Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es MrsK81, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.
Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is MrsK81, I'm just translating her amazing words.
Thank you MrsK81 for giving me the chance to share your story in another language!
Capítulo 19
—Lindo, ¿eh? —me preguntó Edward mientras paseaba por la Suite Oriental.
—Meh. —Me encogí de hombros—. No es el peor hotel donde me he quedado.
—¿No es el peor? ¿Es todo lo que vas a decir? —Edward alzó una ceja e intenté no reírme—. Mi orgullo está recibiendo una paliza, Bella.
—¿Creíste que podrías impresionarme con una suite de hotel? —bufé—. Qué poco me conoces, Sr. Cullen.
—Sí, quizá tengas razón. —Me guiñó y me ofreció su mano, que acepté gustosamente—. Necesito llamar al cliente, luego Emmett quiere que nos reunamos para finalizar nuestra oferta.
Asentí.
—¿Necesitas que haga algo?
—En realidad no. —Me acercó más a él y besó mi frente—. Puedes quedarte con nosotros y ver una película.
—¿Estás jugando? —hice una mueca y frunció el ceño—. No los esperaré aquí todo el día. Si no me necesitan, iré a dar un paseo afuera o algo así.
—Afuera… ¿en la ciudad? —preguntó como si estuviera a punto de aventurarme en una zona de guerra.
—Sí. —Casi me reí de su ridiculez.
—No lo creo. No si vas sola.
—Creo que puedo arreglármelas para ver ambos lados de la calle antes de cruzar y puedo evitar subirme a carros de desconocidos. —Rodé los ojos y lo empujé.
—No estoy seguro de que me guste esta idea —dijo en voz baja, sacudiendo la cabeza.
—Edward, no te estaba pidiendo permiso —le dije con naturalidad—. Puedes ir a llamar a tu cliente y prepararte para tu reunión, y yo te veré más tarde.
—Bella —comenzó a decir, pero alcé un dedo.
—No me quedaré aquí sentada sin hacer nada, Edward. —Agarré mi bolso y chaqueta, y me dirigí a la puerta—. Cuando tú y Emmett terminen, llámame y regresaré.
—De hecho, creo que hay unas notas que tienes que transcribir. —Señaló su maletín y me puse las manos en las caderas, fulminándolo con la mirada—. ¿Y si necesitamos café? Deberías quedarte y asistirnos tal como te pagan por hacer.
—¿Es en serio? —siseé y asintió una vez.
—Te están pagando por estar aquí, Bella. Recuérdalo.
—Sí, sé que estoy aquí para trabajar —siseé—. Pero no mencionaste nada de esas notas misteriosas cuando sugeriste que me quedara a ver una película, Edward.
—Pues ya lo estoy diciendo ahora. —No tenía intención de ceder y no tenía sentido luchar contra ello.
—Cabrón. —Aventé mi bolso a la cama y le dediqué mi mirada más letal antes de caminar de regreso a la sala—. Dame esas notas que necesitas tan desesperadamente y comenzaré con eso.
—Claro —murmuró, incapaz de verme a los ojos—. ¿Puedo pedirte una taza de café?
—Por supuesto, Sr. Cullen —respondí fríamente e hice lo que me pidió.
Me paré ahí golpeteando el pie mientras lo preparaba, intentando mantener en control mi temperamento porque no quería decir algo de lo que me arrepentiría y arruinar nuestro viaje juntos en la primera hora desde que llegamos. Al acercarme a él con la taza en mi mano, me miró con ansiedad.
—¿Me vas a aventar eso?
—Eso sería desperdiciar un café perfectamente hecho, señor. —Le ofrecí su bebida y la tomó.
—Gracias —dijo y sonrió como si no pasara nada malo—. Podemos ordenar comida a la habitación si quieres. ¿Tienes hambre?
—Para nada —espeté y regresé a la laptop para transcribir las notas. Él permaneció ahí, mirándome durante unos segundos, así que dije—: ¿No tienes que hacer una llamada?
No dijo nada, pero escuché que azotó la puerta de la habitación y después oí su voz mientras hablaba con alguien. Presté atención y pronto tuve la impresión que la primera suposición de Edward había estado mal. El agente del cliente sí quería reunirse hoy para las primeras presentaciones… en nada menos que una hora.
Edward asomó la cabeza por la puerta y tapó el teléfono con una mano.
—Llama a Emmett y dile que suba ya. Luego haznos una reservación para comer abajo; ellos vendrán a nosotros.
No creía que fuera el momento para ser terca e insubordinada, así que asentí e hice lo que me pidió de inmediato. Una hora y ocho minutos después me encontraba sentada abajo con un Edward muy estresado y un Emmett que se veía exactamente igual que siempre.
—¿Ya me vas a decir quién es este tipo? —susurré mientras esperábamos la llegada de nuestro invitado.
—Laurent Marchand era el antiguo asistente personal de Michael Charles; Gobernador de Texas —dijo Edward por lo bajo.
—Santa mierda —jadeé y Emmett se rio entre dientes.
Michael Charles pertenecía a una de las familias políticas más prominentes en el país. Su padre, abuelo y tío habían estado todos compitiendo por la presidencia en diferentes tiempos y él era el candidato favorito de todos para ganar la siguiente elección.
Inmediatamente comencé a pensar en teorías conspirativas, tramas involucrando a la CIA, NASA, crimen organizado y entendí por qué había tanto secretismo rodeando esta reunión.
—El Sr. Marchan asegura tener en su posesión numerosas fotografías y correos electrónicos que demuestran que estuvo involucrado en relaciones extra maritales con alguien más —dijo Edward y en cuanto vio mi cara, frunció el ceño—. ¿Por qué me miras así?
—Por todo esto —señalé con mi mano los alrededores y lo miré incrédula—, ¿todo esto es por una historia que involucra a un hombre casado engañando a su esposa?
—Él podría ser el siguiente presidente, Bella —dijo Edward y suspiró frustrado—. Son noticias grandes.
Comencé a decir algo más, pero Edward me calló y señaló a los dos hombres acercándose a nuestra mesa. Uno de ellos era extremadamente guapo, alto, delgado y con piel color aceituna – de hecho, parecía más un modelo que un asistente. Se acercó a la mesa con paso confiado, dejando al otro hombre corriendo para alcanzarlo – supuse que este otro tipo era el agente, ya que estaba cargando un maletín y doscientas libras extras de peso. Se veía cerca de los sesenta y tenía una barriga muy prominente que había sido metida a fuerzas en un traje una talla y medio demasiado pequeño. Tal vez esperaba que su comisión de este trato le pudiera comprar un guardarropa nuevo… ¿o una liposucción?
En cuanto se acercaron a nosotros, Edward y Emmett se pusieron de pie, así que hice lo mismo. Edward plantó su sonrisa falsa y profesional, y Emmett… bueno, empezaba a creer que Emmett sólo tenía una versión de sí mismo.
—Buenas tardes, Sr. Marchand —le dijo Edward a Laurent y le dio un apretón de manos antes de llevar su atención al otro hombre—. Sr. Jenks. No esperaba que se encontraran con nosotros en un lugar tan… público.
Jenks se rio.
—Creí que podría comportarse al estar en público, Sr. Cullen. Hice mi tarea, es un negociador difícil.
—Creo que ambos podemos salir felices de aquí. —Edward sonrió tensamente. Señaló a Emmett y dijo—: Él es Emmett McCarty, es del equipo legal de Denali, Dwyer y Hale.
—Gusto en conocerlos —dijo Emmett y estiró el brazo para darles un apretón de manos—. Tengo unas cuantas preguntas para ustedes, ¿qué les parece si platicamos durante la comida?
—Por supuesto —Jenks aceptó y se sentó, seguido rápidamente de Edward y Emmett, dejándonos sólo al Sr. Marchand y a mí de pie.
Miré a Edward esperando que me presentara, pero parecía haber olvidado que yo estaba ahí y estaba demasiado ocupado fingiendo leer el menú. Emmett parecía estar a punto de decir algo, pero negué con la cabeza, apreté los dientes y empecé a sentarme.
—Yo la habría presentado primero —dijo Laurent en una voz teñida con un toque de acento francés. Rodeó la mesa y me sacó la silla mientras me sentaba—. Y definitivamente no la habría olvidado.
—Gracias —dije, sonrojándome fuertemente.
—Fue un honor para mí —sonrió—. Sus colegas parecen haber perdido sus modales.
—De verdad está bien —murmuré.
Edward se aclaró la garganta y me lanzó una gélida mirada.
—Mis disculpas, caballeros. Esta es la Srta. Swan, mi asistente.
—Ordenemos —dijo Jenks, apenas levantando su mirada del menú para reconocer mi presencia.
Lauren tomó asiento frente a mí.
—¿Qué recomendaría, Srta. Swan? —preguntó.
—Oh… yo…
—Escuché que la caballa ahumada es muy buena —interrumpió Edward bruscamente.
—¿Está de acuerdo, Srta. Swan? —insistió Laurent.
—Sr. Cullen —dijo Jenks, viéndome al fin—. Creo que esta reunión podría ser más productiva si sólo estamos nosotros cuatro. En realidad, no necesitamos a la Srta. Swan para nada.
—No estoy de acuerdo —dijo Emmett rápidamente y le dijo a Edward—: Isabella es un valioso miembro de nuestro equipo, ¿no, Edward?
Edward miró a Emmett, luego a Jenks, al final a Laurent, antes de que sus ojos se posaran en mí durante un breve segundo.
—Jenks tiene razón, no hay necesidad de que ella esté aquí y detestaría que distrajera al Sr. Marchand más de lo que ya lo ha hecho.
—¿Distraerlo? —le susurré, pero ni siquiera me miró.
—Srta. Swan, ¿tal vez pueda terminar con esas notas en las que estaba trabajando antes? Pídase algo de comer y que lo lleven a la suite del hotel. La llamaré si necesitamos algo, asegúrese de estar disponible en todo momento hasta nuestro regreso.
Estaba sin palabras, lívida y herida todo a la vez, pero hacer una escena aquí no era la forma de lidiar con esto, así que sólo sonreí.
—Por supuesto.
Apenas llevábamos aquí unas cuantas horas y él ya había actuado como Edward el Cara de Pito en más de una ocasión y eso era una vez más de las que me gustaban. Emmett me sonrió a modo de disculpa e intenté corresponderle la sonrisa débilmente. Sin mirar a Edward, me despedí de Laurent y Jenks, y me disculpé de la mesa.
En cuanto regresé a la habitación, agarré mi equipaje y lo arrastré al elevador. Golpeteé el botón hasta que las puertas se cerraron e hice mi mejor intento por no hacer la madre de todas las rabietas mientras descendía cuatro pisos hacia la habitación que la Sra. Goff me había reservado; la habitación en la que no había planeado pasar ni un solo minuto. Puede que fuera una reacción exagerada, pero el último lugar donde quería pasar la noche era en su cama.
Prácticamente abrí a puerta de una patada y aventé mi equipaje a la habitación, enviándole un mensaje a Amber de inmediato.
Odio San Francisco. B x
Me senté en la cama y suspiré. Sabía que habría una diferencia en cómo se comportaría cuando estuviéramos en la reunión y nunca esperé que fuera para nada cómo era cuando estábamos solos, pero sin duda no era mucho pedir un poco de jodida cortesía o respeto. No había hecho nada para animar a Laurent y él lo sabía. Cabrón.
¿Por qué, qué hizo ahora el Cara de Pito Cullen? ¿Necesito volar a California para patearle el culo? Lo haré. A xx
Sonreí y contemplé pedirle que hiciera justamente eso.
Pues primero que nada, se determinó que era inseguro para mi aventurarme fuera del hotel sin compañía y segundo, me enviaron a mi habitación como una estudiante mal portada mientras los hombres hablan de cosas importantes durante la comida. Se portó como todo un cabrón, Amber. Un enorme cabrón. B x
¡E iba tan bien! Jefe o no, no puede tratar a nadie de esa forma, ¡especialmente no a mi Bella! Puedo estar en un avión rumbo hacia allá en un segundo si me necesitas. Xx
No es necesario el vuelo de emergencia. Yo lidiaré con esto, sólo necesitaba desahogarme. Tengo que transcribir unas notas, pero me niego a hacerlo sentada en mi habitación de hotel. Iré a buscar un lindo cafecito y trabajaré desde ahí. Qué se vaya al carajo. B x
Ten cuidado y diviértete sin Cara de Pito. Llámame más tarde y platicaremos xx
Puse mi celular en modo silencioso, agarré mi laptop y metí las notas en el maletín antes de salir por la puerta. Caminé por ahí durante veinte minutos, siendo extra cuidadosa con evitar a desconocidos y revisando dos veces en busca de carros antes de cruzar la calle, y luego encontré un pequeño café internet con una apariencia que me gustó.
Aparte de mí sólo había otros dos clientes dentro. Elegí una cabina en la esquina más alejada, ordené un café mocha y me puse a trabajar. Al teclear sus notas me fui enojando cada vez más. No tenían nada que ver con este cliente. Era un borrador de una oferta para alguien a quien planeaba acercarse cuando regresáramos a Seattle.
Terminé pronto este trabajo falso y se lo envié por correo. En cuanto terminé apagué la laptop, me recargué en el asiento y pensé en qué hacer después. Al final todos los lugares que pensé en ir a ver no parecían tan interesantes estando sola.
Después de dos cafés mocha y varias ideas descartadas, decidí regresar al hotel y disfrutar de un poco de tiempo para Bella. Cortesía del Sr. Cullen y la Suite Oriental, me hice una cita en el spa para un tratamiento Oriental Harmony, el cual fue la hora y cincuenta minutos más celestial que pude haber esperado experimentar después de haber empezado tan mal la tarde.
Fui remojada, limpiada, exfoliada, tallada, pulida y luego masajeada – dejándome tan relajada y rejuvenecida que olvidé todo el desastre que había sido el primer día en San Francisco. Subí a mi habitación en un dichoso estado de felicidad.
Saqué mi celular para enviarle un mensaje a Amber y vi que tenía diecinueve llamadas perdidas, mensajes de voz y de texto de un Sr. Cullen muy persistente. También había dos llamadas de un número local que asumí era del hotel.
¿Dónde estás?
—No es de tu maldita incumbencia —murmuré.
¿Podemos hablar? Por favor E x
—No.
Ya se terminó la reunión. ¿Dime dónde estás e iré a ti? E x
—Vete al carajo.
En serio, ¿dónde estás? E x
Con un suspiro enojado le envié un mensaje.
Estoy en mi habitación y a menos de que me necesites para algo relacionado al trabajo – no, no podemos hablar. B
Eres un jodido cabrón.
Me arrepentí de ese último mensaje en cuanto lo envié – no porque no fuera verdad, sino porque no quería que supiera lo mucho que me había afectado. Casi de inmediato mi celular comenzó a sonar y no tuve que molestarme en revisar la pantalla para saber quién era.
—¿Sí, Sr. Cullen? —dije entre dientes.
—¿Dónde estás? —preguntó con voz suave—. Estaba preocupado.
—Esas son mierdas —espeté—. Sólo querías a tu acostón para cuando terminara la reunión.
—Bella —suspiró—. Fue para complacer al cliente…
—Esas son mierdas —repetí—. El cliente no parecía ofendido con mi presencia en la mesa; de hecho, parecía muy contento conmigo. Fue el gordo sudoroso el del problema… y tú, claro.
—Yo no… por favor, Bella. ¿Dónde estás? Iré contigo y podremos hablar. —No sonaba a Edward ni al Cabeza de Pito justo ahora e intenté no dejar que su vulnerabilidad en el teléfono me conmoviera.
—Mira —suspiré—. Creo que es mejor si sólo…
—No digas eso —dijo rápidamente—. Lo que sea que fueras a decir, no lo digas. Lo siento. Me siento como un cabrón, Emmett ha estado recordándome toda la tarde que de verdad soy un cabeza de pito. Por favor, Bella. Necesito verte.
—No. —Cerré los ojos y reproduje en mi cabeza la escena durante la comida para recordarme por qué estaba tomando esta postura—. De verdad no quiero verte justo ahora, así que a menos de que necesites algo relacionado al trabajo, voy a colgar.
—Entonces, ¿puedes almorzar conmigo mañana? —preguntó con tristeza—. Necesitamos despejar el ambiente antes de la siguiente reunión donde tu presencia es necesaria… en realidad, fue exigida.
—Bien, podemos hablar en el almuerzo —acepté con reticencia y esperé que mi enojo no hubiera disminuido para entonces.
—Y tengo que hacer algunas modificaciones al contrato; puedo bajártelo si me dices cuál es el número de tu habitación.
—No, yo iré a recogerlo. Asegúrate de dejarlo junto a la puerta y que tú no estés cerca —le dije cortantemente y colgué.
Renegué conmigo misma todo el camino hacia su suite y cuando llegué, la puerta estaba entreabierta. Toqué dos veces y dije su nombre, pero no recibí respuesta.
—¿Edward?
Abrí la puerta y busqué las notas, pero no estaban ahí. Gruñí frustrada y siseé.
—Te dije que lo dejaras junto a la puerta, cabrón.
—Perdón, tuve que atender una llamada. —La cabeza de Edward se asomó por la puerta de la habitación, tenía el teléfono pegado al oído—. Las dejé en el mostrador del baño.
—¿Por qué ahí? —le pregunté, pero se fue de nuevo—. Imbécil.
En cuanto abrí la puerta del baño sufrí de un serio caso de pérdida de memoria y el por qué estaba enojada con Edward pareció desaparecer de mi mente. No había señales de ningunas notas, pero era difícil estar segura ya que el baño estaba casi a oscuras y la única luz provenía de pequeñas velas en el mostrador, la orilla de la tina y en el estrecho alféizar. La tina estaba llena de agua con pétalos de rosa flotando en la superficie. Había una botella de vino dentro de una cubeta de hielos y una copa a un lado.
Lo sentí aparecer detrás de mí y sus brazos me rodearon la cintura.
—Lo siento —susurró en mi oído y apoyó la cabeza en mi hombro—. Tengo una etiqueta de novio de mierda.
—Tu etiqueta de baño parece haber mejorado —dije y se rio a medias.
Respiró profundamente y dijo:
—Siento que todos pueden ver a través de mí, Bella. Es como si supieran, por la forma en que te veo o actúo contigo, que estoy…
—¿Que estás qué? —pregunté y giré la cabeza para verlo.
—Que estoy involucrado contigo —respondió después de vacilar un poco y asentí, molesta conmigo por tener la esperanza de que él fuera a decir algo más—. De cualquier forma, sería un novio terrible, pero nuestras circunstancias complican todavía más las cosas.
Ya no quería seguir discutiendo con él, pero tampoco estaba lista para soltar esto. Me aparté de él para acercarme a la tina.
—Me voy a remojar un rato en la tina, ¿te molestaría cerrar la puerta al salir?
Él me había dicho eso después de ser un cabrón conmigo en su oficina mi primer día y no pude evitar sonreír al decírselo. Edward sacudió la cabeza, pero una sonrisa tiraba de sus labios; lo recordó.
—Claro. Estaré allá afuera trabajando.
Esperé hasta que cerró la puerta y luego me desvestí rápidamente. Al hundirme bajo el agua suspiré contenta. Me quedé ahí sola por quince minutos, luego decidí que sería más placentero si tenía compañía.
Hasta aquí llegó eso de no soltarlo.
—¿Edward? —grité unas cuantas veces, pero no recibí respuesta. Me salí de la tina y me puse una de las batas de cortesía para salir del baño. Edward estaba en la cama con la laptop en las piernas—. Me preguntaba si… —me callé al notar que estaba dormido. Tenía la boca ligeramente abierta y la cabeza caída hacia un lado—. Qué lindo.
Sonreí para mí y luego regresé al baño para terminar lo que hacía. En lugar de meterme de nuevo en la tina, dejé que se fuera el agua, apagué las velas y me uní a Edward en la cama. Moví su laptop y me subí silenciosamente a la cama junto a él.
Me quedé ahí sentada viéndolo por un rato, fascinada por él. Había algo que hacía que me fuera imposible seguir enojada con él, imposible estar lejos de él y de verdad eso me aterraba más que el que él se hubiera comportado tan mal en primer lugar. Le aparté unos mechones rebeldes de cabello de los ojos y me incliné para besarlo suavemente en los labios. Ansiaba y esperaba que se despertara, pero ni siquiera se movió.
Me reí y me acosté, acurrucada junto a él, luego, porque sabía que estaba dormido, susurré:
—Te amo.
Edward…
No merezco tenerla aquí conmigo… pero escuchar eso… escucharla decir que me ama podría ser la cosa más maravillosa de todas. Ya lo había dicho una vez antes, pero esto es diferente, está despierta, sabe que lo está diciendo y lo dice de verdad… carajo, también la amo. La amo, sin embargo estoy fingiendo estar dormido porque soy demasiado cobarde para decírselo a la cara. Carajo.
Ay ese Edward, su necedad de querer ocultar las cosas va a terminar causándole problemas. El viaje todavía no acaba, veamos si nuestra parejita podrá disfrutar del resto de sus días en San Francisco o si se toparán con más problemas.
Gracias como siempre por leer, no olviden dejarme sus comentarios ;)
