Notas de la autora: Vale, lo sé, no tocaba capítulo. Pero ¿saben? Estoy tan y tan contenta con el apoyo del capítulo anterior, que tenía que hacer algo para recompensar su amabilidad. Y pensé en publicar una semana antes. Espero les guste. De nuevo gracias por su graaaaaaaaaaaan apoyo. Escribir es un placer con lectores como ustedes. Les mando un abrazo de oso.

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Capitulo noveno

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El príncipe bajó la escalera principal de la mano de su hermosa acompañante. Aún no habían llegado los invitados, pero todo el servicio quedó fascinado con su imponente presencia. Meiling Li era consciente de la hermosa pareja que formaban. Él vestía con elegancia un lujoso traje de color negro. En su pecho colgaba el escudo de la familia real y su capa carmesí ondeaba ligeramente, acariciando los escalones de mármol. Y la princesa no se quedaba atrás. El sastre real había puesto todo su esfuerzo en el vestido que usaría en su gran noche. Su elegante figura quedaba realzada por el hermoso y delicado corsé de seda negra. Lucía todos sus atributos, pero no dejaba de ser elegante a la vista. Y la tela vaporosa de la falda era exacta al color de sus ojos. Amplía por debajo y ceñida en la cintura. Y toda la magia se complementaba con un hermoso recogido decorado con rosas rojas como la sangre. El aroma de los pétalos inundaba los sentidos de todo aquel que podía acercarse a ella. A sus diecinueve años, Meiling Li era la rencarnación de una diosa exótica.

- Estás muy hermosa esta noche, prima – Eriol llegó a su lado con una sonrisa juguetona y besó los nudillos enguantados de la muchacha. Los ojos de la pareja anfitriona buscaron a la señorita Kinomoto, pero parecía que el segundo príncipe había acudido solo.

- ¿Y la señorita Kinomoto? Se supone que esta noche eres su escolta.

- Oh, no te alteres hermano, no es conveniente para tu salud. Ahora iré en su búsqueda. Esta tarde nos la hemos pasado jugando con ese elefantito travieso y hemos acabado llenos de paja y barro. Seguro que su ayuda de cámara aún no ha terminado de vestirla.

- ¿Qué han hecho qué? ¡No tenían ningún derecho! - Meiling fingió estar totalmente indignada, pero Xiao Lang permaneció sereno. Y Eriol se dio el lujo de ignorarla.

- Oh, ahí está Takashi y la señorita Yanaguisawa. ¡Xiao, deberías haber visto a tu pequeño hermano corriendo por los establos! Ese bebé le odia. Sakura apenas pudo calmarle y Djanko tuvo que agarrarle de la trompa para evitar que lo envistiera por quinta vez. Creo que lo tiró dos veces al suelo. ¿Ves el moratón en su frente? Se lo hizo contra uno de los bebederos. ¡Me partí de risa!

- ¿Takashi también fue? ¿Han perdido la cabeza? Su majestad ordenó explícitamente a la señorita Kinomoto que se fuera a sus aposentos. Esa niña merece un castigo por su desobediencia. – Mei se cruzó de brazos y levantó el mentón. Pero se podía leer la sonrisa vencedora en sus labios. – Será descarada…

- En realidad, querida prima, Sakura nos informó de lo que había pasado. De todo… en realidad - la morena le miró de reojo con los ojos algo temblorosos y Eriol disfrutó de su miedo. ¿Qué le había contado a Xiao Lang sobre lo sucedido? ¡Puras mentiras, seguro! – Pero como yo iba en esa dirección, decidí escoltarlas. Se negaron, por supuesto, pero insistimos. ¿Verdad Takashi? Fue culpa nuestra – el joven mencionado pareció algo incómodo, pero asintió.

- Sí, sí. Y maldito el día en que me añadí a sus locuras. Esa bestia está loca. Mira Xiao, me tiró al suelo de un trompazo sólo porqué cogí a la señorita Kinomoto de la mano. ¡La cela como si fuera su dama y no la tuya! - una vena se hinchó en la frente del futuro emperador. ¿Por qué parecía que la castaña se llevaba bien con todos menos con él?

- Eriol, ve a buscar a tu acompañante. Debe estar nerviosa. Y Takashi, no sabía que fueras cercano a mi prometida. ¿Desde cuando pasean cogidos de la mano por los establos?

- Oye, Eriol la lleva colgada del brazo a todas horas y no le muerdes por ello. Además, estoy escoltando ahora mismo a la señorita Yanaguisawa, por si no lo has notado. – Xiao Lang miró sus brazos unidos y suspiró.

- Es verdad. Buenas noches Naoko, estás bellísima esta noche.

- Gracias, su majestad. Usted también luce bien. – Meiling chasqueó la lengua, impaciente.

- Deberíamos ir a esperar a los primeros invitados. No sería cortés que llegaran y no les diéramos la bienvenida. – el príncipe heredero asintió, aún algo aturdido por toda la información.

- Sí, claro. Vamos, princesa Li…

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Ya llevaban una hora saludando a los invitados de la señorita Meiling Li. Por suerte para Xiao Lang, esa sería su última noche como anfitrión. Estaba agotado de tantas formalidades y saludos absurdos. Siempre preguntando por sus hijas, sus familias y los negocios de sus casas. En la mayoría de ocasiones, ni siquiera le importaba. Sólo eran nobles estirados con un ego demasiado grande para sus estúpidos títulos. Todo hombre que se preciaba estaba ocupado en otros asuntos y no se molestaba en asistir a esas estúpidas galas. Aunque debía admitir que con Naoko fue distinto, al menos sus invitados eran interesantes. Muchos de ellos grandes aliados a la corona.

Pero la señorita Kinomoto había invitado a caballeros y aprendices. Gente con la que no tenía mucho contacto, a pesar de su educación militar. Y también a damas superficiales y bobas en busca de un buen partido. Maldición, hasta había tenido que ver un estúpido desfile de moda y como esos muchachos corrían de un lado para otro en competiciones absurdas. Y ahora Mei llamaba a todas las duquesas y marquesas viudas de la capital y a toda la nociva realeza. Era casi como una reunión familiar. Y no las apreciaba en absoluto. Todos esperando que tuviera un accidente con el caballo para poder quitarle el trono. ¡Cómo si no tuviera dos hermanos para sucederle! Todo su circulo social se movía a su alrededor por puro interés. Y era agotador.

- Pareces cansado, Xiao. - miró a su prima y fingió una sonrisa amable. Ella no tenía la culpa de su mal humor. Acarició su nariz con el dedo índice y disfrutó del sonrojo en sus mejillas. Era consciente de los sentimientos de Mei, y debía ser bueno con ella. A fin de cuentas, él también la quería (a su modo…)

- "Majestad". No olvide, princesa Li, que estamos en una fiesta formal en el mismísimo palacio – Mei sólo dejó escapar una pequeña risa infantil.

- Oh, discúlpeme, su alteza imperial, futuro sol del imperio… - Xiao Lang levantó una ceja acusadora, pero eso sólo causó otra sonrisa en la joven que lo acompañaba.

- Serás boba…

Sus risas se borraron en cuanto vieron al siguiente invitado. Era uno de los primos más opulentos del emperador y fiel seguidor de su madre, la actual emperatriz. Venía orgullosamente acompañado por su esposa y sus dos "preciosas" hijas. Y como era de esperarse, pasaron los siguientes minutos halagando a las muchachas y encumbrando los dones con los que habían sido bendecidas. Luego, el pomposo matrimonio sacó a la luz el hecho de que ambos esperaban que sus hijas fueran candidatas a consorte y no dudaron en dejar latente su decepción al no haber sido consideradas para semejante honor.

- No es por ser descortés, su majestad. Ni por discutir las decisiones del emperador. Pero ni siquiera sé cómo luce la joven que han elegido para ser su esposa.

- ¿Se refiere a la señorita Kinomoto? – Xiao Lang soltó un suspiro. No era el primero esa noche que le mencionaba lo poco adecuada que era la joven para ese extraordinario honor. Y Meiling se regocijaba en ello sin disimulo alguno.

- Así es, su majestad. Se dice que ha pasado su vida entrenando como un chico. Se rumorea, aunque yo no puedo dar fe de ello, que ayudaba en los establos cuidando ella misma de las pobres bestias.

- ¿Eso se dice?

- Oh sí, su majestad. Y también se cuenta, que gozaba participando en la siembra y el arado de sus propias tierras. ¿Se lo imagina? Todo un mozo de cuadra.

- Oh, eso es algo tan desvergonzado, que parece inverosímil.

- Lo parece, su majestad. Pero mi querida hija Yurie, asegura haberla visto tocando instrumentos grotescos con la banda de su pueblo y bailando danzas populares con los plebeyos en las ferias del condado. También se la ha visto en más de una ocasión corriendo por la plaza con algunos niños andrajosos y repartiendo ropas y telas a los pobres con sus propias manos desnudas. ¡Y todo vestida con ropa de mozo y sin ningún escolta! ¡Tan inapropiado! Cuesta de imaginar una joven noble con semejantes costumbres inmaduras. ¿No cree? – Xiao Lang Reed Li esbozó una sonrisa. Podía imaginarse esa escena en su cabeza. Comprendía el escándalo que provocaría en la familia real que su esposa tuviera por costumbre mezclarse con los plebeyos, pero para él sólo era otra característica más que la distinguía del resto. Esa joven nunca dejaría de sorprenderle.

- Considero que no son más que habladurías de gente ociosa. Las damas nobles pasan demasiado tiempo entre tazas de té y vestidos de seda. Es normal que dejen volar su imaginación y la centren en su propia envidia. – las dos hijas del duque se ruborizaron de la cabeza a los pies y no dudaron en mostrarse ofendidas, pero el príncipe las ignoró - Por lo que yo sé, la señorita Sakura Regina es la orgullosa hija del duque Kinomoto. El honorable general de nuestro ejército y un muy buen amigo de mi padre. ¿No le parece suficiente motivo para considerar a su hija una digna candidata a ser mi esposa? – el primo de su padre pareció algo azorado, pero pronto se retractó a sí mismo. No quería tener problemas con el que un día sería el emperador.

- Oh, yo… no pretendía ofenderle. Sólo pensé, que la joven no había sido instruida correctamente. Además, no ha sido presentada en sociedad de forma adecuada y sólo conozco los rumores que se cuentan. Pero como usted sabiamente ha dicho, no podemos creer todas las habladurías de las damas.

- No, no debemos.

- Pero deberá usted ayudarme y darme una generosa descripción sobre su aspecto. No quiero molestarla confundiéndola con una dama menor por su simpleza… ya sabe… sería vergonzoso para ambos.

Xiao Lang iba a replicar con una respuesta mordaz, cuando toda la sala se quedó en silencio. Mei pareció desconcertada al principio, pero luego se llevó las manos al pecho. El príncipe heredero siguió el rumbo de su mirada hasta lo alto de la escalera principal y comprendió el revuelo. Una sonrisa orgullosa se dibujó en sus labios.

- Creo, mi señor, que no será necesario que se la describa. Es tan hermosa, que es imposible quedar indiferente ante su presencia – el hombre alzó una ceja, sorprendido por semejante cumplido de su majestad, pero luego siguió sus ojos hasta la escalera y se quedó atónito.

- Por nuestra querida emperatriz…

Sakura Kinomoto sin duda era la joven destinada a llevar "el vestido". Su piel bronceada lucía como un sueño de seda, bajo el tono verde bosque de la tela. El barón había sabido elegir el mejor color para ostentar esos preciosos ojos jade. Y cada costura se había diseñado con la intención de lucir la figura femenina de una verdadera dama. El corsé ayudaba, por supuesto, pero no era necesaria ninguna estructura opresiva para recalcar las curvas de la joven. Sakura tenía la gracia de una ninfa de los bosques y la mirada de una diosa. Sus pies empezaron a descender por la escalera y el príncipe se sorprendió por el traslucido jugueteo de la seda. Un precioso tornasol se creaba bajo la luz de las lámparas de araña y permitía adivinar el movimiento de sus largas y bien torneadas piernas. Un andar que le resultó hipnótico y que no dejó a ningún hombre indiferente.

Cuando los pies de la joven alcanzaron el último escalón y se atrevió a levantar la vista, todos se quedaron prendados de sus brillantes esmeraldas. Resplandecían de un modo especial, a juego con el sonrojo de sus mejillas. El silencio era tal, que ni siquiera el más despistado del lugar podía no darse cuenta. Sakura pareció empequeñecer a causa de la presión, pero pronto se irguió sobre sí misma, no era propio de la joven el acobardarse. Su acompañante la guio con gracia entre la multitud, haciendo que sonriera y dejando desmayado a más de uno en el proceso. El futuro emperador no pudo evitar sentir envidia de su hermano por tener el honor de ser su acompañante esa noche.

Xiao Lang sabía que era una joven muy hermosa, pero debía admitir que estaba embelesado. ¿Cómo podía haber permanecido oculta de la sociedad hasta la fecha? Se distrajo una vez más al contemplar el movimiento suave de su cabello al caminar. La joven Kinomoto solía llevar la melena parcialmente recogida, pero esa noche ningún adorno la reprimía. Bajaba por su espalda como una cascada de la miel más dulce y se ondulaba graciosamente en las puntas, dibujando tirabuzones traviesos. Sintió la necesidad de acariciarlos y entrelazarlos entre sus dedos. ¿Cómo sería ver esa melena esparcida sobre la suave tela de su almohada? Sintió una molestia en el abdomen y carraspeó para tranquilizarse a sí mismo. Pero el nudo en su garganta no parecía querer disiparse con facilidad.

- ¿Su majestad? ¿Se encuentra bien? Está transpirando mucho… – el príncipe heredero parpadeó un par de veces y se obligó a mirar a su acompañante. Mei parecía al borde del llanto. ¿Tan obvia era su reacción? ¡Era muy desconsiderado descuidar a su pareja! Debía recordar, que Mei era su acompañante, no la señorita Kinomoto.

- Estoy bien, princesa Li… ¿Luzco enfermo?

- No es eso… sólo parece inquieto.

- No le dé importancia. He tenido una noche con poco sueño y estoy cansado.

- Comprendo. Si lo desea, pediré alguna bebida que le dé algo de fuerza para aguantar la velada. ¿Un té negro de las islas del Cariné? Por lo que sé, es una bebida muy fuerte que ayuda a despejar el sueño.

- Si, es una maravillosa idea. Se lo agradezco – el príncipe rodeó la cintura de su acompañante y le dedicó otra amable sonrisa que la hizo sonrojar. - Lamento no estar en plena forma la noche de su gala, princesa Li. Debe ser el calor, las noches se han vuelto más cálidas estos días – Nadie se creería semejante bobada, aunque la dijera el mismísimo futuro sol del imperio. Para todos quedó claro, que el castaño estaba fascinado por la joven Kinomoto. Y eso, enfureció a Mei aún más que lo ocurrido en la mañana. Pero el príncipe heredero aclaró su garganta y fingió normalidad.

- Entonces, dígame, señor Wuu Li, ¿quiere que le presente personalmente a la señorita Kinomoto?

- Oh, por todos los dioses, sí. - Su mujer le dio un golpe con el codo, pero este la ignoró sin despegar los ojos de la hija del general. Xiao Lang no pudo evitar reírse. Sakura causaba ese efecto en los hombres, sin duda. Lo comprobó la noche que pasaron con los duques de Nanda y ahora había quedado absolutamente confirmado.

Todos contemplaron como la pareja se acercaba lentamente, con la confianza de un par de amigos. Sakura se cogía del brazo del segundo príncipe buscando fuerza y apoyo. Y Eriol se lo cedía con suma satisfacción. Algo rugió en el pecho del joven heredero. Cada vez se sentía más molesto al ver a su hermano socializar tan fácilmente con ella. Pero escondió sus sentimientos detrás de una sonrisa suave. No podía cometer el error de mostrarse turbado o celoso.

- Buenas noches otra vez, hermano. Oh, pero si está aquí nuestro querido duque Dewei Wuu Li… cuanta familia nos ha honrado hoy con su presencia. Mei, sin duda has usado tus contactos – su prima le miró con desaprobación. - Oh, discúlpeme, princesa Li. No era mi intención tutearla. Es la costumbre. Procuraré ser formal el resto de la velada.

- Lo entiendo, alteza. No es necesario que se disculpe, somos familia, a fin de cuentas – Eriol asintió y sonrió a su hermano. Xiao Lang se había quedado absorto sin ser apenas consciente de ello. El segundo príncipe vio el ligero sonrojo en sus mejillas y se lamentó por no poder burlarse de él. Pero logró apiadarse y tomó la iniciativa de las presentaciones.

- Duque Li, creo que no le he presentado a mi acompañante. - El hombre negó fervientemente y se acercó, ansioso. – Le presento a la hermosa señorita Sakura Regina Kinomoto Amamiya, hija del general del imperio y futura esposa del príncipe heredero.

- Lo que la convierte en su cuñada. ¿Verdad alteza? Absolutamente maravilloso… Es un placer poner rostro al fin a la hija del duque Kinomoto. Debo admitir, mi dulce señorita, que jamás imaginé que la belleza de su madre pudiera ser superada. – Sakura tuvo el descaro de fingir un sonrojo y apartó la mirada con un parpadeo "inocente".

- No merezco sus halagos, mi apreciado duque. Mi madre siempre será la diosa de la belleza y la moda. Yo sólo tengo la juventud a mi favor.

- Oh, sin duda su madre era hermosa de joven, cierto es… pero no tiene nada que envidiarle, se lo aseguro. – Sakura iba a fingir inocencia de nuevo, pero notó la mirada de odio que le dirigía su esposa y se animó a calmar la situación sacando otra de sus entrenadas facetas. La candidez de un buen halago.

- Es todo un honor conocerla, duquesa Wuu Li. Mi padre me ha contado maravillas de usted – el labio superior de esa bruja se arrugó en una mueca disgustada. Pero no se dejó intimidar. Se sentía muy segura bajo la tutela del segundo príncipe. Aunque no comprendía exactamente la razón.

- ¿Es así? No veo que motivo tendría el general Kinomoto para halagarme… - la muchacha fingió no darse cuenta de su desagrado y tocó el brazo de la mujer con suavidad. Normalmente ese gesto sería considerado descortés, pero ahora que Sakura era un futuro miembro de la realeza, se convertía en un honor.

- No sea tan dura consigo misma. Por supuesto que hay motivos. Verá, mi señor padre adora todo lo dulce y según me han dicho, usted disfruta haciendo su propia repostería. ¡Un manjar digno de un ángel! Así describió mi padre sus postres – la mujer se sonrojó, no era muy apropiado que una mujer de la nobleza pasara su tiempo en la cocina.

- Su padre sólo exageró mis cualidades para complacerme, señorita Kinomoto. No creo que mis postres sean siquiera dignos de mención.

- Oh, yo no lo veo así. Es difícil sacar un cumplido de la boca de mi padre, se lo aseguro. ¡Estaba entusiasmado! Fue tanta la envidia de mi madre, que decidió intentarlo una vez. Ya sabe, para complacerle. ¡Semejante alboroto armó! Tuvimos que reformar la cocina entera después del desastre que dejó en los hornos – Eriol soltó una carcajada. – Y claro, mi padre tuvo la fabulosa idea de intentar consolarla. Así que le dijo que no debía preocuparse ni esforzarse tanto. Si tenía antojo de algo dulce, le pediría a usted una de sus tartas de fresa. ¡Nadie podía igualar sus fascinantes postres de fresa! – la mujer se sonrojó de nuevo, pero esta vez, fue por el halago y no por la vergüenza.

- Su amable padre no debió decir eso, no quiero imaginar lo molesta que se sintió la duquesa Kinomoto.

- No se apure. En realidad, fue divertido. Mi madre se desquitó toda una semana. Obligó a mi padre a comer brócoli mañana, tarde y noche. El pobre hombre se escapaba a las cocinas en cuanto mi madre no miraba y se comía todo lo que había en la despensa – la pareja de esposos sonrío, muy cómodos con la conversación de la joven. Las damas de alta cuna tendían a permanecer calladas, era la opción más inteligente. Así se evitaban decir algo inapropiado en presencia de su majestad. Pero obviamente, Sakura no era una de esas damas. Y curiosamente, resultaba todo un soplo de aire fresco para la mayoría.

- Sus padres parecen una pareja muy avenida…

- Oh, sin duda. Su amor es sincero. Algo raro en estos días…

- Si, querida. Son afortunados. Como nosotros – la duquesa se colgó del brazo de su esposo y acurrucó la mejilla contra su hombro. - ¿Verdad, querido?

- Oh, sí… claro, claro….

Eriol no pudo contener la risa al ver cómo ese viejo pervertido se sonrojaba como un colegial. Su hermano se había quedado corto al decir que la señorita Kinomoto sabía manipular a los demás. Tenía a los Wuu comiendo de su mano, y eso que eran familia directa de la mismísima Meiling Li. Pero con esa cara angelical y su expresión ingenua, Sakura lo tenía más fácil que el resto. Al parecer, todos acababan considerando que su "inexperiencia social" era un cándido aspecto de su personalidad. Incluso aquellos que la habían criticado por ello. Si no fuera la prometida de su hermano, él mismo la hubiera proclamado como suya. Se maldecía por no haber intentado descubrirla antes, cuando solo era la hermana escondida de Touya Kinomoto.

Sakura pareció darse cuenta al fin de su descortesía al no saludar a los anfitriones y se giró para hacer una reverencia a la pareja. Como no levantó la cabeza, no se dio cuenta del rostro embelesado de su futuro esposo. Ni tampoco de la mirada de profundo desprecio que le enviaba la princesa de la noche.

- Buenas noches majestad, futuro sol del imperio. Es un honor estar aquí esta noche.

- La veo bien, señorita Kinomoto. El vestido que le regaló mi padre se adapte perfectamente a usted.

- Es muy amable. Oh, y la felicito, señorita Li, por su arduo esfuerzo. Todo está muy lujoso y elegante. Tiene un don para ostentar el poder de la realeza – Sakura disfrutó con la ceja alzada de esa bruja de pelo negro. Su rostro estaba más pálido que de costumbre y sabía que era por su culpa. Normalmente evitaba provocar a esa arpía, pero hoy no se sentía tan generosa. Apoyó su cabeza en el brazo del segundo príncipe y le sonrío descaradamente - ¿Verdad que está todo precioso, majestad? La señorita Li es una anfitriona maravillosa.

- Puede que no lo recuerde, señorita Kinomoto, pero sigo siendo un miembro de la realeza, sería correcto que me llamara princesa Li. – Eriol la fulminó con la mirada, pero Mei ni siquiera se molestó en devolvérsela.

- Oh, pero que estupidez la mía. Por supuesto, discúlpeme, su majestad. Cómo sabe, no fui educada para estas situaciones.

- No se preocupe, soy consciente de ello y tendré paciencia. Ya me ofrecí a ayudarla en una ocasión. Puede que ahora quiera reconsiderarlo. Así evitará quedar en evidencia frente a la familia real. Ya es la segunda vez que comete un error, por lo que sé. No podemos permitirnos una tercera ocasión. ¿Verdad? – los puños de Sakura se cerraron sobre la tela de su vestido, pero se calmó rápidamente.

- Le agradezco de nuevo el gesto, pero sería descortés. No quiero ofender a la marquesa de Rue, que tanto esfuerzo ha puesto estos meses en mi educación.

- Por supuesto… aunque al parecer deja mucho que desear aun… quizá la marquesa no sea lo suficientemente dura con usted.

- Seguro que es así, lo cierto es que por alguna razón todos están siendo muy amables conmigo. Les estoy muy agradecida.

- Es normal sentirse perdida en este ambiente, señorita Kinomoto. No se apure. Lo hace muy bien – Sakura sonrío a la duquesa de Wuu por su comprensión y miró con oculto desdén a la princesa carmesí. Un silencio algo incómodo se formó entonces y todos los presentes se quedaron esperando la intervención del príncipe heredero. Este dio un respingo sobre sí mismo al darse cuenta.

- Yo… eh… pueden ir a la sala principal. Ya están repartiendo unos canapés y pronto pasaremos al comedor. Hermano, escolta a la señorita Kinomoto y cuida de ella por mí – Todos hicieron una reverencia y se despidieron de la pareja de honor. Pero Eriol no pudo evitar pararse unos segundos al lado de Xiao Lang.

- Limpia la baba de tus labios, hermano. O Mei te pisará con sus tacones en el primer baile.

- Cretino…

- Yo no soy el que ha perdido la capacidad del habla cuando ha visto a la señorita Kinomoto… pero te entiendo… daría un brazo por estar en tu lugar, hermanito… tenerla en la cama el resto de tu vida… cabrón con suerte.

- Eriol… No vayas por ese camino, está noche no. Te recomiendo que no busques el límite de mi paciencia…

- Sí, sí… ya me voy. Siempre tan serio…

Xiao Lang Li miró de reojo a la pareja que se alejaba. El vestido era aún más revelador por la espalda y sintió de nuevo la boca seca. En la sociedad aburguesada no estaba mal visto que las mujeres tuvieran la piel bronceada, sin embargo, era muy poco adecuado para las damas de la aristocracia. Se consideraba sinónimo de pobreza. Pero esa noche la joven dama Kinomoto había pisoteado años de sombrillas y pamelas atroces. Ese verano, las hijas nobles de alta cuna cederían ante una nueva tendencia. La luz solar. Miró una vez más su figura mientras se perdía entre la multitud y suspiró. Sí, debía admitir que su padre tenía un gusto impecable para la belleza femenina.

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Sakura se sintió al borde de un abismo casi toda la velada. Si ya le resultaba difícil mantener la compostura frente a los nobles, ni que decir ante toda la maldita familia real. Ni siquiera se sabía los nombres de la mayoría, y eso que había estado estudiando todo el condenado árbol familiar de los Li ¿Cuántos parientes tenía ese principito arrogante? ¡Eso es lo que pasa cuando te casas generación tras generación con tres mujeres! En vez de un lobo, el escudo de su familia debería ser el de un conejo. ¡Se reproducían como tal! Por suerte para ella, Eriol cumplía su papel de escolta al cien por cien. Era educado, atento y no dejaba pasar una sola oportunidad para presentarla a todos los invitados. Se sentía agradecida, pero también tenía su contraparte.

Y es que el segundo príncipe exageraba con sus halagos y temía por la impresión que se llevarían los demás en cuanto a la relación que existía entre ambos. A veces, ese joven de ojos azules era demasiado atrevido con sus gestos. En privado, era muy satisfactorio. Y no le importaba seguir sus bromas y aceptar sus atenciones (aunque eso molestara infinitamente a su madre y a Tomoyo). Pero ambos debían mantener el decoro frente a esos aristócratas reales, o se la comerían viva. ¡Pero era tan difícil resistirse a él! Ella misma había cometido ya más de un desliz al recostarse en su brazo cómo si fueran dos jóvenes en su cortejo, paseando bajo la atenta mirada de una carabina. Notó como muchas viudas la miraban reprobadoramente, negando con sus cabezas y frunciendo sus labios con ojos indignados. Sintió un escalofrío. ¡No era culpa suya! ¡Ese maldito príncipe era en verdad encantador! Sakura maldijo el día en que Xiao Lang Reed Li nació. Ya podía haber sido dos años más tarde. Así Eriol sería el príncipe heredero en vez de ese déspota.

Por suerte, durante la cena la acomodaron entre su madre y su cuñada. Meiling había tenido el detalle de alargar su estancia al invitarlas a la gala de clausura. O más bien la reina Ana la había obligado a ello. La cortesía no era un adjetivo que describiera a la princesa. Pero estar con su familia le daba un respiro de tanto cuchicheo y acusación. El vestido había causado fervor entre los hombres, pero por desgracia también había levantado muchas envidias en las damas. Sakura imaginaba que no la consideraban digna de ser una de las esposas del príncipe heredero. Y no lo era. Se había encargado toda su vida en cultivarse justo en la dirección contraria. Pero al parecer, poco importaba su opinión y no seguiría lamentándose por ello. Así que agradeció la compañía. Claro que todo tenía un precio.

La duquesa Kinomoto era de armas tomar, y sólo le daba ordenes. "¡Siéntate erguida! ¡No te tapes el escote! ¡No sorbas la sopa! ¡Deja de tocarte el cabello!" Era todo un tormento. Pero al menos la condena le resultaba familiar. Y si algo había echado de menos en ese maldito palacio, era el calor de un verdadero hogar. Por muy agobiante que fuera en ocasiones. Miró por encima de los candelabros y observó el otro lado de la mesa. Su prima lucía muy hermosa con ese vestido de tul azul y el cabello recogido en una trenza de raíz. Sin duda la duquesa Kinomoto la habría convencido para que se lo recogiera en un intento de esconder su candidez. Pero su belleza era demasiado obvia para ocultarla con algo tan simple. Además, estaba sentada al lado de la marquesa de Rue, que a pesar de ser una persona mucho más "llevadera" de lo previsto, no era precisamente un estándar de belleza. Así que Tomoyo destacaba como una moneda nueva. Muchos hombres la seguían con los ojos anhelando su atención, pero ella fingía no darse cuenta.

Gracias a la compañía de los suyos y de la conversación amena que mantenía Eriol con su familia, Sakura pudo superar la pomposa cena de mil platos. Aunque apenas se atrevió a probar bocado. Se sentía más nerviosa de lo habitual esa noche. El vestido era muy hermoso y más cómodo que los que había elegido su madre para llenarle el armario. Pero también era una carga. Demasiado llamativo. No era indecoroso, pero tampoco sutil. Y aunque agradecía el escote disimulado de su pecho, seguía siendo demasiado revelador por la espalda. Había intentado ocultarlo dejando libre su larga melena, pero aún así se sentía desnuda.

Para su total alivio, pasaron al salón de las damas. Era el paso previo al baile y a los fuegos artificiales y eso la acercaba un poco más al fin de la velada. Era una costumbre de las familias lujosas el separar a las damas de los caballeros tras la cena. Hablar de negocios era tedioso para ellas y tampoco apreciaban el olor de los puros. Sakura lo consideraba una costumbre humillante. Dar por supuesto que una dama no quería participar en conversaciones más serias, era difamatorio y poco cortés. Pero al parecer, era la única que lo veía de ese modo. Todas las demás damas se sintieron aliviadas al alejarse de la compañía masculina y abrazaron con entusiasmo el nuevo tema de conversación. "Las telas que se habían importado desde Bisalia y el nuevo diseño de la joyería de la condesa de Yorky" Sakura puso los ojos en blanco y escuchó la risa suave de su prima. Vio algo parecido a la compasión en esos ojos violeta.

Sakura añoraba ser ella misma más que nada en el mundo. Su vida parecía una obra de teatro interminable y odiaba el papel que le había tocado. ¡Cómo echaba de menos su vida en el ducado! Las noches que pasaba en el despacho de su padre, sólo haciéndole compañía. Añoraba el olor a coñac y a tinta recién escrita. Ya no podría disfrutar de esos momentos que pasaba acurrucada en la alfombra, leyendo alguna novela de aventuras y escuchando el rasgar de la pluma de su padre mientras contestaba cartas y firmaba permisos y cheques.

Caminó con lentitud, alejándose de las miradas reprobadoras, buscando con sus ojos un rincón dónde poder recobrar el aliento y centrar sus prioridades. Sin darse cuenta, se alejó por los pasillos circundantes, olvidando que ese palacio era un maldito laberinto. Se perdió casi al instante, pero no pensó que fuera un problema. Le iría bien un poco de tranquilidad y siempre podía pedir indicaciones a alguno de los guardias.

Pronto fue atraída por voces masculinas y su curiosidad le ganó la partida. Las risas llenaron sus sentidos y sacó la cabeza por una de las puertas rojas de lo que suponía, era el ala sur. El humo del salón de los varones, como comúnmente se llamaba a la zona de juegos de mesa y azar, le arrugó la nariz. Odiaba el aroma de los puros casi tanto como el gusto del brandi de Prustia. No comprendía a los nobles. Se reían y fumaban como chimeneas viejas. El aire se volvía más denso a cada paso que daba y pronto notó la garganta irritada. Eriol la descubrió casi al instante y levantó una ceja curiosa. Pudo ver la preocupación en esos hermosos ojos azules y se sintió culpable por interrumpir su descanso. Le dedicó una sonrisa tranquilizadora y negó con la mano. Si se mostraba contrariada, el joven dejaría sus obligaciones sólo para atenderla. Y ya le había causado muchos dolores de cabeza ese día. Así que se alejó con rapidez y caminó en busca de aire fresco.

Eso la llevó hasta los jardines del príncipe heredero y supo que al fin había encontrado un lugar para refugiarse. Aunque dudaba que pudiera estar allí sin su autorización. Pero olvidó ese pequeño detalle y respiro el aroma floral tan típico de principios de verano. La oscuridad de la noche calmó poco apoco sus sentidos y una ligera brisa le acarició la piel desnuda de la espalda. Había refrescado un poco, pero la temperatura seguía siendo de su agrado. Cerró los ojos y se dejó llevar por ese preciado momento de paz y soledad. Pasaron los minutos, y ni siquiera fue consciente de lo tarde que era hasta que la música del primer baile colmó sus sentidos.

El príncipe heredero y su pareja debían estar danzando elegantemente en el centro de la sala. Rodeados por todos los invitados y siendo admirados por la hermosa pareja que formaban. Sin duda era el momento más esperado de la gala, pero no era de su interés. Más bien todo lo contrario. El primer baile era un honor que ella no envidiaba. Ni siquiera había querido bailar con el príncipe en su propia gala. La luz de sus ojos se ensombreció y sintió que su garganta se cerraba. Y esta vez, no era por el humo de los puros. Soltó un suspiro al recordar todos los sucesos de la noche anterior y la imagen de un joven de cabellos grises se le apareció como un fantasma. Sintió el ardor previo al llanto en sus ojos. Pero no cedería. Por desgracia, ya no era una niña.

- No seas tonta, Sakura… él ya pertenece al pasado…

Pero por mucho que intentara convencerse de sus propias palabras, su corazón no transigía. Cada vez que cerraba los ojos veía esa hermosa sonrisa cariñosa y atenta. Yukito… su adorado Yukito. Desde niña lo había admirado. Su voz suave, sus gestos nobles y ese maravilloso don con el arco. Cada vez que veía su mirada concentrarse en la diana, mientras erguía su espalda y tensaba la cuerda… maldita sea, se sonrojaba con solo recordar lo impresionante que se veía.

Nunca creyó que esa adoración se convertiría en amor. Ahora tampoco estaba del todo segura de lo que sentía por el hijo mayor de los Tsukishiro… pero sin duda hubiera sido un esposo mucho más idóneo que el engreído heredero al trono. Maldita sea, cualquiera de los soldados que se habían criado con ella sería una mejor opción.

Pero lo que nunca esperó, es que Yukito tuviera intención de pedir su mano. Cuando el joven le pidió perdón por no haberlo hecho antes, se sintió morir. Nunca esperó que le confesara semejantes intenciones en el jardín del segundo príncipe, con el dulce aroma de las fresias y bajo la atenta mirada de su hermano Touya. ¿A caso había estado al alcance de ese joven tan maravilloso? ¿En verdad él había sentido amor por ella o sólo quería honrar la amistad de toda una vida? ¿Lo hubiera hecho por Touya? ¿Por su padre? ¿O por ella? No se atrevió a preguntárselo. Sólo vio el sincero arrepentimiento en esos ojos que tanto cariño le habían mostrado al largo de su corta vida. Y quiso volver el tiempo atrás y obligarle a comprar ese condenado anillo antes de que el estúpido emperador le fastidiara su vida. Pero solo pudo mirar a Touya y soltar un par de lágrimas. ¿Era cosa suya todo eso? ¿Tanto la quería que sólo podía confiarla a su mejor amigo? Se lanzó a los brazos de ambos y se echó a llorar como una niña. Y su hermano se sintió aún más impotente al no poder salvarla de su destino. Ni él, ni nadie podía. Ya era demasiado tarde para soñar con una vida en el ducado de los Kinomoto, junto a su familia y amigos.

- Las noches aún son frías. ¿No cree? – Sakura saltó sobre sí misma, perdiendo el equilibrio. Hubiera caído al suelo si un par de brazos no la hubieran atrapado al vuelo. Eran cálidos y fuertes. Y por alguna razón, la marearon aún más que la inminente posibilidad de una caída. Levantó la vista y la visión frente a sus ojos la dejó estupefacta.

- Oh, por todos los dioses. ¡Alteza! – Sakura abrió los ojos cómo dos platos y los clavó en esas hermosas orbes de fuego. Pero se arrepintió al instante. Una vez más había cometido un error frente a la familia imperial. Se apartó como si el hombre quemara he hizo una reverencia torpe, mientras sentía sus mejillas arder. – Mis saludos, su alteza imperial, nuestro sol del imperio.

- Oh, ya te dije que no fueras tan formal. Menos ahora que estamos a solas. He logrado despistar a mi amada emperatriz por un rato. Estas a salvo – Sakura no se atrevió a levantar la cabeza. ¿Qué hacía el mismísimo emperador en los jardines y completamente a solas? Buscó de soslayo por los alrededores y ni siquiera distinguió a los guardias que lo acompañaban a sol y a sombra - ¿Qué te preocupa querida? ¿Buscas a mi escolta?

- Yo… sólo estoy algo sorprendida de verle a solas, su majestad.

- Ya, bueno. En eso debo darte la razón. No he estado solo ni una vez desde que mi padre me otorgó su corona. Mi escolta está dispersa y oculta a la vista, pero siempre me acompaña.

- Comprendo…

- Oh, pero levanta la cabeza, muchacha. Deja que mi vista se deleite con ese par de ojos que tu madre te regaló al nacer – Sakura siguió temblando, pero finalmente se atrevió a levantar la mirada. Efectivamente. Ahí estaba el mismísimo Hien Reed Li. El hombre que la había condenado a una vida de mentiras y trampas. Pero al verlo ahí, bajo la luz de la luna con una sonrisa tan amable, ni siquiera pudo maldecirlo. Lo cierto, es que le recordaba a su padre – Sí, exactamente del mismo tono. Sabía que ese vestido estaba hecho a su medida, joven Kinomoto. Su padre lloraría de gozo si pudiera verla esta noche. La ama profundamente, puede estar segura de ello.

- Le agradezco enormemente su regalo, su majestad. Y sus cumplidos.

- Oh, no fue un regalo desinteresado. Quería que mi pareja de baile luciera lo más hermosa posible para la ocasión – Sakura se puso nerviosa. ¿Pareja de baile? ¡Debía ser una broma!

- Me temo que no le comprendo… – Hien Li sonrió y tomó su mano para que se cogiera de su brazo. Sakura tembló como una hoja y le miró asombrada.

- Oh, al fin consigo levante esa cabeza – la muchacha hizo el amago de apartar sus ojos, pero los dedos del emperador se lo impidieron. - Oh, no, ni se le pase por la cabeza desviarlos ahora. Esta noche, es mi dama.

Caminó bajo su guía sumida en un nervioso silencio y en tan solo un instante, estaba de nuevo entre las pomposas paredes de palacio. Hien Li la condujo al salón y su corazón casi se le sale del pecho al llegar a la escalera por segunda vez esa noche y ver a todos los invitados mirándolos pasmosamente. Una de las preciosas copas de cristal cayó al suelo y el estrepito resonó por toda la sala causando un eco atroz. Todo un tropel de sirvientes salió a recoger el estropicio y el emperador soltó una risa que aún les dejó más turbados. Pero no podía culparles. El mismísimo emperador había llegado al fin, pero lo había hecho acompañado de la señorita Kinomoto y no de su emperatriz. Los músicos dejaron de tocar y uno a uno todos los comensales se fueron inclinando en una profunda reverencia. Hien Li empezó a descender la larga escalera, arrastrándola con él. Y sintió como las manos se convertían en gelatina. ¿Por qué estaba haciéndole algo como eso? ¿Por qué ese hombre la exhibía como si fuera su dama en vez del a de su hijo? ¿Qué quería lograr con esa actitud?

Divisó los ojos de su madre entre la multitud y tragó grueso. Le había pedido unas noches atrás que llamara más la atención y que no pasara tan desapercibida. Pero estaba convencida de que no se refería a algo como eso. Hien Li guio a su futura nuera al centro de la pista entre saludos y buenos deseos y la hizo girar a su alrededor con elegancia. Todas las parejas se disiparon y muy pronto estaban solos en el centro del gran salón. Sakura sintió cómo el piso rodaba bajo sus pies. Una gota de sudor frío bajó por su frente y casi no podía contener el temblor de su boca. Sintió la mirada de su prima a lo lejos y cómo esta le infundía ánimos. Pero aún así, era demasiada presión para su primer baile en palacio. Buscó inconscientemente al príncipe heredero y lo halló al lado de su pomposa prima y sus dos hermanos. Parecía tan atónito como el resto. La señorita Yanaguisawa también estaba con ellos y la miraba con el ceño fruncido. Se dio de puntapiés por eso. Ahora, hasta la señorita Yanaguisawa la despreciaba ¿No se daba cuenta el maldito emperador de la situación tan incómoda que estaba creando a su alrededor? Sólo era una de las tres candidatas. No podía tratarla tan distintamente. ¡Ni siquiera era la anfitriona esa noche! ¿Por qué no sacaba a su sobrina a la pista de baile? ¡Ella no estaba preparada para bailar frente a otros, mucho menos bajo esa presión! La orquestra se colocó de nuevo en posición y Sakura casi se desmaya por el impacto. Pero la mano firme de Hien Reed Li enderezó su cintura y con calma tomó su mano derecha para acompañarla.

- Alce la cabeza, señorita Kinomoto. Si yo puedo notar su incomodidad, los demás también lo harán. Así que míreme, se lo ordeno – Sakura obedeció por instinto y sintió como todos en la sala exhalaban asombrados por su impertinencia. Había mirado al emperador a los ojos y lo había hecho frente a toda la maldita familia real. Intentó agachar la cabeza, arrepentida, pero la voz de Hien Li se lo impidió. – Nunca deje que nadie le diga cual es su lugar. ¿Me ha comprendido, señorita Kinomoto? - Asintió en silencio y por primera vez, le regaló una sonrisa. – Mucho mejor, mi niña… Eres la digna hija de mi más preciado general. Que no se te olvide. Alza la cabeza con orgullo y demuéstrales que mereces estar aquí.

- Pero su majestad… no creo que este sea el mejor modo de demostrar nada.

- ¿A no? ¿Y eso porqué?

- Verá… debo confesarle que soy pésima bailarina. – el emperador se rio con gusto y dio un golpe de cabeza para que la orquestra empezara a tocar.

- Tonterías. Sólo deje que la guie. Ninguna mujer es mala bailarina estando conmigo. Se lo puedo asegurar. Sólo mantenga su vista en mis ojos y nunca mire el suelo. Es mi secreto. Y verá que es muy eficaz. Y ahora, disfrute de este vals.

Y cómo si el mundo se rindiera a los deseos del sol del imperio, el cuerpo de Sakura se movió en perfecta sincronía desde el primer paso. Sentía cada movimiento nacer de sus entrañas y fue transportada dentro de la suave melodía. Era una muñeca de trapo cuyos hilos eran movidos por la magia de ese hombre. Y por alguna razón, se sintió nostálgica. Bailar con el emperador era demasiado fácil y familiar. Como cuando bailaba sobre los pies de su padre. Lo habían hecho varias veces cuando ella aún era muy pequeña y siempre acababan riéndose cuando se caían de bruces. Pero no fue así esta vez. El emperador la guiaba con fuerza, avisando a su cuerpo de cada futuro movimiento. Podía ver sus intenciones en el brillo de esos ojos firmes. Eran de un precioso ámbar, caliente como el sol. Iguales a los de su hijo. Pero el efecto que causaban en ella era totalmente distinto. Los ojos de Hien Li le inspiraban seguridad. Calma. Cómo si sus brazos jamás pudieran dejarla caer. Puede que ese fuese el motivo por el qué podía estar ahí de pie, bailando sin miedo al error. La música se paró unos minutos más tarde y Sakura supo con seguridad que había bailado con gracia y elegancia bajo la tutela del sol del imperio. Todos aplaudieron y al fin sintió que su cintura era liberada. Se inclinó en una pronunciada reverencia, apreciando el latido de su desbocado corazón y parpadeó en busca de algo de cordura. ¿Cómo lo había resuelto? ¡No se había equivocado en un solo paso!

- ¿Lo ve? Puede hacer todo lo que se proponga, señorita Kinomoto. Sólo es necesario un poco de fe y una mano firme a la que recurrir cuando se tropiece. Espero que, para la próxima, le ceda este honor a Xiao Lang. Es un gran bailarín, cómo su padre. Y sabrá guiarla de igual modo.

- Gracias, su majestad. Ha sido muy agradable.

- ¿En verdad? ¿No me lo dice por puro compromiso?

- En absoluto. He gozado con el baile. No creí que lo haría, pero así ha sido, su majestad.

- Me alegra mucho oír eso. – Sakura le dedicó una sonrisa sutil – Sí, creo que he logrado mi cometido. Espero que sea suficiente.

- ¿Su majestad?

- Oh, y no se desespere con la puntuación de esta noche. Todos sabemos que parte con desventaja. Pero el tiempo siempre pone las cosas en su lugar. Y si no es así, aquellos con la fuerza suficiente pueden torcer el destino.

- ¿Qué es lo que busca con toda esta actuación, su majestad? – los ojos del emperador se abrieron, sorprendidos. Pero pronto le dedicó una sonrisa cómplice.

- Tiene el don de la absoluta sinceridad. ¿No es así? Habla directamente, sin rodeos ni miedo a las consecuencias.

- Oh, no es así. Lo cierto es que me aterra.

- En ese caso, aún le da más valor a su pregunta directa.

- Y… ¿me concederá el honor de contestar? – Hien Li se acercó lo suficiente para susurrarle sus siguientes palabras.

- Sólo quiero que sea la futura emperatriz. Mis motivos son cosa mía.

- Ya veo… pero yo, no deseo serlo. Nunca he guardado semejante ambición en mi corazón – sus ojos se encontraron. La muchacha sabía que toda la sala les observaba, pero ya no le importaba. Quería respuestas. Se merecía saber porqué había sido privada de su vida.

- Y precisamente por eso, es la mejor candidata para serlo.

La respuesta le golpeó el rostro como una bofetada sonora y se quedó muda. El emperador aprovechó la ocasión para tomar su mano y guiarla hasta el segundo príncipe y el resto de sus hijos e hijas. De ese modo, su conversación quedó relegada al olvido. Dedicaron los siguientes minutos a parlotear sobre trivialidades con los príncipes y Sakura se perdió en una bruma de irrealidad. Ni siquiera notó el odio que desprendían los ojos de la princesa Li ni la preocupación que empezaba a nacer en el corazón de su futuro esposo. Pero pronto llegó la reina y les interrumpió con su embriagadora presencia sacándola de su ensoñación.

- Su majestad, la emperatriz está a punto de llegar. Sería mejor que fuera a recibirla.

- Oh, sí… supongo que ya iba siendo hora. No se puede entretener a mi "amada" esposa mucho rato. Siempre me encuentra, la muy pilla – Eriol soltó una risa alegre, pero fue intimidado por su madre, que le fulminó con esos ojos azules tan parecidos a los suyos. Eso sólo causó la risa del emperador, que arrinconó a su segundo hijo y lo llevó lejos de oídos curiosos – Hijo, cuida a la señorita Kinomoto y no dejes que los invitados de mi sobrina la acorralen. Meiling es más astuta de lo que aparenta y tiene una mentora cruel. Esta noche ha recibido un buen golpe por mi parte, y temo que descargue su ira contra ella.

- Estaré muy atento, padre. Aunque espero que un día me expliques a que ha venido todo esto… - el emperador le sonrío de lado y acarició su cabeza con cariño. Xiao Lang era el elegido para ser su heredero y se sentía muy orgulloso. Pero era su segundo hijo el que más alegrías le daba. Eriol era un alma libre y esperaba que jamás tuviera que asumir las responsabilidades de dirigir un reino. No iba con su personalidad, ni con la de Takashi.

- Creo que lo adivinarás por ti mismo mucho antes, hijo. Pero tengo que dejarles ya. Cuida de mi futura nuera. Xiao Lang ya tendrá suficiente hoy con vigilar a mi sobrina.

Sakura le vio partir al lado de la reina Anna y sintió que esa bruma de irrealidad se iba disipando lentamente. Eriol llegó a su lado y se atrevió a posar la mano tras su espalda mientras le sonreía. Todos la miraban como si fuera una oveja perdida entre lobos y debía despejar toda esa atención antes de que la joven perdiera la cabeza. Eran demasiadas emociones, incluso para alguien tan fuerte como la joven Kinomoto.

- Madre mía, señorita Kinomoto… ¿No se suponía que erais un pato mareado en la pista?

- Yo… eh… bueno… supongo que nunca le puse interés, pero…

- ¿Interés? ¡Ha bailado como toda una experta! Me pido el siguiente baile… - la muchacha tomó su mano y le suplicó con los ojos. – Oh, vale, vale… no más bailes. Pero acompáñeme a dar un pequeño paseo. No aguanto más esta pomposa velada. – Los ojos color rubí de su prima le atravesaron la nuca y se giró para contemplarla. – Oh, vamos Mei. No te sientas mal. Sabes que prefiero las fiestas de pueblo. Dónde el vino es barato y las damas son generosas.

- A veces eres tan vulgar… - el muchacho le lanzó un beso juguetón y se despidió con la mano.

- ¿No tienes que seguir atendiendo a tus invitados? Xiao, cuida de nuestra prima. Parece algo indispuesta. A lo mejor le ha sentado mal alguno de los mil platos de esa cena pomposa - Sakura no tuvo tiempo de despedirse y se dejó guiar por él. A penas sí se dio cuenta de la mirada de odio que le envió la princesa Li. Quería salir de allí lo más rápido posible y tomar un poco el aire.

- ¿A dónde me llevas?

- Lejos del alcance de Mei. No envidio a Xiao… tendrá que lidiar con su mal humor el resto de la velada. Pero nosotros nos mantendremos alejados de todos los Li que podamos esta noche. Ya estoy empachado de tanta familia imperial. ¿No te parece? - Sakura entrelazó su brazo al del muchacho y recostó su cabeza. Sabía que no era correcto, pero estaba demasiado cansada para luchar contra su necesidad de apoyo.

- Gracias Eriol… - el muchacho le sonrío con cariño y ambos se alejaron por los jardines.

Ninguno notó como dos ojos color fuego ardían de envidia a lo lejos. Xiao Lang cerró los puños y se mordió el labio inferior, más confundido que nunca. No comprendía a su padre. Ni tampoco a Eriol. Maldita sea… esa joven díscola estaba alterando su pacifica vida en palacio. Quería maldecirla por ello, pero en secreto se descubría a si mismo anhelando su compañía. Pero no quería a la Sakura que le acompañaba en silencio. Ni tampoco la que le rehuía la mirada y le dedicaba sonrisas forzadas. No, esa joven turbulenta y molesta que le despreciaba no era de su agrado. Pero sí quería a la Sakura que acariciaba el brazo de Eriol con cariño. O a la muchacha que bailaba sonrojada con el emperador. Quería a la dulce hermana que lloraba por un regalo y a la cándida niña que escondía el latir de su corazón frente al mayor de los Tsukishiro. Pero… esa Sakura no era la suya. Y puede, que jamás lo fuera.

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Continuará…

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Notas de la autora: Por todos los dioses (que diría Sakura) este capítulo me ha costado sudor y sangre. Lo he editado tantas veces, que ya ni reconozco el original, jajajaja. Aún así, espero que sea de su agrado. Seguiremos en quince días, con el fin de la gala de Mei. ¿Les ha gustado Hien? Es como Fujitaka y Eriol fusionados, jajajaja. De nuevo les agradezco su apoyo infinitamente y les dejo otro regalo. Un pequeño avance de lo que se viene. Es un dialogo entre Sakura y Xiao Lang. (tienen una laaaarga conversación en el siguiente capítulo, jajajaja ¿O sería más propio llamarlo un debate? Jajajaja ) Gracias y … ¡Ya saben cuanto los quiero! Oh, por cierto, empieza hablando Xiao… como es solo un trozo se lo digo, para que no se pierdan

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- Habla egoístamente.

- ¿Disculpe?

- Tiene una obligación de nacimiento. Si la rechaza, es por puro egoísmo.

- ¡Eso es un disparate!

- ¿Lo es? ¿Por qué no quiere ser mi esposa, señorita Kinomoto?

- ¡Porque no le amo! – Xiao Lang la miró en silencio, demasiado afectado por la crueldad y sinceridad de sus palabras. Era la respuesta obvia, pero por algún motivo, le dolía igual.

- Ni yo a usted. El amor, no es algo a lo que debamos aspirar.

- Eso es… es…

- No me diga que es algo triste. No estaré de acuerdo. Las personas tienen sus prioridades y la mía es mantener este imperio unido y en paz. Velaré por su prosperidad y la satisfacción de las personas que viven en él. Ese es mi objetivo y mi mayor deseo. Y quiero que la mujer que este a mi lado, quiera lo mismo. Por eso elegí a Naoko. No por mis sentimientos ni el aprecio que le tengo. Sino por sus aptitudes, su inteligencia y su generoso espíritu. – Sakura abrió la boca de par en par y luchó con su corazón. Comprendía el mensaje que ese hombre quería transmitirle, pero no podía estar de acuerdo con él.

- Un reino que permite que sus gobernantes no puedan ser felices, no es un reino que merezca mi aprobación ni mi orgullo. ¿Cómo puede un emperador entender el amor de su pueblo si no sabe lo que es?

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Espero dejarles intrigados… jajajaja. Un beso y…¡Hasta el viernes 6 de noviembre!