Ava estaba feliz.

Esa era la primera competencia de baile en la que había participado. Y que hayan pasado la primera fase, que hayan sido elegidos para avanzar a las regionales, la hizo sentir que habían superado sus expectativas.

Llegó a su casa y contagió a todos con su felicidad, contando las anécdotas del viaje y de la competencia. Su padre no estaba, porque como era costumbre estaba trabajando. Pero su mamá, Ashley y Amy estuvieron y escucharon con atención cada pequeño detalle que tuvo ganas de relatar.

Al otro día, llegó al colegio sintiéndose con la energía renovada. Se juntó con Astra, Konane, Kuasa, Gary, Mona y Nora en la entrada, y los llenó a ellos de anécdotas también.

— Al parecer la pasaste bien. — Comentó Astra, feliz de ver a su amiga tan animada.

— Más que bien, estuvo increíble. — Dijo con una sonrisa.

— Ojalá la próxima vez podríamos ir con ustedes. — Deseó Gary.

— Bueno, lugares en el autobús sobraban, tal vez le podemos pedir permiso a Rip. — Propuso Ava pensativamente,

— Si, nos gustaría verlos bailar y competir. — Asistió Nora.

— Y animarlos. — Agregó Kuasa.

Ava entró al aula dispuesta a intercambiar miradas cómplices, sonrisas y palabras de aliento con alguna de las Leyendas. Y así lo hicieron, por lo menos hasta que llegó Sara. La chica llegó al mismo tiempo que la profesora y se sentó en silencio sin registrar a ninguno de sus compañeros. Ava la observó durante las clases de ese día. Ella estaba perdida, nuevamente en su propio mundo; y lucía unas ojeras que demostraban lo poco que seguramente había dormido. ¿Habría tenido pesadillas como en el autobús? Ava intercambió miradas preocupadas con las demás Leyendas, y hasta intentaron hacerla participar de algunas conversaciones, pero la chica no dio señal de registro.

Sara recién reaccionó con el tema de que alguna madre o padre tenía que ir a la clase de presentación de trabajos y profesiones. Por un momento, Ava se sorprendió porque pensaba que la otra no había estado prestando atención a la clase. Pero, cuando lo pensó mejor, se dio cuenta que la chica, por más que parecía ausente, había demostrado en más de una ocasión que podía registrar en alguna parte de su ser la información de lo que ocurría a sus alrededores. Ava notó el pánico de la otra ante la idea de que su madre se presentará a la clase, tanto que hasta incluso preguntó qué pasaba si no cumplía esa tarea. Lo disimulaba bien y probablemente podía esconderlo ya que aparentaba rebeldía, pero Ava sentía que había algo más profundo. ¿Cómo sería la relación que ella tenía con su madre?

Todavía quedaban más sorpresas para ese día.

Con lo cansada que lucía Sara, Ava nunca imaginó que fuera a frustrarse ante el hecho que Rip les diera el día libre para descansar. Sin embargo, eso fue lo que ocurrió. Sara salió del gimnasio a toda velocidad pareciendo enojada.

— ¿Saben qué le pasa? — Pidió saber ella a sus compañeros.

— No. — Negó Zari.

— Creo que todos la vimos, está así desde que llegó al colegio. — Dijo Charlie pensativamente.

— Y no estuvo muy comunicativa, no habló con nadie. — Agregó Ray, preocupado.

— ¿Habrá tenido algún problema en su casa? — Preguntó Ava.

Con esa pregunta dio voz a lo que probablemente todos habían imaginado, porque no había habido mucho más tiempo para que pase otra cosa desde que volvieron del viaje. Como si todos supieran que Jax era la persona que más cercana era a Sara, se encontraron todos mirándolo, expectantes a que diera su opinión...

— Bueno, ella no tiene una buena relación con su madre y Malcolm. Así que es posible. — Opinó Jax, luego de pensarlo por unos largos segundos.

— ¿Quién es Malcolm? — Preguntó Amaya.

— La pareja de su madre. — Respondió Zari.

La conversación no avanzó mucho más, porque no tenían más información para intentar hacer algo. Al no saber qué le pasaba en verdad, sólo podían suponer. Tal vez Sara sólo tenía un mal día y estaba de mal humor.

Ava hizo sus tareas con Amaya, Nate y Ray. Una vez que terminaron se fue a su casa. Así tan rápido como llegó, tuvo que irse. Su hermana Ashley se había olvidado el celular y su madre le pidió que se lo llevara al gimnasio, ya que ella no iba a dormir en su casa esa noche.

Entró al gimnasio, buscó a su hermana y le dió su celular. Luego tuvo la intención de volver a su casa, pero algo la detuvo. Sara estaba allí, boxeando.

La observó por un rato. Era evidente que la chica estaba cansada y todavía no podía entender cómo su cuerpo seguía funcionando. Estaba agotada, pero cada golpe que realizaba era determinado, fuerte y preciso. Finalmente reaccionó cuando vio que la otra necesitó agarrarse de la bolsa para no derrumbarse en el piso.

Ava la convenció de dejar de entrenar y la llevó hasta el vestuario para curarle las manos. Para su sorpresa Sara se dejó curar y Ava apreció el poder verla en ese estado vulnerable, sin murallas. Ava quería ayudarla, poder calmar aunque fuera un poquito de lo que le atormentaba su mente. Así que la invitó a un café. Al final pidieron chocolates, porque Sara bromeó con que si quería que ella descansara debían evitar el café. Ava pensó que sin importar que tomarán Sara iba a igualmente caer rendida a la noche, porque estaba agotada. Pero se guardó esa opinión para sí misma y le llevó la corriente con tomar un chocolate.

— Entonces… — Dijo ella, aclarándose la garganta una vez que llegaron sus chocolates. — ¿Me vas a decir que te pasa? — Se animó finalmente a preguntar.

Sara se mantuvo callada por unos minutos, sin responder su pregunta. Ava no sabía cómo sentirse con eso. No quería presionarla a hablar, pero tampoco le gustaba verla en esos estados de autodestrucción. ¿Cómo se hace para ayudar a alguien que no quiere ser ayudado, o que no sabe cómo pedir ayuda?

— No sé cómo hablar de lo que me pasa. — Respondió Sara, sorprendiendo a la otra, ya que había pensado que se iban a mantener en silencio y hasta estaba empezando a aceptar que su presencia tenía que ser una suficiente manera de hacer algo.

— Por donde quieras. — Dijo ella, intentando darle algo de calma. — Sara yo no voy a obligarte a hablar de nada que no quieras hablar, pero para lo que sí quieras y puedas acá estoy para escucharte. — Explicó sus intenciones.

— Es que es todo tan difícil desde que vine a vivir acá, mi madre y Malcolm… yo no me llevo bien con ellos. — Dijo Sara, probando expresar algo de todo lo que le ocurría en su caótica vida.

— Las relaciones son difíciles. — Afirmó ella, intentando incentivar a la otra a que continúe hablando.

— Esto es más que difícil, es… — Dijo Sara y bufó ante la frustración que sentía. — Mi mamá no quería tener una segunda hija ¿Sabés? Y bueno, yo para ella soy un recuerdo constante de que soy un error, y de que no soy mi hermana. Y además de un error soy rara porque soy bisexual. Sin importar lo que haga, para ella soy una decepción. — Expresó lo que sentía.

— Ella debería estar orgullosa, eres una gran chica. Ella es quien sale perdiendo por no apreciarte. — Dijo ella, con sinceridad.

— Pensé que te caía mal. — Comentó Sara en modo de broma, para sacar tensión a la situación.

— Tal vez lo sigas haciendo. — Continuó ella la broma y ambas rieron. — En serio Sara, nosotras habremos tenido nuestras diferencias, pero hasta yo a pesar de eso puedo admitir que eres una buena persona. Si tu mamá no lo ve, ella está ciega o loca, o no sé. — Intentó animarla.

— Gracias. — Agradeció y le dedicó una pequeña sonrisa. Se volvieron a fundir en un silencio, pero esta vez cómodo, mientras ambas tomaban su chocolate.

— ¿Y tu papá? ¿Cómo te llevabas con él? — Cuestionó ella. Sabía que se arriesgaba a perder la mejora de humor que había generado en la otra chica, pero la pregunta se escapó sola antes de que pueda pensarla mucho.

— Chocabamos bastante porque él tenía mi mismo carácter, pero nunca dude de que me amara, lo hacía con gran intensidad. Y siempre me apoyaba en todo lo que quería hacer y estaba orgulloso de cada una de esas cosas. — Respondió Sara, algo melancólica, perdiéndose en sus recuerdos. Si le molestaba que Ava haya sabido algo sobre su padre porque usó el tiempo pasado en su pregunta, no lo dejo saber.

— ¿Y tu bisexualidad él si la aceptaba? — ´Le preguntó Ava, con curiosidad.

— Si, creo que no la terminaba de entender del todo, pero la aceptaba. Me decía: "mientras vos seas feliz y no hagas mal a nadie, hace lo que quieras sin explicaciones". — Respondió Sara, una pequeña sonrisa dibujándose en sus labios al repetir las palabras que había escuchado decir a su padre más de una vez. — ¿Y vos? ¿Cómo te llevas con tus padres? — Cambió el giro de la conversación. Después de hablar temas tan intensos y personales necesitaba quitarse la atención de ella misma.

— Creo que tenemos una buena relación. — Respondió pensativamente. — Ambos son muy estrictos y trabajan mucho, pero están cuando los necesito. Y sé que lo de ser estrictos lo hacen porque les importo, y porque es la manera que aprendieron a ser ellos. — Agregó tratando describir su relación.

— Suena lindo. — Apreció Sara.

— Con mi papá solía ser más compinche cuando era niña, pero desde que es senador que lo notó más ausente, como si sus prioridades estuvieran en su trabajo y se olvidara de las responsabilidades familiares. — Ella le confesó algo que le venía pesando desde hace un tiempo.

Con las únicas personas que se sentía cómoda hablando de eso era con sus amigos más cercanos, pero quería abrirse con Sara porque su personalidad le daba seguridad y porque la otra había confiado algo en ella, por lo que sentía que debía devolverle esa confianza.

— ¿Tu papá es senador? ¿De Starling? — Preguntó Sara sorprendida. Ava rió ante su reacción y asintió. — Bueno, imagino que su trabajo debe ser importante y demandarle mucho tiempo, pero eso no significa que deba descuidar a su familia, al menos para mí. — Dió su opinión.

— Además lo peor es que cuando sí está, siempre está pensando en la imagen que damos, y qué es correcto o no hacer para su figura pública. Realmente es frustrante a veces. — Explicó ella con tristeza.

— Eso debe ser molesto, es como si diera el mensaje de que la imagen que dan es más importante que la relación que en verdad tienen. — Comentó Sara, asimilando lo que la otra decía. — Tal vez deberías hablar con él, puede que esté tan sumergido en el trabajo que ni note que sucede. — Sugirió.

— Tal vez. — Asintió ella pensativamente.

Una vez que terminaron el chocolate y ambas se sintieron listas para irse, le ofreció a Sara llevarla hasta su casa. Después de insistir un par de veces, Sara aceptó. Eso la hizo sentir aliviada, porque la chica lucía muy cansada, y le preocupaba que se fuera caminando o andando en skate. Durante el viaje escucharon la radio y se divirtieron cantando las canciones en voz alta, compitiendo a quién adivinaba el nombre de la canción y el artista que la interpretaba. La llevó hasta la esquina de su casa, y al hacerlo se dio cuenta que vivía bastante lejos del colegio. Eso la hizo apreciar de otra forma el hecho de que la chica siempre iba al colegio caminando o en skate.

— Gracias. — Agradeció Sara, con una gran sonrisa. — Por todo. — Aclaró, haciendo saber que no se estaba refiriendo solamente al viaje.

— De nada. — Aceptó ella. — Ahora anda a descansar. — Le indicó, recordándole que se cuide a sí misma.

Sara se acercó a ella y por un momento Ava sintió que se había quedado congelada en su lugar. La invasión de su espacio personal había generado extraños sentimientos dentro de ella. Sara le dio un beso en la mejilla como si fuera lo más normal del universo, luego se bajó de la camioneta y se fue hacia su casa.

Ava no entendía por qué había tenido esa reacción. Así que no se lo cuestionó mucho. Sara había hecho simplemente lo que la mayoría de las personas hacían para saludar a otra. Por lo cual no valía la pena enroscarse mucho con el asunto, ni darle más importancia del que merecía. Lo más probable era que se había sorprendido, la había agarrado desprevenida porque nunca antes se habían saludado con un beso.

La semana continuó tranquila. Antes que pudiera notarlo ya era viernes, y se encontraba con Nora haciendo compras. Nora había aceptado ir al casamiento con Ray, así que quería comprarse un vestido. Por eso le pidió a Ava que la acompañara, para que la ayude a elegir.

Después de dar muchas vueltas de tienda en tienda, a Ava le pareció encontrar el vestido indicado. El vestido era celeste pastel, tenía unas pequeñas mangas que quedaban caídas de los hombros y marcaba la altura de la cadera con un pequeño elástico, haciendo que el resto del vestido caiga perfectamente.

— Ten, prueba este también. — Le dijo ella, pasándole el vestido a través de la cortina del probador.

— ¿Celeste? — Preguntó Nora sorprendida, ella no era muy fan de ese color.

— Solo pruébalo, me parece que te puede quedar bien el estilo. — Insistió ella.

Nora volvió a cerrar el probador y se probó el vestido. Cuando Ava vió salir a su amiga del probador supo que habían encontrado el vestido indicado, y que ambas coincidían en eso.

— Tenías razón, es hermoso. — Admitió Nora, con una sonrisa.

— Sos hermosa y te queda hermoso. — Aseguró ella, dando su aprobación.

— ¿Estamos de acuerdo con qué es el indicado? — Pidió saber Nora, volviéndose a mirar una vez más en el espejo.

— Si. — Afirmó ella.

Mientras Nora pagaba el vestido, Ava atendió una llamada de Gary. Él quería hablar con ellas. Así que cuando salieron de la tienda de ropa fueron para su casa. Ellos tres tenían una amistad especial porque se conocían desde jardín de infantes, y sin importar el paso del tiempo, y sin importar cuanto cada uno iba cambiando se continuaban eligiendo.

— Tuve relaciones con John. — Confesó Gary a sus amigas.

— ¡No puedo creerlo! ¡Contá todo, quiero detalles! — Exclamó Nora.

— No todas queremos tantos detalles. — Aclaró Ava con cara de disgusto, y eso hizo que los otros dos se rieran.

— Fue inesperado. Nos besamos y después una cosa llevó a la otra y paso. Tuve miedo de que fuera raro, pero me gustó. — Explicó emocionado.

— ¿Y ahora qué? ¿Son novios o algo? — Pidió saber Ava.

Tenía miedo que Gary sufra por la lista de personas con las que John había estado: Desmond, Esrin, Guinevere, Nathalie, Sara, Zari. Aunque, ahora que lo pensaba bien, no sabía si con Sara había pasado a ser algo más que besos, pero tampoco le interesaba averiguarlo.

— No lo sé, él todavía no se recupera de la pelea que tuvo con su ex, con Desmond, él le partió el corazón. — Respondió Gary. — Así que por ahora vamos a ir de a poco, conociéndonos y sin definirnos. — Agregó a modo de explicación.

— Me alegra que finalmente vayan a explorar su relación porque sé que él te gusta mucho desde hace tiempo, pero ve con cuidado, ¿si? — Pidió Ava de manera protectora.

— Si, entendemos que a John le hayan roto el corazón, pero nosotras somos tus amigas y no queremos que nadie te lo rompa a vos. — Sumó Nora.

Después de que la conversación terminará, Nora le mostró el vestido. A Gary le encantó, y así hablaron un rato del casamiento que Nora tendría al día siguiente. Luego los tres se pusieron a hablar de todo y de nada, mientras miraban una película vieja. Y Ava se preguntó si ese era el momento oportuno para contarles que era lesbiana. Pero todavía no se sintió lista para hacerlo, porque todavía esa palabra sonaba rara en su mente. Ella sabía que sus amigos iban a aceptarla y apoyarla, pero primero debía hacerlo ella misma.