Los personajes de Inuyasha pertenecen a Takahashi Rumiko, yo solo los tomó prestados para poder dar forma a la trama la cual si me pertenece. Todo sin lucro y solo con el afán de entretener.


La Maldición de Shikon

10. Guardapelo.

Kagome seguía viendo sorprendida el pequeño guardapelo dorado, en la tapa tenía una media luna con una estrella, pero lo más relevante era la fotografía que guardaba y el nombre grabado.

—Me sorprendió también, aunque yo creo que tú ya lo sabías— dijo Midoriko.

—¿Cómo dice?

—Tu esposo, se parece mucho a él— miró el guardapelo, la foto que tenía era de Yasha.

—Sí, se parecen.

—Me preocupa que dejes entrar en tu cuerpo el alma de Kikyou.

—¿Cómo lo sabe?— le vio sorprendida.

—Tengo la habilidad de ver ciertas cosas.

—La ve, a ella.

—Claro que sí, pero creo que ella no sabe qué puedo hacerlo.

—Yo la quiero ayudar, por mi culpa…— bajó la mirada, por más que lo intentase, no podía evitar sentirse culpable por Kikyou.

—¿Por tu culpa ella no estuvo con el amor de su vida?— Kagome asintió—. Dudo que fuese así, tu alma y la de Inuyasha se fusionan de una hermosa manera, incluso puedo ver— le tomó la mano derecha y le topó el dedo meñique—. El lazo que los une.

—¿El lazo?

—Su hilo rojo, Inuyasha y tú estaban destinados a reencontrarse.

—Pero…— no sabía qué decir, estaba sorprendida—. Ella me dijo que…

—Tal vez es lo que ella cree y no la realidad, deberías hablarlo con tu esposo.

—Creerá que estoy loca.

—Son temas difíciles de creer, pero debe saberlo, algo me dice que te va a creer.

Kagome bebió más de su té y vio el guardapelo, le diría, solo tenía que encontrar la manera y momento adecuado.


Con ayuda de Yasha, Inuyasha buscaba cosas en el cofre que le ayudasen a explicarle a Kagome todo, sacó de una pequeña bolsa de tela un reloj de bolsillo, lo abrió y sonrió al ver una foto de Kagome, aunque en realidad era Kago.

—Siempre lo llevaba conmigo, así no llegaba tarde a verla y cuando lo abría, la veía a ella.

—Siempre ha sido muy hermosa— Inuyasha veía fascinado la foto de Kago—. ¿Tú tienes fotos?

—Sí, pocas realmente, una debe estar en un guardapelo que le di a Kago, solo estoy yo, y la otra es de ambos.

—La que me mostró el señor Higurashi— Yasha asintió—. ¿Por qué tan pocas?

—Eran caras, aunque algunas las pagó el señor Igarashi y otras mi padre, yo decidí gastar algunos ahorros personales para seis.

—Las encontré— las observaba con cuidado, era tan extraño verse a sí mismo en el pasado—. Sabes, me sorprende que mis padres no se parezcan a los tuyos— dijo al ver una foto familiar—. ¿Crees que ellos estén conectados con tus padres?

—No lo sé, todo el asunto de las reencarnaciones es complicado, solo espero que donde quiere que estén, sean felices.

—Entiendo, ya revise todo y aquí no está el guardapelo.

—No sé que habrá pasado, en verdad creí que estaba aquí.

—¿Por qué Kikyou tiene pintura y no foto?

—No eran bien vistas por algunas personas, creían atrapaban tu alma, el padre de Kikyou era una de esas personas.

—No me sorprende, en la actualidad sigue habiendo gente así— Inuyasha tomó la caja rompecabezas y sacó el listón—. ¿Por qué lo guardaron?, ¿qué relevancia tiene?— Yasha sonrió por la pregunta.

—Un día, cortando leña me corté y Kago se quitó su listón favorito para vendar mi mano, ella solo tenía 10 años, no era una cortada grave, pero realmente se preocupó.

—Me hubiese gustado conocer a Kagome mucho antes, siempre sentí que algo me faltaba, el problema era que no sabía qué.

—Ahora ya lo sabes.

—Lo curioso es que pude conocerla antes, mi padre conocía el templo Higurashi, pero jamás pasó.

—No era el momento, ¿cómo se conocieron?

—Trabajaba en la remodelación de una parte del museo donde ella trabaja, te confieso que la vi de lejos varías veces, desde el primer momento me cautivó, sin yo proponérmelo me la encontraba, a donde quiera que mirase, ella estaba allí, pero ella no me veía, un día, finalmente nuestros caminos se cruzaron.

—¿Ella lo sabe?

—Nunca se lo he dicho, pero lo haré, creo que con esta foto, deberá creerme— tomó la foto de ambos, de Kago y Yasha.

—Lo hará, sabrá que no le mientes.

—Mañana cuando vuelva del trabajo, será lo primero que haga.


Pese a todos sus esfuerzos, Inuyasha no volvió a la mañana siguiente, el trabajo se había extendido y para cuando terminó, estaba muy cansado, no creía que pudiese manejar hasta Tama sin correr el riesgo de quedarse dormido. Así que fue a su cuarto en la casa de huéspedes para descansar, con suerte, al día siguiente volvería a casa y aclararía todo con Kagome.

Midoriko había sentido una energía extraña provenir de la zona donde Kagome estaba, dejó su trabajo y fue a ver a la chica, entre más se acercaba, podía sentir como la energía se hacía más fuerte. Abrió la puerta y Kagome estaba inconsciente en los brazos del señor Kagewaki, este se sorprendió al verla, pero logró mantener su compostura.

—Midoriko, ve por ayuda, Kagome se ha desmayado.

—Se primeros auxilios— no se iba a ir, él era responsable de esa energía.

—¿Todo bien?— preguntó Hōjō, vio pasar a Midoriko, ella tenía una cara de preocupación y decidió seguirla, al ver la escena, supo que hizo bien.

—Hōjō, que bueno que vienes, ve por Sango, su esposo es médico.

—Creo que mejor deberíamos llevarla al hospital— dijo Kagewaki, no creyó que alguien les interrumpiría.

—Es mejor no moverla, no sabemos qué le pasó.

Sango llegó corriendo a ver a su amiga, Miroku le decía por teléfono qué hacer mientras llegaba, pero nada funcionaba, le había llamado a Inuyasha y no le contestaba.

—Miroku, al fin llegas— dijo la castaña.

—¿Ya intentaste con alcohol?

—Sí, no funcionó.

—Deja la veo— Kagome estaba recostada en el suelo, con una chamarra que le servía de almohada, lo primero que revisó fue su pulso y entonces se percató que Kagome no usaba el anillo que Inuyasha le dio—. ¿Inuyasha ya viene?

—Su celular me manda al buzón.

—¿Qué fue exactamente lo que le pasó?

—Estaba tomando fotos de un juego de cepillos, dijo que se estaba mareando y cayó al suelo— dijo Kagewaki.

—¿Al caer se golpeó?

—No, primero cayó de rodillas.

—¿Llamamos a una ambulancia?— preguntó Hōjō.

—La voy a llevar a mi casa.

—Debería ir al hospital— dijo Kagewaki, no sabía si Kikyou ya había dejado el cuerpo de Kagome.

—La atenderé en mi casa, yo soy su médico— le enfrentó, podía sentir un aura extraña en él, y definitivamente no era nada bueno.

—Yo me encargo de sus cosas— dijo Sango, notaba que el ambiente entre Kagewaki y Miroku se había vuelto, hostil—. Miroku, llévala al coche.

Sango y Miroku estaban sentados a un lado de la cama donde reposaba Kagome, esperaban en silencio que su amiga reaccionase, pero seguía igual, su respiración continuaba siendo lenta y pausada.

—Miroku, no entiendo lo qué pasa.

—Ni yo.

—¿Es por el fantasma de la mansión?— finalmente se había atrevido a preguntar.

—No lo sé, pero Kagewaki estaba diferente, tenía algo raro— continuaba dándole vueltas a eso en su cabeza.

—Te sobraban ganas de golpearlo, lo noté.

—Hay algo en él que antes no podía notar, ¿Encontraste anillo?

—No, revisé en su ropa y mochila, pero nada.

—El anillo no está aquí, sentiría su presencia— dijo de pronto Yasha, quien volvía aparecer luego de recorrer la casa y verificar que todo estuviese en orden.

—¿Ella va a estar bien?— preguntó Miroku.

—¿El fantasma está aquí?— Sango se sorprendió de escucharle hablar a la nada.

—Sí, él ayuda a cuidarla.

—¿Sabe por qué no despierta?

—Hay algo que no la deja— observó a Kagome y fue cuando notó el objeto causante de su inconsciencia—. Quítale esa pulsera— Miroku no tardó en hacerlo—. Era de Kikyou— explicó, su padre se la regaló.

—¿Por qué ella la llevaría puesta?

—No lo sé, pero tiene una energía que no me gusta.

—Déjame verla— pidió Sango, sabía que la había visto en algún lado, pero no recordaba dónde.

—Sango, ¿qué pasa?

—Creo que es de la colección privada de Kagewaki— de la mochila de Kagome sacó una carpeta donde había visto a su amiga guardar algunas fotos—. Aquí esta— le mostró a Miroku la fotografía, era la misma pulsera de oro de flores con diamantes.

—¿Y por qué se la pondría?

—¿Curiosidad?

—Miroku— dijo Yasha—. Deberías sacarla, llévala al pozo, eso mantendrá en control la energía que emana.

—Sango, ya vengo, debo sacarla de aquí.

Miroku atravesó el patio y fue directo al pozo, vio la pulsera por última vez y la dejó caer al interior del pozo, luego dirigió su mirada a la mansión. Algo muy malo estaba pasando en ese lugar, podía sentirlo.

Subía las escaleras de la casa para ir de nuevo al dormitorio donde Sango estaba con Kagome, cuando su celular sonó, finalmente Inuyasha le devolvía las llamadas, tomó aire antes de contestar.

—¿Qué pasó?, me quedé sin señal— no era normal tener varias llamadas de sus amigos.

—Kagome se volvió a desmayar.

—¡¿Qué?!, ¿cómo está?— ¿por qué le volvía a pasar eso?, y más cuando él estaba más lejos de ella.

—Durmiendo.

—Ya voy de regreso, en hora y media llego, solo tengo que avisar que me tengo que ir.

—Con calma, la estamos cuidando.

—¿En donde están?

—En tu casa.

—Bien, Yasha la mantendrá a salvo, cualquier cosa me llamas— colgó antes de que Miroku pudiese decir algo más.

Kagome seguía sin despertar, ya se veía mejor, pero nada de lo que hicieran funcionaba. Se escuchó la puerta abrirse y luego los pasos presurosos de alguien subiendo las escaleras.

—¿Cómo sigue?— preguntó Inuyasha ni bien entró al dormitorio.

—No despierta.

—Kag— le movió—. ¿Por qué no ha despertado?, ya no está en la mansión— dijo a Yasha.

—Lo que le haya ocurrido le quitó muchas energías, no soy tan fuerte para reponérselas, necesito tu ayuda.

—Lo que sea.

—Tómale una mano con ambas manos.

Miroku observaba atento a lo que pasaba, cuando Inuyasha sostuvo la mano de Kagome entre las suyas, Yasha tomó del hombro a Inuyasha y a Kagome le tocó la frente, podía ver como los tres cuerpos se rodeaban de una energía blanca, la figura de Yasha pareció desvanecerse por un breve momento y luego Inuyasha palideció.

—¿Qué sucede?— preguntó Miroku con preocupación.

—Todo está bien— respondió Yasha—. No creí que Kagome hubiese perdido tanta energía— finalmente se alejó—. Va a estar bien.

—Inuyasha— se acercó a su amigo, parecía que hubiese terminado de correr un maratón.

—Miroku, estoy bien— se sentía cansado, pero al ver que Kagome recobraba su color, sonrió—. Ya se ve mejor.

Sango respiró aliviada, no sabía lo que había pasado, pero con solo saber que su amiga estaría bien, se alegró, y más cuando la vio moverse y abrir sus ojos.

—Inu— murmuró Kagome.

—Tranquila, aquí estoy.

—Me duele la cabeza.

—Que tome esto— Miroku le pasó una pastilla y agua.

—¿Es de noche?, ¿no deberías estar trabajando?

—Miroku me llamó y me dijo que enfermaste, te desmayaste de nuevo.

—Lo siento, no recuerdo qué me pasó— todo era tan confuso, su mente le daba vueltas.

—Descansa.

—Tengo hambre.

—¿Qué quieres de comer?— le habló con suavidad.

—Waffles.

—Ya los hago.

—Te espero en la sala— hizo el intento por levantarse, pero Inuyasha no la dejó.

—Sigue durmiendo, cuando estén listos te los traigo— Kagome abrazó la almohada de Inuyasha y no tardó en dormir de nuevo.

—Yo la cuido— dijo Yasha, sabía que Inuyasha no quería dejar sola a Kagome.

—Me llamas por cualquier cosa— se levantó de la cama y al girarse, se dio cuenta que sus amigos ya no estaban adentro, salió del cuarto y los encontró en el pasillo.

—¿Va a estar bien?— preguntó Sango preocupada.

—Parece ser que si.

—¿Trabajarás mañana?— quiso saber Miroku.

—No lo sé, me avisan mañana temprano si me dieron el día.

—Si necesitas un comprobante para que te lo autoricen, te lo puedo dar, me mandas mensaje y yo lo envío.

—Gracias Miroku.

—Cualquier cosa que necesites nos llamas— dijo Sango—. No importa la hora.

—Sí, gracias.

La noche había sido muy larga para Inuyasha, Yasha le había contado lo de la pulsera y que Kagome no llevaba su anillo, estaba enojado, Kagome le había prometido no quitárselo. Por ello, no pudo dormir mucho, solo pensaba en por qué se lo quitaría y cuantas veces más lo había hecho. A las siete de la mañana no pudo volver a dormir, y decidió levantarse para darle de comer a Yoko y preparar el desayuno, estaba en ello, cuando escuchó que algo se caía en la sala, Yoko había entrado y tirado la bolsa de Kagome, ella había dejado unas galletas adentro y el perro al olerlas, las quiso.

—¿Querías eso?— le mostró una galleta, su perro meneo la cola—. Toma, pero ya deja de hacer desastre— recogió la bolsa y comenzó a guardar en ella lo que se había salido, fue entonces que algo llamó su atención, una pequeña caja de joyería se abrió también, la tomó y vio lo que había adentro.

—El guardapelo— dijo Yasha, Inuyasha lo abrió y era cierto, tenía la foto de él—. Si ella lo tiene ya debe saber algo o sospechar, tal vez decirle sea más fácil de lo que pensamos.

—Eso quiere decir que me lo ocultó.

—Tu hiciste lo mismo.

—Lo sé, eso no me molesta.

—Te sigue molestando que se quitase el anillo— Inuyasha asintió.

—Inu, ya me bañé y pensé que podríamos ver una película para…— palideció cuando se dio cuenta de lo que él sostenía en su mano—. Yo puedo explicártelo.

—¿En verdad?— sentía curiosidad de lo que le iba a decir.

—Esa foto es real, tú eres Yasha, su reencarnación.

—¿Y?— ella parecía triste por ello.

—Que amabas a Kikyou— dijo sin verlo.

—Imposible.

—Yo… mi yo del pasado no les dejó estar juntos y lo volví hacer.

—¿Tú yo del pasado?— eso quería decir que Kagome ya sabía que ella fue Kago.

—Yo fui su prima, yo…

—¿La prometida de Yasha?

—Sí, sé que suena a locura, pero es verdad, ustedes se amaban y por ser una chiquilla encaprichada por un amor de juventud, no los dejé estar juntos.

—Estas hablando incoherencias— de dónde carajos se había sacado esas ideas.

—¡No lo hago!, he visto cómo miras su cuadro, en el fondo sabes que es a ella a quien amas.

—Te equivocas— dijo de inmediato.

—Solo te fijaste en mi porque me le parezco.

—Imposible, Kagome yo te amo, a ti— ya se estaba desesperando por todas esas locuras que ella decía.

—Crees hacerlo.

—No es verdad.

—¡Claro que si!— ¿cómo le hacía entender?

—¿Por qué piensas eso?

—Ella me lo ha mostrado.

—¿Qué ella qué?— ¿se refería a Kikyou?

—Esto le pertenecía— de un cajón de su escritorio, sacó la horquilla—. Tú se la regalaste.

¡Suficiente!

—¿Pero qué?— Kagome veía perpleja la figura que acaba de aparecer a un lado de Inuyasha, era otro él, pero lucía más joven y su ropa era diferente.

—Lo ves— dijo Inuyasha, eso era perfecto.

—Finalmente me ves.

—¿Cómo es posible?, sigo dormida— cerró los ojos para intentar despertar.

—No estás dormida— Inuyasha la tomó de la mano.

—Soy la parte de él que no reencarnó, luego que él te explique, lo importante ahora es, has visto a Kikyou.

—Sí.

—Y te dijo que esto esa horquilla se la di a ella— Kagome asintió—. Es imposible, si te fijas, tiene el nombre de Kago, bueno, una parte.

—¿No es "Aigo"?

—No, te voy a mostrar lo qué pasó en realidad— la chica retrocedió cuando él estiró su mano para tocarle la frente.

—Confía en él— dijo Inuyasha, le tomó más fuerte la mano.

Kago estaba sentada cerca del pozo, con una rama escriba su nombre y el de Kikyou en la tierra, para luego borrar ambos con enojo.

Hasta ella tiene un nombre bonito— arrojó la rama.

¿Qué haces?— preguntó Yasha con cautela.

Nada— dijo luego de salir de su asombró, no creyó ver ese día a Yasha.

¿Quién tiene un nombre bonito?— la joven no contestó—. Me gusta el tuyo, "divina protección"— se sentó junto a ella.

Suena como esa canción del pájaro, el de Kaede es bonito y el de Kikyou ni se diga.

¿No te gusta como suena tu nombre?

Es feo.

No para mi, toma— le entregó la horquilla del pavo real—. Le tallé tu nombre, creo que tu nombre tiene un significado especial. Pero si no te gusta como suena, ¿Qué tal Kag?

La chica veía embobada y con las mejillas sonrojadas su regalo, luego vio al chico y se sonrojó más, si eso era posible.

Creo que me gusta.

De ahora en adelante, te llamaré "Kag".

Kagome sentía su corazón latir a toda velocidad, vio a Inuyasha y él le daba una calidad mirada, seguía sin soltarle la mano.

—Fue un regalo para ti, lo que te… lo que le di a Kago— dijo Yasha—. Los regalos que le daba a ella tenían que ver con las aves, por la canción, pero nunca fue mi intención hacerla sentir mal, fue para demostrarle que en verdad me importaba, si te fijas bien, las flores suelen representar a Kikyou.

—Pero si la horquilla no era de ella, ¿por qué la tenía?

—Nunca me dijo la verdad, Kag un día buscaba por todos lados su horquilla sin éxito, lloró y me pidió disculpas por perderla, por unos asuntos que debía atender mi padre con el señor Higanbana, fui a la mansión, aproveché para saludarla y la vi, en su cabello tenía la horquilla.

Yasha veía fijamente a Kikyou luego de quitarse la horquilla del cabello, esperaba que ella se explicase, pero la chica solo le miraba con esa mirada tan inexpresiva tan típica de ella.

Es de Kago.

Ella me la dió, dijo que se vería mejor en mi.

No es verdad, ella no haría eso, ¿Por qué la tienes tú?

Ya te lo dije, ¿te dijo que se la robé?— dijo con indignación.

Nada de eso.

Sabía que era una trampa para que te enojases conmigo.

No voy a discutir por esto, pero me la voy a llevar, me retiro.

Ahora todo tenía sentido para Kagome, por eso, aquel "recuerdo" se veía congelado a diferencia de los demás, Yasha no le ponía la horquilla, se la estaba quitando.

—Tus recuerdos están en ti, solo tienes que dejarlos salir.

—No tiene sentido, ustedes se amaban.

—Yo la quise mucho y tal vez por un breve tiempo creí que era a ella a quien quería como esposa, pero Kago… Kag logró meterse aquí— señaló su corazón—. Aunque me tomó algo de tiempo darme cuenta, creo que la primera vez que fui consciente que ella era muy importante para mi, fue en mi cumpleaños antes de hacer oficial el compromiso, cumplí 19 años, mi madre me había dicho que Kago iba a tocar la lira ese día, pero cuando llegó el momento, la señora Higanbana estaba presentado a su hija, Kikyou interpretaría una canción con su Shinobue, se convirtió en el centro de atención. Kago se fue en la confusión, se le notaba triste y enojada.

Yasha llegó al lago cercano a su casa, procuró no hacer ruido y se fue acercando poco a poco. Kago estaba sentada a la orilla, lanzaba piedras al agua y murmuraba quejas.

Kago, ¿Qué pasó?, ¿por qué te fuiste?

Nada, solo vine al lago, había mucha gente— no quería verlo, estaba molesta.

No deberías venir sola, puede ser peligroso.

No te preocupes, deberías volver, Kikyou estaba tocando para ti.

Creí que tú lo harías— se sentó a un lado.

Pues no, y mejor así, solo hubiese hecho el ridículo.

Entonces es bueno que estemos solos— le dió su lira.

No quiero que tengas compasión por mi, sé que no soy buena en esto, fue idea de mi madre, regresa a tu fiesta.

En verdad quiero escucharte tocar.

Mentiroso— le reclamó, provocando que él se sorprendiera, ella jamás le había hablado de esa manera tan cortante, siempre había sido dulce—. Ya regresa con ella.

Ella no es mi prometida.

Pero si pudieras cambiar eso, lo harías.

¿De qué hablas?— estaba completamente desconcertado.

Sé que ella te gusta.

Kago, ella no me…

Puedo ser joven, pero me doy cuenta de las cosas— podía tener casi 13, pero se daba cuenta de lo que murmuraban en el pueblo cada que la veían.

Señorita Kago, su padre está buscándola— un joven les interrumpió con timidez.

Jinenji, hola— saludó la chica con una sonrisa.

¿Todo bien?— el joven sirio una breve mirada a Yasha.

Sí, vamos con mi padre, no hay que preocuparlo— se levantó y se paró junto a Jinenji—. Buenas noches, joven Takahashi.

Yasha vio como Kago se alejaba, no le gustó esa mirada que ella le dio, ni el tono, ni la forma en que le llamó, ella siempre le decía Yasha.

La mirada triste y melancólica de Yasha no pasó desapercibida por Kagome, le estaba doliendo mostrarle esos recuerdos.

—¿Por qué creen que querías casarte con Kikyou?— preguntó la chica.

—No lo sé.

—Kag, ella no me atrae ni un poco, veo el cuadro porque siento que me observa, no porque esté obsesionado o enamorado de ella— necesitaba aclarar eso con ella, no querías mas malentendidos—. Yo te amo a ti, por quién eres, siempre me pregunté porque con menos de un mes de conocernos ya sentía que eras la indicada, ahora lo sé, te prometí que te buscaría en la siguiente vida.

—¿Te digo un secreto?— Yasha se acercó a la chica—. Me casé con ella, con Kago— Kagome le vio con sorpresa—. Miyatsu nos casó en secreto, solo nuestros padres estuvieron presentes, cuando me enteré que no murió por enfermedad y fue a causa de veneno, yo estaba en prisión y me sentí un inútil, quería encontrar al responsable y hacerle pagar, me había quitado mi razón de vivir, mi Kag no tenía la culpa de nada. Aún recuerdo cada último momento que pasamos juntos.

Kago cumplía cuatro días desde que había caído enferma y uno desde que se casaron, Yasha dormía junto a ella, la cuidaba día y noche, solo se separaba de ella para ir por su comida o darse un baño.

Sigues aquí— dijo Kago, acababa de despertar y él estaba junto a la ventana leyendo.

Claro que sí— se levantó y fue a sentarse en la cama junto a ella—. Más ahora que eres mi esposa.

No tenías que hacerlo.

¿Hacer qué?, ¿casarme contigo?— Kago asintió.

Eres joven y puedes seguir con tu vida.

Kag, tú eres a quien siempre voy a amar.

Pero…

Te lo dije en mis votos, sin importar qué, siempre te voy a volver a encontrar y me encargaré de hacerte feliz— se inclinó y la besó.

Te amo— dijo ella con dificultad, el cuerpo le dolía y cada que respiraba, sentía que su pecho se oprimía.

También te amo.

Kagome no pudo evitar llorar, ellos dos en verdad se amaban, no pudo evitar comparar la mirada que tenía Yasha en ese momento, era igual a la que Inuyasha ponía cuando la veía enferma, a la mirada que últimamente ponía, esa debía ser una de las razones por las que a Inuyasha no le gustaba verla enferma, por lo que había tenido que pasar su yo del pasado.

—¿Ya vas a dejar de tener esas ideas tontas en la cabeza?—preguntó Inuyasha, Kagome asintió.

—Se fue— Kagome ya no veía a Yasha.

—Creo que quiere estar solo un rato— debía ser difícil para él tener que ver esos recuerdos dolorosos—. Ahora dime, ves a Kikyou.

—Sí, yo… No te dije porque creerías que estaba loca, además estas en las mismas, sabías de Yasha y…

—Kag, no te estoy reclamando— la guío al sillón e hizo que se sentase en sus piernas—. Solo quiero saber lo que te dijo, lo que han hecho.

—Te vas a enojar— bajó la mirada.

—¿Por tener una amiga fantasma?

—No creo que realmente fuese mi amiga, yo hice lo que hice porque quería ayudarla, ella me mostró esos recuerdos y yo me sentí tan culpable y… deje que entrase en mi cuerpo.

—No entiendo.

—Ella uso mi cuerpo para salir de la mansión.

—¡¿Estás loca?!, Kagome ¿cómo se te ocurre aceptar algo así?

—Lo siento, ya te dije que…

—Por eso estabas débil, por eso… ¿lo hiciste anoche?— preguntó con miedo.

—No, no lo sé, no recuerdo haberla dejado.

—Tenías una pulsera y no llevabas tu anillo— a Kagome eso la tomó por sorpresa, no se lo había vuelto a quitar.

—No es posible, yo no me lo quité, te lo juro.

—No está.

—¿Qué me pasó?, te juro que yo lo llevaba, ¿la pulsera es de oro con flores?

—Sí, Miroku la arrojó al pozo, absorbía tu energía.

—Hace tiempo el señor Kagewaki me la mostró, no la volví a ver de nuevo hasta ayer cuando le tomaba fotos, pero…— cerró los ojos con fuerza.

—¿Qué ocurre?

—Me la puso, anoche él…— se llevó las manos a su cabeza, sentía que todo le giraba.

—¿Qué tienes?— Inuyasha se levantó con ella en brazos y la recostó en el sofá.

—Está recordando— dijo Yasha al aparecer de nuevo.

—Kagome, tranquila.

—Él me la puso anoche, me sorprendió por detrás— las imágenes en su cabeza pasaban muy rápido—. Lo vi por el espejo, él me puso la pulsera y luego vi a Kikyou— gritó al no soportar el dolor.

—Kag, pequeña— le llamó preocupado.

—Luego él… tomó mi mano, él me lo quitó.

—¿Tu anillo?

—Sí, no me podía mover y…

—Tranquila, ya estás a salvo— le limpio las lágrimas.

—Luego todo se volvió negro.

—Ya estás aquí, conmigo, y todo irá bien— se quedó a su lado hasta se durmió, fue que miró a Yasha.

—Deberías llamarle a tu amigo y al monje que es su amigo, necesitaré más ayuda para proteger este lugar.

—¿Qué le hizo?, ¿tú lo sabes?

—No estoy seguro— Inuyasha le siguió viendo, quería más explicaciones—. Creo que Kikyou quiere usar el cuerpo de ella, permanentemente.


Tres días llevaba Kagome de descanso, fue una suerte que el fin de semana se atravesara, de esa manera, Inuyasha podía quedarse con ella. Porque esos días, estaban siendo angustiantes, luego de que Kagome comenzó a recordar fragmentos de cuando usaba la pulsera de Kikyou, había comenzado a tener pesadillas, no dormía porque tenía miedo y decía ver a Kikyou en la casa. Yasha ya le había explicado que era imposible, pero ella seguía diciendo que la veía.

El domingo por la mañana, Inuyasha se encontraba haciendo la limpieza de la planta baja cuando Kagome gritó, Yoko que estaba acostado en las escaleras subió corriendo, Inuyasha le siguió y ambos encontraron a Kagome en el baño, el espejo estaba roto y ella estaba en el piso, se abrazaba de sus piernas y ocultaba su cara entre ellas.

—Kagome, aquí estoy— la abrazó—. ¿Qué pasó?

—La volví a ver— se aferró con más fuerza al cuerpo de su esposo—. Estaba lavándome la cara y ella, ella estaba en el espejo, intentó agarrarme— Inuyasha vio el espejo, eso explicaba porque lo rompió.

—Nada te hará daño, yo te voy a proteger, vamos a la cama— la cargó al ella no levantarse.

—¡No me voy a dormir!— pataleó para que Inuyasha la bajase, pero no lo hizo, él tenía más fuerza.

—No te voy a bajar.

—Ella quiere que me duerma. Así fue cómo entró en mi cabeza la primera vez, no me voy a dormir.

—Ok, si no quieres dormir, no lo harás— dijo para calmarla.

—Kagome— le llamó Yasha con suavidad—. Kikyou no puede entrar aquí, te lo prometo.

—¿Y por qué la veo?

—Te está llamando, hicieron una conexión que ella no quiere romper.

—Vamos abajo, veamos una película o juguemos en la consola.

—Jugar me gustaría más, pero ¿podrías bajarme?

—Bien, vamos, — la tomó de la mano—. Yoko también te va a estar cuidando— agregó cuando el perro se acercó a Kagome.

Al bajar las escaleras, Kagome se detuvo al ver el espejo de la entrada, seguía con miedo de verla de nuevo.

—Voy a quitar todos los espejos si con eso estas mejor— dijo Inuyasha, la chica le sonrió y le esperó hasta que sacó el espejo de la casa.


El martes, Inuyasha ya debía volver al trabajo, ya que le habían llamado con carácter de urgente, se habían topado con un percance en la ampliación de la carretera y debía ir a supervisarlo.

Ya le había dicho a Kagome, ella comprendía que debía irse y le prometió no dejar la casa, a él le calmaba un poco saber que Kagome ya no había tenido pesadillas, sus ojeras se habían desvanecido y su apetito era mejor.

—¿Cómo te sientes?— preguntó cuando le sirvió sus hot cakes.

—Mejor, ya no he visto cosas— le robó un tocino de su plato.

—Me alegro.

—Tu no crees que me esté volviendo loca, ¿o si?

—Nada de eso, es culpa de lo que sea que te estaban haciendo.

—¿Y si Kikyou no sigue en la mansión y está dentro de mi?— preguntó con miedo, tal vez por eso Yasha no sentía su presencia.

—Sigue allá, Yasha la ha visto.

—Ella parecía tan sincera, amable y confiable, me siento tonta por haberle creído todo.

—No eres tonta, un poco ingenua, pero fue porque querías ayudarla, porque tienes un gran corazón y por ello— se acercó más ella—. Yo te amo— la besó y sonrió cuando ella hizo lo mismo—.Termina de comer, ya vengo— dijo al escuchar el timbre.

Conforme se acercaba al portón, Inuyasha podía sentir como sus sentidos se alertaban, vio a Yasha aparecer y él tampoco tenía buena cara.

—Creo que es ese hombre, Kagewaki— dijo Yasha—. Solo necesito verlo para saber la relación que tiene con Naraku— Inuyasha asintió y abrió la puerta.

—Taisho.

—Señor Kagewaki— quería reclamarle tantas cosas, pero entendía que no podía hacerlo, al menos, no aún.

—Kagome no ha ido al museo.

—El médico ordenó reposo, mandé su incapacidad.

—¿Tan mal está?

—No es grave, pero hasta que el médico no le autorice volver al trabajo, no lo hará— no iba a dejar a su esposa de nuevo cerca de él.

—Entiendo, cualquier cosa que necesiten estoy a su disposición.

—Gracias, pero no es necesario— pudo notar que su respuesta no le gustó.

Kagewaki se despidió con un gesto de cabeza e Inuyasha cerró la puerta, Yasha estaba detrás de él.

—¿Lograste verlo?

—No, se mantuvo alejado de mi vista, pero definitivamente tiene algo que ver con Naraku.

—Algo planea, no vino solo a saludar.

—¿Debes volver al trabajo?— había escuchado su platica con Kagome.

—Sí, dicen que es urgente.

—No se puede quedar sola— se refería a Kagome.

—Sango se quedará con ella.

—¿Y cuándo no pueda?

—Ya le llamé a su padre, llega pasado mañana, también le dije a mi madre y mi cuñada se enteró, también vendrán.

—Tienes un hermano— eso le sorprendió.

—Medio hermano.

—Siempre quise tener un hermano.

—Sesshoumaru no es precisamente un hermano amoroso, hasta hace un par de años es que podemos estar en la misma habitación sin que se haga el caos.

—Aún así, tienes suerte, por ser hijo único siempre soñé en tener al menos 3 hijos. Tú y Kagome, ¿por qué no han tenido ninguno?

—No es por falta de ganas— dijo sonrojado, vaya que lo habían intentado muchas veces—. Es solo que, aún no lo logramos.

—Lo siento.

—Aunque a diferencia tuya, nunca me plantee tener muchos hijos, de hecho, fue hasta que la conocí que desee ser padre.

—Lo tendrán, estoy seguro.

Inuyasha entró a la casa y fue directo a la cocina donde Kagome desayunaba. La sorprendió roblándole más tocino.

—¿Quién era?

—Kagewaki, tranquila, ya se fue— se apresuró a decir cuando vio su cara de miedo—. ¿Quieres más huevo o quizás más tocino?

—No, solo jugo, pero quizás, tú si quieras más tocino— dijo al ver que solo le quedaba uno.

—Es bueno que ya tengas hambre de nuevo, Sango se quedará contigo.

—Está bien.

—Mañana temprano estaré de regreso, cualquier cosa me llaman, espero que la señal no se vuelva a caer.

—No saldremos de aquí, lo juro.


31/12/2020

Hasta aquí por ahora. Gracias por sus comentarios. Sé qué hay muchas interrogantes, espero no les esté revolviendo mucho, ya poco a poco les iré resolviendo todas las dudas. Aún así, siéntanse en libertad de dejar las dudas que les surjan.

Por ahora, tengo escritos tres capítulos más para el final.

Nos seguimos leyendo. Síganse cuidando.