La puerta se abre y entramos a un recibidor donde hay diversos pares de zapatos acomodados.

—Quítatelos. —me dice Christian mientras lo observo quitarse los de él.

Hago lo mismo con los míos y los coloco al lado de los suyos. Pero entonces lo veo quitarse la camisa y colgarla en un perchero donde hay más ropas colgadas.

—¿Debo quitarme la ropa? —le pregunto mientras mi mirada se pierde en sus abdominales perfectamente definidos.

—Solo si deseas hacerlo. —me dice mientras se queda mirándome.

—No, no me apetece.

—Bien, entremos. —me dice mientras toma mi mano entre la suya nuevamente y abre la otra puerta.

Y entonces, como en una película, todo transcurre en cámara lenta. Parpadeo varias veces porque mi cerebro aún no procesa lo que mis ojos están viendo. Lo primero que noto es que está ambientado como si fuese un apartamento. Tiene la sala de estar con varios muebles incluido un sofá, varias butacas y una mesita en el centro, la cocina con la encimera, en un extremo una enorme cama y en el otro un baño con ducha y tina.

Pero todo eso pasa rápidamente a segundo plano. Porque el primer plano está ocupado por tres parejas distribuidas en diferentes lugares, desnudas, teniendo sexo en las diferentes superficies del apartamento. Christian no ha soltado mi mano, pero se detiene al ver que no me muevo de la puerta de la habitación.

Y no me puedo mover por la sencilla razón que lo sonidos que inundan la habitación han hecho que mis pies se peguen al suelo. Hay una leve música de fondo, pero los gemidos se escuchan altos y fuertes, nadie se está conteniendo. Todo el mundo está expresando lo que siente. Y el olor a sexo. Eso creo que es lo que me tiene pegada al suelo. Christian se acerca a mí, suelta mi mano y coloca sus dos manos en mis mejillas obligándome a mirarlo a él.

—Olvídate de todo a tu alrededor, solo piensa en mí, en el calor de mi mano envolviendo la tuya. —me dice mientras yo me pierdo en su mirada.

Y el tiene razón. Pensar en el calor de sus manos tocando mi cuerpo hace que me olvide de todo a mi alrededor. Al menos por un momento.

—¿Como pueden estar así desnudos delante de los demás? —le pregunto en un susurro.

—Esta habitación es para eso Ana. No tienes idea de la excitación que se siente al ver otras personas practicar sexo frente a ti.

El tiene razón. No tengo ni idea.

—¿Tu lo haces? —le pregunto temiendo la repuesta.

—Sí. Aunque llevo un tiempo sin participar. El BDSM si no lo practico desde hace años.

—¿Cuánto tiempo llevas sin sexo exactamente? —quiero saber la respuesta a esta pregunta.

—Varios meses.

—¡Christian! —le grita un hombre mientras camina en nuestra dirección.

Christian suelta mi rostro y se gira hacia donde proviene el grito y yo hago lo mismo. En nuestra dirección viene un hombre tan musculoso como Christian, aunque no trae el pelo largo. Puedo ver en su mirada deseo. Bajo la vista por su cuerpo hasta sus abdominales bien formados y después aparto mi mirada de él hombre que camina en nuestra dirección. Está desnudo y entre sus piernas cuelga una enorme erección.

—Te estaba esperando. ¿Qué te hiciste en el rostro?

—Necesitaba causar una mejor impresión.

—Ya era hora, el estilo vikingo ya no te asentaba, aunque las chicas se volvían locas por ti. —le dice mientras ambos ríen a carcajadas.

Y entonces dirige su mirada hacia mí. Alzo la vista hacia su rostro.

—¿Quién es esta preciosura? —dice mientras lo veo deslizarse la lengua por los labios.

—Noah, esta es Ana. —dice mientras me presenta.

—Hola preciosa. ¿Vienes a participar o a observar? —me pregunta mientras siento como todos lo colores van hacia mi rostro.

Siento mis mejillas arder. Esto es nuevo. No recuerdo cuando fue la última vez que me ruboricé, seguro fue en la secundaria. Bueno y la otra noche. Pero sé que el rubor de mis mejillas tiene que ver con estar de pie en una habitación, donde los únicos que estamos vestidos somos Christian y yo, mientras el resto practica sexo, o conversa con nosotros como si estar desnudo fuese lo más normal del mundo.

—Hoy ha venido a observar. —contesta Christian mientras entrelaza su mano con la mía.

Los ojos de Noah se desplazan hasta nuestras manos juntas y después mira a Christian nuevamente.

—Ya entendí, es tuya, no me voy a meter. A menos que me la prestes. —dice mientras alza las cejas sugestivamente. —Estamos en la cama.

Christian me mira nuevamente, como buscando mi aprobación. O quizás es que no quiere dejarme sola en medio de una habitación y un ambiente que aún, es extraño para mí.

—Te espero, no tardes. —dice Noah mientras camina hacia la cama donde hay una mujer con los ojos vendados en el centro de esta acostada.

—¿Por qué me has traído aquí Christian?

—Porque este es el primer paso para conocerte a ti misma. —me dice como si nada.

—¿De veras? —inquiero aún sin entender que tiene que ver estar en una habitación llena de personas en pleno acto sexual.

—Sí. Solo mira a tu alrededor, dime que sientes al ver a estas personas teniendo sexo Ana.

—Se siente extraño. —le digo mientras siento que el comienza a caminar tirando de mi mano.

—¿Te excita?

—Como mismo lo haría una película porno. —le contesto.

—Esto no es una película Ana, no hay propaganda de viagra, ni de silicona, ni de estimulantes. Solo son personas normales, que les gusta practicar el sexo ya sea en público o sin él. Que disfrutan practicarlo, sentirlo, olerlo, verlo. —me dice mientras nos detenemos sobre la alfombra en medio de la habitación.

Aún no ha soltado mi mano y eso me recuerda lo que dijo su amigo.

—¿Qué quiso decir con que soy tuya? —le pregunto mientras él frunce el ceño

—Significa que, si eres mía, nadie más se puede acercar a ti. Solo lo hice para protegerte pues es la primera vez que estás aquí.

No sé si sentirme alagada o decepcionada. Al mirarlo, lo veo mirando hacia la enorme cama donde lo esperan. Vuelve a mirar hacia mí.

—Ana. —me dice lentamente. Puedo notar en el tono de su voz que está nervioso. —Noah es el otro dueño del club. Viene a la ciudad cada pocos meses. Y siempre que viene, quedamos aquí para divertirnos. No le puedo decir que no. —me dice mientras me mira muy serio sin apartar la mirada de mis ojos.

—¿Tu quieres? —le pregunto con dudas.

Christian pega su frente a la mía. Respira profundamente y después me responde.

—Lo que deseo es enterrarme en ti, pero no creo que este sea el lugar ni el momento para eso.

—Si yo no estuviese aquí. ¿Lo harías?

El se me queda mirando fijamente y no me contesta. Esa es mi respuesta, sí, lo haría.

—Debes entender algo, no sabía que el estaría aquí. Me ha tomado por sorpresa. Si lo hubiese sabido, jamás te hubiese traído o hubiese venido al club. No cuando sé lo que eso significaría en nuestra relación. Y el daño que sé que te haría. —me dice en voz baja.

—Pues por mí no te cortes, puedo sentarme allí a esperarte, así voy conociéndome a mí misma. —le digo mientras señalo una butaca en un extremo de la habitación.

El se me queda mirando entrecerrando los ojos. Sé que está valorando si estoy siendo sincera o sarcástica. Ni yo misma me creo lo que acabo de decirle. No estoy segura de poder estar en la misma habitación que él. mientras él tiene sexo con otra persona. Y eso me hace preguntarme. ¿Qué tipo de relación tenemos?

—¿Estás segura? —me pregunta entrecerrando los ojos.

—Quedamos en que éramos amigos Christian. Tu termina con tu compromiso. —le digo mientras me suelto de su mano y camino hacia la butaca.

Lo miro brevemente y lo veo caminar hacia la cama. Pero para mí desgracia la butaca es ocupada y giro mis talones buscando otro lugar donde sentarme. Lo único que queda disponible es una que hay a unos metros de la cama. Creo que el karma no está de mi lado en estos momentos.

Cuando me siento en la butaca, puedo ver a Christian mirándome mientras se zafa los jeans y los baja lentamente junto a los bóxers liberando su erección. Intento apartar mi mirada de él, y dirigirla hacia otra parte, pero no puedo. Es la primera vez que lo veo completamente desnudo en toda su gloria. Tiene unas piernas fuertes y musculosas. Pero su miembro. Su miembro es impresionante.

Alzo mi mirada lentamente, recorriendo todo su impresionante cuerpo hasta mirarlo a los ojos. Su mirada me hipnotiza. Me mira con deseo y adoración. Me lanza una sonrisa antes de apartar sus ojos de los míos. Y esa misma mirada la posa en la mujer que está acostada en medio de la cama a la cual Noah le abre las piernas para que el comience a saborear.

Mi respiración se acelera, aún más. Sé lo que su boca puede hacer ahí abajo, y todo mi cuerpo se estremece. Siento como mi sexo palpita de deseo y no entiendo porque él provoca estas sensaciones en mí. No entiendo que me sucede. Sé que fui yo la que le dijo que no quería nada con él. Quizás el problema no soy yo, quizás es esta habitación llena de sonidos y olores a sexo lo que me atolondra los sentidos. Lo veo deslizar la lengua una y otra vez por el sexo de la mujer mientras ella jadea de placer y se rinde ante las caricias de ambos hombres.

Y por un segundo, solo un segundo, imagino que soy yo. Solo de imaginarlo hace que se me escape un gemido y rápidamente llevo una de mis manos a los labios para cubrir mi boca. Lo observo separar su boca de la mujer, y mirar en mi dirección. Creo que me escuchó. Porque veo sus ojos azules mirándome con curiosidad. Y entonces aparece en sus labios una sonrisa torcida la cual se está convirtiendo en mi perdición.

—¿Quieres unirte Ana? —pregunta Noah que al parecer también me escucho gemir.

—¡No! —exclamo rotundamente mientras observo a Christian acariciarse la erección.

¡Dios! Verlo acariciando su dura, impresionante y gruesa erección hace que me excite aún más. Mucho más cuando lo veo colocarse un preservativo.

—Dale la vuelta. —le dice a Noah, pero sin apartar la mirada de mí.

Noah gira a la mujer que se pone a gatas mientras el se arrodilla frente a ella y Christian la sujeta por las nalgas. Veo a Christian dirigir su miembro hacia ella y hundirse en su interior arrancándole un gemido a la mujer mientras Noah la hace callar metiéndole su miembro en la boca.

Esto es demasiado para mí. No creo poder estar mucho tiempo en esta habitación observando lo que estoy observando. Debería estar prohibido hacer esto. ¿Por qué no les molesta que los esté mirando? ¿Por qué no me molesta a mí? Eso es lo que más llama mi atención. Debería salir corriendo de aquí, pero no puedo apartar mi mirada de lo que sucede frente a mí. Sé que debería avergonzarme de lo que estoy viendo, sin embargo, no lo estoy. Debería levantarme y salir corriendo, pero mi cuerpo no me obedece.