Capítulo 9: El día "perfecto": Lincoln

Viernes 17 de abril…

Lincoln

El reloj marcaba las ocho de la mañana en punto. Sería un día asombroso y único; ese día se iba a definir su virtud, ese día Lincoln Loud por fin podría sentirse orgulloso de que su familia tendría otro talento más en la casa; finalmente esa sensación de satisfacción llenaría su corazón y ese vacío de sentirse un poco menos que sus hermanas cesaría de por vida: Lincoln Loud alcanzaría a sus hermanas y por primera vez daría honor a su apellido tan conocido en aquel pueblo, ¡era una oportunidad de oro! Nada ni nadie lo iba a detener…, eso quería pensar. De esta manera, Lincoln preparaba sus pensamientos, esbozando una muy grata sonrisa…, estaba ansioso, muy ansioso.

Hoy es el día —pensó para sí mismo, mientras miraba hacia el techo. Juntó sus dos manos mientras su vista seguía perdida en el limbo—. Este día cambiará todo…, ya lo imagino. Papá y mamá abrazándome con mucha fuerza, mis hermanas celebrando con gran emoción, todos preparándome una fiesta sorpresa y, como broche de oro para terminar este día, abriré la vitrina…, ¡la abriré! Y colocaré allí mi primer, digo, mi segundo trofeo a lado del otro que, a pesar de no ser oficial, es familiar…, y eso ya lo hace especial —su sonrisa se mantenía, pero no podía negar que los nervios lo consumían por dentro. Inhaló profundo y exhaló—. Muy bien…, pues…, a iniciar el día —y con un empuje de adrenalina azotando su corazón, Lincoln se levantó de su cama y se estiró.

Su cuarto estaba algo desordenado, sólo un poco; sin embargo, luego de un día tan ocupado, estaría dispuesto a arreglarlo. De pronto, nos miró a nosotros.

Hola, chicos…, seguro se preguntan por qué estoy tan nervioso, ¡hoy se presenta una con-cómic en el pueblo! ¡Pero eso no es todo! —abrió uno de sus cajones y se puso a buscar—…, ¿dónde…? ¡Aquí está! —con sumo cuidado, extrajo de allí una bolsa que contenía un libro de dibujos animados—. Luego de mucho esfuerzo, dolor y lágrimas…, bueno quizá exageré con lo último, pero me entienden —hizo un gesto con la mano—, pero como les iba diciendo, luego de tanto trabajo pude hacer esto —Lincoln abrió la bolsa y sacó lo que sería un comic propio titulado "The Loud House" (irónico)—. Trata básicamente sobre mí sobreviviendo a mi familia…, quizá suene hasta cierto punto muy egocéntrico, pero…, si se detienen a pensarlo, mi familia es muy interesante y esta es mi manera de demostrarles que los amo con todo mi ser y que quiero que sepan que gracias a ellos y a su forma tan única de ser me convertiré en un ganador —mostró la portada de su comic, en la cual se veía a él sonriente en el pasillo junto a todas sus demás hermanas haciendo lo que hacen rutinariamente—. Lo lograré…, lo voy a lograr —comentó con una determinación incomparable.

El peliblanco resguardó su comic en la bolsita de plástico una vez más. Lo había hecho con sus propias manos, tenía buenas historias, eran entretenidas; había sinceridad pura en cada palabra que escribía y relataba en todas sus desventuras: era el slice of life más ideal que podría existir. Orgulloso de su creación, además de que le tenía un gran amor, además de la bolsita, también optó por guardarlo dentro de una cajita de metal; más segura no podía estar. Con la ansiedad invadiendo su cuerpo y los nervios matándolo, no pudo evitar soltar un resoplido.

Será un gran día, será un gran día —tomó la caja con ambas manos y la aferró a su cuerpo. Sería un gran día…, lo iba a ser…

La convención se llevaría a cabo a partir de las diez de la mañana, así que tenía bastante tiempo. Además, el concurso sería aún más tarde, no había prisas; sólo tenía que relajarse y prepararse: desde el inicio de la semana santa que Lincoln no perdió ningún día en la elaboración de su cómic, estaba dispuesto a darlo todo por el todo. De esta forma, Lincoln resguardó su caja en uno de los cajones, iba a desayunar y a prepararse para el gran evento. Salió de su habitación con una sonrisa notable, simplemente podría decirse que era el día más feliz de su vida; primeramente, iría a asearse. Como sería de pensar, al ser algo temprano, nadie estaría en el baño; sin embargo, antes de que pudiese abrir la puerta escuchó unos murmullos.

Vamos…, otro día más…, sólo hazlo por él, te lo prometiste a ti misma —curioso, Lincoln se acercó un poco más, pero se espantó cuando la puerta se abrió súbitamente. Su hermana Leni estaba justo en frente de él.

Ho-hola, Leni —saludó nervioso al verse atrapado en aquel acto. Leni se limitó a sonreírle.

¡Hola, Linky! ¿Listo para hoy? —ella sabía acerca del evento de su hermano, razón por la que entendía su nerviosismo.

Sí —se sintió aliviado, parecía que la rubia no se había percatado sobre la presencia de él espiando—, ¿y qué hay de ti? Me enteré sobre el concurso de aquella compañía, ¿también estás lista? —tampoco se quedó atrás. Mayormente estaban bien informados sobre la familia, uno para saber cómo llevar a cabo sus acciones y la otra para ayudar y dar sus ánimos.

¡Sí! —chilló de emoción—. Sin duda nos depara algo grande, Linky. ¿Te imaginas si lo logramos? ¡Los dos cumpliríamos nuestros sueños! —desprevenidamente, la modista abrazó a su hermanito alzándolo por los aires. Lincoln sólo rio por su acción.

Sería estupendo e inédito —confesó con una sonrisa sincera. Leni se sintió orgullosa de él.

Mis esfuerzos valieron la pena, finalmente, tras largos años de espera, mi hermano creció siendo un buen chico. Me costó un poco, pero lo hice y estoy satisfecha de mi decisión —pensó correspondiendo su sonrisa. Luego dijo—. ¿Verdad que sí? Seguramente nuestra familia hará fiesta cuando ganemos.

Lo mismo pensaba yo.

¡Hey! Pero no le digas a nadie, quizá sea sorpresa y nosotros lo podríamos arruinar —guiñó el ojo. Lincoln, pensando que Leni había dicho aquello estando distraída, optó solamente por emitir una leve risa.

Cuenta conmigo, no le diré a nadie.

Eso espero, no quiero que nuestras hermanas se sientan decepcionadas —se despidió con la mano y se dirigió a la planta baja. Lincoln siempre se cuestionaba la causa por la que Leni era tan distraída, ¿de verdad tendrá algún problema? ¿Será que padezca de un trastorno de déficit de atención? Se encogió de hombros, no le tomaría importancia; igual seguía siendo una hermana muy cariñosa y bondadosa con todos, sí, quizá había cometido algunos actos egoístas, pero eso no quitaba que, a pesar de todo, ayudaba a todos los demás tal cual él hacía.

Luego de un refrescante baño, regresó a su cuarto a cambiarse; dieron las 8:30 de la mañana. La casa Loud aún seguía dormida, pero no tardarían en despertar. Lincoln también bajó las escaleras y fue a la cocina, encontrándose a Leni nuevamente, pero se detuvo en el marco de la entrada cuando observó que parecía estar moviendo algo, no sabía muy bien qué, pues era un rincón escondido de la cocina…

Vamos, Leni, hoy es tu día. Quizá consiga el trabajo, pero deberé dejar a mis otros amigos de mi empleo actual —se quedó pensativa—…, pero…, no lo sé. A veces pienso en todo lo que he tenido que pasar…, y siempre tener que poner una sonrisa…, por ti…, porque…, no quise que tuvieras una hermana así…

Lincoln, confundido de lo que Leni decía, seguía escuchando.

En fin, tal vez con esto pueda quitarme un peso más de encima. Tendré ratos libres a solas y por fin podré esclarecerme y sentirme aliviada de que al menos no todo fue tan malo…, incluso…, las palabras de Joel se deshagan para siempre de mi mente y pueda…, por fin retornar a ser quien era. Quizá y pueda…, regresar —suspiró.

¿Leni?

¡Lincoln! —asustada de la presencia de su hermano, la rubia se puso nerviosa—. C-creí que te estabas cambiando.

Sí, estaba en mi cuarto, pero ya me vestí y vine a desayunar algo rápido para después irme a la convención de una vez —Lincoln se acercó a su hermana—. ¿Te encuentras bien? Te noto pálida —realizó un gesto de preocupación. Leni inspiró hondo y luego sonrió, posicionó su mano en el hombro de Lincoln. Lo observó a los ojos por unos momentos.

Siento que ni siquiera mereces mis palabras…, palabras tan vacías… —pensó para sí misma. Cerró los ojos por unos segundos y suspiró; los abrió nuevamente, manteniendo su sonrisa—. Sólo estoy muy nerviosa, hermanito. Tú lo entenderías, estamos por pasar uno de los retos más difíciles de nuestra vida, nuestros sueños están en juego y sabes bien lo importante que esto significa para ambos. Sólo…, quiero que todo salga bien —su sonrisa se amplió—. ¡Ya sabes! ¡Mantener el optimismo! —sacudió sus manos en símbolo de emoción—. Debería prepararme ya, ¡mis vestidos están listos y mis modelos aún no han despertado! ¿Te importaría si te encargo el desayuno para Lola y Lana?

Lincoln escuchó atentamente a su hermana. Por un instante creyó que le diría algo más que aquello, pero sabiendo como era, no sospechó de ella. De esta forma, se limitó a corresponder su sonrisa.

Por supuesto, no tengo ningún problema con ello, Leni. ¡Déjamelo a mí! —guiñó el ojo.

Gracias, Linky. Te lo agradezco a creces. ¡Muy bien! Debo volver —acarició la cabellera de su hermano y emprendió el camino escaleras arriba, donde repentinamente la modista soltó un grito de susto inesperado. Una risa se escuchó después.

¡Luan! ¡Me asustaste!

Jujuy, ¡claro que sí! ¡Voy a enseñarte una lección! —fingió una voz gruesa.

¡No es divertido! ¡Nunca me gustaron esas películas! —y un último chillido de berrinche fue lo último que se oyó.

Lincoln se encogió de hombros, restándole importancia. El albino sabía acerca de ese títere que Luan había traído desde hace 3 semanas, tenía un aspecto similar al muñeco de los "Juegos Macabros", sin duda era algo escalofriante el hecho de sólo verlo…, incluso admitía que cuando Luan lo traía entre sus manos el primero de abril sólo para fingir que era como el villano de aquella famosa saga de películas fue lo más aterrador que había vivido, sobre todo cuando lo miró a los ojos, juraba que le seguía con la mirada. Dejando el tema de lado, se enfocó en preparar el desayuno.

Pasado un tiempo, el reloj marcó las nueve en punto de la mañana. La hora para irse se hacía cada vez más próxima. Lincoln estaba demasiado nervioso, el día avanzaba rápidamente. Deseaba que Clyde estuviera presente para darle sus ánimos, pero le avisó que estaría de vacaciones con sus padres hasta el domingo; le deseó la mejor de las suertes para el concurso y deseaba que todo saliera bien para él, algo que alegró a Lincoln. Colocó los platos de huevos revueltos con jamón sobre la mesa de los niños y se dispuso a irse a su recámara. En el pasillo de arriba el ruido ya se estaba haciendo más presente, sus hermanas habían despertado. El ruido abundaba al final del pasillo, pues Leni estaba ya con las gemelas y con Lori para recibir ánimos y diversas opiniones. Lincoln estaba muy contento por Leni, hoy era un día grandioso para ambos.

Entró a su cuarto y sacó de los cajones su caja donde resguardaba atentamente su cómic.

¡Muy bien! Aquí vamos —lo resguardó bajo su hombro y abrió la puerta de su habitación.

¡Cuidado, Lincoln! —un balón se asomó inmediatamente en su vista, fue inevitable el contacto con su frente, haciendo que cayera. Hizo un gesto de dolor, Lynn corrió hasta él—. ¡Lo siento mucho! No quise hacerlo a propósito —rio nerviosa y se rascó la nuca. Aún adolorido, Lincoln se limitó a sobarse la frente.

Está bien, Lynn, no te preocupes —sonrió de lado. Lynn le ayudó a levantarse.

Para la próxima no te cruces en mi camino —le dio un golpe leve en su hombro.

¡Au! ¿Aparte de que me asestas un golpe me das otro? —respondió algo molesto.

Perdona, ya sabes como soy —y riendo, Lynn se retiró por su balón.

Lincoln sólo negó con la cabeza y regresó a la cocina. Sin embargo, se percató de que la caja la había dejado tirada cuando cayó; bufó y retornó por ella. Al subir las escaleras, se pinchó con un alfiler en su pie, algo bastante doloroso. Juró haber escuchado una risa cuando gimió de dolor, pero lo único que pudo ver fue el nuevo títere de Luan sentado frente a él, mirándolo con burla. Molesto, lo ignoró y siguió su camino, quizá Leni dejó caer el alfiler en algún momento. Tomó su caja que, afortunadamente, no le pasó nada. Escuchó muchos murmullos en el cuarto de Lola y Lana, era Leni quien parecía estar buscando algo. Esta vez decidió no entrometerse, a pesar de sentir curiosidad.

Retomando sus acciones, Lincoln fue al comedor, dejando allí su caja. Fue entonces que alguien tomó su mano, tomándolo por sorpresa.

¡Ay! —Lincoln retiró su mano rápidamente.

Soy yo, Lincoln… —Lucy había hecho aparición—, me preguntaba si tenías tiempo para escuchar mis poemas antes de irte a la con-cómic. Quiero saber qué opinas…

Lincoln, algo ya más calmado, asintió con la cabeza. Fueron a la sala, sentándose ambos en el sillón. Al menos, el peliblanco podía calmarse un poco con ayuda de Lucy, sus poemas, aunque fueran sombríos, resultaban relajantes y un alivio para sus pesares, usualmente porque trataban de casos pesimistas y fatales donde todo podría terminar muy mal; todavía recordaba ese poema que escribió llamado "Fracaso" el día en que iba a entregar un proyecto importante sobre su familia.

El tiempo pasaba volando y unos cuarenta minutos terminaron perdiéndose entre los reconfortantes y, a la vez, escalofriantes versos de la gótica, además de una charla constructiva por parte de Lincoln quien no dejaba de incitar a Lucy a seguir mejorando y que estaba seguro de que estaba en un buen camino. La niña agradeció a Lincoln por su atención y este sólo le dijo que cualquier cosa que necesitara, que sólo le dijera, haciendo que la chica sonriera de forma muy discreta. Sin darse cuenta, el ambiente de la casa estaba ya más "normal" sabiendo que el ruido presente era un total caos. Lincoln fue a la cocina, no sin antes percatarse de que la caja siguiese donde la dejó. No recordaba muy bien su posición, pero al menos la caja seguía allí. Llegando pudo ver que los platos que había servido ya estaban vacíos, las gemelas ya habían desayunado y Leni también estuvo ahí, pues cuando visualizó la superficie del inmueble pudo ver un smoothie situado ahí con una etiqueta en donde venía escrito su nombre. Lincoln sonrió y recogió los platos, poniéndolos en el fregadero.

¡Buenos días, hijo! —el señor Lynn saludó a su hijo. Lincoln correspondió el saludo—. ¿Ya desayunaste, campeón?

No, papá, pero admito que tengo hambre.

No se diga más, te haré unos waffles estupendos, hijo. Hoy será un gran día, ¿no es cierto?

Lincoln sonrió.

Lo espero de todo corazón.

Verás que así será —el señor Lynn procedió a encender la estufa y no tardó mucho en prepararle el desayuno a su hijo. Por otro lado, Lincoln se limitó a tomar su smoothie y sentarse, al probarlo, admitió que Leni tenía muy buenos gustos, sacándole una sonrisa.

Pasaron de las diez y Lincoln continuaba con una ansiedad que incrementaba conforme el tiempo pasaba, comenzó a mover su pierna y no paraba de sentirse nervioso, además de tener esa sensación en su pecho que no paraba de hacerle sentir presionado, irónicamente, era una presión impuesta por sí mismo. Dicho esto, la impaciencia surtió efecto, llevando al albino a querer irse ya. Agradeció a su padre por el desayuno y le avisó que se retiraría a la convención. El señor Lynn le deseó mucha suerte y esperaba que todo saliera bien, Lincoln tenía esa esperanza también. Así, el joven Loud salió de su hogar.

Antes de irse, se despidió de quienes estaban cerca de la puerta, entre esas personas estaban Lucy y su madre, quien cargaba a Lily en esos momentos. Tomó la caja que había puesto en la mesa y salió a su tan ansiado evento; igualmente le pidió a Lucy que le dijera a Leni que le deseaba la mejor de las suertes, ella asintió para entonces darle el pase de irse.

En el camino, Lincoln no dejaba de divagar en sus propios pensamientos acerca de los eventos que estaban por acontecer ese día, iba a ser largo y pesado y no porque fuera realmente un martirio el tener que estar donde estaba, sino porque estaba arriesgando todo lo que había trabajado durante las últimas dos semanas, un esfuerzo bastante agotador y donde llegó a tener leves frustraciones por la falta de ideas, además de no mostrar facetas ocultas de su familia, porque sabía bien cómo reaccionarían si en una de aquellas viñetas se llegara a revelar algo indeseado sobre ellas. Todo ese trabajo que ahora poseía entre sus manos era una reliquia invaluable, sobre todo en el peso emocional.

¿Será suficiente? ¿Podré ganar con esto? ¿Habrá mejores que yo? —sus manos iniciaron a sudar, la verdad era que no se había planteado esos cuestionamientos hasta esos momentos, algo que lo hacía sentir mucho más pálido y nervioso. Su cuerpo se inundaba en adrenalina, experimentaba un miedo inusual provocado por la incertidumbre. Inspiró hondo y trató de tranquilizarse—. Todo saldrá perfecto, ¡lo veras, Lincoln! Este esfuerzo no fue por nada, lo harás, ¡tú puedes, tú puedes! —animándose así mismo, el albino retomó sus fuerzas.

No estaba muy lejos de la convención, podía acortar el camino cruzando por un parque, en el cual estaban haciendo limpieza general ese día, barrían y cortaban el césped; para fortuna de uno de los trabajadores, habían comprado una nueva maquinaria para podar. Lincoln veía de lejos el parque y observaba como limpiaban todo. Prefería no arriesgar su trabajo entrando allí, podía ahorrarse unos 20 minutos fácilmente, pero había decidido rodear.

Finalmente, llegó a la convención. Muchas personas estaban ya ahí. Tanto niños como jóvenes paseaban con diferentes atuendos y demás, otros cargaban los bolsillos llenos para comprar artículos de sus series favoritas y otros solamente estaban ahí por ocio. Lincoln entró y lo primero que captaron sus ojos fue el cartel del concurso, el cual se había puesto en internet unas semanas antes. Suspiró y agarró con mayor firmeza su caja, una sonrisa determinada y de valor se presentó en su rostro. Con pasos firmes fue adentrándose a la convención; sin embargo, una inesperada llamada lo interrumpió. Lincoln sacó su celular del bolsillo, se trataba de su amiga Stella.

¿Bueno…?

Hola, Lincoln —habló ella por el otro lado de la línea—, ¿te enteraste de la con-cómic de hoy?

¡Hola, Stella! Sí, me enteré de la convención hace un tiempo. De hecho, ya estoy aquí…

¿Tan temprano? Sí que eres aficionado —rio levemente. Lincoln correspondió.

Sí, fíjate que me percaté del concurso que llevarían a cabo y la recompensa que obtendría si ganaba y lo hice.

¡Ah, es cierto! El de los cómics, ¿y de qué es tu cómic? —preguntó curiosa.

¿Mi cómic? —miró su caja un momento y sonrió—. Es sobre mi familia

Eso es muy lindo, Lincoln, pero…, ¿no crees que tu familia se enfade?

Sí, es arriesgado —se rascó la nuca nervioso—, pero lo tomarán bien…, ¿sabes? Sería bueno que estuvieras aquí para brindarme apoyo.

Me encantaría Lincoln, pero no puedo. Estoy con mi mamá haciendo las compras, pero, ¿podrías léeme un poco de tu cómic? —sonrió.

Oh, entiendo —Lincoln reaccionó de pronto ante lo último—. ¿Leerte de mi cómic? Bueno, quizá solo una parte —rio nervioso—. Espera —se acomodó el teléfono. Lincoln abrió la caja que traía y lo que vio lo dejó enmudecido. Sus ojos se abrieron de la sorpresa y un súbito escalofrío recorrió todo su cuerpo.

¿Lincoln?

—… —aún sin palabras, Lincoln cerró la caja con rapidez.—Stella, tengo que irme. Adiós —y colgó sin dejarle la oportunidad de decir nada más.

Lincoln estaba consciente de una sola cosa, su cómic corría un grave peligro y también tenía pendiente otra, el concurso de Leni iniciaría a las doce de la tarde y el sitio donde se llevaría a cabo estaba casi al doble de distancia del que acababa de recorrer hacia su ida a la convención. Debía ahorrar todo el tiempo posible y más sabiendo que su reloj ya marcaba las 10:55 a.m. El tiempo no era un factor que estuviera ahora presente de su lado.

¡No, no, no , no! ¡¿Cómo fue esto posible?! ¡No tiene sentido! ¡No lo tiene! —comenzó a correr desenfrenadamente—. ¿Por qué Leni haría esto? No, no fue ella, seguro Lola o Lana lo hicieron por accidente, bueno, ¡no importa! El punto es llegar ya —Lincoln sacó su teléfono, iba a marcarle a Leni mientras corría.

Durante su recorrido, se topó de nuevo con el parque, no podía desperdiciar el tiempo así que pasaría por ahí. La caja la tomó con mucha firmeza y daba su máximo esfuerzo para recorrer el parque entero. Algunas personas veían pasar al albino como un viento repentino, mientras que otros sólo se centraban en seguir sus actividades: como la limpieza del parque. Lincoln buscaba el contacto de su hermana en su celular.

Vale, será mejor que le marque antes de que suceda algún… —Lincoln, al estar tan centrado buscando el contacto, no se percató de una pequeña elevación, en la cual su pie terminó por tropezar. Lincoln aventó la caja sin querer, haciendo que se abriera. Por otra parte, uno de los trabajadores del parque no se había percatado de ello, traía audífonos y simplemente continuó podando el césped, mientras tarareaba y miraba hacia el cielo, haciendo movimientos con sus dedos: era un hombre muy despistado—…, Auch… —el albino se sobó la cabeza. Se aturdió un poco por el impacto—, ¿dónde…? —apenas recuperándose, pudo percatarse del hombre que pasaba por ahí cerca con la podadora. Lincoln se alzó un poco y, finalmente, vio la caja abierta en la tierra—. Espera… —el hombre se acercaba más—. ¡Espera! —Lincoln se levantó con un puje masivo de adrenalina y, aunque llegó a la caja, se quedó estupefacto—. ¡¿Dónde están?! —y cuando vio más al frente, el hombre había pasado su podadora. La maquinaria se atascó, desconcertando al hombre quien detuvo la podadora y concentró su atención en lo que había detenido su trabajo.

En ese momento, todo lo que Lincoln sentía era horror y una culpa gigante posándose sobre sus hombros.

Dios…, dime…, que no es verdad… —el hombre se agachó y de allí sacó lo que era un trapo bastante desgarrado a causa de la podadora, no, no era uno, eran dos. El hombre extendió dichos trapos y al verlos mejor se percató de que eran dos vestidos llenos de tierra, desgastados y deshechos: ya eran basura—. No… —el alma de Lincoln abandonaba su cuerpo a voluntad y todas las ganas que tenía en la mañana, se desvanecieron en ese instante—. No…, —las lágrimas no tardaron en brotar de sus ojos—. ¡No! —emitió un fuerte gritó que se escuchó en todo el parque. El desgarre emocional que sintió en ese momento fue incomparable, hubiera deseado que el día terminase ahí…, pero apenas estaba comenzando…