Había perdido un poco de práctica sobre cómo andar en el lugar sin hacer ruido. No era una habitación amplia y tampoco había muchos muebles u objetos con los cuáles pudiera tropezarse, además que la luz de la mañana bañaba el sitio, haciéndolo lucir como lo que recordaba : Un refugio. Un sitio sagrado. Negó, obligándose a no caer en las trampas del recuerdo. Se aclaró la garganta al encontrar a Dazai sentado cómodamente con una sonrisa y una taza de té para él. No sabía exactamente que estaba planeando pero al menos pensaba que no sería tan tonto como para envenenarlo allí, donde todo lo inculparía a él. Se sentó frente a él aceptando la taza, mirándolo fijamente.
— Tengo un par de mochis en el refrigerador, ayer Atsushi compró una docena completa porque estaban de oferta pero yo no suelo comer tanto dulce.
— Preferiría que me dijeras para qué rayos me llamaste. Me dijiste que era una emergencia.
— ¿Lo hice? — Chuuya intentó no perder los estribos ante esa sonrisa ausente, falsa—. ¿Y viniste pensando que estaba en peligro? ¿Incluso si hace meses que ni siquiera te he enviado un mensaje? Qué conmovedor.
— Te conozco lo suficiente para saber que si no venía directamente a verte irías a buscarme y lo último que quiero es que Akutagawa me pregunte qué rayos haces tú en nuestra casa.
— ¿Viviendo juntos ya, tras sólo un par de meses saliendo? Debes quererlo mucho.
— Eso a ti no te importa. Sólo dime qué demonios quieres.
— Esta es una suposición que tengo. Estás con él porque piensas que te ayuda a ser mejor persona. Te ves menos cansado, menos agresivo. Incluso estoy seguro que estás bebiendo menos. Pensaste que sería tu polvo de medianoche y terminaste enamorándote de verdad.
— Dazai, te lo juro por Dios...
— Lo quieres de verdad y por eso tienes miedo que se vuelva a encontrar con Atsushi. Das consejos tan despreocupado, estoy seguro que fuiste tú quien lo presionó para que se le confesara pero sólo fue porque no imaginaste que llegarías a sentirte así por él. Debe ser fantástico tener a alguien esperándote en casa, alguien que seque tus lágrimas y escuche y comparta tus alegrías ¿No?
— Tú tienes a Atsushi, estoy seguro que entiendes el sentimiento.
— Sí, claro. Atsushi es una buena persona. Es leal y valiente, es increíblemente amoroso, algo que comparte con Akutagawa aunque no lo parezca ¿Verdad? Aprovecha cada minuto que están juntos para mimarte, es hasta nauseabundo ver lo complaciente que puede llegar a ser.
— Espero que todo esto sea producto de tus divagaciones y no porque hayas estado espiándonos, no lo voy a tolerar.
— No respondes mis llamadas ni has intentado buscarme porque no quieres que deje a Atsushi ¿Verdad? Tienes la certeza que si yo sigo con él tarde o temprano me voy a enamorar de él como tú de Akutagawa y voy a olvidar lo que sea que esté tramando, te dejaré en paz de una vez por todas y ambos tendremos una vida absurdamente aburrida y larga.
— ¿Qué tiene de malo que quiera ser feliz?
— Nada— dejó su taza en la mesa, los brazos ligeramente cruzados, inclinado hacia él—. Salvo que no te lo mereces, Chuuya.
Chuuya parpadeó, apenas ofendido por esto, negando con la cabeza mientras le daba un sorbo a su té.
— Mira quién lo dice...
— La persona que te conoce mejor que nadie. Sé todos tus pecados, Chuuya.
— Oh, y sin duda tú eres la encarnación de la justicia y quieres hacerme pagar por ellos ¿No? Madura un poco.
— No por todos, sólo por uno.
Se incorporó, caminando hacia la ventana, abriéndola apenas para poder sentarse en el resquicio, encendiendo un cigarrillo y dejando que el humo saliera para no dejar el aroma impregnado.
— Eres el único que sabía dónde estaban los huérfanos exactamente aparte de mí y Ango. Fuiste al único al que llamé para avisarle que iría a buscar a Odasaku esa tarde.
La taza al golpear la mesa al resbalarse de la mano de Chuuya lo hizo sonreír, dejando que la ceniza del cigarrillo cayera en el marco de la ventana.
— De alguna manera lograste que pareciera que todo había sido hecho por Mori cuando fuiste tú el que le mencionó aquél permiso y le ofreciste ese plan. Era muy jugoso para que un lobo hambriento como él lo ignorara. Tú eres una persona muy confiable, nadie se iba a detener a cuestionar tus motivos y para Mori era incluso mejor que no quisieras llevarte la gloria por algo tan magistral. Eras el pequeño diablillo que susurra el truco para que el héroe triunfe, nada más.
— ¿Cómo es que...?
— De alguna manera agradezco que no intentes negarlo, sería más agotador de lo contrario. Tú obligaste a Odasaku a ser el cordero de Dios, Chuuya. Lo sacrificaste y arrastraste a unos niños inocentes de paso sólo porque...¿Por qué? Es algo que nunca he comprendido sinceramente. Si me odiabas tanto, si de verdad despreciabas tanto verme feliz, verme tener un poco de fe en la humanidad hubieras podido matarme a mí. Es lo que debiste haber hecho.
— Los escuché hablar— suspiró, los ojos fijos al suelo—. Una tarde te esperé en tu departamento, me escondí debajo de la cama porque pensaba darte un susto, pero no imaginé que llegarías con alguien. Pensé salir cuando los escuché tener sexo pero me congelé. No me habías dicho que estabas acostándote con alguien más, eres la clase de persona que oculta las cosas sólo cuando son importantes así que también por eso me quedé. Los escuché hablar de lo que harían, de cómo y a dónde huirían, incluso pensaban adoptar legalmente a los huérfanos a nombre de los dos. Querías tener un futuro con Odasaku, Dazai, incluso si sabías lo que yo sentía por ti.
— No tienes derecho a llamarlo así, tú menos que nadie. Yo jamás te dije que quisiera tener una relación contigo. Estaba bastante claro que lo único entre tú y yo era sexo ocasional. Nunca hubo nada más, Chuuya, y aún así quieres hacerme creer que hiciste todo eso por despecho.
— El destino de ese hombre ya había quedado sellado, no fue mi culpa su muerte. Sólo adelanté un poco los hechos pero ¿Qué no es lo que tú siempre estás haciendo? Empujas a las personas para que actúen a tu conveniencia, siempre estás viendo la manera de sacar provecho de los demás, Dazai. Que esa vez fueras tú el que saliera perdiendo fue algo apenas justo, no tienes ningún derecho a reclamarme.
— Me importa una mierda ser castigado, Chuuya, sé lo que he hecho y sé que merezco los peores castigos, no me voy a disculpar por nada porque sé que tarde o temprano lo acabaré pagando. Pero Odasaku era una buena persona. Es la única persona que merecía honestamente ser feliz. Y tú decidiste que tenías derecho a entrometerte.
— Yo tampoco voy a disculparme. Al final no sirvió de un carajo lo que hice ¿No te largaste a la Agencia Armada de Detectives a empezar una nueva vida? ¿No te volviste un ejemplo de cómo todos podemos empezar otra vez? Tuviste tu segunda oportunidad ¡Mírate! Eres un hombre totalmente nuevo, luchas por proteger a la gente y estás del lado de la justicia. No voy a devolverte la vida que perdiste, ni haré que Odasaku vuelva a la vida, pero si ya es esto lo que tenemos ¿Por qué no te resignas y me dejas seguir adelante también? Yo también quiero mi segunda oportunidad.
Dazai apagó el cigarro contra la ventana, dejando la colilla en el marco, caminando hasta Chuuya todavía con esa sonrisa de mal presagio. Chuuya se incorporó, los puños apretados, la mirada fija en el otro. Las manos de Dazai en su cintura, su cabeza en su hombro, inclinado para quedar a su alcance. Chuuya suspiró, bajando los hombros, pasando los dedos por sus cabellos, besando su mejilla. Abrió la boca para protestar cuando sintió la mano de Dazai meterse en su camisa, tocando su espalda, su cintura.
Su arma.
Antes de que pudiera reaccionar, Dazai ya había disparado.
— ¿¡Qué hiciste, imbécil!?
Otro disparo y Dazai, le clavó los dedos en la cintura, sujetándose a él conforme los impactos que había provocado en su propio cuerpo le hicieron perder la fuerza, intentando sujetarse de un aterrado Chuuya, quien buscaba soltarse para intentar parar la hemorragia, algo. Escucharon pasos apurados y los ojos azules de Chuuya se expandieron en una triste y dura revelación al ver a Atsushi y Kyouka entrando, igual de aterrados ante la escena. Kyouka se apuró a llamar a su habilidad, arrinconando a Chuuya contra el suelo mientras Atsushi corría a tomar a Dazai, quien mantenía su brazo estirado, sujetando a Chuuya.
— No puedo soltarlo, activará su actividad.
— Tranquilo, cariño, no te preocupes, respira, Kyouka y yo nos haremos cargo ¡Kunikida! ¡Kunikida ven, por favor! Dios, es mucha sangre— Atsushi intentaba presionar las heridas en el abdomen de Dazai recostándolo contra el suelo mientras buscaba en sus bolsos su celular, marcando a emergencias.
Chuuya comprendió que Dazai no había estado más que planeando todo, como siempre, que no había sido casualidad que lo buscara justo ese día, que seguro esperó a que todos los que habitaban ese edificio coincidieran en su día libre, que lo había acorralado.
Tenía una cuartada.
Tenía un móvil y un arma.
¿Y él, que tenía?
