XI

¿Bailamos?

El tiempo siguió su curso y antes de que Link se diera cuenta ya se habían cumplido dos meses desde la derrota de Ganondorf.

Todo marchaba bien, probablemente mejor que nunca, su grupo de reclutas mejoraba cada día, se estimaba que la reconstrucción del castillo culminaría a mediados del otoño y luego estaba Zelda.

Todo era mejor entre ellos.

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La mañana siguiente a su retorno Link despertó varias horas después del amanecer coincidiendo con el momento exacto en que Eleine entró a su habitación.

Gracias a las diosas esta vez no abrió la puerta de golpe.

—Me alegra verle despierto una vez más, mi señor. —saludo con jovialidad a Link quien solo asintió mientras yacía sentado a medio cubrir por las mantas.

La criada cruzó la habitación y procedió a abrir las cortinas y ventanas para iluminar el lugar mientras le contaba al joven todo el revuelo que causó su retorno el día anterior, mas Link no le prestó atención solo miró alrededor de la habitación en busca de algo, de alguien.

El paño sobre su frente había desaparecido al igual que el cuenco en la mesita de noche ahora reemplazado por una jarra con agua y un vaso, así mismo la silla que recordaba haber visto a un lado de su cama se mantenía en su lugar junto al escritorio.

¿Fue un sueño? ¿Un delirio?

Sus pensamientos estuvieron a punto de llevarle a un lugar muy oscuro y profundo, pero para su suerte esta vez Eleine dijo algo que realmente captó su atención.

—La princesa no se separó de su lado en ningún momento. Desde el amanecer, cuando ordenó que le trajeran hasta acá para revisarle y hasta el anochecer en el que incluso se rehusó a cenar para cuidar de su fiebre.

Link volteó a verle con cierta consternación en el rostro mientras que la chica parecía observarle con cierto detenimiento, sin embargo rápidamente lo dejó y continuó hablando.

—Debo admitirlo, mi señor, usted realmente sabe cómo atraer la atención de una chica. —dijo con una sonrisa pícara seguido de un veloz guiño.

Link sintió que se atragantaba con su propia saliva causando un fuerte ataque de tos.

Eleine se apresuró hacia él y una vez estuvo a su lado le tendió un vaso con agua el cual le ayudó a beber lentamente logrando calmar la insistente comezón que sentía en su garganta.

—Gracias. —dijo Link una vez recuperó el aire.

La pelinegra asintió y preguntó.

— ¿Hay algo más que pueda hacer para servirle? Puedo traerle comida o agua fresca, incluso prepararle un baño si así lo desea. —ofreció con ese tono servicial típico de ella.

Él negó, ciertamente todas sus opciones eran exactamente lo que quería, pero había otra cosa que necesitaba comprobar primero.

Necesitaba verle.

Llevo su mano hacia las mantas y las agarró bajo la atenta mirada de Eleine quien al notar esto parecía dispuesta a hablar, mas antes de que pudiera hacerlo Link se detuvo.

Debes descansar, es lo mejor para la fiebre.

El nítido recuerdo de su dulce voz y la suavidad de su mano sobre la suya le hizo desistir.

—Por favor ve y avísale a la princesa que he despertado. —cerró sus ojos aun sintiéndose cansado. —No quiero que se siga preocupando en vano.

Eso fue inesperado.

Eleine había sido instruida por la misma Zelda para detener a Link como fuera necesario en caso de que despertara e insistiera en salir de la cama antes de que constataran su estado de salud y no era para menos pues ya todos en el castillo sabían de las tendencias imprudentes del joven, por ello verlo detenerse de pronto sin duda le sorprendió, aunque también le hizo pensar en lo curioso que eran esos dos.

La princesa que se volvía más expresiva y audaz cuando se trataba de él y el héroe que se volvía sumamente centrado cuando algo involucraba a ella.

—Iré de inmediato. —respondió logrando que Link le diera un suave tarareo como respuesta. —Aunque le recomiendo que se vista apropiadamente. Dudo que la princesa aprecie la vista tanto como yo. —agregó haciendo que él abriera los ojos de golpe y le mirara con estupor antes de que se marchara.

Link solo vio la puerta cerrarse tras ella y rápidamente bajó su vista a su pecho desnudo.

¿Qué tan indiscreta puede ser?

Espera.

¿A eso se refería con lo de atraer la atención?

¿O realmente estaba insinuando...

Sacudió la cabeza tratando de alejar aquellas ideas, aunque estaba seguro de que el calor en su rostro esta vez no era fiebre.

Luego de unos quince minutos Link yacía tendido en la cama, vistiendo una camisa de lino y las mantas cubriéndole, miraba el techo sin nada en mente hasta que tres golpes en su puerta llamaron su atención.

— ¿Link? ¿Puedo pasar? Soy yo, Zelda.

—Adelante. —dijo mientras rápidamente se sentaba para recibir a su visitante.

Zelda está ahí, vistiendo su típico vestido de dos tonos, cubierta de oro y luciendo blasón de su familia. Digna, pura y bella.

— ¿Cómo te sientes? —preguntó una vez estuvo a su lado.

—Bien, la fiebre se fue. —respondió con simpleza.

— ¿Lo recuerdas? ¿Recuerdas anoche? —su tono cambió, seguía siendo cortés, sin embargo había una nota de lo que parecía temor o quizás decepción.

—Lo recuerdo, ahora puedo confirmar que no estaba delirando como creí al despertar. Realmente lo siento Zelda. —agacho su cabeza recordando la culpa. —Yo...

El tacto de la seda sobre sus mejillas le hizo detenerse.

—Eh, está todo bien. —dijo ella mientras le hacía volver la vista hacia arriba, se había sentado en el borde de la cama y sostenía su rostro con ambas manos.— Ya te disculpaste y te he perdonado, así que está bien, todo está bien, Link, solo debemos recordar lo que prometimos anoche.

Lo que prometimos.

—No lo olvidaré.

—Yo tampoco. — habló en voz baja mientras le dedicaba una de sus hermosas sonrisas la cual no dudó en corresponder.

Aunque.

—También me ayudó a recordar que alguien dijera que cierta princesa no quiso alejarse de mí durante todo el día. —comentó dándole una sutil mirada traviesa. —Incluso desistió de cenar un lujoso banquete para cuidar de mí ¿Puedes creerlo?— agregó con una ligera risa.

Sus manos se alejaron de él de inmediato una vez dijo tales palabras y como esperaba el rojo en las mejillas de la chica podía fácilmente ser el de una linda manzana.

—Sigue siendo una bocazas ¿Cierto? —dijo tratando de mantener la compostura lo mejor posible.

Él solo suspiró mientras negaba con la cabeza.

—Si supieras.

—Oh, créeme lo sé.

Ambos se miraron y no pudieron evitar estallar en carcajadas.

—Gracias por cuidar de mí. —dijo con calma Link una vez sus risas se detuvieron. — No tenías que hacerlo.

La mano de Zelda volvió a su mejilla y la pellizcó con ligereza.

—Ahí estás de nuevo hablando como si no importaras. —soltó su mejilla y le miró con reproche aunque rápidamente lo dejó ir. —Esta es la clase de cosas a lo que me refería ayer. Link no me gusta cuando hablas en desmedro de ti mismo, entiendo que eres humilde y que sientas que no deban preocuparse por ti, pero ya te lo he dicho, me importas. Nos salvaste a todos, me has apoyado y ayudado cuando más lo he necesitado, eres mi amigo, por supuesto que voy a pasar todo el día cuidando de ti tras la condición en la que regresaste. —hizo una pausa le miró fijamente a sus ojos. —Además también dije que no tenías que agradecerlo, ayer tuve el día libre y realmente me hubiera gustado pasarlo junto a ti de una mejor manera.

Él no dijo nada.

No sabía qué decir.

¿Cómo corresponder tal pureza?

¿Cómo no sentir su corazón latir sin control ante palabras tan dulces?

Eres demasiado buena para mí.

Logró asentir ante su mirada expectante.

—Lo aprecio. —dijo en un tono más bajo del normal. —Realmente aprecio la sinceridad de tus palabras.

Ella solo le dio una mirada comprensiva

Tras esa conversación Link accedió a mantener reposo por al menos un día más, Zelda esperaba un poco de batalla al mencionar la idea, pero al igual que Eleine se llevó una grata sorpresa al ver cómo el joven parecía por fin dispuesto a pensar en su bienestar.

Estaba agotado, no podía negarlo así mismo tampoco quería pelear más, era solo un día en cama podía soportarlo o en su defecto dormir todo el día como en las fantasías que solía tener durante el crepúsculo.

Link descansó y eso estuvo bien.

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Los días posteriores todo volvió a la normalidad, Link estaba completamente sano y retomó sus deberes con los reclutas, por su parte Zelda siguió dedicando cada parte de su ser para llevar al reino a la gloria y no podía negarse que lo estaba haciendo de maravilla abolió los edictos abusivos de la administración del consejo, destino parte de los fondos recaudados de la expropiación a los nobles hacia los asentamientos e impulsó el comercio y producción cediendo títulos de tierra y dinero a los productores devastados.

Hyrule volvería a brillar y todos sabían que sería gracias a ella.

Pero así como todo volvió a la normalidad hubo algo que cambió y eso fueron aquellos dos que cruzaron destinos. Link y Zelda eran cercanos y eso no era un secreto para nadie, puede que nunca nadie les haya visto tratarse con más que la apropiada cortesía quizás solo con la excepción de aquella vez en la que él le llamó por su nombre ante los caballeros, pero dejando eso de lado ambos se mostraban apropiados a sus posiciones y sin embargo muchos podrían notar como todo parecía cambiar cuando estaban juntos.

Delicadas sonrisas y suaves risas adornaban el rostro de la princesa cada vez que se le veía caminar junto al héroe tomada de su codo con una postura perfecta y lejos de tocar sus hombros como correspondía, por su parte el héroe aunque conocido por su sonrisa amable y servicial desprendía una jovialidad efervescente cuando estaba con ella así mismo no escatimaba en palabras con tal de contagiar a la doncella que siempre lucía atenta a cada una de sus palabras.

Fue durante uno de dichos paseos que cierta conversación se llevó a cabo.

— ¿Cómo están los reclutas? —preguntó la chica mientras caminaban en dirección a los jardines.

—Bastante bien, desde que comenzaron a practicar con sus escudos han mejorado mucho, ahora ya incluso practican combate entre ellos y pronto comenzarán a ser parte de los turnos de guardia. No tiene que preocuparse, Robert aún no los espanta. —respondió casualmente.

— ¿Es realmente así? Diría que insistes en culpar a Sir Robert de presionarlos cuando eres tú quien realmente les lleva al límite. —comentó no sin un deje de broma en su voz.

Link volteó a verle y solo fingió indignación.

— ¿Por qué mi señora pensaría tal cosa?

— ¿No? ¿Entonces porque se comenta que nuestro héroe les da un entrenamiento draconiano a los jóvenes reclutas?

— ¿Draconiano? —tarareó pensativo un momento. —Quizás deba darles más ejercicios y así ya no puedan quejarse ¿No lo cree?

Zelda rio ante su descaro.

—Link, no todos tienen tanta energía como tú. —alejó su mano derecha de su codo y cubrió su suave risa. — Aunque sinceramente me sorprende que aún no hayan renunciado.

Link sonrió ligeramente ante la mención de ese hecho, ninguno había renunciado a pesar de lo duro que había vuelto su tratamiento.

—He de ser duro con ellos, así nunca más su alteza y la gente estará a merced de nadie. Haré de ellos hombres dignos de protegerle.

Ahora ella volteó a verle, mas él mantenía su mirada hacia el frente guiando el camino.

¿Lo haces por mí?

Tan fugaz y egoísta como pudo ser aquel pensamiento pronto desapareció una vez Link se detuvo y con calma anunció.

—Hemos llegado.

Los jardines del ala este, los mismos donde se encontraron aquella noche que Link recobró el conocimiento tras su llegada, ahora lucían mucho mejor. Los escombros habían sido retirados y nuevas flores plantadas, el césped aún estaba bastante maltrecho, pero con tiempo y los cuidados adecuados mejorarían.

Reanudaron su marcha ahora por el camino de piedra caliza hasta llegar a uno de sus extremos donde un cenador de caoba les esperaba. Separado del suelo por unos pequeños postes y contando con un escalón también de madera para acceder, Link le cedió el paso a la princesa con un gesto galante ante lo que ella con elegancia alzó ligeramente sus faldas para poder ascender y una vez ambos estuvieron refugiados del cálido sol veraniego tomaron asiento el uno frente al otro, separados únicamente por una pequeña mesa para el té.

—Todo se ve mucho mejor que la última vez. —comentó el joven rubio con calma. —Aunque no recuerdo haber visto este lugar antes.

—Eso es porque no estaba antes. —respondió Zelda. — Le mandé a construir pues estos jardines eran los favoritos de mi madre.

A pesar de lo casual del comentario no pasó desapercibido para Link, era la primera vez que le oía hablar de su madre, la difunta reina.

— ¿Sabes cómo llaman a estos jardines? —preguntó antes de que pudiera decir algo.

—No.

—Los jardines del destino.

— ¿Los jardines del destino? —repitió extrañado ante tal nombre.

—Sí, la leyenda dice que antes de que Ganondorf pudiera llevar a cabo su traición un mensajero de los cielos vino advertir a la familia real y fue en uno de los jardines del castillo donde halló a una joven princesa, dicha princesa fue mi antepasado, Zelda VI. El mensajero era un niño igual que la princesa, pero a pesar de su edad la vehemencia y determinación tras sus palabras fue capaz de convencer a la princesa y su cuidadora sobre la amenaza del hombre del desierto. Fue su encuentro destinado lo que evitó que una gran tragedia se desatara por ello cuando este castillo fue construido varios siglos después de aquello el rey decidió llamar los jardines que colindaban con la torre de su hija con aquel nombre, tanto en señal de buena suerte para su pequeña Zelda y en honor a las historias. —hizo una pausa y contempló por un momento el paisaje tras Link. —Mi madre amaba aquella historia, ella era extranjera, una duquesa de Holodrum, pero desde la primera vez que visitó Hyrule lo amó, su gente, sus costumbres, sus diosas, ella amó todo lo que había en Hyrule en especial sus leyendas fue por ello que en este jardín mi padre le propuso matrimonio bajo un manzano ubicado exactamente dónde estamos.

—Los escombros lo destruyeron ¿No es así?

—Sí. Recuerdo que solíamos pasar mucho tiempo aquí, me leía historias, las leyendas de los héroes de Hyrule. —sonrió suavemente ante la mención. —Realmente amaba esas historias.

—No lo entiendo. —dijo con honestidad. —Si este es un lugar importante ¿Por qué construiste esto? ¿Por qué cambiar un lugar lleno de tantos recuerdos?

Zelda se levantó de su asiento y caminó hasta uno de los barandales del cenador y simplemente observó la creciente naturaleza a su alrededor.

—Aquí mi madre tuvo uno de sus momentos más felices, acá yo fui feliz junto a ella, pero nada es eterno, mamá y papá fueron felices juntos, durante el poco tiempo que pasé con ellos fui feliz, pero no quiero vivir por el pasado. Quiero crear mis propios momentos felices, quiero tener mi propia historia siendo más que solo la princesa Zelda de alguna leyenda.

¿Una historia propia?

Una alejada de las leyendas.

Zelda quería ser más que solo lo que se suponía y se esperaba debía ser, quería ser ella.

Una sensación curiosa asaltó a Link al pensar en ello.

¿Podría yo ser algo más de lo que supone debo ser?

¿Podría ser algo más que simplemente...esto?

(...)

Los héroes de Hyrule, todos esos jóvenes que han vestido de verde, que han blandido espadas legendarias, que han salvado nuestra tierra y se han encontrado con una princesa llamada Zelda, todos ellos se han marchado.

Se fueron, una vez su tarea estuvo completa, una vez la paz restaurada y la princesa a salvo.

Todos creen que ellos se marcharon en busca de aventuras, de nuevos confines, de un nuevo lugar donde ser el héroe y continuar con un ciclo de heroísmo humilde y silencioso hasta el fin de sus días, pero permíteme hacerte una pregunta mi preciado lector ¿Sabes cuál es el precio a pagar por ser un héroe? ¿Sabes qué es lo necesario para salvar a un reino siendo solo una persona?

Si fuera fácil todos seríamos héroes, todos podríamos vencer a grandes enemigos, incluso dioses como alguna vez un joven lo hizo, pero no es así, pues el precio a pagar para salvar un reino, este reino, es uno mismo.

Ya he dicho que no soy un historiador y es la verdad, pues he sido un guerrero desde que soy un niño, he cargado una espada y escudo desde una tierna edad y he luchado por mi vida más veces de la que puedo recordar, por ello sé que es lo que la lucha, la guerra, hace a las personas, como tu mente se fractura junto con tu cuerpo y aunque este último se recupera a veces el primero nunca sana y puedo decir con completa seguridad que eso fue lo que pasó con cada uno de esos jóvenes.

Dieron todo de su ser por aquello que creían correcto o amaban y su única recompensa fue el dolor, el dolor de cargar con el mundo sobre sus hombros.

Los héroes no pueden fallar y su espada es lo único que se recordará.

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Zelda estaba en su despacho ordenando unos papeles de su última junta con el consejo, actualmente con todo los asuntos de importancia bien encaminados le permitía tener que reunirse con ellos solo una vez a la semana lo que le dejaba gran parte del día libre luego de que usara las primeras horas del día para atender cualquier otro asunto que concierne al reino y su gente, cabe mencionar que gran parte de dicho tiempo libre lo pasaba junto a Link, conversando, dando un paseo por los jardines, leyendo en su biblioteca inclusive jugando ajedrez aunque ciertamente el joven héroe no era tan bueno en ello como la princesa, pero podía disfrutar de unas cuantas derrotas de mano de ella.

En dicho momento estaba próxima a terminar con sus deberes y normalmente luego de eso iría en busca del joven ordoniano, pero esta vez fue distinto, una vez terminó de revisar y apilar los papeles por segunda vez por su orden de importancia como correspondía se tomó un momento para pensar en algo que le había estado inquietando.

Durante la mencionada reunión con el consejo hubo cierta moción, la celebración de un baile para conmemorar el nuevo año, la victoria ante el mal y así mismo marcar el inicio de una nueva era en Hyrule. No tenía nada en contra del baile, de hecho la idea le encantó pues hacía muchos años que no sentía que hubiera una verdadera razón para celebrar, pero había algo que le tenía en un pequeño predicamento, una simple formalidad que había ocupado un lugar más amplió en su mente de lo que debería y eso era con quién iba a tener el primer baile de la noche

Normalmente la posición de su acompañante sería tomada por su padre, pero por obvias razones dicha situación nunca se había dado en su vida, el siguiente en la lista sería su prometido u aquel que le esté cortejando, pero tenía que admitir que la sola idea de que por alguna razón sus nuevos consejeros comenzarán a buscarle un posible consorte aprovechando la situación le hizo sentir náuseas y finalmente estaba la tercera opción alguien de confianza o cierto estatus dentro de la corte que aceptara el honor de bailar con ella, durante años aquel elegido fue Franz Birch, sucedido por su hijo Abel durante los últimos tres años. Pero el problema no era si quería bailar con Sir Abel, sino quien la lógica decía que debía ser su acompañante y quiénes sus consejeros con entusiasmo mencionaron era nada más ni menos que Link.

Entonces.

¿Cuál era el problema?

No es que no gustara de la idea, de hecho puede que quizás haya descubierto durante los últimos días que de hecho le entusiasmaba bastante el compartir uno u incluso más bailes con él, pero no, ese no era el problema. La razón por la cual la princesa heredera de Hyrule estaba en su estudio llena de cavilaciones era algo mucho más simple y hasta estúpida si lo miraba desde su posición noble.

No sabía cómo decirle.

Por alguna razón el solo imaginarse a sí misma pidiéndole a Link que bailara con ella remecía sus entrañas de sobremanera.

Era una estupidez, lo sabía, era solo un baile, una simple formalidad no implicaba nada más que una tradición y así mismo también darle los honores que merecía pues de no por él ni siquiera habría algo que celebrar.

Qué su mente se volviera un caos por algo tan mundano le irritaba, sin embargo su irritación se veía superada por temores infundados.

¿Y si decía que no?

Hasta donde sabía era prácticamente imposible que Link supiera bailar un baile de salón como lo era el vals, el baile de cuadrillas popular entre la gente probablemente lo conociera, pero esto requería cierta preparación y básicamente cada minuto que pasaba buscando excusas para no decirle lo perdía.

Esa era una razón sólida en su mente, luego estaba una que simplemente era del tamaño de La montaña de la muerte.

¿Y si aceptaba solo por obligación?

Negarle y llevarle la contraria a la realeza era un área dónde Link no era exactamente el mejor ejemplo y ambos lo sabían, peor aún, Zelda sabía que él podría aceptar solo para no causar más problemas entre ellos, una especie de ofrenda de paz innecesaria, pero que ella sabía que él sería capaz de pensar y esa idea lo hacía peor en su ya revuelta mente.

No quería que Link se sintiera obligado a nada, no con ella, no ahora, más bien nunca.

Hasta ahí es donde llegaba la lógica pues lo siguiente a pesar de tener más peso de manera inconsciente en Zelda no era algo que ella misma pudiera explicar.

Solo para sus adentros y sabiendo que no había nadie en al menos varios metros a la redonda Zelda se permitía pensar en el nerviosismo que sentía al imaginarse a ella y Link bailando frente a una multitud completamente pendiente de ellos.

No tenía sentido era solo un baile, no es que fueran hacer algo inapropiado.

No es como si ya no hubiéramos hecho algo inapropiado.

¿Qué?

No, no, no.

¡No!

Zelda se puso de pie de golpe y apoyó sus manos sobre el escritorio buscando calmar su corazón que latía sin control.

Respiró hondo y una vez el calor en su rostro se fue, halló su resolución.

Le preguntaría a Link si gustaría ser su pareja en el primer baile de la próxima celebración y lo haría ahora mismo.

Salió del despacho en ese mismo instante sin siquiera tomar atención de que cerró la puerta con más fuerza de la necesaria y una vez fuera comenzó a caminar lo más rápido que sus faldas le permitieron sin tener que alzarlas y básicamente correr.

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Link estaba sentado frente al escritorio de su habitación, hacía ya bastante que la hora del almuerzo había terminado y por ende también el entrenamiento, generalmente para esa hora del día ya estaría junto a cierta princesa, pero hoy no fue así pues el aviso de parte de Eleine sobre la llegada de correo a su nombre le hizo cambiar sus prioridades.

Desde la llegada de la primera carta desde Ordon Link había iniciado un intercambio regular de correspondencia con Uli e Ilia una vez a la semana recibía una carta de la mayor y cada dos una de su amiga, cartas las cuales leía y escribía una respuesta de inmediato.

No podía negar la alegría que sentía cuando veía los sobres en su escritorio, Uli le contaba cada detalle nuevo en la aldea, como estaban los niños, los adultos, su esposo e hijos y a pesar de que siempre partía disculpándose por no querer quitarle tiempo de sus "importantes deberes" con sus "aburridas cartas" él se aseguraba de enviar cada semana una carta del doble de extensión contándole todo lo nuevo que hacía, sobre su grupo de reclutas, sobre como jugaba con los gorones, le escribió sobre cómo la gente del castillo era amable con él, sobre cómo el general le tenía en estima, le dijo sobre Eleine y su pequeña tendencia a hablar de más, aunque nunca específico sobre qué era exactamente lo que la criada le decía o porque.

No hubo nada que no le contara a Uli a través de sus cartas, incluso le habló de Zelda, de lo buena que era, de la paciencia que le tenía, sobre lo agradable que era pasar tiempo con ella, como la princesa de Hyrule le llamaba su amigo.

Con Ilia también mantenía una buena comunicación aunque más centrada en otras cosas un tanto más casuales.

Obviamente lo primero que le preguntaba era por Epona, si le estaba dando los cuidados apropiados, si la cepillaba cada día, si le daba suficiente heno, a veces se preguntaba si le habló durante todos estos años solo por su yegua, no es que la tuviera desde niño, pero si no conociera a la chica desde que tiene memoria se cuestionaría realmente sus prioridades.

Pero dejando de lado la intensa pasión de Ilia por los animales sus cartas solían ser bastantes simples, preguntaba por él, como se encontraba, si comía y descansaba bien, le contaba cómo Fado iba todas las mañanas hacia su casa a ver si había vuelto, pues la cabra se lo ponían más difícil cada día, de hecho el alcalde Bo, llevaba ya varios días montando guardia en el pasaje al rancho pues el número de cabras prófugas iba en aumento y sin Link en la aldea solo el mayor podía detenerlas.

Link por su parte le preguntaba cómo estaba su salud, si los niños le estaban dando demasiados problemas, si Talo seguía causando revuelo cuando nadie le vigilaba, si Beth seguía siendo... pues Beth y también si Colin se mantenía a salvo.

Mantener correspondencia con su vieja amiga era agradable especialmente luego de que pasó semanas enteras sintiéndose terrible por su pérdida de memoria, poder hablar con ella incluso si era mediante cartas y de forma esporádica le gustaba, era gratificante de alguna forma, pues aunque le llamaran héroe Link sabía que de no haber sido porque Ilia y los niños estaban en peligro nunca habría tenido lo necesario para salir de aquella celda y partir hacia lo desconocido.

Ellos, su ausencia, fue lo que puso a girar los engranajes de aquel destino que las mismas diosas habían preparado.

Estaba terminando la carta en respuesta para la hija del alcalde y una vez lo hizo solo contempló por un momento las letras plasmadas.

Cada vez que escribía un sentimiento liberador le llenaba, pero al mismo tiempo en silencio el peso de sus palabras de despedida lentamente comenzaba a afectarle.

"Pronto volveré."

Podía sentir el amargor en su boca al escribir aquello.

Eran las mismas palabras que se repetía cada día durante el crepúsculo.

Pronto volveré.

Pronto estaré junto a todos.

Pronto todos estarán bien.

Pronto los salvaré.

Pronto volveremos a...casa.

Había pasado tanto, él había pasado por tanto y durante todo ese tiempo aquella silenciosa añoranza aumentaba y lo seguía haciendo ahora, pero bajo todo el deseo había algo más, algo oscuro que lentamente se preguntaba más y más.

Suspiró suavemente tratando de dejar ir todos aquellos pensamientos.

Todos tienen su lugar en el mundo... especialmente yo.

Guardó la carta en un sobre y una vez que iba a sellarla un suave golpeteo a su puerta ganó su atención.

— ¿Link, estás ahí? Soy yo.

Con solo oír su voz pudo sentir su ánimo renovarse.

—Adelante. —fue todo lo que dijo sintiendo sus labios curvarse ligeramente ante su inminente entrada.

(...)

He dicho que los héroes de Hyrule están malditos y con ello no me refiero a que haya habido un maleficio en sus personas, me refiero a la carga que llevan, todos se sorprenden de oír de cómo muchachos fueron capaces de hazañas que ni el mejor de los caballeros podría lograr, como batallaron sin descanso, pero ¿Alguien piensa en cuanto ellos sufrieron?

Toda historia inicia con aquellos jóvenes estando solos, siendo nadie hasta que todo se vuelve un caos y la vida no de uno, sino de todo un reino depende de ellos y dime mi preciado lector ¿Alguna vez te preguntaste si tuvieron miedo? ¿Si la angustia les corroía? ¿Si la soledad les perseguía? ¿Alguna vez alguien en este reino se preguntó sobre las personas tras las grandes epopeyas?

No, no lo hicieron.

Pues los héroes no pueden temer, no pueden dudar.

No pueden fallar.

Al final de cada historia cuando el mal es vencido, cuando el reino es salvado, cuando la princesa es rescatada, solo queda el silencio para aquel que lo dio todo, pues nadie llora por sus tormentos, por el trozo de sí mismo que perdieron, por su alma fracturada.

Los héroes de Hyrule están malditos, condenados a cargar con el peso de un mundo que olvida sus identidades como hombres y solo piensan en sus virtudes de héroe, siendo evocados como grandes guerreros cuando nadie sabe nada más de ellos aparte del color de sus ropas, perdiendo sus nombres en el tiempo para que solo se recuerde el de su espada.

La tercera constante de nuestro reino son los héroes, aquellos que enfrentan al mal que cae cíclicamente sobre Hyrule, los mismos que deben hallar a las hijas de Hylia, las princesas llamadas Zelda para traer la luz y esperanza al reino, aquellos jóvenes que lo dan todo y simplemente son olvidados.

En Hyrule las leyendas se vuelven realidad, mas la de los héroes de Hyrule son meros cuentos que nadie debería contar.

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El penúltimo día de la luna del alba las puertas del castillo se abrieron una vez más para el pueblo de Hyrule y esta vez con una intención más afable, celebrar. Celebrar el nuevo año, la paz, la victoria y el cambio.

Los terrenos centrales fueron decorados y acondicionados para recibir a la gente de la ciudadela pues este baile sería el inicio de lo que Zelda esperaba fuera una larga tradición en un Hyrule donde ya no existían las clases sociales, todo aquel que quisiera asistir al banquete y fiesta que la princesa daría sería bienvenido. Mesas fueron puestas a cada extremo del área, todas llenas de manjares y bebidas para deleitar a los presentes y así mismo dejando el centro de la fachada frontal libre pues ahí era donde se llevaría a cabo el baile y donde ya los músicos preparaban sus instrumentos.

A las afueras de la torre central se extendía una larga alfombra roja que marcaba el camino hasta llegar a una silla de fina madera de un color púrpura natural embellecida con enchapados en oro, cubierta de un tapiz aterciopelado rojizo y situada en la cabecera de una mesa ubicada en el extremo superior de la improvisada pista de baile.

Link estaba en un extremo alejado viendo cómo la gente lentamente llenaba el lugar mientras contemplaban todo con asombro.

Vestía sus nuevas galas cortesía de Zelda quien sin duda se había tomado en serio su promesa de llenarle de agasajos durante su estancia, pues este era el tercer juego de ropa completo que le regalaba y sinceramente ya no sabía si sorprenderse de la finura de los materiales o del ojo que tenía la chica para elegirle ropa.

Shad podía usar esos pantalones abultados de colores chillones junto a esos rígidos jubones todo lo que quisiera, pero él antes muerto y ni hablar de esos zapatos puntiagudos, oh no, preferiría pelear con Armoghoma de nuevo antes que usarlos y las diosas sabían cuánto odiaba a esa cosa.

Pero bien no tendría que pelear con ninguna araña estúpidamente grande y todo gracias a Zelda quien es su infinita sabiduría y sentido común eligió ropas acordes a los gustos de Link, primero una chaqueta de cuello bajo y abotonada de un color azul grisáceo, con mangas largas cubriendo su camiseta interior y ligeros bordados color plata, su hombro derecho estaba cubierto por una hombrera también de color plata pues se rehusaba rotundamente a usar oro, aunque esta vez no pudo evitar las incrustaciones; tres gemas verdes se mantenían en el centro de la pieza de metal alineadas de tal forma que un triángulo se formaba. Por otra parte su hombro izquierdo se mantenía cubierta por un ferreruelo color negro el cual estaba atado bajo su brazo derecho cubriendo solo la mitad opuesta, continuando con sus ropajes inferiores, la princesa tuvo una acertada elección de unos cómodos pantalones de algodón gris y finalmente un nuevo par de botas negras muy parecidas a sus viejas botas de montar, pero con la diferencia que estás tenían un tacón de unos tres centímetros.

Toda la gente ya estaba al interior de los terrenos una vez Link se acercó a Sir Abel quien le hizo una seña desde uno de los costados de la mesa central

—Ya es hora. —fue todo lo que dijo el hombre al mismo tiempo que dos hombres vestidos con el uniforme ceremonial de la casa real se posicionaban a ambos laterales del último segmento de la alfombra.

Cada uno alzó una trompeta que lucía el blasón de la familia real y una vez comenzaron a tocar todos voltearon a verles.

— ¡Presentando a su alteza, regente y heredera del reino de Hyrule, la princesa Zelda XI de Hyrule! —vociferó uno de los mozos una vez la tonada terminó.

Las puertas de la torre central se abrieron al instante tras esas palabras y ante todos apareció la princesa.

Luciendo un vestido rojo de escote en forma de corazón y mangas largas con encajes en blanco a sus extremos, la pieza estaba ceñida a su figura que resaltaba a simple vista una tenue, pero aun así presente forma de reloj de arena, atrás quedaron sus hombreras y así mismo el collar de oro macizo había sido reemplazado por una más pequeña, pero aun así ostentosa gargantilla que sostenía un colgante de plata e incrustaciones de diamante con el símbolo de la diosa Nayru; su cabello había sido liberado de toda atadura y se alzaba libre enmarcando su rostro con una cascada de rizos sobre cuya cúspide se mantenía su corona dorada.

La princesa avanzó con calma y elegancia por la alfombra bajo la atenta mirada de todos los presentes y una vez estuvo en el último tramo los mismos dos mozos que habían dado inicio a su entrada le dieron una profunda reverencia para luego caer arrodillados con la mirada fija en el suelo ejemplo que fue seguido por el resto de personas presentes una vez estuvo en frente a su silla y se sentó.

—Gente de Hyrule, poneos de pie. —dijo en voz alta causando el efecto deseado de inmediato. —Me alegra daros la bienvenida, mucho ha pasado los últimos meses, hemos sufrido y perdido demasiado, pero también hemos cambiado, Hyrule ha cambiado y su presencia esta noche es prueba de ello, prueba de que la paz ha vuelto, que estamos encaminados hacia la mejoría, que aún existe la esperanza pues un día como hoy hace dos meses el mal intento tomar todo de nosotros y falló, fracasó ante la mano de aquellos que nunca perdieron la esperanza, quienes a pesar de las difíciles pruebas que sortearon perseveraron y es por ellos que estamos aquí hoy, más fuertes y unidos que nunca. Pueblo de Hyrule quiero celebrar, quiero que celebren junto a mí, celebremos juntos como el pueblo unido que somos, porque nos hemos levantado a pesar de la adversidad, nos hemos ayudado a pesar de las diferencias, hemos cambiado y quiero que hoy después de tanto revuelo e incertidumbre por fin podemos decirlo con confianza, porque quiero que esté sea la primera de muchas más fiestas en los que todos me acompañéis, pues las puertas de este castillo nunca más han de estar cerradas para ustedes que son la razón de ser de este reino, mi deber y devoción por ello hoy sean mis invitados. —tomó su copa y la alzó con su mano derecha. —Comed, bebed y bailad mi amado pueblo porque una nueva era ha comenzado y la buenaventura nos espera. —miro a todos sus invitados y aquellos que compartirían la mesa con ella durante la velada y sonrió, no con la máscara de una princesa reticente del resto sino como la mujer gentil y llena de esperanza que era. — ¡Qué comience la fiesta!

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El banquete se llevó a cabo entre la algarabía de las masas que de tanto en tanto algunos de sus miembros más afectados por el ambiente y el vino decidían alzar la voz para dedicarle un brindis a su alteza mientras que por su parte la mesa central donde la princesa se ubicaba se mantuvo un tanto menos bulliciosa, mas no fuera del espíritu alegre de la velada.

Link estaba a la izquierda de Zelda quien compartía una amena charla con Ralis a su derecha quien había sido invitado junto a los zoras, de hecho la princesa había invitado a toda las personas posible, a Darbus y el resto de ancianos que habían decidido ubicarse en un extremo alejado para degustar sus rocas tranquilos y después unirse a la fiesta, Renado, Luda e Impaz, también vinieron, incluso Telma a quien escuchó decir que el negocio se iría a la quiebra si la princesa persistía en dar bebida y comida gratis a todos de forma frecuente, Zelda insistió en enviar mensajeros a cada rincón poblado de Hyrule, logrando algo inédito en la historia pues era la primera que todas las razas se congregaban a celebrar juntas. Todos estaban ahí, bueno casi todos, pues Link era el único representante de Ordon.

Aparentemente Rusl fue invitado como miembro de la resistencia, pero se excusó al no querer separarse de su familia luego de tanto tiempo lejos de casa.

Comprendía sus motivos, pero realmente le hubiera gustado ver a alguien de la aldea ahí, aunque de cierto modo también era un alivio pues si les veía en ese mismo instante ni siquiera él mismo sabía que haría y lo quisiera o no, su labor aún estaba lejos de terminar.

— ¿Entonces cómo lo llevas, cariño? —la voz de Telma a su derecha le hizo salir de sus pensamientos.

— ¿Eh? —fue lo único que dijo mientras volteaba en diagonal hacia donde se encontraba la mujer junto a Auru y Shad.

La camarera río.

—Es raro verte en las nubes. —comentó sin ánimo de ofender. —Partamos de nuevo ¿Cómo has llevado tus días en el castillo? He oído que estás entrenando a un grupo de soldados.

Los rumores vuelan, especialmente entre los borrachos y eso Telma lo sabía mejor que nadie.

—Estoy bien. —respondió dejando los cubiertos sobre su plato. —Y sí, estoy entrenando a un grupo de reclutas, van bien, tienen motivación.

La risa contenida de Sir Robert se escuchó desde el final de la mesa.

—Sin duda la tienen. —dijo Abel a su lado. —Creía que yo trataba duro a los soldados, pero tú les entrenas como si fueran a luchar contra un dragón.

—Pensaba más en un gigante acorazado, los dragones no son algo con lo que se pueda luchar desde el suelo. —comentó con calma mientras tomaba su copa con vino.

La mirada sutil y el ligero silencio entre todos los comensales le hizo detenerse.

— ¿Luchaste con un dragón? —preguntó Shad expresando el pensar de todos.

—Sí, durante una tormenta y a varios metros de altura. —contempló el líquido mientras le hacía girar suavemente. —No se lo recomiendo a nadie.

Hubo un par de murmullos desde el extremo más alejado de la mesa donde se encontraban los capitanes y los consejeros más nuevos, escuchó a Ashei junto a Robert decir que ya nada le sorprendía, Shad le alabó junto a Abel, mientras que Ralis le miraba fascinado y Luda comentaba con Impaz y Renado lo difícil que tuvo que ser aquello, los únicos que no parecían sorprendidos eran Zelda y Auru.

—Parece que ya estás habituado. —dijo Telma.

— ¿A qué? —preguntó Link.

—A las palabras y halagos de los demás. —respondió. — Cuando te conocí apenas podía soportar un cumplido sin ponerte como un tomate ¿Pueden creerlo? Este chico puede ir contra una horda de alimañas sin dudar, pero un par de palabras amables y está fuera de combate.

Todos rieron ante el comentario y como era de esperar Link agachó la cabeza ligeramente y llevó su mano tras su cabeza.

No es que estuviera acostumbrado a los halagos, aún le incomodaban, pero también sabían que no se detendrían. Él era el héroe que todos admiraban.

—Si ya estás entrenando soldados ¿Eso significa que vas a establecerte aquí? —continuó la dama pelirroja una vez más risas cesaron. — ¿Vas a tomar un cargo en el ejército?

Oficialmente Link no era más que un invitado de honor de la princesa Zelda y así mismo su título de héroe es más simbolismos dentro de la jerarquía militar, pero extraoficialmente recibía el tratamiento de un caballero investido y así mismo todos los miembros del ejército le trataban como un superior solo abajo de Sir Abel.

Pero eso era más por el respeto y agradecimiento a lo que había hecho no es que fuera un miembro de nada, él seguía siendo Link de Ordon, pastor de cabras, aunque Zelda le había comentado su deseo que investirle caballero.

—Me gustaría volver a Ordon. —dijo con suavidad aunque rápidamente se corrigió. —No es que esté negando la posibilidad de quizás establecerme aquí o en alguna otra parte, pero realmente me gustaría estar en casa un tiempo antes de tomar cualquier decisión.

Telma tarareó asimilando su respuesta.

—Quieres ir a ver a Ilia ¿No es cierto? —dijo con una nota picante en su voz.

Gracias a las diosas no tenía nada en su boca o podría haberle escupido a Ralis.

¿Por qué Telma tenía que ser siempre así? Se cuestionaba mientras sentía que un par de miradas se posaban en él, partiendo por la de Abel.

— ¿Es Ilia tu prometida? —preguntó el general sin dudar.

Poderosa Din por favor ven y mátame.

—No. —dijo con el tono más calmado que pudo lograr. —Ilia es mi amiga de la infancia y la hija del alcalde de Ordon. —agregó respondiendo al caballero.

—Amiga es una forma de decirlo. —dijo Telma para horror del joven héroe. —Después de todo corriste de un lado a otro sin descanso en busca de ella ¿No?

¿Cómo es que se volvió el centro de atención de la cena?

Era por cosas como esta que prefería guardar silencio, pero Telma tenía razón, había ido de un lado a otro sin descanso una vez Midna le liberó, tenía que encontrarles, tenía que volver a verles a salvo aunque fuera lo último que hiciera en su vida.

¿Por qué luchas?

¿Por qué te han entregado esa túnica?

—Tenía que encontrarle a ella y a los niños. —dijo con lentitud. —Ella siempre estuvo cuando le necesitamos ya fuera jugando o cuidando de nosotros. Me dijeron que había sido elegido para salvar el reino ¿Pero qué clase de héroe no puede salvar aquello que es importante para él? Ilia es mi amiga, por supuesto que iba a correr de un lado a otro sin descanso por ella de la misma forma que lo hice por los niños y finalmente por Hyrule. No podría vivir sabiendo que le falle cuando más me necesitaba.

Recordaba la angustia de no hallar ni un rastro de ella, la desesperación de haber encontrado a los niños, pero no a Ilia y aunque al final todo salió bien lo que pudo ser aún le perseguía, justo como casi sucedió con Midna y lamentablemente le ocurrió a Zelda.

Todos guardaron silencio, no sabían qué decir y sinceramente tampoco lo entendían pues ese hombre que había hecho lo imposible y traía esperanza a donde fuera lucía a momentos tan devastado que simplemente les dejaba fuera de sí.

Zelda simplemente se mantuvo ajena a la conversación, pero aunque esta vez se reservó el derecho a hablar ante la presencia de más gente, no puedo evitar sentir cierta alarma en su ser al oír su forma de hablar.

¿Qué es lo que hay exactamente tras esas palabras llenas de melancolía?

¿Se lo diría si le preguntaba?

Nunca me mentirías ¿Cierto?

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Una vez todos quedaron satisfechos, las mesas fueron retiradas dándole más espacio a las personas expectantes de lo que sería el inicio del baile y mientras los músicos probaban por última vez sus instrumentos Zelda se mantenía sobre su trono observando a todos con calma.

El momento había llegado, ya no había forma de retractarse y lo sabía mientras veía como un grupo de varones se formaba a la derecha de la así llamada pista de baile.

Link estaba al medio de dicha fila, le habían dicho que la princesa debía caminar frente a todos sus posibles acompañantes y finalmente tenderle su mano a su elegido quien debía proceder darle un besamanos para finalmente caminar sosteniendo su mano hacia la pista.

A su derecha estaba Sir Abel y así izquierda Shad, sumado a otros caballeros, Auru e incluso un par de rostros nuevos que se sintieron lo suficientemente envalentonados como para esperar que su alteza les eligiera, aunque sinceramente no les culpaba, Zelda era la mujer más bella de todo el reino y más de alguno daría todos sus bienes materiales y un brazo con tal de compartir un baile con ella.

Todo murmullo se detuvo una vez la princesa se puso de pie y con lentitud comenzó a caminar mientras veía a cada uno de los hombres expectantes y una vez llegó hasta donde él estaba por un momento se detuvo, Link sonrió suavemente al verle y aunque ella correspondió el gesto no fue una de las sonrisas que solía darle sino una mesurada y pragmática, la sonrisa de una princesa y evitando toda coquetería innecesaria siguió su camino hasta llegar a Auru quien estaba a unos pasos de ellos.

— ¿Me concedería el honor? —preguntó la princesa mientras le tendía su mano derecha.

—El honor será mío, su alteza. —respondió el consejero mientras tomaba su mano y se inclinaba para hacer el gesto de besarla.

Auru guío a Zelda hacia el centro de la pista y una vez ahí se separaron para dar una agraciada reverencia al otro para luego ponerse en posición y una vez estuvieron listos la música comenzó.

Era una cobarde y lo sabía, realmente quería que él le acompañara, lo quería con todo su ser, pero una vez estuvo frente a él en su habitación todo el coraje que había reunido desapareció.

"¿Te gustaría un poco de té y pasteles?" Fue lo que preguntó una vez el joven le consulto qué era lo que se le ofrecía y dicha acción hasta ahora le carcomía, se sentía casi como si estuviera buscando una excusa y peor aún esa excusa era Auru, pues según sus propias palabras quien era un gran amigo de su padre sin duda debía tener el honor de acompañarle sobre cualquier otro ahora que Hyrule había renacido.

Había llevado a cabo artimañas y juegos sucios por años en contra de los nobles, pero ninguno le había hecho sentir tan hipócrita como lo había hecho el no ser capaz de hacer aquella simple pregunta.

¿Era acaso su orgullo como princesa?

¿Cómo mujer?

¿Qué era exactamente aquella sensación de reticencia?

¿O es que era vergüenza?

¿Te avergüenzas de él?

Por un momento sintió que dio un paso en falso, mas Auru simplemente tomó el mando y continuó como si nada hubiera pasado.

— ¿Qué es lo que le acompleja? —preguntó con calma mientras daban un giro.

—No es nada, solo perdí la concentración. —respondió de forma mecánica.

El mayor asintió al notar que no lograría nada con preguntas, Zelda era compleja de leer cuando lo deseaba, pero tenía un núcleo simple y aunque no lo pareciera Auru podía imaginarse a que venía esa expresión fría mientras bailaban.

Cae antes un mentiroso que un cojo.

—No le dijiste ¿No es así? —fue todo lo que dijo y su expresión de desconcierto fue toda la respuesta que necesitaba.

Zelda no dijo nada y Auru simplemente le observó mientras recomponía su expresión, ciertamente podía ser una princesa dotada de gran sabiduría, pero era obvio que no sabía cómo lidiar con aquello no conocía.

A medida que la pieza musical continuaba lentamente varias parejas comenzaron a unirse a ellos y de pronto toda la pista estaba llena de gente disfrutando del agradable vals mientras Link simplemente observaba desde un costado.

—Sinceramente creí que tú serías el elegido. —dijo de pronto Abel a su lado.

— ¿Es así?

—Por supuesto, eres el héroe de Hyrule ¿Quién más debería acompañar a su alteza en esta celebración que honra lo que hemos logrado gracias a ti?

—Quizás sea mejor así. —comentó el héroe mientras veía a Zelda y Auru dar un giro.

—Incluso si lo fuera ¿Es lo que deseas?

—Su alteza ha hecho su elección y esa siempre será no solo lo correcto, sino lo que yo deseare. —respondió con calma volteando a verle.

Abel sabía que Link era más peligroso que cualquier otro hombre que haya conocido, pero algo en el sutil destello de su mirada no le intimidó, de hecho le causó gracia.

Incluso el más duro de los hombres se espina con una rosa.

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Zelda sabía que toda acción tenía una repercusión, pero sinceramente parecía que algo en el diseño divino estaba en su contra, pues llevaba un buen rato sentada en su trono observando como la justicia divina se hacía cargo de ella al hacerle ver a Link bailar con lo que parecían ser todas las chicas que estaban presentes, claro todas menos ella.

Y es que una vez el primer baile terminó Link no tardó en ser abordando por una chica lo suficientemente audaz para preguntarle al héroe si bailaría con ella y no solamente él acepto sino que demostró ante todos y específicamente para tortura de Zelda que sabía bailar y aunque tuvo un inicio dificultoso no tardó en coger el ritmo hasta terminar una pieza sin ningún falló sustancial.

Cosechas lo que siembras.

Se suponía que debía ser una noche de celebración y alegría, pero de alguna forma a pesar de que le abrió las puertas de su hogar a toda esa gente ella seguía sola, nadie, incluso el más borracho de los hombres no se atrevió en ningún momento a acercarse a ella para pedirle un baile, ni siquiera tenía guaridas a su lado y aun así parecía que había un muro o ejército frente a ella y el resto, pero la verdad era más simple y lo único que marcaba la diferencia era una simple silla, una que le condenaba a la soledad y le aislaba de todos.

—Esa expresión no le sienta para nada, si me permite la osadía. —dijo de pronto una voz masculina.

—Chaman Renado. —llamó al hombre que en al momento de sus divagaciones apareció frente a ella.

—Alteza. —dio una suave reverencia para luego continuar con su charla. — Ha sido poco tiempo desde nuestro encuentro, pero me alegra verle bien.

—También me alegra verle ¿Dónde está Luda? —preguntó al notar que la niña no estaba a su lado.

—Está con Link.

Su respuesta fue simple y aunque no había nada malo en ella Zelda sintió que simplemente ya era el colmo, incluso Luda podía bailar con Link y ella no ¿Quién seguía? ¿Telma? ¿Ashei?

Contuvo su suspiro y solo observó con Link sostenía las manos de la niña con delicadeza mientras simplemente daban unos pasos torpes debido a su diferencia de estatura aunque de pronto él la alzó entre sus brazos para sorpresa de la chica y mientras la sostenía en su brazo izquierdo acunó su mano derecha y comenzó a dar los pasos en tres tiempos del vals intercalando giros mientras reía junto a la niña.

Sintió que parte de su malestar se fue al ver aquello, ellos no tenían la culpa de nada, mucho menos una niña inocente como Luda, si realmente quería buscar un culpable ella misma era suficiente y no era necesario sentir envidia del resto.

—Link tiene una manera con las personas ¿No lo cree? —dijo Renado observando la escena al igual que ella.

—Sí. —respondió en voz baja mientras continuaba viendo su baile. — Él gana el corazón de las personas solo con su humildad.

Esta vez el chamán volteó y miró por un momento a la princesa.

—El corazón no es algo que se gane, alteza, más bien es algo que se entrega, pero para que realmente un lazo sea fuerte se debe hacer algo más que solo entregar. Se debe comprender, comprenderse a sí mismo y al otro, solo así los lazos perduran.

Esta vez ella volteó a verle con extrañeza y la pregunta no tardó en hacerse presente.

— ¿Por qué me dice esto? —cuestionó ante lo que una ligera sonrisa adorno el rostro del hombre.

—Estaban en un pueblo prácticamente desierto, era imposible que no le escuchara gritarle y maldecirle, aunque no la culpo incluso a mí suele frustrarme la terquedad de ese chico.

Renado escuchó a Zelda gritarle a Link, le escuchó maldecir y finalmente decir todas esas cosas embarazosas.

—No se preocupe, me fui una vez note que no iba a golpearle. —dijo con calma al notar el rojo en sus mejillas.

Dulce Nayru ¿Por qué me castigas así?

—No deberías molestar a las jovencitas, tú, hombre rudo. —dijo desde atrás del chamán una voz que le hizo crisparse.

Zelda solo observó cómo el rostro confidente del siempre centrado Renado paso de una expresión de horror a una seria y finalmente volteó a enfrentar a Telma.

—Tel...—abrió su boca, pero rápidamente un dedo índice cubrió sus labios.

—Ni una palabra chamán, me debes un par de explicaciones, pero primero un baile. —fue todo lo que dijo con confianza para luego simplemente tomar al hombre de su brazo y llevarlo hasta la pista de baile.

Todo mientras Zelda observaba confusa tal situación.

—Parece que han raptado a tu padre. —una nueva voz ganó la atención de la princesa aunque esta vez no había duda a quién pertenecía.

—Realmente no puede contra la señorita Telma. —fue todo lo que dijo Luda para diversión de Link.

—Nadie puede con Telma. —sentenció el rubio una vez se detuvieron frente a Zelda.

— ¿Se encuentra bien, alteza? —preguntó la chica mientras le daba una reverencia.

— ¿Eh? Sí, solo me sorprendieron, no sabía que tu padre y Telma tuvieran ese tipo de relación.

—No la tienen. —dijo secamente la niña ante lo que Link rio.

— ¿Entonces? —preguntó sin entender.

—Pues digamos que Telma es muy entusiasta respecto al chamán y este no sabe qué hacer con ella.

—Ya veo. —dijo la princesa.

Link y Luda se quedaron junto a Zelda charlando amenamente hasta que la niña fue en busca de su padre puesto este había "desaparecido" de pronto e Impaz ya se había ido a dormir y aunque Link se ofreció a ayudarle ella se negó diciendo que no podía haber ido muy lejos.

Fue así como la princesa y el héroe se quedaron solos por primera vez en toda la velada y aunque Zelda pensó que sería incómodo no lo fue, Link le llevo una copa de vino y ambos bebieron lentamente mientras charlaban de todo y nada mientras veían a la gente bailar, todo estaba bien ya no importaba si bailaban o no, le bastaba con poder pasar tiempo a su lado.

—Disculpe. —dijo de pronto una voz femenina justo al instante que Link parecía listo para decirle algo a Zelda.

Ambos voltearon y se encontraron con una chica que se removía con cierto nerviosismo.

— ¿Si? —habló Zelda con calma aunque esto solo la puso más nerviosa.

—Alteza. —dijo con cierto apremio mientras hacía una reverencia con dificultad.

—No tienes que estar nerviosa. —intentó calmarle Link. —Su alteza no muerde. —dijo en tono bromista ante lo que Zelda le miró fijo por un instante. —.

¿Hay algo en lo que su alteza o yo podamos ayudarle?

—Héroe. —dijo con un poco más de confianza al ver la afable sonrisa del joven. — ¿Me concedería el honor de bailar conmigo? —una nueva reverencia fue hecha y está vez lució un poco menos tosca aunque para Link lo extraño fue que hacía él fuera dirigida.

Zelda solo guardo silencio ante la situación aunque el agarre sobre su copa se volvió más rígido.

Por supuesto que lo que quería esa chica era bailar con Link, era lo que básicamente todas querían, contuvo su suspiro y preparo su mejor sonrisa mesurada para decirle a Link que estaba bien que fuera con la jovencita a bailar, que ella iba a estar bien ahí con su fiel trono y su nuevo amigo el vino, sí, todo de maravilla.

—Me honra su petición señorita, pero me temo que estaba a punto de hacerle la misma pregunta a su alteza. —dijo con suavidad el rubio causando que tanto la chica cómo Zelda abrieran sus ojos con sorpresa. —Princesa. —volteó a verle. — ¿Bailamos? —preguntó con una sonrisa gentil mientras le tendía su mano en una invitación que nunca creyó que ocurriría.

—Sí. —fue toda su respuesta mientras tomaba su mano izquierda con su derecha y se ponía de pie para que él le guiará hacia la pista no sin antes entregarles sus copas a un mozo a medio camino.

No fue una casualidad que la pista estuviera vacía una vez llegaron a ella pues una vez todos notaron que el héroe sostenía la mano de la princesa las pocas personas que bailaban se detuvieron ante lo que sin duda era lo que muchos esperaban.

Cuando estuvieron en el centro y todos los presentes les veían Zelda comenzó a sentir nuevamente ese extraño nerviosismo ajeno a ella, pero la mirada afable de Link le detuvo.

Se separaron junto como lo hizo con Auru y él le dio una reverencia mientras mantenía si pierna izquierda tras la derecha y cruzaba su brazo izquierdo por su abdomen, así mismo ella le dio respondió alzando ligeramente sus faldas con las puntas de sus deseos e inclinando ligeramente su rostro hacia él.

Sus manos se juntaron sin mayor problema y el agarre en la cintura de la princesa fue delicado mientras que la mano de ella en el hombro del héroe se aferró con cierta fuerza por sobre la capa que le cubría.

Incluso los músicos se habían preparado para inminente llegada de aquel momento y una vez todo estuvo en su posición una nueva tonada sonó.

Se movieron con lentitud siguiendo los primeros acordes y aunque había una ligera diferencia de estaturas aún presente debido a los tacones de la princesa sus ojos aun así se encontraban los unos con los otros.

—No espere que supieras bailar tan bien. —comentó ella al notar como él guiaba a ambos.

—Me han enseñado un par de cosas. —dijo con una sonrisa lisonjera.

— ¿Es así? —preguntó Zelda con una mirada plana. — ¿Podría saber quién y qué le han enseñado? —agregó con una ligera nota de amargura en su voz.

—Ilia. —respondió con simpleza al mismo tiempo que les hacía girar.

La primera vez que Ilia acompañó a su padre a Castle Town fue durante un carnaval de primavera, fue ahí que embelesada por las luces y la música vio por primera vez a una pareja compartiendo un vals, la forma suave y delicada de sus movimientos le fascinó, era tan simple y a la vez elaborado que una vez que volvió a Ordon con un libro de danza nuevo no tardó en tomar a Link como su pareja de práctica en su nueva afición.

Qué Link tuviera un juego de pies tan agraciado cuando luchaba no se debía solo a su talento y entrenamiento, sino también a todos esos bailes que tuvo con Ilia.

Zelda sintió que toda su amargura desaparecía ante la mención de la chica de Ordon, Link le había hablado de ella justo como lo había hecho con el resto de habitantes de la aldea y sabía cuánto significaba para él.

No estaba bien que sintiera tales en emociones en contra de una amiga de Link o de cualquier otra chica, él no era un objeto y así mismo no correspondía que ella se sintiera...

— ¿Celosa? —fue lo único que salió de su boca causando que ella le mirara con estupor.

Fue solo una broma al tomar nota de su tono al preguntarle quien le enseño a bailar, pero sinceramente lo que descubrió fue inesperado.

Había visto a Zelda avergonzada antes, pero algo fue distinto está vez, quizás fue la forma en la que abrió su boca en busca de una respuesta que nunca llegó, quizás fue la manera en que el carmín tiñó sus mejillas con más fuerza que nunca antes y bajo su mirada con timidez, incluso puede que haya sido por su cercanía, sin embargo lo cierto era que le gusto y demasiado.

Le gustaba cuando Zelda se sonrojaba por sus palabras.

—No tiene de qué preocuparse, mi señora. —dijo con calma haciendo que volviera a verle. —Usted siempre será la única para mí. —agregó mientras se acercaba peligrosamente a su oído causándole un respingo.

El rojo furioso en sus mejillas le llenó de una satisfacción que no conocía y no pudo evitar reír ante ella.

Algo se remeció en el interior de Zelda con tales palabras y ahora no fue una sensación desagradable no al menos hasta que notó su risa.

Dos pueden jugar a eso.

De pronto la princesa tomó el mando y les hizo girar rápidamente para sorpresa de Link aunque cualquier queja se vio aplacada por el sutil, pero sin duda intencionado pellizcó en su hombro.

—Mi señor no debería decir tales cosas a la ligera. —dijo con tono velado mientras lentamente se inclinaba hasta llegar al límite de su mejilla y oído donde con un tono ligeramente sugerente susurró. —Podría tomarlas en serio y decidir tomarle para mí.

Link hay dos cosas con las que no debes jugar, las cabras y el fuego.

Sus ojos se abrieron con sobresalto y por un momento creyó que había dejado de moverse, mas Zelda seguía llevando el ritmo del baile y una vez sus miradas volvieron a cruzarse la princesa terminó su jugada con un encantador y veloz guiño.

Su corazón latía sin control y podía sentir sus orejas arder, pero no era desagradable, no era como cuando le llenaban de cumplidos o Telma le dedicaba el mismo gesto. No, esto era distinto ¿Pero por qué?

¿Qué era exactamente lo que hacía distinta a Zelda?

¿Qué era lo que le hacía a él?

Observó su rostro mientras se olvidaba de donde estaban y simplemente le contemplaba.

Zelda era hermosa, no linda, tampoco solo bella, sino hermosa; brillante como el amanecer y pura como las altas cumbres nevadas, delicada como una rosa e indómita como el cráter de un volcán.

Zelda era más que solo una princesa y más que una simple chica, no lo comprendía, pero no había duda que le gustaba.

¿Pero qué era exactamente lo que le gustaba?

— ¿Le ha comido la lengua el gato? —la voz de ella le hizo volver en sí y notar como una caja de música llenaba el ambiente con una alegre tonada seguida de pronto de una tuba y finalmente el resto de cuerdas y metales.

—No. —dijo con calma mientras le daba una ligera sonrisa. —Estaba pensando en algo.

— ¿En qué? —preguntó extrañada por su cambio.

Hay muchas cosas con las que no se debe jugar y muchas más que te pueden quemar.

—En lo hermosa que eres. —fue todo lo que dijo para inmediatamente hacerla girar sobre su eje para sorpresa de todos.

El vals redujo su ritmo y ahora era una tonada suave y armoniosa y una vez Zelda volvió a verle solo agachó suavemente su cabeza mientras susurraba.

— ¿Vas a seguir bromeando?

—No bromearía con eso. —fue su única respuesta volviendo a tomar el liderazgo del baile. —Nunca. —agregó mientras su mirada determinada se cruzaba con la tímida de ella.

—Gracias. —fue su única respuesta mientras lentamente retomaba su compostura aunque esta vez no hubo forma de que ocultara el carmín en sus mejillas a juego con su piel pálida y que de alguna forma hacia resaltar más sus labios que brillaban de un ligero rosa acentuado.

Siguieron moviéndose por toda la pista esta vez sin decirse ni una sola palabra mientras ambos se miraban con una calma que ocultaba mucho más de lo que ellos mismos podían entender, las últimas notas sonaron y una vez un último giro fue efectuado y la última nota sostenida tocada Link en un ágil movimiento tomó la mano derecha de Zelda al mismo tiempo que se arrodillaba ante ella y ahí frente a la mirada de todos besó su mano enguantada.

Alzó su mirada para ver el rostro sorprendido de la princesa aunque rápidamente este se volvió afable y finalmente obtuvo la hermosa sonrisa que tanto deseaba ver y fue en ese momento ante la visión de una Zelda más bella y dulce que nunca que la verdad llegó a él.

Esto...

Esta sensación...

Este sentimiento...Zelda...

Yo...te...

Yo...me...he...

Princesa...esto no está bien.

Fue lo último que una voz desde el fondo de su ser dijo antes de que los aplausos lo llenarán todo.


Notas del autor.

Saludos ¿Como les va?

Hoy voy a partir con un aviso importante antes de todo lo demás porque espero que así la mayoría lo lea.

Conseguí trabajo, desde el lunes pasado, así que ahora no podré actualizar tan seguido, pero juro que antes muerto que dejar esta historia abandonada, este capítulo fue más simple de terminar pues básicamente las primeras 6000 palabras fueron escritas durante navidad y año nuevo, pero también desde este punto la historia entra en una parte que he estado planeando desde el principio así que no debería ser tan duro, espero.

Como mínimo prometo una actualización cada 30 días que me parece un tiempo prudente tomando en cuenta mis tiempos libres, ahora siempre pueden despedirme hacerme caer en depresión y terminaré esta historia como mecanismo para huir de la realidad, pero esperemos que no pase, quiero cosas caras y un nintendo switch así que necesito el trabajo.

Ahora pasando al capítulo.

Este capítulo supera al capítulo V en ser el más largo con 10975 palabras nuevo récord, y debo admitir que ni me di cuenta como se hizo tan largo, solo tenía una idea en mente y era que bailarán luego como siempre resultó ser algo más, pero no me quejo porque hay varias cosas que lentamente se dan a entender y otras que me gustaría mencionar, pero partamos por lo misceláneo.

Uno de mis placeres culpables es escuchar valses y básicamente no podía no hacerles bailar durante esta historia, ahora para la escena final me base en un vals específico y moderno que es "And the waltz goes on" pieza escrita por Sir Anthony Hopkins y musicalizada por André Rieu no solo es una pieza simple sino que también con un tono romántico, alegre y hasta cinematográfico por lo cual si alguien gusta de escucharlo puede que mejore más el ambiente al leer dicha parte.

Un ferreruelo es una capa de origen español de origen militar, no estoy seguro pero diría que es el mismo tipo de que capa que usa Ezio Auditore en AC2, lo mencionó solo para que tengan la idea que como va la capa solo sobre uno de los hombros de Link.

La ropa de Link en el baile se asemeja un tanto a las vestimentas de un hombre con cierto rango militar aunque más sencillas y cómodas de lo que se ven en los retratos y registros históricos.

Zelda no usa maquillaje y es algo que no mencioné, pues no sé mucho maquillaje o como describirlo, por otra parte Link menciona que sus labios se ven más brillantes y rosa que de costumbre y eso no es por maquillaje o porque su pequeña divagación le haga ver cosas, es solo un truco que leí que usaban las mujeres en la época medieval en donde el maquillaje era algo solo de mujeres de alta cuna y así mismo usarlo en exceso se relacionaba con las mujeres "pecadoras" así que para acentuar el color de los labios ya fuera por falta de dinero y para que no les apuntaran con el dedo las mujeres aplicaban jugo de limón en sus labios lo que resaltaba el tono de estos.

Toda historia que involucre a estos dos viviendo en el castillo tiene que tener una criada que habla de más, es casi una ley de la naturaleza.

Eleine cumple con esa función solo para satisfacer mi sentido del humor.

¿Notaron cómo Zelda cambia un poco su forma de expresarse con Link? ¿Que usa palabras más casuales?

Bien, eso no es un error mío, lo hice de tal forma porque creo que enventualmente ellos podrían hablar con mucha más soltura.

De la misma manera la forma en la que Link le pide bailar de forma tan casual es por eso, a pesar de que la llama por su título el le pidió a su amiga bailar con él no a su superior.

Bien ahora vamos con lo importante de este capítulo.

Como se puede apreciar en este capítulo dije que básicamente que todo el canon de The legend of Zelda es una basura porque solo recuerdan al héroe más no a la persona o peor aún a su espada, porque por supuesto la espada es más importante que enviar a un adolescente o prepúber a solucionar los problemas de los adultos, dioses, y básicamente todo el mundo multirracial que te rodea.

Dejando las bromas y sarcasmo, solo quería llevar algo donde se criticara la idea del héroe perfecto y TP me da vacíos y conexiones con el pasado para eso.

Ahora no he terminado con eso,no, aún hay más y créame disfrutaré cada palabra respecto a ese libro.

Pasando a lo realmente importante.

¿Por qué diablos Zelda no le preguntó a Link si quería bailar con ella desde un inicio?

Estoy seguro que alguien me hará esa pregunta porque parece innecesario, pero no lo creo, pues ya no hay forma de negar que hay atracción física entre ellos, pero ¿Es una atracción física igual a un sentimiento?

Peor aún ¿Puedes distinguir la atracción del afecto?

Los cuestionamientos de Zelda nacen no de la vergüenza aunque hay una carga de esta en ella, sino del desconocimiento y aquí mismo entra también el detalle final de toda la escena del baile que son sus bromas.

Absolutamente nadie te enseña la diferencia entre una broma y coquetear, es algo que descubres solo y probablemente dándote cuenta que la broma te gusta más de lo que te hace reír.

Así mismo como mencioné en otra nota un besamanos no implica besar la mano ya sea que está este cubierta o no, nunca se debe besar la mano, solo hacer el gesto sobre esta, así que solo imaginen las implicancias de lo que hizo el granjero.

Bien eso es todo por hoy.

Como siempre espero que hayan disfrutado de su lectura y así mismo mencionar que todo comentario, crítica o deseo de debatir algo sobre la historia sera bien recibido.

Dicho eso.

Se despide atentamente.

Starrk00.