NUEVE


Invierno del '03

Mansión Nott

Tiró su cartera sobre una mesa apenas entró al pequeño hall de la casa. Como suponía, él ya estaba en la cocina, preparando algo para cenar. Lo delató el aroma y el sonido del aceite calentándose en la sartén.

"Draco y Astoria van a casarse." Fue su gran anuncio al entrar y sentarse sobre la mesada. Theo ni se inmutó. "Esperaba que te sorprendieras más."

"Ya lo sabía."

"¿Ya lo sabías?" Encarnó una ceja. Daphne no daba crédito a lo que estaba escuchando. "Podrías habérmelo dicho."

"Sabía que le contarías a tu hermana." Le quitó importancia.

"No iba a contárselo." Negó.

Él se mantuvo en silencio.

Cortaba algunas verduras y las volcaba en el sartén que ardía sobre el fuego de la cocina. El lugar olía a ajo y albahaca.

"¿Te molesta?"

"No me molesta." Volvió a negar. Cada vez menos convencida de las palabras que salían de su boca.

"Te conozco, sé que te molesta."

"Bien, lo admito: me molesta que mi hermana vaya a casarse antes que yo."

"Espera, ¿eso es lo que te molesta?" Por primera vez en el día sus ojos azules se posaron en ella. Estaba incrédulo.

"Claramente, ¿qué pensaste que era?"

"Que yo te lo había ocultado. No tiene por qué importante que tu hermana vaya a casarse."

"¿Acaso te olvidaste con quién estás hablando? Soy Daphne Greengrass."

"Sí, y yo soy Theodore Nott."

"¿Sabes qué?" Se puso de pie. "Si no vas a tomarte nada de lo que diga en serio, mejor me voy."

Subió las escaleras y caminó hacia la habitación que ambos compartían. Cerró la puerta de un golpe como para que, si ya no había sido evidente, se diera cuenta de que estaba enfadada.

Se quitó los zapatos, aventándolos al otro lado de la habitación y suspiró, conteniendo las ganas de llorar que la invadían.

Theodore llegó unos minutos después.

Algo se había roto dentro de ella. No sabía lo que era, pero no podía negarlo. Si lo pensaba bien, debía admitir que las cosas venían mal desde hacía tiempo.

Daphne trabajaba demasiado, la oficina le exigía mucho y su padre cada vez le agregaba más y más responsabilidades, lo que se traducía en más y más presión, más y más estrés. El no estaba demasiado alejado de esa realidad. San Mungo lo había contratado hacía ya dos años y lo tenían haciendo distintas pociones todo el día. Incluso muchas veces debía viajar al exterior a buscar ingredientes extraños, intercambiar ideas con otras personas de su área o simplemente a conferencias.

En resumen, el tiempo compartido era poco y se notaba.

No pretendía que todo fuera como cuando eran adolescentes. Pero eso no significaba que las cosas tuvieran que ser así de difíciles.

"¿Puedes bajar y lo hablamos en la cena? La comida se va a enfriar."

Ignoró su petición.

"Creo que debemos tomarnos un tiempo." Murmuró aún sentada en el borde de su cama. Theo, que se estaba acercando hacia ella, se detuvo en el marco de la puerta.

"¿De qué?"

"De nosotros." Aclaró. El cerró la puerta y recostó su cabeza contra la misma. Lo observó cerrar los ojos, como si estuviera bajo dolor. "Creo que nos hará bien. Yo debo concentrarme en mi…" A esa altura ya estaba divagando. "Debemos ordenar nuestras prioridades."

"¿Qué prioridades? ¿Acaso no estás contenta con cómo está todo ahora?"

"Por favor, Theo. ¡Nunca estamos juntos! Ya no tenemos tiempo. No reímos, no salimos juntos, ya casi ni nos acostamos." Dijo lo último en un susurro, como si tuviera miedo de que alguien más pudiera oírla.

"Bueno, hagámoslo ahora entonces."

"No seas ridículo." Eso la hizo enfadarse aún más. "Y no minimices mis necesidades."

"No las minimizo, Daphne, pero tienes que entenderme, me saltas con todo este asunto de la nada. Estoy un poco confundido."

"¡Es que no tendría que ser así! ¡No tendría que confundirte!" Gritó exasperada. "No puedo seguir así. Estamos juntos desde que tenemos dieciséis años, Theo, dieciséis. Pasamos una maldita guerra juntos, nos mudamos a tu casa y aún así…"

Comenzó a llorar. Siempre con la mirada fija en él, siempre observando cómo, poco a poco, se rompían cada vez más sus corazones.

"Siento que estamos estancados."

"Pero, Daph… ¿es por Astoria? ¿Es por eso? ¿Tú también quieres casarte?"

"¡Sí! ¡Claro que sí!" Gritó. "Pero no así, no quiero que sea porque yo te lo pido. ¡Quiero que tú también lo quieras!"

"Nunca lo habíamos discutido." Theo no se movía de la puerta, era como si estuviera pegado a ella por un hechizo.

"Básicamente estamos juntos desde que somos unos niños, Theo, no pensé que había algo para discutir." Intento no llorar aún más. "No creí que fuera un asunto para debatir, perdón por ser tan ingenua."

"Pero, ¿qué vamos a discutir? ¿Los pro y los contra de casarse? La situación sería igual que ahora solo que con una fiesta ridículamente cara."

"No es eso."

"¿Entonces? Es lo mismo, Daph."

"No me alcanza." Explicó. "Comienzo a sentir que no estoy enamorada de ti, sino de la versión que yo he creado en mi mente y eso me asusta. Porque te quiero, Theo, te quiero tanto."

Nunca lo había visto así. Era como si no reconociera a la persona que tenía enfrente. Ella, que había sido su faro en los días más oscuros, ahora le estaba diciendo que todo lo que tenían no era suficiente. Se odiaba por decirlo, sí, pero era lo que sentía. ¿Que clase de novia sería si no le dijera la verdad?

"Nunca me dijiste eso."

"No me había dado cuenta hasta ahora." Murmuró.

"Sabes que te amo."

"¿Pero?" Siempre viene un pero después.

"Pero no puedo ofrecerte más." Negó. Daphne sintió como su corazón se rompía no en uno, pero en cientos de pedazos. "Así que sí, lo mejor sería que nos separemos por un tiempo."

Desde que pronunció esa frase la situación se descontroló.

Ella se movía por toda la habitación en pasos desesperados, hablando (pero sobre todo gritando) mientras movía sus brazos y manos tratando de expresar algo que no sabía lo que era.

No lo quería cerca de ella, no quería que la consolara y le dijera que iba a estar todo bien porque no era así. Pero tampoco lo intentó demasiado.

Se insultaron, se gritaron, ella lloraba y él intentaba abrazarla, pero lo rechazaba. Le dijo que no importaba si la boda era grande o pequeña, que incluso sus padres podían pagarla, pero él se negó. Le suplico que lo considerara, que no tenía que ser ese año, pero él se negó. Le rogó una y mil veces que se olvidara de toda la discusión y volvieran a estar como antes. Pero, ¿a quién iban a engañar? Los relojes no dan vuelta atrás y lo hecho, hecho está.

Preparó una maleta con algunas prendas y salió de allí.

Tic - tac.

Tic - tac.

El reloj siguió avanzando.


Antes que nada: FELIZ AÑO NUEVO! Lamento haber demorado tanto en actualizar.

Que les pareció este capítulo? Espero sus reviews :)