Tres Meses Antes…
03:25 P.m.

"Señor Kobu Walker a mi oficina ahora." El joven caballero del unicornio se encontraba en la dirección, después de su intento de pelear contra Seinma después de tanto tiempo sin hablar o verse. Había estado tan furioso en ese momento y seguía enojado. Muy enojado…

Creía que jamás en su vida volvería a ver a ese idiota de Seinma, pero aquí se encontraba justamente en el último lugar donde esperaba encontrárselo, desde que lo conoció su vida entera se había vuelto miserable, se sentía en la cima del mundo… y alguien le había llegado a recordar que en efecto él no era especial, solo un guerrero más, él no era especial por más que deseaba serlo.

Solo era un pez gordo en un estanque de peces de igual tamaño, para ser especial… debía haber tenido más que suerte de su lado, más que simplemente haber nacido con habilidades especiales para que eso hubiera sucedido, pero… La realidad era mucho más cruel con él, ser especial requería más, todos querían ser los protagonistas de sus historias.
Los héroes legendarios que todos recordarían años después de sus muertes, con títulos, medallas y estatuas a sus nombres, alabados y queridos por todos.

Ese había sido su sueño, pero un día un imbécil novato llegó a Shinrra para recordarle que, sin importar lo fuerte o lo poderoso que él fuera. Siempre existiría alguien que lo igualaría y que incluso lo superaría.

―Kobu.―Fue entonces que la voz de Arkhamira lo llamó nuevamente, ella se encontraba sentada justo frente a él en el sillón que se encontraba al lado de la pequeña mesa de café que adornaba la gran oficina.
―No has respondido a mi pregunta, ¿por qué quisiste pelear con el joven caballero Seinma de Pegaso en medio del gran comedor? Sabes que está prohibido, pero aun así desafiaste las reglas de palestra solo para pelear con él, dime, que ventaja te compra mi ira, caballero del Unicornio―Le interrogó una vez más, obligándolo a apartar la mirada de ella.

―Ninguna…―Respondió el muchacho sin más, Arkhamira podía notar que su alumno se encontraba furioso, más que preocupado por su futuro en la academia o en nervioso, se veía molesto, podía asumir que la rivalidad entre ellos iba más que un simple desacuerdo entre caballeros.

Había Odio de por medio, Arkhamira suspiró, para entonces levantar su mano activando los hologramas de la sala, allí una pantalla se materializó frente a ella, donde tenía el archivo que tenía tanto el historial del alumnado, como el registro de cada uno de ellos. No le fue difícil encontrar el expediente de Kobu.
Después de todo él era un alumno sobresaliente.

―Comprendo que llegaste hasta aquí bajo tus propios méritos, obtuviste tu título como caballero en Shinrra e hiciste el examen de aptitud para entrar a Palestra, también tengo entendido que tienes un record de victorias, 39 victorias, 0 derrotas… ― Decía leyendo el historial de Kobu cosa que se extendía desde Shinrra hasta su llegada a Palestra, podría ser un expediente sobresaliente, si no fuera porqué aquel a quien pertenecía era una persona poco agradable.
―Aunque en tu historial aparece un empate en un duelo de cosmos completamente ilegítimo, aquí dice un combate que se desarrolló justamente con el joven caballero Seinma de Pegaso cuando ambos aún no tenían sus armaduras, además de que ambos se rompieron los huesos mutuamente, tú te rompiste 7 huesos del pie derecho y él 12 huesos del brazo derecho―Termino de explicar recargando sus codos sobre sus rodillas y su cabeza sobre sus manos para ver detenidamente al caballero del unicornio
―Dime… ¿por esto es que tú tienes algo personal con el joven Seinma? ― Nuevamente al preguntar el joven guerrero del unicornio bajó aún más la mirada al suelo, no deseaba hablar con ella

―No…

― ¿Por qué me mientes?

― ¿Qué es lo que quieres? ―Interrogó el muchacho alzando la mirada hacia la directora, estaba harto de su interrogatorio no era un sucio prisionero para que lo estuvieran cuestionando como se le diera la gana, era un caballero había luchado por esta armadura por una razón, para que lo respetaran no para que lo trataran como a un malnacido.

―Solo que respondas a mis preguntas…―Pedía la directora de Palestra admirando cada una de las expresiones faciales del muchacho, él no parecía querer cooperar con ella, aun manteniéndose lo más tranquila posible para evitar que él terminara más molesto, no era difícil hacerla enojar pero siendo una adulta responsable ella debía ser quien mantuviera la cordura estaban teniendo una plática civilizada y así debía mantenerse.
―Escucha, no sé qué clase de mala sangre se tengan entre ustedes, pero deben parar. Ya deben saber que las peleas entre caballeros están prohibidas, únicamente se permiten durante los entrenamientos de combate y los duelos regulados por las instituciones del santuario. Pero de otra forma no puedo permitir que ocurran en mis instalaciones, lo que sea que sea que tengan entre ustedes dos debe parar, ya deberías saber que estamos en guerra y que las peleas entre nosotros no benefician a nadie con la obvia excepción de nuestro enemigo.

― ¿Y eso a mí qué? ― Preguntó Kobu en un tono aún más molesto, ¿a dónde se suponía que ella quería llegar con todas estas preguntas?

―Comprendo que no estoy llegando a ninguna parte, así que seré directa, ¿acaso lo que quieres es que te expulsemos de palestra? ―Preguntó severamente al muchacho quien se garraba la cabeza con fuerza.

― ¡No! ―Exclamó cansado, no quería seguir hablando con esta mujer, quería salir de ahí lo más pronto posible.

― ¿Entonces por qué insistes en querer pelear con Pegaso? ― interrogó nuevamente la directora Arkhamira obligándolo a alzar la mirada furiosamente hacia ella.

― ¿Por qué? ¿¡Porqué!? ¡Por qué no es justo! ―Exclamó con fuerza sorprendiendo levemente a la directora de palestra, aunque mentiría si no esperaba esa reacción del muchacho después del largo hostigamiento que le había hecho.
―Durante toda mi vida he luchado por mi pertenencia en este mundo, por ser alguien, porque me reconocieran y respetarán, se suponía que yo sería mejor que nadie más, y este idiota que salió de la nada simplemente por tener suerte se lleva lo que debió haber sido mío, el reconocimiento, la gloria y el respeto del patriarca. ―Ante su explicación la Santa de la Gruya se cruzó de brazos arqueando una ceja completamente confundida por sus palabras.

Arkhamira quedó en silencio por unos instantes, tratando de de racionalizar bien lo dicho por el muchacho, ¿es que acaso no tenía claro la razón por lo que los santos de Athena peleaban hasta morir? ¿La única razón por la que ellos seguían existiendo a pesar del tiempo y las edades, y el juramento solemne que cada uno de ellos hizo al momento de obtener su armadura?

―Ya veo te sientes acomplejado, sabes que nosotros somos caballeros, no por el reconocimiento o la admiración de otros sino porque es lo correcto, ¿verdad? ―Le preguntó manteniendo la mirada sobre él, tratando de localizar más que simple molestia en su mirada.
―Los caballeros existimos por una razón y solo una, defender a los humanos y a Athena de los dioses que quieren destruirnos.

El caballero del Unicornio no pudo responder al instante, después de todo, entendía que sus propias razones eran egoístas, una ambición desmedida por un muchacho que deseaba estar en la cima del mundo y lo único que se interpuso en su camino había sido otro caballero que había sido bendecido con la suerte de haber nacido con un talento o destino especial.

Esperaba poder ser él esta vez, ser el gran héroe de la historia, pero todo parecía indicar que no sería así, él no sería el héroe de esta.

―Eso lo sé, pero… toda mi vida creí que yo… que yo sería alguien importante, alguien especial, pero no lo soy, solo soy otro caballero más que enviarán a morir como todos los demás. ― Se decía frustrado, toda su vida esperó ser alguien importante, alguien al que la gente recordaría como un grande entre los grandes, pero… la dura realidad se hacía presente nuevamente, y eso le dolía profundamente, esperaba poder haberlo sido, él deseaba con tanta ser el héroe de su propia historia y el mundo le había vuelto a escupir en la cara, odiaba el destino que lo había puesto nuevamente en el lado incorrecto de la historia
―Mientras que él… será recordado como un gran héroe igual que a su predecesor mientras que yo me perderé en la historia, como todos los demás. ― Añadió recalcando sus palabras con un pesado hilo de tristeza en su voz.
―Es inútil que me convenzas de lo contrario, nosotros los que no somos especiales como ellos estamos destinados a morir como perros en la calle olvidados y sin que nadie nos recuerde por nada. Todo es inútil…

―Ya entiendo, te sientes acomplejado… Dime ¿de dónde nace toda esta ira y necesidad de sentirte especial? ―Preguntó nuevamente la directora buscando el origen de la infinita ira del joven caballero del unicornio, aquello que había iniciado la flama del odio y el egoísmo en su corazón.

Él tardó nuevamente en responder, llamar a aquellos recuerdos le era profundamente doloroso, no quería hacerlo, pero… hasta este punto cualquier cosa que le dijera fuera buena o mala, seguiría obligándola a interrogarlo, era una mujer persistente y no dejaría de asediarlo con preguntas hasta obtener lo que quería.

―Yo… nací en un lugar peligroso, lleno de delincuentes y asesinos, mi madre nos abandonó a mí y a mi padre, él se fue a pelear a la guerra cuando era pequeño, me dejó a cargo de mi tío quien era un completo imbécil, yo… siempre admiré a mi padre, él era solo un soldado cualquiera, no era ni un caballero o uno de esos soldados de acero, pero era mi héroe―Explicaba llevándose una mano a la cara, apartando un par de mechones de cabello grises de su rostro, mientras apretaba con fuerza sus dientes
―Nunca regresó, fue… olvidado por la republica por la luchó y murió después de eso mi tío simplemente se deshizo de mí en un orfanato, yo siempre quise ser alguien importante quería ser un gran guerrero para que el mundo no me olvidará, como lo hizo con mi padre quería ser un gran héroe como esos de las películas o comics… no mucho después descubrí el poder de mi cosmos, era bueno con él, me había vuelto más fuerte, poderoso, era mucho más hábil al pelear y sobrevivir, nadie se metía conmigo pues podía vencer a quien se me pusiera en, poco después el santuario me encontró y me llevaron a Shinrra para que pudiera volverme más poderoso. ―Terminó de explicar derrotado, quebrantado por los recuerdos de su vida antes de ser un guerrero de Athena, Arkhamira podía comprenderlo, su historia y la del muchacho no eran muy diferentes una de otra…

Pero había una abismal diferencia, esa era que en lugar de quejarse y lamentarse por lo injusta que había sido la vida con su hermana y con ella, peleó cada día de su vida para ser mucho más fuerte, poderosa, inquebrantable se enfrentó al dolor y salió victoriosa de las sombras, pues no tenía tiempo para llorar cuando tenía a alguien más a quien proteger.

―Comprendo, no tuviste una vida fácil… luchaste para construir un nombre por tu cuenta y ahora sientes que Seinma te ha arrebatado todo eso, ¿no es así? ―Preguntó la amazona de la gruya seriamente a su joven alumno.

―Sí… y es por eso que… es por eso que quiero derrotarlo, él obtuvo lo que tiene por pura suerte, yo tuve que ganarme todo eso, sé que si no hubiera sido por ese golpe de suerte yo habría ganado esa vez. ―Aclaró el muchacho, dejando que ella preciará algo más en su voz, además de la ira y de la tristeza existía algo más, un algo en su voz que no sabía que identificar con certeza, ¿miedo? No el miedo era más fácil de detectar… ¿felicidad? Jeh… no creo que este muchacho haya sido feliz en mucho tiempo, lo que podía escuchar era otro sentir, una expresión tan humana que era casi indetectable para alguien que no tenía un oído o un ojo entrenado, pero que ella pudo detectar solo analizando sus expresiones corporales, envidia.
―Además… porque siento que si lo hago, finalmente tendré paz en mi mente, podré seguir adelante con mi vida, y me convertiré en el poderoso guerrero que sé que debía ser.

Después de haber escuchado sus palabras Arkhamira suspiró pesadamente, para entonces levantarse de su asiento apreciando frente a ella a un muchacho tan desesperado por ser reconocido, que se había olvidado de lo más importante.
―Kobu, por lo que tengo entendido tú también desarrollaste poder y fuerza más allá de los límites, además de una gran habilidad para luchar no mucho después de despertar tu cosmos.

―Así es…

―Hummm. Ya entiendo lo que ocurre. ― Declaró comenzando a caminar lentamente hacia su escritorio.
―No es que no seas especial… es que simplemente dejaste de esforzaste en mejorar una vez que despertaste tu poder. ―Al decir eso Kobu alzó su mirada hacia ella sorprendido por las palabras que la directora le había dicho despectivamente, por un momento pudo sentir que era ella hablando con odio, pero no esa era Elizabeth Arkhamira, una mujer que había sido forjada en el ardiente fuego de la guerra.
―Dejaste de luchar creyendo que ganarías todas tus peleas sin esfuerzo, creyendo inocentemente que eso te hacía especial y una vez que alguien igual a ti te hizo frente no pudiste soportarlo, menos saber que habrían seres mucho más poderosos que tú en este universo, no pudiste concebir eso y ahora estás enojado por eso, como un niño berrinchudo que no acepta que el mundo es mucho más grande de lo que tú eres.

― ¿Que acabas de decir? ―Preguntó Kobu alzándose iracundo, ¿había abierto su corazón a ella y ahora lo pisoteaba como si tan solo fuera un pedazo de basura? ¿Qué era lo que le sucedía a esta mujer?

―Lo que escuchaste, entiendo que hayas tenido una vida difícil, pero eso no te da el poder para juzgar a otros como te plazca, cuando no te has visto a un espejo. ―Decía mirando a sus espaldas al muchacho que se había levantado con intensiones agresivas, sabía que él era fácil de hacer enojar, pero si querían medir su fuerza, ella estaría más que gustosa de poner a un mocoso malcriado en su lugar.
―Si de verdad quisieras ser un guerrero poderoso, dejarías de quejarte y pelearías por lo que crees que te corresponde, en lugar de eso te resignaste.

― ¿Cómo te atreves a decir eso? Yo tuve que sobrevivir por mi cuenta, en las calles peleando contra matones y bravucones para vivir, tu ni siquiera sabes lo que es. ―Le decía refutando sus palabras con fuerza y determinación, cosa que no impresionó en nada a la guerrera de plata.

― ¿Y tú qué sabes de mí? ¿Huh? ―Le preguntó volviéndose ante él demostrando una superioridad tanto verbal como de fuerza, si quería enfrentarse a ella tendría todas las que perder, ella era imponente como peligrosa, cosa que se notaban a plena vista en su porte y voz.
―¿Crees que tú has tenido una vida difícil? No sabes la vida que yo he vivido o la que mis compañeros han vivido, no tienes ni idea de todas las personas que he conocido y cuyas vidas no empezaron ni terminaron bien, he conocido gente que habría dado lo que fuera para estar donde tu estas ahora, he conocido gente con sueños que terminaron abruptamente y a ellos nadie los recuerda, incluso he conocido casos de personas cuyas vidas terminaron antes de comenzar… he visto las atrocidades que la guerra pueden ocasionarle tanto a soldados como a gente inocente. ― Explicaba acercándose lentamente a él sin perder el carácter y la fuerza en sus palabras resonaba con su elegancia al caminar, ella estaba desafiándolo a un combate diferente a todos los que ella había tenido en su vida, un combate intelectual donde ella le demostraría que sus lloriqueos infantiles no se comparaban a toda la vida de conflictos que ella había experimentado.
―Tienes razón, no eres especial solo eres un caso entre miles, pero el valor de la vida no se la ponen los demás o el mundo, somos nosotros quienes se las ponemos pues no se necesita ser especial para ser una persona buena o un necio arrogante como tú, la diferencia contigo y con esas personas es que te rendiste, tuviste la oportunidad de serlo y la desperdiciaste, no siempre vas a ganar y no siempre serás el más fuerte de todos, si de verdad quisieras serlo entonces dejarías de quejarte de porqué otros tienen algo que tú no y lucharías por cambiar tu realidad.

― ¿Cómo te atreves a insultarme? Yo fi el número uno de Shinrra, tu misma lo viste 39 victorias y cero derrotas. ―Decía el unicornio apretando fuertemente sus puños, sabía que podía perder en esta batalla, pero aún podría ganar en una pelea física.

― ¿Crees que eso me impresiona? Eso no es nada si lo que quieres es medir tu capacidad con la mía. Además. ―Fue entonces que ella fijó sus ojos en los de él, clavando su mirada en su ojo azul descubierto y su ojo cubierto por sus cabellos de plata.
―Si estás tan orgulloso de ello, ¿por qué ese mísero empate no te permite avanzar?

Esa fue la gota que rebasó vaso, el caballero del corcel con cornamenta apretó sus dientes, para entonces cambiar sus ojos a un verde brillante y que su cosmos comenzara a elevarse lentamente. ―Kgh, tú no sabes a quien te enfrentas.

Arkhamira entonces cerró sus ojos riendo levemente, era incluso adorable que él insinuara que podría vencerla en una pelea mano a mano, Kobu sintió que la ira recorría su cuerpo, hasta que, cuando nuevamente abrió sus ojos, ella tenía un brillo de plata en ellos.
Por un instante su cuerpo se paralizó y su fuerza comenzó a mermar, por alguna razón sentía un profundo temor hacia esa mujer, esos ojos reflejaban una enorme tranquilidad pero al ver más profundamente en ellos podía sentir como si una bestia se encontrara dormida en lo profundo de su mente, una bestia tan agresiva como poderosa al sentir un cosmos abismalmente mayor al suyo, Kobu retrocedió atemorizado por esa visión tan siniestra de la directora de Palestra..

―Será mejor que dejes esas actitudes infantiles de lado, no voy a permitir que sigas con esto y menos en mi academia. ― Manifestó acercándose levemente a su rostro, susurrándole ligeramente, ¿cómo es que ella con una simple mirada y con la imponencia de su voz había logrado apaciguarlo? Hasta el punto donde toda la ira que había en su interior se había desvanecido.
―Además, si lo que buscas es amenazarme, debes saber que tu cosmos no es lo suficientemente fuerte aún… ¿tienes idea de lo poderoso que es un caballero dorado en comparación contigo? ― Le interrogó nuevamente recibiendo como única respuesta un abrumador silencio por parte de Kobu, quien había desistido completamente.
―Tu no serías capaz de tocarme ni alcanzando tu nivel máximo, así que hazte un favor y apágalo antes de que te muestre lo que es un verdadero castigo. ―Dicho y hecho Al instante de decirle eso, Kobu apagó por completo su cosmos, aunque sus manos aún seguían tensas rápidamente sus puños finalmente se desvanecieron entre pequeños temblores de sus manos y dedos.

―Ah… maldita sea…―Murmuró el caballero del unicornio, sintiéndose derrotado y ni siquiera habían luchado de verdad, lo cual hacía interrogarse una y otra vez… ¿qué tan poderosa era la Amazona de la Gruya Elizabeth Arkhamira para poder apaciguar a un guerrero como él con simples palabras.?

―Si lo que de verdad buscas es convertirte en un poderoso guerrero yo podría enseñarte, pero debo advertirte que no te será sencillo, así que te voy a proponer algo. ―Ella entonces se dio media vuelta caminando nuevamente hacia su escritora, colocando una de sus manos sobre el mueble de madera oscura para continuar con su oferta.
―Olvidaré que trataste de violar las reglas de la instalación, que me gritaste y amenazaste a cambio de enseñarte un par de lecciones, así tu confidencia crecerá y dejarás de actuar como un niño idiota, a cambio obtendrás la fuerza que necesitas para algún día derrotar a Pegaso. ―Reveló dejando completamente sorprendido al joven guerrero de Bronce, quien apenas podía creerse lo que ella le había dicho, ¿de verdad le enseñaría a como derrotar a Seinma?

¿Pero por qué? Cuál sería el truco bajo su manga o que debería hacer para ganarse ese entrenamiento, ¿Qué era lo que en realidad estaba tramando hacer con él?
―¿Y tú por qué harías eso? ―Preguntó evidentemente consternado del porqué ella querría entrenarlo personalmente, primero lo amenazaba y ahora se ofrecía a darle un adiestramiento, ¿esta mujer tenía alguna clase de desorden bipolar o algo por el estilo?

Aunque ella solo bajó su mirada al suelo, y entonces dirigió sus ojos a los de Kobu, quienes aún presentaban ese odio interno, podía sentirlo, en realidad ella no había sido muy diferente a él hace tantos años.
―Por qué… Tú me recuerdas a mí. ―Reveló después de suspirar levemente, para entonces recargarse sobre su escritorio y recordar otra cosa por la que debía hacer esto.
―Además porque el patriarca me pidió explícitamente que no te quitara un ojo de encima. ―Añadió sonriendo tranquilamente.

¿El Patriarca? Porqué el patriarca quería que ella lo vigilara, tenía muchas preguntas, preguntas que… necesitaba que le respondieran al instante.
―¿Eh, ¿por qué el gran patriarca te pediría eso?― Interrogó arqueando una ceja completamente confundido, ¿qué era lo que ellos planeaban hacer con él?

―No lo sé. Pero jamás me ha dado razones para dudar de él antes, así que si eso es verdad entonces deberemos buscar aquello que como tú dices te haga especial. ―Reveló siendo lo más honesta posible a él, ni siquiera ella teía idea de porqué el patriarca querría que este mocoso insolente fuera vigilado y entrenado por ella pero, desde que lo conoció él nunca se había equivocado con respecto a algo o a alguien.
―Pero es la mejor opción que tienes, de lo contrario… bueno podrás redimir estas faltas con 2 meses suspendido, sin derecho a recibir tareas o entrenamientos, además de que tendré que pedirte que te lleves tus cosas a donde quiera que puedas ir… si es que aún te queda un refugio en este universo me encantaría saber cuánto tiempo podrás sobrevivir allá afuera sin todas las comodidades que te hemos ofrecido hasta ahora. ―Fue entonces que ella alzó su mano hacia Kobu para cerrar el trato, si él aceptaba o no era su completa decisión cualquiera que fuera el resultado él tendría que vivir con eso.
― Así que… si aceptas o no depende de ti. ―Recalcó con una sonrisa arrogante.

Eso le molestó, pero… Arkhamira tenía razón, esta era la oportunidad que él necesitaba para demostrar que, en efecto él podía ser especial, que él sería capaz de cambiar su realidad y algún día alzarse como un héroe.
Ser capaz de ganarle a Seinma y… finalmente hacer que Athena se fijara en él.
Mientras los segundos pasaban, él seguía pensando en su respuesta, vivir como un olvidado… o ser alguien que sería importante en el futuro.

Fue entonces que él se acercó a la directora, estrechando sus manos para cerrar el trato.

―Bien… acepto…―Dicho eso Arkhamira sonrió, sus estilos de combate no eran muy diferentes tanto uno como otro tenían como principal técnica de combate el Kick Boxing.

Así que podría trabajar con ello y podría enseñarle un par de cosas sobre cómo debía respetar a sus mayores, estaba ansiosa de poner a este niño insolente en su lugar, pero mentiría si dijera que ella no estaba genuinamente curiosa por saber por qué el gran maestro del Santuario quería tenerlo vigilado.
Quizá él sería otra pieza importante en este entramado juego de guerra que habían estado jugando por años, o de lo contrario y como él lo había recalcado no era nadie especial y el patriarca simplemente se había equivocado.

Raramente eso sucedía, jamás le había dado razones para dudar y este no era el momento para hacerlo, después de todo, también debía monitorear al recién egresado Seinma.
Estaba ansiosa de saber que era lo que él podría lograr, pondría todo de sí misma para descubrir que era lo que haría a estos dos muchachos con un pasado conflictivo únicos.

―Ahora vete, te espero en la noche en la arena de entrenamientos Sur, a las 12.35 A.m. Un minuto tarde y verás lo que les sucede a los que me hacen esperar demasiado. ―Declaró dejando ír al joven caballero del unicornio, quien… solo pudo bufar levemente por el cómo se había desarrollado toda esta conversación hasta ese momento.

Quizá la directora simplemente estaba chiflada, quizá todo esto era una trampa para forzarlo a luchar con ella en sus reglas, no le importaba en realidad, solo quería empezar a entrenar una vez por todas con ella.
Si Elizabeth tenía el secreto para derrotar a un caballero como lo era Seinma entonces haría todo lo que ella le dijera, desde ese primer enfrentamiento su única obsesión había sido derrotarlo en combate, demostrarle que él era el mejor guerrero de los dos y que él merecía ser recordado por los demás mientras que Seinma… merecía ser olvidado.

Él se alzaría de entre las sombras y se convertiría en el hombre más poderoso de todo el universo.

Caballeros del Zodiaco: Guardianes del Universo.
Libro 1: El Nuevo Despertar de Hades.
Capítulo 13: Mi querido Pegaso.

13 de Junio de 2283
01:40 P.m.

Seinma había estado escalando por horas ya, era complicado a decir verdad… era más sencillo subir por las eternas escaleras que llevaban hasta la cima, pero sabía que ni el patriarca ni los santos dorados le permitirían hacer una locura como esta.

Aunque odiará admitirlo escalar algo que no fuera un árbol se le daba bien, casi era natural haciéndolo, aunque no por eso fuese menor difícil pues en su espalda cargaba con una mochila con muchas cosas dentro, al menos no pesaba más que la caja de pandora de Pegaso, de lo contrario escalar habría sido aún más difícil si cabía pues el peso de un cofre de bronce con varias piezas de bronce dentro harían de esta una tarea casi imposible de realizar.
Ya podía ver el filo del balcón, solo debía tener cuidado de no caerse, una caída desde esa altura podría ser mortal, incluso al ponerse la armadura y activar la fuerza Pegasus no había garantía de que él podría sobrevivir un golpe desde esa altura por esa misma razón seguía adelante a pesar de que sus extremidades ya se encontraban exhaustas, había estado haciendo esto por horas.
Pero su persistencia era aún más fuerte, el balcón ya se encontraba al alcance del balcón solo necesitaba alcanzarla y evitar caer al vacío, fácil ¿no? Él se estiró tratando de alcanzar el borde, pero le era inútil alcanzarlo por más que él lo quisiera no podía hacerlo, bufó emitiendo un sonido como el que un caballo haría, había llegado al balcón y aun así no podría alcanzar el borde para finalmente descansar de su larga travesía

Aunque al mirar a bajo la idea de que esto fuese fácil se desvaneció casi al instante, había olvidado la parte más importante de escalar, no mirar hacia abajo. Recordando eso él tragó saliva pensando en cómo saldría de este embrollo que se había metido…
Saltar, quizá fuera un poco tonto, pero sabía que esta era una mala idea por donde se viera, si saltaba y fallaba entonces la caída sería aún más dura.

Podía imaginarse que romperse las piernas o la espalda sería lo menos doloroso que le esperaría si los caballeros dorados se enteraban que él se encontraba allí, pero se la jugaba todo si al menos esa táctica le funcionaba, ya había llegado demasiado lejos. Solo le quedaba intentarlo.

"Es una locura Sein, ¿lo sabías?" Preguntó Aria dentro de su mente, ella sabía lo que él estaba pensando, pero aun así él quería intentarlo él no era de esas personas que se rendían habiendo llegado tan lejos y de hecho, no era una persona que conociera el concepto de rendirse.
'Vamos Aria… solo un 10% me ayudará a percibir el tiempo más lento y a alcanzar la cima' Respondió mentalmente enfocando toda su atención sobre aquella saliente de mármol.

"Aun así es muy arriesgado, ¿que sucederá si caes?" Interrogaba Aria, pero Seinma alzó sus ojos con determinación.
―No lo haré, no mientras te tenga a mi lado. ―Respondió determinado a alcanzar su objetivo sin importar como fuera, él jamás se había rendido ni una sola vez y esta no sería la primera, y con esa misma determinación juntó la fuerza que le quedaba en sus brazos y piernas para realizar un salto.

"Sein, conozco esa mirada, no te atrevas a…" Muy tarde, él ya había saltado y en esa minúscula fracción de segundo el tiempo a su alrededor se ralentizó lo suficiente para que él ajustará su trayectoria, alzando sus brazos una vez más hacia la saliente con una determinación que solo él podía tener, para que al momento de alcanzarla sus manos se aferraran con fuerza a ella.
Seinma sonrió con sus ojos brillando en un poderoso resplandor azul, resplandor que se desvaneció apenas comenzó a escalar nuevamente.
"Eso lo hiciste a propósito."
―Je jeh, disculpa, pero era la única forma de convencerte de que funcionaría. ―Respondió finalmente alcanzando la cima de su objetivo, aferrando sus manos fuertemente al barandal para finalmente mirar al hermoso terreno frente a él, la villa de Athena el lugar donde Sariah pasaba sus días y noches.

"Ese día no me esperaba a que llegaras hasta aquí, pero tú siempre logras sorprenderme de alguna u otra forma esa vez no fue la excepción y… fue la mejor forma que tuviste para alegrarme la semana."

Ella se encontraba leyendo un libro y al parecer no había ninguna Saintia Cerca por lo que simplemente al pasar el barandal dejó que su cuerpo cayera pesadamente sobre el duro suelo de mármol.
Rápidamente la joven Athena se alarmó por la presencia de un intruso en el lugar más seguro en todo el santuario, pero al instante se tranquilizó al ver al joven caballero de Pegaso riendo gentilmente desde el suelo, limpiando sus ropas para finalmente tratar de levantarse del suelo.
―Hola Sariah, lindo día. ― Dijo un tanto tembloroso por el sobresfuerzo que había aplicado en su cuerpo para llegar hasta allí.

―Sein, ¿cómo llegaste hasta aquí? esta es la villa de Athena nadie puede atravesarlo sin alertar al patriarca o a los santos dorados. ―Decía acudiendo a él, para ayudarlo a levantarse del suelo.

―Je jeh, bueno al parecer yo lo conseguí. ―Le respondió tomando su mano para ponerse nuevamente de pie, el cuerpo le dolía, pero nada que un buen descanso no pudiera arreglar. Sariah rio por la ocurrencia de su mejor amigo, él era muy imprudente, pero eso era lo que le gustaba de él, era un alma libre, que se guiaba por lo que él quería y no por lo que los demás le decían.

―Je jeh, sí llegaste…―Respondió únicamente para rodearlo con sus brazos y darle un fuerte abrazo, cosa que Seinma también hizo pese al enorme dolor muscular que sentía en esos momentos.

―Lamento no haberte avisado, es solo que sabía que si le decía al patriarca o a los caballeros dorados probablemente no me dejarían pasar. ―Añadió el joven caballero apartándose para poder verla a los ojos.

―No, no te preocupes, entiendo perfectamente a lo que te refieres. ― Le decía apoyando a su guerrero con su cuerpo para llevarlo al arbolito en el centro del enorme jardín para que pudiera descansar.
―¿Cómo lograste llegar? No me digas que escalaste el acantilado solo para llegar hasta aquí.

―Bueno sí y no, con nuestras últimas visitas al santuario traté de buscar una manera de llegar hasta aquí sin tener que pasar por los doce templos, pero no sabía cómo, hasta que al preguntarle a Danny ella me dijo que había un camino que llevaba directamente a este cruzando el gran cementerio al otro lado de la montaña. ―Dicho eso, la joven Athena se sorprendió muchísimo, cambiando su expresión alegre a una triste, cosa que preocupó a Seinma, pero poco a poco comenzó a sonreír nuevamente.

―Sí… la villa de Athena queda mirando hacia el gran cementerio, donde descansan mis valientes guerreros, no es coincidencia pues siendo ese su eterno lugar de reposo, descansan a mi lado sin importar el rango o la edad, se lo merecen, pues por mí todos ellos terminaron allí y… muchos más terminarán en ese lugar. ―Respondió la joven de ojos cian tranquilamente mirando hacia su mejor amigo, quien también se lamentaba por sus compañeros que habían dado su vida por su diosa, al igual que él lo habría hecho sin dudarlo por un solo segundo.
―Es mi forma de decirles… que aunque sus muertes hubieran sido crueles, yo siempre estaré a su lado para acompañarlos incluso después de la muerte.

―Eso es lindo de tu parte…―Respondió el joven caballero del corcel alado, sonriendo tranquilamente, algo que también hizo sonreír a Sariah. Aunque aún seguía curiosa de cómo había llegado hasta ese punto.

―Y dime, ¿cómo fue que lograste escalar? Es un largo trayecto desde el cementerio hasta aquí, y la montaña… no suele tener lugares para escalar con seguridad. ―Agregaba la joven sentándose bajo el árbol de hermosas al lado de su fiel amigo, el caballero de Pegaso.

―Jeh, supongo que fue gracias a mi practica escalando árboles, eso me ayudó a localizar puntos en la montaña que me ayudarán a escalar sin tanto problema, aunque al final realmente dudé si podría llegar o no, por poco creí que me iba a caer. ―Respondió quitándose la mochila para sacar algo de allí un par de cosas que le había traído desde casa. ―Espero que te gusten, las cultivé especialmente para el día que te volviera a ver. ―Dicho eso sacó una manzana tan roja como la sangre y que brillaba ante la luz del sol.

"En ese momento no pude decirte que la barrera de Athena expulsaba a todos los intrusos fuera, todo aquél que intentará escalar sería cruelmente arrojado al vacío a caer directamente hacia sus muertes inmediatamente, pero… yo permití que pasaras, pude sentir que te acercabas, sabía que tu tenacidad te llevaría hasta mí, miles de obstáculos se interpusieron en tu camino durante muchos años… y sabía que esta no sería la excepción. Tu lograrías pasar por que eres así, no conoces el concepto de rendirte, jamás lo has hecho y sé que jamás lo harás."

Sariah se encontraba verdaderamente sorprendida, sabía que Seinma era granjero, pero esa manzana se veía tan bien, tan reluciente y sana, esto eran días, meses años de trabajo duro y esfuerzo.
Le seguía sorprendiendo lo determinado que él y su hermana podían llegar a ser, pues ellos dos le seguían demostrando la enorme capacidad humana por siempre querer lo mejor, para con ellos como para los demás y era por eso que los apreciaba tanto.

―También te traje unas fresas, y unas peras por si querías, además de unos dulces de los que te gustaban. ―Aclaraba sacando de su mochila más frutas, además de una portátil electrónica y sus comics favoritos.
―Te traje estos, son mis historietas preferidas te las traje para que pudieras entretenerte con algo más que con solo libros viejos, y además descargué algunos capítulos de mis series favoritas, a parte de un poco de música, no sé qué sea lo que te guste pero te traje una gran variedad, para que veamos juntos. ―Añadió tomando una botella de agua que se encontraba entre sus pertenencias, la cual comenzó a destapar rápidamente, estaba sediento después de todo el trayecto hasta aquí.

Sariah miró con atención todos los regalos que le había traído su buen amigo Seinma, él… siempre seguiría siendo el mismo niño del que se había encariñado cuando ambos eran tan pequeños, su primer amigo, así como la primera persona que la había tratado como una igual, no como una diosa y no como un ser extraterrestre con quien no podía comunicarse.
Él siempre sería así, preocupándose siempre por ella, sin querer jamás nada a cambio más que su compañía y amistad.

Lo quería mucho, pues aún sin conocerla completamente él le entregó su corazón incondicionalmente y ella simplemente lo aceptó porque este humilde humano, era la razón por la que ella ahora y siempre pelearía por todos ellos. Porque por personas como ellos, aún valía la pena luchar por un futuro.

―Gracias Sein…―Dijo acercando aquella manzana roja hacia su corazón, estaba verdaderamente agradecida por que él estuviera aquí justo en estos momentos junto a ella, pero aún tenía una última pregunta que requería hacerle a su guerrero de Pegaso quien tomaba un largo trago de agua.
―Y dime, ¿para que más viniste al santuario? No creo que te hayan dejado pasar, así como así aun siendo uno de los 6 herederos y más sin una cita previa o por orden del patriarca. ―Al decir eso Seinma regresó sus ojos a ella después de consumir el líquido de su botella, acto seguido la tapó y la colocó en su mochila, realmente era muy perceptiva… aunque no era de extrañarse, era la diosa de la sabiduría y de la guerra.

Seinma entonces relajó su rostro, mirando hacia el horizonte donde los miles de caballeros que habían muerto finalmente descansaban tranquilamente de los horrores de la guerra santa, allá donde imaginaba que su padre y su querida madre descansaban.

―Bueno… a decir verdad también vine a visitar a mis padres, mi hermano dijo que descansaban aquí, pero… no me dijo cuáles eran sus tumbas― Al decir eso la joven Athena apreció con sus ojos cian una profunda tristeza algo muy diferente a como estaba acostumbrada a verlo. Normal mente él estaría alegre o sereno, pero en esa ocasión ella podía notar una enorme desolación en él.
―Yo… jamás los conocí, pero sé que ellos me querían a mí y a mi hermano, dieron sus vidas por nosotros pero… Sora simplemente no quiere decirme donde se encuentran, no sé si se preocupa por mí o simplemente desea ocultarme la verdad… pero realmente quisiera saber quienes fueron en realidad mis padres…

―Comprendo, tu hermano es Sora el recién condecorado caballero de sagitario, ¿no es así? ―Preguntó sorprendiendo al muchacho de cabello y ojos castaños, pero al instante él simplemente asintió con la cabeza.

―Sí ¿cómo lo supiste? ―Preguntó el caballero Pegaso arqueando una ceja, aún más estupefacto de que ella dijera el nombre de su hermano biológico aún sin haberle mencionado nada anteriormente.

―Sein…―Respondió Sariah sonriéndole tranquilamente, no necesitaba decirle lo evidente para que él lo supiera: ella era Athena y sabía todo lo que ocurría en su santuario.

―Buen punto.

―Me doy cuenta de que tu linaje es uno de guerreros desde tus padres, hasta tu hermano y tu… todos han luchado por mí. ―Murmuraba la jovencita levemente pensando en sus padres, aunque ella también no los había conocido, sabía que ellos habían peleado y muerto por ella… al igual que sus hijos compartirían ese mismo destino, ella no deseaba esto deseaba que ambos vivieran, ellos se merecían vivir por la memoria de sus padres.
―Pero… temo que ustedes, terminen igual que ellos y todo por mí… todo… por mi culpa.

―No digas eso, el trabajo de un caballero es proteger a Athena y a la humanidad. ―Seinma respondía con convicción en su mirada y voz, él realmente sonaba como un verdadero caballero, pero Sariah no sabía si eso le causaba una enorme felicidad o preocupación. Usualmente los caballeros terminaban sus vidas violentamente y no quería que ese fuera el caso de su mejor amigo.

―Lo sé, pero yo no quiero que ustedes mueran… no quiero que ninguno de mis caballeros muera, lo único que deseo… es que vivan, que tengan vidas felices y plenas para que juntos veamos el amanecer de un nuevo día. ―Declaró la muchachita alzando su mirada al cielo infinito, que era cubierto por las ramas y hojas de su arbolito.
―Todos ustedes merecen vivir Sein…

El joven caballero del corcel alado guardó silencio por unos instantes, para entonces suspirar fuertemente , entendía perfectamente sus dudas y miedos, comprendía el dolor de su diosa, quizá no estuviera allí luchando como los demás caballeros, pero cada vida era valiosa y única,
Y la muerte de los caballeros afectaba mucho a su diosa como a los demás caballeros, él mismo se había preguntado, que sucedería cuando le tocará a él… o a Danny, o a John, Mary, Shinryū, Benjamín, Shira, Genki… o a su hermano… Estaban dispuestos a morir pero…
¿Estaban dispuestos a pagar el precio de ver a sus amigos morir? Quizá él no era el adecuado para responder esa pregunta… Quizá nadie era realmente la persona adecuada para responder a esa pregunta.

―Bueno… no te preocupes por eso. ―Declaró fuertemente sonriendole a su diosa con determinación levantando su puño con convicción. ―Nosotros no moriremos, ganaremos esta guerra santa y le devolveremos la paz al universo ya lo verás y… bueno ya sabes que yo soy más duro que una piedra, no moriré sin dar una buena pelea soy más resistente que una piedra, je jeh.

Sariah no emitió una respuesta inmediata, solo se dedicó a sonreírle a su guerrero más leal, aquél que había estado con ella desde la era del mito, y ahora se encontraba a su lado para pelear una vez más por ella dispuesto a darlo todo por ese futuro prometido por la primera Athena que pisó el mundo de los humanos mucho antes de la era del mito.

― ¿Sabes? Aunque quieran negarlo tú y Sora se parecen mucho, más de lo que creen. ―Añadía la joven acurrucándose al lado de su caballero, sujetando su manzana con ambas manos.

Seinma no pudo comprender porque de repente la conversación regresó a sora, pero Simplemente sonrió por lo que su diosa le había dicho.

―No lo sé Sariah… a veces no sé lo que él piensa, a veces siento que me odia y otras veces… simplemente extraño hablar con él, ¿sabes? No sé si va a ser frío o a ser comprensivo, él es todo un misterio y eso que somos hermanos. ― Respondió el muchacho recargando su cabeza sobre el hombro de su querida amiga, su diosa.
―Quizás… simplemente solo somos diferentes…

―O quizá te estás rindiendo con él. ―Murmuró sonriendo levemente haciendo reír al muchacho de cabello castaño a su lado.

―Ja ja ja, ¿rendirme? Que es eso yo no conozco esa palabra.

―Lo sé, por eso sé que no te rendirás con Sora… y que él no se rendirá contigo tan fácilmente. ―Respondió finalmente dando una pequeña mordida sobre la carne de la manzana, era jugosa como deliciosa

Ambos muchachos se quedaron en silencio finalmente, como único sonido siendo los latidos de sus corazones, resonando al unísono la diosa de la sabiduría y su fiel corcel alado, ambos nacidos cruelmente, encontrándose mutuamente para sanar sus corazones heridos.
Desde la era del mito hasta en la actualidad, ambos habían encontrado un hogar entre ellos, lo que se les había negado al momento de nacer se les era otorgado al estar juntos.
El amor que tanto habían anhelado se encontraba aquí, en este ínfimo espacio en el universo milenios desde la primera vez.
Siglos desde la última vez que murieron.
Años desde que renacieron.
Meses desde la última.

Y la distancia nuevamente se acortaba, hasta la siguiente vez que tuvieran que separarse.

Fue entonces que Athena miró a sus espalda, para apreciar a su guerrero quien trataba de descansar sobre su hombro.
―¿Por qué no me cuentas como te has acoplado a tus compañeros? Escuché que lograron pasar su primera prueba como herederos.

― ¿Uh? Ah, je jeh si eso, bueno a decir verdad no fue fácil que digamos… fue un tanto difícil, sobre todo porque, tuvimos un par de desacuerdos.

4 de Junio del 2283
10:25 P.m.

―Debes estar bromeando…―Murmuró Benjamín en un tono pasivo agresivo, no podía creer que Seinma estuviera realmente sugiriendo eso.

―Quizá Seinma-san está cansado, toda la noche estuvo entrenando con el maestro Genki y por eso propuso esto, a menos… que lo esté diciendo en serio, en dado caso estoy curioso del porqué tomaría una decisión tan apresurada sin consultarnos antes…― Decía el caballero de Dragón tratando de entender por qué a quien habían proclamado como su líder pediría algo como eso.

―Por eso se los estoy consultando ahora. ―Respondió el joven caballero tratando de apelar a la razón de sus tres compañeros, todos sin excepción se encontraban en el cuarto de los varones, incluyendo a la joven de cabellos anaranjados.
―Creo que John es nuestra mejor opción. Como líder él es nuestra mejor apuesta, podemos ganar si él nos comanda.

―Seinma-san no es por ofenderte a ti y mucho menos a Johnathan-san, pero… ¿no recuerdan lo que pasó la última vez? Fue un completo desastre, no teníamos un plan o una estrategia de acción y John bueno… no mejoró las cosas…―Respondió el muchacho de lentes con una expresión de preocupación que se reflejaba en todo su rostro.
―Te elegimos a ti como nuestro líder porqué aún en la cara de la derrota tú, te levantaste y peleaste aún a sabiendas que no podrías ganar solo y aunque perdimos seguimos tu ejemplo, porque sabíamos que con la esperanza de nuevo al menos igualar la balanza.

―Lo sé, pero un líder no debería ser solo eso, un líder debería ser fuerte determinado y centrado, debería guiarnos a la batalla en lugar de… simplemente actuar cuando las cosas se ponen difíciles. ―Seinma añadió tratando de convencer a los demás con sus palabras, y no se equivocaba del todo un buen líder debía guiar a su equipo en batalla siempre, no solo cuando todas las opciones se habían terminado.
―Además ustedes saben que no soy el más fuerte, el más poderoso, el más rápido, o rayos… el más inteligente, pero John sí, él es nuestra mejor apuesta si lo que queremos es ganar él nos guió desde el inicio de la batalla y en la ciudad sirvió de ejemplo para nosotros para luchar contra los espectros, si eso no es lo que un líder hace no sé lo que es..

―Sein, si por alguna razón no entendiste lo que Shin quiso decir con todo eso fue que no podemos asegurar una victoria con él a nuestro cargo, es impulsivo, arrogante y puede explotar en cualquier momento, de verdad piensas que la mejor opción es dejar que nos comande? ―Benjamín lo interrogó, cosa que no fue muy del agrado de Johnathan, quien estuvo a punto de lanzársele a la yugular por ofenderlo, pero le había prometido a Seinma actuar con la cabeza fría, no se permitiría caer ante las provocaciones de ese pato imbécil.

―Entiendo que no confíen en mí después de lo ocurrido con Arkhamira y con Benjamín, pero… estoy dispuesto a luchar a su lado si con eso podemos derrotar a la directora. ―Johnathan trató de decir, y aunque Seinma sonreía los demás no se veían muy convencidos al respecto, en especial, Danny y Benjamín.
―Escuchen, lo arruiné y lo reconozco, pero esta vez quiero ayudar. Sé que no confían en mí y… siendo realista yo tampoco confiaría en mí después de lo ocurrido. ― Diciendo esas palabras los tres herederos quienes aún no estaban convencidos de que John los liderará comenzaron a préstale total atención al santo del ave eterna.
―Pero si confían en mí en esta ocasión, les prometo a todos ustedes no defraudarlos y si por alguna razón lo hago… ustedes estarán en todo su derecho si no quieren pelear nuevamente a mi lado. Pero quiero que sepan que estoy más que dispuesto a luchar en equipo, si no es liderándolos, entonces será peleando junto a todos ustedes.

Con las palabras del Fénix resonando en su mente los cuatro herederos se vieron el uno al otro, quizá esta no fuera una mala idea, John era el más poderoso de los cinco, él fácilmente podría igualar el poder de Arkhamira, además su carácter fuerte y decidido era lo que necesitaban para liderarlos a todos.
Sus órdenes podrían serviles para convertir una derrota aplastante en una victoria decisiva, mientras no enloqueciera y mantuviera la cabeza fría… podrían trabajar con él.

―Bueno a decir verdad yo estoy dispuesto a intentarlo, digo quizá no sea malo del todo, John tiene capacidades más avanzadas en el combate que Seinma-san, Benjamín-kun o Danny-chan o incluso yo, quizá sea una buena idea intentarlo. ―Shinryū Explicaba sonriéndole a sus demás compañeros, con la respuesta positiva por parte del caballero dragón él, Seinma y John miraron hacia la Saintia de Andrómeda, quien se había quedado en silencio durante toda la discusión.

― ¿Danny, tu que dices? ―Preguntó Seinma a lo que ella alzó sus ojos apenada hacia ellos, no quería admitirlo, pero, sonaba como una buena idea, poner a la pieza más fuerte al mando de los demás no sonaba mal… pero aun así tenía un par de cosas que decirle al respecto.

―John, no tengo nada en contra de que nos lideres… De hecho, creo que esta es la mejor idea que se les ha ocurrido a ustedes dos, sobre todo a Sein que él es el quien tuvo una visión más centrada en el terreno táctico. Pero... ―Fue entonces que ella se levantó señalándolo con severidad.
―Pero sigo sin aprobar lo que hiciste durante el combate. Sabes lo que opino de esa técnica independientemente de en quien hayas tratado de utilizarla estuvo mal, no solo por lo que esa técnica significa sino... por qué tu más que nadie sabe el daño que esta misma ocasiona. ― John bajó la mirada más que un regaño parecía que Danny trataba de advertirle que seguir por ese camino solo lo llevaría a un sendero doloroso y solitario, algo que él quería evitar.
―Yo digo que tenerte como nuestro líder será benéfico, sobre todo si complementamos tu fuerza con mi inteligencia. ―Añadía sonriéndole tiernamente a su primo, pero entonces tomó su mano derecha entre las suyas, con el único objetivo de que la mirará a los ojos.
―Pero… debes prometerme, que nunca más volverás a utilizar el puño fantasma de Fénix…

Johnathan se lo pensó un momento… jamás sería capaz de olvidar una técnica como esa, ya se encontraba arraigada muy profundo en su mente, por esa maldita técnica había obtenido su armadura, pero por la misma la llama del odio había nacido dentro de su corazón, una cicatriz que jamás sanaría.
Y todo había sido gracias a su padre, no podría olvidarla, pero si suprimirla lo suficientemente dentro de su mente, John tomó sus manos con la izquierda posando sus ojos azules sobre los ojos esmeraldas de Danny.

―Lo prometo… hermanita. ―Dijo sonriéndole cálidamente, la muchachita sonrió finalmente complacida, para entonces recibir una pequeña caricia en su cabello justo como cuando él lo hacía cuando eran pequeños.

Con eso Seinma y Shinryū sonrieron… pero aún faltaba una última persona y esa era Benjamín, quien aún mantenía un rostro inexpresivo, no parecía estar convencido, menos de querer apoyar una locura como esta en ese momento todos se le quedaron mirando. Esperando a una respuesta de su parte, respuesta que después de un suspiro no tardó en llegar.

―Si los demás están de acuerdo yo también. Pero… más te vale no equivocarte porque sabes que yo no perdono tan fácilmente. ―Con esas palabras los cuatro herederos dieron más que por concluida su reunión.

El fin de semana se pondrían a entrenar sus tácticas de batalla y sus alineaciones, así como sus ataques coordinados, ya tenían un par de nombres para sus ataques en conjunto, así que podrían ponerlos a prueba el día de la segunda batalla, por ahora tenían que ír a seguir con las tareas que se les habían encomendado.
No estaban muy emocionados de limpiar los salones y las áreas de entrenamiento…

Y por supuesto que no estaban nada emocionados por lavar los baños… pero mientras hicieran todo eso juntos… podrían terminar antes de que la noche llegara, aunque antes de que Benjamín y Johnathan continuaran junto con sus compañeros… el primero lo detuvo colocando su mano sobre su hombro para decirle una última cosa que no quería decirle en frente de los demás.

―Escucha… no hago esto por ti no te confundas, Sein confía en ti así que si él dice que tú eres la mejor opción creeré en su juicio, pues confío más en él que en ti. ―Declaró sorprendiendo al caballero del Fénix, no sabía desde cuando Benjamín había comenzado a apreciar a Seinma… pero podía asumir que el momento y el lugar que habían ocurrido había sucedido en uno de esos días de castigo, por lo que solo se limitó a sonreír arrogante.
―Pero si volvemos a perder por tu culpa y después de eso vuelves a abandonarnos… entonces no esperes que sea benevolente contigo.

―Jeh… como digas pato idiota…―Respondió Johnathan apartando su mano de su hombro, para seguir con su camino. Benjamín por su parte seguía sin estar completamente convencido de que esta fuese una buena idea…

Pero Seinma, Danny y Shinryū habían dado razones más que válidas para confiar en Johnathan…Aunque su relación con Pegaso no hubiera empezado de buena manera, comenzaba a apreciarlo y por eso colocaba su opinión a la misma altura de apreciación que la de Danny o Shin.
No solo por haberlo salvado sino… por haber demostrado en el tiempo que se habían conocido que el caballero de Pegaso, aunque tonto y distraído era un muchacho de gran corazón.
Y eso valía más que cualquier cosa que Johnathan tuviera que decir.

Si ellos tenían razón entonces evitarían otra semana de tener que servir como conserjes.
De lo contrario no sabía cuánto más podría soportar limpiar todos los baños de la academia sin volverse completamente loco.

La actualidad.
Santuario de Athena.
02:03 P.m.

―Al final llegamos a un acuerdo, después de una larga charla… Y bueno una semana en la que tuvimos que hacer todos los trabajos de mantenimiento de la escuela nos preparamos para el segundo enfrentamiento que tendríamos con la directora Arkham― Terminaba de explicar el muchacho a una joven Athena que había escuchado a detalle la historia de su amigo con atención, sin duda él y sus amigos habían pasado una dura prueba como equipo lo bueno era que habían logrado sobrepasarla juntos

― Me alegra escuchar que al final todo resultó bien… digo a pesar de su derrota y… que tuvieron que hacer todo el mantenimiento de palestra una semana completa me alegra saber que lograron levantarse como equipo. ―Aclaró Sariah destapando una barra de chocolate, pára acto seguido colocarla entre sus dientes y saborear el dulce sabor de la misma.

―Sí bueno tuvimos que hacerlo… sino Arkham nos habría dado un castigo aún peor y ella suele ser muy severa con sus castigos. ― Añadió Seinma suspirando pesadamente.
―Fue difícil no te voy a negar eso jamás había recibido una paliza así, pero supongo que no nos fue mal si así es una batalla con un enemigo poderoso… ¿cómo será cuando tengamos que luchar contra los espectros?

Sariah no respondió a esa interrogante, apuntando sus ojos directamente al enorme balcón que se encontraba frente a ellos, ella sí sabía cómo era una batalla contra los espectros de más alto rango, el enorme cementerio que daba hacia abajo era la prueba de que los espectros eran seres despiadados, implacables y sobre todo eficientes e inmortales.

Ella podía sentir el dolor de sus caballeros, su desesperación e incluso cuando uno de ellos fallecía, eso había estado ocurriendo mucho últimamente…

―Los espectros, son poderosos… no se detienen por nada ni nadie, lo único que desean es cumplir con las ambiciones de su señor: Hades. ― Sariah respondió llamando poderosamente la atención de Seinma.
―Ellos no son como tú o yo Sein, ellos no ven las maravillas de la vida o la belleza del mundo, solo ven violencia e ira… no quiero decir que los entiendo pero, en el mundo no todo puede ser malo, sus corazones supuran ira y odio… Y sus almas se han entregado a la oscuridad completamente y eso ha causado que nuestro ejército haya tenido muchas bajas últimamente―Explicaba desviando sus ojos hacia el horizonte, donde descansaban sus valerosos soldados.
―No sé si te diste cuenta pero…. Hay muchas tumbas nuevas allí… muchas de esas no tienen ni una semana desde que fueron hechas, otras ya se encontraban allí pero no lo hace más fácil de asimilar… cada una de esas tumbas cuenta una historia, un valiente guerrero que solo hacía su deber, un padre de familia que solo quería proteger a sus seres amados, una madre que dio todo de sí para proteger a sus hijos―Explicaba para devolver sus ojos hacia Seinma, quien no había dejado de mirarla desde que comenzó su esclarecimiento. ― Es lo que algunos no entienden, no fueron guerreros sin rostro o nombre, no fueron seres sin corazón, fueron personas como tú o yo, con sueños y anhelos todos ellos han sido guerreros orgullosos, con familias e incluso amigos, todos ellos vivieron por una razón y aunque el mundo no los recuerde… yo siempre los tendré a un lado de mi corazón, pues sus vidas, por tan cortas o pequeñas que fueran tuvieron un sentido al menos para mí.

Decía aquello con anhelo y esperanzas, era cierto todos ellos luchaban para proteger a su diosa, muchos habían muerto por ella y muchos más lo harían, la vida puede que no tuviera significado, pero lo tenía para ella.
Un amigo, un hermano, un padre, una madre, era completamente cierto.
Sin importar lo efímeras o insignificantes que estas hubieran sido, todas tuvieron un sentido, una razón de ser, un sentido, no era el mundo el que les otorgaba el valor a esas vidas, era la gente que estaba a su alrededor la que les daba ese sentido de existir y por eso los caballeros deseaban terminar esta lucha.

Para que aquél padre volviera a casa, para que aquella madre siguiera disfrutando de la compañía de sus hijos, para que ese hermano regresará con su familia y para que aquél amigo viviera tiempos felices junto a los suyos.
Para seguir creciendo, para recordar esos tiempos felices con la gente que le dio un significado a su vida, envejecer, ver el atardecer y el amanecer de nuevos días por venir.

¿A dónde se fueron esos años? ¿Qué ocurriría con las vidas que habían entregado para esta noble causa? Solo el tiempo curaría las heridas que esos guerreros dejaron al morir, una vez que esta batalla terminará y todos aquellos que aún no había muerto volvieran a su hogar.

6 de Junio del 2283
Cementerio del Santuario.
07:16 P.m.

El caballero Gerald de Cristal veía frente a él varias lápidas con los nombres de sus amigos, sus compañeros, Clarke, Joshua, Freya, Michael, todos ellos caballeros de plata entrenados habían entrenado juntos, luchado juntos, sangrado y crecido juntos.
Compartía muchas buenas memorias con todos ellos, Clarke aunque solía ser un bastardo arrogante pero era el mejor amigo que jamás habría podido tener.
Joshua aunque era un desobligado bueno para nada, lo quería… siempre que estaban en una habitación juntos solo podían reír y brindar por un día más de vida.
Freya aunque solía ser muy reservada tenía un lado blando que nadie conocía, aunque en ocasiones era una mujer un tanto engreída tenía un corazón de oro puro, una en un millón.
Y Michael, ese bastardo escoces siempre tenía historias sobre el mar, algunas eran demasiado fantasiosas como para creerlas y otras solo sacaban una u otra sonrisa.

Aunque todos hubieran tenido defectos, ellos habían sido sus amigos, gente que él había aprendido a querer y respetar, personas con las que él había compartido un vínculo cercano, una hermandad por así decirlo y ahora… solo quedaba él.

Frente a las tumbas de ese idiota orgulloso, del inútil divertido, de la chica dura por fuera, blanda por dentro y de ese imbécil escocés mitómano hablador y… quizá el mejor narrador que hubiera conocido en su vida.

Gerald suspiró su corazón dolía profundamente, los recuerdos no lo dejaban en paz, hacía tiempo que no tenía una noche tranquila gracias a ese maldito espectro que le había arrebatado toda razón a su existir.
―Gerald.―Una voz habló a sus espaldas, no necesitaba verlo para saber de quien se trataba, era el caballero dorado de acuario; Yuri, pero aun así se giró hacia él, ahora en su rostro llevaba un parche que tapaba su ojo izquierdo, el cual se había arrancado para revelarle los secretos al patriarca sobre la técnica: "Marioneta Cósmica Control Total"
―Supe lo de tu audiencia con el patriarca y… supe que seguirías portando la armadura de Cristal…

―Sí así es. ―Respondió girando sus cabezas de regreso a las tumbas de sus compañeros, Yuri avanzó hacia el hasta estar a su lado para admirar las tumbas de sus compañeros y mostrarles respeto, junto como Gerald había hecho no hacía un par de horas.

―Comparto y respeto tu decisión, aunque también habríamos entendido si hubieras querido renunciar después de lo que ocurrió con tus compañeros.

―No… no renunciaré, no hasta que ese maldito bastardo pague por lo que nos hizo a mí y a mis compañeros. Respondió tranquilamente, aunque Yuri al ver a sus manos pudo apreciar que estas estaban cerradas en un puño temblando, tal vez fuera por ira, tal vez por impotencia, tal vez por ambas, cualquiera que fuera podía comprender el odio que sentía en su corazón.

Podía entenderlo porque él también lo había vivido y por qué lo seguía viviendo en carne propia, ambos caballeros de hielo compartían un solo objetivo, vengarse de los hombres que les habían arrebatado todo si se unían por ese mismo sentimiento, serían capaces de lograr sus objetivos y así finalmente alcanzar la paz juntos.

Los espectros eran crueles, pero ellos les demostrarían que tan crueles podían llegar a ser los caballeros al enfocarse en una cruel y despiadada venganza, los sentimientos como esos no eran típicos en los caballeros de Hielo, pero ellos no habían sentido nada más en mucho tiempo. El odio era lo único que les permitía seguir con vida… y eso era lo que les daba enfoque y fuerza para seguir viviendo todos los días de su vida.

―Shiki me dijo que no te implantarías un nuevo ojo, deberías hacerlo, si aún deseas pelear deberías ponerte uno nuevo te serviría mucho en batalla. ―Sugirió a su compañero, pero este negó rotundamente con la cabeza, no quería aceptar ningún tratamiento para su ojo perdido.

―No… Prefiero que sea así…―Respondió Gerald agarrándose el rostro, específicamente el lado izquierdo, ningún ojo le devolvería a las personas que perdió, nada de lo que hiciera ahora serviría para estar un segundo más al lado de esas personas que había aprendido a amar.
―Esta será mi penitencia, por no haber podido ayudarlos, por no haberme resistido y haber causado sus muertes, un ojo no basta para ―Aclaró desoladoramente bajando su mano.

Yuri suspiró, mientras buscaba algo en el pecho de su armadura y al encontrarlo trató de entregárselo a Gerald.

―Aún tengo el ojo que me diste, si quieres podríamos colocártelo de nuevo, pero no sé si funcione aún, no se ha vuelto putrefacto gracias a mi cosmos… aunque no soy médico, quizás, Shiki sepa algo de como implantar un ojo nuevamente. ―Dijo ofreciéndoselo a su compañero, el mismo se encontraba congelado, cubierto por una capa de hielo solido que había detenido el tiempo sobre él, aunque como respuesta el caballero de cristal desvió su único ojo al suelo.

No quería volver a verlo, no quería volver a ver esa cosa de nuevo, ese ojo solo le recordaba lo que había hecho, no solo a su equipo, sino a aquellos caballeros de bronce que creían en ellos para cuidarles las espaldas y no dejarlos morir como perros.

―Entiendo por qué me lo dices maestro Yuri en batalla dos ojos son mejor que uno, pero debo declinar…―Negó el santo de Plata sin más dilación, solo quería estar solo, para rezar por las almas de sus amigos y recordarlos como alguna vez fueron, ahora ya eran libres de las barreras mortales, libres de las cadenas del dolor, se habían convertido en estrellas. Y él seguiría viviendo por esas memorias.
―Mejor utilice mi ojo para advertirle a otros caballeros sobre Talon de Grifo… ese será mi regalo para ellos, para que tengan la oportunidad de sobrevivir y de… que no les suceda lo mismo que a mí o mi equipo…―Imploró haciendo que Yuri asintiera levemente, si ese era su deseo, entonces lo haría, guardó el ojo nuevamente en su pechera.

Comprendía la situación en la que se encontraba Gerald, el profundo duelo que estaba pasando en esos instantes, el desconsuelo y la impotencia de su corazón, no había sido muy diferente a él hacía varios años.
Entendía que quería estar solo, aunque temía que ese camino lo convirtiera

―Entendido…― Respondió Finalmente, dándole la espalda al santo de Cristal para regresar por donde había venido, no había sentido en tratar de convencerlo de que dejara su luto de lado, necesitaba tiempo para asimilar la perdida.

Yuri lo podía entender mejor que nadie, así como podía entender el sentimiento de venganza que había nacido en su interior, él no era nadie para reprochárselo, mucho menos para negarle lo que él tanto deseaba, solo dejar que esa aflicción se volviera un conductor para la justicia.
Había perdido un ojo pero aún no estaba ciego, aún podía ver la diferenciar entre un acto de justicia y uno de represalia.
Así él sería mejor… mejor que él… mejor de lo que alguna vez pudo ser.

Y a lo lejos Athena veía a sus caballeros con pena, la muerte de sus guerreros era algo sumamente doloroso para ella, aunque no los conociera le lastimaba saber que sus valientes caballerso fueran reducidos a carcazas vacías, sin propósito o dirección, fantasmas de sus antiguos seres.
Todo por culpa de ella, todo por culpa de esta maldita guerra, ¿cuantos más tendrían que morir?
¿Cuántos hombres y mujeres debían de seguir sufriendo por las ambiciones de los dioses? ¿Cuánto más tendrían que soportar para ser libres finalmente?
¿Cuándo serían capaces de mirar al cielo con esperanza y no al suelo derrotados y destrozados?

¿Cuántas almas se debían sacrificar para finalmente alcanzar la tan anhelada paz?

Eso solo el destino lo sabía.

La Actualidad.
2:35 P.m.

―Ser Athena no es fácil, el deber de la diosa es proteger y velar por sus caballeros puedo sentir sus almas, así como sus anhelos y esperanzas. ―Explicaba Sariah alcanzando su cetro, acariciando levemente el oro del que lo componía, para verse reflejada en él, aunque era una diosa, también era una mujer, como mujer con corazón humano no podía evitar sentir pena por aquellos hombres y mujeres que le habían entregado su alma y todo de ellos a su diosa, a sus hermanos y hermanas, a las futuras generaciones que los precedieran, pues ese eral destino de los caballeros, luchar y morir
―Cuando uno muere puedo sentirlo, la muerte de mis guerreros no suele ser… tranquila, al final de la vida sus mentes se preguntan… sí sus vidas valieron la pena, si sus sacrificios valieron la pena, sienten tanta desesperación, tanto miedo que lo último que desean no es ser recordados, sino… que sus muertes tengan un significado. ―Añadía aferrándose a su cetro, su fragilidad emocional contrastaba con su fortaleza mental, en realidad no era muy diferente a Danny, John, Shin, Ben o él mismo, puede que fuera una diosa… pero en el fondo, seguía siendo una niña.
―Que al menos haberlo sacrificado todo haya valido la pena, al menos para aquellos que aún viven puedan seguir adelante.

Al decir aquellas palabras, Seinma pudo sentir el dolor que agobiaba a su diosa, su mejor amiga, él miró al suelo, suspirando pesadamente por las palabras de su querida Sariah.
―Me imagino, que debe ser doloroso…

―Lo es… e imaginar que algún día tú también harás lo mismo… me lastima aún más. ―Reveló genuinamente preocupada por su mejor amigo, pero él en lugar de demostrar miedo o inseguridad, le sonrió cálidamente.

―No moriré Sariah… te lo prometo…― Le dijo tomando sus manos, mirándola directamente a los ojos, el bello azul cielo de su mirada era tan hermoso que reflejaban la luz del sol con solo verlos detenidamente tan hipnotizantes. Y el café de los ojos del Pegaso era tan tranquilo como determinado, sus ojos ardían con las llamas más puras de la vida que Sariah… no podía evitar sentirse segura al verlos.

"Por cosas de la vida, por pura suerte o por caprichos del destino… o simplemente porque nuestras almas estaban predestinadas a encontrarse, estoy agradecida por la causa que fuere por reunirnos nuevamente. Mi querido amigo… jamás me pregunté las razones del porqué tuve que nacer en este mundo y cuando descubrí cual era mi destino lo acepté, aún sin saber en realidad el por qué quería proteger a los humanos."

Ambos se habían quedado mirando fijamente el uno al otro, parecía que el tiempo se había detenido entre ellos dos, entre sus ojos y centímetros entre sus rostros, Tanto Seinma como Sariah podían sentir sus corazones palpitando a un ritmo acelerado, el joven caballero de pegaso reconoció esta sensación casi al instante, una sensación que sentía solo cuando Shira lo besaba…
¿Es que acaso eso era lo que sus corazones les pedían a ambos? No parecía correcto, parecía prohibido pero al mismo tiempo ambos realmente sentían que era correcto.
Estaban solo a centímetros uno del otro…

Pero, fue Sariah la que tuvo que responder abrazándolo fuertemente, el bochorno que había en sus mejillas era demasiado evidente como para simplemente ocultarlo, por lo que debía ser más discreta aún, quizá no hoy… quizá no mañana… Pero algún día le demostraría lo mucho que lo amaba.

―Gracias Sein…―Le susurró dulcemente al oído, para finalmente verlo nuevamente a los ojos, Seinma… no sabía que esperar pero, quizá esto era lo que sentía Shira al sentirse tan atraída a él y no poder expresarle lo que tanto sentía hacia el Pegaso.
―Cuéntame más sobre como tú y tus amigos se prepararon para la batalla, me encantaría saber más de cómo es que ustedes se prepararon para ese encuentro. parecía

Pedía aun un sonrojado Seinma, quien apenas podía discernir correctamente que había sucedido. Estaba soñando despierto debía dejar de hacerlo, por su bien y el de su diosa.
―¿Oh? ¡Ah sí…! bueno como sabes después de que pusimos a John a cargo como el líder y a Danny como la encargada de planear las estrategias, así que los demás solo nos quedaba acoplarnos a las formaciones de batalla y a la combinación de cosmos y técnicas. ―
Explicaba Seinma recordando el anterior fin de semana utilizando eso como excusa para tranquilizarse, Sariah era su mejor amiga pero también era su diosa y sin importar lo mucho que su corazón le pidiera hacer lo que tenía en mente en esos momentos debía desistir, no quería saber cuál sería el castigo por querer besar a la diosa Athena… pero podía imaginar que podría ser un destino peor que la muerte.
No te mentiré fue divertido, aunque fue muy difícil, pues para lograr una coordinación completa debíamos elevar nuestros cosmos a la par de nuestro compañero eso fue lo más difícil…

7 de Junio del 2283
Granja Loverne 30 hectáreas lejos de casa.
6:30 P.m.

Los muchachos entrenaban arduamente, usando cada uno sus técnicas de combate, complementándolas con sus demás compañeros, habían estado haciendo esto por dos días consecutivos, apenas se habían levantado de la cama y desayunado se habían puesto a practicar sus ataques en conjunto, fusionando sus ataques así como sus cosmos.
Estaban preparándose con antelación para la batalla que ocurriría el lunes y no podían desperdiciar ni un segundo de entrenamiento.

― ¿¡Listo Shin!? ―Preguntó el caballero de Pegaso, con el aura de su cosmos cubriendo todo su cuerpo, concentrándose específicamente sobre sus brazos.

― ¡Listo Seinma-san! ―Respondió con su brazo derecho bañado en la luz verde de su cosmos.

― ¡Estrella Fugaz de Pegaso!

― ¡Dragón naciente!

Exclamaron al mismo tiempo combinando sus ataques, Seinma saltó siendo cubierto por un torrente de agua, que en lugar de envolverlo lo impulsó hacia adelante a toda velocidad.
Ambos ataques combinados habían creado uno solo, Seinma se detuvo finalmente cuando el torrente acuífero se desvaneció y su puño aún resonaba con las llamas danzantes de su luz, que al poco rato se desvanecieron.

― ¡Jah! ¿¡Vieron eso chicos!? ¡Eso fue genial! Shin y yo logramos combinar nuestras técnicas a la perfección, ¿cómo le llamamos a este? ¿Furia de Pegaso? ―Preguntó a sus compañeros quienes habían visto la técnica realizada por ambos guerreros ser ejecutada casi a la perfección.

―Je jeh, yo creo que le quedaría mejor "Corcel de Agua" Seinma San. ―Respondió el caballero de dragón caminando al lado de su compañero, quien bajó la cabeza decepcionada.

―Bueno… creo que a todos se les dan mejor los nombres que a mí…―Murmuró sonriendo levemente, aunque no fuera bueno con los nombres de las técnicas… era muy bueno fusionando su cosmos con el de sus amigos,

―Lo lograron, no les fue nada mal para el segundo intento… con la maniobrabilidad que tiene Shin controlando el agua y con tu puntería lograrán sorprender a Arkhamira. ―Decía John cruzado de brazos.

―A ustedes tampoco John, estoy seguro que lograrán darle una buena pelea a la directora con sus "Cadenas de Fuego" ―Les dijo a sus compañeros de Fénix y Andrómeda, quienes habían hecho una demostración de su primer ataque en conjunto.

―Bueno eso esperamos, Danny y yo ya lo pensamos durante un buen rato y no importa si logramos combinar nuestros cosmos, aun luchando en equipo puede que tengamos nulas posibilidades de ganar.

―Espera, ¿qué? ¿Entonces hemos estado haciendo esto para nada? ―Preguntaba Benjamín evidentemente cansado, habían estado entrenando hasta el atardecer, como era que aún después de todos los progresos que habían estado realizando durante todo el día aun así la probabilidad de derrota sería la misma.

Danny respondió asintiendo levemente con la cabeza.
―Sí, hice los cálculos… y parece ser que nuestra probabilidad de éxito ha incrementado pero solo a un 39.9% aún tenemos un 41.1% de probabilidades de perder.

― ¿Y qué hay del 20% restante Danny-chan? ―Preguntó Shinryū mostrando el mismo interés en las palabras de la joven Andrómeda que sus demás compañeros.

―Que ninguna de las dos partes gane, aunque… viendo como resultó la última vez, es una situación de donde perdemos sin importar lo que hagamos…―Añadió causando un efecto en cadena de decepción entre sus compañeros.

―Entonces… ¿aun peleando juntos vamos a perder? ―Cuestionó Benjamín igual de desanimado que los demás.

―Es probable… aunque aún hay una posibilidad de convertir esas estadísticas en un 50/50. ―Decía John seriamente a todo su equipo, quienes prestaron su total atención a él, por su lado Johnathan esperaba que ella fuese la de los honores para explicar la estrategia quien también se le quedó mirando durante un largo rato.
―¿Que? No me mires a mí, tú fuiste la de la idea… anda díselos. ―Le dijo dándole un pequeño empujón hacia adelante,

―Bueno es que yo…―La chica de cabellos anaranjados murmuró levemente notablemente apenada, no quería decirles así como así de que trataría esta estrategia, aunque si lo hacía las probabilidades de un éxito seguro incrementarían, debían trabajar juntos para lograr un milagro.
―Bien, estuve pensando y analizando detenidamente, hay una forma de ganar pero necesito que todos me apoyen en esto.

―Bueno… te escuchamos Danny. ―Respondió Seinma mirando con detenimiento a su compañera, no era normal verla así de nerviosa, pero… si este plan era tan bueno, entonces sería arriesgado y las probabilidades de ganar se reducirían a 0 prácticamente.

―Escuchen, cuando Arkhamira y yo peleábamos me tomé mi tiempo para analizar su tiempo de acción y reacción, los resultados fueron… más que conclusivos. ―Comenzó sacando su celular con funda de Xuro, mostrando las ecuaciones que había estado haciendo esos días.
―Durante nuestro combate ella se movía a la velocidad del sonido, lo cual equivale a 1235,52 km por segundo. Teniendo cuestión de 55 microsegundos para moverse entre ataque y ataque, por lo que, hablando hipotéticamente, si peleamos contra ella debemos tener un tiempo de reacción igual o más rápido. ―Añadía mostrando los resultados que había anotado la vez anterior durante su combate contra la directora Arkhamira.

―Bueno… eso no suena tan mal, solo debemos pensar más rápido que ella y adelantarnos a todos sus movimientos, ¿no es así Danny-chan? ― Interrogó Shinryū confuso del porqué esto sería un problema, pero la respuesta de Danny no tardó en llegar.

―Por qué, si ella ha dominado la velocidad del sonido, ¿qué nos dice que no ha dominado la luz? ― Añadió apagando el holograma para acto seguido guardar su celular, un jadeo de sorpresa fue lo que salió en conjunto por el lado de Seinma, Benjamín y Shinryū, Estaban pensando dentro de una caja, no estaban viendo todo el panorama, cosa que ella sí estaba haciendo.
―No nos va a dejar ganar así de fácil, no nos lo va a permitir. Ya lo vimos en el anterior entrenamiento de combate, es poderosa, rápida, piensa tácticas más rápido que todos nosotros y si… la orillamos a moverse a la velocidad de la luz no tendremos oportunidad de ganarle.

―Ya veo… peleemos juntos o no, no importa si no tenemos un plan para contrarrestar su fortaleza…―Seinma murmuró rascándose la barbilla, pensando en una solución… aunque podía intuir que ella ya la tenía, que ya la había imaginado desde hace rato y que por esa razón vino a hablar con ellos.
―Y… ¿cuál es tu plan Danny? ¿Cómo vamos a derrotarla?

―Esa es la parte a la que quería llegar. ―Respondió suspirando levemente, para entonces mirar a sus compañeros detenidamente. ―Yo… podría intentar calcular su velocidad.

― ¿En serio? ―Preguntó Benjamín genuinamente sorprendido por lo que ella había dicho, realmente ¿podría llegar a calcular la velocidad de la luz?

―Así es… podría hacerlo… pero, para eso…―Entonces ella bajó su mirada al suelo, apenada por lo que quería pedirles a todos.
―Necesito… que todos me sirvan como escudos humanos…―Nuevamente hubo silencio, no había palabras para decirle en esos momentos, ni siquiera la razón del porqué no utilizar sus cadenas a cambio de que cada uno de ellos se sacrificara para protegerla, tan solo debían escuchar lo que ella tramaba.
―Sé que deben estar pensando y concuerdo, a nadie le gustaría actuar de escudo humano por tanto tiempo mientras yo… planeo un contrataque… pero deben escucharme, en el anterior combate mi concentración se encontraba en mis cadenas y en su tiempo de reacción, más no el de ella, ella podía moverse más rápido que yo y sabía que solo me estaba probando, esperando a que yo cometiera un error. ―Explicaba recordando los últimos momentos de su encuentro con la directora Arkhamira.
―Me precipité y por eso no logré contratacar debidamente, por eso fui derrotada por mi propio ataque, pero si ustedes me sirven como escudo, esta vez podré hacer la diferencia, podremos contratacar e igualar las posibilidades. Mi idea es crear una línea de defensa, mientras yo concentro todo mi cosmos en las cadenas de Andrómeda. ―Comenzó a decir necesitaba explicarles a detalle el plan para contratacar a Arkhamira, para que así ellos pudieran confiar en ella y en su juicio.
―Yo siento lo mismo que ellas sienten, puedo sentir y predecir en qué dirección vendrán los ataques, lamentablemente mi habilidad se reduce al tiempo de reacción de las mismas, pero… si puedo concentrarme en ese único sentido, sé que puedo hacerlo, no sé cuánto tiempo me tarde y si soy honesta… preferiría ser yo quien reciba todo el castigo de Arkhamira si llegamos a fallar. ―Fue entonces que ella alzó sus ojos nuevamente hacia sus amigos. ―Pero… necesito que ustedes…

―Lo haremos Danny…―Respondió Seinma sonriéndole a su amiga, colocando su mano sobre su hombro como muestra de confianza. ―Nosotros seremos tu escudo.

―De… ¿de verdad? ¿No están enojados conmigo por pedirles esto? ―Preguntó insegura, únicamente para recibir una negativa por parte de todos.

―Para nada Danny-chan, al contrario. ― Comenzó a explicar Shinryū sonriéndole gentilmente. ―Nosotros sabemos que tu jamás harías algo sin razón alguna, eres la más inteligente del equipo, y sabemos de antemano que para ganar algo se necesita sacrificar algo a cambio, así que no te preocupes, estaremos allí para protegerte y hacerte ganar tiempo.

―Además… Somos un equipo, como dijo Arkham, si vamos a pelear lo haremos juntos sino entonces caeremos juntos. ―Añadió Benjamín sonriendo levemente.

La más joven del equipo miró con sorpresa a sus amigos… y más pronto que tarde sus ojos se humedecieron con lágrimas, ellos estaban más que dispuestos a ser sus escudos sin pedir nada a cambio, ella comenzó a limpiarse los parpados, aunque las lágrimas no paraban de salir.
Ellos sabían que así como en la vida y como en el ajedrez, para ganar algo se tenía que sacrificar algo a cambio, una verdad absoluta en el mundo, no importaba si debían sacrificar su integridad física, ellos pelearían para otorgarle a ella la ventaja que tanto necesitaban en batalla.
Y estaban decididos a apostarlo todo por el cerebro de su equipo.

―Gracias chicos… prometo que no los decepcionaré. ―Decía, únicamente para sentir la mano de su primo acariciando levemente su cabeza.

―Jamás lo has hecho…―Respondió cálidamente, aquellos ojos esmeraldas, brillaron con entusiasmo por las palabras que todos le habían dedicado hasta ese momento.

―Sí, me esforzaré mucho para llevarlos a la victoria chicos. ―Agregaba la jovencita cerrando sus ojos y alzando sus puños a la altura de su cabeza. ―Pero, eso sí una vez que tenga calculada su velocidad, deberemos pasar a la ofensiva total y de ser posible disminuirla lo suficiente para que todos podamos contratacarla, incluyendo a Sein.

―Hablando de eso, supimos que ya estas dominando la técnica del Meteoro de Pegaso Sein. ―Comentaba Johnathan dirigiendo su mirada a su compañero de cabello castaño quien miró sorprendido a los demás, no les había comentado nada aún, aunque podía asumir que ellos se daban una idea por sus salidas nocturnas lo habían hecho sospechar algo y si le agregaba que a Danny le gustaba espiar… podía darse una buena idea de cómo se habían enterado.

―A decir verdad, es bastante complicado hacerlo, pero he aprendido mucho esta semana al entrenar nuevamente con mi maestro. ―Respondió rascándose la nuca un tanto apenado.
―Me ha enseñado un par de cosas nuevas sobre mi dominio de cosmos y como racionarlo para evitar quedarme sin nada en medio de una pelea. ― Explicaba el joven caballero del Pegaso tranquilamente a sus amigos.

― ¿Crees poder utilizarlo en el combate? ―Preguntó la joven Andrómeda verdaderamente curiosa. ―No por otra cosa, sino porqué ese ataque nos vendría muy bien en nuestra siguiente batalla

―No estoy muy seguro pero… estoy a punto de lograrlo…―Respondió mirando a su puño derecho con determinación, la técnica ya la tenía dominada a un
―Debo de decir que es una técnica muy compleja de controlar, puedo lanzar 10 golpes por segundo y lo que más me falla es el alcance y la duración no puedo superar los 5 metros, o extenderlo por más de 60 segundos pero les prometo que no les fallaré, voy a sorprenderlos, sin duda sé que lo haré. ―Aclaró con valentía en su voz, los demás simplemente asintieron, Seinma era una máquina de hacer milagros y cuando se proponía a hacer algo no descansaba hasta conseguirlo.

―Bueno supongo que eso resuelve el asunto. ―Aclaraba Johnathan dirigiéndose a todos sus compañeros. ―Volvamos a entrenar, aún tenemos luz de sol de nuestro lado, sigamos practicando nuestra coordinación. ―Añadió acompañando a los demás nuevamente al lugar donde habían decidido hacer su arena de enfrentamientos, en un área grande, donde no podrían hacer daño a los animales o a los cultivos, o a la casa, pues sus cosmos podían ser tan destructivos como para causar un gran revuelo en el hogar de Seinma y nadie quería hacerle eso a su amigo y compañero, o a su hermana.
―Habrá que apegarnos al plan, vamos a atacarla por todas las direcciones posibles hasta que caiga. Ese es el plan A ofensiva total, el plan B es que, si derrotan a uno, los demás deberemos cambiar a la defensiva para evitar que algún más caiga, el plan C será resistir hasta que Danny idee un nuevo plan, así le haremos hasta el plan Q…―Explicaba Johnathan haciendo crujir con fuerza sus nudillos, preparado para seguir peleando con todo su poder.

―Y… ¿si todo falla? ―Preguntó Benjamín arqueando una ceja.

―Pues tendremos que recurrir al plan S que es el que Danny ya nos explicó anteriormente.― Respondió Johnathan al caballero de cisne quien solo pudo replicar suspirando pesadamente.
―Aún sigo creyendo que deberíamos crear un golpe coordinado entre todos, si vamos a contratacar con todo, deberíamos hacer algo así…―Pedía el caballero Fénix rascándose el cuero cabelludo al imaginar una respuesta que combinara el poder y fuerza de todos ellos en un solo ataque decisivo.

―Tienes razón… aunque todo depende de cómo se desarrolle la batalla, de otra forma no veo muchas probabilidades de éxito. ―Respondió Danny colocando su mano sobre su mentón.

―Tu tranquila, creo ahora yo tengo un plan que podrá hacer eso realidad. ―Comenzó diciendo sonriéndole levemente. ―Si todo sale tal y como tú lo planeaste, Shin será el primero en atacar, inmediatamente será Benjamín, a continuación, seré yo, entonces tú y finalmente Seinma tendrá el golpe de gracia.

―Huh… primero que ataquemos los que tenemos elementos compatibles, para finalizar con un golpe directo, no suena mal… pero… ¿cómo lo llamaremos, El golpe de los herederos? ―Preguntó la jovencita de ojos esmeraldas enfocándolos únicamente sobre su primo Johnathan.

―Jeh, creo que tengo un nombre mucho más apropiado para ese ataque. ―Respondió avanzando nuevamente al campo de batalla, listo para poner en práctica ese nuevo movimiento que se le había ocurrido.

La actualidad.
3:20. P.m.

―Y eso fue lo que hicimos para prepáranos para la batalla, lo demás… ya te lo he contado. ―Terminaba de explicar el joven Pegaso, dando un largo y agotador suspiro, tanto hablar le había dado hambre, por suerte tenía un par de manzanas extra en su mochila, cosa que le ayudaría a calmar un poco su apetito.

―Veo que se prepararon muy bien para esa ocasión, me alegro puedo ver que durante ese tiempo lograron forjar una relación de amistad y respeto y en base a eso lograron coordinarse. ―Decía Sariah sonriéndole dulcemente a su caballero, cosa que él miró tranquilamente para tragar el pedazo de manzana que estaba masticando.
―Aún sin tener que hablarse, crearon un sistema a base de señas para decidir cuándo atacar retroceder o defender… eso me alivia. ―Añadió tomando uno de los dulces que Seinma le había traído, para desenvolverlos y acto seguido meterlo en su boca, la sensación fue tan dulce que al instante un hoyuelo se marcó en su mejilla derecha.

― ¿Ah sí? ¿Porqué?

―Porque de esa forma, los espectros no sabrán como contrarrestar sus ataques, ustedes prácticamente tienen una ventaja sobre ellos y esa es que a sus ojos ustedes serán rápidos e impredecibles, sobre todo eficaces, así sus probabilidades de sobrevivir a las batallas que sucedan durante la guerra serán mucho más altas. ―Explicaba desde el punto de vista táctico, Seinma podía notar porqué la consideraban la diosa de la Sabiduría y de la Guerra, realmente podía ver las dos partes de un mismo conflicto aplicándolas directamente para una batalla real, haciendo simulaciones en su mente para ver el costo desempeño de las mismas y como estas beneficiarían o afectarían tanto a aliados como a enemigos

― ¿En serio lo crees? ―Preguntó el muchacho de cabello y ojos color castaño, a lo que su diosa respondió asintiendo levemente con la cabeza.

―Je jeh, así es aunque…―Sariah entonces miró al suelo, un tanto apenada por tener que recordarle a su querido corcel alado el nivel al que tenía que llegar para poder sobrevivir e a la guerra santa.
―La verdad es que aún les falta mucho entrenamiento, sobre todo en seguir mejorando el poder de sus cosmos, con el poder que todos poseen actualmente no será suficiente, tienen que despertar el séptimo Sentido.

―Ahhh… sí ya lo escuché antes, de Genki para ser más exactos… él me dijo como alcanzar el séptimo sentido, aunque para hacerlo debo mejorar mucho mi cosmos, sin mencionar que… apenas puedo controlar un 40% de mi cosmos actual. ―Explicaba Seinma un tanto cansado de tener que pensar en eso, había mejorado mucho su cosmos y finalmente estaba alcanzando un nivel decente, con o sin ayuda de la fuerza Pegasus estaba alcanzando finalmente el nivel de bronce normal

―Debe ser duro…―Murmuraba la joven de cabellos violetas y castaños posando sus ojos celestes sobre el caballero junto a ella.

―Para nada, con Genki y mis amigos he aprendido mucho ya casi tengo dominado el Meteoros de Pegaso, solo necesito refinar esas habilidades, así como mi cosmos y en poco tiempo despertaré el séptimo sentido. ―Decía tan determinado como siempre, parecía que su segunda naturaleza era su valor y voluntad en siempre querer lograr sus objetivos, fueran cual fueran estos él los aceptaba y luchaba con fuerza hasta conseguirlos.

―Me alegra que te lo estés tomando en Serio Sein… y sobre eso…―Sariah entonces apartó la mirada un tanto apenada por lo que iba a preguntarle.

― ¿Que sucede Sariah? ―Preguntó Seinma genuinamente curioso por la pregunta que ella quería hacerle a su amigo.

―Me gustaría saber cómo es que Genki te ha enseñado a mejorar tu propio cosmos. ― Dijo un tanto sonrojada, no quería ser tan entrometida en los asuntos de su mejor amigo, pero la realidad es que realmente deseaba saber más sobre Seinma, sobre su vida y sus amigos.

A ella no se le tenía permitido salir y ver el mundo exterior como tanto lo deseaba, al ser Athena el peligro constante de ser herida, asesinada o secuestrada siempre estaba presente, especialmente esta última.
El patriarca solo deseaba protegerla de los peligros del exterior, aunque hubo una época donde ella podía salir y conocer el mundo fuera del santuario… pero eso había sucedido hace muchos años atrás.
Pero ella misma se había auto aislado del mundo por voluntad propia, pues no quería que aquello que le había sucedido a Seika y a Seinma se volviera a repetir.

El fuego de la aventura y la exploración no se había apagado, aún seguía allí, aunque ahora era una pequeña y tímida flama que buscaba desesperadamente sobrevivir, y su única alternativa eran las cosas que el patriarca le traía del exterior, su pasión por el arte y los dibujos, además de su latente sueño de seguir cuidando y rezando por todos sus caballeros.
Ahora que Seinma se encontraba allí, no podía evitar sentirse nuevamente como una niña pequeña, explorando las aventuras de su amigo, imaginándose como serían, ella anhelaba la libertad y volar por el cielo como un ave libre de las ataduras de la tierra.

Pero lo que más quería es que esta guerra terminará, para finalmente ser libre y poder mirar al universo con sus propios ojos, en lugar de verlo en los ojos de otros.

Seinma pensó por un momento como responder a su incógnita, suspiró levemente y finalmente sonrió, la verdad era que después de todos los trabajos de limpieza y mantenimiento de las aulas escolares, la verdadera diversión comenzaba.
―Bueno en realidad es… un tanto curioso, pues siendo Genki sabía que me pondría a prueba física y mentalmente, más que nada pondría a prueba mi resistencia. Suele ser estricto, pero no negaré que eso ha dado resultados hasta el día de hoy.

5 de Junio del 2283
Academia Palestra, Arena de Entrenamientos de Campo Norte.
5:45 A.m.

Seinma era empujado nuevamente al suelo por un cosmos aplastadoramente mayor al suyo, él rodó por el suelo, girando un par de veces, ajustando su trayectoria para detener su retroceso con sus pies, habían estado haciendo esto por horas desde que se escabulló fuera de su cuarto para venir a entrenar con su maestro.
Y como siempre Genki le llevaba la delantera 9 a 0.

Hasta este punto Seinma se preguntaba sí algún día podría ganarle a su maestro, él era mucho más fuerte y rápido que él y sabía que ni siquiera estaba utilizando el 10% de su poder total. Genki parecía verdaderamente invencible hasta este punto.

―¡Jah! Punto para Genki, ya te llevo 5 victorias consecutivas Sein, será mejor que empieces a mostrar más carácter, de lo contrario me voy a aburrir. ―Decía burlonamente, con su mano izquierda extendida hacia adelante y la otra en forma de puño a su costado derecho.

El muchacho se tambaleó por unos instantes, tratando de mantenerse de pie, un esfuerzo titánico por no decir menos, sus brazos y piernas le dolían, no solo por todo el trabajo realizado ese día, sino por estar luchando con quien hasta ahora era su mayor reto como caballero: Vencer a su maestro en un mano a mano.
―Ahhh… eso intento, pero es más difícil de lo que parece…

―Je jeh, ¿Sein que ya lo olvidaste? Recuerda el ritmo que te hice aprender cuando entrenábamos en la cascada de Shinrra, ese que te permitió abrir un agujero en el agua haciendo varios jabs para mantenerlo así por 30 segundos. ―Explicaba Genki cruzándose de brazos, mientras aleccionaba a su alumno a cómo podía superar esta prueba con un poco más de esfuerzo y motivación.

―Lo sé, pero a diferencia de la cascada esta no me golpeaba continuamente. ―Respondió Seinma jadeando levemente comenzando a trazar su constelación lentamente, haciendo que su cosmos se alzara poco a poco.

―Ya te dije que permitiré que me ataques, siempre y cuando sea el meteoro de Pegaso, una técnica igual o similar a esa solo hará que te patee el trasero. ―Le decía burlonamente, obligando a su alumno a alzar su cosmos hasta su propio límite.

"Aria… necesito el 30% de la fuerza Pegasus." Pedía elevando aún más su propia fuerza, si era cierto que dejaba golpear sus meteoros de Pegaso… entonces no le molestaría recibir los golpes de su cosmos y de la fuerza Pegasus combinadas en una sola, ¿o sí?

Y a medida que su cosmos se alzaba, Genki podía notar el cambio de poder y fuerza en su alumno, un leve brillo de emoción se reflejó en sus ojos, obligándolo abrir sus brazos para recibir el ataque de su alumno, probablemente dolería aunque solo un poco, pero estaba más que dispuesto a sentir el poder que su alumno podría llegar a alcanzar.
Seinma se concentró alcanzando el límite permitido por él mismo y por Aria, para finalmente soltar varios puñetazos en el aire ante el rugido de su:
―¡Meteoros de Pegaso! ―Exclamó con fuerza moviendo su propio brazo derecho a la velocidad del sonido soltando tantos golpes como podía, por su parte Genki se mantenía estable imponente ante los golpes que su alumno le lanzaba, para un caballero dorado podían llegar a ser una molestia, pero para uno de bronce o plata podrían llegar a ser peligrosos incluso mortales.

Pero para él no lo eran aunque los mismos comenzaban a empujarlo lentamente, Seinma seguía lanzando golpes manifestando su fuerza como Shinryū, Danny y John lo hacían, aunque esto no era suficiente, podía sentir como su ataque se debilitaba.
―Vamos Sein… solo 30 segundo más…―Genki pedía obligando a su alumno a seguir lanzando golpes, golpes que se volvían más lentos algunos se desvanecían sin si quiera tocar a Genki. Parecía que su límite eran 5 metros.

Seinma intentaba golpear con la misma determinación y fuerza imponiéndose ante su mentor, que solo podía responder cruzando sus brazos frente a su rostro para evitar que uno de sus meteoros le golpeara en la cara.
Poco a poco los meteoros de Pegaso estaban volviéndose más débiles, realmente era cansado mantener el flujo de los mismos constante.

"Aria… necesito más impulso ya casi no me queda cosmos." Pedía el caballero de Pegaso tratando de mantener sus ataques con la misma potencia de antes, pero le era difícil conseguirlo.
*No puedo hacerlo Sein, estas casi a tu límite físico y sabes lo que sucede cuando fuerzas mucho tu cuerpo y el cosmos del Pegaso, no puedo forzarlo en ti… lo siento.* Ante su respuesta Seinma apretó los dientes con nervio.
―Entonces…―Seinma entonces comenzó a reunir un poco de cosmos en ella lo suficiente para crear una estrella lo suficientemente potente para utilizar como ataque, convocando el poco cosmos que le quedaba.

Si iba a atacar, entonces sería con algo que ya conocía, podría ganarle por primera vez y utilizando un truco que él mismo le había enseñado, haciendo que el cosmos no solo fluyera por una de sus extremidades sino por todo su cuerpo para racionarlo y así seguir utilizándolo sin necesidad de volver a trazar las 14 estrellas de su constelación.

Podía golpearlo mientras aún se encontraba distraído y entonces golpearlo con su estrella fugaz. Fue justamente en ese instante que sus meteoros se detuvieron y él se lanzó a toda velocidad con su segundo ataque resonando en su mano.
―¡Te tengo! ―Exclamó solo a centímetros de Genki, pero él, simplemente sonrió, lo siguiente que Seinma supo es que se encontraba boca arriba en el suelo viendo hacia el techo de la enorme cámara de combates, una leve pantalla de humo le bloqueaba la vista.

El dolor no llegó sino unos segundos después, cuando pudo darse cuenta que había perdido, nuevamente ante su maestro, él jadeó cansado… casi lo tenía, un poco más y verdaderamente casi lo tenía, pero esta vez y siempre se había movido mucho más rápido.

Y al alzar su cabeza hacia arriba solo un poco, pudo verlo sonriendo de manera arrogante como siempre.
―Jeh, nada mal Sein pero aún te falta mucho para alcanzarme. ― Decía desde arriba mirando a su alumno hacia abajo quien nuevamente había vuelto a morder el polvo.
―Ahhh, deberíamos descansar un poco, tanto barrer el suelo contigo me está agotando. ―agregó genuinamente agotado, aunque él no pudiera ganarle, debía admitir que la perseverancia de su alumno era inquebrantable.

―Ahhh, dijiste que pelearíamos hasta que uno de los dos se rindiera… y sabes que yo no conozco el significado de rendirse. ―Respondió el muchacho suspirando larga y pesadamente, cosa que Genki tenía más que entendido que él iba a decirle.

―Ahhh… Debo de admitir que eres demasiado testarudo para hacerlo. ―Respondió sentándose en el suelo, para finalmente recostarse quedando al revés del joven castaño, cabeza a cabeza, ambos miraron al techo del edificio, uno por agotamiento y el otro adolorido.
―Y por eso creo que primero yo caeré agotado antes de que tú te rindas, ¿no es así? ―Pregunto colocando sus manos sobre su estómago, reposando solo un poco de tanto luchar.

―Jeh… ya lo sabes, además ya deberías saber que soy tan imprudente como obstinado. ―Replicó Seinma riendo levemente, aunque por el dolor de su cuerpo tuvo que detenerse al instante.

Genki relajó su semblante sonriendo gentilmente mientras tenía solo un pequeño momento para charlar con su aprendiz en calma.
―Y aun así te las arreglas para de alguna forma seguir luchando a pesar de estar tan herido y cansado, jeh… me sorprende que quieras seguir luchando hasta que yo me rinda. ―Decía viéndose a sí mismo del otro lado de esta conversación y a su gran maestro a su lado, por unos instantes su mente viajó a esos tiempos a ese ayer tan feliz que ya se había alejado.

―Bueno… ¿qué te puedo decir? Mi maestro me hizo así…

Genki no pudo evitar reír ante la ocurrencia de su alumno, no había duda, de tal palo tal astilla o en este caso… de tal maestro tal alumno, quizá jamás habría arreglo para ellos dos.
―Ah… ahora solo estás presumiendo. ―Reveló cerrando sus ojos solo unos instantes, para finalmente abrirlos y mirar hacia el techo de la enorme cámara de combates con júbilo, hacía mucho tiempo que no se sentía así, tan feliz pero al mismo tiempo tan satisfecho.
―Pero tienes razón Sein, estoy verdaderamente agradecido… por haber conocido a alguien como tú. ―Añadió con la nostalgia recorriendo su cuerpo.

Quizá así se sentía su propio maestro cuando hablaba con él en esas noches frías de otoño, pleno, libre sabiendo que este muchacho a su lado sería el legado que dejaría atrás el día que la guerra finalmente terminará con su vida. Quizá sería un enemigo poderoso, quizás un infortunado incidente…
Y quizás… sería por su propia mano, pero jamás viejo admirando los días pasajeros disfrutando de la poca vida que le quedaba, en paz sabiendo que había disfrutado de una vida plena.
No… la vida de los caballeros no solía terminar como la de su maestro, esta vida de era cruel, los únicos afortunados de ver el amanecer de un nuevo día era la juventud, solo en muy contadas ocasiones llegaban a ver ese glorioso mañana hasta llegar a ser viejos.

Bien rezaba aquel dicho que decía: Teme al hombre viejo en la profesión donde los hombres usualmente morían jóvenes.
Y era verdad, su maestro había sido la prueba de ello.

Pero él no se arrepentía de haber elegido este camino, esta vida, pues a su lado se encontraba su legado viviente, sus conocimientos, su vida… todo lo que era y había sido residía ahora en su alumno.
Y con eso fuera el día que fuera, al momento que la muerte le llegara no sentiría miedo o arrepentimientos, solo una profunda paz de que al menos, había logrado algo bueno, para que al momento de volver a encontrarse con su propio maestro, pudiera verlo de frente y decirle que finalmente comprendía esa sensación de orgullo y logro.

― ¿Maestro? ¿Qué sucede? ―Preguntó Seinma consternado por el largo silencio y las últimas palabras de su mentor, pero él solo respondió abriendo sus ojos tranquilamente.

―Supongo que… por primera vez sé a qué se siente ser derrotado por mi propio alumno. ―Le respondió tranquilamente, sorprendiendo enormemente al caballero del Corcel alado.
―Tu ganas Sein, me rindo ante ti…―Murmuró causando el efecto contrario a lo que él esperaba.

― ¿Espera que? No digas eso, aún no te he derrotado a tu máxima capacidad. ―Dijo con determinación levantándose levemente del suelo, lo cual hizo reír nuevamente a Genki, quien dirigió su rostro nuevamente a su aprendiz.

―Espera, ¿aún sigues empeñado en querer vencerme? Te estoy dando la victoria, ¿y aun así quieres seguir luchando conmigo? ―Preguntaba incrédulo, este muchacho a veces le sorprendía tato que no sabía el día en el que dejaría de hacerlo, de ser prácticamente nadie ahora estaba forjándose como un verdadero caballero de Athena.

―Claro que sí, debo volverme más fuerte no importa cómo. Así que marca estas palabras, no aceptaré tu derrota hasta que realmente pueda ganarte en un duelo igualado. ―Firmó esa sentencia con una sonrisa determinada, Genki no lo dudaba algún día él sería capaz de superarlo a él y quizá a todos los caballeros dorados, con tiempo él forjaría su propia leyenda por su propia cuenta.

― ¡Je je jeh! Eres verdaderamente irremediable…― Genki suspiró de alegría, por un momento realmente cabía la posibilidad de pelear con Seinma hasta que se alzará la luz del día, pero de hacer eso, Arkhamira los regañaría a ambos él podría soportarlo pero Seinma… ya tenía suficientes problemas, no iba a forzarlo a asumir uno más.
―Quizá por eso… eres mi mayor logro…―Murmuró esa última parte levantándose del suelo.

― ¿Uh? ¿Qué dices maestro Genki? ―Preguntó el Pegaso sin haber entendido esa última parte

―Nada importante muchacho…―Añadió ofreciéndole su mano para que se levantara del suelo, cosa que Seinma hizo sin antes sentir una enorme pesadez en sus brazos y piernas, tambaleando, cansado, adolorido ¿y aún con eso quería seguir peleando? Este muchacho sí que era la imagen de su pasado, simplemente no sabía cuándo rendirse.
―Bueno, descansemos un poco, no quiero tener que recordarte que aún te queda un día de castigo y una larga sesión de entrenamiento conmigo. ― Añadió dándole un leve golpe en la espalda, ayudándolo a caminar hacia la salida de la arena de duelos, ya habían tenido suficiente era hora de descansar.

―Jeh, no me la perdería por nada.

Maestro y alumno caminaron entre risas y comentarios tanto amigables como sarcásticos, eran un buen equipo, Seinma sin duda alguna el destino los había unido para ser más que maestro y aprendiz.
Para ser hermanos en la batalla, guerreros de espíritu y corazones puros, si los dioses querían luchar ellos estarían allí para enfrentarse a la oscuridad, estarían juntos en esta empresa, eso era lo que más deseaban, pelear unidos como iguales.

Luchando por un mismo ideal.

La actualidad.
4:07. P.m

―Ahhh, así es como Genki me estuvo entrenando esa semana, no solo a controlar mi cosmos sino a Dominar el Meteoros de Pegaso… fue doloroso no te voy a mentir, pero fue divertido, sobre todo por que peleamos hasta desfallecer, y como sabes lo que verdaderamente enciende mi corazón es una buena pelea. ―Terminó de contar únicamente para apreciar la bella sonrisa de Sariah, quien lo veía tranquilamente escuchaba con atención su historia, ella necesitaba saber más sobre su vida, pero al mirar a su amiga pudo sentir que la estaba disgustando con todas sus historias sobre combates y demás.
―Oh, disculpa… debes estar aburrida porque solo te esté hablando de mí… dime tú como te va en el santuario.

Sariah se sintió sorprendida, ella no había pensado eso por ningún momento, a decir verdad ella disfrutaba mucho las historias del joven caballero del corcel alado, especialmente porque ella no tenía historias así para contar.
―Bueno, siendo honesta contigo Sein mi vida como Athena no es muy interesante o llena de aventuras como la tuya…―Respondió en un tono tranquilo aunque sentía algo de melancolía en sus palabras.
―Usualmente recibo noticias de mis caballeros, noticias no muy agradables en la mayoría de casos. ―Le decía cambiando su posición tranquila a una más cerrada. ―Hace un par de Meses mi caballero dorado, Sovek de Capricornio fue a la ciudad rural de Nueva Aracena para ayudar con las operaciones de evacuación de civiles. Él junto a un grupo de 20 caballeros fueron a enfrentar la amenaza, pero… solo uno regresó. ―Agregaba recordando ese día con total claridad.
―Llegó con ambos brazos destrozados, no pude verlo pero pude sentir su tristeza… su desesperación, quería estar allí para darle conforte… pero no pude, no… pude mirarlo a los ojos y decirle que todo estaría bien Sein… al ser Athena tengo que cumplir con mi deber como diosa, ser fuerte e inquebrantable ante los ojos de mis caballeros. Pero aún no me siento lo suficientemente fuerte, como para aliviar el sufrimiento de mis guerreros santos…―Decía apretando sus puños con fuerza.
―Yo sé que debería ser la diosa que este mundo necesita, la que le de paz y fuerza a mis guerreros pero… cuando pienso en, salir y verlos a los ojos cuando están derrotados física y mentalmente…―Ella sentenció recordando los momentos donde ella pudo ver, más de una ocasión a sus caballeros, arrodillados ante el patriarca suplicando consuelo, perdón e incluso la sabiduría que él y su diosa preservaban… Lo único que podía hacer es quedarse callada y mirar de entre las cortinas a aquellos hombres y mujeres que habían sido entrenados para ser fuertes completamente rotos, destrozados por un enemigo poderoso e implacable que había acabado con sus determinaciones sueños y anhelos.
―Solo pienso… que el único consuelo que puedo otorgarles es que descansarán en paz… cuando ya están muertos.

―Oye no digas eso, sé que eres fuerte, eres nuestra diosa de todas formas. ―Trató de Decirle Seinma, pero ella, parecía no encontrar consuelo en esas razones.

―Lo sé, pero… me di cuenta de una cosa. ―Mencionó alzando su mirada hacia el cielo eterno.
―Si un dios es omnipotente no puede ser humano y si un dios es humano no puede ser todopoderoso, yo nacida como humana tengo límites y como diosa casi ninguno. ―Comenzaba a explicar admirando la belleza del paisaje frente a ella, más allá del bosque, más allá de los árboles, las hermosas ciudades lejanas en el horizonte infinito donde la gente reían así como lloraban por igual, anhelando ser como ellos, pero… ella no era como ellos ella era una diosa y su único deber era velar por ellos y por su seguridad.
―Tengo poder ilimitado y la capacidad de proteger a los humanos, pero no puedo darles vidas eternas, solo… puedo rezar y ofrecerles mi protección divina a aquel que la necesite, pero a su vez no puedo evitar que alguien muera, si quiera retrasar lo inevitable pero… ya sabes incluso si lo deseará con todo mi corazón, sé que yo no puedo… no tengo esa capacidad. ―Terminó de explicar haciendo sentir mal a Seinma, la realidad era que él quería que ella fuera feliz, pero… aun así sabía que ella no era completamente feliz, poder sentir esa tristeza de parte de su mejor amiga y diosa, lo hacía sentirse inútil de que ella tuviera que aliviar el dolor de sus soldados, pero que nadie fuera capaz de aliviar el suyo.

―Disculpa… no quería hacerte sentir mal. ―Murmuró Pegaso bajando su mirada al suelo, aunque ella seguía sonriendo tan dulcemente como siempre.

―No, no te preocupes Sein, te entiendo, todos alguna vez se preguntan cómo es ser Athena y… bueno yo soy Athena. ―Respondió la diosa de cabello castaño y violeta, sabía que Sein jamás buscó hacerle sentir mal, al igual que ella era curioso por naturaleza.
―Y Ser Athena es hermoso, pero… incluso la belleza llega a ser horrible en tiempos tan oscuros y últimamente estos tiempos han sido muy oscuros. ―Añadió con un rastro de desconsuelo en su voz borrando finalmente su bella sonrisa.

Con eso dicho, Seinma suspiró puede que no pudiera entender el dolor de su mejor amiga, la carga de su tarea eterna como Athena pero podía darse una idea, incluso los dioses necesitaban ser reconfortados, saber que la fe que se les ha puesto en ellos no ha sido en vano.
Los dioses eran fuertes, pero los humanos eran frágiles, los dioses eran sabios y los humanos podían llegar a ser tontos, los dioses podían hacerlo todo y los humanos podían esforzarse para lograrlo.
Ahora estaba frente a una diosa humana, una persona donde ambos mundos convergían en armonía, con el poder de cambiar al universo pero con la fragilidad que solo una débil humana podía tener, eso era lo que Seinma tanto amaba de ella, podía comprenderla, un dios sería difícil de entender.

Pero una humana era igual que él, con dudas e inseguridades, pero al mismo tiempo con virtudes y claridades, por eso sentía tanto apego por Sariah y por esa razón debía darle el consuelo que tanto necesitaba ella.
―Bueno… para eso estamos los caballeros, ¿no es así? ―Le preguntó obligándola a alzar su mirada hacia él.
―Para llevar tu luz a esa terrible oscuridad.

Con eso dicho Sariah relajó su expresión, su dulce sonrisa volvió con una expresión de ternura, por eso mismo abrazó tranquilamente a Seinma, sintiéndose nuevamente segura bajo las alas de su Pegaso.
―Gracias Sein.

―Uh… ¿por qué? ―Preguntó confundido, aunque devolviéndole el cálido abrazo que ella le estaba dando.

―Por estar a mi lado hoy… y darme el consuelo que tanto necesitaba. ―Dijo sin más reposando su cabeza sobre su hombro, tranquilamente deseando que este día jamás terminará.

"Mi vida no empezó alegremente… fue una constante de dolor y miseria, no entendía las razones de mi existir, hasta que finalmente te conocí… todo finalmente cobró sentido estoy aquí para proteger a personas como tú, como tu hermana quienes aún sin conocerme, me dieron una razón, un sentido a mi vida. Pelear por gente igual a ustedes, quienes me ofrecieron una mano, es cierto que un acto genuino de bondad siempre generará otro y por esa razón estoy más que decidida a luchar y morir por los humanos."

30 de Mayo del 2283.
Neo Japón.
Periferia de Neo Shizuoka y Yamanashi.
5:30 P.m.

Después de ser dejado por la nave de transporte, Henrry-223 caminaba por los campos abiertos nipones, había tardado mucho en llegar gracias a las reparaciones que debían hacerle a su armadura como a su brazo por el altercado ocurrido con el santo de Aries días antes. Ya se encontraba a su 100% de capacidad, aunque su único problema era que si regresaba a base nuevamente con la armadura y el brazo biónico roto.
Se enfrentaría con un castigo mucho peor a lo que los soldados de Acero ya se habían enfrentado con anterioridad, la insubordinación era castigada con fuerza… pero eso no importaría una vez se encontrara frente a frente con el señor Sovek.

Anhelaba seguir el camino de la espada, para ser igual de poderoso que aquel hombre que le había salvado la vida a él y al selecto grupo de soldados que habían arriesgado su vida para proteger las tierras europeas de Neo España y a su gente.
Pensaba en eso admirando el paisaje oriental, la arquitectura había conservado los aspectos más sobresalientes, por no decir tradicionales sin contar con los avances tecnológicos que se podían admirar.
Japón ya no era una pequeña isla, se podría considerar como un continente en sí mismo, esto gracias al esfuerzo de Empresas Kido, el país del sol naciente había obtenido una gran porción de tierra, equivalente a lo que la antigua Rusia o los Estados Unidos de América habían sido alguna vez.

Sin embargo, un país tan grande también solía tener problemas, con un control de población estricto y con demasiadas leyes para evitar el uso indebido de sustancias ilícitas, aun así era un país con un gran atractivo turístico y una cultura que era universalmente reconocida, ellos uniendo sus fuerzas con la de los demás habían hecho avanzar a la humanidad a las estrellas además de haber unido a toda la humanidad en una sola idea.

Sobrevivir y prosperar.

Al seguir avanzando siguió el mapa y las coordenadas que le habían dado, aunque por esos rumbos no parecía existir ningún templo que coincidiera con la descripción, se suponía que era la casa de los espadachines, el hogar donde las espadas rotas se re forjaban siguiendo el camino del filo, según las descripciones parecía un antiguo templo que rememoraba a los poderosos samurái.
Pero al revisar sus alrededores no veía algo parecido aunque, al fijarse atentamente la brújula de su casco marcaba el sitio donde estaba parado, pero ahí no había nada, solo templos y casas adornando el perímetro
Al inspeccionar mejor el perímetro no pudo encontrar nada, sus sensores marcaba nada en realidad… esto se parecía a lo que había sucedido aquella vez cuando caminó por el sendero de árboles, entonces… si quería llegar debía dejar de confiar en su casco y confiar más en su instinto.

Por esa razón se retiró el yelmo, siguiendo únicamente sus instintos podía sentir algo… una energía que lo guiaba hacia el otro lado de la montaña a la que nombraron cariñosamente como Fujiyama, por el recuerdo como respeto de su tan adorado monte Fujisan, perdido en el eterno vacío del espacio uno de sus paisajes más venerados.
Allí al otro lado, se encontraba un enorme lago y cerca de él un templo construido a las orillas del mismo, ese debía ser el templo… Sin perder más tiempo corrió a él y mientras más se acercaba podía sentir una presencia poderosa, se parecía mucho a la que había sentido antes en el santuario, pero esta… era diferente, incluso podía decir que era familiar.

Una sensación que ya había sentido antes, potenciado por un sentimiento de familiaridad.
junto con un sonido que ya había escuchado antes, aquél era el sonido… de la Excalibur…

―Uh… ¿Señor Sovek? ―Interrogaba acercándose lentamente al templo cada vez más cerca, cada vez un paso más de encontrarse con ese hombre del que quería aprender todo sobre el camino de la espada y allí en el lago, pudo verlo finalmente.

Él se encontraba parado frente al lago en una posición de samurái mirando hacia el lago, había estado atacando con fuerza las aguas con su cosmos, pero por más que lo intentara el filo de su espada ya no lograba cortar más allá de 9 metros tanto la superficie como el agua ya no eran cortadas con el mismo poder y fuerzas de antes, aunque para Henry el poder de esa espada era titánico, para Sovek no era suficiente.
En su rostro podía percibir una enorme insatisfacción… Así como una enorme decepción de su propio poder

Antes de su batalla con Aatriox su espada podía alcanzar el fondo del lago e incluso llegar hasta el otro extremo del mismo, pero… ahora solo lograba crear unan pequeña ráfaga, que a comparación de su poder anterior era mínima.

Había alcanzado la perfección… y ese maldito monstruo se lo había arrebatado. Hasta que al sentir la presencia de alguien más suspiró levemente, reconocía ese cosmos.

―No os recomiendo escabulliros así… si no queréis que os mate…― Dijo mirando a Henry por sobre su hombro para que finalmente los ojos de ambos hombres se encontraran por primera vez en mucho tiempo.
―Henry… ¿Que hacéis aquí? ― El soldado de Acero tenía muchas preguntas, como ¿por qué no estaba sorprendido por su llegada o como sabía que no era un enemigo? Pero no tenía tiempo de hacer ninguna de ellas, él había venido hasta aquí para requerir algo de él.

―Yo… he venido de tan lejos para buscarlo, señor Sovek. ―Respondió el soldado de acero con determinación, cosa que al caballero de Capricornio lo hizo suspirar levemente, sabía exactamente porqué había venido hasta acá…

― ¿Quién os dijo que me encontraba aquí?

―Fue su compañero, el caballero de Aries.

―Si eso es cierto… entonces debisteis ganaros la confianza de Shiki para que os dijera donde me encontraba. ―Inquirió finalmente dándose vuelta para verlo finalmente frente a frente, allí Henry se dio cuenta de algo muy importante.

Que Sovek aún no había sanado por completo sus brazos, aún podía ver las cicatrices de batalla de aquél día, su brazo derecho presentaba una enorme cicatriz debajo del deltoides y del bíceps.
Mientras que el Izquierdo aún se mostraban horribles cicatrices hechas en toda su piel que iban desde la mano hasta el codo.
Uno pensaría que con la medicina moderna estas cicatrices se habrían desvanecido pero parecía que él no había tomado más que para reparar sus huesos y músculos incluso sus dedos se veían magullados aún.

¿Porqué? ¿Y por qué no había tomado las medicinas para una restauración completa de sus brazos?

Había escuchado de algunos soldados de Acero que después de sobrevivir un combate brutal, dejaban las marcas de batalla en algunas partes de sus armaduras, como una remembranza de su combate, para jamás olvidar lo que habían vivido y el infierno que habían cruzado para vivir y luchar un día más.

Estaba tan concentrado en las cicatrices hechas en el cuerpo del caballero de capricornio que el mismo tuvo que devolverlo a la realidad aclarando su garganta.

―Eh… ah sí, yo… vine desde tan lejos solo para poderos ser de utilidad, aprender de usted y así poder convertirme en un guerrero poderoso al igual que usted lo es. ―Reveló finalmente, pero Sovek, simplemente le dio la espalda para seguir con su entrenamiento.

―Lamento os deciros… que no podré guiaros… ― Dijo mirando a sus propias manos, sus espadas las que habían perdido todo filo y fuerza que solían poseer en el pasado, las cicatrices en ellos eran prueba de ello.
―Disculpadme… viajasteis de tan lejos, solo para encontrar decepción…―Expresó preparando nuevamente una onda de viento para volver a intentar cortar el lago.

Ante la negativa Henry se sorprendió, pero más aún ver a Sovek en tal estado, no parecía el caballero orgulloso e imponente que había conocido más bien, se veía cansado, frustrado y enojado.

Podía asumir porqué era así… pero verlo era algo de no creer, él se veía derrotado, aún más de lo que había sucedido al final de la batalla contra el Wyvern.
―¿Que? No eso no es verdad, he venido aquí porque quería aprender de vuestras manos el camino de la espada. ― Pedía tratando de convocar a la razón de Sovek, pero al instante él lanzó una onda de viento que marcó un árbol a sus espaldas.

Henry lo miró por unos instantes, esperando a que este mismo se partiera a la mitad, pero jamás sucedió, de verdad parecía que sus espadas habían sido despojadas de todo filo, y las mismas ya no tenían el mismo efecto de antes.
Henry podía recordarlo aún, esas espadas habían cortado todo a su paso, pero ahora parecían solo dos débiles y frágiles navajas.

―Deberéis disculparme, pero yo ya no puedo hacer eso…―Remarcó sus palabras bajando el brazo que tenía alzado y con el que había lanzado aquella débil ráfaga de viento.
―Yo vine aquí… para sanar las heridas de mi combate contra Aatriox, para re forjar mis espadas y devolverles su poder, pero me ha sido inútil…―Decía mirando a su brazo derecho como al izquierdo, quienes aún presentaban el daño causado por él mismo y por la Caución Apocalíptica del hombre que se había convertido en un demonio.
―Aunque su filo es poderoso… ya no corta como solía hacerlo, creía que si venía aquí al lugar donde aprendí los secretos de la hoja podría devolverle su fuerza… pero ha sido inútil, Aatriox destrozó mis espadas y con ello… mi orgullo como guerrero, no puedo guiarte… no hasta que sea merecedor de portar la Excalibur con el orgullo que se me fue arrebatado. ―Añadió bajando sus brazos con desilusión, el título de la espada Santa lo había obtenido peleando con fuerza y valor, pero que ahora no significaba nada, solo un recordatorio de lo que se le había sido arrebatado al no poder proteger a la ciudad que tanto había amado.

Henry entendía esa sensación de pérdida, incluso él… sabía lo que significaba estar tan herido tanto por dentro como por fuera como para desistir en intentar seguir adelante, pero Sovek no era así, Sovek era un caballero dorado.
Uno de los hombre más poderosos del universo, él no podía dejarse vencer así como así, debía seguir en la lucha

―Entonces no lo hagáis, permitidme aprender a su lado. ―Justamente al pedirle eso, Sovek no pudo evitar mirarlo con incredulidad,

― ¿Que?

―Por favor señor Sovek, he viajado mucho para poder luchar junto a usted y no he podido saldar aquella deuda por haber salvado mi vida en ese par de ocasiones-―Pedía el soldado de Acero con determinación en seguir el camino del espadachín, si eso significaba luchar al lado del hombre que le había salvado la vida.
―Desde aquella vez… he estado en deuda contigo y por eso deseo luchar a su lado. Para poder ser igual de poderoso de lo que usted lo es.

de verdad estaba dispuesto a seguir el mismo camino que él? Parecía inaudito, pero… si él no podía recuperar su espada divina… Entonces quizá Henry podría lograrlo, quizá no lo conocía tan bien como quisiera, pero él… ya había demostrado lo determinado y fuerte era al pelear.
Además había estado siguiéndole la pista por mucho tiempo y lo había encontrado, si ese era el caso quizá podría enseñarle un par de cosas.
E inclusive encontrar un brillo oculto en él, quería creer que él sería un gran candidato para convertirse en el siguiente caballero de Capricornio…

El mundo necesitaba a los caballeros y teniendo un alma de oro o no, él podía llegar a morir ya lo había comprobado con Aatriox.
Y no quería dejar a Athena, sin su espada divina.
―¿Estáis seguro de querer caminar por este sendero muchacho?

―Si… no importa si no quiere enseñarme su técnica… no quiero seguirlo. ―Decía con convicción en sus palabras golpeando su pecho con su puño derecho firmando esa promesa con valor.
―Lo que yo deseo, es luchar a su lado, como un caballero de Athena.

Eso terminó de convencer al caballero de Capricornio, él se había ganado el respeto de Shiki y Shiki no era fácil de hacer impresionar según tenía entendido, siendo el caballero de la primera casa su deber era ser la primera línea de defensa ante cualquier amenaza.
Los soldados de acero no eran muy bien vistos en el santuario, especialmente por ser considerados perros de los militares.

Pero este soldado había logrado que Shiki le revelara su ubicación, por supuesto que podía asumir que no había logrado poner un pie en el santuario, pero cualquier persona que tuviera el valor de entrar y ganarse el respeto de uno de los 12.
Era digno de ser considerado como un futuro prospecto a ser un caballero de Bronce, Plata u Oro.

―Huh… si de verdad queréis hacer eso, deberéis desaprender muchas cosas que creéis conocer. ― Comenzó explicando Sovek acercándose lentamente a Henry, mirándolo directamente a los ojos, diciéndole lo que necesitaba entender antes de iniciar su entrenamiento como caballero.
―Deberéis entregarte al sendero de la hoja, entregar tu cuerpo y alma a ello incluso si eso significa renunciar a todo aquello que se te ha sido otorgado. ¿Aun así queréis hacerlo? ―Le interrogó nuevamente.

El soldado de Acero comprendía a lo que él se refería, abandonar su identidad como soldado de Acero, su número y su armadura, él lo sabía, lo había sabido desde que se embarcó en esta cruzada de solo un hombre, ni los demás soldados de acero, ni la organización de la que él era parte habían estado de acuerdo, pero esta era la primera vez que buscaba algo para sí mismo, él asintió con fuerza aceptando este destino como suyo y de nadie más.

―Sí… como le dije a su compañero, lo único que deseo es mostrar mi valía como guerrero frente a todos ustedes. ― Nuevamente respondió terminante en cumplir con la voluntad a la que se había comprometido desde el día que despertó de lo que creía había sido su segunda muerte.

―Bien entonces… supongo que debemos iniciar pronto, pero antes debemos presentarnos de nuevo, no como soldado y general, sino como compañeros. ―Pedía mirándolo de frente ya no como un simple subordinado o una persona con la que se había encontrado fortuitamente en la vida, sino como su compañero y amigo.

―Oh claro, mi nombre es Henry Miller. ―Respondió alzando su mano en señal de fraternidad, pero rápidamente recordó que las manos de Sovek eran tan afiladas como una Katana. ―Oh cierto disculpe… se me había olvidado. ―Murmuró tratando de bajar la mano, pero antes de hacerlo, el caballero de capricornio respondió.

―No lo hagas.―Replicó Sovek dándole la mano, por un instante Henry pudo sentir como si estuviera sujetando un cuchillo del lado de su hoja, aunque sus espadas ya no tuvieran el filo de cortarlo todo… aún poseían un impresionante borde afilado en ellas.
―No digas el nombre con el que naciste o con el que te han marcado, dime el nombre con el que quieres que te conozcan de ahora en más, pues ese será tu verdadero nombre, tú lo eliges.

― ¿Uh? ― Al instante de escuchar aquéllas palabras tan confusas, Henry alzó la cabeza hacia el caballero de la espada sagrada, completamente enmarañado.
―Espere un momento ¿su nombre real no es Sovek?

―Solo Dios sabe que lo abandoné hace mucho tiempo…―Inquirió para después comenzar a dirigirse hacia el enorme templo que se encontraba al lado del lago.
―Ese era mi nombre antes de convertirme en caballero y lo he mantenido en secreto hasta el día de hoy.

―Pero… ¿por qué abandonó su verdadero nombre señor Sovek? ―Pregunto el Soldado de Acero completamente confundido, ¿qué más secretos ocultaba este hombre tan leal a Athena y a los caballeros?

―Algunas preguntas no merecen tener respuestas… y otras… merecen quedar en el olvido. ―Dijo retomando su camino hacia el templo donde él aprendería los secretos de la espada, y donde Sovek había intentado sanar sus heridas durante todo ese tiempo.
―Solo debes saber que cuando entregas tu alma a una causa, no puedes volver atrás… sin importar que debas abandonarlo todo, tu ser, tu identidad, tu pasado, tu nombre… ¿Comprendes?

―Sí… Señor Sovek…―Henry dijo finalmente para entonces acompañarlo hacia el templo.

Había muchas cosas que debía aprender sobre los caballeros, pero una cosa era segura, los sagrados caballeros de Athena poseían muchos secretos, quizá más que La URE o la Agencia de Defensa Planetaria.

Lo más probable era que él también tendría que aprender y guardar secretos, pero… este solo era un paso más hacia su objetivo como soldado de acero, un paso más para convertirse en un caballero de Athena.

La actualidad.
5:10. P.m.

―Sabes, antes todo era más sencillo, cuando no sabía que eras Athena y yo… bueno no era un caballero, ahora las cosas son más complejas por decirlo de aluna manera. ― El joven de cabellos castaños decía recostado sobre la hierba, mirando hacia el cielo con su mente merodeando en el pasado.

― ¿A qué te refieres Sein? ―Preguntaba Sariah recostada sobre el arbolito, con su cuaderno de dibujos en las manos, dibujando a su querido amigo al lado de ella.

―Bueno… básicamente ambos estábamos destinados a conocernos de alguna forma.

―Bueno sí, pero…―Antes de que ella pudiera pensar en una razón más que simplemente haber sido reunidos por el destino Seinma ya tenía algo más en su mente.

―Es curioso que lo hiciéramos cuando no supiéramos quienes éramos, aunque a decir verdad sentí una conexión contigo cuando nos vimos por primera vez. ― Añadió Sonriendo levemente, cosa que sorprendió a la joven de cabellos castaños y violetas.
―Creo que si no nos hubiéramos conocido de esa forma nos habríamos conocido de otra… pero me alegro que haya sido así, nos volvimos amigos, más que caballero y diosa pudimos entendernos mutuamente… y gracias a eso ahora estamos nuevamente aquí juntos como lo hacíamos cuando éramos pequeños.

Sariah sonrió, quizá esa era la mejor representación del porqué ambos se habían reunido, fuera por la razón que fuera, obra del destino, una coincidencia de la vida o porque simplemente bel encuentro se había dado fortuitamente, en realidad no importaba, lo que importaba es que ahora y siempre la vida los había vuelto a reunir.
―Tienes razón Sein… fue una verdadera dicha habernos conocido en dichas circunstancias. ― Afirmaba la joven de ojos cian volviendo a dibujar la silueta del joven caballero a su lado, le gustaba mucho su figura, sobre todo por como los músculos de su cuerpo se revelaban moldeados por la suave tela roja de su ropaje.
―Aunque el destino sabía que volveríamos a encontrarnos, nosotros decidimos hacerlo por nuestra propia cuenta. ― Sariah pensaba en el pasado, pensaba en esos bellos días de niñez que ya se habían ido hace tantos años, pero que revivían al nuevamente estar juntos, quizá realmente había sido una bendición del destino haber nacido en esta era, pues había podido conocer a quien quizá, era la persona más importante de su vida, después de claro, el patriarca y a sus doce caballeros dorados.
―Si esa vez no hubieras ido a ese campo… y yo no hubiera escapado del santuario, jamás nos hubiéramos conocido, si no hubiera sido por que nuestros destinos se entrelazaron en ese instante, quizá tu no serías el hombre que eres hoy en día y yo…. Quizá jamás habría aceptado este destino.

Revelando aquella idea tan arraigada en su mente, Seinma no pudo evitar mirar hacia su amiga completamente confundido.
―¿Uh? ¿A qué te refieres Sariah? ―Interrogó levantándose levemente del suelo para verla correctamente, sin embargo, ella lo tranquilizó posando su mano sobre su mejilla, diciéndole con la mirada que todo estaba bien ahora.

―Nada importante Sein…― Reafirmó sonriéndole tranquilamente.

Él no necesitaba saber sobre su pasado o sobre las penas que agobiaban su alma divina, al menos aún no, ya habría un momento y lugar para hablarle sobre ese oscuro pasado que aún la perseguía.
Y la razón del porqué ella no había aceptado el destino de ser Athena al ser encontrada por sus caballeros de oro.

Su vida antes de Ser Athena no había sido alegre y tampoco eran memorias que ella recordara con cierto cariño, por esa razón hablaría de ellas únicamente cuando fuera necesario.

"Ustedes me demostraron porqué aún vale la pena seguir luchando, por que vale la pena salvar este bello universo, pues, aunque cruel y dolorosa… genuinamente hay belleza en lo físico, en lo etéreo, incluso en lo perecedero.
Como diosa, como mujer y como humana, deseo con todo mi corazón seguir aprendiendo de ustedes, para que ese día prometido yo pueda guiar a la humanidad, no como una diosa, sino como una humana que al igual que ustedes ven la belleza de la vida y no los entramados hilos del destino. "

Sariah daba sus últimos detalles a su dibujo de Seinma, pero quería escuchar más de sus aventuras antes de terminarlo, sería una gran apoyo para seguir concentrándose en dibujar en lugar de pensar en la razón por la que había nacido en este universo.
―También he escuchado que encontraron al Sexto heredero, ¿no es así? Kobu de Unicornio

―Sí es verdad… aunque antes creía que se trataba de Kiva, el aprendiz de Shiki de Aries… pero él simplemente apareció un día y no supe que decir o hacer. ―Murmuró esa última parte desviando su mirada hacia los pilares que sostenían el pasillo a donde se acedía directamente a la cámara de Athena.

―Oh es cierto, también había escuchado que el pequeño Kiva había sido aceptado por palestra, ¿qué tal le fue en su primer día? ―Preguntó ansiosa de saber cómo había sido el primer día del muchachito que estaba siendo entrenado por uno de sus caballeros más prominentes.

―Pues siendo realistas, le fue bien, aunque cuando llegó nosotros estábamos muy emocionados queríamos comprobar sí él era el Sexto heredero y bueno…

11 de junio de 2283.
1:18 P.m.

Los cuatro caballeros de bronce se encontraron con una gran sorpresa ese día con el inicio de clases, un jovencito había llegado a las instalaciones de palestra y no era nadie más ni nada menos que Kiva, el muchachito que habían conocido no hacía un par de días, al instante los cuatro herederos de bronce se miraron los unos a los otros.

No se esperaban una sorpresa así y menos en medio durante las clases del profesor Banner.
―Muy bien clase, como verán hoy tenemos a un nuevo alumno en clase, él viene del santuario y está siendo entrenado por uno de los caballeros dorados, por favor denle la bienvenida a Kiva Atreyu. ―Pedía a toda la clase quienes saludaron al jovencito, quien se veía aparentemente apenado por tantos ojos mirándolo exclusivamente a él.
―Él es nuevo en la academia y a pesar de su corta edad ha demostrado tener diferentes talentos, tanto cognitivos como habilidades en combate y demás, sean amables con él.

Aunque al mirar más arriba justamente donde se encontraban los cinco herederos, el jovencito sonrió saludándolos a los 4 que eran acompañados de Mary la santa de plata que ya representaba una parte más de su equipo, ella no parecía entender mucho no sabía si ellos ya se conocían o no pero podía asumir que sí pues Mary no recordaba haberlo visto en algún lugar, sin embargo los caballeros de bronce ya tenían entendido de quien se trataba más específicamente a Seinma a quien había llamado no hace mucho tiempo: "Hermano mayor"
Después de presentarlo, el maestro le pidió que tomara asiento, más específicamente con los muchachos que le señalaban un asiento disponible para que se sentara con ellos.
No sabían qué hacía justo allí, pero estaban más que maravillados por el hecho de que él se encontrara justo en la academia con ellos, si las sospechas de Seinma eran ciertas, entonces él sería el sexto heredero.
Apenas terminara esta clase irían a inspeccionar si realmente él era el último heredero, estaban ansiosos por descubrir si lo era y cuál era el motivo por la que lo habían inscrito en palestra.

Unas horas más tarde los cinco Caballeros de bronce y la amazona de plata salían de clase, emocionados por tener a Kiva con ellos ese día y más por descubrir si él era el sexto heredero y la razón por la que ahora se encontraba estudiando con ellos

―Esto es genial Kiva, no pensé que nos encontraríamos aquí en palestra, pero si estás aquí es porque algo muy importante sucedió en el santuario ¿no es así? ―Preguntaba Seinma emocionado al muchacho del caballo menor, quien por un instante no supo que responder.

Hasta finalmente asentir levemente con la cabeza.
―Uh… sí yo, creo que sí…―Murmuraba omitiendo la verdadera razón del porqué se encontraba en palestra, a petición del patriarca y del santo dorado de Aries.

Para ser vigilado y protegido por las instalaciones de palestra como una medida de seguridad para evitar un asalto al Santuario de Athena, Palestra era una de las instalaciones secretas más seguras que existía además del santuario.
Y el hecho de estar oculta a plena vista de todos le daba la fachada perfecta para ocultar a Kiva, así podían mantener seguro al recipiente de Hades hasta el final de la guerra Santa.

― ¿Que sucede amigo? ―Preguntó el joven Pegaso al notar el repentino bajón de ánimo del jovencito, quien alzó la mirada un tanto nervioso.

―No… es nada Sein… no te preocupes. ―Respondió simplemente sonriendo gentilmente hacia su hermano mayor, no entendía que era lo que le molestaba al pequeño Kiva, pero fuera lo que fuera, esperaba que se los dijese pronto.

―Bueno… si tú lo dices…

―Y bueno… me alegra verlos a todos de nuevo chicos, aunque creo que no te he visto a ti antes…―Anunciaba mirando a cada uno de los herederos frente a él, quienes le sonreían con serenidad era una verdadera dicha poder estar reunidos nuevamente en palestra, Hogar de la mayoría de ellos, aunque al desviar la mirada hacia la amazona, no pudo reconocerla bien… pero algo en ella se le hacía un tanto familiar.
―Mi, mi nombre es Kiva… es un placer conocerla señorita ehhh…

―Mary, solo dime Mary, ¿ok? ―Respondió simplemente, aunque no conocía a este pequeño guerrero podía sentir que no era una mala persona, podía verlo en su rostro y en el ligero bochorno que le provocaba verla.

―Eh… Cla-claro señorita Mary.

―Hummm… bueno, no pareces ser un mal muchachito. ―Murmuró sonriendo debajo de la máscara, algo que Kiva no pudo notar pero que Seinma pudo identificar fácilmente, ellos dos se llevarían bien en un futuro no muy lejano de eso estaba seguro.

Aunque no fueran herederos, sabía que si se unían a su equipo lograrían grandes cosas juntos, sobre todo si tenían a una guerrera entrenada personalmente por Elizabeth Arkhamira.
Y a un prospecto a armadura dorada como lo era Kiva,
Eran sus amigos y como lo había comprobado con su equipo, si trabajaban juntos lograrían cosas increíbles, aunque no estaba seguro si Arkhamira estaría de acuerdo con eso… Especialmente por Mary, a quien aún no le había contado sobre su identidad como la directora de Palestra.

Pero justamente al pensar en eso recordó algo muy importante que necesitaba preguntarle a Kiva.

―Ah, ya que estás aquí Kiva, ¿has visto algo raro en tu cuerpo últimamente? ―Caballero Pegaso le preguntó sorpresivamente, llamando enormemente la atención de Kiva, ¿algo raro? ¿A caso Seinma sabía algo?

―Uh… depende de lo que te refieras con "raro" Sein…―Murmuró apenado, bajando su mirada al suelo.

No sabía que harían los demás si supieran lo que había sucedido aquel día y más si habían descubierto lo del medallón de Hades.

―Bueno, me refiero a algo como esto. ―Respondió Seinma mostrando la marca del Pegaso que se encontraba sobre su brazo derecho, moviendo un poco sus pulseras para mostrarla mejor.

―O esto. Jonathan. ―Añadió Johnathan quitándose el abrigo, para mostrar la marca del fénix que se encontraba en su deltoides izquierdo.

―También podría verse como estas dos. ― La joven Saintia de Andrómeda agregaba mostrando el lomo de sus manos, los cuales presentaban las marcas de Andrómeda sobre ellas.

―Quizá algo como esta cosa…― Benjamín señaló a su rostro, específicamente a la marca que se encontraba sobre su mejilla izquierda

―Uh, no que yo sepa, aunque no he revisado mi cuerpo con atención últimamente, ¿sucede algo? ―Preguntó genuinamente curioso a sus amigos, quienes no sabían cómo comenzar a explicarle la situación.

―Bueno es que son importantes, a todos sin excepción nos ha salido una y bueno…

―Necesitamos saber si eres un heredero igual que nosotros, ¿entiendes? ―Benjamín dejó los parloteos de lado para centrarse en lo que era verdaderamente importante.

Kiva quedó en silencio por la revelación del santo de Cisne, tanto que no supo cómo responder inmediatamente.
Danny quería abordar el tema de la manera más tranquila posible, jamás esperó que Benjamín fuera directamente al tema del que querían hablar con tanta anticipación.

―Hummm, a simple vista no veo ningún indicio de que posea una marca hereditaria, quizá su marca apareció en otra parte de su cuerpo como la mía. ―Shinryū señaló apartando su cabello oscuro para mostrar la marca del dragón que se mostraba en lavase del cuello de su espalda.
―Si las sospechas de Sein son ciertas y Kiva-chan es el Sexto heredero, quizá deberíamos revisarlo, digo si no te molesta, Kiva-Chan.

El jovencito miró a sus amigos en silencio por lo que pareció una eternidad, se sentía avergonzado y más porqué ellos quisieran checar su cuerpo para buscar esa dichosa marca, desde hacía semanas que no había sido el centro de la atención y aunque lo incomodaba un poco.
Él también sentía aquella duda de saber si era o no un heredero como sus amigos

―Bueno… si es algo importante entonces no me molestaría. Pero… sean gentiles por favor. ―Rogó levemente a sus compañeros, quienes asintieron afirmativamente.

Lo único que buscaban era encontrar aquella marca que tuviera las mismas connotaciones que las demás, debía ser vistosa, con un color que resaltara de la piel y con separaciones en las partes del animal mítico, el objeto o la figura mitológica al que este representaba.
Todos fueron al cuarto de los varones a inspeccionar a Kiva, con la obvia excepción de las chicas, quienes quedaron fuera a petición del muchacho, pues se sentía incómodo con la sola idea de que ellas miraran su cuerpo, se sentía más seguro con los varones cerca de él.

Fue entonces que los cuatro herederos de Fénix, Pegaso, Dragón y Cisne comenzaron a inspeccionarlo, tanto sus brazos, como sus antebrazos, cuello, axilas e incluso en la espalda de su cuello, encontrándose con nada que los ayudase a identificar la marca de heredero que esperaban que él tuviera, no podían verla… Pero incluso si no podían verla esperaban que se encontrara en algún otro lado.
Las marcas habían aparecido en partes del cuerpo de los herederos, algunas muy obvias, otras no tanto… y en el caso de Benjamín era una molestia que le hubiera aparecido en el rostro.

―Encontraron ¿algo? ―Preguntó Johnathan revisando su hombro derecho para encontrarse con absolutamente nada a parte de un lunar con forma de manzana, pero a menos que Kiva fuera el caballero de la manzana, lo cual no era entonces esa cosa no podría ser.

―No… su cuello no posee nada… y hasta donde he visto sus brazos tampoco… creo que no la encontraremos fácilmente. ―Benjamín respondió suspirando levemente, ayudando a Kiva a bajar el brazo.

―Quizá se encuentre en su espalda… o en su pecho. ―Trató de argumentar Shinryū tratando de utilizar la lógica, si a él le había aparecido en su cuello, ¿quién les decía que no podía estar en su omoplato, o en su pecho o vientre.
―Kiva-chan podrías quitarte la playera, ¿tan solo por un segundo?

― Eh… está bien…― respondió el muchacho acatando la instrucción del joven Dragón, al instante el joven caballero de Equuleus retiró su camiseta, dejando su pecho desnudo al descubierto.

Con ello los chicos comenzaron nuevamente con su búsqueda, esperaban tener más éxito siendo un área relativamente grande para que una marca se revelara, pero no había nada, ni en su pecho, vientre, costillas.
O sobre su espalda no había indicios de que él poseyera una marca hereditaria como la de sus compañeros, quizá Seinma se había equivocado, aunque podría estar en otra parte, no podían rendirse así tan fácilmente.

―Hummm, nada aún, ¿podrías levantar tus brazos? ―Pedía Johnathan tratando de revisar si en la parte del serratus anterior podía encontrarlo

―Nada…―Murmuró Benjamín.

―Ehhh… ¿en sus piernas? ―Preguntó Seinma arqueando una ceja, confundido de por qué no habían encontrado nada aún, una marca como la que ellos poseían no debería ser imposible de encontrar.

Pero si no existía entonces él se había equivocado y había hecho pasar a Kiva por una situación bochornosa algo que no quería, pero necesitaba haber estado en lo correcto, Kiva debía ser el sexto heredero de la misma forma que él era el tercero.

―Puede ser, pero, si no la hemos encontrado ni en sus brazos o en su pecho y espalda, ¿cuál sería la probabilidad de encontrarla en sus piernas? ―Preguntó Johnathan notando lo sumamente incomodo que Kiva se sentía, no querían demorar tanto, pero no era como que la marca que esperaban encontrar en él se fuera a revelar, así como así a menos que él no fuese el sexto caballero elegido.

―Bueno a Shinryū le apareció en el cuello de la espalda. ― Dijo Benjamín

―Y ya buscamos allí y no encontramos nada…―Agregó Johnathan

―Sí, pero piénsalo, ¿y si no estamos viendo todo el panorama? ―Preguntó el caballero de Pegaso mirando a la última prenda que le quedaba a Kiva, la cual era su pantalón escolar, las probabilidades eran pocas o nulas, pero… Podrían echar un vistazo rápido, no perdían nada con intentarlo.

―Muchachos, ¿está todo bien ahí adentro? ― Interrogó Danny luego de no haber obtenido respuesta de sus compañeros durante un buen rato.

―Sí Bebé, no te preocupes seguimos buscando. ―Respondió Johnathan de forma un tanto seria y un tanto divertida por la última cosa que le había dicho a su prima.

―Está bien… ¡Y no me digas Bebé! ―Dijo furiosa golpeando la puerta levemente.

Cosa que hizo reír a más de uno, tanto fuera como dentro, incluso Kiva se relajó un todo por la pequeña dinámica entre el Fénix y Andrómeda, después de esa pequeña escena, Kiva miró hacia sus compañeros, quienes seguían pensando en esa mínima posibilidad de encontrar la marca hereditaria de Kiva en la parte baja de su cuerpo.

―Jeh, pero Seinma-san tiene razón, puede ser una posibilidad de 50/50, podríamos dar solo un pequeño vistazo, eso claro si Kiva-chan está de acuerdo. ―Murmuró Shinryū un tanto apenado por tener que hacer pasar por esto a Kiva, debían cerciorarse

―Solo si prometen ser rápidos, no me gusta que me miren así. ―Decía finalmente quitándose los pantalones, dejado únicamente con su ropa interior.

Los muchachos checaron desde los muslos hasta las piernas e incluso las plantas de sus pies, pero no había nada más, ningún rastro fuera de una mera especulación y media hora buscando algo que al parecer no había allí.
Lo cual dejó a los muchachos sin ideas de que hacer a continuación.

Johnathan quien era el líder del equipo se había quedado sin ideas, si Kiva no era el último Heredero entonces ¿quién demonios sería?
―Hummm nada.

―Maldición… a menos que…

―Uhhh…―Kiva murmuró apenado, juntando sus manos frente a su pelvis, incluso él tenía un límite de las cosas que permitiría ver a los demás, independientemente de que o cual persona se tratase.

―Creo… que lo mejor nos detenemos allí. ―Benjamín farfulló sin más, si no habían encontrado nada en las partes más visibles del cuerpo de Kiva, ¿cuál sería la probabilidad de que pudieran encontrarla en sus partes nobles?

Ya lo habían hecho pasar por una situación vergonzosa, hacerla aún más sería pasarse de la raya con alguien con quien no se sentía cómodo con varias personas mirándolo, era hora de darle un descanso y una disculpa apropiada por haberlo hecho pasar por todo esto.
Pero si no era hoy quizá no sería mañana u otro día en el futuro.

―Sí será lo mejor, disculpa por haberte tenido que pedir esto Kiva, estaba completamente seguro de que eras tú. ―Le pedía Seinma regresándole su playera y su chamarra.

―No se preocupen chicos, espero haberlos ayudado… aunque siento que no lo hice. ―Susurró levemente mientras volvía a colocarse su ropa nuevamente, con ayuda de Seinma, quien había sido la persona que lo había puesto en esta situación.

―No te preocupes Kiva, realmente lo hiciste. ―Le dijo él ayudándolo a ponerse su camiseta y chaqueta escolar, ya lo habían hecho pasar un momento incómodo, lo menos que podían hacer era ayudarlo a vestirse.
―Bueno ya no tengo ideas, ¿ustedes que dicen? ¿Quién podría ser el sexto heredero?

―No lo sé, no se me viene nada a la mente. ― Respondió el caballero Cisne recargándose en la pared desviando sus ojos al suelo, en realidad no tenía idea de que debía hacer en este momento

― ¿Y que tal tu amiga Sein? ―Inquirió Johnathan obligando al joven guerrero del corcel alado a alzar su cabeza hacia su compañero del fénix.

― ¿Mary?

―Sí, ella peleó junto a nosotros aquél día y bueno ha estado con nosotros todo este tiempo, si ella fuera la sexta heredera no me sorprendería. ― Explicó Benjamín ante la mirada incrédula de todos, era obvio que él no estaba diciendo toda la verdad.
―Bueno quizá un poco, pero sería lo más lógico. ―Argumento de nuevo dejando pensativos tanto a Shinryū como a Johnathan.

En realidad tendría sentido si ella era la sexta heredera, por alguna razón había sido enviada a palestra, no había sido enviada a entrenar su cuerpo o cosmos pues su habilidad de combate era superior a la de muchas estudiantes de la academia.
Y por supuesto que no era porque su cosmos fuese deficiente, ya habían visto de primera mano que ella podía apañárselas por su propia cuenta, aunque Seinma… no estaba del todo convencido por ello.

―No lo sé, si ella tuviera una marca hereditaria en su cuerpo creo que yo ya la habría notado…―Agregó únicamente para ganarse la mirada sorprendida de sus compañeros, ellos sabían que Seinma y Mary tenían una relación cercana pero no sabían que tanto, Pegaso no supo por qué todos se le quedaban mirando de esa manera, aunque pocos segundos más tarde se dio cuenta de la forma que había dicho su anterior frase lo cual provocó que sus mejillas se tiñeran de rojo.
―Uh… no quise decirlo de esa forma, a lo que me refiero es que… eh…

Ya era demasiado tarde para tratar de arreglar lo que había dicho, sus amigos comenzaron a reír fuertemente, cosa que también llamó la atención de las chicas de afuera, pues no entendían de que rayos se estaban riendo los muchachos.
Incluso Benjamín que siempre parecía frío e indiferente a todo no pudo evitar soltar una leve risa, a lo que Seinma quería referirse era que ellos se conocían bien, conocían cada una de las cicatrices que adornaban sus cuerpos y que si ella hubiera sabido algo se lo habría dicho, pero su limitado lenguaje le había jugado una mala pasada justamente en esos momentos con sus amigos.

―Jeh, realmente eres un poco tonto ¿no es así Sein?… ―Preguntó Johnathan a un apenado Pegaso, quien no pudo sino bajar la mirada al suelo arrepentido de haber dicho algo tan comprometedor como eso. Aunque cuando las risas pararon él miró a sus compañeros seriamente
―Pero, estoy dispuesto a intentarlo.

―Sí, pero… no creo que ella nos permita revisar su cuerpo, así como así, digo quizá a Sein sí, aunque…―Ante la mención de Benjamín, el caballero Pegaso se adelantó a decir:

― ¡Les juro que no es lo que ustedes creen!

Nuevamente los muchachos rieron, incluso sus intentos para quedar en una mejor posición solo lo colocaban en una posición peor a la que se encontraba.
―Je jeh, pero creo que sí hay alguien que la dejará checar su cuerpo sin problemas. ―Agregaba el santo de Fénix mirando hacia la puerta de su habitación con atención.

Poco tiempo más tarde los muchachos se encontraban esperando fuera de la habitación de Danny y Mary, ya les había tomado mucho tiempo no sabían por qué se debería en realidad, si era porque Danny inspeccionaba detenidamente todo su cuerpo.
O simplemente porque al igual que Kiva, Danny se detuvo a examinar cada uno de los lugares donde esperaba encontrar aquella marca con detenimiento.

Quizá también se habían equivocado con respecto a si ella era la sexta heredera, no sabían que pensar hasta este punto, estaban verdaderamente perdidos.
Pero y si lo era en qué lugar habría aparecido su marca, quizá en alguno de sus muslos, era buena con las patadas… aunque su habilidad utilizando los puños también era sobresaliente por lo que se podría encontrar en uno de sus brazos, o debajo de las axilas, probablemente se encontraría en su espalda ya que ella bueno… representaba al águila.
John incluso llegó a imaginar que podría haber aparecido en una de sus partes más atractivas y por eso sentiría pena de mostrarla, no la culpaba en realidad.

Aunque pensar nuevamente en eso comenzó a reír gracias a lo que había dicho Seinma no hacía mucho tiempo, cosa que lo hacía bajar la mirada avergonzado…
Pero… también cabía la posibilidad de que al igual que Benjamín su marca se encontrara justo en su rostro, en ese caso sería aún más difícil considerando que las amazonas no le mostraban su rostro a nadie.
Aunque si fuese una Saintia, probablemente no habría ningún problema en mostrárselo, los códigos de las amazonas dictaban explícitamente que si un hombre las miraba debían matarlo o amarlo.
Cosa que muy probablemente no aplicaría a una compañera guerrera, pero si ese era el caso, entonces solo necesitarían la confirmación por parte de Danny y la posición de la misma.

Aunque unos minutos más tarde ella salió con una expresión de decepción, lo cual hizo que los cuatro jóvenes caballeros se acercaran con curiosidad.
―¿Nada? ―Interrogó su primo, únicamente para recibir como respuesta un leve movimiento de la cabeza por parte de la joven Andrómeda como respuesta negando lo que tanto necesitaban escuchar.

Una vez más estaban frente a un corredor sin salida, hasta este punto se habían quedado sin opciones viables, lo único que les quedaba sería seguir buscando al sexto heredero, nadie les dijo que sería sencillo.
Pero incluso si lo fuera, en donde encontrarían al sexto y como, nadie les había hablado de un sexto caballero legendario y si lo existiera ¿quién de las 83 constelaciones restantes sería?

―Rayos… supongo que esto será más difícil de lo que anticipamos. ―Se dijo Seinma, aunque dicho y hecho los demás asintieron ante esa afirmación, esto iba a ser mucho más difícil de lo que habían anticipado.

No tenían idea de quien era, o de quien podría ser, ni siquiera sabían si aquel guerrero o guerrera se encontraba en las mismas instalaciones que ellos o en la misma república, o tan si quiera se encontraba en el mismo planeta, el universo era un lugar enorme, lleno de billones de personas, incluso si el santuario también lo había estado buscando.
Cuanto tiempo tardarían en encontrar a una sola persona que tuviera los mismos rasgos que ellos y que además fuese un caballero, fuera quien fuera esa persona, lo único que ellos querían era poder encontrarla antes de que la guerra Santa empezara a mostrar su obscura mancha en estos rumbos.

Como caballeros , la oscuridad no iba a esperar a que ellos se reunieran y fortalecieran, atacaría en cualquier instante, si el tiempo era crucial para seguir obteniendo más poder debían ser rápidos.
Fuese uno o dos, no importaban debían de reunirse todos para aprender a luchar como un equipo, hacerle frente a las hordas de la noche, solo así obtendrían la tan anhelada paz por la que miles habían muerto y miles más lo harían.
Estaba en ellos prevenir esas muertes y salvar al universo de una amenaza que dia a día se acercaba, lenta pero segura hacia todos ellos como a sus familias.

Habían hecho un juramento y aunque el mismo se llevara sus almas, cumplirían con su deber incluso si eso era lo último que harían en sus cortas vidas.

No mucho después se encontraban caminando por los pasillos después de una larga jornada de tareas como de trabajos escolares, lo curioso era que no había habido entrenamientos de cosmos o de aptitud física, creían que se debía a que habían derrotado a Arkhamira en combate pero ni siquiera ellos estaban tan seguro de ellos.
Aun así se dedicaban a discutir de quien se trataba el sexto heredero así como donde rayos iban a encontrarlo.

―Quien ¿creen que sea el Sexto heredero muchachos? ―Preguntaba Seinma nuevamente a sus compañeros quienes ya se habían dado por vencidos en buscar otra opción viable, no habían visto a nadie en una marca igual a la de ellos y probablemente no aparecería pronto.

― ¿Te digo la verdad? No tengo ni la más mínima idea…― Respondió John un tanto apático al respecto, dos de sus opciones más obvias resultaron no llevar a nada y si le pedían a alguno de sus compañeros que les mostrara sus cuerpos lo más probable es que los enviarían directamente al demonio.

―Bueno quien quiera que sea debería aparecer pronto, ¿no lo creen chicos? ―Preguntaba Danny basándose en la estadística y probabilidad, si un sexto heredero iba a aparecer lo haría eventualmente, quizá no tenían que buscarlo, quizá él vendría directamente a ellos eventualmente al descubrir una anomalía tan obvia como las que ellos tenían en sus pieles.

―Quizá, pero ¿quién? No es como que podamos ir a nuestras anchas revisando el cuerpo de nuestros compañeros a diestra y siniestra. ―Decía Benjamín uniéndose a la conversación colocando sobre la mesa un punto muy importante.

―Sí, podríamos ser expulsados o peor… ―Murmuraba Johnathan buscando nuevamente una respuesta a este eterno dilema, como iban a encontrar a él o la última heredera, sin mucha pista más que un símbolo que hubiera aparecido misteriosamente en su piel un día.

Quizá la mejor opción sería al finalizar los entrenamientos, al acudir a los baños mixtos podrían prestar atención hacia sus compañeros tratando de ser lo más discretos posibles, no era secreto que el acoso tenía cero tolerancia en palestra.
Sobre todo porque en un ambiente donde debía existir el respeto y la convivencia civilizada, no existía espacio para algo como aquello, de lo contrario serían castigados con severidad y ellos ya habían sentido de primera mano cuan dolorosos eran los golpes que propiciaba la directora.

Quizá checar de vez en cuando a sus compañeros, tratar de visualizar algo sobresaltara de los demás, no era secreto que en palestra no los dejaban llevar tatuajes y algo tan vistoso como eso no pasaba por alto.
De hecho sus compañeros de clase y de entrenamiento se las habían hecho notar en más de una ocasión, de ser así el caso encontrar a quien tuviera una marca como esa no debería ser tan difícil… o al menos eso esperaban…

―Siento que él o ella debería ser alguien que no hemos imaginado antes, alguien de quien no pensaríamos nada, quizá podría ser un compañero de los grados más altos, o por el contrario una chica que al igual que Mary-san es una Amazona y su marca apareció en su rostro, pero nosotros no podemos verlo por obvias razones. ― Shinryū había dado una razón muy válida, quizá solo estaban viendo una opción, más no todas, estaban contando a los caballeros y a las Saintias más no a las amazonas.

Siendo ese el caso deberían pedirle ayuda entonces a sus compañeras, que ellas les avisaran si veían algo fuera de lo común, sobre todo Mary, pues al ser una amazona podría ayudarlos a encontrar a la sexta heredera, aunque pensando en Mary.
Los pensamientos de Seinma rápidamente se dirigió a otra posible candidata: Shira. Él casi siempre la veía en casa y muy pocas veces en la academia, eso se debía a que ella era una de las alumnas de mayor nivel académico, además porque siempre que se encontraban era para… "Charlar" como usualmente solían hacerlo…
No se le había pasado por la mente que ella podría ser una heredera y mientras más lo pensaba tendría sentido, ella era fuerte, poderosa, con habilidades que superaban por mucho a la del resto.

Y además tendría sentido si ella fuese una heredera, el destino al igual que con sus amigos los había reunido, sería una posibilidad que ella fuese la sexta heredera, aunque no sabía cómo abordaría el tema con ella. No podía llegar y decirle que: Necesitaba examinar su cuerpo sin que ella lo tomara como una insinuación, o que el resultado no terminará en algo más íntimo…
Seinma se sonrojó al imaginar eso, ¿en qué rayos estaba pensando? Debía mantener su mente en el juego.

El universo dependía de que se tomara esto con seriedad, no era momento para estar pensando en locuras.
―Hummm…―Murmuró para sí mismo tratando de alejar su mente de aquellas ideas tan extrañas que le estaba arrojando su mente.

― ¿Se te ocurrió algo Sein? ―Preguntó John después de escucharlo canturrear y ladear su cabeza de un lado al otro.

―Podría ser, pero… no estoy muy seguro. ―Le dijo rascándose la barbilla, para entonces suspirar pesadamente, podía preguntarle aunque no sabía cómo podría tomárselo… no perdía nada con hacerlo, de cualquier manera seguían siendo muy jóvenes como para pensar cosas de adultos.
―Algo se me ocurrirá muchachos, no se preocupen. ―Añadió un tanto más relajado,

Mary podía sentir que algo le molestaba pero, no sabía que podría ser, pero podía intuirlo con su mirada perdida y el leve bochorno en sus mejillas, había cosas que ella podía intuír perfectamente sin necesidad de hablar con él, pero esta era la primera vez que no podía leer su expresión, parecía que algo le causaba pena o angustia.
No podía entenderlo pero… quizá podría preguntarle más tarde, cuando tuvieran un momento para hablar en privado, mientras hablaban y conversaban unos con otros no se dieron cuenta cuando otro grupo caminaba en dirección contraria hacia ellos.

Por el lado de Seinma no intuía ningún peligro, hasta que un furioso caballero del unicornio lo sorprendió levantándolo de la camisa y escupiéndole estas palabras a la cara:
―Maldito idiota, ahora me vas a explicar ¿qué demonios está ocurriendo? ― Preguntaba Kobu iracundo, realmente se veía molesto, pero ni Seinma ni sus amigos entendían por qué.

Incluso sus amigos fueron a ver qué ocurría para evitar un conflicto entre él y Pegaso.

―No… entiendo ¿a qué te refieres Kobu? ―Preguntaba el muchacho de cabello castaño genuinamente confundido por sus palabras, alertando tanto a los herederos, como a Mary y el jovencito Kiva.

― ¿Crees que esto es gracioso? ¿Porque para mí no lo es, que fue lo que tú y tus amigos me hicieron eh? ―Preguntaba nuevamente buscando una respuesta inmediata de quien creía que le había hecho eso a su brazo.

―Te juro que no sé de qué estás hablando, nosotros no te hemos hecho nada. ―Nuevamente respondió Seinma tratando de mantener la calma entre él y sus amigos, quienes iban a intervenir si Kobu no se calmaba.

― ¿Ah no? ¿Entonces qué demonios es esta cosa? ―Interrogó arremangándose la manga de su brazo izquierdo… tanto él como los demás herederos quedaron impactados por la revelación.

En su brazo, estaba impregnado el símbolo de un Unicornio de color Amarillo, presentaba la misma particularidad que las demás marcas de los herederos, el cuerno estaba separado de la cabeza y una de las orejas también, creando la sola imagen de un caballo, todos se miraron entre sí, tanto los herederos como los caballeros del grupo de Kobu.

No esperaban encontrarse una sorpresa así… y menos de esta forma tan amarga, ahora sabían quién era el sexto heredero y no sabían si sentirse emocionados o decepcionados, pues de todos los caballeros de Athena a quien le podía tocar la marca Hereditaria, tuvo que haber sido este idiota.

La actualidad.
6:15. P.m.

―Y así fue como se desarrolló ese día, todo transcurrió con normalidad hasta ese momento… lo demás creo que ya lo sabes. ― Terminaba de explicar Seinma un tanto cansado por tanta charla, con sus manos colocadas sobre su vientre miraba el cierto un tanto agotado, era cierto que hablar con Sariah era una de sus cosas favoritas en el mundo, pero hablar todo el rato sin hacer nada más era aburrido, sobre todo por qué él era un hombre de acción.

Pero a Sariah esto no le importaba mucho, como ya se había dicho ella disfrutaba mucho escuchar sobre sus aventuras y desventuras.
―El patriarca me comento algo, sí… pero es bueno, ¿no? ―Interrogaba Sariah acariciando el cabello de Seinma, cuya cabeza reposaba sobre sus piernas, ella lo veía con especial afecto mientras dejaba salir todo el contenido de su corazón, dudas y pensamientos aglomerados dentro de él.
―Finalmente los Seis herederos están reunidos y sé que lograrán sobrepasar cualquier obstáculo juntos.

―No lo sé Sariah., nunca me he llevado bien con Kobu, lo intenté en varias ocasiones, pero… no creo que nosotros nos entendamos en un futuro, ¿sabes? ―Preguntó alzando sus ojos levemente hacia ella, quien río levemente.

―No digas eso, hasta donde yo sé, Kobu y tú no son muy diferentes, son determinados, fuertes y sobre todo valientes, estoy completamente segura que si ustedes dos se sentaran a hablar verían que no son tan diferentes como lo imaginan, que ambos se parecen mucho más de lo que creen. ―Explicaba tratando de darle conforte a su caballero Pegaso quien se levantó levemente para ver a su diosa, ellos no se parecían en nada, Kobu era un idiota y él… a veces lo era también pero no era un cretino con todos los que querían ser sus amigos.

―No lo sé… me gustaría creer que sí, pero, incluso si su armadura es la de un caballo como la mía, realmente no creo que no llegamos a entender algún día. ―Respondió Seinma bajando la mirada hacia el suelo.

No entendía por qué no se llevaba bien con Kobu, si Kiva al igual que él representaba la armadura de un caballo, como también lo hacía Kobu, pero aun así parecía que el rencor que había tenido hacia él había perdurado más allá de Shinrra.
Era cierto que Seinma buscaba una conciliación, pero no parecía que Kobu fuese a aceptar así como así, ya lo había demostrado de mala manera días antes y ahora sería igual.

―Es por qué no lo han intentado aún… es como tú con tu hermano, pueden mejorar su relación, pero ninguno de ustedes se ha puesto de acuerdo en cómo hacerlo. ―Contra argumentaba Sariah obligando al caballero Pegaso a levantarse para verla directamente a los ojos, ojos que solo podían reflejar la tranquilidad y seguridad que solo una diosa podía transmitir con su sola mirada.

―Eso es muy diferente…―Murmuró el Pegaso bajando su mirada al suelo.

―Bueno, explícame porqué lo es.

―Bueno eso es porqué… bueno es que él y yo, verás lo que pasa con sora y conmigo es que…―En realidad no tenía forma para responderle a Sariah, ni siquiera podía negar sus afirmaciones
―Ahhh… quizá tengas razón…―Le dijo colocándose una mano sobre el rostro, para simplemente caer nuevamente ante su sabiduría.

―Por supuesto que la tengo, no tengo que recordarte que soy Athena ¿o sí? ―Le preguntó dejándolo recostarse nuevamente sobre sus piernas, ofreciéndole confort al instante.

―No…―Murmuró el joven caballero de Pegaso frotando su cabeza con su mano, para finalmente ver nuevamente a Sariah, quien le sonreía como siempre, de aquella manera tan dulce que apaciguaba su corazón.

― ¿Ves? Tanto tu como Sora no son muy diferentes, así como sé que Kobu y tú solucionarían sus problemas si tan solo tuvieran un momento para charlar no como enemigos o rivales, sino como iguales. ―Comenzó a explicar enredando sus dedos entre la melena castaña de su querido corcel alado, quien solo podía escuchar y mirar a su diosa mientras le ofrecía su gran sabiduría como solución a sus problemas con Kobu y con su hermano.
―Lo que ustedes tienen es que son obstinados, no quieren aceptar que tanto unos como otros… simplemente no saben cómo hablar correctamente y por eso son agresivos o fríos unos con otros, pero eso no tiene porqué ser así… tú me enseñaste que a veces las mejores personas puedes encontrarlas en los lugares que menos podrías haberlo esperado. ―Continuó tomando su cabeza entre sus manos para comenzar a abrazarla lentamente
―Quien sabe, quizá algún día te vuelvas el mejor amigo de Kobu y de tu hermano. ― Finalizó haciendo sonreír finalmente a Seinma, ¿cómo es que ella siempre sabía que decir? Pero inmediatamente la respuesta llegó a él como un chispazo.

―Sí tienes razón Sariah…―Murmuró felizmente suspirando profundamente por sentirse tan idiota. En uno de ellos debía caber la cordura y hacer las paces y si nadie estaba dispuesto a cooperar entonces él tendría que hacerlo… Era el caballero que representaba a la esperanza después de todo.

―Bueno eso es por qué soy…

― ¿Athena? ―Preguntó irónicamente, cosa que hizo reír a la joven Athena por lo que Seinma había respondido casi al instante.

En realidad era por eso y porque ella había aprendido a ser más compasiva y a ver un conflicto desde diferentes ángulos, sin importar que fuese una batalla o una simple discordancia entre sus guerreros sagrados.
―Iba a decir mucho más conciliadora, pero… sip, también por eso. ―Río levemente sujetando a su Pegaso entre sus brazos, cosa que a él solo le daba muchas más razones del porqué deseaba protegerla con toda su alma.

Ella les daba paz, dirección y serenidad a sus pensamientos, ambos se complementaban perfectamente el uno al otro, estaban hechos el uno para el otro, lamentablemente habían nacido para conocerse y no para estar juntos.
Pero mientras pudieran disfrutar de esta pequeña cercanía… Seinma se sentía pleno y más vivo que nunca.

Más vivo que al rugido de la batalla, más seguro que con su armadura puesta, no sabía cómo explicarlo pero, Sentir a Sariah así y de esta forma, le daban sentido a su existir, le daba claridad, daban dirección correcta a sus pasos, aunque por alguna razón que él desconocía, podía creer que habían estado en esta misma posición por mucho más tiempo que unos simples instantes.
Como si… esto lo hubieran vivido tantas veces en diferentes tiempos Pero la sensación de comodidad y seguridad entre ellos, seguía siendo reconfortarte como la primera y última vez.

―Je jeh, sí…―Murmuraba Seinma rodeando a Sariah con sus brazos, para sentir el calor de su diosa, aún más cerca de él.
―Lo sé…

Como dos almas que habían sido separadas desde la era del mito, las mismas se volvían a reencontrar, encontrando entre sus alas la paz que en algún tiempo se les fue negada, dos niños cuyos futuros parecían inciertos se habían reunido bajo la sombra de un árbol.
Sellando sus destinos eternamente bajo ese juramento escrito con sangre desde la época donde los hombres y los dioses caminaban juntos en la tierra.
Tan lejos estaban de esas épocas de antaño, pero tan cerca uno del otro.

Una diosa humana y su fiel corcel, destinados a reencontrarse una y otra vez, sin importar el tiempo o las dimensiones, por toda la eternidad.

Mientras tanto en la Casa de Sagitario.

Una vez más Sora se encontraba solo con sus pensamientos reposando en uno de los pilares, recargando su cuerpo sobre la enorme pieza de mármol que sostenía las puertas de su templo, ya se había vuelto rutina esperar a una amenaza que jamás aparecería en el horizonte, de hecho lo que más le gustaba de ser un caballero de Oro era eso, no tener que hacer nada.
En la tierra cada día era una constante lucha por sobrevivir, desde hacer lo más básico como comer y dormir se volvían una lucha para descubrir si él viviría otro día o no…

Ni siquiera podía ír al baño sin que un animal o saqueador trataran de matarlo, había sido una constante batalla por vivir otro día, batalla que había superado al momento de alcanzar el octavo sentido, se había ganado un descanso después de años y años de sobrevivir en un planeta donde los humanos, aunque seguían existiendo.
Lo hacían en manadas, tratando de reconstruir una civilización que se había perdido cuando la última nave Éxodo había abandonado el planeta, pero él se había recluido de la civilización con el único objetivo de seguir las instrucciones de su maestro, el mismo hombre que lo había abandonado a su suerte y a su posible muerte.

Un maestro que había traicionado al santuario y que ahora formaba parte de la oscura mancha deshonrosa como aborrecible que los caballeros poseían en su larga historia como defensores de la paz.
Artorias había sido un buen hombre en vida, noble, valiente, gentil, bondadoso, la definición de lo que un héroe debía ser, algo había sucedido para que un hombre con dichas características se convirtiera en un monstruo, lamentablemente nadie sabía que había ocurrido en el final de su vida para que cometiera actos tan atroces como los de ese día…

Era incluso ilógico pensar que Artorias se convertiría en un desgraciado, él había luchado junto a su padre en las anteriores guerras, mano a mano como hermanos.
Sebastián le había confiado todo a él, su vida, su legado, a sus hijos ¿que había hecho que un hombre como lo había sido el anterior santo del centauro alado traicionara de la nada al santuario?
Mientras más lo pensaba Sora… menos se negaba a simplemente aceptar que su mentor, el mejor amigo de su padre y el caballero dorado más prominente de todos se hubiera entregado a la oscuridad.

Las respuestas del porqué habían muerto ese día con él y siendo ahora un enemigo jurado del santuario al convertirse en un espectro, el secreto del porqué los había traicionado quedaría enterrado en lo desconocido.
Al menos hasta ahora… Si es que no les sacaba la respuesta a golpes primero.

Ese hombre lo había dejado a morir, había asesinado a muchos niños y encima trató de asesinar al patriarca Shun… Cualquiera que hubieran sido sus razones, estaba más que dispuesto a llegar al fondo del asunto con tan de conocer la verdad detrás de su traición.

Más temprano que tarde sus pensamientos fueron interrumpidos cuando dos pares de pasos se acercaron hacia ella, se trataban de dos santos que él ya conocía bien, eran Eriana de Copa y Alex de Leo, quienes se acercaban a su casa con algo grande debajo de la capa de la guerrera de piel bronceada.
Era curioso que se aparecieran así y más de esa forma pues… no los esperaba ese día y menos en su templo.

― ¿Eriana, Alexander? ¿Qué hacen aquí? ―Preguntó El caballero de Sagitario admirando a la amazona de plata y a su compañero dorado, quienes se veían más animados que cuando se conocieron, por lo menos Eriana porque Alex seguía con aquella mirada cansada y agobiada de siempre.

―Bueno pensé que estarías un poco solo así que vine a acompañarte. ― Respondió la amazona de la copa sonriendo por debajo de su máscara, podía notarlo pues las expresiones de su cuerpo podían demostrar aún más que su rostro.

―Y yo solo la acompañé hasta acá arriba, necesitaba hablar con alguien… que no estuviera tan ocupado, o que no me diera un dolor de cabeza hablar con esa persona. ―Añadió el caballero de Leo acomodando su cabello hacia atrás, únicamente para que el mismo volviera a acomodarse en su frente.

―Huh, creí que dijiste que la próxima vez que nos veríamos seria en el infierno…―Comentó irónicamente haciendo reír levemente al caballero de Leo, tan solo un poco.

―Jeh, gracioso. ―Murmuró irónicamente para acto seguido suspirar pesadamente y adoptar una expresión mucho más seria.
―Quizá la próxima ocasión aunque viendo la situación… supongo que será muy pronto.

Hubo un sepulcral silencio entre los tres caballeros, no se necesitaba explicar el porqué de las palabras de Alex, estaba muy claro que, en plena guerra, la tasa de supervivencia era poca o nula, y aquello no solo se limitaba a los de bronce.
Plata, oro, tarde o temprano la fría mano de la muerte se hacía presente en el campo de batalla.

―Sí y bueno, te traje algo de comer para acompañar la tarde, debes estar hambriento, ¿no es así Sora? ―Preguntaba Eriana mostrando finalmente lo que tenía debajo de su capa, era una cesta llena de comida deliciosa, lo sabía por qué el olor que despedía era imposible de ignorar.

Sora miró a la cesta de comida con atención, se había olvidado de lo hambriento que estaba por haber estado pensando en las razones del porqué su maestro se había vuelto malvado, hasta que su estómago se lo recordó.
No podías luchar contra el mal con un estómago vacío.

―La verdad es que sí desde la mañana que no he comido nada, pero… pensé que el aprendiz de Shiki vendría a traerme el almuerzo. ―Comentó un tanto confundido, usualmente ese muchachito era quien llevaba los mensajes importantes y la comida a todo el santuario, era raro que ella le llevara su comida en lugar de aquel muchachito que había empezado a apreciar.

―Sí… respecto a eso, él no estará por aquí durante un tiempo…―Respondió Eriana bajando la cabeza apenada, no todos conocían la verdadera razón por la que Kiva había sido enviado a Palestra.

Pocos tenían el derecho de saber la verdad, las razones eran simples, si todos sabían que Kiva era el cuerpo de Hades, ¿qué le evitaría a una escuadra de caballeros con buenas intenciones ejecutar a un niño inocente solo por ser el recipiente del dios del inframundo?

― ¿Porqué? ―Preguntó nuevamente Sora, confuso del porqué el joven guerrero de Equuleus había sido reemplazado por su compañera de plata.

―Porque esa es una larga y aburrida explicación que no quiero darte pues no estuviste en la última gran reunión. ―Respondió Alex haciendo un leve ademán con su mano derecha, evitándose todo el parloteo, realmente no deseaba tener que explicarle todo lo que había sucedido ese día y menos porque el mismo patriarca debía ser el encargado de informar a todos sus caballeros, si había omitido decirle algo a Sora sobre Kiva probablemente había sido por una buena razón.
―Así que por el momento Eriana y algunas Saintias harán el papel de mensajeras, al menos hasta que las cosas se arreglen. ―Añadió desviando sus ojos al suelo, no quería negarlo Kiva también le había llegado a agradar, pero… si era el cuerpo de Hades, él traería la desolación y ruina al universo.

No le gustaban las charlas sobre la moral o lo que era correcto, eso siempre terminaba en discusiones y peleas, sobre todo entre ellos que debían permanecer siempre serios ante los peligros que azotaban constantemente al universo.
Ya habría tiempo de cuestionarse que era lo mejor para el universo o que no, sobre todo en estos tiempos inciertos de guerra interminable, batallas sangrientas y muerte por todos lados.

― ¿Y cuánto tiempo tomará eso? ―Preguntó Sora obligando al caballero de Leo a alzar su mirada hacia él.

― ¿Quién sabe? Quizá hasta el final de la guerra santa…―Dicho eso Sora no pudo evitar sentir una sensación de inconformidad, si algo no le estaban contando… entonces era porque algo muy serio había sucedido.

Y si Ni Alex ni Eriana le decían que era… entonces tendría que preguntárselo directamente al patriarca.
―Bueno, esos son pequeños detalles, vamos si ustedes no se mueren de hambre yo sí. ―Decía Eriana entrando directamente a la casa de Sagitario, para tomar finalmente su almuerzo, las ofrendas que la gente del pueblo cercano solía dejarles eran especialmente exquisitas.

Más por los granjeros que siempre les daban algo delicioso como nutritivo para comer, los necesitaban fuertes y sanos para que siguieran defendiendo sus hogares y familias, era una forma de agradecerles lo que hacían por ellos, además algunas viejas tradiciones jamás debían morir, como era el venerar a los santos dorados del santuario.
Sora al instante se dispuso a seguir a Eriana, aunque antes de poner un pie dentro de su casa Alex lo detuvo.

―Oye… sé que no somos amigos y no es como que nos conozcamos mucho, pero, me gustaría preguntarte algo importante. ― Dijo captando la total atención de Sora, Alex no solía ser así con él, solía ser un tanto más estoico hacia él, pero esta vez se mostraba manso, dispuesto a realizar un dialogo tranquilo con el caballero de Sagitario.
―¿Es cierto que tú eres el hijo de Sebastián el anterior caballero de Leo?.

Sora no se sintió sorprendido pues ya le había mencionado anteriormente que la armadura que portaba era de su padre, más nunca le había mencionado el nombre de su progenitor.
―¿Quién te dijo eso? ―Interrogó arqueando una ceja.

―Eriana, no me dijo mucho, pero… me contó un par de cosas. ―Reveló cruzándose de brazos, mirando hacia otra dirección tratando de formular una forma más práctica para continuar con su charla sin caer en lo monótono.
―Además ya sabía yo que tu padre había usado esta armadura, pero jamás me dijiste que era Sebastián…

―Creía que era un tanto obvio…

―En realidad no, el anterior a mí fue el hermano del santo patriarca, pero me cedió el puesto no sé por qué razón, jamás me dijo por qué o la razón de otorgarme esta armadura sin decir nada más a cambio, solo me enseñó un par de cosas y luego, simplemente me dejó a cargo de aquel hombre que nos traicionó…―Explicó mirando a los pies del caballero del centauro dorado cerrando sus ojos por un instante, encontrando una forma de proceder al punto al que quería llegar.
―Por lo visto no eres hijo de Ikki, y si lo fueras no te pareces en nada a él… pero eso no es importante, el caso es que, ese hombre me hablaba de tu padre Sebastián de Leo y de las cosas que él había hecho.

― ¿Y qué quieres saber de mi padre? ―Sora interrogó nuevamente, intrigado de a donde quería ir con todo esto que le estaba diciendo.

―El hombre que nos entrenó a ti y a mí me habló de sus técnicas, me dijo que él había creado sus propios ataques desde cero, me hablo del inmenso poder que estas tenían y que las mismas podían derrotar a sus enemigos de un solo golpe. ―Le dijo provocando en Sora una profunda sensación de nostalgia en su interior, era cierto… él había desarrollado cada una de sus técnicas desde prácticamente nada y eso le había tomado casi toda una vida en lograrlo.
―¿Es cierto eso? ¿Es cierto que él creó técnicas que podían abatir a un enemigo de un solo golpe? ―Interrogó una vez más abriendo sus ojos hacia Sora, quien se había quedado con una expresión de cavilación.

―Sí él creó sus propias técnicas desde prácticamente nada, y su poder era capaz de hacer que cualquiera que estuviera en su contra cayera derrotado de un solo ataque… ¿porque lo preguntas? ―Inquirió el santo del Arquero dorado a su compañero de Leo, quien al instante cambió su expresión tranquila a una de total sorpresa.

¿Era verdad eso? ¿Su padre había hecho técnicas que podían derrotar a cualquier rival de un solo golpe? Él necesitaba saber más, saber más de esos ataques que el padre de Sora había creado totalmente por su cuenta.

― Enséñame sus técnicas, por favor. ―Pidió rápidamente, cosa que sorprendió enormemente al santo del Centauro alado

― ¿Uh? ¿Para que las quieres?

― ¿No es un poco obvio? Para darle casa a ese maldito bastardo. ―No necesitaba decir su nombre para que Sora supiera a quien se refería.

Desde que lo conoció tenía una mala sangre con Artorias el antiguo caballero de Sagitario, no entendía el porqué, o porqué lo quería asesinar, pero algo debió haber ocurrido entre ellos para desear acabar con su vida.
Pero, algo le decía que tenía que ver con Lilith…

―Aún si te lo dijera… no podría hacerlo. ―Respondió cruzándose de brazos para mirar al suelo, cosa que no alegró al santo de Leo.

― ¿Por qué no?

―Porque no pertenezco a la misma constelación que mi padre. ―Comenzó explicando Sora, recordando lo que el mentor de ambos le había dicho en más de una ocasión.
―Las he visto de primera mano, sé cómo son y cómo se ven, incluso he llegado a sentir su poder, pero yo no puedo replicarlas…―Decía alzando su mano, convocando su cosmos un cosmos tan pequeño e inofensivo para no alertar a nadie, pero lo suficientemente fuerte como para hacer estremecer a Alex
―Como sabes una técnica la define la afinidad Zodiacal, yo no puedo dominar el relámpago, pero puedo dominar la luz y el viento, al fusionarlos puedo crear una ráfaga de luz que destroza todo a mi camino asemejando al poder de un relámpago, aunque no lo es, solo se le conoce como "El Trueno Atómico" además tengo el Arco y la Flecha de sagitario no necesito más…―Continuó para mirar entonces a su compañero dorado.
―Y aún si pudiera demostrarte como era que mi padre lo hacía, no hay garantía de que puedas lograr lo mismo que yo, esas técnicas le pertenecen a Leo y solo la armadura que las vio nacer puede replicarlas, por lo tanto sería inútil que yo te muestre las técnicas que mi padre creo, lo siento.

―Vamos, eso no puede ser todo…― Respondió completamente decepcionado por la negativa que le había dado el caballero de cabello castaño y ojos azules.
―Si tú las viste, puedes decirme cómo es que se manifestaban y como tu padre las ponía en práctica. ―Manifestaba tratando de convencerlo de que le enseñara lo que su padre había hecho, lo que él había logrado a base de años y año de adiestramiento con su cosmos
―Por favor, enséñame como tu padre utilizaba el poder del rayo. ― Sora quedó silenciado, no tenía forma de refutarle eso… ni siquiera tenía una manera sólida de negarle lo que él pedía.

Aunque eran de su padre Las mismas le pertenecían a la armadura de Leo, a excepción de una, podría enseñarle todas las habilidades que había visto creadas por el puño del hombre que le dio la vida, con la clara excepción del ataque que él le había heredado exclusivamente a sus hijos.
Su legado viviente.

Y Sobre todo, porque sabía que si Alex tenía éxito en su búsqueda de venganza… obtendría las respuestas que tanto necesitaba del hombre que había sido el maestro de ambos, sería una justicia poética derrotar al hombre que había causado tanto dolor y muerte siendo derrotado por el hijo de su mejor amigo y por el aprendiz que portaba la armadura de este mismo.
Finalmente Sora alzó la mirada hacia Alex y suspiró levemente para comenzar a hablar nuevamente.

―Tienes suerte de que tengamos objetivos en común…―Respondió finalmente Sora clavando sus ojos azules sobre su compañero dorado.
―Bien, pero debes recordar esto: Mi padre fue un hombre poderoso y determinado, jamás dejó nada a medias y si lo hizo lo hizo por muy buenas razones, cosa que se proponía a hacer era una cosa que lograba a base de esfuerzo sin importar que tan duro o cruel fuese, él jamás dejó de pelear. ―Explicaba con un temple sereno e inquebrantable, Alex no necesitaba verle a la cara, con su voz era capaz de proyectar una firmeza y seguridad en sus palabras, por lo que comenzó a prestar su total y completa atención al santo de Sagitario.
―Si te digo como hacer las técnicas de mi padre, tendrás que comprometerte a darlo todo de ti… incluso tu vida si es necesario. ¿Trato? ―Indagó alzando su mano para cerrar el acuerdo entre ellos dos.

―Hecho. ―Alex respondió sin titubear estrechando la mano de Sora con fuerza.

Cerrado el acuerdo entre ambos guerreros de Athena Sora recordó la primera técnica, le llegó como un chispazo a su mente, ¿cómo podría olvidarlo? Sebastián había sido especialmente precavido en mostrarle a su descendencia el poder que él poseía…

Para que algún día su primogénito fuese igual de fuerte que él
―Bien… La primera técnica que él creó fue El "Rugido del Trueno"

― ¿Y cómo puedo hacerla? ―Interrogó prestando su completa y total atención sobre el hijo del antecesor de su armadura.

―Pues… básicamente lo que debes hacer es hacer fluir el poder del relámpago por todo tu cuerpo y convertirte en uno. ―Al instante Alex no supo cómo interpretar las palabras de Sora… No sabía si estaba siendo literal, metafórico o si le estaba jugando una broma de mal gusto.

―Estás bromeando ¿verdad?

― ¿Me estás preguntando para saber cómo derrotar a Artorias o para juzgarme? ―Interrogó seriamente, mucho más serio que otras veces que ellos habían conversado antes.
―Así era como mi padre lo hacía, por lo que si quieres cumplir con tu venganza, deja de preguntar estupideces y presta atención. ―Reiteró obligándolo a quedarse callado y a escuchar lo que él tenía que decirle respecto al primer ataque que Sebastián había desarrollado por su propia cuenta.
―Debes convertirte en una lanza, transformar todo tu cuerpo en un arma viviente, lanzarte al ataque como una, imbuir el poder dentro de ti para impulsarte hacia arriba y caer al suelo violentamente como si fueras un rayo caído del cielo para golpear al enemigo con la fuerza y poder que solo un verdadero relámpago podría causar.

Al terminar de Explicar Alex miró a su puño, completamente inseguro, ¿en serio el padre de Sora había hecho algo como eso? ¿Convertir su cuerpo en un arma para atacar? No lo iba a negar sonaba como una verdadera locura.
Pero hasta este punto no sabía quién estaba más loco, Sora o él por realmente desear intentarlo.

―Suena difícil…―Murmuró bajando su puño únicamente para mirar a Sora detenidamente.
―Y lo es… le tomó mucho tiempo perfeccionarla, pero si tu puedes recrearla estoy seguro que le darás un buen uso en combate…―Le dijo sonriéndole levemente, puede que no fueran los amigos más cercanos, eso y apenas llegaban a conocidos pero… Al recordar las historias que Artorias le contaba sobre su padre: de como él solo y sin la ayuda de nadie logrará crear 4 técnicas tan poderosas que podían derrotar a cualquier enemigo a su camino, le hacían pensar… si así había sido en aquellas épocas, si es que acaso él y Alex no estaban recreando la misma historia.
―Además, la técnica le pertenece a la armadura de Leo, no creo que te sea tan difícil…―Añadió sonriéndole levemente.

― ¿Ya terminaron de parlotear allí afuera? Que si no viene nadie en este instante me comeré toda la comida y dejaré a Sora sin almuerzo. ―Decía Eriana desde adentro del templo de Sagitario, el estómago de Sora volvió a rugir de hambre… había perdido mucho tiempo hablando con este tonto… y si perdía más tiempo era más que seguro que tendría que hacer su desayuno, comida y cena en esta última.

―Bueno, aunque no hay fuerza humana que pueda detener un estómago vacío. ―Murmuró el caballero de Sagitario con una expresión cómicamente desanimada, pero al instante se volvió a Alex, quien reía levemente por lo que habían dicho sus compañeros.
―Escucha intenta hacer aquello que te dije, si logras hacerlo… vuelve conmigo y muéstrame, si lo haces bien te diré como hacer otra de sus técnicas.

Alex asintió, esta era la primera vez en años que se sentía emocionado por aprender algo nuevo, y que mejor forma que con un posible mejor amigo.
―Entendido, suerte con tu almuerzo y con Eriana.

―Jeh… claro.

― ¿Ya o tengo que comerme esto yo sola? ―Volvió a decir la amazona de plata desde dentro de la casa de Sagitario apurando a un aún más hambriento caballero de Sagitario.

―Bueno supongo que me retiro. ―Sora dijo simplemente caminando hacia adentro de su casa.

―Sí y yo tengo que ir a hacer eso. ―Alex respondió dirigiéndose a la dirección contraria, listo para recrear aquel ataque que Sora le había explicado cómo hacer, posiblemente le tomaría mucho tiempo en lograrla… pero si quería derrotar a Artorias, fallar una opción no era.

―Alex… tienes el legado de mi padre en tus manos, asegúrate de no hacer algo estúpido como matarte en el intento. ―Le dijo finalmente mirándolo hacia sus espaldas únicamente para retomar su camino dentro de su templo.

―Tranquilo, no lo haré…― Respondió comenzando a bajar los escalones de la casa de sagitario hacia la de Escorpio, con determinación la próxima vez, no sería una derrota o una victoria a medias. La próxima vez iría a todo o nada. Acabaría con Artorias de una vez por todas y no descansaría hasta asesinarlo por última vez.
Vengaría a sus compañeros caídos, vengaría a aquellos niños asesinados… Vengaría… al único amor de su vida, lo haría aunque fuera lo último que hiciese, estaba dispuesto a apostarlo todo a las técnicas del padre de Sora y si caía en combate, no le importaba en lo absoluto, aún si pudiera sostener el cuello de Artorias pos 10 segundos le bastaba, todo eso por el simple deseo de terminar lo que se comenzó en su templo hacía 5 años.
―No… hasta ver a ese bastardo morir por última vez. ―Susurró simplemente sin mirar atrás, la guerra estaría muy lejos de finalizar, pero la guerra de Alex guerra terminaría con Artorias.

Y finalmente estaría en… Paz.

11:51 P.m.
Villa de Athena

El día finalmente estaba llegando a su conclusión, Seinma lo sabía pues Omega se había alzado, dejando detrás de ella una estala de luz azul, una cosa que maravillaba como aterraba por igual, en especial a los niños.
Pues la noche siempre traía consigo monstruos sacados de películas de terror que trataban de llevárselos a lo profundo del foso más horrible y olvidado por los humanos, poco sabían esos niños que… esos monstruos eran reales y que sí vendrían a por todos ellos, para su suerte nobles guerreros de la luz estaban allí para protegerlos de aquellas sombras.

Cosa por la que la diosa Athena rezaba todos los días para que nunca sucediera, ellos merecían algo más, algo con lo que ellos pudieran soñar y anhelar con esperanza, por esa razón estaba aquí… para cumplir el sueño que nació cuando la primera de ellas pisó el mundo de los humanos por primera vez.

Seinma ya había recogido las cosas que habían utilizado ese día, tanto las envolturas de los caramelos, como los recipientes donde había traído las frutas, así como su portátil… No sería digno de un caballero o de una diosa arruinar ese lugar sagrado con basura.
Ahora, solo se veían el uno al otro hablando una última vez antes de tener que despedirse nuevamente.

―Bueno… fue divertido mientras duró, pero si no vuelvo a casa antes de las 12 Seika se preocupará… o se enojará, lo que pase primero. ― Seinma decía recogiendo su mochila con todas sus cosas dentro a excepción de los comics que le había prestado a su amiga. Así como todo lo bueno debía terminar ese día también, pero no iba a negar que había tenido un buen día al lado de su mejor amiga.

Mientras tanto Sariah sonreía tranquilamente sujetando su cetro, lista para despedir a su querido amigo, verdaderamente había hecho ese día aún más ameno para ella.
―No te preocupes Sein… fue una verdadera alegría, haber podido compartir este hermoso día contigo. ―Explicaba la joven diosa tranquilamente, hacía tanto tiempo que no se había divertido, aunque la mayor parte de lo que habían hecho había sido charlar y escuchar las historias tanto de uno como de otro, viajar a lugares mucho más entretenidos que este aburrido santuario le era grato a Sariah, aunque fuese solo dentro de su mente.
―Espero, poder volver a vernos pronto, si no es molestia para ti. ―Aclaró la joven obligando al joven a voltear a verla con una sonrisa tranquila.

―Para nada, vendré siempre que pueda, te lo prometo. ―Declaró levantando su puño con mucha determinación, cosa que era algo que siempre le alegraba el día a la joven diosa de la guerra, ella miraba a su caballero con atención admirando como su cabello castaño era ondeado por el suave viento de la montaña.
―Por qué… de verdad me gusta pasar tiempo contigo, Sariah…―Añadió apartando su mirada al suelo con un leve bochorno creciendo en sus mejillas.

Ambos se miraron por lo que pareció una eternidad, nuevamente se encontraban en esta posición… Entre solo unos centímetros uno del otro, Seinma miraba a Sariah con atención, mientras que ella solo se dedicaba admirar sus ojos que seguían y seguirían ardiendo como una estrella de fuego eterna, como si se siguiera sintiendo como una pequeña niña... siempre se sentiría atraída a él y a esos ojos…
Su corcel alado simplemente la acariciaba con la mirada, tratando de grabarse su expresión, figura y rostro en la cabeza como una fotografía mental, era tan hermosa… y más a la luz de Alfa, tanto que instintivamente una de sus manos se acercó a acariciar su rostro.

No era su intención, pero su cuerpo comenzó a moverse por su propia cuenta hipnotizado por la belleza eterna que tenía frente a él, la áspera mano del guerrero Pegaso hizo contacto con la suave piel de la mejilla derecha de su diosa .
Quien no pudo evitar tomar la mano que estaba sobre su rostro, para sentir la dura piel de sus manos, podía sentir sus nudillos como rocas afiladas, estas no eran las manos de un niño, eran las manos de un guerrero que había luchado y golpeado duramente tanto a rivales como a enemigos, manos que se utilizaban para luchar ahora sujetaban con extrema delicadeza su rostro, el cual no podía estar más ruborizado.

El tiempo nuevamente volvía a detenerse entre ellos y sus miradas, ¿Cuánto tiempo habían estado en esta misma posición? ¿Segundos, minutos, horas, días, semanas, meses, años? Parecían milenios en sí, generaciones desde la primera hasta la última vez que estuvieron así de cerca uno del otro y aun así eran pocos los centímetros separaban sus labios, una distancia tan segura como peligrosa.
Un momento que se había repetido tantas veces, pero que ahora se veía finalmente una conclusión a la misma.

―Sein…―Sariah trató de articular palabras, pero su propio corazón la estaba confundiendo su sentido común le decía que debían de detenerse justo en ese instante, pero su pecho ardía con la intensidad de mil soles clamando a sellar toda palabra con los labios de su caballero
―Se… Sein, detente no… creo que sea buena idea que hagamos… esto. ―Trataba de decir, pero incluso su mismo cuerpo la traicionaba, su mano que sujetaba la mano del Pegaso se deslizaba por su brazo, sintiendo cada uno de los músculos que componían la extremidad de su guerrero hasta alcanzar su cuello, rodeándolo levemente para acercarlo cada vez más a ella.

Una distancia que se iba acortando más y más, incluso Sariah se vio en la necesidad de dejar a Niké apoyada sobre el árbol para rodear con su otro brazo el cuello de su guerrero alado, se sentía tan segura, tan cálida… tan prohibido pero al mismo tiempo tan correcto, los corazones de ambos latían en sincronía.
Hasta que Sariah sintió la otra mano de su Pegaso sujetando levemente su cadera, tratándola como la más hermosa de las flores, acercándola más a él, acercándola más a sus labios.

―Discúlpame Sariah, pero no puedo detenerme… solo sigo lo que mi corazón me ordena. ―Finalmente dijo hipnotizado por la belleza de su diosa, incluso parecía que todo lo demás había desaparecido.

El espacio el tiempo, todo era irrelevante ahora… todo salvo ellos dos, centímetros de distancia, corazones entrelazados, esto era lo que ellos querían, sin importar lo que dijeran el patriarca o los demás caballeros del Santuario… esto era lo que ellos tanto habían anhelado.
Desde el primero hasta el último de ellos, prohibido o no.
Nada de eso importaba ya, solo ellos, la eternidad y nada más, los ojos café y cian se miraron por última vez para que finalmente la distancia entre sus labios se desvaneciera.

― ¡Seinma Detente! ― Una voz lo obligó a detenerse en el acto antes de que sus labios hicieran contacto por primera vez. Era la voz de Aria quien lo había obligado a parar su acción antes de que hicieran algo verdaderamente prohibido.
― ¿¡Uh!? ― Y al desviar su mirada solo pudo ver el báculo de Athena, la voz de aria siempre se hacía presente en su mente, pero en esta ocasión se había escuchado justo a su lado, ¿que rayos había sido eso? ―Qué raro, sonó como si… estuviera justo aquí. ―Comentó separándose finalmente de Sariah, inspeccionando sus alrededores.

Y aunque Sariah no quería admitirlo, ella también había escuchado el grito de Niké lamentablemente el momento que ambos habían anhelado había sido interrumpido y la llama se había apagado, esto quizá sería lo mejor, aunque quería continuar como concluir lo que habían estado haciendo, lo más sensato era detenerse.

La joven diosa suspiró levemente, un segundo más y quizá habrían hecho algo imperdonable tanto por el cielo como por la tierra, Sariah recordó lo que el patriarca le había confesado en una ocasión, un dios y un humano nunca terminaban bien… las consecuencias serían irreparables.

Siendo una Diosa Virgen, caer ante las tentaciones de la carne sería violar las reglas divinas que la misma Hestia había impuesto a sus diosas hermanas, cuyas repercusiones caerían sobre ella y sobre su querido amigo.

― ¿De qué hablas Sein? ―Preguntó Sariah tranquilamente a su guerrero de bronce quien devolvía sus ojos hacia su diosa lentamente.

―Uh… nada, una idea mía. ―Respondió apretando con fuerza sus puños, había jurado haber escuchado a Aria ahí mismo junto a ellos, quizá lo había imaginado… o quizá la voz de Aria dentro de su mente había sido tan fuerte como para sonar justo a su lado, la realidad era que fuese por una ilusión o no, no importaba en realidad.
Quizá Sariah tenía razón, eso había sido un error cuyas consecuencias podrían ser mortales, con los caballeros todo podía serlo.
―Tienes razón, quizá no sea correcto hacer eso…―Murmuró bajando la cabeza al suelo, odiaba sentirse inseguro, pero lo que más odiaba… era meter a otros en problemas por su propia estupidez. Sariah no merecía pagar cualquiera que fuese el precio por sus acciones imprudentes y desmedidas.

―De cualquier manera, me alegra mucho que hayas podido visitarme, ojalá puedas hacerlo más a menudo, aunque… no sé cómo reaccionaría el Patriarca si son constantes. ―Aseguró la joven de cabellos castaños y violetas sonriéndole a su querido compañero, quien volvió a alegrase, aunque más pronto que tarde volvió a un semblante serio.

―Bueno, encontraré otra forma de escabullirme entonces…―Murmuró mirando a todas direcciones buscando una forma de bajar con seguridad, podría hacer lo que hizo al subir la montaña… pero eso le tomaría horas y no estaba seguro de cuan seguro fuese bajar, ya que la subida tampoco había sido tan segura.
―Aunque, no sé si pueda acostumbrarme a escalar la montaña… ¿y a todo esto como podré bajar de aquí? ―Preguntó dirigiendo su mirada al risco, de donde era más que seguro que no podría bajar, tampoco podría hacerlo pasando por la cámara del patriarca y hacer como si nada hubiera sucedido, necesitaba otra vía para volver al suelo sin crear sospechas de los caballeros del santuario.

Ambos se quedaron en silencio buscando una vía por la que el Pegaso pudiera regresar a su hogar en una sola pieza… aunque más temprano que tarde ella tomó su mano.
―Oh yo tengo una idea… Ven. ―Pidió guiándolo hacia la salida del recinto donde caminaron entre los pilares que llevaban hacia la cámara del patriarca hasta tomar una vía alternativa hacia el lado izquierdo.

― ¿A dónde vamos? ―Preguntó Pegaso completamente confundido, no entendía que dirección era esta, pero a juzgar por el tugar y la distancia, deberían estar acercándose al gran comedor o al gran baño del santuario, había muchas cosas que él no sabía del mismo o que tan grande podían llegar a ser los templos, por lo que podía equivocarse.

Al llegar a una pared con un símbolo que resaltaba, a Seinma le tomó un tiempo descifrar de que era ese símbolo, hasta que finalmente pudo recordarlo, era el símbolo que se posaba justamente al frente del templo de Aries el cual estaba puesto frente a otro que representaba una biblioteca, ambos se encontraron con una reja que llevaba hacia un pasadizo secreto la joven de ojos cian.
Alumbró el camino con una pequeña lámpara que se encontraba justo en un soporte al lado de las largas escaleras que llevaban hacia abajo.

―Yo solía escapar por aquí cuando era niña, esta es la entrada a la biblioteca del santuario, solía escaparme por aquí cuando era niña. ―Declaraba la joven desbloqueando el candado utilizando su propio cosmos para abrirlo y así hacer a un lado la enorme reja de metal.
―Te servirá para llegar al suelo sano y salvo. ―Al decir eso Seinma tuvo que encender su celular para alumbrar la zona, estaba oscuro y no podía ver el fondo, pero podía asumir que era un camino que llegaba hasta el suelo por su gran cantidad de escalones

―Huh… ¿de verdad solías bajar por aquí todos los días? ―Preguntó Seinma sorprendido por descubrir un secreto más del santuario, se preguntaba ¿cuantos más descubriría a lo largo de su aventura como caballero a cargo del santuario? ¿Y cuantos más sería capaz de recordar?

―Así es, lleva directamente hacia el otro lado de la casa de Aries, originalmente se tenía pensado que en un momento decisivo esta fuera una ruta de escape para mí y para el patriarca, en caso de que las cosas se salieran de control, pero también se tomó como una oportunidad para que yo pudiera acceder a la biblioteca del santuario por mi cuenta en caso de que fuera necesario. ―Comenzó explicando Para entonces señalar a una pequeña abertura en la pared, que parecía haber sido sellada en tiempos muy recientes. Aquella abertura tenía el tamaño y forma correctos para que una pequeña niña pudiera escabullirse fácilmente por ahí sin ser detectada.
―Siempre me escabullía por aquí cuando iba a jugar contigo, la biblioteca se encuentra del lado izquierdo de la montaña, no es difícil bajar, el pasillo tenía un mecanismo de poleas para poder subir y bajar libros fácilmente… aunque con mis escapes constantes… tuvo que sellarse. ―Explicaba tanteando el espacio sellado en la pared a un lado de las largas y amplias escaleras que llevaban a la biblioteca.

― ¿Dices que bajabas por aquí? ¿Pero que no una caída desde esta altura te habría matado? ―Preguntó notando que la forma de las escaleras y la forma del recuadro tenían una curva muy empinada, aun deslizándose por ahí el efecto de la velocidad la habrían terminado matando si hubiera caído hasta el fondo.

―Sí, pero, digamos que tenía un pequeño truco para descender con facilidad y a salvo. ―Aclaró sonriendo dulcemente, cosa que también hizo sonreír a Seinma, cualquiera que hubiese sido ese secreto, les había permitido pasar los mejores días de su vida.
―Una vez que llegues al suelo, presiona el ladrillo que sobresale de entre los demás, eso abrirá la puerta secreta que te permitirá salir, una vez te encuentres en la biblioteca sella la entrada y sal por una de las ventas. Así nadie te verá. ―Terminó de explicarle cediéndole el paso a Seinma.

―Huh… entendido, entonces seguiré por mi cuenta desde aquí. ―Dijo mirando a sus espaldas, listo para volver a casa, había sido un buen día y quería que siguiese siendo así, y no que fuese arruinado por algún imprevisto inesperado… como aquél nefasto día en la ciudad de Neo Inglaterra.
―Bueno entonces será mejor apurarme, cuídate mucho Sariah. ―Dijo acercándose una última vez a Sariah para abrazarla, quien hizo lo mismo con especial afecto por su querido amigo.

―Igualmente Sein. ―Dijo separándose de él para verlo nuevamente a los ojos, únicamente para ver esa sonrisa honesta y sincera que siempre le había dedicado a ella.
―Realmente disfruté pasar el día contigo… sé que, si el patriarca o los demás caballeros se enterarán sobre esto, no te permitirían regresar, pero por eso será nuestro secreto. ―Añadió levantando su meñique, para sellar aquella promesa.

―Je jeh… sí, nuestro secreto. ―Respondió el Pegaso cerrando el vínculo que se tenían con confianza total, con eso Seinma comenzó su camino hacia la oscuridad, con celular en mano para alumbrar el camino, cerrando la reja tras de sí, permitiéndole a Sariah colocar el candado como si nada hubiera sucedido.
Pero justo antes de decir Adiós, Seinma miró atrás por última vez… para ver a su amada Sariah, a la mujer a quien quería dedicarle toda su vida, juntos o no, no le importaba, solo deseaba estar aquí para luchar por ella cuando el momento fuese indicado
―Hasta pronto mi Diosa…

―Hasta luego… mi querido Pegaso. ―Susurro Sariah, viendo partir a Seinma hacia la oscuridad, guiado por la luz de su linterna y con la determinación de encontrarse nuevamente en el futuro.

"Porque incluso efímera es hermosa, la belleza de la vida no puede ser calculada ni comparada, ocurre solo una vez, porque, aunque yo tenga una vida eterna, siempre recordaré a aquellos que le dieron una razón a mi existir."

Pronto todo el panorama iba a cambiar con resultados completamente inciertos, a lo lejos un bando se preparaba para atacar con todas sus fuerzas, mientras que el otro esperaba pacientemente a la llegada de la guerra, preparados para contratacar.
Caballeros iban y venían, los espectros resucitaban y se reunían en sus filas.

Ambos ejércitos tenían una sola determinación acabar con el enemigo un enemigo con el que no descansarían hasta verlos muertos a todos.
El santo de Capricornio finalmente había terminado con su entrenamiento, junto a su fiel seguidor en el camino de la espada, ambos dispuestos a regresar al Santuario.
En otro Lado Artorias y Shizuka se disponían para terminar con los preparativos para la siguiente semilla de almas, manchando con sangre el suelo Elysiano.
Todos estaban listos, preparados para comenzar con la guerra que terminaría con todas las guerras.

El conflicto más sangriento registrado por la historia de los caballeros finalmente entraría al punto de no retorno.
Estaban los 12 Caballeros Dorados estarían reunidos una vez más en un mismo lugar.

Y el terreno ya estaba preparado, Arkhamira miraba con detenimiento la construcción en el Bosque de Palestra con Atención, terminada finalmente, lo que iba a ser el nuevo campo de entrenamiento para misiones en equipos se había convertido en la arena de duelos más importante de todas, la arena de combates para el torneo galáctico.
Solo los mejores se enfrentarían a esta competencia de fuerza, determinación y valor, solo uno saldría como vencedor.
Quizá sería uno de los herederos, quizá uno de sus estudiantes más avanzados, hasta ahora especular no era lo que importaba, lo que importaba era el plan de Athena, y lo que ella quería lograr con esto.

―Y así es como empieza, dime ¿qué opinas Kobu? ¿Estás listo para demostrar todo lo que has aprendido a mi lado? ―Preguntó la Directora volteando a ver al caballero del Unicornio, quien miraba hacia el enorme domo con atención.

Miraba, recordando ese día… recordando la razón por la que deseaba tanto enfrentarse a Seinma y no hacía unos días antes, cuando ellos habían ido al santuario al revelarse como el sexto heredero.

2 de Junio del 2283
5:17 P.m.

En el Santuario los Seis Herederos se encontraban reunidos frente al gran patriarca, quien era Acompañado de 3 caballeros entre los que estaban Genki de Libra, Elizabeth de Gruya y Shiki de Aries, mientras se escuchaban las palabras del santo maestro dirigidas al último de los herederos en ser encontrado.
Mientras escuchaban sus palabras con atención, el caballero de unicornio apenas podía procesar la información que estaba recibiendo… Todo este tiempo ellos sabían que él era uno de los 6 herederos y nadie jamás se lo dijo. ¿Qué clase de maldita broma de mal gusto era esta?

―Debo de admitir que yo tenía entendido que existía un Sexto heredero… asumía una ligera sospecha de que fueses tú. ―Declaraba el santo patriarca hacia el muchacho quien se encontraba frente a él.

― ¿Y fue por eso que puso a Arkhamira a vigilarme? ―Preguntaba él, apretando fuertemente sus puños, con una expresión de repudio, no contra la directora, pero hacia el hombre que le había negado su reconocimiento por tanto tiempo.

El patriarca guardó silencio por unos instantes, el muchacho no tenía la mirada de Jabu o de Yato, no poseía una mirada determinada o esperanzadora, esta estaba llena de odio y rencor.
―Sí… al ver como tu armadura reaccionó cuando te condecoré como caballero, sabía que había algo especial en ti, no estaba seguro de que era, pero de alguna manera lo sabía. ―Reveló ante los demás quienes, no sabían que pensar, sobre todo Seinma quien jamás pudo haberse imaginado que él fuese el sexto heredero, lo habría esperado de otra persona… pero de él no.

―Todo este tiempo lo supiste, ¿¡Y no dijiste nada!? ―Exclamó con ira obligando a los caballeros dorados a adoptar una posición defensiva contra el santo de bronce. Con la sola excepción de Arkhamira, quien ya sabía que él iba a responder de aquella manera.

―Hey, más respeto con el santo Patriarca. ―Advirtió el santo dorado de Libra, pero más temprano que tarde él levantó su mano para evitar que sus caballeros se le lanzaran al cuello como lobos.

―No… déjalo… tiene razones para estar molesto. ―Respondió Shun entendiendo la situación de Kobu, desde antes él pudo haber sido tratado con más atención, hubiese sido entrenado a la par de los demás herederos y pudo haber formado parte del equipo desde antes… pero se le había marginado.

Aun así había dejado a Arkhamira a su cargo, pero podría comprender por qué eso no había sido suficiente, más aún del porqué anhelaba el reconocimiento que se le había negado en diferentes ocasiones.
Siendo el último heredero, era igual de importante que el resto.

―Como sea…―Kobu apartó la mirada del patriarca, hacia los demás herederos, viéndolos con el mismo desprecio que al gran patriarca del santuario.
―Ustedes sabían que había un sexto y jamás le dijeron nada a nadie, todo este tiempo creí que no era especial, cuando finalmente se supone que lo soy, solo soy uno más de ustedes…―Les dijo a todos despectivamente, cosa que no solo no agradó a los cinco caballeros de bronce que lo habían guiado allí, sino que resaltaba aún más el egocentrismo del caballero del unicornio.

―Lamento que te sientas de esa manera, pero si te sirve de consuelo… te ofrezco darte el mismo entrenamiento que le daremos a los demás Herederos, te haremos fuerte para que puedas luchar en la guerra santa como uno de los pilares donde se sostendrá el bien y la justicia. ―Decía Shun tratando de darle aquello que él tanto había buscado por tanto tiempo, Kobu miró al patriarca pero aun así para él no era suficiente, aunque dentro de su mente él estaba agradecido de que finalmente lo tomaran en cuenta, todo este tiempo había estado solo y prefería que siguiera siendo así, ya no quería depender de nadie nunca más.

―Bien… pero no aceptaré trabajar con ninguno de ustedes. ― Dijo señalando a cada uno de los herederos presentes. ―Yo haré esto por mi cuenta… no te necesito a ti, ni a ti, o a ti… y especialmente a ti. ―Habló despectivamente hacia Seinma, quien solo pudo arquear una expresión de decepción con el santo del unicornio.
―Si voy a pelear… lo haré solo. Con su permiso patriarca…― Dijo para comenzar a salir de la gran cámara del patriarca.

Pero Seinma aun así quería tratar de razonar con él tratar de hacer que él entrara en razón y dejara de comportarse como un idiota arrogante.
―Kobu espera… ― Trató de decirle pero él, simplemente se retiró sin mirar atrás.

―No me hables. ― Respondió el unicornio cortantemente, Pegaso trató de seguirlo, pero John lo detuvo posando su mano sobre su hombro ladeando su cabeza, negándole seguirlo.

Al parecer, tratar de convencerlo de lo contrario sería inútil estaba molesto y no estaba pensando razonablemente, sería mejor retomar esta sesión cuando estuviera más tranquilo y quisiera dialogar, así le pasaba a él y podía entender a Kobu, aunque eso no le daba derecho a comportarse como un cretino frente al patriarca.

Y él por su lado suspiró, permitiendo que el joven guerrero se marchara, sobre todo, porque no quería que sus caballeros quisieran lanzársele al cuello por alguna cosa que él dijera que le faltase el respeto a él o al santuario.
Por esa razón le pediría a Arkhamira traerlo de vuelta una vez que el enojo se le pasara, ese muchacho debió haber pasado por mucho como para que ahora su corazón supurara odio…

En cierta forma le recordaba a Ikki. Él también se había encontrado en un lugar muy oscuro por mucho tiempo, pero aún era joven y tenía toda una vida para corregir su temperamento, además para entender que él no estaba solo en este mundo, aunque le tomara un tiempo.
Debía entender eso por su propia cuenta.

Poco tiempo más tarde los Cinco Herederos bajaban salían de la casa de Aries después de ser tele transportados hasta abajo acompañando a Kobu, quien se encontraba más apartado a los demás, sin mediar ni una sola palabra.
Cosa que para ser la primera impresión, no daba una buena imagen de quien se suponía que era él.

―Vaya… ¿Así de capullo me comportaba con ustedes? ―Preguntaba Johnathan suspirando levemente ante la actitud tan negativa del unicornio.

―Digamos que… eras más idiota aún. ―Respondió Benjamín después de unos segundos de silencio.

―Hey, no te pases pato tarado. ―Repuso el Fénix molesto por las palabras de su compañero, en este momento se encontraba de buen humor como para que se lo arruinarán… aún más.

―Bueno… al menos el patriarca dijo que le darían entrenamiento, pero si no peleará al lado de nosotros, entonces que hará, ¿o que papel desempeñará Kobu-san? ―Se preguntó el caballero de Dragón colocando una mano debajo de su mentón, pero Johnathan rápidamente interrumpió su cavilación.

― ¿A caso importa Shin? Él simplemente es un idiota… no creo que sea importante. ―Dijo simplemente para cambiar finalmente a un tema más importante.

Mientras ellos tres seguían hablando Seinma no podía evitar apartar sus ojos del camino, parecía más bien que estaba buscando algo, al principio Danny pensaba que estaba desanimado por el cómo Kobu había rechazado pelear al lado de ellos…
Y aunque eso no era del todo falso, él también miraba siempre hacia sus espaldas, para apreciar con mayor detalle el entorno, pensando en una forma de subir sin ser detectado.

― ¿Que sucede Sein? Has estado muy callado…―Murmuró Danny llamando la atención de Seinma, quien se sorprendió porque ella notará su silencio tan prolongado.
―Es por lo que sucedió con Kobu? ―Ante la pregunta él bajó la cabeza por la mención de su compañera.

―No, bueno sí, pero… no en realidad. ―Respondió deteniéndose antes de entrar al bosque volviendo su mirada hacia arriba para ver el punto donde se encontraba la cámara del patriarca y más específicamente el lugar donde su querida Diosa se encontraba.
― ¿No crees que Sariah esté muy sola allí arriba?

― ¿Por qué lo dices Sein? ―Preguntó la joven Saintia arqueando una ceja por la pregunta de su amigo.

―Por qué… nunca la he visto salir de ese lugar… además, siempre se encuentra encerrada. ―Murmuró evidentemente preocupado por su querida amiga, no era secreto que entre ellos dos había algo más fuerte que una simple amistad, todos conocían la historia del Pegaso y de Athena y de sus destinos eternos como guerrero y diosa.
―Me pregunto… ¿cómo será para ella vivir de esta forma sin poder ir y venir a donde ella desee? ―Volvió a decirle intranquilo bajando su mirada al suelo, genuinamente inquieto por la constante soledad en la que vivía Sariah o al menos así lo pensaba él.

―Sein…

―Sé que está en el lugar más seguro del universo, pero… no puedo imaginarme lo sola que debe sentirse, rodeada de tanto, pero siendo capaz de ver tan poco…―Volvía a decir con una evidente tristeza, ella era la dios a que protegía y cuidaba de los humanos, pero apenas podía tener contacto con ellos sin mencionar a sus Saintias y Caballeros Dorados.
―Me gustaría poder hacerle compañía… al menos una vez…― Ante la mención Danny no pudo evitar sentirse mal por él, siempre pensaba en los demás antes que en sí mismo.

La verdad era que ella podía comprender su sentir hacia Athena, siendo su caballero más leal, el no poder ayudarla tanto en su insolación, como en no poder conversar con ella para evitar que se sintiera tan aislada de todo, eso era lo que hacía sentir tan mal a Pegaso.

Aunque… ella conocía una forma, de llegar hasta su cámara, cuando era una pequeña niña ella había descubierto un par de cosas sobre el santuario al explorarlo y verlo detenidamente, había muchos pasadizos secretos y lugares por los que uno podría esconderse si prestaba mucha atención, sobre todo el cementerio del santuario, podría ayudar a su compañero. Aunque sí lo hacía debían ser cuidadosos, porque si información como esta caía en malas manos, un mal presagio caería sobre todo el santuario.

Con eso en mente ella se acercó a Seinma para susurrarle al oído.
―Sein, escucha… hay una forma de ir a ver a Athena, pero si te lo digo deberás prometerme que tendrás que guardar el secreto, ¿entendido? ― Pidió mirándolo atentamente a los ojos, pidiendo a todos los dioses que la santa de Virgo no los estuviese mirando a ellos justamente en esos instantes.

―Uh… claro, ¿cómo puedo llegar hasta ella Danny? ―Preguntó Murmurando al igual que ella.

La Saintia de Andrómeda quedó en silencio unos instantes antes de responder, únicamente para cerciorarse de que ella no se encontraba escuchándolos, ella podía detectar cuando ella los escuchaba y cuando no… el alcance de su visión y oído se terminaba cuando se salía del bosque.
Así que ella le pidió que la acompañara hacia él, junto con los demás para revelarle esa información.

―Mira no muchos saben esto… pero el cementerio que está al otro lado de la montaña lleva directamente a los aposentos de Athena, lo único que tienes que hacer es escalar la pared de piedra y con suerte llegarás hasta la cima, pero no lo escuchaste de mí. ―Respondió finalmente Saliendo del bosque junto a Pegaso, quien solo pudo arquear una sonrisa de genuina felicidad, ¿eso significaba que podría ir a ver a Sariah ese fin de semana? Eso sería genial.
―Pero no te enteraste de mí, será nuestro secreto. ―Añadió levantando su meñique para cerrar ese acuerdo.

Sin dudarlo Seinma juntó su meñique con el de su compañera heredera cerrando el trato entre ellos dos con total confianza.
―Sí, nuestro secreto. ―Murmuró sonriéndole a la joven frente a él.

Para que eran los amigos sino para apoyarse los unos a los otros… Aunque si la santa de Virgo no los había escuchado, Kobu si lo había hecho, por esa razón frunció el ceño hacia Seinma con gran rencor hacia él, entonces… él se mantenía un paso frente a él siempre, no solo como guerrero, sino ganándose el cariño de Athena.

Kobu volvió a la realidad, mirando hacia el domo de duelos con atención Sonriendo finalmente con satisfacción.
Su sangre hervía con la adrenalina pura del combate, su corazón latía con ímpetu y una ligera sonrisa se marcó sobre sus labios… Esto era lo que él tanto había deseado, la prueba para determinar que él en efecto sería el más fuerte de todos los caballeros.

Incluso más fuerte que Pegaso.

―Sí… ahora finalmente veremos quién de los dos… merece ser el guerrero más fuerte de todos. ―Declaró finalmente hacia Arkhamira, admirando el monumento con atención, lograría esto por su propia cuenta sin nadie más que lo detuviera o frenara.

Había entrenado únicamente para este momento y les demostraría tanto a Seinma como a los demás herederos… quien era él.

Continuará…

"Espero que la próxima ocasión que nos veamos, podamos concluir con lo que no pudimos hacer ese día, de verdad me encantaría. Como diosa no debo tener preferencias, mi amor incondicional se encuentra con mis caballeros, con mis eternos guardianes. Pero contigo… me gustaría poder entregarte mi corazón…
Como sé que mi antecesora siempre quiso hacerlo con su Pegaso, comprendo y sufro su dolor de no haber podido hacerlo en vida e inclusive después de su muerte.
Desde la Era del Mito has estado a mi lado, luchando por mí, rompiendo tus huesos, desangrándote, sintiendo tus brazos como tus piernas siendo desgarrados miles de veces, así como tus alas siendo una y otra vez arrancadas.

Tu devoción… merece ser recompensada.
Por eso sé que la mejor recompensa es dejarte ir… lo único que deseo es que vivas, sé que la única forma de que lo hagas será cuando nuestros destinos dejen de estar atados, solo quiero eso… que las cadenas que te atan a mí se rompan finalmente y tanto tu como tu alma sean libres de este eterno tormento, el destino ha sido benévolo, pero también ha sido cruel, muy cruel… y sé que es hora de terminar con esta maldición que no te ha dejado ser libre.

Ni a ti y a tu familia.
Seinma… Te Amo. Gracias por haber hecho de mi vida algo mucho más brillante.
Tuya por siempre: Sariah."

¿Y tú has sentido el Poder del Cosmos?

Ω

22 de Mayo del 2283
9:30 P.m.

Ya se estaba acercando la noche y en una zona aleada de los campos italianos, una joven solitaria hablaba con dos figuras enorme sombras, quienes habían estado hablando con ella durante un par de horas, ella se veía un tanto triste y desesperada por que ellos escucharan lo que tenía que decir.

― ¿Realmente no hay una manera de evitar su muerte? ―Preguntaba Shira a los dioses gemelos quienes no podían sino sentir gran decepción por el pobre avance de la joven en la única tarea que le habían encomendado.

―Oh, dulce niña… no me digas que te has enamorado de tu presa. ― Dijo jocosamente Somnium, por las palabras de la joven cobra realmente sentía un profundo amor por el Pegaso, esta misión parecía haber superado a una asesina inmisericorde como lo era ella.

―N-no… solo, solo digo que quizá podríamos hacer que Pegaso se una a nosotros, que él pelee al lado del señor Hades, él sería un aliado poderoso. ―Trataba de decirles a ambos, era verdad que Pegaso podría ser un aliado poderoso, sobre todo por aquella obvia razón que era que él podía herir de muerte a dioses tan poderosos como lo eran ellos o el señor Hades.
―Yo… Solo digo que, si lo asesinamos, puede que no tengamos nuevamente la oportunidad de utilizar a Pegaso como un aliado poderoso para asesinar a Athena y así terminar con esta guerra con la victoria para los espectros. ―Ante la petición ambos dioses rieron, quizá Pegaso habría sido de utilidad en otro tiempo, en otras épocas, pero hasta este punto nadie podía convencerlo de traicionar a la diosa que le había dado tanto.

―La única forma de tenerlo de nuestro lado sería al poseer su alma, por eso queremos que reclames su alma, para ofrecérsela al señor Hades. ―Añadía Somnium tranquilamente, imaginando todas las cosas horribles que obligarían al Pegaso a hacer bajo su comando.

Incluso el mismo Hades lo había intentado en una ocasión, seducirlo a su bando para luchar juntos en contra de Athena. Pero había sido inútil, el corcel alado no pelearía por nadie que no fuese la diosa de la Guerra.

―Oh dulce y tonta niña… tu corazón está en el lugar correcto, pero tu mente divaga entre una dulce fantasía y una dura verdad. ―Somnium aclaraba con una dulce voz que trataba de darle consuelo a la joven arrodillada frente a ellos.
―Si prestaras más atención quizá entenderías que es imposible hacer eso.

―Pegaso, no puede y jamás peleará por el señor Hades. ―Mortem añadía con un tono severo imponente, cosa que lograba estremecer incluso al guerrero más fuerte del ejercito ateniense.
―Parece ser que esta misión ha sido demasiado para ti… creo que será mejor que te apartemos y pongamos a alguien más adecuado para darle fin al asesino de Dioses. ―Amenazó obligando a la jovencita de ojos violetas a alzar su mirada hacia ellos con desesperación.

― No, sé que puedo hacerlo, pero… ¿realmente no puede haber otra forma? ―Preguntó nuevamente esperando a una respuesta positiva, respuesta que jamás llegaría por parte de ellos dos.

― ¿Piensas que su corazón puede pertenecerte a ti? Lo que no sabes es que su corazón ya le pertenece a alguien más. ―Aclaro Somnium causando el efecto contrario a lo que la cobra buscaba.

―Su corazón ya ha sido domado, pero no por ti sino por alguien superior a ti. ―Comenzó a recitar mortem obligando a la joven a fijar sus ojos sobre ambos dioses

― ¿Que? ¿A qué se refieren? Díganme quien es.

―Lo descubrirás, cuando lo veas fijamente. ―Decía Somnium con un tono más neutral, aunque se podía notar que ella estaba disfrutando mucho de los ruegos de la joven postrada ante ellos dos.
―Será mejor que te apresures, pronto las marcas de sangre comenzarán a dar sus primeros frutos, las raíces se están expandiendo bajo la mirada de todos, apenas Artorias acabe con su encomienda.

―Para entonces queremos que Pegaso esté muerto, tómalo como la oportunidad de quedarte con su corazón. ―Advertía Mortem firmemente, sonriendo al imaginarse las cosas que harían una vez que una de las piezas más importantes del bando de Athena fuese asesinada, todos los escenarios de pesadilla que ellos liberarían a través del universo, sin nadie que pudiera detenerlos
―El mismo no le pertenecerá a nadie más… si lo tienes aun palpitando en tus manos.

―Esperamos que cumplas con tu parte niña, estamos esperando mucho de ti y si no puedes hacerlo…

―Entonces tendremos que buscar a alguien más que pueda hacer lo que tu no.

―Sí… mis señores.―Al decir eso ambos dioses desaparecieron de su vista como humo en el viento, Shira finalmente se incorporó, realmente estaba desesperada, requería otra opción para evitar matar a Seinma.
No quería hacerlo, queriéndolo o no él y Seika ya eran su familia, la querían y amaban como si fuera una parte más de su familia.

¿Que se suponía que ella haría una vez que asesinará a la persona que le ofreció un hogar?
Su familia era importante para ella pero… la familia que la había adoptado ya tenían un espacio especial en su corazón de piedra.
Shira miró al cielo en busca de consuelo, únicamente para darse cuenta de que ya era muy tarde…. Si Seika o Seinma se daban cuenta de que no estaba en casa se preocuparían, sobre todo Seika quien siempre estaba al tanto de ella y de lo que necesitará.

Nuevamente se daba cuenta de lo mucho que ellos la apreciaban, ¿quién más se preocuparía por ella al irse después de mucho tiempo y no regresar a casa? Nadie más… sin ellos estaría completamente sola, ella los amaba a su vez ellos la amaban… aunque ella quería que él la amara de la misma forma que ella, pero.
¿quién sería esa mujer que había domado el corazón de su Pegaso? ¿Alguien superior a ella? ¿Quién? ¿Esa tonta de Mary? O acaso… alguien más.

Alguien de quien no había sospechado hasta el momento.
¿Quién sería? Los dioses gemelos habían dicho que lo viese detenidamente para obtener su respuesta.

Alguien a quien él mirará como no lo hacía con ella, alguien… a quien viera como una diosa.
―No puede ser…―Se decía sujetando su cabello oscuro con fuerza, no podía ser posible ¿o… sí? Ella quería comprobarlo con sus propios ojos, pero… tendría que hacerlo una vez que Seinma regresara a casa de la ciudad.

Esperaba obtener su respuesta, pues si era cierto que él estaba enamorado de quien creía que era… entonces quizá asesinarlo no resultaría tan difícil.
Pero a quien engañaba ella, sí lo sería, pues lo hubiese querido o no.

Pegaso ahora era... su familia.