó Ronald a un brindis que fue rápidamente coreado por las personas a su alrededor.
En cambio, en otro recuadro:
-¿Le gustaría un poco de "agua completamente purificada"? – Ofrecía un elegante camarero – cuesta 30 libras.
-¡ ¿30 LIBRAS?! – chillaron todos alarmados/indignados por el precio exorbitante.
El camarero estaba parado en la puerta de la sala de fumadores de la 1ra clase del Campania, y el hombre al que había hecho el ofrecimiento aceptaba tomar un poco ante las miradas atentas de Sebastian y el Conde (quienes por cierto estaban disfrazados).
-Eso es un precio bastante extravagante para el agua, lo cual probablemente significa que si alguien no puede cancelarlo, entonces ellos no están calificados para entrar.
-Eso tiene sentido – murmuró Abberline apesadumbrado mientras se imaginaba como un boleto de entrada tan costoso era prácticamente un precipicio para cualquiera (que no fuera de noble cuna) al tratar de involucrarse en la investigación.
-Bien, vamos – apuraba el Conde.
-Por favor espera – lo detuvo Sebastian – de acuerdo a mi información, la Sociedad de la Aurora tiene un determinado saludo. Aquellos quienes no lo conozcan serán obligados a retirarse.
-¡Decirme las cosas de ese modo! – Se quejó el chico – entonces ¿cuál es ese saludo?
Pero lo que sea que el mayordomo le haya dicho debió ser realmente perturbador, pues el niño miró a Sebastian con los ojos desorbitados, poniéndose pálido y comenzando a sudar.
-No puedo creerlo – murmuraba entre los temblores que recorrían su piel – ¿realmente tengo que hacer eso?
Ahora nerviosos todos se acercaron al manga de manera inconsciente. Realmente ¿qué requisito de entrada podría ser tan horrible como para que incluso el flemático Conde Ciel Phantomhive se asustara de ese modo?
-Si tú no puedes – le replicaba Sebastian con seriedad – seremos vistos como intrusos y tendremos que retirarnos inmediatamente, así que por favor no vaciles bajo ninguna circunstancias.
-Bien – se decidió el niño aun visiblemente preocupado – vamos. Por todos los medios.
Y así el agua fue servida, las puertas del salón de fumadores se abrieron y el paso a una reunión de aristócratas acaudalados quedó libre… excepto por un hombre robusto (o más bien regordete) que con una copa en la mano se paraba justo frente al Conde y su mayordomo mirándolos con seriedad.
-¿Ustedes son primerizos? – cuestionó sin otra introducción.
-La… - comenzó el niño con voz temblorosa – la llama completa en nuestros pechos… no se extinguirá por nadie… nosotros somos… ¡El fénix!
Y mientras decían esas palabras amo y mayordomo adoptaban una ridícula posición con una rodilla doblada al aire, brazos abiertos en la que más bien parecía una mala imitación de las alas de un ave torpe, la boca bien abierta y el cuerpo ligeramente encorvado.
Por segunda vez en el día los lectores tardaron varios minutos en procesar lo que estaban viendo…
Y entonces el Conde Phantomhive se escondió debajo de la mesa con el rostro ardiendo rojo de vergüenza, Grell Sutclift soltó una estruendosa carcajada que hizo lucir sus dientes peligrosamente afilados, las serpientes de Snake sisearon tan fuerte que el peliblanco no podía decidirse por la risa de quién debía interpretar, Arthur casi cayó de la silla por la falta de aire, Abberline quedó literalmente petrificado sin poder creer que lo que veía era real y los 3 sirvientes Phantomhive por su parte trataban de cubrirse la boca con las manos en un desesperado intento de salvar sus empleos… en cuanto a William Spears, bueno, él se vio obligado a desviar la mirada so pena de romper la regla 5 de la Asociación del Despacho Shinigami (trabajamos con frialdad, ni siquiera una sonrisa).
Sebastian sólo suspiró. En verdad ¡las cosas que hacía por su amo!
-¡Suficiente! – se quejó el Conde saliendo de debajo de la mesa (después de un muy largo rato) – ¡Ya cállense todos!
-Bueno, por lo menos ya vimos que es lo que lo puso en tan tremendo jaque Joven Amo – respondió Sebastian con una sonrisa – y si me lo pregunta en realidad el estilo coreográfico le conviene.
-¡Sebastian! – gruñó apretando los dientes.
-Vamos niño no te lo tomes tan mal – intervino Grell – por lo menos esta vez no tuviste que utilizar vestido rosa, corsé y coletas.
Y ese comentario lejos de tranquilizar las cosas sólo hizo arder nuevamente el rostro del Conde mientras un nuevo ataque de risas se derramaba en la habitación.
-Quien quiera que sea el responsable de esto se las verá conmigo – juró el Conde en voz baja…
…
Y esa, queridos lectores, es la razón por la que el resto de mi vida tendré que vivir a escondidas cuidándome las espaldas y huyendo despavorida cada vez que un adorable niño (o niña) con el ojo derecho cubierto o un mayordomo perfecto se acerquen demasiado.
En fin ¿en qué iba? ¡Ah sí!
…..
Pasaron varios minutos antes de que las personas en la Mansión Phantomhive recobraran la compostura y volvieran a leer.
En un principio el rostro del hombre regordete permaneció impasible, lo que crispó los nervios del Conde… pero entonces el tipo respondió el saludo imitando exactamente la misma pose ridícula, agregando un "¡Bienvenidos a la Sociedad de la Aurora!" y entregándoles dos insignias de membresía.
-No voy a hacer esto nunca más – se prometía a sí mismo el Conde aún sonrojado.
-Nunca digas "nunca" – comentó Grell, aunque fue rápidamente silenciado por la mano de William.
Entonces una risa estridente y muy conocida sonó en el lugar, atrayendo la atención del Joven Phantomhive a la conocida figura de Undertaker.
-Jejejeje – se carcajeaba el sepulturero – ¡Pensar que tú harías algo como eso! ¡Eso fue lo mejor!
-Pero ¿qué hace ahí el señor Undertaker? – expresó en voz alta Abberline la duda de todos.
-¿¡Undertaker!?
-¡Diciendo "El Fénix" con ese rostro serio! – continuaba en su ensueño el sepulturero babeando de la emoción.
-¡BASTARDO! – le recriminaba el Conde rojo de ira y de vergüenza a la vez.
-Bien, bien joven amo – intentaba tranquilizarlo Sebastian –. Lo más importante – su mirada se dirigió a Undertaker – ¿qué estás haciendo tú aquí?
-Mi trabajo – respondió el sepulturero – el hospital es un cliente regular mío.
Los ojos de William se entrecerraron. Llámenlo paranoico o lo que quieran, pero ese sujeto tenía un "algo" que le ponía los nervios de punta cada vez que aparecía.
-Nosotros estamos investigando la experimentación ilegal humana que se está llevando aquí – explicó el Conde – ¿tú sabes algo sobre la resurrección de los muertos?
El sepulturero se llevó un dedo al rostro de forma pensativa.
-Espera un segundo: Si tú quieres información entonces yo quiero mi compensación. Veamos… ¿Qué hay de ti haciendo esa pose una vez más?
Y mientras el chico estaba por responder que quién haría algo tan ridículo el grito de "¡EL FENIX!" proveniente de otra parte de la habitación llamó su atención, lo que lo hizo volverse hacia el sitio en el que el Vizconde Druitt hacía su (nunca discreta) entrada.
-¡Ese tipo de nuevo! – gruñó Bard con los puños apretados.
-Francamente cuesta creer que un tipo así tenga su licencia de doctor… dice Wilde.
En un principio El Vizconde se acercó a los "primerizos" en lo que parecía un simple intento de conversación casual, pero de buenas a primeras su atención se concentró en el Conde de una manera que sinceramente no parecía nada inocente.
-Si ese pervertido no suelta al Joven Amo en este instante tendrá que vérselas conmigo – pensaban en sintonía Bard y Mey-Rin.
-Si ese sujeto intenta dañar al Joven Amo otra vez lo arrojaré a través de la pared – se prometía Finny a sí mismo.
Creo que me gustaría darle una buena mordida a ese tipo – siseo Oscar al oído de Snake.
¡Vas después de mí! – le dijo Keats.
¡Pues tendrán que esperar su turno! – les demandó Wordsworth señalándose tanto a sí mismo como a casi todas las demás serpientes furiosas que estaban detrás de él.
Con la distracción del Vizconde, Undertaker fue perdido de vista por los protagonistas, pero Druitt les llamó la atención nuevamente al señalar al fundador Ryan Stoker…
Grell mencionó en voz alta que ese hombre era bastante atractivo, lo que le ganó una reprimenda de William y un suspiro exasperado por parte del Conde.
Cuando el pelirrojo preguntó a "Will" si su reacción era culpa de los celos, el shinigami de pelo negro lo (la) amenazó con asignarle 250 horas extras si no se callaba ya y permitía que la lectura continuara.
Con total seriedad el señor Stoker se paró al frente de la distinguida sociedad, comenzó a hablar de forma solemne… y después hizo el ridículo saludo del fénix con convicción y entrega.
-Sí, tienen razón – masculló Grell – un tipo ridículo como ese me avergonzaría frente a mis amigas.
-¡Damas y caballeros! – Comenzó a hablar el fundador – Gracias por venir hoy a la presentación de la investigación de la "completa salvación de la humanidad a través de la medicina" de la Sociedad de la Aurora. Y ¿Qué es la completa salvación dicen ustedes? Pues eso es… ¡Salud completa! ¡Un cuerpo saludable! ¡Dientes saludables! ¡Un espíritu saludable ubicado dentro de un cuerpo saludable! Y finalmente ¡Un humor saludable! ¡La salubridad es realmente espléndida!
-Sí, definitivamente me avergonzaría frente a mis amigas – corroboró el pelirrojo reflejando la expresión que Conde y mayordomo tenían en el manga.
-Como sea, existe el peor tipo de problema que no podemos superar no importa cuán duro nosotros lo intentamos. ¿Y cuál es, dicen ustedes? – Llevó su mano encima del féretro que habían traído detrás de él – ¡La muerte!
Inmediatamente la atención de todos regresó plenamente al manga.
-Y el gran poder que nos salvará de este desastre es ¡La medicina de la Sociedad de la Aurora! Nosotros vamos a mostrarles, damas y caballeros, los frutos de nuestra investigación de la "completa salvación de la humanidad a través de la medicina".
Y para tal propósito el féretro fue abierto.
-Margaret Connor, 17 años. La joven dama perdió su vida a una temprana edad debido a un desafortunado accidente. Esto es verdaderamente lamentable… un accidente que no debería haber sucedido, y su muerte no sólo la puso a ella, sino también a los corazones de su familia en una mala salud. ¡Yo quiero salvarlos completamente!
-Lo siento cariño – se burló Grell – pero no es como si permitiríamos que un humano insignificante nos impidiera hacer nuestro trabajo.
-¿El cuerpo es de verdad? – Preguntó el Conde.
-Probablemente – le respondió el mayordomo cubriéndose el rostro con una mano – pero el olor a muerte es tan intenso que está causando que mi nariz se crispe.
Sólo que la conversación quedó a un lado cuando Ryan Stoker anunció que el espectáculo iba a comenzar, y al mismo tiempo (en la tercera clase) Ronald Knox se despidió de las personas con las que había estado bebiendo.
-¿No te reunirías conmigo aquí otra vez mañana? – le preguntó la chica que había estado junto a él.
-¡Está bien! – Acordó el shinigami – si nos encontramos con vida así será.
-¿Qué quiere decir con eso? – cuestionó Finny extrañado.
-Probablemente el nombre de esa mujer esté en la lista de muertes y no está seguro si deberá recolectarla pronto o más tarde – respondió William indiferente.
Frente a los espectadores emocionados, el cadáver comenzó a levantarse.
-¿¡QUÉ!? –chillaron todos.
-¿Qué diablos está sucediendo? – Gritó el Conde – ¿Realmente revivió un cadáver?
-Algo así es una grave violación a las leyes de la muerte – dijo Spears acomodando sus lentes.
-Mmm… no sé Will – para variar Grell no había pronunciado el nombre de su superior con la coquetería habitual – desde cómo yo lo veo hay algo muy extraño en el comportamiento de ese "resucitado". Es decir ¿no alguien que regresa a la vida debería tratar de decir algo o preguntar lo qué acaba de suceder? O ¡No sé! Lo que quiero decir es que la mujer debería estar asustada o tener alguna reacción emotiva parecida a la de sus padres, o algo así ¿no? pero en cambio ella… - dejó la frase en suspenso.
-En realidad el señor Grell tiene un punto bastante válido – reconoció en voz alta Sebastian el pensamiento de todos.
-¡Gracias Sebas-chan! Pero ¡No me llamen "señor"! ¡Esa no es la forma correcta de hablarle a una dama! – se quejó el pelirrojo regresando a su actitud habitual.
Y sin embargo, de pronto "Maggy" atacó a sus llorosos padres asesinándolos con sus dientes como si fuera alguna clase de fiera salvaje.
-¿Qué está sucediendo? – gimió Abberline.
-Nada bueno – sentenció Bard.
-Joven amo, debe ponerse a salvo – chilló Mey-Rin.
A una orden del amo Sebastian arrojó sus confiables cuchillos de plata al cadáver, más este se levantó como si nada a pesar de haber sido apuñalado en el corazón.
-Ese es un ser que yo no entiendo – sentenció el mayordomo con gesto grave.
-Esto… no entiendo – murmuró Abberline sosteniendo el manga con las manos temblorosas – ¿cómo puede un cadáver volver a la vida y…?
-No ha vuelto a la vida.
Una vez que pronunció dichas palabras todos los ojos se volvieron hacia William Spears, y los que no se habían dado cuenta pudieron apreciar que, por primera vez desde su llegada Grell carecía en su rostro de cualquier indicio de burla o buen humor.
-Lo que vimos es innegable – habló entonces el Conde – ¡ese cadáver se estaba moviendo y no había cuerdas a su alrededor o cualquier otro mecanismo que pareciera controlar sus movimientos!
-No dije que no se moviera – insistió el shinigami – pero lo que sea que haya reanimado al cadáver, eso no quiere decir que se le ha devuelto la vida.
-Yo… es que no entiendo – confesó un Arthur bastante confundido.
-La muerte es un proceso tajante – explicó entonces Grell –: una persona se encuentra en una situación mortal, un shinigami es asignado al caso y dicho shinigami (una vez ve que el cuerpo de esa persona se encuentra en condiciones de sucumbir) revisa el registro cinematográfico con su guadaña de la muerte y recolecta el alma anotando los detalles en el formulario correspondiente. Una vez hecho esto el shinigami entrega tanto las almas como los formularios a los departamentos que corresponden y el cadáver vacío queda a disposición del mundo terrenal. Es verdad que algunos métodos de la medicina pueden ayudar a retrasar la muerte y que personas aparentemente muertas pueden ser reanimadas en determinadas circunstancias si el shinigami asignado se retrasa, pero esto (y me refiero a alguien resucitando) sólo puede ocurrir antes de que el alma sea recolectada, ya que una vez que el alma ha sido separada del cuerpo el registro cinematográfico se corta y entonces no existe ningún ser mortal con la capacidad de devolver esa alma. Dicho en otras palabras: un cuerpo sin alma es simplemente un cadáver.
-Por el tiempo que ha pasado entre la muerte de esa mujer y el abordaje al Campania el alma debe haber sido recolectada ya desde hace un tiempo – finalizó William – por lo que aún si esa cosa se está moviendo, continúa siendo por definición un cadáver.
-Entonces lo que estás diciendo es que la Sociedad de la Aurora encontró un método que le permite reanimar los cadáveres, pero en realidad no les ha devuelto la vida ¿no es así? – cuestionó Sebastian.
-¡Va! – se quejó Will – como si yo fuera a responder las preguntas de una sanguijuela como tú.
-¡Oye! – se quejaron los sirvientes preparados para saltar en defensa de Sebastian.
-Tal vez deberíamos seguir ya con la lectura – sugirió Arthur tímidamente en un intento de evitar la confrontación.
-El siguiente capítulo del manga es todo suyo – respondió el Conde siguiendo la misma línea de pensamiento.
Arthur entonces tomó el libro marcado con el número XII que tenía en la portada a Ronald Knox.
Capítulo 53. Ese Mayordomo, peleando.
Y en una imagen bastante tétrica de manos que intentaban tocar a amo y mayordomo podía leerse "Esta noche, el primer oponente".
Notando que el cadáver estaba fuera de control, dos miembros de seguridad dispararon en su contra sin que esto resultara efectivo (incluso uno de ellos cayó víctima de éste), lo que hizo huir a Ryan Stoker más, cuando el Conde estaba por correr detrás de él fue detenido por Sebastian.
-¿Cómo demonios se supone que nos encarguemos de esto? – se quejó el niño.
-¿Qué hay si la desmiembro a fin de que no pueda moverse más? – sugirió el mayordomo.
-¡Sí! – Festejó Grell – Justo eso es lo que yo haría. ¡Sebas-chan! No hay duda de que tú y yo somos… - su diatriba fue cortada por Will, quien de un tirón en el cabello lo obligó a apartarse del regazo de Sebastian, al cual casi se había subido mientras hablaba.
-Estos sujetos no pueden ser asesinados a menos que les destruyas su cabeza ¿sabes? ¡Justo de esta forma!
La voz (que tomó por sorpresa tanto al Conde como al demonio) provenía de Ronald Knox, quien de un salto posicionó su guadaña de la muerte (podadora) directamente sobre la cabeza del cadáver, la cual quedó completamente destrozada.
-Tú eres… - inició Sebastian.
-¡Espera! – Se quejó del rubio/pelinegro - ¡Ah! Ya veo, ¡Esta chica ya está totalmente muerta después de todo! Y yo que dije que la recolectaría apropiadamente.
-Pobre Rony, con lo que le molesta trabajar de más.
William iba a decirle que dejara de interrumpir pero Arthur continuó con la lectura sin darle la oportunidad.
-¿Qué es el? – le preguntó el Conde a Sebastian.
-Tú deberías conocerlos bien, Joven Amo.
-Este de aquí está bien – continuó el shinigami ignorándolos – ¡aquí vamos!
Y poniendo en marcha su podadora revisó el registro cinematográfico de Susana Connor colocando un sello de "completo" al expediente.
-¿Un shinigami? – cayó en la cuenta el Conde.
Y justo con su voz es que Ronald pareció recordar que no estaba solo, aunque se notó ligeramente sorprendido de que le hablaran de forma directa.
Aunque su expresión no reflejó nada, dentro de sí William Spears hizo una mueca mientras se preguntaba ¿había sido Ronald Knox tan irresponsable como para presentarse en la recolección en su forma visible? De alguna manera eso sonaba improbable, pues si bien es cierto que el joven shinigami solía ser impredecible y bastante informal de carácter, cometer un error así estaría por debajo incluso de un novato y de todas las cosas que Ronald Knox era, "zopenco" ciertamente no era una de ellas. Pero ¡un momento! No sería acaso que…
Bajo esa línea de pensamiento observó al Conde por el rabillo del ojo.
-Ese atuendo… ¿No me digas que tú eres el rumorado Sebas-chan?
Sebastian fulminó a Grell con la mirada pero el pelirrojo respondió mandándole un beso… lo que irritó profundamente tanto a William como a Mey-Rin.
-Tengo un poco de aversión hacia ese nombre. Como sea, yo soy el mayordomo de la familia Phantomhive: Sebastian Michaelis. ¿Y tú eres?
-De la Asociación del Despacho Shinigami, División de Recolección: Ronald Knox. Gracias por cuidar de mi supervisor.
Sin que pudiera evitarlo las mejillas de Mey-Rin se tiñeron de rojo. ¡Dios! ¿Eran sólo figuraciones suyas o viéndolo de cerca ese mujeriego se veía aún más atractivo que cuando se veía a la distancia?
-Acabas de decir que no pueden ser asesinados a menos que aplastes sus cabezas pero ¿ustedes shinigamis saben algo sobre la resurrección de los muertos? – preguntó el mayordomo.
-Nop, nosotros no sabemos ningún detalle tampoco. Es sólo que hemos tenido reportes de cadáveres, cuyas almas han sido recolectadas, moviéndose por ahí y cosas por el estilo. Entonces ya que la administración puso una demanda diciendo que era nuestra culpa yo vine aquí para investigar. Como sea, ésta de aquí realmente fue auténtica, un cadáver sin alma; porque yo definitivamente recolecté el alma de Margaret Connor hace dos semanas.
William resopló llevando tres dedos a su sien.
-Que los cadáveres comiencen a moverse sin alma suena bastante mal – murmuró Grell mirando a su superior con simpatía.
-Suena a una auténtica pesadilla burocrática – coincidió Will – y a una infinidad de horas extras.
El pelirrojo respondió a eso con un gemido de dolor.
-Así que el muerto no consiguió revivir y fue sólo un cadáver moviéndose – comprendió el niño.
-¿Es posible para un cuerpo sin alma estarse moviendo por ahí? – preguntó Sebastian al shinigami.
-Mi jefe dice que es imposible – respondió Ronald – pero el hecho sigue siendo que ellos en realidad están de pie y más o menos por eso es por lo que la Asociación del Despacho Shinigami está estudiándolo también.
Una vena en la sien de Spears se crispó. No es que Knox estuviese compartiendo información privilegiada pero no le gustaba que su empleado comentara tan casualmente los asuntos del despacho con un demonio.
-Así que la única cosa que sabes con seguridad es "si tú quieres asesinarlos, aplasta su cabeza" – meditó el demonio.
-Aunque realmente no es "asesinar" – precisó el shinigami –, es sólo "detener sus movimientos".
-Entonces mi plan de desmembrarlos también hubiera resultado efectivo – comentó el demonio.
-Sí pero simplemente aplastar sus cabezas es una opción más rápida – le respondió el Conde.
-Al parecer nuestra única opción está en forzar a Ryan a que escupa todo ¡Vamos!
Por tu propio bien Knox más te vale no dejarlos vagar tan libremente – pensó William.
Sin embargo apenas habían avanzado cuando Sebastian se vio obligado a detener el ataque de las navajas de la podadora que amenazaban con impactar su cabeza.
No está mal – felicitó el administrador para sus adentros.
-Si la administración se entera de un demonio a bordo – explicó Ronald – te apuesto a que ellos me van a decir "¿no estás sólo escondiendo el hecho de que dejaste que la bestia tomara todas las almas?" ¿Y no crees que ese tipo de falsas acusaciones van a meterme en muchos problemas? Si eso pasa totalmente tendré que hacer horas extras, así que ustedes ¿por qué no sólo desaparecen?
-No pueden culpar a Rony por no querer hacer horas extras ¿verdad? – preguntó Grell "inocentemente" al ver los ceños fruncidos de casi todos en la habitación.
Pero mientras el shinigami y el mayordomo se enfrentaban entre ellos Ryan Stoker consiguió escapar, por lo que el Conde decidió ir en su búsqueda dejando atrás a Sebastian.
Dicho sea de paso, la última indicación del Conde fue una distracción que Sebastian aprovechó para atacar a Knox, aunque el shinigami esquivó el ataque y contraatacó con su guadaña. Aunque el mayordomo logró evitar las cuchillas de la podadora con éxito, un corte profundo le quedó en la mejilla derecha.
-¡Sí! ¡Justo así Rony! ¡Pinta el rostro de Sebas-chan de rojo apasionado! – chilló Grell emocionado.
El mayordomo por su parte simplemente frunció el ceño con disgusto.
-Sabes – habló el chico sosteniendo una daga ensangrentada – para un shinigami preocuparse sólo de su guadaña es un poco pasado de moda.
-Los niños de estos días realmente son desagradables ¿no es así? – respondió el mayordomo devolviendo las palabras que el de pelo bicolor había dicho contra el Conde apenas unos minutos antes.
En tanto, mucho más abajo el Conde buscaba al líder de la Sociedad de la Aurora con pistola en mano cuando fue sorprendido por su prometida, quien lo regañó por no haberla esperado y quiso entregarle el pedazo de pastel del que habían hablado en el comedor.
El Conde se mordió los labios. No es que no apreciara a su prima pero a veces ella simplemente encontraba la manera de ser inoportuna.
-Lo siento pero no puedo estar distraído contigo en este momento – le dijo el niño cubriéndole la boca – ¡Es peligroso aquí así que vuelve con tía Frances! ¿Entendiste?
Y aunque en un principio la chica trató de hacerle caso después se decidió por ir a buscarlo.
En tanto el Conde llegó al almacenamiento de carga inferior, donde se encontró con que Snake había bajado a compartir los alimentos con sus serpientes.
-¡La comida de aquí de la mansión también es deliciosa!... dice Wordsworth.
Elizabeth se unió a ellos en ese momento pero, detrás de ella apareció repentinamente otro cadáver reanimado y fue sólo gracias a la rápida intervención del Conde (quien golpeó al cadáver) que la chica logró salvarse.
A la luz de la lámpara el Conde logró percatarse que el cadáver que los atacaba no era el mismo que había estado en la sala de fumadores, encontrando también que a su alrededor había una gran cantidad de ataúdes con la marca de la Sociedad de la Aurora.
Desde exclamaciones de asombro hasta palidecer del miedo no hubo quien en la sala pudiese permanecer indiferente al descubrimiento de los ataúdes.
Y con la promesa de "gran pánico" para el siguiente capítulo es que éste llegó a su fin.
-Esto no me gusta nada – murmuró Bard con el cigarro entre los dientes.
-Ahí debe de haber cientos de cadáveres – chilló Mey-Rin preocupada.
-Joven amo, por favor sea muy cuidadoso – pidió Finny rogando en su interior porque el señor Sebastian y Snake lograran mantener a los dos aristócratas a salvo.
-No es como si mi "yo" del Campania pudiera escucharlos – respondió el conde de mala gana – pero por si acaso mejor sigamos leyendo.
Y hablando así tomó el libro de las manos del aspirante a escritor y se lo entregó a Sebastian.
Vamos, bailemos. De manera que serás despreciada… de manera que temblarás… En este momento tú eres tan… Hermosa.
Capítulo 54: Ese mayordomo, Incomparable.
Y la portada era a color con una imagen de Undertaker abrazando a un esqueleto.
-En definitiva es un tipo muy raro – masculló Bard.
Como para hacer realidad el peor escenario posible, los cadáveres comenzaron a escapar de sus ataúdes y de un momento a otro Snake, Elizabeth y el Conde se vieron rodeados. Mientras el chico más joven disparaba lo más rápido que podía, ordenó a Elizabeth refugiarse sobre las cajas de equipaje pero ese descuido le dio a uno de los cadáveres la oportunidad de abalanzarse sobre él…
-¡Joven Amo! – chillaron los sirvientes.
…siendo detenido en el último momento por las serpientes, las cuales también se habían enroscado en otros cadáveres cercanos.
Un sonoro suspiro de alivio se escuchó.
-Muchísimas gracias a todas – dijo Finny sonriendo a las serpientes con amabilidad.
-No tienes nada que agradecer… dice Oscar.
-¡Smile! – Lo apuró Snake tendiéndole la mano – ¡Ven rápido mientras los estamos restringiendo!... dice Oscar.
Y así el de pelo blanco ayudó al Conde a subir a donde los cadáveres no lograban alcanzarlos. En esa relativa seguridad comenzaron a intercambiar la (poca) información que tenían y a realizar observaciones en cuanto a las escasas facultades mentales y sensoriales de los cadáveres reanimados. Finalmente esas observaciones condujeron a deducir que las criaturas se guiaban por el sonido y dieron a los chicos la idea de hacer ruido en otra parte del almacén para atraerlos… aunque el plan fracasó.
-Entonces ¿cómo es que ellos nos están siguiendo? – Se preguntó el Conde – Hay algunos sin narices también y yo pienso que sería muy difícil seguir la esencia de nuestros cuerpos con este olor a putrefacción de los alrededores…
Aunque no lo expresó en voz alta Sebastian estaba completamente de acuerdo con su amo.
Sin embargo sus reflexiones fueron interrumpidas por los cadáveres, quienes comenzaron a atacar las cajas utilizando sus uñas y dientes.
Aterrada, Elizabeth comenzó a llorar.
-¡Está bien! – Le dijo el Conde – ¡Por lo menos, yo definitivamente voy a protegerte no importa lo que suceda!
-Qué admirable, joven amo…
-Por fin – susurró Abberline agradecido de que el mayordomo finalmente se presentara.
-…así es cómo un caballero inglés se supone que sea.
Y mientras hablaba lograba también arrojar sus cuchillos de plata con precisión a las cabezas de los cadáveres.
-¡Oh! ¡Así se hace Sebas-chan! – felicitó Grell saltando para lanzarse a sus brazos… y siendo detenido en mitad del aire por el firme agarre de William en el cuello de su camisa.
-¡SEBASTIAN! – Llamó el chico – ¡No te quedes parado y límpialos de inmediato!
-Como desee – respondió el mayordomo desplazándose hacia donde los cadáveres se concentraban –. No es muy elegante pero, si con sólo destruir sus cabezas es suficiente, entonces supongo que ESTA es la manera más rápida.
Y mientras así hablaba lanzaba golpes, patadas y giraba en movimientos casi coreográficos mientras destrozaba las cabezas de los cadáveres con tal violencia que la sangre salpicaba en todas direcciones.
Mientras que Grell festejaba y reía hablando en palabras exageradas de su fetiche por el color rojo, Arthur hacía maniobras con su propia mente para evitar vomitar ante el grotesco espectáculo frente a sí.
En cuanto al Conde…
Salpicando carmesí – pensaba al ver las garras de su mayordomo moverse con fiereza, colmillos que podrían estar sí o no ahí, los cuerpos despedazados, la sangre que volaba en todas direcciones y los "pies" de la bestia moviéndose al ritmo de la danza de la muerte – un demonio bailando, esta es… - contemplando el horror de la muerte y el llanto desde el interior de una jaula – la misma escena que la de ese día.
Todos los mortales en la habitación se estremecieron visiblemente.
No, no es lo mismo – se corrigió entre las imágenes de un cuerpo ensangrentado y una mano con garras sujetando la suya – estoy fuera de la jaula…
Un ojo marcado por el contrato demoniaco, una "mano" que era más la garra de una bestia y el cuerpo del Conde Phantomhive mirando sin mirar, con ojos vacíos y la sangre vaciándose fuera de él.
…Mi mayordomo no está asesinando a los únicos quienes me ensuciaron, y Ciel ya no está aquí…
Mientras que el Conde se tensó ante la idea de su mayor secreto siendo escondido en plena vista de todos, un cosquilleo en la nuca de Abberline le decía que esa era una frase no tan figurativa como parecía serlo.
…Yo soy el Conde Phantomhive y… yo soy yo, y yo soy…
-¡Ciel! – como el ancla que tan desesperadamente necesitaba, la voz de Elizabeth logró devolverlo a la realidad.
Sin poder evitar lo divertido de la situación, los labios del demonio se curvaron en una sonrisa. Realmente ¿qué excusa habría podido dar su Joven Amo a los sirvientes y los invitados (en su mente Snake era ya uno más de los sirvientes y los shinigamis seguramente estaban al tanto de la verdad) de no haber sido sacado de su mundo de pesadillas por la voz de su prima?
Como si supiera lo que estaba pensando, los ojos del Conde se fijaron en él con expresión amarga.
-Ya he terminado, Joven Amo – anunció entonces Sebastian, sonriendo mientras la sangre (que también empapaba su ropa y su piel) formaba un lago a su alrededor en el que los cadáveres destacaban como las rocas que suelen hacer encallar a las embarcaciones.
-¡Tan mortalmente sensual! – Gimió Grell de forma obscena – ¡Sí! ¡Sigue así Sebas-chan! ¡Sigue pintando las bodegas del color escarlata de la muerte y la pasión!... ¡Ah! – una vez más fue silenciado por la mano de Will.
Evidentemente perturbado, el Conde dudó en acercarse a su mayordomo cuando éste ofreció ayudarle a bajar pero alegó que la duda era debido a la suciedad en los guantes de Sebastian (los cuales fueron rápidamente reemplazados por un par limpio salido a saber de dónde). Una vez tocaron sus zapatos el suelo ensangrentado, regañó sutilmente al mayordomo por su falta de elegancia al asesinar.
-Igual que una bestia – declaró con frialdad.
Pero mientras el mayordomo se explicaba arrojó sus cuchillos de forma repentina y atrapó así a Ryan Stoker. Mientras que Sebastian trataba de interrogarlo, el fundador de la Sociedad de la Aurora confesó que en el almacén de la carga de proa había almacenados diez veces más de los "ejemplares" que habían sido destruidos por Sebastian.
-10 veces más… - murmuró Arthur con voz temblorosa – una aberración así no puede…
-No puede ser verdad – completó Abberline ni de cerca más tranquilo que el escritor.
Bard, Finny y Mey-Rin sólo apretaban sus puños y contemplaban con impotencia las páginas de ese manga sabiendo que ellos estaban lejos de su amo y por tanto no podían cumplir con su deber de protegerlo.
-¡¿Diez veces más?! – exclamó el Conde horrorizado.
Y la imagen cambió para mostrar que en la zona de carga de proa los ataúdes marcados por la Sociedad de la Aurora estaban ya abiertos y vacíos.
-Ese es el final del capítulo – declaró el mayordomo entregando el libro en manos de Bard, quien de forma ansiosa cambió la página.
"¡Cuando estás cazando debes ser genial y moderno!" decía en una portada en la que se mostraba a Ronald Knox sentado sobre una maleta.
Capítulo 55. Ese mayordomo, En vano.
-Bueno, esto se tornó en algo desagradable, Joven Amo – comentó Sebastian.
-¡Sinceramente pienso que "desagradable" es una total subestimación!… dice Keats.
-¿Piensas que "desagradable" lo cubre? – Se enfadó el Conde – Incluso uno de aquellos monstruos es una molestia. Sólo imagina ¿¡Diez veces más que esto!?
Y en un terrible escenario que daba razón a las palabras del chico, se veía a los cadáveres vagando por el barco: llegando al puente de mando y destrozando a la tripulación, persiguiendo a los pasajeros y asesinando a cualquier pobre alma que llegaba a cruzarse en su camino.
Involuntariamente el niño de pelo azul se sintió profundamente angustiado por sus tíos Frances y Alexis, y también por su primo Edward.
Como si eso no fuera lo suficientemente malo, a la sala de comunicaciones del Campania llegó lo que debía ser un terrible mensaje que sin embargo no logró llegar al capitán debido al ataque de uno de los cadáveres.
-¡Como si las cosas no fueran ya lo bastante mal! – comentó Mey-Rin deseando más que nada llegar a ese barco armada con sus fieles rifles y pistolas.
-Sebastian, ve y lleva a mi tía y a los otros a un lugar seguro – instruyó el niño.
-¿Qué va a hacer usted? – preguntó el mayordomo.
-Acabaremos siendo una carga. Yo también tengo un arma así que vamos a estar bien por un tiempo, ¡pero vuelve tan pronto estés seguro que ellos están a salvo! – instruyó cuando Sebastian se alejaba ya.
-¡Desde luego! – se despidió una vez Ryan Stoker estuvo asegurado en el firme abrazo de una de las serpientes (Wordsworth).
-Bien, entonces – la pistola en su mano apuntó directamente a la sien del doctor – ¿Qué hay sobre decirme todo? Y sé breve, porque yo no soy muy paciente. Primero que todo: ¿cómo debemos tratar con ellos?
-¿Eh?
-No hay forma de que decidieras transportar algo tan peligroso sin ningún tipo de seguro. ¿No hay otra forma de detenerlos aparte de aplastar sus cabezas?
-Nosotros… - titubeó – bueno, hay una. Hay un dispositivo que te permite volver inactivos de nuevo a los pacientes sometidos a la Completa Salvación mediante la exposición a ondas supersónicas especiales.
Con esa pieza de información los latidos acelerados de los humanos se tranquilizaron un poco… sólo un poco.
-¿Y en dónde está?
-En mi habitación, en la primera clase.
Un suspiro exasperado por parte de Bard. Por supuesto era demasiado pedir que el sujeto llevara el milagroso aparato sobre su persona.
-Llévame ahí – ordenó el Conde.
-Hay un montacargas en la sala de calderas; podemos usar eso para ir arriba – sugirió Stoker.
-Tengo otra pregunta: ¿Cómo se pueden mover los cadáveres?
Los dos shinigamis se acercaron, ya que era esta la única cuestión que realmente les interesaba a ellos.
-Nosotros implantaos un artefacto especial en el cerebro de los muertos que genera una débil corriente eléctrica – explicó el doctor – de esta forma podemos enviar señales a varias partes de su cuerpo y ellos recobran la salud psíquica de cuando estaban con vida; básicamente…
-Básicamente ese hombre juega con cosas que están fuera de su alcance – intervino William con una mirada mortífera en sus ojos.
-¡Eso es suficiente! ¿Realmente piensas que puedes resucitar personas? No. voy a cambiar mi pregunta: ¿Cuál es el propósito de llevar todos esos conejillos de india a América?
-Yo… no puedo decirte eso.
-Ya veo – el arma del chico se presionó con más fuerza contra la cabeza del doctor e hizo un clic audible – entonces creo que tú quieres que haga pedazos tus orejas.
Se lo daré al mocoso: Realmente sabe cómo persuadir a la gente – pensó Grell divertido.
-¿Qué? ¡Espera! ¡Espera, si me disparas no serás capaz de usar ese dispositivo! – chilló el hombre intentando salvar su vida.
-Es molesto pero tendrán que aplastar las cabezas de los cadáveres – comentó el shinigami pelirrojo con tono casual, fingiendo revisar sus uñas a través de la tela negra de sus guantes.
-Tienes razón – suspiró el Conde – es molesto, pero supongo que tendremos que adherirnos a aplastar sus cabezas.
Si no supieran que eso los iba a meter en problemas con el Conde los sirvientes le habrían dirigido a él y al pelirrojo miradas divertidas al verlos coincidir de esa forma en un comentario… por supuesto la forma en que shinigami y Conde se miraban como queriendo asesinarse también fungió como elemento disuasorio a cualquier clase de burla.
-Una… ¡una cierta compañía compró nuestra tecnología de la salvación completa! – gritó Stoker desesperado por salvarse.
-¿Una cierta compañía?
-Sí… es llamada "Osiris". Corre el rumor que ellos están desarrollando un nuevo medicamento.
Probablemente es una empresa creada ficticiamente para hacer el trato – pensó el Conde –. Voy a investigarla cuando lleguemos a tierra. También, si no perjudica a la Reina, entonces es algo con lo que no tengo nada que hacer.
William suspiró. Si el asunto de la "salvación completa" no perjudicaba a esa mujer el Conde tendría la oportunidad de zafarse del asunto, pero él mismo y el resto de la Asociación del Despacho Shinigami ni de broma tendrían la opción de saltarse la investigación.
Al llegar a la sala de motores de turbina Snake retiró su serpiente del cuerpo de Ryan y ahí el líder de la Sociedad de la Aurora los hizo pasar como compañeros suyos ante uno de sus cómplices… lo que obligó a los 3 chicos (y las serpientes) a realizar el "saludo del Fénix" para cubrir sus fachadas.
-¡No puede creer que hayas hecho eso otra vez! – se buró Grell del Conde entre carcajadas.
-¡Maltita sea ¡Cállate Grell Sutclift! – se quejó el chico con las mejillas encendidas.
Y mientras esos dos continuaban con lo suyo…
"No puedo creer que hicimos una ridiculez como esa" – se quejó Oscar perturbado.
"Tranquilo, no es para tanto" – intentó tranquilizarlo Dan.
"Tú lo dices porque no tuviste que posar como una gallina sin cabeza" – le recriminó Emily con un siseo avergonzado.
"¡Gallina! ¿Dónde? Me gustan las gallinas" – habló Wilde, quien justo en ese momento iba despertando de su siesta. En eso sus ojos se dirigieron al manga – "chicos oigan ¿por qué Snake, Emily, Oscar, Dante y Webster están posando como gallinas desplumadas?"
-Te conviene más no mencionarlo – le aconsejó Wordsworth agradecido de que su imagen no hubiera aparecido en ese momento.
La situación evidentemente avergonzó al Conde pero, dejándolo de lado, las imágenes se enfocaron ahora en la sala del elevador donde Frances Midford intentaba defender a un grupo de damas a pesar de que su espada no estaba resultando efectiva en contra de los cadáveres. En el momento más oportuno Sebastian llegó y explicó que la forma de detenerlos era destruir la cabeza (cosa que ambos hicieron de inmediato).
El marqués Midford y el joven Edward se unieron a ellos en ese momento tranquilizándose de escuchar que Elizabeth se encontraba con su prometido, más cuando Sebastian explicó que estaba ahí para escoltarlos a un lugar seguro ellos se negaron, explicando que era su deber como caballeros ingleses proteger a las personas, con lo que liberaron al mayordomo para regresar al lado de su amo.
Independientemente de que sabía que debido a su trabajo estaba obligada a atenderlos y respetarlos, a nivel personal Mey-Rin en realidad nunca había estado segura de si Lady Elizabeth y su familia le agradaban o no, pero si algo tenía que admitir ahora es que tanto la rubia entusiasta como sus padres y hermano eran ese tipo de personas leales y desinteresadas que fácilmente pueden ganar la admiración de aquellos a su alrededor.
De vuelta al comedor de tercera clase Ronald sellaba el expediente de Sophie Smith (la chica con la que había estado bebiendo) con el comentario de que porque ella estaba en su lista es que sabía que no iban a volver a verse con vida.
Bard apretó los puños y prometió que si alguna vez ese (patán frívolo) shinigami rubio se atrevía a volver a coquetear con Mey-Rin él mismo le partiría los dientes.
-Estoy enfermo y cansado de esto, en serio – se quejó con la vista fija en su reloj –. Ya estoy tan malditamente ocupado y lo peor aún está por venir.
-¡¿Qué?! – Exclamó Arthur – ¿Qué quiere decir con eso? ¿Cómo podría ser que diga aún falta lo peor después de tal carnicería?
El Conde lo meditó un momento.
-Puede que sea algo relacionado con ese mensaje que la sala de comunicaciones no pudo entregar – sugirió mientras la nueva página mostraba a dos vigías en el mirador pese a la noche helada.
En ese momento los vigías divisaron a lo lejos una enorme masa de hielo cuyos contornos destacaban en la noche estrellada.
-¡Un iceberg! – Chillaron al mismo tiempo Grell y Arthur: emocionado el primero y horrorizado el segundo.
Más cuando intentaron dar la alarma ésta cayó en oídos sordos debido a que no había ya un solo ser vivo manejando los timones del barco.
Anticipando ya la colisión inminente los dientes de Bard se apretaron en su cigarro.
-¡Uf! – Desde su posición Ronald veía también el iceberg – juro que tenemos un súper curso de horas extraordinarias aquí aunque yo nunca trabajé horas extras al principio. Los sujetos en la administración realmente están pidiendo imposibles. ¿Cómo podremos recolectar tantas almas cuándo estamos sólo nosotros dos?
Tanto William como Grell observaron la imagen con atención, pues (aún si no se podía distinguir el color) los dos conocían perfectamente ese zapato de exagerado tacón que se posaba en el borde del iceberg de forma a la vez firme y agresiva.
-Tú no deberías ser tan rudo en la primera noche de una doncella – y en ese justo momento el casco del barco impactó contra el hielo – si tú metes a la fuerza esa graaaaan cosa dentro de ella… se quebrará – sentenció con una sonrisa de dientes afilados mientras el casco y el hielo se destrozaban el uno al otro.
Un cambio en la imagen para mostrar la cubierta del Campania plagada de cadáveres andantes que fueron rápidamente destrozados por una motosierra.
-Un roto y ensangrentado viaje de la doncella. ¡Tú no puedes detenerlo! ¡Tú no puedes regresar! ¡Es demasiado tarde para regresar! Esto es como un GRAN viaje de DEATH (muerte).
Y sale sobrando decir quién era el shinigami que había aterrizado en la cubierta con la total imponencia de un dios de la muerte.
-Honestamente Sutclift ¿por qué Knox y tú no pueden simplemente hacer su trabajo sin tener que soltar quejas y diálogos ridículos uno detrás de otro? – se quejó el shinigami de pelo negro mirando no al pelirrojo junto a él, sino a la imagen del mismo haciendo ese genial (según él ridículo) gesto con la mano izquierda y sonriendo como un tiburón hambriento.
Y sólo dijo eso. No dijo más porque sería un día frío en el infierno antes de que William T. Spears reconociera que cuando su compañero pelirrojo llegaba con esa actitud y tal apariencia mortífera era… bueno… era totalmente único y tan…
Cortó el pensamiento de tajo.
¡Como si no tuviera cosas más importantes que hacer que perder el tiempo pensando en Grell Sutclift!
-No me regañes Will – pidió el otro envolviendo a su supervisor en un abrazo que fue mal recibido – después de todo, toda dama que se precie debe hacer una gran entrada al llegar frente a una multitud ¿no es así?
-Tch…
-Como sea – intervino Sebastian – sería bueno continuar con la lectura sin más demoras.
Y entregó el manga a Mey-Rin sin esperar una respuesta.
Era Grell quien estaba en la portada del siguiente capítulo.
"Ha pasado tiempo. DEATH".
Capítulo 56: Ese mayordomo, Supone.
El capítulo iniciaba mostrando los graves estragos que el iceberg había provocado en el casco y las hélices del barco, los cuales contabilizaban en roturas e inundaciones.
Sin dar importancia al desastre, Grell continuaba en la cubierta destrozando a los cadáveres con su motosierra.
-¡Esta situación! – Decía – es perfecta para mí para interpretar a la heroína… ¡Parece que esta noche será la mejor!
-En verdad ¿por qué no puede simplemente hacer su trabajo sin tanto dramatismo?
En la sala del elevador la sacudida del choque se hizo sentir y la familia Midford se dirigió a cubierta descubriendo así el choque. Sebastian se dirigió entonces al (vacío) centro de mando activando las compuertas que limitarían inundaciones. Mientras estaba ahí un cadáver lo tacó y él lo lanzó al agua de un solo golpe, lo que llamó la atención de Ronald Knox.
-Oye – lo regañó Grell – ¡No mires hacia el otro lado! Vamos ¿por qué no intentas sentirlo? ¡Esta brisa salada es como si mi cuerpo estuviera siendo acariciado!
Y es que el shinigami estaba en la punta del barco con los brazos extendidos recibiendo con emoción el corte del viento mientras que los brazos de Knox lo sostenían de la cintura en una posición que sin duda era la adecuada para las tomas promocionales de una película de romance.
-¡Sí! – Festejó el shinigami pelirrojo – ¡Oh cariño! ¡Sebas-chan estamos tan cerca! ¡En cualquier momento será! ¡En cualquier momento tú y yo vamos a encontrarnos mi querido Sebas-chan!
Y si la presencia de Grell no le resultara irritante a él también, el Conde con gusto se habría reído de la expresión disgustada que cruzaba el rostro de su mayordomo.
-Hum… Sutclift Senpai…
-¡Un cielo lleno de estrellas! ¡Un lujoso crucero! ¡Este es el escenario perfecto para que una gran actriz extienda sus alas!
-¿Estás intentando atormentar a tu nuevo subordinado? – le recriminó el de pelo bicolor sólo medio en burla.
-¿Subordinado? – preguntó Mey-Rin interesada a su pesar.
-Sí niña – le respondió Grell con una sonrisa engreída – ¡Le pese a quien le pese Rony es todo mío!... ¡Autch!
-En la Asociación del Despacho Shinigami operamos a través de un sistema de mentorías para supervisar el desempeño e integración de los nuevos reclutas – explicó William mirando exclusivamente a Mey-Rin pese a que sus manos no soltaban los cabellos del pelirrojo – y en este caso Ronald Knox fue asignado bajo la supervisión directa de Grell Sutclift hasta que su periodo de prueba esté concluido.
-Pero entonces si es un aprendiz ¿por qué es que ha estado haciendo trabajos por su cuenta? – cuestionó Arthur traicionado por su curiosidad, ya que en la escuela a él nunca se le habían permitido las consultas sin la presencia de algún maestro.
-Nunca dije que knox fuera un aprendiz – remarcó William con rudeza –. Él es un digno egresado de la Academia Shinigami y como tal conoce y domina plenamente el arte de la cosecha de almas y detalles administrativos; el propósito de los mentores es el de ayudar a los recién llegados a adecuarse tanto a su nueva zona de trabajo como a la vida cotidiana del Despacho pero eso no quiere decir que los subordinados no sean capaces de trabajar por su cuenta.
-A decir verdad yo estaba un poco recelosa cuando Will me asignó para cuidar a Knoxy porque ser mentor de alguien es un ¡muuuuuuucho! de papeleo extra – explicó el pelirrojo – pero como era de esperarse de mi William él me conoce tan bien que fácilmente me consiguió al bebé más bueno y perfecto del mundo.
-Tch… - se quejó el administrador volviendo el rostro de los besos que insistía en mandarle el pelirrojo – dejemos esta conversación sin sentido y regresemos a la lectura.
El Conde estaba por responderle a William que había sido él quien había iniciado todo al dar explicaciones tan elaboradas a Mey-Rin, pero después lo consideró mejor y decidió que no valía la pena.
-¡Eso es rudo! Y bueno, ¡preferiría hacerlo con alguien más atractivo que con un mocoso como tú!
Pensando de inmediato en que por "alguien más atractivo" Grell se refería a "Sebas-chan", el shinigami de pelo bicolor decidió no mencionar que el demonio estaba a bordo del barco para evitar así que el otro holgazaneara durante el trabajo.
-¡Maldita sea! ¡Rony eso es traición! – se quejó el pelirrojo con un alarido.
Después de ser (no muy sutilmente) despachado por Grell, Knox los apuró a continuar con el trabajo, ya que según él tenían que completar 1034 expedientes más.
Abberline bufó. A decir verdad no estaba seguro si lo más impactante era que tantas personas fueran a morir en ese barco… o que sólo dos shinigamis fueran enviados a tener que completar todo el papeleo.
-Y mientras estamos haciendo nuestro trabajo, ellos nos dijeron que investigáramos algunos cadáveres andantes, ¡son tan esclavizantes! – se quejó con un puchero.
Consecuencias de la falta de personal – pensó William descontento.
-No deberías estar llorando por esas cosas – le respondió Grell – ¡El segar almas es el trabajo más importante de un shinigami! Tú puedes rápidamente terminar esa investigación en tu tiempo libre.
-Hablando así hasta suena como un trabajador responsable… dice Goethe – comentó Snake con asombro.
-No quiero que me diga eso alguien quien recientemente tuvo una orden de suspensión y también una carta seria – le respondió Knox.
-¡Ya cállate! Vamos a terminar esto ahora y vayámonos a casa. Tener que hacer horas extras siendo regañado por Will no es tan malo, pero yo realmente no necesito otra suspensión.
-Para ser honesto yo preferiría ahorrarme ambas.
-Típico de Rony – sonrió Grell con cariño.
En tanto, en la segunda sala de calderas el Conde, Snake y Elizabeth se vieron atrapados por la entrada del agua inmediatamente después de sentir el choque contra el iceberg pero Elizabeth no logró llegar a tiempo a las compuertas cuando estas anunciaron su cierre, y su prometido por su parte regresó a la sala apenas a tiempo para que no se quedara sola.
-Ciel – preguntó ella con lágrimas en los ojos – ¿por qué?
-¡Prometí que te protegería a toda costa! – le respondió el niño con firmeza tomándola de la mano.
Los ojos del mayordomo se estrecharon ante la imagen, aunque cuidó bien de no hacer ningún comentario al respecto.
-¡Snake! – Gritó el Conde lo suficientemente fuerte para hacerse escuchar a través de la compuerta – ¡Ustedes vayan arriba!
-¡No puedo dejarte atrás!... dice Emily – le respondió el de pelo blanco.
Los ojos del Conde examinaron los alrededores buscando cualquier tipo de ayuda.
-¡No te preocupes, nosotros vamos a escapar a través del conducto! Y además tus amigos no pueden empaparse con agua helada por demasiado tiempo ¿verdad? ¡Ve!
Tanto Snake como sus serpientes se quedaron helados ante ese diálogo. Usualmente a lo largo de todo el manga personas como Lord Randall habían dicho que ese niño haría lo que fuera y pasaría por sobre quien fuera necesario para alcanzar sus objetivos. Y sin embargo…
"Él se preocupa por nosotros" – siseó Emily – "no tiene mucho que lo conocimos y sin embargo se ha interesado más por nosotros de lo que lo han hecho la mayoría de las personas que hemos encontrado en nuestro camino".
"Emily tiene razón, no podemos dejarlo a su suerte" – apoyó Oscar.
Snake pareció sorprendido por lo que el niño había dicho pero rápidamente se recuperó y con fuerza arrojó una de sus serpientes al techo.
-¡Smile! ¡Keats te guiará a través del conducto! ¡Nos encontraremos después!... dice Emily.
-Gracias Keats – murmuró Finny sonriendo calurosamente a las serpientes.
-¡Claro! ¡Definitivamente te veré después! – respondió el Conde ayudando a Elizabeth a subir las escaleras. Una vez estuvieron fuera del agua se volvió hacia su prometida con mirada determinada – ¡Rápido Lizzy!
-¡Sí!
-Pero primero ¡quítate esas ropas!
-¿Quitarse la ropa? ¡Oh! Niño travieso. Pero ¿no crees que eres aún un poco joven para estar pidiendo cosas así a las mujeres? Además ustedes aún no están casados.
-¡Cállate Grell Sutclift! ¡Y no saques las cosas de contexto! – respondió el Conde con la cara ardiendo de vergüenza.
Con todo y todo, la verdad es que también estaba agradecido (aunque eso no iba a decirlo en voz alta) de que las palabras del shinigami pelirrojo hubiesen ayudado a aligerar el ambiente tenso.
En un principio la niña se negó a la obedecer lo dicho por el chico y debido a eso él le arrancó las capas exteriores de forma violenta…
-Ni una palabra al respecto Grell Sutclift – gruñó el niño anticipando lo que el shinigami pelirrojo estaba por decir.
…y esas acciones combinadas con algunas palabras bien escogidas hicieron a la niña entrar en razón. Para consolar a la chica y después de que ella se disculpara, el Conde prometió hacer que Nina le confeccionara un vestido nuevo mientras la cubría con su propio saco.
En ese justo momento el conde comenzó a toser.
-¡¿Ciel?! – se preocupó la niña de inmediato.
-Sólo me ahogué con algo de agua. ¡Apresúrate y sube!
Mientras tanto, a la cubierta de 3ra clase subía Sebastian con las ropas empapadas y el agua escurriendo por cada músculo, cabello y contorno de su cuerpo.
Pese a no decir nada Grell miraba a imagen con los ojos prácticamente saltando de su rostro y la nariz sangrante.
Las siguientes imágenes alternaban entre Sebastian revisando los planos del barco, y los dos shinigamis comentando entre ellos mientras destrozaban más y más cadáveres… pero, la conclusión final de ambos era que el barco se hundiría dentro de una hora.
-¡Oh no! – chillaron casi todos los humanos en la habitación.
Vistiéndose correctamente, Sebastian tomó la decisión de regresar al lado de su amo.
-Ese es el final del capítulo – anunció Mey-Rin.
-A juzgar por las páginas que quedan, el próximo debe ser el último de este tomo ¿no es verdad? – preguntó Arthur.
-Me atrevería a decir que tiene la razón, señor conocedor de las palabras – sonrió Sebastian.
-Entonces el siguiente capítulo…
Pero mientras Mey-Rin extendía los brazos para devolver el manga al joven amo, Grell Sutclift se lo arrebató de las manos tan rápido que Arthur tardó aún un par de segundos en darse cuenta de lo que había ocurrido.
-¡Sutclift…!
-Vamos Will, sabes que es mi turno de leer un poco. Y bien, el capítulo 57 se llama Ese mayordomo, Luchando.
La portada tenía una imagen del Conde y su prometida tomados de la mano y la leyenda decía "Nunca dejaré que esta persona de vaya".
-¡Oh vaya! ¿No suena eso bastante romántico?
-¡Sutclift!
-Sí, está bien: ya lo entendí.
A pesar de que el barco se inundaba (y los cadáveres reanimados corrían por todos lados), los oficiales no dejaban subir a las personas de las regiones inferiores según ellos para no aumentar el pánico en la primera clase. La realidad era sin embargo, que también en las áreas de la primera clase reinaba el caos mientras los cadáveres reanimados destrozaban a los infortunados que se cruzaran en su camino. También la tripulación estaba en graves aprietos pues, debido a que los pocos marineros y camareros que aun sobrevivían enfocaban su energía en detener el avance de los cadáveres, no podían bajar los botes salvavidas.
Justo cuando la situación parecía más desesperada, el Marqués Midford y su familia hicieron su entrada triunfal.
-¡Nosotros vamos a protegerlos! – Anunció el Marqués – ¡Todos los que no están heridos, vayan a ayudar a bajar los botes salvavidas!
-¡Rápido! – Los apuró Edward.
-¿Quién eres? – preguntó uno de los camareros.
-Yo soy Alexis León Midford, Marqués de Midford ¡El líder de los Caballeros Británicos!
-El esposo de la Marquesa Midford también es un hombre impresionante – dijo Abberline sin poder aguantar el comentario por más tiempo.
-Es un gran hombre – coincidió el Joven Amo – aunque no veo porqué se sorprende; después de todo, a estas alturas debe conocer lo suficiente a tía Frances como para saber que ella no habría aceptado una propuesta de matrimonio de cualquiera.
-Sí bueno, creo que los rubios no son el tipo de hombres de mi gusto particular – intervino Grell molesta de que interrumpieran la lectura justo cuando ella y Ronald volvían a robar cámara.
-Bien, parece que hemos terminado aquí – decía Grell en el frente del vestíbulo de primera clase.
-Lo siguiente es la 3ra sala de calderas y tendremos que bajas 5 pisos – le informó Ronald.
-¿Cinco? ¡Eso es tan molesto!
-Ya casi es hora, vamos a apresurarnos. Pero seriamente: esos cadáveres ¿exactamente cómo es que se mueven?
-Nadie lo sabe, es por eso que nos dijeron que investigáramos.
Pero mientras los dos continuaban su conversación (caminando hacia su destino) una carroza con caballos (conducida por uno de los cadáveres) estuvo a punto de envestirlos antes de ser cortado por la motosierra de Grell.
Sebastian soltó un suspiro: al paso al que iban las cosas los shinigamis no tardarían mucho para cruzarse en su camino.
En lo referido a Snake, Ryan Stoker se escapó sin importarle dejar atrás también a su otro cómplice.
Y sobre el Conde, él cayó de una de las rendijas de ventilación del restaurante de segunda clase pero no se hizo daño ya que fue recibido directamente por los brazos de Sebastian.
Después de ayudar a bajar también a Lady Elizabeth los puso al tanto de lo sucedido. Cuando el mayordomo trató de cubrir al amo con su frac éste le indicó que estaba bien y también evitó que sus problemas respiratorios fueran mencionados delante de la niña.
De mala gana William reconoció en sus adentros que esos dos sabían cubrir las huellas de sus fechorías… aunque claro, eso no era inusual para los del tipo de ese mayordomo.
Sebastian tenía la intención de sacar a los nobles de peligro cuando Grell Sutclift y Ronald Knox bajaron del techo con sus guadañas en mano aterrizando el pelirrojo directamente delante del mayordomo oscuro. Para disgusto de Ronald, Grell inmediatamente comenzó a coquetear con Sebastian y ambos shinigamis se distrajeron; ese momento fue aprovechado por los nobles y el mayordomo, pero pese a no estarlos mirando de frente, el shinigami pelirrojo se dio cuenta y les cortó el paso con el filo de su guadaña.
William hizo un ruido de molestia. Más le valía a Grell que el nombre de Elizabeth Midford estuviera en la lista de muertes o si no el pelirrojo podría recibir un reporte por trabajo descuidado y por dejarse ver por personas vivas. ¡Honestamente! ¿Qué es lo que necesitaba el pelirrojo para detener esas conductas de autosabotaje?
-Pones mi cuerpo en llamas y luego me abandonas ¡Qué cruel! – le recriminó.
-Por favor abstente de prenderte fuego por ti mismo – fue la respuesta cruda del mayordomo –. Nosotros necesitamos apresurarnos, así que ¿podrías por favor abrir paso?
-¿Y si digo que no?
-Voy a tener que usar la fuerza – y el brillo de sus ojos dejaba ver que no estaba haciendo una amenaza vacía.
-Por tu propio bien Sutclift – escuchar la voz de William fue una sorpresa para todos – más te vale dejar de perder el tiempo y cumplir con el trabajo que se te asignó.
-Eso está bien. No me importa que te pongas un poco agresivo. Entonces vamos a tener una pelea a muerte y ¡eso es incluso más ardiente que el amor romántico!
-¿Quién es él? – cuestionó Elizabeth evidentemente asustada por las palabras de Grell.
-Él es sólo un pervertido – respondió el mayordomo.
-¡Sebas-chan! ¡Qué cruel! – Se exaltó el pelirrojo – ¿Hasta cuándo vas a entender que no es así como se llega al corazón de una dama?
-…¡Me temo que podría ser contagioso, así que por favor retrocedan y manténganse alejados de él!
-¡Qué grosero! – se quejó el pelirrojo.
-Vuelve a la lectura Sutclift – le indicó Spears con una mirada que decía que de no hacerlo le arrebataría el manga otra vez.
-¡Eso es grosero! ¡Yo sólo soy honesto con mis sentimientos!
Y en su furia, el shinigami pelirrojo destruyó una puerta con uno de sus ataques, lo que dio entrada a una fuerte corriente de agua que arrojó a los niños contra la pared mientras que Sebastian se veía imposibilitado para ayudarlos debido al ataque sorpresa de Ronald Knox.
Después de ver al shinigami mirando de forma tan fiera, con el agua resbalando por su cuerpo y esa sonrisa salvaje y confiada de guerrero Mey-Rin estaba realmente ansiosa por conocerlo y que el shinigami la invitara a salir… por supuesto aceptaría la cita y, cuando él se sentara en el banco de una cafetería a esperarla, ella le metería una bala por el oído desde el balcón de alguno de los edificios (en realidad después de todo lo que había visto dudaba seriamente que una bala fuera suficiente para matar a un shinigami, pero esperaba que le doliera y mucho).
Cuando el Conde logró abrir los ojos se encontró con la vista horrorizada de varios cadáveres que caminaban hacia una Elizabeth aún inconsciente, pero él no era capaz de ayudarla debido a que en la caída su pierna se había lastimado.
-¡Maldición! ¡Lizzy! –Le gritó – ¡Lizzy levántate!
Y para cuando la chiquilla fue capaz de levantar el rostro, la situación que se ceñía sobre ellos era de una horda de cadáveres que estaban prácticamente a punto de devorarla, su prometido indefenso en el suelo y el fiel mayordomo Phantomhive atrapado por esos sujetos extraños que los habían atacado sin razón aparente.
Para colmo de males, la pólvora se había mojado haciendo inservible el arma del Conde.
Nada de aceptar invitaciones: Mey-Rin descargaría sus cargadores en la cabeza del shinigami nada más lograra encontrarlo.
-Yo… yo… - gimoteaba la niña entre lágrimas – Yo quería que pensaras que soy linda hasta el final…– admitió con una sonrisa desgarradoramente triste.
-¡Lizzy!
El Conde gritó el nombre de la niña cuando esta fue completamente rodeada por los "muertos vivientes"… y lo siguiente que sucedió fue que el cadáver que estaba por asesinarla fue atravesado por una espada que la chica empuñaba con elegancia, firmeza y ferocidad.
-¡¿Eh?!
Y así, uno tras otro, cuerpos y cabezas comenzaron a caer presas de la espada que la rubia hacía girar mientras sus pies se movían con la agilidad de una bailarina de ballet que presentaba frente al público la suave y poderosa danza del cisne negro. Como si eso no fuera suficiente su mano libre fue capaz de capturar una espada más en el medio de una elegante voltereta.
-Esta… – chilló la niña al tiempo de ensartar con un solo movimiento a los dos cadáveres que habían estado por atacar a su prometido – Esta apariencia fea… Yo no quería que de todas las personas tú me vieras en tal estado. Pero esta vez ¡Yo voy a protegerte! – prometió entre lágrimas.
Sus pies girando con tal destreza que parecía caminar sobre el agua, su postura firme pese a enfrentarse a un número aparentemente interminable de enemigos y los volantes de su vestido dándole la apariencia de una heroína de leyenda.
-Yo soy la hija del líder de los Caballeros Británicos, Marqués Alexis León Midford: ¡Elizabeth! – Se presentó con rostro determinado – ¡La esposa del Perro Guardián de la Reina!
