La Niña Maldita

o El destino de aquellos que sufren el pasado.


Disclaimer: Todo el universo de Harry Potter (Wizarding World) es propiedad de J.K. Rowling


Capítulo XIX

24 de diciembre de 2021. Mediodía.

—No sé qué ponerme esta noche —comentó Delphini—. No lo había pensado hasta ahora, pero la única ropa que tengo es el uniforme escolar.

—Quizás alguna chica

de Gryffindor te pueda prestar un vestido o algo —concluyó Albus, obteniendo un gesto desaprobatorio como respuesta.

El gran comedor disfrutaba de su último almuerzo entre estudiantes y familiares, antes de ser transformado en el salón donde se llevaría a cabo el Baile de Navidad. Delphini dirigió su mirada a la mesa en la que se encontraban, haciendo que Albus se percatara del círculo invisible que los separaba del resto de estudiantes, siendo acompañados únicamente por los parientes pelirrojos del muchacho.

—Como lo habrás notado, no soy la chica más popular del mundo…

—Pero tienes a la mejor amiga del mundo —afirmó Rose, mientras se sentaba a su lado—. Puede que tú no hubieras pensado en eso, pero yo sí lo hice.

—No creo que tengas nada que me quede —replicó Delphini.

Albus nunca se había puesto a pensar eso, pero la diferencia física era clara. A pesar de tener la misma edad, mientras que Delphini gozaba de un busto desarrollado, aunque no exagerado, y curvas pronunciadas en la cadera, Rose portaba el cuerpo de una jugadora profesional de quidditch. Curvas justas y extremidades robustas por el entrenamiento.

—Ja, ja —exclamó Rose sarcásticamente—. Ignorando esa ofensa, le pedí a mi madre que comprara algunos vestidos y accesorios para nosotras antes de que llegara al colegio. Solo tienes que venir conmigo esta tarde y estarás lista para la hora del baile.

—¿Esta tarde? —cuestionó Albus—. ¿Cuánto tardarán en arreglarse?

—No sabes nada de mujeres, primo…

Aunque la afirmación de Rose era cierta, Albus no pensaba en clichés femeninos en ese momento. Al joven le preocupaba pasar en soledad las próximas horas, ya que no deseaba estar con su familia, pero tampoco con su mejor amigo, quien no le hablaba desde los sucesos del Club de Duelo.

No iba a negarle a Delphini un día de belleza, ni a su prima tiempo con su amiga por sentirse solo, por lo que decidió vagar por el colegio en silencio y perderse en el bosque para poder entrenar.

Llegó al páramo cerca de las cuatro y entrenó hasta que su cuerpo le suplicó un descanso. Se echó sobre la densa capa de nieve con el corazón acelerado. Su respiración se entrecortaba y las manos le temblaban por el frío.

«Esta vez me excedí…» pensó.

Sus sesiones de entrenamiento solían ser extensas y exhaustivas, ya que nunca sabía cuándo podría volver a hacerlo. Entre las clases y los castigos, el poco tiempo que tenía debía aprovecharlo al máximo, pero esa tarde era diferente.

Sus nervios por la cita de esa noche y el clima gélido que lo abrazaba cruelmente, hacían que su entrenamiento fuera mucho más duro. Antes de que pudiera levantarse y colocarse algo de ropa para entrar en calor, un grueso abrigo lo cubrió.

—Tu fuerza de voluntad es asombrosa —exclamó una voz a sus espaldas—. A tu edad, nunca se me habría ocurrido salir a entrenar en medio de una nevada.

Albus se volteó hacia el hombre que le hablaba. El tono de voz era lo único que distinguía a Rolf Scamander, pues una bufanda lo cubría hasta la nariz y un peludo gorro dejaba apenas visibles sus ojos claros.

—Señor Scamander, lamento no haberlo visto —afirmó Albus.

Su mente se despejaba cuando entrenaba y terminaba ignorando la presencia de alguien a su alrededor. Le había ocurrido con su padre, sus hermanos y más recientemente con Delphini.

—No te preocupes, yo también suelo perderme en mis pensamientos cuando escribo mis investigaciones —comentó, mientras el joven se erguía—. Admito que tampoco era un clima idóneo para el paseo que planeaba dar, así que agradezco que tu entrenamiento llamase mi atención.

—¿Me observó por mucho tiempo?

—Una media hora quizás —afirmó—, pero siento que entrenabas desde mucho antes de que llegara.

El cielo era visible desde el páramo, pero la nieve ocasionaba que la luz se reflejara y generara una iluminación constante que hacía perder la noción del tiempo. Metió la mano en el bolsillo del pantalón y observó el reloj para constatar que eran casi las siete.

—Si, empecé a entrenar un poco antes que usted me viera.

«Dos horas y media antes, para ser exactos» pensó.

Rolf sonrió mientras calentaba sus manos.

—Lysander me dijo que eras muy perseverante —exclamó sin previo aviso—, aunque claro, Luna siempre supo que serías especial. Creo que nunca te agradecimos lo que hiciste por él.

—¿Por Lysander? —cuestionó confundido.

Albus no comprendía a qué se refería el señor Scamander, había sido su hijo el que lo había ayudado a entrenar y quien le había enseñado un sinfín de cosas sobre la magia.

—Antes de que pasaran ese castigo juntos, había perdido el interés por el colegio —afirmó el mago—. Admito que Luna fue más comprensiva con ese tema y yo debí guardar mis pensamientos cuando las cartas de Hogwarts informaban sobre sus malas calificaciones. Cuando la carta de la academia llegó y se le negó el ingreso, supe que la navidad sería una carga para todos. Pero me equivoqué.

» No se qué le habrás dicho o siquiera si lo hiciste. Quizás solo tu compañía logró que viera más allá de sus propias creencias y esclarecer su mente ante un futuro incierto. Cuando vinimos a Hogwarts para navidad, esperaba que estuviera deprimido y dependiente por el malestar de la carta, pero se hallaba rebosante de vida y alegría, casi como cuando era un niño.

» Pienso que Lorcan se parece más a mí y por eso no ha logrado congeniar con su hermano. Cuando conocí a Luna, era un adulto y su vibra me devolvió algo de juventud, pero entiendo que él se hartase de las locuras de su hermano debido a que conviven desde su concepción.

» Lo que verdaderamente quiero decir es que me alegro que Lysander encontrara en ti algo más que un amigo en quien confiar, quizás un hermano que lo comprendiera y no que lo reprendiera por ser como es. Gracias, Albus.


24 de diciembre de 2021. 7:30 PM.

—Ya deberían haber bajado —exclamó Ron—. En nuestro baile de navidad, ¿ella tardó tanto en arreglarse?

—No fue contigo a ese baile, Ronald —recordó Ginny con hastío, como si esa conversación se repitiera con regularidad—. Eras tan orgulloso por ese entonces… dejaste que Viktor Krum la cautivara, en lugar de decirle lo que sentías por ella.

Albus rio mientras observaba con nerviosismo hacia las escaleras. En cualquier momento, por ellas descendería su pareja para esa noche y no estaba seguro de haberse arreglado lo suficiente, o de ser el indicado para ella.

Vestía un traje negro con destellos verdes en las muñecas y los hombros. A pesar de que su familia pertenecía a una estirpe de Gryffindors, él no tenía recato al enseñar los distintivos de Slytherin.

Una corbata y zapatos brillosos de color negro complementaban el aspecto elegante que mantendría hasta altas horas de la madrugada.

Observó a su familia mientras charlaban y recordaban entre risas los viejos momentos. Su tío Ron portaba un elegante esmoquin de color rojo, su padre un frac similar al suyo, exceptuando los vivos esmeraldas, y sus abuelos vestían unas discretas túnicas moradas.

El resto de sus primos y tíos llevaban ropajes similares entre sí, haciendo evidente que componían una misma familia, sin mencionar las pecas y cabellos rojizos que los delataban.

Quien lucía extremadamente llamativa esa noche era su madre. Blandía un reluciente vestido de color menta que llamaba la atención de los presentes, fueran damas o caballeros. Albus sentía que, en el futuro, la apariencia de su madre haría que sus compañeros lo molestasen, por lo que su incomodidad solo iba en aumento.

—Neville, Hannah —exclamó su padre cuando vio acercarse a la pareja.

—Ha pasado algo de tiempo, Harry. ¿O debería decir Profesor Potter? —comentó Hannah Longbottom, mientras saludaba cariñosamente a los presentes—. Cuando Neville me dijo que ahora trabajabas en Hogwarts, me alegré por la compañía que le harías, pero también me comentó que siempre tienes la agenda llena. Académicos, siempre tan ocupados.

Mientras Hannah decía eso, golpeaba discretamente con el codo al profesor Longbottom, dejando claro que su reproche también era dirigido a él.

—Siempre he sido un desastre con mis horarios y lamento haber descuidado a mi amigo —reconoció Harry—. De todas formas, Neville me ha puesto al corriente sobre todo lo que me he perdido. Incluso me comentó sobre el…

La señora Longbottom pisó aparatosamente a Harry mientras le dedicaba una mirada que claramente le exigía silencio. Mientras la pareja se retiraba hacia el gran comedor, Albus no entendía nada de lo que había pasado ante sus ojos.

Transcurrieron algunos minutos más antes de que las mujeres llegasen finalmente. Su tía Hermione descendía con elegancia por las escaleras con un vestido violeta, mucho más discreto que el de su madre; mientras que su prima Rose portaba un vestido corto de color azul marino, acompañado de unas botas blancas y un collar extravagante, que lucía una esmeralda en el centro.

Varios pasos detrás, con un aura completamente diferente a la que emanaba de ella esa misma mañana, Delphini estrenaba un radical cambio de apariencia.

Su cabello blanco había sido teñido con magia y resplandecía con destellos violáceos, variando de tono constantemente según la luz que reflejase. Había delineado sus ojos y sus labios portaban un discreto brillo.

La muchacha coronaba su aspecto con vestido corto turquesa, similar al que su prima llevaba, pero que en ella lucía completamente diferente. Albus notó que su aspecto atraía las miradas de los asistentes, pero esta vez no le importó, pues solo podía pensar en lo afortunado que era de ser su pareja.

—¿Cómo me veo? —preguntó Delph, mientras colocaba un mechón detrás de su oreja y se mordía el labio inferior con delicadeza.

—Si. —Cuando el muchacho notó que su respuesta había carecido de sentido, se apresuró a replicar correctamente—: Estás preciosa.

Albus era incapaz de despegar sus ojos de ella. No podía decir que Delphini no fuera hermosa por naturaleza, pues su aspecto lo había atraído y aterrado por partes iguales desde el primer momento.

Pero ahora, observando su cabello violeta y su rostro cálido por el maquillaje, no pensaba que fuera más linda que antes, sino que se alegraba por lo feliz que ella se encontraba al haberse arreglado de esa forma.

—Debo ser el más afortunado de…

—¿A mí no me dirás nada, estúpido? —interrumpió Rose.

—No lo molestes —exclamó Lysander Scamander mientras se acercaba al grupo—, estás bien, pero ella se llevará todas las miradas hoy.

Albus notó que su amigo vestía un traje azul sumamente discreto en comparación a lo que solía reservar para ocasiones especiales; aún recordaba la fiesta tras la final de quidditch que su casa había ganado.

Lysander se presentó al evento con un atuendo híbrido entre un traje de gala y un kilt de color dorado que le había causado varios meses de castigo, pues dejaba al descubierto su trasero.

El único elemento distintivo de su actual vestimenta era un broche con forma de tejón que llevaba en el pecho, que hacía pensar que era miembro de Hufflepuff y no de Ravenclaw.

—Ya cállate, Lysander —exclamó Rose ofendida.

—Gracias por el cumplido, tú no estás nada mal —respondió Delphini—. Tu acompañante estará complacido.

—Eso espero —replicó Lysander—. Pensaba ponerme algo más informal, ¡pero los nargles robaron mi ropa de gala!

Albus intuía que no habían sido los nargles los que habían extraviado su ropa extravagante, sino más bien un gemelo avergonzado.

Muchos de los invitados aguardaban dentro del gran comedor, mientras que el resto se adentró cuando las campanas anunciaron que el evento daba comienzo.

Delphini extendió su mano hacia Albus y lo llevó hacia el centro, cuyo aspecto característico había desaparecido y dado lugar a un magnifico salón para el baile.

Un abeto de gran tamaño se hallaba al fondo, decorado con cintas de colores, velas y demás objetos navideños que vestían además las paredes del salón. Por otro lado, un círculo invisible en el medio de la habitación separaba las mesas, rebosantes de deliciosos manjares, de la que más tarde sería la pista de baile.

La pareja se sentó en una de las mesas mientras el resto de invitados se adentraban en la estancia; cuando los estudiantes y sus familias se encontraron finalmente en sus lugares, la directora McGonagall se levantó de su silla y dio comienzo al Baile de Navidad.

Tras un golpeteo sobre el cristal de su copa, varios instrumentos musicales aparecieron sobre las mesas y comenzaron a tocar una melodía que lentamente se fue haciendo más y más movida. Luego de un par de minutos, la música había alcanzado su clímax y la pista de baile comenzó a llenarse.

—¿Qui… Quieres bailar? —preguntó Albus.

Nunca lo había hecho y estaba seguro de que había nacido con dos pies izquierdos, pero intuía que su pareja disfrutaría de hacerlo, pues la había visto practicar en secreto.

Delphini asintió tiernamente y corrieron a la pista de baile, donde Albus comprobó con evidencia empírica que ni él, ni su familia, portaban el mágico don de la danza. De todas formas, el muchacho se olvidó de la vergüenza y se contentaba únicamente con la felicidad de su chica, a quien nunca había visto sonreír como lo hacía en ese momento.


Nota de autor: ¡Gracias por leer!