¿Así se sentía Starfire cuando llegó a la tierra?

No podía parar de pensar en eso y como esa situación se asemejaba bastante a lo que nosotros estábamos pasado.

Todo era tan diferente a lo que yo solía estar acostumbrado.

Si bien Starfire o mejor dicho 'Princesa Koriand'r' nos había dado un ejemplo de lo que era su cultura con sus comidas, forma de hablar y vestimenta, aún seguía siendo todo demasiado nuevo.

Yo estaba acostumbrado a lo buenos tratos, los grandes banquetes y fiestas de la clase alta, gracias a Bruce y su rango de alta sociedad pero se diferenciaba enormemente de lo que era la realeza Tamaraneana.

Incluso el planeta en si era diferente.

La selva era abundante, igual que los animales que andaban sueltos por la calle y a nadie parecía imputarle. La escases de ropa en lo habitantes, el calor típico de una zona tropical, las distintas comidas, que no eran para nada parecida a las platillos que tanto nos renegamos a probar de Starfire.

Pero todo eso... Me parecía hermoso.

Estar siempre rodeado de ruido, edificios y humo hacia un gran cambio en mi vista de ver Tamaran, una utopía tropical donde hay diversidad donde quiera que mires.

Sonreí mirando el cielo, que para mí sorpresa era de un color dorado, igual o similares a los amaneceres en la Tierra. Mi vista se dirgio hacia las dos lunas que parmencian en una distancia no tan cercana.

Habíamos terminado de comer, y de ser sincero, estuvo exquisito, más ese postre, que consistía en una fruta llamada Moi'non, estaba completamente cubierto de espinas venenosas, fue difícil intentar no pincharme pero una vez que estuvo completamente libre de espinas, fue casi dolorosamente delicioso terminar de comerlo.

Alguien toco la puerta, yo salté en mi lugar, aún no me podía acostumbrar a estar tan relajado. Eso me recordaba en que tenía que llamar a la torre T.

—¿Si?

—Robin.—Starifire entro a la habitación, que era igual de grande que la sala de nuestra casa.

—Oh, hola...—Mis manos comenzaron a sudar y me sentí extrañamente nervioso.

—¿Te sientes...bien?—Cerro la puerta detrás de si, mi corazón se acelero.

—Si, pero creo que es mejor preguntar como te sientes tu.—Eleve una sonrisa, imbitandola a que se pusiera a mi lado, aún sudado de los nervios.

Ella se mordió el labio y apretó sus puños ¿que pasa?

—Me siento tan feliz que duele.—Confeso, posado los codos en el barandal de piedra.

—¿Por qué?

—Pase parte de mi infancia entrenando para luchar en la guerra, luego de eso fui esclavizada, nunca supe como es tener un padre o madre relmente y me quede con los pocos recursos que tengo de ello. Ahora...estoy feliz, pero siento un gran vacío.

La mire de perfil, mantenía sus ojos clavados en el cielo. Parecía enamorada de el. Volvi la vista hacia el frente.

—¿Sabes? Yo tampoco tuve una infancia agradable, nunca estando en un lugar estable, pero...tube un ejemplo, tuve personas que me cuidaron en todo momento y me quisieron, realmente lo hacían.—Aprete los puños, sintiendo sus orbes verdes mirándome.

—¿Que paso con esas personas?—Preguntó de forma inocente.

—Ellos...están en un lugar mejor.—Sonreí.

Me gustan pensar así sobre ellos, sobre mis padres.

Si bien jamás hablé de ellos con los Jóvenes Titanes, Starfire era diferente.

—Cuando me cuentas esto...cada vez siento más curiosidad por ti.—Abri grande los ojos, sorprendido.—Nunca pude evitar pensar en que eras un chico misterioso.—Se sonrojo mientras pasaba una mano por detrás de oreja.

—Gracias.—Dije, no sabiendo muy bien que contestar.

Nos quedamos en silencio, observando cómo el cielo dorado cambiaba lentamente a uno rojizo.

Pequeñas luces se prendieron en las calles, que más bien eran velas que iluminaban de forma leve el camino de tierra.

—Es extraño.—Confesé.

—Tamaran aveces es maravilloso y aterrador, pero no extraño...

A la vez voltemos a vernos. Podía escuchar mi corazón en mis oídos, palpitar con fuerza a medida que el cielo se volvía más rojo.

—Robin...

—Dick, Richard Grayson.—Tome una profunda reparación y pude soltar el aire una vez que retire mi mascara.

Solto un jadeo y con sus delgados dedos, rozó mi mejilla causandome un escalofrío.

—Tus ojos...son hermosos.—Me sonroje.

Impulsivamente los cerre, sintiendo tranquilidad una vez que sus dedos acaricio mi pómulo, mejilla hasta llegar a mi menton, tomándolo de la punta y girandolo, forsanzome a mirarla.

Me sentí intimidado. Mirándome con sus ojos completamente verdes que me parecían de una forma cautivadora. Me sentí intimidado y a la vez sorprendió, quizás por primera vez me sentía tan...sumisió antes una mujer. Tampoco pude decir nada, porque a decir verdad, me gustaba la forma en la que Kori parecía capturar mi imagen.

De una forma tortuosa, nuestros labios se fueron acercando, hasta el punto de chocar en un beso delicado.

Ya no podía resistirme, no más. La tomé por detrás, asercandola más.

Mi mente estaba nublada, lo único que podía sentir era el calor agradable del cuerpo de Kori y sus labios sobre los míos. No podía parar de acariciar su cabello rojo y algo alborotado, no podía parar de pensar en cuanto la quería.

—¿Dick?—Se separo de mi, e inclinándose un poco, junto su frente con la mía.—Yo...te quiero, lo hago tanto...necesito saber si tu sientes lo mismo.

Era una pregunta obvia, pero que de todas formas estaba bien responder.

—Lo hago Kori, te quiero y mucho.—Nuestras narices se tocaron, causando su risa.

Lo había dicho.

Se sentía tan bien haberlo dicho en voz alta, no en un sueño o en una carta. Un 'Te quiero', uno real.

Y aunque no quisiera, nos separamos, dejado sus brazos sobre mis hombros.

—Dick, mañana quiero mostrarles a todos mi pueblo.—Dijo, mojado sus labios.—Será mejor que descansemos, mañana será un día muy agitado.

Starfire dio un pequeño salto emocionada y yo acenti con la cabeza.

—Debo admitir que estoy emocionado.—Comente, tomado su mano y dándole un leve beso.

—Estoy segura de que les encantara.

...

La mañana había llegado.

Bosteze a la vez que me deshacía de las pocas sabanas que estaban en la cama, realmente hacia calor.

Antes de que pudiera hacer algo, alguien toco a la puerta y luego de eso tres mucamas entraron al cuarto.

—¿Hola?—Pregunté, confundido.

El trío de chicas llevan un velo corto que cubría su cabello, la vestimenta era simple y se parecía a esos típicos vesitdos griegos solo que sin esos cinturones de oro, por ultimo, sus zapatos consistían en una cinta plateada que cubría sus talones.

—Buenos días, Señor Robin, necesitamos que se ponga esto y baje a desayunar.—Hablaron en sincronización.

—Genial.—Acenti con la cabeza.

Dejaron las prendas en la cama y se fueron en fila.

'Señor Robin' ¿en serio me veo tan viejo?

Suspire, mirando por la ventana, el cielo era completamente blanco.

Me tiré sobre la cama de forma brusca. Maravilloso pero no extraño...tal vez, diferente.