Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es Mr G and Me, yo sólo traduzco.

Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of S. Meyer and the author is Mr G and Me, I just translate.


Thank you Mr G and Me for trusting me with your story!


Los Caídos

Capítulo 8

Bella se me queda viendo, al parecer sin palabras. Menea la cabeza como negado lo que dije, pero se detiene; está claramente indecisa.

—¿Cómo? —articula eventualmente.

—Yo era tu guardián. Conoces mi nombre, Bella. Sé que sí —apelo.

Sacude la cabeza de nuevo, pero sus ojos son un océano de contradicciones.

—No…

lo conoces. Dilo —la presiono, mi voz se vuelve más firme.

Abre la boca varias veces para responderme, pero parece dudar de sí misma y la cierra.

—Es estúpido —concluye en un murmuro, dejando caer la cabeza.

Cruzo la habitación para detenerme a unos cuantos pies de ella antes de estirar el brazo y deslizar mis dedos bajo su mentón, guiando su mirada de regreso a la mía.

—No es estúpido —le aseguro.

Ella me mira, mira al fondo de mis ojos al mismo tiempo que se ve confundida por ellos.

—Tus ojos son tan… simples —divulga su confusión y sonrío.

Suspirando un poco, agacho la cabeza y me quito los lentes de contacto de los ojos. Luego, alzo la cabeza con aprehensión y me encuentro con su mirada, permitiéndole ver finalmente la verdadera naturaleza de mis ojos.

Ella jadea inmediatamente, de forma audible y drástica.

—Oh Di… —exclama, al parecer sin pensarlo conscientemente, antes de que yo intervenga rápidamente poniendo mi palma sobre su boca.

—Por favor intenta no hacer eso —le advierto y cuando asiente con rápida aceptación, quito mi mano—. ¿Cuál es mi nombre, Bella? —la presiono, mi tono se suaviza más en esta ocasión.

D-Dashiel —susurra cuando la expresión más insondable inunda su rostro y antes de, literalmente, derrumbarse frente a mí.

La atrapo, acunándola contra mi pecho desnudo. Ella está llorando abiertamente, tomando un sollozo sin aliento casi silencioso tras otro mientras todo su cuerpo tiembla contra mí. Es tan pequeña; me cierno sobre ella casi un pie más de altura. Pero la sensación de ella en mis brazos, acurrucada en mi piel, va más allá de las palabras, y durante un horrible momento, casi sucumbo ante el más primitivo de los deseos humanos. Igual que hace tanto tiempo.

—Tu piel está muy caliente. —Su voz suena ahogada contra mi pecho y debido a sus sollozos, antes de estar casi seguro de que está plantando sus labios en mi piel.

Aprieto mis brazos a su alrededor por mero impulso, dejo caer mi rostro en su cabeza e inhalo su dulce aroma en lo más profundo de mis pulmones. Ella sigue aferrándose a mí, al parecer sin inquietud, incluso cuando mis acciones empiezan a llegar al límite de lo inapropiado.

Tiene la piel más suave y sedosa que alguna vez he contemplado. He pasado la mayor parte de mi existencia humana evitando todo contacto con mujeres y me encuentro profundamente afectado.

Una batalla se desarrolla dentro de mí, entre mi mente racional y el magnetismo físico de mi muy verdadero cuerpo humano. Pero antes de poder contemplar la noción de rendirme ante lo último, Bella se aparta y me mira a los ojos suplicante.

Sus ojos. Son tan intensos que casi reflejan los míos.

—Tienes que explicarme todo, Dashiel —ruega, soltando sus brazos de mí antes de limpiarse torpemente el rostro lleno de lágrimas.

Asiento antes de detenerme a inhalar profundamente.

—Lo haré, Bella. Lo prometo, pero primero tú debes prometerme algo.

Sus ojos se agrandan a modo de respuesta silenciosa y asiente.

—No debes decir mi nombre en voz alta otra vez. Es peligroso —le explico con seriedad, haciendo hincapié en la importancia tras de esto.

—Bien —acepta sin preguntar—. Pero ¿por qué?

—Porque cuando lo dicen éste actúa como un localizador para los de mi especie y eso incluye a aquellos de nosotros que son caídos.

Abre la boca, pero permanece en silencio, asiente de nuevo como si intentara entenderlo.

—¿Edward?

—¿Sí?

—¿Eres uno de los caídos? —pregunta, casi parece que se aleja de mí.

Sonrío, bufando suavemente.

—No.

—¿P-por qué? —tartamudea y no estoy seguro del contexto detrás de su pregunta.

—¿Por qué… no soy uno de los caídos? —indago.

Se ríe a medias y niega rápidamente con la cabeza antes de componerse.

—No, me refiero a que por qué estás aquí.

—He estado buscándote durante cuatro mil años —admito, sabiendo que eso creará más preguntas de las que responde. Sus cejas inmediatamente se fruncen y respirando profundamente otra vez, me preparo por un momento—. Ven y siéntate —la animo, señalando su cama que está situada a lo largo de la pared en el lado derecho de la habitación desde la ventana.

Asiente y me permite guiarla; está comenzando a parecer desorientada. Se sienta sobre la colcha en la cama y me ubico a su lado.

Me preparo durante varios segundos, estoy preparándome para revelar los cuatro mil años de historia entre nosotros cuando ella me saca de mis preocupaciones.

—He dicho tu nombre dos veces, Edward. ¿Qué va a pasar? ¿Vendrán ellos? —pregunta, bajando el volumen de su voz.

—Eso habría sucedido en el pasado, sí, pero ya no —le aseguro y justo cuando abre la boca para cuestionarlo más, saco la empuñadura de la espada de Miguel de donde la tengo guardada en la cintura de mis jeans. Luego cuando aprieto el mango la flama azul de la cuchilla de metal arde libremente, causando que Bella retroceda de un salto con inmediato terror.

—¿Qué es eso? ¿Un sable láser? —exclama incrédula y habla en serio; al menos, hasta donde puedo entenderla.

La estudio durante un momento con el ceño fruncido. Ha vivido en un convento toda su vida, se ha rodeado con ángeles de todas las especies, y sin embargo su primera suposición es que tengo en mi posesión un objeto ficticio fruto de la imaginación de los humanos.

—No, no es un sable láser.

Entrecierra los ojos y bufa parcialmente bajo su aliento. De repente se irrita y no estoy seguro de por qué.

—Pues ¿qué es? —pregunta abruptamente—. ¿La espada de Miguel? —Está siendo sarcástica.

—Sí. Al menos, una de sus espadas —respondo con cara seria antes de guardar la espada y asegurarla dentro de mis pantalones—. Las espadas de Miguel son las únicas armas que pueden removerlos permanentemente de sus formas humanas.

—N-No entiendo. ¿Remover permanentemente a quién? —titubea, sus sentimientos están cambiando, y tengo la impresión de que su irritación era una forma de cubrir su confusión.

—Ángeles caídos, o demonios, debería decir. Han tomado formas humanas en la Tierra —vacilo por un momento, deteniendo mi aliento antes de continuar—. Han encontrado una laguna, Bella. Para hacerse más fuertes y regresar si un ángel los mata. Aunque si mueren por la espada de Miguel, nunca podrán regresar.

Ella sacude la cabeza con expresión ilegible; transmitiendo silenciosamente su confusión.

—Te han estado matando —admito con seriedad y ella se tensa visiblemente—. En el vientre o poco después de que naces. Tu sangre los fortalece.

—Pero ¿por qué? —su voz es apenas audible y está cargada de horror.

—Porque eres profeta, y por lo tanto bendecida por Dios —respondo, tomando cuidadosamente su temblorosa mano en la mía y apretándola.

—¿Profeta? —repite con confusión e incredulidad—. Pero no soy…

—Lo eres —insisto—. Esos sueños que tienes son de tu primera vida. Yo era tu guardián. En espíritu y en carne, te cuidaba. Bella… podías verme cuando no estaba en forma humana. Cuando era de luz.

Es evidente que ella esta batallando con comprender lo que le estoy diciendo y mientras me mira con sus ojos cafés bien abiertos e insondables, estos se llenan de lágrimas una vez más.

—Te amé durante mi primera vida, ¿no es así? —me comenta con una tranquila desesperación que tira de mi corazón.

Acuno su mejilla en mi palma de forma tentativa cuando la primera de sus lágrimas cae sobre mi pulgar.

—Lo hiciste, y yo te amé a ti —susurro—. Pero es eso lo que me metió en problemas.

—¿A qué te refieres? —pregunta, poniendo su mano sobre la mía que seguía rozando el costado de su cara.

—Interferí con el curso de tu vida. No fuimos creados para los humanos y está prohibido que estemos… juntos —enfatizo la seriedad del asunto.

—¿Juntos? —repite—. O sea… ¿tener sexo?

Se me escapa el aliento y asiento.

—Sí.

—¿Nosotros…? —comenta con reticencia, e intervengo negando con la cabeza empáticamente.

—No.

—¿Qué sucedería si… lo hiciéramos? —instiga y sus mejillas se sonrojan más inmediatamente.

Puedo sentir el calor de su sangre acumulada debajo de mi palma. La quito de ahí, tomando su mano con la mía.

—Si te hubiera embarazado habríamos creado un híbrido, pero sería monstruoso. Te hubiera matado. No habrías sobrevivido su nacimiento.

El Nefilim —susurra, su tono se llena de tensión tras el shock de su revelación—. Una de las hermanas me enseñó su historia del Libro de Enoch, pero yo… yo nunca lo creí.

Sonrío.

—En la actualidad la mayoría de la gente no lo cree.

Me mira durante varios segundos más antes de preguntar.

—Si no lo hicimos… entonces, ¿por qué te metiste en problemas?

Me aclaro la garganta antes de admitir con vergüenza silenciosa.

—Me convertí en un ángel rebelde. Maté a todos los hombres que se interesaban por ti. Muchos eran inocentes.

—Eras alto incluso entonces —susurra, sonriendo gentilmente para sí y desestimando completamente mi último comentario.

La miro durante un momento, perplejo. Actúa como si el hecho de que hubiera asesinado a muchos hombres por ella fuera algo sin importancia. Sólo puedo concluir que sigue siendo incapaz de comprender completamente todo esto.

—Ahora soy gobernado por genética humana —explico, decidiendo dejar por la paz de momento el tema anterior, antes de sonreír un poco—. He medido 1.50 metros más de una vez.

Su sonrisa crece con la mía y durante un breve momento se vuelve tierna.

—Entonces, ¿ese es tu castigo? ¿Vivir como ángel en forma humana?

Asiento, sabiendo que no puedo contarle toda la clausula que indica que debo encontrarla.

—En cierto modo. Excepto que recuerdo cada vida que he vivido.

—Y… ¿yo también he reencarnado? —pregunta.

—Sí.

Sus cejas se fruncen con distracción.

—Pero no recuerdo…

Aprieto su mano una vez más, bajando la vista a ella por un segundo; es tan pequeña y delicada.

—No estoy seguro de qué tanto de tus vidas viviste antes de ser asesinada, Bella, pero sólo puedo asumir que los límites de tu humanidad habrían evitado que las recordaras —explico con mucho tacto; aunque siento que cada palabra que sale de mi boca suena condescendiente.

Frunce el ceño, mordiéndose el labio inferior cuando sus ojos reconectan con los míos.

—Pero… en mis sueños… —señala y es evidente que siente dolor, pero lo frustrante es que no sé por qué.

Es enloquecedor ser incapaz de involucrarme con ella en un nivel que la tranquilizaría. Simplemente no estoy acostumbrado a hablar con chicas de mi edad – o gente en general, más bien. Nunca he sido capaz de identificarme con humanos, así que hace siglos me reconcilié con el hecho de que eso era algo sin lo que tendría que aprender a vivir. De todas formas, encontraba que las chicas en edades adolescentes y veintipocos suelen ser pretenciosas y huecas en los mejores momentos. Todo lo que siempre veían en mí era una cara bonita y hasta esa profundidad era donde siempre llegaba su esencia.

—Muchos creen que los sueños son recuerdos subconscientes de vidas pasadas —revelo, manteniéndome consciente de sus sentimientos.

Ella parece considerarlo, pero permanece preocupada en toda definición.

—Entonces, ¿ahora que me encontraste…?

—Ahora que te encontré, volveré a ser tu guardián —le miento abiertamente. Me hace encogerme internamente, pero ¿cómo se supone que le voy a explicar que tengo que sacrificarme por ella para poder volver a ganarme la entrada al Cielo? Especialmente cuando no tengo conocimiento de cómo o cuándo se supone que deba pasar.

Ella sonríe de nuevo, y esta vez toda su cara se llena de calidez.

—¿Qué edad tienes, Da-Edward? —titubea y agradezco que haya sido capaz de corregirse a tiempo. Aunque la espada de Miguel me ofrece cierta protección contra las bestias, no estoy seguro de cuánto tiempo más la tendré en mi posesión. Necesito que sea consciente de lo peligroso que puede ser mi nombre para ambos.

—Mi primera vida humana fue justo después del diluvio, pero el tiempo se mide de forma diferente en el Cielo. Supongo que en el equivalente humano tendría alrededor de diez mil, tal vez doce mil.

Lo contempla antes de alzar las cejas.

—¿Diluvio…? ¿Te refieres al Arca de Noe?

—Sí, me refiero al Arca de Noe —sonrío, casi riéndome por su escepticismo—. ¿Tampoco creías en eso?

Se sonroja y aparta la mirada, y me doy cuenta que no estoy para nada preparado para lo encantadora que es.

—No —confiesa tímidamente.

La contemplo durante otro corto momento. Me han dicho que tengo la tendencia de ya sea mirar con demasiada intensidad los ojos de una persona o evitarlos completamente. Siempre ha sido difícil para mí encontrar un punto medio que sea cómodo, y me alivia descubrir que ella no parece tan agraviada por mi ineptitud social como temía. Es alentador.

—¿Qué edad tienes, Bella? —pregunto curioso. Es difícil de adivinar. Sus ojos se ven muy astutos, pero todo su comportamiento en general los contradice.

—Diecinueve —responde, alzando los ojos para, una vez más, atrapar mi mirada.

¿Diecinueve…? Reflexiono ese dato. Es poco más que una niña y no es en absoluto lo que llamarías un alma vieja. Luego de cuatro mil años de reencarnaciones, esperaba que ella fuera madura y culta más allá de sus años, pero es cada pizca los diecinueve años que aparenta. Es entonces cuando lo entiendo. Nunca ha vivido más allá de la infancia, y a todos los efectos, es un alma completamente nueva. Yo he tenido cuatro mil años de experiencia humana, y ella ha tenido diecinueve, y quiero reírme de lo poético que es todo esto.

Es exactamente igual a como era al principio.


Parece que Bella está aceptando todo muy bien, esperemos que no se abrume. Y pobre Edward, él esperaba que la conexión entre ellos fuera más fuerte, pero al parecer no es el caso. Ya veremos cómo se desarrolla su relación, y también no hay que olvidar que Edward tiene una misión en la tierra ahora que encontró a Bella si es que quiere volver al Cielo.

Mil gracias como siempre por leer, no olviden dejarme sus comentarios ;)